29484(17-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 29484  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No.  267   

Bogotá D. C., diecisiete (17) de septiembre  de dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  del 6 de septiembre de  2006,  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con  Funciones de Conocimiento de  Pereira  absolvió a LUIS FERNANDO ALFONSO TORO, a quien la Fiscalía acusó por  el  delito  de  aprovechamiento de error ajeno o caso  fortuito.   

Al   desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  Fiscalía  Delegada y el representante de la víctima, con  fallo  del  17  de  octubre  de 2007, el Tribunal Superior de Pereira revocó la  sentencia  condenatoria  de  primera  instancia  y  en  su lugar condenó a LUIS  FERNANDO     ALFONSO     TORO     por     el     punible     de     aprovechamiento  de  error  ajeno  o  caso  fortuito,  a  la  pena de dieciséis (16) meses de prisión, a inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas por el mismo lapso, a pagar la suma de diez  millones  trescientos veinte pesos ($ 10.000.320) por concepto de indemnización  de  perjuicios a favor de la compañía Viajes Internacionales Pereira Limitada;  y  le  concedió  el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

En  esta  oportunidad, la Sala califica los  aspectos  lógico formales de la demanda de casación presentada por el defensor  del  procesado, con el fin de verificar si reúne los requisitos que condicionan  su  admisión,  con  arreglo a las disposiciones del sistema acusatorio, Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 906 de 2004).   

HECHOS  

Los  acontecimientos  que  originaron  la  investigación  penal  fueron  relatados  de la siguiente manera por el Tribunal  Superior de Pereira, en el fallo de segundo grado:   

“Los  hechos  génesis  de  la  presente  actuación  se  dieron  a  conocer  a  través  de  la querella formulada por el  apoderado  de  la representante legal de la compañía “Viajes Internacionales  Pereira  LTDA.”,  quien informó que dicha entidad fue contratada en el mes de  noviembre  de  2004,  por los ciudadanos Carlos Alberto Morales y Hernán Orozco  Jaramillo,  para  realizar  una  excursión a la Costa Atlántica, a un grupo de  120 personas pertenecientes a una institución educativa.   

Para  llevar  a cabo la ejecución de dicha  actividad,  es  decir  lo  ateniente al transporte, alojamiento, comida y demás  servicios,   la   entidad  acudió  a  Luis  Fernando  Alfonso  Toro1,  quien para  el  efecto cobró un valor total de $ 52.800.000, que le fueron cancelados en la  forma  conocida  como  avances  o anticipos, pero al sumar las diez cantidades a  él  entregadas,  arrojaron  una  cifra  que sobrepasó en $ 10.000.000 el monto  pactado.   

La  representante  legal  de  la  empresa,  Margarita  Gálvez  Botero recurrió al aquí acusado par informarle del desfase  que  se  había  presentado  en  los  desembolsos  y  pedirle la devolución del  excedente,  pero  Luis  Fernando  pese a admitir el ingreso en exceso de la suma  mencionada se ha rehusado a devolverla.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  medio  de  apoderado,  la  señora  Margarita   Gálvez   Botero,   representante   legal   de   la  empresa  Viajes  Internacionales  Pereira  Limitada,  presentó  querella  en  la Unidad Local de  Fiscalías  de  la misma ciudad, donde daba a conocer la conducta desplegada por  el  señor  LUIS  FERNANDO  ALFONSO  TORO,  consistente  en el apoderamiento del  dinero    que,   por   error,   le   fue   entregado   en   exceso   del   valor  contratado.   

2. El 26 de abril de 2005, Margarita Gálvez  Botero,  en  calidad  de  representante  legal  de  la mencionada empresa y LUIS  FERNANDO   ALFONSO  TORO,  implicado,  acudieron  al  Centro  de  Conciliación,  Arbitraje  y  Amigable  Composición  de  la  Fundación Universitaria del Área  Andina,  con  el fin de intentar un arreglo privado del asunto, el cual resultó  fallido por ausencia de ánimo conciliatorio.   

Igual   suerte   corrió   la   audiencia  preprocesal  entre  las mismas partes, llevada a cabo el 25 de junio de 2005, en  la  Fiscalía  35  Local  de  Pereira,  programada  en  el  marco de la justicia  restaurativa,    para    cumplir    el    requisito    de   la   “conciliación    obligatoria”,    en  tratándose  de  un  delito  querellable, de conformidad con los artículos 74 y  522 de la Ley 906 de 2004.   

3.  Como  no  hubo  acuerdo,  la  Fiscalía  delegada   inició   el  ejercicio  de  la  acción  penal,  colectó  elementos  materiales  probatorios  y evidencias suficientes que le permitieron inferir que  el     indiciado     era     presuntamente    autor    de    la    defraudación  denunciada.   

Entonces, la Fiscal Cuarta Local de Pereira  promovió  la  audiencia  preliminar,  realizada  el  18 de abril de 2006, en el  Juzgado    Segundo   Penal   Municipal   de   la   misma   ciudad   –en    Función    de   Control   de  Garantías-,  en  cuyo desarrollo imputó a LUIS FERNANDO ALFONSO TORO el delito  de   aprovechamiento   de   error   ajeno   o   caso  fortuito,  tipificado en el artículo 252 del Código  Penal  (Ley  599  de 2000),  que   él   no   aceptó;   y   no   le   fue   impuesta   ninguna   medida   de  aseguramiento.   

4.   Adelantada   la  investigación,  la  Fiscalía  Cuarta  Local de Pereira, el 6 de junio de 2007, presentó escrito de  acusación  contra  el implicado, ante la Juez Penal Municipal (reparto), por el  delito  de  aprovechamiento  de  error  ajeno  o caso  fortuito;  y  anexó  una  relación  de  los  medios  probatorios  con  la  pretensión  de  hacerlos valer en el juicio. (Folio 1 cdno. 1)   

5.   La   audiencia  de  formulación  de  acusación  se  realizó  el  13  de  junio de 2006, en el Juzgado Primero Penal  Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Pereira,  en  los términos del  artículo 339 del Código de Procedimiento Penal.   

En  esta  oportunidad,  se  reconoció como  víctima  a Margarita Gálvez Botero, propietaria de la empresa de viajes y a un  profesional  del  derecho  como  su  representante;  e inició el descubrimiento  probatorio,   sin  objeción  por  parte  de  los  intervinientes.  (Folio 8 cdno. 1)   

6.  El  12  de julio de 2006, en el Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con Funciones de Conocimiento de Pereira, se realizó  la  audiencia  preparatoria,  donde  la  Fiscalía  y  la defensa enunciaron las  pruebas que harían valer en el juicio oral.   

Hubo estipulaciones probatorias sobre: i) la  existencia  y representación legal de la empresa Viajes Internacionales Pereira  Limitada;  ii) el contrato de servicios turísticos con los excursionistas; iii)  la  identidad  del acusado; y iv) el contenido de las actas de conciliación que  resultaron fallidas.   

7.  El  juicio  oral  se  realizó el 23 de  agosto  de  2006. En el alegato de apertura, la Fiscalía esbozó su teoría del  caso  bajo  el  supuesto  que  el  implicado  debe  responder  por  aprovechamiento   de   error   ajeno  o  caso  fortuito;  culminó  el  debate  probatorio, la Fiscalía solicitó condena  por  éste  delito;  y  la  defensa  sostuvo  que  la  conducta era atípica por  ausencia de dolo.   

El Juez de conocimiento anunció el sentido  del  fallo –absolutorio- y  señaló fecha para la lectura del mismo.   

8.  Fue así como, mediante sentencia del 6  de  septiembre  de 2006, el Juzgado Primero Penal Municipal de Pereira absolvió  a  LUIS  FERNANDO  ALFONSO  TORO,  del  cargo  por  el  delito  de  aprovechamiento   de   error   ajeno  o  caso  fortuito,  tras  sostener que si bien el implicado “debe responder por el  dinero  que  se le consignó demás”, no se probó que se hubiese apropiado de  él con intención dolosa.   

9. La Fiscal delegada y el representante de  la  víctima interpusieron el recurso de apelación, dado que en su criterio, en  el  juicio  se  practicaron  pruebas  que  enseñan  más  allá de toda duda el  compromiso del acusado en el ilícito.   

Al  desatar  la alzada, con fallo del 17 de  octubre  de 2007, el Tribunal Superior de Pereira revocó la sentencia de primer  grado,  y  condenó  a LUIS FERNANDO ALFONSO TORO por el punible de aprovechamiento  de  error  ajeno  o  caso  fortuito,  a  la  pena de dieciséis (16) meses de prisión, a inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por  mismo lapso, a pagar la suma de diez  millones  trescientos veinte pesos ($ 10.000.320) por concepto de indemnización  de  perjuicios a favor de la compañía Viajes Internacionales Pereira Limitada;  y  le  concedió  el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la pena.   

La  sentencia  de  segunda  instancia  se  notificó  en  estrados  y  empezó  a  correr el término de sesenta (60) días  establecido  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906  de 2004, para la eventual  interposición del recurso extraordinario de casación.   

Nótese que no se dio curso al incidente de  reparación   integral   y,   sin   embargo,   oficiosamente,   el  Ad-quem    condenó   por   una   suma  determinada   de   perjuicios,   no   solicitada  por  la  víctima  ni  por  la  Fiscalía.   

10.  Posteriormente, con memorial del 23 de  octubre  de  2007,  el  apoderado  de  las víctimas manifestó su intención de  promover   incidente   de   reparación  integral  y  solicitó  “fijar  fecha  y  hora  para  audiencia;  en  su  defecto remitir el  proceso al Juzgado de competencia.”   

Con  auto  de sustanciación firmado por el  magistrado  ponente,  el  31 de octubre de 2007, se rechazaron por improcedentes  tales  peticiones,  con  fundamento  en  que  dicho  incidente forma parte de la  sentencia  de  primer  grado,  como  lo  indicó  la  Sala de Casación Penal en  sentencia  de  tutela  del 7 de diciembre de 2005; y además, porque la víctima  cuenta con la jurisdicción civil para reclamar sus derechos.   

11.   Inconforme  con  la  determinación  anterior,   el   apoderado   de   la   víctima   interpuso  un  “recurso  de súplica”, para insistir en  la   necesidad   de   adelantar   el   incidente   de  reparación  integral  de  perjuicios.   

En respuesta, la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  de Pereira, en auto de sustanciación del 19 de diciembre de  2007,   resolvió  suspender  el  término  que  se  encontraba  corriendo  para  interponer  el  recurso  extraordinario  y  ordenó  devolver  el  expediente al  Juzgado  de  primera  instancia  para  que  adelante el incidente de reparación  integral,  cuyo  resultado  se  integraría al fallo de segundo grado; y que una  vez  las  diligencias  retornaran a la colegiatura, continuaría surtiéndose el  traslado para presentar la demanda de casación.   

12.  Recibida  la  carpeta  en  el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con Funciones de Conocimiento de Pereira (primera  instancia), se señaló el 8 de  febrero  de  2008,  para llevar a cabo la audiencia del incidente de reparación  integral.   

13. Con independencia de aquellos trámites,  el  defensor  de ALFONSO TORO interpuso el recurso extraordinario de casación y  el   1°   de  febrero  de  2008  allegó  la  demanda,  cuya  admisibilidad  se  analiza.   

14. Con memorial presentado el 6 de febrero  de  2008, el representante de la víctima expresó que desistía de la solicitud  de  incidente  de  reparación integral; no se evidencia que se hubiere expedido  alguna  decisión  judicial al respecto; sin embargo, la Secretaría del Juzgado  de  primera  instancia dispuso que el expediente retornara al Tribunal Superior,  donde  se reanudó el término para interponer la casación y, vencido éste, el  asunto fue remitido a la Sala de Casación Penal.   

LA  DEMANDA   

Dos  cargos  postula  el  defensor  de LUIS  FERNANDO  ALFONSO  TORO  contra  el  fallo  del Tribunal Superior de Pereira. El  inicial,  por nulidad, con fundamento en la causal segunda de casación prevista  en  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, y el restante, siguiendo la causal  tercera    ibídem,    por    errores    de    hecho    en    la    apreciación  probatoria.   

PRIMER   CARGO.   Nulidad  por  falta  de  motivación del fallo de segunda instancia   

Con   arreglo  a  la  causal  primera  de  casación,  que aplica cuando se vulneran derechos o prerrogativas fundamentales  por   “desconocimiento   del  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  su estructura o de la garantía debida a cualquiera  de  las partes”, el censor sostiene que la sentencia  condenatoria  emitida  por  el  Tribunal  Superior  de Pereira es inválida, por  falta   de  motivación,  o  motivación  deficiente,  toda  vez  que  en  dicha  providencia   se   vierten   conceptos   subjetivos   sin  revisar  el  contexto  probatorio.   

En      particular     –reclama  el  libelista-  dejaron  de  apreciarse  los testimonios de Roberto Gálvez Jaramillo, contador de la empresa  Viajes  Internacionales  Pereira  Limitada,  y  del  señor Jhon Jairo Buitrago,  “que  como  prueba  pedida  por  la  Fiscalía y el  procesado   no   tienen   motivación   alguna   en   la   sentencia…lo  que  constituye  una  flagrante  violación del derecho a la  defensa,  pues en ellos está edificada la carencia de  responsabilidad    del    Señor    LUIS   FERNANDO   ALFONSO   TORO.”   

A  decir  del  recurrente,  con  base  en  interpretaciones  subjetivas y sin mencionar las pruebas que sirvieron de base a  tal  inferencia,  el Ad-quem  concluyó  que  el  dinero  excedente  que fue consignado por error, ingresó al  haber del implicado y que éste lo cogió para sí dolosamente.   

Asegura  que se vulneró el numeral 4° del  artículo  162  de  la  Ley  906 de 2004 (que erige en  requisito   de   la   sentencia   la   fundamentación  fáctica,  probatoria  y  jurídica)  y  el  artículo  457 del mismo régimen,  atinente a la nulidad por violación del derecho a la defensa.   

Pretende que la Sala declare la invalidez de  lo  actuado,  a  partir  de la audiencia de argumentación y ordene se rehaga la  etapa  de sustentación del recurso de apelación contra la sentencia de primera  instancia,  para que el Tribunal Superior “motive de  manera   razonada  el  valor  que  le  otorgue  a  cada  prueba  obrante  en  el  proceso”.   

SEGUNDO CARGO. Subsidiario. Errores de hecho  en la estimación probatoria.   

Después  de una semblanza de la actuación  procesal  y  el contenido del fallo impugnado, dos yerros en concreto propone el  demandante.   

2.1 Falso juicio de existencia  

En criterio del libelista, esta modalidad de  error  se  verifica  en  cuanto  el  Tribunal  Superior  ignoró “el  contenido de las actas de conciliación realizadas los días 25  de  abril  de  2005  y  25 de julio del mismo año”,  sobre  los  hechos  ocurridos,  los  pagos  efectuados, la razón por la cual el  implicado  no  restituía el dinero de manera inmediata, ya que no se encontraba  en   su   poder,   ni   él   había   ejercido   actos   de   disposición  del  mismo.   

El  acta  de conciliación era fundamental  –dice  el  censor-  para  determinar  que  ALFONSO  TORO  no  actuó  dolosamente,  sino  que pudo haberse  confundido,  debido  a  que  el  contador  de  la empresa de viajes propició el  error,  al  punto  que  el  implicado  ni  siquiera se enteró de que le habían  entregado  dinero  en  exceso  y  que, Jhon Jairo Buitrago fue quien dispuso del  dinero,  como  él mismo lo declaró, al punto que propuso formas de pago que la  denunciante nunca aceptó.   

2.2 Falso juicio de identidad  

Se  hace  consistir  en  que  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  distorsionó el conjunto probatorio al no tomar en cuenta  puntos  coincidentes  de  los  testimonios de Jhon Jairo Buitrago, LUIS FERNANDO  ALFONSO TORO, Roberto Gálvez Jaramillo y Margarita Gálvez Botero.   

“De  allí se  hubiera  desprendido  lo  que  inmediatamente  antes se predicó, que en momento  alguno  el  dinero  ingresó  a  las  arcas  de  Alfonso Toro, que éste no tuvo  conocimiento  del  exceso  consignado  o  pagado  a  su  favor  o  a favor de la  excursión  y  que  quien  dispuso  del  dinero  fue  otra  persona  que propuso  fórmulas       de       pago       para       su      restitución.”   

Ese  yerro  es  trascendente,  porque  la  incursión  en él significó que ALFONSO TORO fuera condenado por un delito que  no cometió.   

Menciona como infringidos los artículos 32  (ausencia     de     responsabilidad)  y 252 (aprovechamiento de error ajeno o  caso  fortuito) del Código Penal, Ley 599 de 2000; y  los     artículos     7°     (presunción     de  inocencia)       y       381       (conocimiento  para condenar) del Código  de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004.   

Pretende  que  la  Corte  case  el  fallo  impugnado y en su lugar absuelva a LUIS FERNADO ALFONSO TORO.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada por el defensor de  LUIS  FERNANDO  ALFONSO  TORO será inadmitida por las siguientes razones: i) no  satisface  los  requisitos  formales  ni materiales establecidos en el artículo  184  del  Código  de  procedimiento Penal, Ley 906 de 2004; y ii) no se precisa  emitir  un  nuevo  fallo  de  fondo,  por  lo  cual  no es necesario superar los  defectos   de  la  demanda  en  atención  a  los  fines  de  la  casación,  la  fundamentación  de  los cargos, la posición del impugnante dentro del proceso,  ni por la índole de la controversia planteada.   

Dado  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la competencia de la Sala de Casación Penal, excepto si es necesario  superar  los  defectos  del  libelo  o  intervenir  oficiosamente  en aras de la  protección de las garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  un control constitucional o legal a través del cual se  lleva  a  conocimiento  del  máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria el  fallo    proferido    por   el   Ad-quem,  por  las  causales  taxativamente  señaladas  en  la  ley,  que  hubiesen sido seleccionadas y desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley, que hubiese ocurrido y se refleje en la sentencia de  segunda  instancia, por errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin embargo, el casacionista debe discurrir de un modo  claro,  lógico,  y  profundo,  hasta  demostrar  que el fallo presenta defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de  tal suerte que no es factible  mantener su vigencia.   

1.    SOBRE    EL    PRIMER    CARGO.  Nulidad   

Este reproche se circunscribe básicamente  en  la  causal segunda de casación, prevista en el artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  906  de 2004),  por  ausencia de motivación, o deficiente motivación del fallo  de   segunda   instancia,   lo  cual,  en  criterio  del  censor,  comportó  el  “desconocimiento del debido proceso por afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de  la  garantía  debida a cualquiera de las  partes”; y vulneró el derecho a la defensa de LUIS  FEERNANDO ALFONSO TORO.   

No   obstante,  como  se  verá,  en  la  fundamentación   del   reproche,  el  libelista  asegura  que  el  Ad-quem  dejó de considerar las pruebas  practicadas  en  el juicio oral, modo de sustentar con el cual, impropiamente se  traslada  a  la  causal  tercera de casación, dado que insinúa la presencia de  yerros de apreciación probatoria.   

1.1  No  puede  confundirse el concepto de  ausencia  de  motivación  con  el de motivación deficiente. La primera podría  ocurrir  en  la  hipótesis en que el Juez adopte decisiones sin haber expresado  al  respecto ninguna razón. Este despropósito es de extraña ocurrencia y, por  supuesto  no  se  verifica en el presente asunto, donde basta leer el fallo para  advertir  la  existencia  de  pluralidad de reflexiones que el Tribunal Superior  hizo antes de revocar la sentencia absolutoria.   

De ese modo, al alegar carencia absoluta de  motivación,  el  casacionista toma distancia de la realidad procesal y lleva el  reproche  a  términos  especulativos  y  contradictorios,  pues  de postular la  ausencia  de  explicaciones  por parte del Juez colegiado, pasa a afirmar que la  condena  fue  determinada  por  apreciaciones  subjetivas  que  no  consultan el  recaudo probatorio.   

1.2  Cuando  la censura consiste en que el  fallo   de   segunda  instancia  tiene  “deficiente  motivación”,  para  la  construcción  lógica del  recurso  extraordinario,  no  es  suficiente  que  el  demandante  se  limite  a  denunciar  esa  supuesta  falencia, como un acontecimiento histórico; sino que,  es  imprescindible  además,  que  explique  cuál  es  la  correcta  y completa  motivación  que  ha  debido  tener  la  sentencia, lo cual comporta la carga de  identificar  los  argumentos  de  la  sentencia  que se consideran deficientes y  demostrar  que  son  deleznables,  más allá de la simple contraposición de un  criterio diferente.   

En otras palabras, no alcanza la entidad de  una  censura  casacional,  la  afirmación  en el sentido que la motivación del  fallo  es  deficiente,  sólo  porque  en  criterio  de  la defensa, las razones  ofrecidas por el Tribunal Superior no satisfacen sus expectativas.   

1.3  En  Sentencia  del 8 de septiembre de  2004  (radicación  20602),  esta   colegiatura  hizo  referencia  a  defectos  de  motivación  de  diversas  especies,  que  eventualmente  pueden  conspirar  contra la integridad legal del  fallo:   

“La  Sala  ha  distinguido   entre   la   ausencia  absoluta  de  motivación,  la  motivación  ambivalente,   la   motivación  incompleta  y  la  aparente  o  sofistica  como  situaciones  que  de presentarse en la sentencia conducen a su anulación.   De  la  primera ha dicho que es aquella en la cual no se precisan las razones de  orden  probatorio  ni  los  fundamentos jurídicos que soportan la decisión; la  segunda,  está  dada por las posiciones contradictorias que contiene las cuales  –de  ese  modo-  impiden  desentrañar  su   verdadero  sentido; la tercera porque los motivos que se  aducen   son  insuficientes  e  imposibilitan  conocer  los  fundamentos  de  la  sentencia,  y –finalmente-  la  aparente cuando por una valoración incompleta de la prueba se construye una  realidad  diferente  al factum y se llega a conclusiones abiertamente equívocas  (Cfr.    Sent.    mayo    22/03,    radicación   No.   20.756)”   

Ninguna  de  las  anteriores  hipótesis  demuestra  el  casacionista,  quien  apenas  alude  a la parte considerativa del  fallo  y,  sin  aportar  análisis sobre el fondo de la cuestión, espera que la  Corte  Suprema  de  Justicia  someta  a  un nuevo juzgamiento al implicado hasta  concluir  que  no  existe  certeza  para  condenarlo,  cual si se tratara de una  tercera instancia.   

1.4.  Y  aún más, si como en el presente  asunto,  el  libelista  insiste  en que la deficiente motivación se constata de  cara  al  acopio  probatorio,  antes  de  arribar a la solicitud de absolución,  tenía  el  deber  de demostrar que el conjunto de pruebas apreciadas, aunadas a  la  correcta  valoración  de  los medios que supuestamente se ignoraron, no era  suficiente  para  obtener  convicción  acerca  de  la responsabilidad penal del  implicado,  y que, por tanto, se precisa de un fallo de sustitución absolutorio  en   aplicación   del   principio   in   dubio  pro  reo.   

En  otras  palabras,  era  preciso  que el  libelista   demostrara   que  el  Ad-quem     incurrió     en    errores    de  hecho  en  la  estimación probatoria, máxime que es  reiterativo  al  afirmar que dicha corporación ignoró las pruebas practicadas,  como  los  testimonios  de  Roberto  Gálvez  Jaramillo,  contador de la empresa  Viajes  Internacionales  Pereira  Limitada,  y  del  señor Jhon Jairo Buitrago,  quienes  en  la  respectiva  declaración suministraron elementos creíbles para  comprender    que   ALFONSO   TORO   no   cometió   el   delito   que   se   le  endilga.   

Agotado  el  debate  probatorio  en  las  instancias,  el  censor  no  puede  esperar  que  la  Corte  deduzca  o descubra  oficiosamente  presencia  de la duda, a partir de su afirmación exclusiva en el  sentido  que  unas  pruebas  fueron mal apreciadas y que otras no se tuvieron en  cuenta.  De  ahí  que,  en  casos  como el presente, donde el Tribunal Superior  declaró  que  no  cabía  duda  de  la  responsabilidad  penal de LUIS FERNANDO  ALFONSO  TORO, el reclamo por la falta de aplicación del principio in   dubio  pro  reo  sólo  alcanza  la  entidad  requerida para sustentar la pretensión casacional, cuando deriva de la  cabal  demostración  de  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la estimación  probatoria.   

Esa  manera  de  postular el cargo le hace  perder  consistencia  jurídica,  lo  ubica en términos distantes de la lógica  que  requiere  el  recurso extraordinario y lo confina a la inadmisión; pues lo  exigible  es  precisar y demostrar los errores del juzgador, con reflexiones que  revistan  la  suficiente  entidad para desquiciar la solidez de un fallo, que ha  cobrado  la  doble presunción de acierto y legalidad; no siendo suficiente, por  el    contrario,   la   simple   oposición   al   criterio   del   Ad-quem      con      discrepancias  genéricas.   

Por  lo antes expuesto, la primera censura  no será admitida.   

2.  EL SEGUNDO CARGO. Subsidiario. Errores  de hecho en la estimación probatoria   

En  el  marco  de  la  causal  tercera  de  casación,  afirma  el  casacionista  que el Tribunal Superior dejó de apreciar  algunas  pruebas  y  distorsionó  lo indicado por otras, con incidencia tal que  equivocadamente revocó la sentencia absolutoria.   

Como  lo  viene reiterando esta Sala de la  Corte,  la causal tercera de casación establecida en el artículo 181 de la Ley  906  de  2004, tiene lugar cuando se afectan derechos o garantías fundamentales  por  el “manifiesto desconocimiento de las reglas de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”.  Se  ubica en el marco de la violación  indirecta  de  la ley sustancial y recoge las diversas modalidades de yerros que  la  jurisprudencia  de  la  Sala de Casación Penal desarrolla como errores   de   derecho  y  errores de hecho.   

El  manifiesto  desconocimiento  de  las  “reglas  de  apreciación  de la prueba”   ha  sido  tratado  en  la  jurisprudencia  como  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de hecho,  cuyas especies son: falso juicio de existencia, falso  juicio de identidad y falso raciocinio.   

2.1   Sobre   el   falso   juicio   de  existencia   

El  libelista  asegura  que  el  Tribunal  Superior  ignoró  “el  contenido  de  las actas de  conciliación  realizadas  los días 25 de abril de 2005 y 25 de julio del mismo  año”,  sobre  los  hechos  ocurridos,  los  pagos  efectuados,  la  razón  por  la  cual  el  implicado no restituía el dinero de  manera  inmediata, que ya no se encontraba en su poder, ni había ejercido actos  de disposición sobre el mismo.   

2.1.1  La  jurisprudencia  de  la  Sala ha  reiterado  que  incurre  en  error de hecho por falso  juicio  de  existencia el juez que omite apreciar una  prueba   legalmente  practicada  en  el  juicio  oral,  o  cuando,  contrario  sensu,  infiere consecuencias  valorativas  a  partir  de  un  medio  de  convicción  que  no  forma parte del  proceso.   

En   el   recurso   extraordinario,   la  postulación     de     un    falso    juicio    de  existencia      por  omisión  debe  iniciar con la verificación objetiva  de  que  la  prueba  fue  practicada  y  que,  pese  a  ello, el Juez ignoró su  contenido  y  no  la  tuvo  en  cuenta  entre  los  argumentos  que  soportan la  sentencia.   

A  continuación  se  precisa  enseñar la  trascendencia  del  error,  de  modo  que  sin  su influjo el fallo hubiera sido  diferente;  y  todo  ha  de  enlazarse  con  la  violación  de  determinada ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  o  aplicación indebida, en procura de  verificar    que   el   fallo   impugnado   es   manifiestamente   contrario   a  derecho.   

La  estructuración de la censura en punto  de  la  trascendencia  del  error  de  hecho por falso  juicio  de  existencia  no  se  cumple  con  la  sola  manifestación  que  al  respecto  haga  el  libelista,  como  si de su opinión  personal  se  tratara;  pues,  de  bastar  aquel  tipo  de  crítica  el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

La  demostración  de la trascendencia del  yerro  atribuido  al Ad-quem  comporta  la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que si tal falencia no se  hubiese  presentado, entonces, el sentido del fallo sería distinto; y para ello  es  preciso  demostrar  que  si  la  prueba  omitida  se  hubiese apreciado, los  restantes  medios  sopesados  por  el  Tribunal  perderían la entidad jurídica  necesaria  y  suficiente  para  mover  hacia  la  convicción  declarada  en  el  fallo.   

En  ese  orden  de  ideas, en este evento,  correspondía  al  casacionista  demostrar  que  el  contenido  de  las actas de  conciliación  alcanzó  la  entidad de una prueba propiamente tal, referirse al  verdadero  sentido y alcance de su contenido y, además, demostrar que en virtud  de  lo  indicado  en  ellas,  todas las demás pruebas analizadas en el fallo no  permitían   arribar  a  la  convicción  sobre  la  responsabilidad  penal  del  procesado, más allá de toda duda.   

Ahora bien, desvirtuar el mérito concedido  a  las  otras pruebas implica a su vez demostrar que los funcionarios judiciales  se  equivocaron  en  el proceso de valoración y fijación de su poder suasorio,  lo  cual  tampoco  se  logra a través de la imposición del criterio particular  del  censor,  sino  demostrando  con  la  lógica  del recurso extraordinario la  incursión en errores de hecho o de derecho en ese ejercicio.   

2.1.2  Es  cierto  que  a  través  de  la  “estipulación   número   dos”,   la   Fiscalía  y  la  defensa  aceptaron  “como  un  hecho  probado  que  las  partes en este  juicio…acudieron  al  centro  de  conciliación de la Fundación Universitaria  del  Área  Andina  el  día  26  de  abril  de 2005 y luego de la diligencia de  conciliación  no  se  llegó  a ningún acuerdo, de lo cual se levantó un acta  cuyo     contenido     se     da     por     cierto     y    probado”.   

Con  similar  redacción,  en  la  misma  estipulación,  se  incluyó  la conciliación fallida que tuvo lugar en la Sala  de  Atención  al  Usuario  de  la Fiscalía Local de Pereira, el 25 de julio de  2005.   

El  libelista no precisa, siendo su deber,  cuál  aparte  de  las  actas de conciliación tenía virtualidad para demostrar  que  ALFONSO  TORO  era inocente y que, sin embargo, no fue tenida en cuenta por  el  Juez  colegiado, pues sólo insiste en que el procesado entregó el dinero a  Jhon   Jairo   Buitrago,   y   que,   por   lo   tanto,   no   cometió   delito  alguno.   

Es  así que, sin aludir al contenido fiel  de  las  actas  de conciliación y sin precisar a cuál de ellas se refiere, con  su  visión  particular  del asunto, el censor trata de convencer de que ALFONSO  TORO  no  actuó  dolosamente, sino que pudo haberse confundido, debido a que el  contador  de  la empresa de viajes propició el error; y que Jhon Jairo Buitrago  fue quien dispuso del dinero.   

2.1.3  De  otra  parte,  en la lectura del  fallo  se  constata  que  el  Tribunal  Superior sí analizó el argumento de la  defensa  según el cual, el dinero que la empresa Viajes Internacionales Pereira  Limitada    giró    en    exceso   al   “operador  turístico”   LUIS   FERNANDO   ALFOSO  TORO,  fue  entregado     por     éste     al     “operador  terrestre”  Jhon  Jairo  Buitrago;  solo  que a ese  hecho   el   Juez   colegiado   no   le  concedió  el  alcance  que  el  censor  pretende.   

El  anterior  aserto  se  corrobora con la  transcripción   del   siguiente   acápite   de   la   sentencia   de   segunda  instancia:   

“Se  ha sostenido de manera muy acuciosa  por  el órgano de la defensa, que Luis Fernando no actuó dolosamente porque no  se  ha  apropiado de suma alguna, pues inclusive el título valor que fue girado  en  su favor él lo endosó a Jhon Jairo Buitrago quien acepta haberlo cobrado y  dispuesto  del  dinero.  No  obstante  ello,  independientemente de la relación  comercial,  industrial,  laboral,  etc  (sic) que hubiese existido entre Alfonso  Toro  y  Buitrago Arboleda, lo cierto es que al haber Luis Fernando recibido por  error  ajeno  la  suma indicada, su obligación era la de reintegrarla; mas como  no  lo  hizo,  necesariamente  se concluye que se apropió de ese bien que no le  pertenecía  y  en  cuya  posesión ingresó en virtud de la equivocación de la  empresa de viajes.”   

Por  manera  que, contrario a lo sostenido  por  el  demandante,  el Tribunal Superior analizó la excusa esgrimida desde un  principio  por  el  implicado ALFONSO TORO, realidad que deja sin base el reparo  consistente  en  que  no  se tuvo en cuenta que el dinero fue a parar a manos de  Jhon Jairo Buitrago.   

2.1.4  Nótese,  adicionalmente,  que  el  casacionista  omitió  cuestionar las razones que tuvo el Tribunal Superior para  revocar  la  sentencia  de  primera  instancia.  Vale  decir, dejó incólume el  fundamento  del  fallo y aún así culmina solicitando se absuelva al implicado,  lo  que  hace  latente  otra  impropiedad  de la censura que, por ende, no será  admitida.   

2.2 Sobre el falso juicio de identidad   

El  demandante  afirma  que  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  distorsionó  el  conjunto  probatorio,  al  no  apreciar  aspectos  de los testimonios de Jhon Jairo Buitrago, LUIS FERNANDO ALFONSO TORO,  Roberto   Gálvez   Jaramillo   y   Margarita  Gálvez  Botero,  que  resultaban  importantes en cuanto coincidían con la hipótesis de la defensa.   

Como   pasa  a  verificarse,  aunque  el  libelista  menciona yerros de hecho por “distorsión” de las pruebas, lo que  constituiría     un     falso    juicio    de  identidad,   en   realidad   culmina  planteando  su  desacuerdo  con  el  poder  suasorio  o  fuerza  de  convicción que el Tribunal  Superior  encontró  en  el  conjunto  de los medios probatorios que el defensor  selecciona  para  plantear  la controversia, pero sin demostrar la incursión en  alguna especie de errores de hecho o de derecho.   

2.2.1  El  falso  juicio  de  identidad supone que el juzgador tiene en  cuenta  un  medio  probatorio  legal y oportunamente practicado; no obstante, al  sopesarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal.   

En esa hipótesis, el censor tiene la carga  de  confrontar  por  separado  el tenor literal de cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo que el Ad-quem  pensó  que  ellas decían; y una vez demostrado el desfase, debe  continuar hacia la trascendencia de aquella impropiedad.   

En  otras  palabras, quien así alega debe  comparar  puntualmente  lo dicho por los testigos, o lo indicado por las pruebas  de  otra  índole,  con  lo  que el Tribunal Superior leyó en esas específicas  versiones  testimoniales,  o  con  lo  que  entendió  indicaban  las  restantes  pruebas;  todo  con  el  fin  de  demostrar que el fallo se ha distanciado de la  realidad  objetivamente  declarada  por  el  acopio probatorio, por distorsión,  recorte o adición en su contenido material.   

2.2.2 En el caso que se examina, el censor  se  limita  a  mencionar  los  testimonios de Jhon Jairo Buitrago, LUIS FERNANDO  ALFONSO  TORO,  Roberto  Gálvez  Jaramillo  y  Margarita  Gálvez  Botero,  sin  especificar   cuál   es   el  contenido  esencial  de  dichas  pruebas  que  el  Ad-quem   supuestamente  distorsionó;  y a partir de esa presentación de las cosas, salta a afirmar que  si  el  Juez  colegiado  no  las  hubiese  tergiversado, tenía que confirmar la  sentencia absolutoria de primer grado.   

Frente  a  esas  pruebas  no se postula en  realidad  un  reproche  concreto,  ya  que  el  demandante  no  verifica  alguna  tergiversación,  adición  o  cercenamiento por parte del Tribunal Superior; en  cambio,  su  protesta  se  dirige  a  la  credibilidad  concedida a las diversas  declaraciones;  y  aún  así,  con  base  en un mero enunciado, aspira a que se  acepte  su visión de las cosas, según la cual, el procesado no es responsable,  por ausencia de dolo.   

Como   se   advierte,  el  libelista  no  desarrolló   a  cabalidad  su  postulación,  porque  incumplió  el  deber  de  identificar  las  expresiones  objetivas  y literales de las declaraciones sobre  las  que  hace recaer el yerro, y frente a cada expresión relevante especificar  lo  que  el Tribunal Superior leyó o entendió que decían, con la finalidad de  enseñar  a  la  Corte en qué consistió la tergiversación de cada prueba, por  recorte, adición o alteración de su contenido.   

En  el  marco  de los errores de hecho, la  exigencia  de debida argumentación, no se satisface con afirmar que el Tribunal  se  equivocó  al  apreciar  las pruebas que interesan al libelista, con base en  deducciones  subjetivas  ninguna  de las cuales apunta hacia la verificación de  alguna  especie  de  yerro  in  iudicando.   

2.2.3 Como el libelo examinado no contiene  un  desarrollo  lógico  de  aquella  forma,  se advierte que el casacionista en  realidad  protesta por la fuerza de convicción o poder suasorio atribuido a los  testimonios  que  menciona,  como  si  se  tratase  de  postular un error   de   derecho  por  falso juicio de convicción.   

Sin  embargo,  con  la desaparición de la  tarifa  probatoria,  en  materia procesal penal, sustituida por el sistema de la  sana  crítica,  en  principio no es posible para los jueces incurrir en errores  de     derecho     por     falso     juicio     de  convicción,  en  la medida en que la normatividad no  somete  por  lo  general  su raciocinio a evaluaciones obligadas dependientes de  una tarifa legal probatoria.   

Ese  presupuesto  procesal  restringe  la  posibilidad  de que un sentenciador infrinja el ordenamiento por el simple hecho  de  conceder o negar credibilidad a un medio de convicción, dada la libertad de  que  goza  en  esa materia, por ministerio de la ley, para estimar su mérito de  persuasión  en  sana  crítica,  vale  decir,  dentro  de  los  márgenes de la  experiencia, las ciencias y la lógica.   

2.2.4   Todo  ello  significa  que,  sin  demostrar    la    incursión    en   falso   juicio  de  existencia (omisión  o  suposición  de  prueba) o  falso    juicio    de  identidad (tergiversación,  recorte  o  adición  de  la prueba) o en falso            raciocinio   (distanciamiento   de  los  parámetros  de  la  sana crítica: lógica, experiencia y ciencias),  como  en  el presente caso, la discrepancia de la defensa con la  valoración   otorgada  por  el  Tribunal  Superior  a  los  testimonios  no  es  discutible  en casación, sencillamente porque no existe un parámetro legal que  pueda haber sido transgredido en la sentencia que se impugna.   

Es   desacertado,   pues,   intentar  el  quebrantamiento   del   fallo  condenatorio  atacando  la  credibilidad  que  el  Ad-quem  asignó  a  las  pruebas  que  al libelista sólo menciona, sin demostrar la presencia de errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la apreciación de esos y de los otros medios que  cimentan el fallo.   

Por  lo  antes  expuesto, este reproche no  será admitido.   

En  síntesis,  el  análisis del presente  asunto  a la luz de los fines constitucionales y legales de la casación permite  concluir  que  el libelo no puede admitirse, al no satisfacer las exigencias que  reclama  el  artículo  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley 906 de  2004.   

EL   MECANISMO   DE  INSISTENCIA   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   contra   el   presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de insistencia, cuyo  trámite  no fue desarrollado en la legislación procesal penal. No obstante, la  Sala    ha   definido   las   reglas   que   habrán   de   seguirse   para   su  aplicación2, como a continuación se precisa:   

1. La insistencia es un mecanismo especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide  inadmitir  o  no  seleccionar  la  demanda  de  casación, con el fin de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También  podrá ser provocado  oficiosamente,  en el mismo término, por alguno de los Delegados del Ministerio  Público  para  la  Casación Penal, a menos que  la insistencia no hubiera  sido  promovida  por  el  Procurador  Judicial,  el  Magistrado  disidente  o el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

2.  La  solicitud  de  insistencia  puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador Judicial Delegado ante el Tribunal  Superior  fuese el casacionista; o ante uno de los Magistrados que hayan salvado  voto  en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda o ante uno de  los Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3. Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se formula la insistencia optar por someter el asunto a consideración de  la  Sala  o  no presentarlo para su revisión. En este último evento informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

4.  El auto a través del cual se indamite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

3.  SOBRE  LA POSIBILIDAD DE UNA CASACIÓN  OFICIOSA   

La Sala viene sosteniendo que en atención  a  los  fines  del recurso de casación contenidos en el artículo 180 de la Ley  906  de 2004, tiene el deber de intervenir oficiosamente, superando los defectos  de  la  demanda,  si fuere el caso, según lo dispone el artículo 184 del mismo  régimen.   

En  tales  supuestos,  ha advertido, no se  impone  realizar  la  audiencia  de  sustentación  del artículo 184, porque la  razón  de  ser  de  ésta  es  la  fundamentación  de  la  demanda debidamente  presentada,  que ya ha sido admitida. En sentido, contrario, en consecuencia, el  rechazo    del    escrito   descarta   esa   vista3.   

En  el  presente  asunto,  se vislumbra la  necesidad  de  estudiar  la  posibilidad  de que se hubiese faltado a las formas  propias  del  debido proceso y a las garantías que les asisten a las víctimas,  por los siguientes motivos:   

i)   En   el  fallo  de  segundo  grado,  oficiosamente,   el   Tribunal  Superior  condenó  al  implicado  a  indemnizar  perjuicios,   por   una  suma  que  ni  la  víctima  ni  la  Fiscalía  habían  solicitado.   

ii) Culminada la audiencia de debate oral,  el  Tribunal  Superior  no  concedió  oportunidad para promover el incidente de  reparación integral.   

iii)  Cuando,  finalmente  se  intentó la  realización  del  incidente  y  el  apoderado de la víctima desistió, no hubo  decisión   judicial   al   respecto,  ya  que  el  Secretario  del  Juzgado  de  Conocimiento,  a  iniciativa  propia,  según  consta en el expediente, decidió  regresar  las  diligencias al Tribunal Superior, sin que un funcionario judicial  verificara  si  el  profesional  del  derecho tenía poder para desistir, ni las  condiciones en que se produjo el desistimiento.   

Dichos tópicos deben ser analizados desde  las  perspectivas  constitucional y legal, y además, los dos primeros, también  a  la  luz  de  la  jurisprudencia  vertida por la Sala de Casación Penal en la  Sentencia   del  28  de  mayo  de  2008  (radicación  29542).   

En consecuencia, se dispondrá que en firme  la   anterior   decisión   y   decidido  lo  pertinente  sobre  la  insistencia  (en  el  supuesto  de  que  se  formule),  regrese  lo actuado al despacho del magistrado sustanciador para  que   se   estudie   la   posibilidad   de   la  casación  oficiosa4.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada   a   nombre   de  LUIS  FERNANDO  ALFONSO  TORO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo   184   de   la   Ley   906   de   2004,  es  facultad  del  demandante  elevar  petición  de insistencia, según lo indicado en la parte motiva de este  auto.   

2. En  firme  la  anterior decisión y resuelto lo pertinente sobre la  insistencia  en  caso de llegar a formularse, regrese lo actuado al despacho del  magistrado  sustanciador  para  que  se  estudie  la posibilidad de la casación  oficiosa.   

Cópiese,    notifíquese, devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                            AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Dedicado al oficio de “Operador Turístico”.   

2 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal. Auto del 15 de diciembre de 2005.  Radicación 24322.   

3  Confrontar,   por   todos,   auto   del   25   de   julio   de   2007,  radicado  27.383.   

4  En  idéntico  sentido  resolvió la Sala de Casación Penal en auto del 23 de abril  de 2008, radicación 29542.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *