29481(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29481   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 119.  

Bogotá  D.C.,  mayo quince (15) de dos mil ocho (2008)   

VISTOS  

La  Sala  emprende  el  estudio  sobre  las  exigencias  de lógica y suficiente acreditación del libelo casacional allegado  por  el  defensor  de  los acusados JUAN PABLO CADAVID  SANTA  y  NELSON CASTRILLÓN MARÍN contra el fallo de  segundo  grado  dictado por el Tribunal Superior de Medellín el 22 de noviembre  de  de  2007  a  través  del  cual  condenó  a  los  referidos ciudadanos como  coautores   penalmente   responsables  del  delito  de  acceso  carnal  violento  agravado,  providencia  revocatoria  de la sentencia de absolución proferida el  15  de  junio  de  la  citada  anualidad  por  el Juzgado Veinticuatro Penal del  Circuito con funciones de conocimiento de la misma ciudad.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  hechos constitutivos de la génesis de  este  diligenciamiento  fueron  adecuadamente  sintetizados  por el ad  quem en el fallo de segundo grado en  los siguientes términos:   

“El día 13 de  noviembre  de  2006,  entre  las  10:00  y 12:00 de la noche, en el sector de la  Terminal   de  Transporte  del  barrio  La  Cruz  de  esta  ciudad  (Medellín,  se  aclara),  en  la  banca  trasera  de  una  buseta  de Manrique Oriental de placas TND 167, la joven Leidy  Marcela  Ibarra  David  fue accedida carnalmente mediante violencia cuando menos  por  una  persona  con  el  concurso de varias, entre las que se encontraban los  señores    Juan    Pablo    Cadavid   Santa   y   Nelson   Duván   Castrillón  Marín”.   

         Como  una  señora  que  se  encontraba  en  el  sector,  alertó a  miembros  de  la  policía sobre los hechos expuestos en precedencia, se produjo  la  aprehensión  dentro  de  la  buseta de JUAN PABLO  CADAVID    y    NELSON  CASTRILLÓN  MARÍN, además del menor AFL1  quien  se  encontraba encima de la víctima desnuda.   

En  audiencia preliminar el Juzgado Décimo  Penal  Municipal  con  función de control de garantías de Medellín dispuso el  14  de  noviembre de 2006 la legalización de la captura de los aprehendidos. La  Fiscalía  les formuló imputación como autores del delito de acceso carnal con  persona  puesta  en  incapacidad de resistir agravado (numeral 1º del artículo  211  de  la  Ley 599 de 2000), la cual no aceptaron. En la misma oportunidad les  fue  impuesta  a  solicitud  de  la entidad acusadora medida de aseguramiento de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional.   

         El  28  de  noviembre  siguiente  la Fiscalía presentó escrito de  acusación  contra  los incriminados por el concurso de delitos de acceso carnal  agravado  (numeral  1º  del  artículo  211  de  la Ley 599 de 2000) y lesiones  personales   dolosas   (artículos   111   y  112  inciso  primero  ejusdem).   

Una vez concluida la etapa del juicio oral,  el  Juzgado  Veinticuatro  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  Medellín  profirió  fallo el 15 de junio de 2007, por medio del cual absolvió  a   JUAN   PABLO  CADAVID  y NELSON CASTRILLÓN MARÍN  por  el  concurso  de delitos objeto de acusación, providencia impugnada por la  Fiscalía.   

El  Tribunal Superior de Medellín decidió  mediante  sentencia  del 22 de noviembre de 2007 revocar la absolución, para en  su  lugar,  condenar  a los acusados a la pena principal de ciento setenta (170)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como coautores penalmente  responsables  del  delito  de acceso carnal violento agravado. A su vez, dispuso  “precluir  la  actuación procesal por el delito de  lesiones     personales     a     favor     de     los    procesados”.   

En  el mismo proveído les negó la condena  de  ejecución condicional, así como la prisión domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

Contra   el   fallo   del   ad  quem el defensor de los incriminados  interpuso    recurso    de    casación   y   allegó   el   respectivo   libelo  oportunamente.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera de  casación  establecida  en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurrente  afirma  que  el  Tribunal violó indirectamente los artículos 205 de la Ley 599  de  2000  por  aplicación  indebida y 7º numeral 2º de la Ley 906 de 2004 por  falta  de aplicación, en concordancia con el 381 del mismo ordenamiento y el 29  de la Carta Política.   

En  la  fundamentación  del reparo indica:  “A  pesar  de  que  en  el  juicio oral la presunta  víctima  manifestó  no  recordar  nada  sobre  lo  ocurrido,  su testimonio es  subjetivamente  defectuoso, a causa de la sospecha que surge de la condición de  ofendida  que tiene esta testigo, en ella existe la sospecha que le es inherente  por   su   misma   condición   de   ‘ofendida’,  lo  que  le  lleva a inducir en sospecha de error y la sospecha de engañar y de  justificar  el  hecho  de  que  por  su  ebriedad  fue  descubierta por su novio  teniendo   una   relación   sexual   con   otro   de   sus  colegas”.   

         Y  agrega:  “También  debe tenerse en  cuenta  que  el  testimonio de la señora Ibarra David fue influenciado, incluso  por  parte  de  personas  pertenecientes  a  un  comité de ayuda a víctimas de  violación,  que  le  dijeron que había sido violada por más de siete hombres,  circunstancia  esta que predispuso a la testigo a buscar responsables. Hecho que  resultó   ser   una   mera   especulación   o   mejor   un  chisme”.   

En  el juicio oral se demostró, asevera el  defensor,   cómo   la  denuncia  escrita  presentada  sobre  los  hechos  aquí  investigados,  sólo  fue  firmada  por  Leidy Marcela  Ibarra,  pues  en  dicho documento no se consignó la  realidad  de lo acontecido y ni siquiera la supuesta ofendida tenía interés en  informar  de  ello  a  las  autoridades, pues fueron los miembros de la policía  quienes  realizaron la captura, los que comunicaron dichos hechos para conseguir  un               “positivo”.   

         Entonces  pregunta:  “¿Debe  dársele  plena  credibilidad  a  un  testigo que puede tener interés en las resultas del  proceso  y  por  ende  sospechoso, como lo hizo el Tribunal, para ser uno de los  principales   soportes   de   una   sentencia   condenatoria?.   Definitivamente  no”.   

         Acerca  de  lo  expuesto  por  el  menor  AFL  estima su testimonio  igualmente  sospechoso  y  carente  de  credibilidad,  pues resulta imposible su  sorprendimiento  por  parte  de la fuerza pública cuando se encontraba sobre la  víctima  en  la  banca  trasera  de  la buseta, momento en el cual JUAN  PABLO  CADAVID le tapaba la boca y  decidieron  esconder  la  ropa  de aquella, pues “es  ilógico  que  si  yo  estoy violando a alguien y observo que viene la policía,  diga que le escondan la ropa”.   

         Además,  yerra el Tribunal al no creer lo expuesto por el menor en  cuanto  se refiere a que la captura de los procesados se produjo cuando estos se  encontraban fuera de la buseta.   

El  Tribunal no tuvo en cuenta la prueba de  ADN,   con   la   cual   se  demostró  que  no  había  semen  de  JUAN  PABLO  CADAVID  en la vagina de la  víctima,  pese  a  lo cual éste renunció a su derecho a no autoincriminarse y  aceptó  haber  tenido  relaciones  sexuales con Leidy  Ibarra   el  día  de  los  hechos,  “aquí  volvió  a  fallar  la  sana  crítica del testimonio del H.  Tribunal  Superior,  pues  tomaron decir la verdad, como un indicio de presencia  en la escena de un crimen”.   

         “Fallaron    igualmente    en    la  contemplación  material  del  testimonio de EFREN JARAMILLO, testigo clave para  entender  lo  que  sucedió  esa  noche,  lo consideraron mendaz e interesado en  favorecer  a  sus colegas, cuando realmente fue un testimonio veraz, imparcial e  incluso    valeroso    en    renunciar    al   machismo   típico   de   nuestra  idiosincrasia”.   

         Acerca  de  la  trascendencia  del  yerro  respecto  del  principio  in dubio pro reo, considera  que  el  edema genital establecido por el médico legal pudo ser producto de las  relaciones    sexuales    voluntarias    que   Leidy  Marcela tuvo con JUAN PABLO  CADAVID,  o  bien del acceso carnal perpetrado por el  menor   AFL,   ora   de   un   encuentro   íntimo   anterior   a   los   hechos  investigados.   

Contrario  a  lo  expuesto por el Tribunal,  estima  normal  que  los  conductores tengan relaciones sexuales en las busetas,  según lo declararon varios de ellos.   

De otra parte cuestiona que el acceso carnal  se  haya considerado violento, pues en su criterio, dado el estado de embriaguez  de  la  víctima  no  era necesario forzarla para accederla sexualmente, de modo  que  el  comportamiento investigado se adecuaría al delito de acceso carnal con  persona  en  incapacidad de resistir, como en efecto se planteó en la audiencia  de   formulación   de   imputación,   pero   se   varió   en  el  escrito  de  acusación.   

El    testimonio    de    Efrén  Jaramillo  es creíble, señala,  “pues  es una verdadera injusticia acusar a alguien  de  violación  cuando  a  El  (sic)  le consta que la relación sexual que tuvo  LEIDY      MARCELA     con     JUAN     PABLO     fue     consensual”.   

         Plantea  que los testimonios de los policías quienes sorprendieron  a  los procesados dentro de la buseta cuando el menor AFL accedía a la víctima  son  contradictorios, pues según se constató en inspección practicada a dicho  vehículo  no  era  posible  por  razones  de espacio que todos estuvieran en la  banca   trasera,   máxime   si   aquél  declaró  que  sus  defendidos  fueron  aprehendidos fuera de la buseta.   

Apoyado  en  los  argumentos anteriores, el  defensor  solicita  la  casación  del  fallo  impugnado,  para  en su reemplazo  proferir  sentencia absolutoria en favor de JUAN PABLO  CADAVID  SANTANA  y  NELSON  DUVÁN CASTRILLÓN MARÍN.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Es  cierto  que en la Ley 906 de 2004 no se  distingue  entre  recurso  de casación por la vía común y por la discrecional  en  cuanto  se  marginó  la exigencia de la cantidad de pena máxima del delito  para  acceder  a  dicha impugnación, no obstante, es del resorte del recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  del  recurso  y demostrar la necesidad del fallo de casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en su artículo  180,  esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia, so pena de resultar inadmitida la demanda,  según   lo   establece   el   artículo   184   de   la   citada   legislación  adjetiva.   

         Ahora,  en  el  examen de los requisitos  de  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales,  es  deber      de      la      Sala      constatar  en  la    formulación    y   desarrollo   de      las     censuras   el   acatamiento  de  las  exigencias  de   lógica         y         de      pertinente    demostración     definidas     por     el     legislador    y  desarrolladas   por   la  jurisprudencia,  con el fin  de         evitar        la        transformación    de    este   recurso  extraordinario   en  una  instancia     adicional     a     las     ordinarias.     Tales     requisitos   se  orientan  a  conseguir  el   desarrollo   de  los  libelos  dentro  de  unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto  resulten  inteligibles,  esto  es,  precisos y claros,  pues  no  corresponde a la  Sala  en  su  función  reglada  de  orden  constitucional  y  legal,  develar o  desentrañar  el  sentido  de confusas, ambivalentes o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

Precisado lo anterior, encuentra la Sala en  este  asunto  que  el censor no se sujeta a unas tales directrices para impugnar  el  fallo  condenatorio  proferido contra sus procurados, pues si bien invoca la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, no orienta su discurrir a precisar  en  qué  consistieron los errores de apreciación judicial de las pruebas, pues  sólo   procede   a  exponer  su  personal  y  fraccionada  valoración  de  las  declaraciones  de  la  víctima  y  otros  dos  testigos, así como del dictamen  médico  legal,  para  acto  seguido  confrontarla con la ponderación de dichos  medios  de  prueba  por  parte del ad quem,   sin   tener   en   cuenta   que   este  mecanismo  impugnaticio  extraordinario  no  fue  dispuesto  por el legislador para prolongar el curso de  las   instancias  o  para  simple  y  llanamente  exponer  el  criterio  de  los  demandantes,  sino  para  denunciar yerros trascendentes de los falladores en la  aplicación  de  la  ley  sustancial,  en la ponderación de las pruebas o en la  guarda  de  la  legitimidad  del  trámite,  dada  la  presunción  de acierto y  legalidad de la cual se encuentra revestida la sentencia.   

Así  pues,  como  el recurrente plantea la  violación  indirecta  de la ley, era su deber especificar si los sentenciadores  incurrieron  en  un  error  de  hecho  o  de  derecho.  En  el  primer  caso, le  correspondía  establecer  si  se  trató  de  un  yerro  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  o  por  suposición,  o  bien  de  un falso juicio de  identidad  por  adición,  cercenamiento  o  tergiversación,  ora  de  un falso  raciocinio  por  quebranto  de  las  reglas de la sana crítica, esto es, de los  principios  de  la  lógica,  los  postulados de la ciencia o las máximas de la  experiencia, deberes omitidos por el impugnante.   

En el segundo caso, es decir, tratándose de  los  errores  de  derecho, era imprescindible identificara si se trató de falso  juicio  de  legalidad  de  la prueba o falso juicio de convicción, desde luego,  asumiendo  los  desarrollos  propios  de  cada  una de dichas especies de error,  obligaciones que también incumplió.   

Adicionalmente  puede  observarse, cómo el  casacionista  no  procede  a  explicar  por  qué  se  aplicó  indebidamente el  artículo  205 de la Ley 599 de 2000, ni cuáles son las dudas trascendentes, no  conjeturas  o  suposiciones  infundadas,  suficientes  para  dar  aplicación al  principio     in    dubio    pro    reo.   

Las  mencionadas  omisiones  lógicas y demostrativas en el discurso del  censor  imposibilitan  a  la  Sala  para  acometer el  estudio  de  la censura planteada, pues si el libelo de casación no corresponde  a  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base  en  meras  apreciaciones   personales   e   indemostradas   del  defensor  y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas que lo gobiernan, impone la  inadmisión  de  la demanda  de   acuerdo   con   lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,   pues    en   virtud   del   principio   de   limitación   propio         del        trámite  casacional, la Corte no se  encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

         Además,  no  se observa con ocasión de  la  sentencia impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación  de    derechos    o   garantías   de   los  incriminados,  como  para  adoptar     la     decisión    de    superar   los  defectos  de  la  demanda  y  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3º  del artículo 184 de la citada legislación.   

          Precisión final   

         Contra  la  decisión  de  inadmitir  la  demanda presentada por la  defensa  procede  el  mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004. Como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido  instituto procesal, la Sala ha  definido    las   reglas   para   tal   propósito2, como sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un mecanismo especial cuyo  ejercicio  corresponde al demandante, dentro de los cinco (5) días siguientes a  la  notificación  de  la  providencia  por  medio  de  la  cual  la Sala decida  inadmitir  la  demanda  de casación, con el fin de provocar la reconsideración  de  lo  decido.  También  podrá  ser ejercitado oficiosamente dentro del mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  – cuando el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –,   el   Magistrado  disidente,  el  ausente  de  los debates o quien no haya suscrito la providencia  inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio  Público  a  través  de sus Delegados para la Casación Penal o  ante  uno  de  los  Magistrados  de  la  Sala  en  las  condiciones expuestas en  precedencia.   

         iii)                     Es  potestativo  del  Magistrado  disidente, de  quien  no  intervino  en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  el  cual se formula la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la  Sala  o  no  presentarlo  para  su  revisión.  En  éste último evento  informará   de   ello   al   peticionario   en   un   plazo   de   quince  (15)  días.   

         iv)                     El  auto  a  través  del  cual  se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia  contra  la  cual  se formuló el recurso de casación, salvo  cuando la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR         el  libelo  casacional presentado por el  defensor    del   procesado   JUAN   PABLO   CADAVID  SANTA,   por   las   razones   expuestas   en   las  consideraciones precedentes.   

De    conformidad    con  el  artículo  184  de la Ley 906 de  2004, es facultad del demandante elevar petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS              AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Como  esta  decisión  puede  ser  publicada,  no  se  registra  el  nombre de la menor en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del  Código  de  la  Infancia  y  la  Adolescencia,  según el cual, no se debe  “entrevistar,  dar  el  nombre,  divulgar datos que  identifiquen  o  que  puedan  conducir  a la identificación de niños, niñas y  adolescentes   que   hayan   sido   víctimas,  autores  o  testigos  de  hechos  delictivos”.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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