29411(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 29411  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrados  Ponentes   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 207   

Bogotá D. C., veintinueve (29) de julio de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala las demandas  de  casación  presentadas  por  el  defensor común de RODRIGO ÁLVAREZ GUACA y  JHON  FREDY OSPINA LONDOÑO, contra el fallo del 5 de junio de 2007, mediante el  cual  el  Tribunal Superior de Buga (Valle) confirmó íntegramente la sentencia  anticipada  de  primera  instancia,  dictada  el  15 de diciembre de 2006 por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de Palmira (Valle), que absolvió a dichos  implicados  por  el delito de porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal y los condenó en calidad  de   coautores   de   homicidio   agravado  -por  la  indefensión  de  la víctima- en concurso homogéneo,  a  la  pena  de  treinta  y  un  (31)  años cuatro (4) meses siete (7) días de  prisión;  a  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el lapso de  veinte  (20)  años,  a  indemnizar  los  perjuicios  causados;  y  les negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión domiciliaria.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera, en  la sentencia de primer grado:   

“Ocurrieron el 8 de noviembre de 2005, en  la  Vereda  de  Piles,  jurisdicción  de Palmira (Valle), cuando el menor RUBEN  SANTIAGO  LÓPEZ  ÁLVAREZ y su padre SANTIAGO LÓPEZ, recibieron varias heridas  con  arma  de  fuego,  las  cuales  les  produjeron  la  muerte cuando recibían  atención  médica. Conforme a las averiguaciones realizadas por la policía, en  la  madrugada  de  ese  día  dos  sujetos  ingresaron  de  manera violenta a la  vivienda  de  la familia ÁLVAREZ LÓPEZ, indagando por el señor JESÚS ALBERTO  LÓPEZ,  y al no encontrarlo se llevaron al joven RUBÉN SANTIAGO hasta donde se  encontraba  su  progenitor,  quien se dedicaba a cuidar unas pilas de carbón, y  procedieron  a  dispararles,  señalando  los  testigos que los responsables del  crimen  eran dos hombres que se desempeñaban como vigilantes de COOVIPORE en el  sector    del   puente,   quienes   fueron   identificados   como   RODRIGO   ÁLVAREZ   GUACA   y  FREDY  OSPINA  LONDOÑO.” (Se destaca)   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

1. Con base en los informes de policía, los  primeros  testimonios  y  otros elementos probatorios, la Fiscalía 56 Seccional  de  Yumbo  (Valle)  abrió  investigación,  dispuso vincular a RODRIGO ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY OSPINA LONDOÑO, quienes con antelación fueron capturados  por unidades de la Policía Nacional.   

En  su  indagatoria  el  vigilante ÁLVAREZ  GUACA  aseguró  que  se  vio precisado a disparar su arma de dotación, ante la  necesidad  de  repeler  la  intrusión  de  varios sujetos, quienes pretendieron  ingresar   a  la  obra  del  puente  CENCAR,  entre  ellos,  uno  conocido  como  “Beto”,  quien  estaba comprometido en el homicidio de otro celador, llamado  Alberto  Palencia”.  Explica que los persiguió por el monte y realizó varios  disparos.   

Por  su parte, el también vigilante OSPINA  LONDOÑO,   aseguró  que  a  la  hora  de  los  acontecimientos  se  encontraba  durmiendo,  en la obra, ya que estaba cansado porque había prestado un turno de  36 horas.   

2.  Al definir la situación jurídica, con  resolución  del  17  de  noviembre  de 2005, la Fiscalía instructora afectó a  RODRIGO   ÁLVAREZ   GUACA  y  a  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva, sin excarcelación, como  autores  homicidio en concurso homogéneo,  previsto en el artículo 103 del Código Penal, Ley 599 de 2000.  (Folio 76 cdno. 1)   

3.  Recaudada la prueba necesaria, el 13 de  febrero  de  2006,  se  declaró  cerrado  el  ciclo  instructivo.  (Folio 230 cdno. 1)   

4. El mérito del sumario fue calificado el  3  de  marzo  de  2006,  por  la Fiscalía 149 Seccional de Palmira (Valle), con  resolución  acusatoria  contra  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY OSPINA  LONDOÑO  por  los  delitos de homicidio agravado (por  la   indefensión  de  las  víctimas)  y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal. (Folio 238 cdno. 1)   

5.  Los defensores interpusieron el recurso  de   apelación  contra  la  resolución  acusatoria;  no  obstante,  ésta  fue  confirmada  el 10 de mayo de 2006, por la Unidad de Fiscalías Delegadas ante el  Tribunal   Superior   de   Cali.   (Folio  271  cdno.  2)   

6.  Asumió  el  conocimiento del asunto el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de Palmira, Despacho que avanzó hasta la  instalación de la audiencia preparatoria inclusive.   

Sin   embargo,   en  desarrollo  de  esta  diligencia,  antes  de  que  se  decidiera  sobre  las  pruebas solicitadas, los  implicados,  con  el  aval  de  sus  defensores,  manifestaron  su intención de  someterse  a  la  justicia  y  en la misma oportunidad aceptaron en forma libre,  voluntaria,   asistida   y  espontánea,  todos  los  cargos  contenidos  en  la  resolución    acusatoria.   (Folio  325  cdno.  2)   

7.   Posteriormente,  mediante  sentencia  anticipada  del 15 de diciembre de 2006, el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  Palmira  (Valle),  absolvió  a  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY OSPINA  LONDOÑO,  por  el  delito de porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal,  por  atipicidad  de la  conducta;  y  los condenó por homicidio agravado -por  la   indefensión   de   la   víctima-   en   concurso   homogéneo,  a  la pena principal de treinta y un (31) años cuatro (4) meses  siete  (7)  días  de prisión; y adoptó las otras determinaciones indicadas en  la  parte  inicial  de  esta  providencia.  (Folio 338  cdno. 2)   

Para  dosificar  la  pena,  el  funcionario  judicial  partió  del  extremo inferior del cuarto mínimo para el homicidio  agravado, esto es 25 años de  prisión;  lo incrementó en 10 meses en atención a la intensidad y modalidades  de  la  conducta  punible;  y  por  razón  del  concurso  con el otro homicidio  agravado  la  incrementó  en  10  años  más,  para  un parcial de 35 años 10  meses.   

A  ese  guarismo,  restó  la  octava (1/8)  parte,  por tratarse de sentencia anticipada, solicitada en la fase de la causa;  y obtuvo así la pena de prisión antes señalada.   

El           A-quo  declaró  que  no  aplicaba  por  favorabilidad  la disminución permitida para los casos de allanamiento a cargos  en  la Ley 906 de 2004, debido a que la jurisprudencia de la Sala mayoritaria de  Casación Penal, descartaba dicha posibilidad.   

8.  Los defensores interpusieron el recurso  de  apelación.  El  de  ÁLVAREZ  GUACA,  protestando  por  la supuesta nulidad  surgida  en  un  vicio  del consentimiento al aceptar los cargos, por deficiente  asesoría  profesional;  y  el de OSPINA LONDOÑO, por la equivocada valoración  probatoria, dado que éste no cometió delito alguno.   

Al  desatar  la  alzada, con fallo del 5 de  junio  de  2007, el Tribunal Superior de Buga (Valle) confirmó íntegramente la  decisión  de  primer  grado, luego de verificar que los implicados sí contaron  con   asesoría   profesional;   y   descartó   el  debate  probatorio  por  la  inadmisibilidad    de    la   retractación,   en   tratándose   de   sentencia  anticipada.   

9.   Inconforme   con  la  determinación  anterior,   el   defensor   común   de  los  procesados  interpuso  el  recurso  extraordinario  y  allegó  la  demanda  de  casación  cuyo  aspecto  formal se  califica en este proveído.   

LAS            DEMANDAS   

En  libelos separados, pero similares en lo  fundamental,  por  lo  cual  se  resumen  conjuntamente, cinco cargos postula el  defensor  de  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY OSPINA LONDOÑO contra la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Buga  (Valle),  con base en las causales  primera  y  tercera,  previstas en el artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  por violación de la ley sustancial y nulidad, respectivamente.   

1.   Captura  ilegal. La aprehensión de los implicados fue ilegal,  dado  que  no  se  trató  de  una  situación de flagrancia, ni medió orden de  captura,  sino  que  ellos  comparecieron  voluntariamente  ante  el  CAI  donde  quedaron  privados  de  la libertad. De ese modo, se vulneró el artículo 28 de  la    Constitución    Política,    relativo   a   las   formalidades   de   la  captura.   

2.   Falta  de  defensa   técnica.   A  decir  del  libelista,  los  profesionales   del  derecho  que  lo  antecedieron  cumplieron  una  deficiente  gestión,  toda  vez  que  ofrecieron  argumentos  deleznables  al  impugnar las  diversas  providencias;  porque no ilustraron en forma adecuada a los implicados  y los indujeron a aceptar los cargos.   

De  otro  lado,  se incurrió en defectuosa  valoración  probatoria,  por  otorgar  credibilidad  al  testimonio vertido por  José  Alberto  López Álvarez (hijo y hermano de las  víctimas,   respectivamente),  pese  a  que  es  un  reconocido  delincuente,  con  el alias de “Beto”, quien tenía razones para  pretender  ultimar  a  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA,  ya que éste sabía que aquél  estaba  implicado  en  el  homicidio  de  otro  celador,  llamado  Luis  Eduardo  Palencia.   

Dejaron   de   practicarse   las  pruebas  necesarias,    “error   in   iudicando”,  porque  se  ordenó  la  ampliación  del testimonio de José  Alberto  López  Álvarez,  pero  no  se practicó, ya que no se insistió en su  comparecencia,  no  fue  sancionado,  ni  conducido  por la Policía Nacional; y  dejaron  de  practicarse  las  pruebas  que  surgían  de  la indagatoria de los  procesados,   con   lo  cual  se  desconoció  el  principio  de  investigación  integral.   

Y,  además,  era  necesario  aplicar  por  favorabilidad la Ley 906 de 2004, en cuanto resultare pertinente.   

3.  Nulidad de la  actuación.  El  fallo  fue  emitido  en  un  proceso  inválido,  ya  que fue ilegal la captura de los implicados; no existía certeza  para  condenar;  y  se  confió en un testigo que ideó un montaje incoherente y  con animadversión hacia los celadores afiliados a COOVIPORTE.   

4.  Nulidad  por  conservar  la  unidad  procesal. Desde su indagatoria,  el  procesado RODRIGO ÁLVAREZ GUACA aseguró que su compañero de labores, JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO,  se encontraba dormido cuado llegaron los intrusos a la  obra  del  puente  de  cuya  vigilancia estaba encargado. Si ello es así, éste  implicado  nada tuvo que ver en los hechos, pues yacía descansando, después de  un  turno  de  36  horas,  y  no  pudo  ser  investigado  bajo  la misma cuerda,  “por    inculpabilidad    manifiesta”;  sino  que, respecto de él, era obligatorio que se dispusiera  la ruptura de la unidad procesal.   

5.   Prueba  sobreviniente.  Los Jueces de instancia ignoraron que  José  Alberto  López  Álvarez,  alias  “Beto”,  Carmen  Elena  Álvarez y  Alexander  López  Álvarez,  fueron denunciados ante la Fiscalía General de la  Nación,  por  formular  una denuncia falsa contra personas determinadas, siendo  víctimas   los   procesados   RODRIGO   ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO.   

Lo    cierto    es   que   –dice  el censor- la familia López se  confabuló  contra  los  procesados,  con  el fin de desviar la atención de las  autoridades  judiciales,  pues  José Alberto López Álvarez, alias “Beto”,  tuvo  participación  en  el  homicidio de otro vigilante de COOVIPORTE, llamado  Luis  Eduardo  Palencia.   Entonces,  como  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA estaba  enterado  del  compromiso  delictivo  de  “Beto”,  éste  andaba buscando la  oportunidad  para  matarlo  y, por ello, se acercó con otros sujetos a su lugar  de  trabajo en el puente CENCAR, la noche en que tuvo que repelerlos disparando,  con las consecuencias que dieron lugar a este proceso penal.   

Solicita a la Corte decretar la nulidad que  resultare,  improbar la aceptación de cargos para sentencia anticipada y emitir  el fallo que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1. CUESTIÓN PREVIA  

En  la revisión del expediente detecta que  el  Juez de primera instancia incurrió en un error con entidad para vulnerar el  debido  proceso,  no  advertido  por  el  Tribunal Superior, y que la Corte debe  enmendar  a través de la declaratoria de nulidad parcial de lo actuado a partir  de  la sentencia de primera instancia, exclusivamente con relación al delito de  porte   ilegal   de   armas   de  fuego  de  defensa  personal.   

Como  se  destacó  en  la  reseña  de  la  actuación  procesal,  la  fase  instructiva se verificó a cabalidad, es decir,  culminó  con el proferimiento de resolución acusatoria contra RODRIGO ÁLVAREZ  GUACA   y   JHON   FREDY  OSPINA  LONDOÑO,  por  los  delitos  de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego de defensa personal   y   homicidio   agravado por la indefensión de la víctima.   

Inició  la  etapa  de juzgamiento y en la  audiencia  preparatoria  ÁLVAREZ  GUACA  y  OSPINA  LONDOÑO  manifestaron  que  aceptaban  los  cargos  endilgados;  por  ello,  sin  culminar  dicha  fase,  se  profirió la sentencia anticipada.   

En  la  decisión de primera instancia, el  A-quo  absolvió  a  los  implicados   por   el   delito  de  porte  ilegal  de  armas    y    los    condenó    por   homicidio agravado.   

La  absolución  se  fundamentó  en  la  atipicidad  de  la conducta, pues al momento de la aceptación de los cargos, al  expediente  ya  se  habían  incorporado  certificaciones  y documentos donde se  informaba  que  las  armas  empleadas por los vigilantes ÁLVAREZ GUACA y OSPINA  LONDOÑO  estaban  legalmente  amparadas y pertenecían a la empresa para la que  ellos laboraban.   

La  línea  jurisprudencial  de la Sala de  Casación  Penal  indica  que en de tratándose terminación anormal del proceso  por   aceptación   de   cargos,   la   sentencia   anticipada  tiene  que  ser,  necesariamente,  de  carácter  condenatorio;  pues  si  el Juez advierte que no  están  dadas  las  condiciones  para  la  condena,  debe  decretar la nulidad y  regresar    el    expediente    para   que   retome   el   cauce   procedimental  normal.   

Tal  doctrina  se condensa en la Sentencia  del  28  abril de 2004 (radicación 19435), donde la Sala acotó:   

“De  manera reiterada la Corte ha venido  sosteniendo   que  la  naturaleza  jurídica  del  instrumento  de  terminación  anticipada  del  proceso,  su  configuración  legal  y las razones de política  criminal  que  determinaron  su  incorporación  en  el  ordenamiento jurídico,  repelen  la  posibilidad  de  que  a través suyo el juzgador pueda llegar a una  declaración  de  inocencia respecto de los hechos y circunstancias que han sido  objeto  de  aceptación  por parte del procesado, pues en relación con ellos el  juez  carece de facultad de disposición. Así, entre otras, en sentencias de 20  de abril y 16 de noviembre de 1999.   

(…)  

La  sistemática  de  las  disposiciones  contenidas  en  los  artículos  37  a  37B  del  código de procedimiento penal  anterior1   –40  del  actual2-,  pone  de  presente  el inequívoco propósito del legislador de  posibilitar  por  esta  vía  el proferimiento anticipado de un fallo de condena  exclusivamente.   

Los  incisos 3º, 4º,  5º y último  del  artículo  40,  en  cuanto  el  primero  indica la correspondencia que debe  existir  entre la decisión de mérito y “los hechos  y   circunstancias   aceptadas”   en  el  acta  de  formulación  de  cargos, y los restantes fijan las rebajas de pena aplicables y  lo  concerniente  a  la responsabilidad civil derivada del delito, no dejan duda  del carácter condenatorio de la sentencia anticipada.   

(…)  

Lo dicho no significa, sin embargo, que el  acta  de  formulación  de cargos vincule indefectiblemente al juzgador o que el  trámite   procesal   iniciado   por   el  Fiscal  a  instancias  del  procesado  necesariamente    deba    concluir   con   el   proferimiento   del   fallo   de  condena.   

La Sala ha dicho al respecto que si el juez  advierte,  al  examinar  la  actuación,  que  no se cumplen los presupuestos de  orden  sustancial  para  dictar  sentencia condenatoria, porque está demostrado  que  el  hecho  no  ha  existido, o que el sindicado no lo ha cometido, o que la  conducta  es  atípica,  o  que  está  amparada  por  una  causal excluyente de  responsabilidad  -todo  ello dentro del marco de la violación de las garantías  fundamentales-,  debe  abstenerse  de dictar sentencia e invalidar la actuación  para  retornarla  al  procedimiento ordinario, ante la imposibilidad de absolver  al implicado.   

(…)  

Es  de advertir, sin embargo, que también  la  Sala  ha  venido  sosteniendo que la imposibilidad de llegar a una sentencia  absolutoria  se  debe  entender referida a los hechos y circunstancias aceptados  por   el  procesado,  sobre  los  cuales  el  juzgador  carece  de  facultad  de  disposición, pero no a la calificación jurídica de la conducta.   

En relación con la calificación jurídica  de  la  conducta  el  juzgador goza de una relativa disponibilidad, en cuanto en  determinados  eventos  puede  apartarse  de  la  adecuación típica dada por la  Fiscalía,  siempre  que  no  comprometa la estructura básica de la acusación.   

Esa  facultad,  como  fue  admitido por la  Sala,  le  permite  absolver  por delitos que han sido imputados autónomamente,  pero  que  solo  constituyen elementos o circunstancias estructurantes de uno de  mayor  riqueza  descriptiva, por el que también ha sido proferida acusación, o  un  concurso  aparente,  siempre  y  cuando  se  profiera  sentencia  por el que  jurídicamente    corresponde   (Cfr.   Auto  noviembre  12 de 1998, reiterado en fallo del 26 de ese mismo  mes y año).”   

Aquél  sendero  jurisprudencial continúa  vigente   y  se  reitera  en  el  presente  caso,  pues  al  constatar  que  era  objetivamente  atípica  la  conducta atribuida y aceptada como si se tratase de  un  porte  ilegal de armas,  el  Juez  de  primea  instancia  tenía  que  decretar  la nulidad parcial de lo  actuado,  romper  la unidad procesal y compulsar copias con destino a sí mismo,  para  emitir  un auto a través del cual declarara la cesación de procedimiento  a  favor  de  los  implicados,  como lo dispone el artículo 39 de la Ley 600 de  2000.   

Y como el trámite no fue invalidado, sino  que  el asunto avanzó hasta el recurso extraordinario de casación, corresponde  a  esta  Sala  de  la  Corte disponer lo atinente al restablecimiento del debido  proceso.   

En  consecuencia,  se declarara la nulidad  parcial  de lo actuado, a partir de la sentencia de primera instancia inclusive,  con  relación  al  delito de porte ilegal de ramas de  fuego  de  defensa  personal; se dispondrá la ruptura  de  la  unidad  de  procesal  y  la compulsación de las copias pertinentes, con  destino  al  Juzgado  Curto Penal del Circuito de Palmira (Valle), con el fin de  que  cese el procedimiento a favor de RODRIGO ÁLVAREZ GUACA y JHON FREDY OSPINA  LONDOÑO, únicamente por ese ilícito.   

Las copias serán tomadas por el Juzgado de  primera instancia, una vez el expediente regrese a dicho Despacho.   

2. SOBRE LAS DEMANDAS  

Los libelos presentados por el defensor de  RODRIGO   ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO  no  satisfacen  los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000.  Debido a ello, serán inadmitidos.   

2.1  Dado que el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de los  derechos   fundamentales   y   la  eventual  intervención  de  oficio  para  el  restablecimiento  de  garantías  superiores a los sujetos procesales, si a ello  hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia;  tampoco consiste en someter a un nuevo juicio al procesado,  ni  en  sede  de  casación puede postularse un debate probatorio generalizado y  sin  acatamiento  de la lógica argumentativa que le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de la ley, que hubiese ocurrido por errores de juicio o actividad  y  no  se hubiere advertido ni enmendado en la sentencia de segunda instancia; y  como  tal,  comporta  la  elaboración  de  un juicio lógico jurídico sobre la  sentencia    misma,   siguiendo   el   derrotero   trazado   en   las   causales  invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia  para  designar  las distintas especies de violación de la ley o  de  errores  en  la estimación probatoria. Sin embargo, sí es de esperarse que  el  casacionista discurra de un modo claro, lógico, y profundo, hasta demostrar  que  el fallo presenta defectos protuberantes en su estructura jurídica, de tal  suerte que no es factible mantener su vigencia.   

2.2 Uno de los requisitos esenciales de la  impugnación  consiste en la acreditación del interés jurídico para recurrir,  que  para  el procesado y su defensor, en tratándose de la sentencia anticipada  está  restringido  a  los  casos que contemplaba el artículo 40 del Código de  Procedimiento  Penal,  Ley 600 de 2000, a saber: respecto de la dosificación de  la  pena,  de  los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y  de la extinción de dominio sobre bienes.   

Dicho  interés jurídico se refleja en la  necesidad  de  que  la  Corte Suprema de Justicia intervenga para poner fin a un  agravio   injustificado  que,  como  consecuencia  del  fallo  impugnado,  esté  padeciendo el sujeto procesal representado por el libelista.   

En otras palabras, es indispensable que el  censor  demuestre  la  existencia del agravio o perjuicio concreto, generado por  los  errores  de  juicio  o de actividad cometidos en las instancias; y además,  que  discurra  el sendero de las causales de casación que hubiere seleccionado,  hasta  arribar  a la conclusión de que es necesario un nuevo fallo, emitido por  la  Sala  de  Casación  Penal, como única manera de remediar o poner fin a tal  situación.   

2.3 Como lo ha reiterado la jurisprudencia  de  esta Sala, la sentencia anticipada participa de la naturaleza de la justicia  consensuada  y  a  su vez forma parte del denominado derecho premial, puesto que  previa   solicitud   a   la   Fiscalía,  el  implicado  manifiesta  consciente,  espontánea  y libremente su voluntad de aceptar los cargos que el instructor le  formule;   y   a   cambio   de   ello,   en   compensación  al  “ahorro    de    instancia”   que   el  sometimiento  a  la justicia genera, recibe como beneficio una sustancial rebaja  de la pena que correspondiere.   

Una   de   las  consecuencias  de  aquel  sometimiento   premiado   es   la   imposibilidad  de  retractarse. La  aceptación  consciente  y voluntaria de la responsabilidad penal  se  rige por el principio de irretractabilidad, en virtud del cual, proferida la  sentencia  anticipada,  el  procesado  y su defensor renuncian a controvertir la  prueba  y  el  contenido  de  la  acusación.  Ello implica que, descartados los  motivos   que   eventualmente  darían  lugar  a  la  impugnación  (dosificación  de  la  pena,  mecanismos  sustitutivos  de la pena  privativa  de  la  libertad  y  extinción  de dominio sobre bienes),  dichos  sujetos  procesales  carecen  de interés jurídico para  interponer los recursos de ley contra el fallo.   

Para  el  seguimiento  de  aquella  línea  jurisprudencial,  confrontar,  entre  otros:  Auto  del  17  de  mayo  de  2000,  radicación  10250.  Auto  del  9 de junio de 2000, radicación 14860. Sentencia  del  5  de  junio  de  2000, radicación 15058. Sentencia del 12 de diciembre de  2002,    radicación    16099.    Sentencia    del    4   de   septiembre  de  2003,  radicación  12768; y Sentencia del 15 de mayo de  2008, radicación 29010.   

2.4   En  el  marco  de  la  Ley  600  de  2000,   exceptúa   la   anterior  regla  la  postulación  de  algún  motivo  de nulidad, por afectación  sustancial  del  debido  proceso  o  de  las garantías fundamentales. Así que,  cuando  de nulidad se trate,  es   factible   impugnar  inclusive   la   sentencia   anticipada    y,   en  particular,  podría  interponerse  el  recurso  extraordinario  debido a que la  casación  tiene  por  fines  “la  efectividad  del  derecho  material  y  de  las  garantías  de las personas que intervienen en la  actuación  penal,  la  unificación  de la jurisprudencia nacional y además la  reparación   de   los   agravios  inferidos  a  las  partes  con  la  sentencia  demandada”   (Artículo  207   ibídem).   

Sin  embargo,  aún  en  tratándose de la  causal  de  nulidad,  es preciso que el libelista acredite el interés jurídico  para  impugnar,  lo  cual  se logra identificando en concreto cuál es agravio o  perjuicio    injustificado    que   su   representado   no   debe   seguir  soportando,  y que dimana de los  defectos   que   conspiran   contra   el  derecho  a  la  defensa  o  el  debido  proceso.   

2.5 La  cuestión  probatoria.  En   el  anterior  orden  de  ideas,  si  por  tratarse  de  sentencia anticipada, los         procesados          renunciaron    al    debate,    es  evidente  que el casacionista no tiene  interés     jurídico     para    recurrir,    en  cuanto     dice    relación    con    el    tema  probatorio:   falta  de  verificación  de  citas  mencionadas en la indagatoria, no práctica de algunas  pruebas  decretadas,  supuestos  errores   de   apreciación,   el   desconocimiento   de   la   “prueba  sobreviniente”  y,  en  fin,  la  vulneración del principio de investigación  integral.   

En  el  caso  que  se examina,   so   pretexto   de  la  nulidad  por  afectación  del  debido  proceso  y  del  derecho  a  la  defensa,  en  realidad  se cuestiona el poder  suasorio  o  fuerza de convicción que los Jueces de instancia encontraron en el  conjunto  probatorio,  a  partir  del  cual  concluyeron  que los implicados son  penalmente   responsables  por  el  doble  homicidio  agravado que se les atribuye.   

Con   tal   pretensión,  desconoce  el  libelista  la  esencia  del sometimiento a la justicia a través de la sentencia  anticipada,  a  cambio  de  una  considerable  disminución de la pena merecida.   

En   este  caso,   se  contaba  ya  con    la   medida   de   aseguramiento   y  la  resolución  acusatoria  en  firme;  y  el  acta que  contiene  la  formulación  y  aceptación  de  cargos suscrita por ÁLVAREZ        GUACA    y    OSPINA    LONDOÑO,    con   sus   defensores,  contiene  en  detalle las explicaciones circunstanciadas de los  ilícitos  concursales;  y  fue  tan  claro  el  entendimiento  de su compromiso  delictivo,  que no protestaron por ningún extremo de  la    calificación    jurídica    de    las   conductas   punibles;   de   donde  resulta  diáfana  e  indiscutible,  entonces,  la  asunción  de  responsabilidad,  en forma consciente y voluntaria, por todas las  consecuencias de su obrar.   

En  síntesis,  en  el  reproche  que  se  analiza,  so  pretexto  de  la  nulidad,  se  pretende  soslayar el principio de  irretractabilidad  que gobierna en materia de sentencia anticipada, sin importar  que  el  fallo  se  produjo después de la formulación y aceptación de cargos;  decisión ésta voluntaria, consciente y profesionalmente asistida.   

En tales condiciones, el reproche no será  admitido,  al  ser  evidente  la  falta de interés jurídico para interponer el  recurso  de  casación  y la ausencia de agravios que propicie la activación de  alguno  de  los  fines restablecedores de los derechos fundamentales, inherentes  al recurso extraordinario de casación.   

2.6  La   captura   ilegal.  El  libelista  se  limitó  a afirma que  los  implicados fueron aprehendidos por efectivos de la Policía  Nacional,  aún cuando no se trató de una situación  de     flagrancia.   

Tal aserto, sin  argumentación      adicional     de     ninguna  especie,   en   modo   alguno  configura  un  cargo  casacional,   dado   que   en   sede   extraordinaria  se  exige  la  explicación  razonada  y  suficiente  de  los motivos en que se  funda la causal seleccionada.   

El anterior ejercicio era imprescindible,  máxime  que  para  el  Fiscal  instructor, la captura sí ocurrió en estado de  flagrancia,  como  lo  declaró  en  la resolución de apertura de instrucción,  suscrita el 9 de noviembre de 2005:   

“La captura de los implicados a nuestro  sano  criterio  se  da  dentro  de  los parámetros que conforma la figura de la  FLAGRANCIA  en  cuanto  se  tiene  claro  que  los  policiales  no  pierden  con  su actividad la solución  de  continuidad,  desde el momento consumativo del hecho homicida, cuando se les  da    a   conocer   de   quiénes   han  sido  los autores materiales del crimen y la búsqueda incesante  que  dan  inicio para hallar a los autores del crimen, hasta el momento mismo en  que  estos  son  hallados  en  las  circunstancias  de lugar y modo que se dejan  consignados    en   autos.”   (Folio   31   cdno.  1)   

Es  así  que  el cargo por la pretendida  nulidad   originada   en   la   captura   ilegal  de  los  procesados  no  será  admitido.   

Aún  así,  no  sobra  recordar  que  la  captura  ilegal,  como episodio aisladamente considerado, no genera invalidez de  lo  actuado al interior del proceso penal,  según  el  criterio reiterado de la  Sala  de Casación Penal.  A la sazón, en Sentencia  del    18    de    mayo    de   2005   (radicación  16943),  esta colegiatura  expresó:   

“Aunque en este  caso  el  operativo que culminó en la captura de los implicados no fue viciado,  no  sobra  recordar  que  aisladamente consideradas, ni la captura ilegal, ni la  prolongación  ilegal  de  la privación de la libertad son fuente de nulidad de  las  actuaciones,  por  no  tener  incidencia  sobre el derecho a la defensa, ni  sobre  la  estructura  del proceso; pues, como ha reiterado la jurisprudencia de  la  Sala  de  Casación Penal, los defectos que dan lugar a la nulidad deben ser  sustanciales   y   afectar   la   estructura   del  proceso,  o  las  garantías  fundamentales en modo trascendental.   

Tales   condiciones,   relativas   a  la  estructura  del  proceso y a la garantía del derecho a la defensa no se socavan  con  la  irregular  actividad  relacionada con la aprehensión del sindicado, ni  con   la   inobservancia  de  los  términos  de  investigación  o  juzgamiento  –que dan lugar a libertad  provisional-;  porque,  pese  a  estar  regulados en la ley, una vez superado el  hecho  y formalizada la situación del implicado, la irregularidad se agota, sin  otras  repercusiones  que  las  que  pudieren  resultar  contra los funcionarios  incursos en alguna ilegalidad.   

Por   lo   mismo,  la  legalidad  de  la  indagatoria  no  está  supeditada  a  la  legitimidad de la captura, porque son  actividades  judiciales  independientes, donde una no es presupuesto de la otra,  de  modo  que la ilegalidad de la captura no vicia la versión de injurada, así  se   hubiese   tomado   durante   el   lapso  de  la  privación  ilegal  de  la  libertad.”   

2.7  Nulidad   por   violación   del   derecho   a   la  defensa.    Este    cargo   tampoco   es  admisible, toda vez que en lugar de  demostrar  la  afectación grave de esa prerrogativa constitucional,   la   queja  del  censor  se  enfila  contra  la  estrategia  aplicada  por  los  abogados  que  representaron  a  los  implicados   durante   la   instrucción  y  hasta  la  aceptación  de  cargos,  inclusive.   

El  diferente  enfoque  profesional  del  asunto,   aunado   a  la  convicción  personal  del  casacionista  en   el   sentido  que  la  asistencia  técnica  pudo  haber sido mejor, no alcanza la entidad de una verdadera censura  que  pueda  admitirse  en  virtud del recurso extraordinario; de suerte que, sin  verificar   que   los  implicados   afrontaron   solos   el   proceso,  en  condición  de  orfandad  o  indefensión  ostensible,  por  abandono  de  la  gestión  abogadil o ineptitud  manifiesta    de    quien   asumió   esa   labor3,  las  críticas  personales  hacia  la gestión de los  colegas  anteriores,  no  tienen  entidad  para  sustentar  la  pretensión  de  invalidar  lo actuado, por  vulneración del derecho a la defensa.   

2.8  Nulidad por conservar la unidad procesal.         El        casacionista  asegura  que  se generó  otra  causal  de  invalidez,  al no romperse la unidad procesal, para investigar  por  separado  a  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO,  vigilante de la obra civil del  puente  “CENCAR”, quien se encontraba durmiendo cuando ocurrieron los hechos  y, por ende, no participó en los homicidios que se le atribuyen.   

Es  evidente  que  se  está frente a una  censura  inadmisible  por  ausencia de interés jurídico, ya que so pretexto de  una  nulidad,  se  cuestiona  realmente el acopio probatorio, siendo ello vedado  para  los  implicados  que  aceptaron  cargos  y obtuvieron los beneficios de la  sentencia anticipada.   

De otro lado, el censor no refiere ningún  menoscabo  o  detrimento  que  hubiese  padecido  OSPINA  LODOÑO,  porque no se  rompió  la  unidad  procesal.  Olvida  que  quien  reclama la ilegalidad de una  actuación  o  un  trámite  procesal debe, entre otras cosas, indicar la manera  cómo  dicho  trámite o acto se regula en la legislación adjetiva, señalar la  manera  como  se  realizó  en  el  caso  concreto,  verificar  la  diferencia y  demostrar  que  esa inconsistencia vulnera realmente la estructura del proceso o  las garantías de algún sujeto procesal.   

En  el  presente  asunto,  el libelista no  emprende  un estudio de esa naturaleza, pues agotó su discurso en pluralidad de  afirmaciones  sobre  diversidad  de  temas,  ninguno  de  las  cuales  tiende  a  demostrar   la  existencia  de  algún  defecto  estructural,  que  sólo  pueda  corregirse a través de la repetición del proceso.   

2.9  El    principio    de    favorabilidad.    El  demandante  insinúa, sin explicación  de  ninguna  especie,  que  en el caso de los implicados RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA  y  JHON  FREDY    OSPINA    LONDOÑO,    quienes   se   acogieron   a   la  sentencia  anticipada  prevista  en el artículo 40 del Código de Procedimiento Penal, Ley  600  de  2000,  era  necesario aplicar, por favorabilidad, la rebajas  de  la pena, que permite el Código  de Procedimiento Penal para el sistema acusatorio, Ley 906 de 2004.   

La  censura  así  planteada  no  será  admitida,  por  falta  de  fundamentación.  Sin  embargo, esta Sala de la Corte  casará  parcialmente y de oficio el fallo del Tribunal Superior de Buga,  para  redosificar  la  pena  en  cuanto  hubiere  lugar,  por  las  razones  que  en  el  siguiente  acápite  se  ofrecen.   

El   censor   omitió   aludir   a   la  razonabilidad  de  las  vertientes  opuestas  que  nutren  la prolija discusión  jurisprudencial   en   torno   del  tema  de  la  favorabilidad  en  ese  evento  específico;  y  nada  dijo  acerca  de  la  posición mayoritaria de la Sala de  Casación  Penal,  vigente  al  tiempo  del  fallo, que no admitía la similitud  entre  la  sentencia anticipada (artículo 40 Ley 600  de  2000)  y  el  allanamiento a cargos (artículo  351 Ley 906 de 2004), y que  se  mantuvo  en  tal sentido, desde que inició  la controversia jurídica,  hasta  el  proferimiento  de  la  Sentencia  del 8 de abril de 2008 (radicación  25036), cuando se produjo  un  cambio en la doctrina de la Sala mayoritaria, para admitir la aplicación de  la ley procesal con efectos sustanciales más favorables.   

Vale  decir, el libelista no explicó por  qué   consideraba   que  la  postura  del  Tribunal  Superior  de  Buga  era  errada  y  en  modo  alguno  consultó  el  estado  del  arte  jurisprudencial  que  circundaba  esa  precisa  temática.   

Por similares defectos, con auto del 30 de  noviembre  de  2006  (radicación 26306),  la  Sala  de  Casación Penal inadmitió la demanda del recurso  extraordinario, oportunidad en la que explicó:   

“Siendo lo anterior así, la ausencia de  una  tesis  que  ofrezca adecuado sustento a la alegada violación directa de la  ley  sustancial,  sobre la cual versa el único cargo propuesto contra el fallo,  incide  con  notoriedad  en su ineptitud para franquear el acceso a este recurso  extraordinario,  máxime  si  se  tiene  en  cuenta  que  la  Sala mayoritaria y  reiteradamente  se  ha pronunciado sobre dicha temática, negando la posibilidad  de  que  se aplique la rebaja prevista para el allanamiento a la imputación que  regula  el  artículo  351  de  la  ley  906  de  2004,  a  eventos de sentencia  anticipada  contemplados  en  la Ley 600 de 2000, por considerar que se trata de  formas  de  terminación  anormal del proceso que por su diferente naturaleza no  pueden      ser      asimiladas     ­-Cfr.  Sentencias  de  Casación  del  23  de agosto de 2005 y 1 de  junio de 2006, radicado 21954 y 22980-.   

Por  manera  que,  en  la medida en que el  demandante  no  acompaña  su  denuncia  específica  contra el fallo de segundo  grado  de  razones  suficientes que permitan a la Sala visualizar, al menos como  probable,  la  posible  incursión del fallador en la alegada violación directa  de  la  ley  sustancial,  apenas  insinuada  en  el libelo pero sin apoyatura en  argumentos  dotados  de  material  contenido,  como  tampoco la variación de la  jurisprudencia  mayoritariamente consolidada en esta materia, se impone de plano  la  inadmisión,  conforme  a  las  previsiones  del  artículo 213 del estatuto  procesal penal.”   

Sin  un  ejercicio  de  esa naturaleza, la  utilización  de  palabras  o  frases conclusivas por el libelista, que podrían  tener  eco  en  su  visión  particular del asunto, no alcanzan la entidad de un  cargo  casacional,  donde es esencial demostrar que el fallo fue edificado sobre  bases  erróneas;  y  por ello, el sólo enunciado no es admisible como un cargo  autónomo.   

La   misma  tesis  jurisprudencial  fue  ratificada  en  la  sentencia  de  casación del 15 de mayo de 2008 (radicación 24617).   

2.10   Las  impropiedades  advertidas  con  antelación conllevan a inadmitir las          demandas,    máxime    que    –con  la excepción siguiente- en la  revisión  del  expediente  no  se  observa  la vulneración de alguna garantía  fundamental,  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de  Casación  Penal en los términos del artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal, Ley 600 de 2000.   

3. CASACIÓN OFICIOSA  

Como  lo  precisó  esta colegiatura en la  Sentencia  del  12  de septiembre de 2007 (radicación  26967),  pese  a que se inadmitirán las demandas, es  factible  redosificar la pena, en reconocimiento de las garantías fundamentales  de  los  implicados,  a  quienes  la  norma  Superior  otorga  el  derecho  a la  favorabilidad,  sin  necesidad  de  disponer  el traslado al Ministerio Público  para que conceptúe al respecto.   

3.1 Aún cuando  el  tema  relativo  a  posibilidad de conceder la rebaja de hasta la mitad de la  pena    por   allanamiento   a   cargos,  permitido  en  el  artículo  351  del Código de Procedimiento  Penal  (Ley 906 de 2004),  por   favorabilidad,   respecto   de   quienes   se  sometieren  a  sentencia    anticipada   según   el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000, era descartado por la Sala mayoritaria de  Casación  Penal,  en  la  actualidad  tal  asunto  se observa desde una óptica  diferente,  porque  operó  un  cambio  de  jurisprudencia,  en  el  sentido  de  reconocer ahora, mayoritariamente, dicha posibilidad.   

La  nueva  postura  jurisprudencial  está  contenida   en   la   Sentencia   del   8   de   abril   de   2008  (radicación  25306),  donde la mayoría  de  integrantes  de  la  Sala  de  Casación  Penal4,   luego   de  estudiar  las  diferentes  opciones,  se  inclinó  por  el reconocimiento de la favorabilidad,  entre otras, por las siguientes razones:   

“Ante  la  coexistencia  de dos sistemas  jurídico-procesales  distintos  se  presentan  varias  inquietudes:  en  primer  lugar,  si  es  procedente  la  favorabilidad  en  la  simultaneidad  de  normas  procesales;  y,  en  segundo  lugar,  si  es  procedente  aplicar,  por  vía de  benignidad,  disposiciones de la ley 906 del 2004 a casos regidos por la ley 600  del 2000, siendo sus instituciones de tan diversa naturaleza.   

(…)  

En   conclusión,   como  lo  expuso  el  Ministerio  Público,  las  normas  que  regulan la reducción de la pena tienen  efectos  sustantivos,  pues  disciplinan la libertad personal del procesado. Por  lo  tanto,  el  inciso  primero  del  artículo  351  de la ley 906 del 2004, ab  initio,  puede ser aplicado retroactivamente a situaciones gobernadas por la ley  600 del 2000, en virtud del postulado de la favorabilidad.   

(…)  

Según los artículos 206 de la ley 600 del  2000  y  180  de  la  ley 906 del 2004, la casación penal tiene como una de sus  finalidades  la unificación de la jurisprudencia nacional, entre otras razones,  para  garantizar  principios  como  los  de  igualdad y de previsibilidad de los  ciudadanos  frente  a  la  ley,  propósito  que  se erige en baluarte desde los  albores del recurso en Colombia.   

(…)  

En  el  caso  que ocupa la atención de la  Sala,  resulta  más  cara  al  ser  humano  la  interpretación  que permite la  aplicación  retroactiva, por vía de favorabilidad, del artículo 351 del nuevo  Estatuto procesal.   

Reconoce  esta  decisión  que  en  esta  modalidad  de  Estado, pueden coexistir interpretaciones diversas sobre un mismo  punto  de  derecho,  en  cuyo caso para garantizar el principio de igualdad y la  efectividad  misma  del  principio  de favorabilidad, debe primar la opción que  más  identifique  los  postulados del sistema jurídico vigente, que en nuestro  caso   y según los artículos 1,6, 7, 93 de la Constitución Política, es  el  reconocimiento de la dignidad humana, a partir de la libertad y la igualdad.   

(…)  

Lo  anterior  para  indicar  que es con la  figura  del  allanamiento a cargos que la sentencia anticipada guarda similitud,  en  donde  entre  el  imputado  y  la  fiscalía  no  ha  mediado consenso y las  consecuencias  de  ese  acto  unilateral libre y voluntario no dependen sino del  juez   dentro   del   marco   de   movilidad   que  la  ley  confiere  hasta  la  mitad-.   

Desde  esta observación sí parece que la  invocación  al  principio  de  favorabilidad es correcta, porque el supuesto de  hecho  es idéntico: se trata de un ciudadano que admite su culpabilidad en unos  hechos  y  releva  al  Estado  del  esfuerzo  de  la demostración probatoria en  juicio;  en  las  dos  situaciones la pena no se acuerda, literalmente hablando,  porque  aquella  se  dosifica  por  el  juez,  conforme  a los criterios para su  fijación  y  dentro  del  marco  de  movilidad que le confiere el artículo 351  ejusdem,  en  ninguno  de los dos eventos se pactan situaciones procesales sobre  la  libertad,  como  subrogados  penales;  es decir, el fiscal no acuerda con el  imputado,  la  alegación  de culpabilidad de aquél, previo conocimiento de los  cargos  formulados  por  la fiscalía,  lo pone en directa relación con el  juez,  no  con el fiscal, con quien no se estima ni pena, ni subrogados, esto es  lo que ocurre también con la sentencia anticipada.   

Tampoco   es  correcto  afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación integral de los  perjuicios  ocasionados,  lo  que  se ha destacado como nota diferenciadora para  imposibilidad  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad.   Lo que  ocurre  es  que esta situación condiciona la relación jurídica entre fiscal e  imputado  para  acordar,  pero  cuando  el  ciudadano se allana a los cargos sin  mediar  acuerdos  ni  pactos  con  su  acusador,  es  el juez el que decide, por  ejemplo  que  no  es  acreedor  a una rebaja de la mitad de la pena, sino de una  significativamente  menor,  según  se  satisfagan los presupuestos axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada del proceso.”   

3.2  Es  claro,  entonces,  que  la  Sala  mayoritaria  de  Casación penal admite la aplicación favorable de la rebaja de  hasta  la mitad de la pena, prevista en el primer inciso del artículo 351 de la  Ley  906  de  2004,  a  quienes  se  sometan  a  sentencia anticipada, según el  artículo 40 de la Ley 600 de 2000.   

La rebaja de hasta la mitad de la pena, en  el  artículo  351  citado,  se  entiende  cuando el implicado acepta los cargos  determinados  en  la  audiencia de formulación de imputación y hasta antes que  se presente el escrito de acusación.   

Y,  si la aceptación de los cargos ocurre  después  de  presentarse el escrito de acusación y hasta el momento en que sea  interrogado  el  acusado  al  inicio  del juicio oral sobre la aceptación de su  responsabilidad,  si  hay preacuerdo, la rebaja de la pena es por la proporción  fija  de  la tercera parte (1/3), como lo dispone el artículo 352 de la Ley 906  de  2004;  y  si  se  trata  de  aceptación  o  allanamiento  la  sanción pede  disminuirse    hasta    en    la   tercera   (1/3),   según   artículo   356-5  ibídem.   

3.3 Los implicados RODRIGO ÁLVAREZ GUACA y  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO  aceptaron  los  cargos  al inicio de la audiencia  preparatoria;  esto  es, después que la resolución acusatoria había alcanzado  firmeza.  Vale  decir,  en  este particular evento, la analogía de la sentencia  anticipada  de  la  Ley  600  de 2000, ocurre no con relación al artículo 351,  sino   respecto   del   numeral   5°  del  artículo  365  de  la  Ley  906  de  2004.   

Lo  anterior,  por cuanto el artículo 352  emplea    la    palabra   “preacuerdos”   y  remite  para  su  cabal  entendimiento  a  “los   términos  previstos  en  el  artículo  anterior”;  vale decir, el artículo 351; y en el presente asunto no hubo  un  preacuerdo sino allanamiento o aceptación total de los cargos contenidos en  la resolución acusatoria.   

3.4   Por   consiguiente,   se   casará  parcialmente  y  de  oficio el fallo, para redosificar la pena, en cuanto a ello  hubiere  lugar,  en  beneficio  de  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA y JHON FREDY OSPINA  LONDOÑO,  quien  se  encuentra  en las condiciones que permiten la aplicación,  por  favorabilidad del artículo 356-5 de la Ley 906 de 2004, siguiendo la misma  línea reflexiva de la nueva jurisprudencia.   

Cabe  recordar  que para tasar la pena, el  Juez  de  primera instancia partió del extremo inferior del cuarto mínimo para  el  homicidio agravado, esto  es  25  años  de  prisión;  lo  incrementó  en  10  meses  en  atención a la  intensidad  y  modalidades de la conducta punible; y por razón del concurso con  el  otro  homicidio agravado la incrementó en 10 años más, para un parcial de  35 años 10 meses.   

A  ese  guarismo,  restó  la octava (1/8)  parte,  que  autoriza  el  artículo  40  de la Ley 600 de 2000, por tratarse de  sentencia  anticipada,  solicitada en la fase de la causa; y obtuvo así la pena  de  prisión  de  31 años 4 meses 7 días. (Folio 378  cdno. 1)   

Como los implicados admitieron los hechos y  aceptaron  los  cargos  formulados en la resolución acusatoria, cuando iniciaba  la   audiencia   preparatoria,  es  factible  concederles,  en  aplicación  del  principio  de favorabilidad, la rebaja máxima de la tercera parte de la pena, a  que  se  refiere  el numeral 5° del artículo 356 de la Ley 906 de 2004, acorde  con lo explicado en precedencia.   

En  ese  orden  de  ideas, los 35 años 10  meses   de   prisión,   que   el   A-quo  determinó por el concurso de homicidios agravados, se reducen en  la tercera parte (1/3).   

Los  35  años  10  meses, equivalen a 430  meses.   

La  tercera parte de 430 meses, es igual a  143, 333 meses; esto es, 143 meses 10 días.   

Quiere  ello  decir  que  a  los 430 meses  iniciales,  se  les  resta la tercera parte, operación que se plantea así: 430  meses  menos  143  meses 10 días, con lo cual se obtienen en definitiva la pena  de 286 meses 20 días, equivalentes a 23 años 10 meses 20 días.   

En  consecuencia, RODRIGO ÁLVAREZ GUACA y  JHON  FREDY  OSPINA  LONDOÑO  quedarán  condenados  a la pena veintitrés (23)  años  diez  (10)  meses veinte (20) días de prisión y a inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de veinte años,  sentido  en  el  que  se  casará parcialmente y de oficio el fallo del Tribunal  Superior  de  Buga  (Valle),  que  en  todos  los  demás  aspectos permanecerá  incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1. Declarar  la  nulidad  parcial  de  lo  actuado,  a  partir  de  la  sentencia  de  primera  instancia  inclusive,  con  relación al delito de porte  ilegal    de    armas    de    fuego   de   defensa  personal,  disponer  la  ruptura  de  la  unidad  de  procesal  y  la  compulsación de las copias pertinentes, con destino al Juzgado  Curto  Penal  del  Circuito  de  Palmira  (Valle),  con  el  fin  de que cese el  procedimiento  a  favor  de RODRIGO ÁLVAREZ GUACA y JHON FREDY OSPINA LONDOÑO,  por ese ilícito exclusivamente.   

Las  copias serán tomadas por el Juez de  primera instancia, una vez el expediente retorne a su Despacho.   

2.  Inadmitir las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  RODRIGO  ÁLVAREZ  GUACA  y JHON FREDY  OSPINA LONDOÑO.   

3. Casar  parcialmente  y  de  oficio  el  fallo    del    cinco  (5)   de  junio  de  dos     mil    siete  (2007), proferido por el  Tribunal     Superior     de     Buga,  en el sentido de declarar que RODRIGO  ÁLVAREZ     GUACA     y     JHON    FREDY    OSPINA    LONDOÑO    quedan  condenados por el delito  de   homicidio  agravado  -por    la    indefensión    de    las  víctimas-  en  concurso homogéneo, a  la  pena  de  veintitrés  (23)  años  diez  (10)  meses  veinte  (20) días de  prisión  y  a inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por el lapso de veinte (20) años   

4.  En  todos los demás aspectos la sentencia del Tribunal Superior  de    Buga   permanece  incólume.   

5. Contra  lo  decidido  en  el  presente  fallo  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Salvamento  parcial de voto   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

Salvamento  parcial de voto   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Salvamento  parcial    de    voto                                                                      Salvamento parcial  de voto   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Se  refiere al Decreto 2700 de 1991.   

2  Se  refiere a la Ley 600 de 2000.   

3  La  Ley  1123  de  2007,  por  la  cual  se establece el  Código  Disciplinario del Abogado, en el artículo 34  letra   i)   establece   que   constituye  falta  de  lealtad  con  el  cliente:  “Aceptar  cualquier  encargo  profesional  para el  cual  no  se  encuentre  capacitado,  o  que  no pueda atender diligentemente en  razón      del      exceso     de     compromisos     profesionales.”   

4 Con  salvamento de voto.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *