29410(02-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29410   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 76  

Bogotá,  D.C.,  dos  de  abril  de  dos  mil  ocho.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  JHONY  GIOVANNI  HERNÁNDEZ  GALOFRE  contra el fallo de segundo grado del 25 de  septiembre  de  2007,  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  confirmando  el proferido por el Juzgado Penal del Circuito de Soledad, mediante  el  cual  se  condenó  al  citado  HERNÁNDEZ  GALOFRE y otro, como coautor del  delito de homicidio agravado.   

Igualmente,  de  oficio,  se  verificará la  legalidad de la pena impuesta al procesado recurrente.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

          El  15  de  mayo  de  2005,  en  la  calle 31 con carrera 7F, barrio  Renacer  de Soledad, Atlántico, se practicó la diligencia de levantamiento del  cadáver  de  la  persona  conocida  como  Héctor  Xavier  Escobar Rada, quien,  conforme  al  informe  de  necropsia,  falleció asfixiado por estrangulamiento,  presentando  múltiples  hematomas  en  el rostro y tórax, indicativos de haber  sido atacado a golpes.   

            Realizadas  las  diligencias  investigativas  de  rigor, se logró  establecer,   testimonialmente,   que   la   víctima  en  horas  inmediatamente  anteriores  a  su  muerte  estuvo  departiendo  y  libando licor con los sujetos  conocidos   con   los  alias  de  “El  Chicha”  y  “El  Jhony”,  quienes  posteriormente  fueron  identificados  como  Helmer Antonio Salas Barros y JHONY  GIOVANNI  HERNÁNDEZ  GALOFRE, respectivamente, y otro más llamado Manuel José  Torres  Osorio, quienes conforme a la prueba arrimada al plenario fueron los que  le    propinaron    la    golpiza    que    finalmente    lo    llevó    a   la  muerte.       

             

Por tales hechos, mediante  resolución  del  3  de  octubre  de 2005, la Fiscalía Segunda Delegada ante el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Soledad, acusó a los vinculados Helmer Antonio  Salas  Barrios,  Manuel José Torres Osorio y JHONY GIOVANNY HERNÁNDEZ GALOFRE,  como  coautores del delito de homicidio agravado por la circunstancia tipificada  en  el  numeral  7  del  artículo  104  del  Código  Penal.  No  se  imputaron  circunstancias genéricas de mayor punibilidad.   

La   acusación   fue  confirmada  en  segunda  instancia  por  la  Fiscalía  Segunda Delegada ante el  Tribunal    de    Barranquilla,    en   resolución   del   27   de   enero   de  2006.   

El conocimiento del juicio  estuvo  a  cargo del Juzgado Penal del Circuito de Soledad, Atlántico, despacho  que  luego  de  agotado  el  trámite  pertinente,  dictó  sentencia de primera  instancia  el  7 de noviembre de 2006, condenando a Helmer Antonio Salas y JHONY  HERNÁNDEZ  GALOFRE a la pena principal de 28 años y 9 meses de prisión y a la  accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  lapso  de 10 años, como coautores responsables del delito de homicidio  agravado   según   la   imputación   especificada   en   la   resolución   de  acusación.   

Al  dosificar  la  pena,  determinó  los cuartos de movilidad dentro de los extremos punitivos señalados  en  el  artículo 104 del Código Penal, para expresar, sin más consideraciones  que,   “[C]omo  concurren  circunstancias  de  atenuación  y  agravación,  nos  moveremos  dentro  de los  cuartos  medios  o  sea  entre 345 y 435 meses de prisión”, para fijar una pena de 345 meses, que equivalen  a 28 años y 9 meses.   

La sentencia fue impugnada  por  el  defensor  de JHONY GIOVANNI HERNÁNDEZ GALOFRE, siendo confirmada en su  integridad  por  el  Tribunal  Superior de Barranquilla en el fallo que ahora es  objeto    del    recurso    extraordinario    de    casación.      

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Al  amparo  de  la  causal  tercera del artículo 207 del Código de  2000,  el  defensor  de  JHONY GIOVANNI HERNÁNDEZ GALOFRE acusa la sentencia de  haberse   dictado   en   un   juicio  viciado  de  nulidad  por  las  siguientes  irregularidades  sustanciales  que  afectaron  el debido proceso y el derecho de  defensa de su cliente:   

          La  investigación en este proceso se fundamentó en la versión del  joven  indocumentado  Wilder  Romero  Rosario, según aparece referenciado en el  informe  de policía rendido por el sub-teniente Jhon Fabio Castaño a la Fiscal  Sexta  de  Barranquilla. Además, en la declaración que luego se le recibió en  el  proceso, no se le hizo acompañar de una persona mayor que certificara sobre  su  sanidad  mental  y  que  diera  fe  de  sus  generales de ley y “solvencia  moral”,  violentándose  así  las  formas  propias  de  procedimiento  en  la  recepción de éste testigo de cargo.   

          Sostiene  que  con  base  en  la  versión rendida por el mencionado  Wilder  Romero,  la  Policía  Judicial  detuvo,  sin  orden  judicial, a Helmer  Antonio  Salas  Barrios,  cuya  captura, en consecuencia, fue ilegal, a pesar de  que  después  se  dispuso  por  el  fiscal  del proceso cuando ya se encontraba  detenido,  según  lo  declaró  el  propio  agente  de  la  policía Jhon Fabio  Castaño el 18 de mayo de 2005.   

          Cuestiona  que  la  fiscal  instructora encargada, haya escuchado en  declaración   a   la   señora   Isabel   Faustina   Rada   Mármol  sin  orden  previa.   

         

          Afirma  que  en  la  ampliación  de indagatoria en la que Helmer A.  Salas  Barrios  hizo  cargos  contra  JHONY GIOVANNI HERNÁNDEZ GALOFRE no se le  impusieron  los artículos 266, 267 y 269 del Código de Procedimiento Penal, ni  el  artículo  442  del  Código  Penal,  para interrogarlo bajo juramento si se  ratificaba de los cargos aducidos.   

          Crítica  que en el trámite de la instrucción hayan actuado varios  fiscales  sin  estar  previamente  asignados  para conocer de la misma, salvo el  caso  de la Fiscal Segunda Seccional que fue asignada por la oficina respectiva.  Además,   actuaron   fiscales  titulares  y  no  titulares,  de  Soledad  y  de  Barranquilla,    todo    lo    cual,    considera,    es   causal   de   nulidad  supralegal.   

          Cita  el  artículo  23  de  la Ley 906 de 2004, para afirmar que la  prueba  obtenida con violación de las garantías fundamentales es nula de pleno  derecho, por lo que debe excluirse de la actuación procesal.   

          Sostiene  que  de  haberse  subsanado  en  debida  oportunidad estas  irregularidades,  se habría cambiado radicalmente el sentido del fallo, pues es  incuestionable  que  a la fecha no obra prueba que demuestre en grado de certeza  que  su  representado fue el autor del homicidio de Héctor Xavier Escobar Rada.   

          Culmina  su  escrito  solicitando que se invaliden las sentencias de  primera  y  segunda  instancias  aquí dictadas y por ese camino “declarar  la  nulidad de todo lo actuado a partir de la apertura de  instrucción”  que  tuvo como fundamento el dicho de  un  indocumentado,  cuyo  testimonio,  reitera,  no  fue  previamente  ordenado.  Consecuentemente,  que  se  disponga  la libertad provisional de su cliente, con  fundamento  en  los  numerales  4  y  5  del  artículo  365  de  la  Ley 600 de  2000.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  naturaleza  objetiva  del  error  judicial  que  se  demanda  en  casación,  impone  al  censor  el deber de evidenciar de manera clara y precisa  sus  fundamentos,  así  como  la  trascendencia  que el mismo tiene en el fallo  impugnado.  En  el presente caso, son fácilmente apreciables las incorrecciones  técnicas  del  desarrollo de la demanda a partir de la enunciación del error y  la formulación y fundamentación del cargo.   

          Así,  el  planteamiento  de la nulidad sobre el enunciado de que la  investigación  se  fundamentó  en  la versión de un menor indocumentado, cuyo  testimonio  se  recibió  sin  orden  previa,  y  en  las  imputaciones  de otro  co-procesado  a  quien  no  se le hicieron las advertencias legales pertinentes,  resulta  equivocado,  puesto  que  si  lo pretendido por el casacionista en este  caso  era  demostrar  la  estructuración de vicios en la aducción de la prueba  testimonial,  ha  debido  acudir  a  las  directrices  de  la  causal primera de  casación,   cuerpo   segundo,   por   cuanto   la   supuesta  irregularidad  se  identificaría  como  un  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad y no  propiamente  como  un  vicio in procedendo.   

          En  tales  eventos,  tiene  establecido la Sala, la irregularidad no  tiene  incidencia  en los actos procesales, toda vez que el vicio que reviste no  se  comunica  con  el  resto  de  la  actuación,  pues  el  efecto es que torna  inapreciable  el  elemento  de  convicción,  y  a  consecuencia  de  ello, debe  omitirse    del    análisis   que   en   conjunto   corresponde   efectuar   al  juzgador.   

          Esta  precisión  en  la escogencia de la causal ofrecida por la ley  es  de  vital  importancia, dado que en el evento del error de derecho por falso  juicio   de   legalidad   la  impugnación  no  queda  satisfecha  con  la  mera  enunciación  del  cargo  y el señalamiento del medio de prueba censurado, sino  que  le  es  indispensable  al  censor  acreditar  que  el juzgador en el examen  probatorio  le  dio  validez a los elementos de convicción allegados al proceso  sin  el  cumplimiento  de  las  formalidades  legales,  y  que los mismos fueron  determinantes  del  fallo  censurado,  de  modo  que, mentalmente suprimidas las  pruebas  que  se  tachan  de  ilegales, si no queda fundamento probatorio loable  para  sostener  el  fallo condenatorio, sin duda debe cambiarse su sentido, pero  no decretar su nulidad.   

         

          En  el presente caso, el demandante no se preocupó por demostrar la  trascendencia  del yerro, pues si no podían estimarse como fundamento del fallo  las  pruebas  que dice fueron recogidas con violación de las formas propias del  juicio,  era  necesario  examinar críticamente el resto del material probatorio  para  establecer  si  mantenían  la sentencia condenatoria o, por el contrario,  ésta debía romperse y cambiar de sentido.   

          De  esta  manera,  el ataque no sólo es desviado sino que carece de  la  razón  suficiente  para provocar un análisis extraordinario como es el que  corresponde  al  recurso  de  casación,  pues  ni siquiera se dice si  efectivamente  el  fallador  tuvo en  cuenta  esos  elementos  de  juicio  para sustentar la  condena,   y   en   caso   tal,   de   qué   manera  influyó en la decisión condenatoria.   

En  una     confusa    mezcla,  el  demandante  alega  que  el  proceso  se encuentra viciado de  nulidad  porque  en  la  etapa  instructiva  intervinieron  múltiples fiscales,  titulares   y   no   titulares,  de  Barranquilla  y  de  Soledad,  respecto  de  cuya  mayoría  no  aparece  constancia de haber sido  designados por la oficina respectiva.   

En  este  punto,  desconoce   el   demandante  que  la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  dicho  que el cambio de fiscal por otro de igual jerarquía,  aún  sin  mediar  acto que lo disponga, no genera ninguna consecuencia negativa  trascendente   respecto   de   la   actuación   o   de  las  partes1.   

Finalmente,        respecto     de     la    alegación  que  gira  alrededor  de la  supuesta captura ilegal del  coprocesado  Helmer Antonio Salas Barrios,  basta  señalar  que  el demandante   carece  de  interés  para  formular  este  cargo,  en  la medida en que no es el  defensor  del  mencionado.  Los vicios de garantía y  las  fallas  de  estructura  que  eventualmente  puedan  presentarse  en  un  proceso donde hay múltiples vinculados, producen efectos  individuales,  en  la  persona  directamente  afectada,  sin  que puedan hacerse  extensivas a los demás.   

Por    ese    motivo,    quien   no   ha  sido  afectado  por  las  irregularidades   que  se  alegan,  no  está  facultado para abogar en favor de  quienes han padecido el perjuicio, pues entre  el  menoscabo  al  derecho  fundamental  y  el  interés para  recurrir,  debe  existir un evidente nexo causal, tal  como   lo   ha   reiterado  la  Corte  en múltiples oportunidades:   

“Si  las  nulidades  procesales  pueden ser  parciales,  en vista de la regla de su carácter de remedio extremo alternativo,  en  principio  el sujeto procesal, concretamente el defensor, carece de interés  para  reclamar  por  los vicios que aparentemente afectan a otro sujeto procesal  de  cometidos  diferentes  a los suyos dentro del proceso penal o a un procesado  que     no     es     su     defendido.”2   

En este orden de  ideas,  la Sala inadmitirá la demanda que se estudia,  lo  cual no obsta para que entre a revisar oficiosamente la legalidad de la pena  impuesta a los procesados.   

Ello porque como lo precisó esta colegiatura  en  la  sentencia  del  12  de  septiembre  de  20073,  pese  a la inadmisión de la  demanda  de  casación,  es  factible  enmendar de manera inmediata un yerro que  conspira  contra  una  garantía  fundamental  del  implicado,  sin necesidad de  disponer   el   traslado   al   Ministerio   Público  para  que  conceptúe  al  respecto.   

En  el  presente  caso  surge  nítida  la  necesidad  de  acudir a la facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de  la  Ley  600  de 2000 a la Corte, pues se observa que al momento de dosificar la  pena,  el  sentenciador  consideró  que  contra  los  procesados concurría una  circunstancia  de mayor punibilidad que no sólo se abstuvo de especificar, sino  que  además  no  aparece  deducida  en  la  acusación,  situación que resulta  desconocedora  de  los  principios de legalidad y congruencia y por tanto de las  garantías    fundamentales    de    los    procesados    afectados    con   esa  situación.   

En  efecto,  como  quedó  anotado  en  los  antecedentes  del  caso, al individualizar la pena, el Juez de primera instancia  luego  de  determinar  los cuartos de movilidad dentro de los extremos punitivos  señalados   en   el  artículo  104  del  Código  Penal,  expresó,  sin  más  consideraciones, que:   

“Como concurren  circunstancias  de  atenuación  y  agravación,  nos  moveremos  dentro  de los  cuartos   medios  o  sea  entre  345  y  435  meses  de  prisión”.   

De  esa forma entró a fijar una pena de 345  meses  – 28 años y 9 meses-, que corresponden al mínimo del cuarto medio en el  que  se  ubicó  sin  señalar  la causal de mayor punibilidad que concurría en  contra  del  procesado,  máxime  cuando  ninguna  había  sido  imputada  en la  resolución  de  acusación,  omisión  con  la  que  no  sólo se infringió el  artículo  59 del Código Penal en cuanto exige que toda sentencia debe contener  una   fundamentación   explícita   sobre   los  motivos  de  la  calificación  cualitativa   y   cuantitativa   de  la  pena,  sino  además  el  principio  de  congruencia,  que  exige  que  los  cargos  por  los  cuales  se  condena estén  previamente  determinados  en  la  acusación,  incluidas las circunstancias que  generen una mayor punibilidad.   

         

La  debida motivación de la sentencia no se  satisface  tan  sólo  con  la  exposición  de los fundamentos sobre los que se  estructura  la conducta punible en sus diferentes elementos y la responsabilidad  del  procesado. También es exigencia a ser observada por el juzgador al momento  de  dosificar  e  individualizar  la  pena,  pues  sólo  así,  con  una debida  motivación,  se  ven satisfechos a cabalidad supremos principios, como el de la  certeza  y  proporción en el ejercicio del poder punitivo del Estado al aplicar  las   consecuencias   establecidas   por   la  realización  de  un  delito,  y,  especialmente,  la garantía del afectado de ejercer el derecho de impugnación,  el  cual  no  sólo  aborda  el  cuestionamiento  de los extremos de inocencia o  responsabilidad,  sino  también  los diferentes grados que esta última ofrece.   

El  desconocimiento  de esta exigencia en el  proferimiento  del fallo redunda en su invalidación, que por no trascender sino  un  aspecto que no es de su estructura, corresponde corregir en esta sede según  autorización  del  artículo  217-1 del Código de Procedimiento Penal que rige  este  caso  (Ley  600  de  2000),  motivo  por el cual, la Sala casará el fallo  impugnado  para  excluir la causal de mayor punibilidad que determinó al juez a  ubicarse  en  los  cuartos medios, y en su lugar, por no concurrir en contra del  procesado  JHONY  GIOVANNI  HERNÁNDEZ GALOFRE causal de esa naturaleza, fijará  una  pena de 300 meses de prisión que corresponden al mínimo del primer cuarto  de  punibilidad  -300  a 345 meses de prisión-, pues el juez aplicó el mínimo  del cuarto medio en que el equivocadamente se ubicó.   

La  anterior determinación se extenderá al  también   condenado  no  recurrente  Helmer  Antonio  Salas,  por  hallarse  en  idéntica   situación   a   la   de   su   compañero   de   causa   HERNÁNDEZ  GALOFRE.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,    

RESUELVE  

          1º.              INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del  procesado  JHONY  GIOVANNI  HERNÁNDEZ   GALOFRE  por  las  razones  plasmadas en el cuerpo de este proveído.     

2º.          CASAR,     de     oficio,  parcialmente  la  sentencia  impugnada,  sólo    para    declarar    que    la    pena   principal   imponible   a   los  procesados  JHONY GIOVANNI  HERNÁNDEZ  GALOFRE  y  Helmer  Antonio  Salas, por su  coautoría  en  el  delito de homicidio agravado es de veinticinco (25) años de  prisión.   

         

En    lo    demás    rige    el   fallo  impugnado.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARIA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                            AUGUSTO J.  IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  de  13 de febrero de 2003, Radicación N°  11.480.  En sentido semejante, fallo de 8 de septiembre de 2004, Radicación N°  20.371.   

2  Sentencia del 3 de marzo de 1999   

3  Radicación 26.967     

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