29114(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29114  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  28   

Bogotá,  D.C.,   trece   (13)  de  febrero de dos mil ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de ALFONSO  CRUZ  MORALES,  contra  el  fallo del 2 de octubre de  2007,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Bogotá  confirmó la   sentencia   adoptada  por  la  Juez  Treinta   y   Cinco   Penal   del   Circuito   de   Conocimiento   de  la  misma  ciudad, el 9 de agosto de 2007.   

H E C H O S  

El  21  de  enero de 2007, entre las 8: 30 y  9:00    de    la   mañana   la   menor   N.A.M.CH1.,  de  8  años  de  edad, le  manifestó   a   su   progenitora  que  ALFONSO  CRUZ  MORALES,  le  hacía cosas muy malas y feas. La niña  también  le  dijo  a  la  psicóloga  que él le besaba la boca, le sobaba y le  tocaba  la  vagina  con  los  dedos  y  la lengua; sin determinar cuántas veces  sucedieron  éstos  episodios,  asegurando  que  fueron  más  de dos ocasiones,  cuando   estaba   en   vacaciones  entre  octubre  y  diciembre  de  2006.    

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

El  8 de mayo de 2007, se celebró audiencia  preliminar  en  el  Juzgado  52  Penal  Municipal con  funciones  de  Control  de  Garantías,  imputándole      la     Fiscalía    166    Delegada    ante   los   Jueces   Penales   del  Circuito,  a  ALFONSO CRUZ  MORALES, el punible de actos  sexuales con menor de 14 años, agravado, en concurso  homogéneo y sucesivo.   

El 27 de julio de 2007, ante el Juzgado     Treinta    y    Cinco    Penal    del    Circuito    de  Conocimiento,   los   intervinientes   aclararon  el  preacuerdo,     en     el     sentido     que    el    procesado    “aceptaba  la  comisión  del punible de ACTOS SEXUALES CON MENOR  DE  14  AÑOS  AGRAVADO EN CONCURSO HOMOGÉNEO Y SUCESIVO, a cambio de la rebaja  de  la mitad de la pena mínima, quedando como pena para el delito base la de 32  meses   de   prisión   a   la   cual   se   la   hará  el  incremento  por  el  concurso”.   

El  29  de  mayo  de  2007,  la Fiscal  73  Delegada ante los Jueces Penales del Circuito, adscrita  a   la   Unidad   de   Delitos  contra  la  Libertad,  Integridad  y  Formación  Sexuales,   junto   con   el  imputado  ALFONSO   CRUZ   MORALES,  quien  estuvo  asistido  por  su  defensor,  preacordaron  los términos de la negociación, en  donde  pactaron  la  rebaja  de  pena  a imponer, es decir, el 50%, a partir del  mínimo  de  la  pena;  anunciando  que  esa  mitad  le quedaría en 32 meses de  prisión.   

El  26  de  enero  de  2007, el Instituto de  Medicina  Legal  y  Ciencias Forenses, Unidad Básica de Delitos Sexuales, en el  primer  reconocimiento  médico,  se informó por parte de la denunciante que el  procesado  es  portador  del  VIH desde hace 11 años y que la menor el día del  examen    presentaba    una    edad    clínica   de   8   años:   “entra  la  paciente  sola al consultorio y refiere: “un señor  me  maltrató  en el 2006 en la casa de una abuelita. El se llama Alfonso Cruz y  es  el  cuñado  de  mi  mamá.  El me tocó en la vagina como una tres o cuatro  veces  con la mano. Me dio besos en la boca y me bajaba los cucos y me besaba en  la  vagina.  Al  preguntarle  si  él  se quitaba la ropa responde que no. Yo me  quedé  como  asustada  y  luego  le  dije  a  mis  papás  y  vinimos  acá”.  Antecedentes  Ginecológicos;  sin Menarquia”.    

El  9  de  agosto  de  2007, el Juzgado     Treinta    y    Cinco    Penal    del    Circuito    de  Conocimiento,  una  vez aprobó el convenio celebrado  entre   las   partes   dictó   fallo  de  preacuerdo  y,     corrido  el  traslado  de rigor, previsto en el artículo 447 de la  Ley    906,   en   especial   con   la   “probable  determinación  de la pena”; condenó a ALFONSO   CRUZ   MORALES,   a  la  pena  principal  de treinta y ocho (38) años de prisión, al hallarlo responsable del  punible  de  actos  sexuales  con  menor  de 14 años  agravado,  en concurso homogéneo y sucesivo, descrito  en  los  artículos  209  y  211 del Código Penal, modificado por la Ley 890 de  2004;  e  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  el mismo lapso.     

Sobre       la       dosificación  punitiva  la  Juez afirmó  que  la  pena determinada en el tipo penal era de 36 a 60 meses de prisión. Por  concurrir  una circunstancia de agravación (211.4)  el quantum se aumentó  de  la  “tercera  parte  a  la mitad”,  quedando  como  limites  48  a 90 meses. La Ley 890, incrementó  “en  la tercera parte del mínimo y en la mitad del  máximo”, esto es 64 a 135 meses de prisión. No se  refirió  al  sistema  de  cuartos  por  expresa  prohibición  legal  cuando se  realizan  preacuerdos  o  negociaciones; aplicando la pena por el delito base de  64 meses prisión.   

Consideró la funcionaria que la “conducta  que se aumenta de acuerdo a lo PREACORDADO en 12 meses  por  el  CONCURSO  HOMOGENEO Y SUCESIVO, quedando como pena definitiva a imponer  setenta  y  seis  (76)  meses de prisión, siendo la única rebaja compensatoria  por el acuerdo conforme al inciso 2 del artículo 351 del C.P.P.”   

El  2  de  octubre  de 2007, el Tribunal   de   Bogotá,   confirmó   la   sentencia  condenatoria,  informando  que  no  le  asistía  razón  a  la parte apelante en lo tocante al  aumento  de  pena,  puesto que el concurso no excedió los límites previstos en  el  artículo  31  del  Código  Penal;  por  tanto,  los 12 meses en los que se  incrementó  se  adecuaban  plenamente  a  la ley, toda vez que, los tocamientos  fueron  más  de  dos  veces  y, porque la pena que se le impuso, fue la mínima  prevista   en   la  ley,  respetándose  el  preacuerdo  suscrito  por  el  ente  fiscal.   

El término consagrado en el artículo 183 de  la  Ley 906 de 2004, inició el 5 de octubre de 2007 y venció el 24 de enero de  2008,  lapso  en  el  cual se presentó demanda de casación por el defensor del  sentenciado    ALFONSO   CRUZ   MORALES, libelo que hoy califica la Sala.   

R E S U M E N  D E  L A  D E M  A N D A   

Con  base en la causal segunda del artículo  181,  de la Ley 906 de 2004, arremetió el demandante, en dos ataques, contra el  fallo  expedido  por  el  Tribunal  de  Bogotá,  por  vicios de estructura y de  garantía.  Y,  un  tercer  motivo lo sustentó al amparo de la vía directa por  aplicación  indebida de los  artículos  327,  3; 7, 4; 287; 336; 372; 381 del Código de Procedimiento Penal  y el 29 de la Constitución Nacional.   

Primer   cargo:  informó  el  actor  todo  lo  relacionado  con el preacuerdo celebrado entre su  prohijado  y  la  Fiscalía,  en  donde  se hizo hincapié en 32 meses como pena  principal,  en la enfermedad de SIDA que padecía y que no se determinó el día  exacto   de   los  hechos;  todo  ello  demuestra  que  no  existe  “prueba  certera sobre la ocurrencia de los hechos”   y,   sin   embargo,  “se  profiere  sentencia  condenatoria  con  fundamento  en  pruebas  de  referencia  que es un  prohibitivo  procedimental  que  trae  el  artículo  381…  que  se refiere al  conocimiento para condenar”.   

Sostuvo  el  demandante que la sentencia del  Juez  colegiado  se  dictó  en  un juicio viciado de nulidad por los siguientes  motivos:  (1) en principio se  improbó  el  acuerdo porque no se tenía exacto conocimiento de la fecha de los  hechos,   (2)   luego  el  procesado   acepta  el  preacuerdo,  con  la  advertencia  de  sus  “alcances      y     beneficios”,  (3)  el  Juez  aprueba  el  preacuerdo     y     anuncia     el     sentido    del    fallo,    (4)    por    ello,   se   “incrementó  el  tipo  penal  en cuanto al concurso homogéneo y  sucesivo,  porque  si  no  se  tiene  conocimiento  de  la  fecha  exacta en que  comenzaron  a  ocurrir  los  hechos ni la fecha exacta de la actuación final de  donde  se  saca  que  está  probado el concurso… pues la inferencia que es el  elemento  integrante  de la inducción para crear el indicio no está probado, y  todos   sabemos   que   el  indicio  es  un  hecho  debidamente  probado  en  el  proceso”;  violándose el principio de legalidad de  la pena.   

En  el  traslado del artículo 447 de la Ley  906,   en  lo  concerniente  al  uso  de  la  palabra  respecto  a  la  probable  determinación  de  la  pena  aplicable, “la defensa  hace  uso  en forma lacónica, coadyuva a la petición de la Fiscalía en cuanto  a  la rebaja el 50%, el arraigo judicial del acusado, no tiene antecedentes y se  deja  constancia  que el imputado padece de una grave enfermedad, hasta allí no  existe    objeción    alguna    por    parte    del    suscrito”.    

No obstante, se presenta una “clara  denegación  de justicia” porque  no  se tuvo en cuenta en inciso 2 del artículo 447 de la ley 906, donde el juez  para  individualizar  la  pena puede estimar necesario ampliar la información a  cualquier  institución  pública o privada, de manera oficiosa y, teniendo todo  el   tiempo   no   lo   hizo   así,   como  el  haber  verificado  “si    era    veraz    la    incapacidad   médica”,       pudo      también      constatar      la      “enfermedad     del     imputado”,  “los   medicamentos”  entre  otras  pruebas: “pero nada de lo anterior se  hizo”.   

Siendo  ello  así,  la  sentencia  es  un  “acto   arbitrario  e  injusto  que  es  necesario  enmendar  y  corregir  en  forma inmediata”; por eso  durante  la  actuación,  para  el  libelista,  se han presentado las siguientes  irregularidades:    (1)  Violación  al  debido  proceso,  en  cuanto  a  las  formas propias del juicio,  incrementándose   la   pena   al  no  estar  probado  el  delito,  (2)   que   se   le   hizo  “creer  al procesado” que con la pena  acordada   gozaría  de  los  beneficios  de  penas  sustitutivas,  (3)  se  le desconoció la favorabilidad,  (4)  se violó el principio  de  legalidad  al  no  haberse  ampliado  la  información sobre su “arraigo    familiar,    antecedentes   judiciales,   condiciones  individuales,  familiares, sociales, modo de vivir”,  lo  cual  le  hubiera  hecho  suponer  al fallador que su prohijado no requería  tratamiento      penitenciario,     (5)   la   inobservancia   de   las  formas  procesales,  (6)  vicios  denunciados que se presentan  desde   la   audiencia   del   27   de   junio   de  2007,  en  la  “verificación   del  preacuerdo”  y  (7) se conculcó, entonces,  el derecho de defensa de su mandante.   

Por  lo anotado en el primer cargo, solicita  el  actor,  se  declare  la nulidad de todo lo actuado, por violación al debido  proceso, referido a las formas propias del juicio.   

Segundo  Cargo:    nulidad   por  violación  al  derecho  de  defensa,  fue  la  presentación  que  realizó  el  demandante.  Acto  seguido,  volvió y se refirió a los preacuerdos, señalando  que   ellos,   obligan   al   juez   de   conocimiento,   salvo  “que   desconozcan   o   quebrantes   las  garantías”.  En  el  caso  de  estudio,  a  su prohijado le negaron todos los  beneficios    aceptados    en   la   diligencia   de   preacuerdo   “y  más  específicamente al momento de correrle traslado de que  trata  el  art.  447 del C.PP Inciso 2º. Momento procesal oportuno que utilizó  la  defensa,  para la invocación de los mismos, sin que se hubiere, ampliado la  información solicitada por las partes Fiscalía y Defensa”.   

En  la  demostración  del cargo, repite los  argumentos  expuestos  en  el  anterior  y,  además,  alegó  que  “la  sustitución  de  la  prisión intramural por domiciliaria a  favor  de  los  intereses  del encartado, es atentatorio al derecho a la vida el  señor   ALFONSO   CRUZ   MORALES,   pues   su   enfermedad…  es  supremamente  grave”,   citando   una   decisión  de  la  Corte  Constitucional,  sobre  la especial protección que deben tener las personas que  se  encuentran  en  tal  situación.  Y  como  el  Tribunal  adujo que el Estado  Colombiano  tiene  que velar por la salud del sentenciado mientras esté privado  de   la  libertad,  el  actor  indicó  que  “estas  apreciaciones  efectuadas  por  el  Ad-quem, son a todas luces carentes del más  mínimo   humanismo…   como  si  se  tratara  del  envío  de  una  persona  a  pasear”,  sólo  porque  no  se allegó un dictamen  medico  legal que indicará el estado actual de la enfermedad, esto “no  deja  de  ser  sofismas  de  distracción, no propios de una  argumentación de fallo”.    

Comunicó que la Corte viene afirmando sobre  lo  irrenunciable  de la defensa, lo cual “significa  que  no  puede  ser  objeto  de  renuncia  por  la parte procesal”,   ni   impide   que  se  pueda  delimitar  algunas  garantías  y  “que sea inalienable” ,  es  decir  que  no puede voluntariamente su titular disponer de ella; por tanto,  la  sentencia  del  Tribunal,  “está  atestada  de  irregularidades,  que  atentan  contra  los  derechos  fundamentales  del menor,  cuando   deniega   el   sustituto  penal,  a  favor  del  acusado”,  no  demostrándose las exigencias del artículo 447, inciso 2 de  la Ley 906 de 2004.   

Toda   la   jurisprudencia  del  país  ha  reconocido  que  “cuando se solicita la sustitutiva  de  prisión  domiciliaria a favor de los niños ésta se reconoce al procesado,  como  un  derecho  del  menor de acuerdo a lo normado por el art. 44, y 45 de la  Constitución  Nacional,  dado  a  que  ésta  petición,  está amparada por un  derecho  fundamental  del  menor y un derecho prevalente que está por encima de  cualquier otro derecho fundamental, o legal”.   

Y,  como  decía  un  procurador,  no  puede  renunciar  al  derecho  de  defensa  ni  el  propio  acusado  ni subsanar con su  silencio  las  nulidades,  en consecuencia, solicita se declare la nulidad de lo  actuado.   

Tercer      cargo:      propuesto  por  la  causal  primera, vía directa, por aplicación  indebida  de  los artículos  327,  3; 7, 4; 287; 336; 372 y 381 del Código de Procedimiento Penal y el 29 de  la Constitución Nacional.   

Lo  sustentó afirmando que Medicina Legal  concluyó  que  los  genitales  de  la menor “están  normales”,  lo que conlleva a indicar que solo hubo  tocamientos   “en  varias  ocasiones”  tal  como se lo comentó la niña a su progenitora; y, el D.A.S.,  comunicó  que  su  mandante carecía de antecedentes penales. Por ende, como lo  dijo  la  Corte  Constitucional,  la responsabilidad debe ser consecuente con la  evidencia    incriminatoria,    por    lo   que   el   preacuerdo   “no  tenía  el  mínimo  de  fortaleza  probatoria  como tampoco  tenía  en  su poder suficiente evidencia incriminatoria contra el investigado o  acusado  para  poder  llegar  a  un  preacuerdo  como lo exige la jurisprudencia  actual   y   por   consiguiente   ese   preacuerdo  es  irregular”     porque     la     aceptación     debe     ser    “informada y asesorada”.   

El acusado aceptó su responsabilidad sin un  análisis   de  la  evidencia,  en  oposición  a  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre  el procesal, siendo de vital trascendencia  “la     observancia     plena    al    principio    mínimo    de  prueba”,  pues la sola declaración de culpabilidad  sin  ningún respaldo probatorio, genera una responsabilidad objetiva, prohibida  en Colombia.    

Para    el    libelista,    (i)  no existe prueba para condenar, pues  ella   no   alcanza   ni   a  estimarse  como  mínima,  sólo  es  “insignificante”,    (ii)  no  se  determinó  en  qué  fecha  iniciaron    y    terminaron   los   acontecimientos   ilícitos,   (iii)   “no  existe   elemento   material   o  de  convicción  sobre  la  incriminación  el  imputado”,               (iv)  no hay antijuridicidad de lesividad  de  la  víctima,  (v) se le  “saca”  la aceptación  de  reconocimiento  de  responsabilidad  a  su  prohijado sin haber analizado la  exigua   evidencia,   (vi)  “como   tampoco   recibe    un  asesoramiento  jurídico  y  legal,  que  diera trascendencia a su aceptación, es por ello que  concluyo  con  todo  respecto que toda esa actuación es viciada porque viola la  ley  sustancial” y, por ende, se le debe aplicar la  favorabilidad.   

En  conclusión:  el  Tribunal  “incurrió     en     violación     directa     de     la    ley  sustancial”   al  confirmarla  en  su  integridad,  “incurriendo  en  la  conculcación  de  preceptos  vigentes”.  Con base en ello, debe la Corte casar la  sentencia   recurrida,   “para  que  en  su  parte  resolutiva  modifique  el fallo cuestionado, con las determinaciones compatibles  y coherentes con la nueva decisión”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA   CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  de pena descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  Código  Instrumental  Ley  906, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  él  integra  cuatro  aspectos  teleológicos  que  se  traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.2   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano   con   ellos-   presentar   una  argumentación  trascendente,  habida consideración de compendiar en  el  ataque,  los  errores  de juicio o de actividad que pudieron haber incurrido  los   falladores.   Objetividad,   comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también  son  postulados  que  deben  guiar  el  ejercicio  intelectual  en  la  elaboración  de  la  demanda  por el censor, a fin de demostrarle a la Sala, el  motivo  por  el  cual  debe  ser  aceptada una determinada tesis jurídica o una  legal valoración de los medios probatorios.    

También  viene indicando la jurisprudencia,  en   múltiples   oportunidades   que   i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   ii)  el  interés del actor, iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica,              v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

2.  La   censura   presentada   por   el   defensor  a   favor  de  ALFONSO  CRUZ  MORALES, no  reúne   los   presupuestos   mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la demanda. Pues si bien,  propone  como  punto de partida para lograr la infirmación del fallo de segundo  nivel,  dos ataques por nulidad y uno por vida directa consagrados como causales  de  casación  previstas  en los numerales 1 y 2 del artículo 181 de la Ley 906  de  2004;   en  su  desarrollo y demostración incurre en graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

Siendo ello así, como metodología, la Sala  examinará  los  cargos  en bloque, teniendo presente la profunda confusión del  libelista,   a  fin  de  puntualizar  los  errores  de  mayor  impacto  legal  y  jurisprudencial, en los que incurrió.   

El           primer yerro tiene que ver con la mezcla  que  realiza  el  actor  de  las causales de casación: por un lado, en un mismo  texto  argumentativo,  combina  la  violación  al  derecho  de  defensa, con la  vulneración al debido proceso, y remata con un falso raciocinio.   

Cada  ataque,  lo  viene ratificando la Sala  durante  décadas,  tiene  su  autónoma dinámica y un desarrollo argumentativo  coherente  con  la  premisa  evocada; por ejemplo, si deviene la embestida sobre  una   posible  limitación  material  o  técnica  al  derecho  de  defensa,  la  conclusión  lógica  es ordenar retrotraer la actuación hasta el acto procesal  donde  fue vilipendiado de manera ostensible, grave y profunda. Ahora, si es por  falso  raciocinio, el ataque debe estar dirigido exclusivamente a la valoración  que  los  Juzgadores realizaron de los diversos medios probatorios, en donde sí  se  determina  un  error  trascendente,  la  Sala  dicta  el  fallo de reemplazo  pertinente,  al  entender  que  se  está  ante  una violación de una norma del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal, traída a gobernar el  caso demandado.      

El           segundo   error,   se   identifica  con  aquellos  criterios  utilizados  por el demandante, queriéndolos, a toda costa,  hacer  prevalecer sobre la valoración imprimida por los falladores al caso; por  ejemplo,   cuando   afirmó   que   se  condenó  a  su  prohijado  “con  fundamento  en  pruebas de referencia que es un prohibitivo  procedimental  que  trae el artículo 381… que se refiere al conocimiento para  condenar”,  pasando  por alto el preacuerdo signado  por  su  mandante,  en presencia de la defensa técnica de aquel entonces, quien  avaló  toda  la  negociación:  sólo  es una simple y menuda especulación del  memorialista.    

Otra conjetura, de las muchas que sofocan la  demanda,  fue  la aseveración de que se“incrementó  el  tipo  penal  en  cuanto  al  concurso homogéneo y sucesivo, porque si no se  tiene  conocimiento de la fecha exacta en que comenzaron a ocurrir los hechos ni  la  fecha  exacta  de  la actuación final de donde se saca que está probado el  concurso…  pues  la  inferencia que es el elemento integrante de la inducción  para  crear  el  indicio  no está probado, y todos sabemos que el indicio es un  hecho  debidamente  probado en el proceso”; con ello  muestra  su  desconocimiento  de la forma como debe argumentarse una nulidad, un  falso  raciocinio  y  de  paso  implementa  su anodino discurso con afirmaciones  subjetivas,  pues en su sentir, el hoy sentenciado por la figura del preacuerdo,  es  absolutamente  inocente,  porque  la  menor  no  precisó  los días, horas,  minutos,  en los que fue forzada; cuestión ésta que se sale de la lógica, por  lo  efímera y superficial, toda vez que los episodios fueron denunciados por la  menor  a  su  progenitora,  ratificados  a varios psicólogos y aceptados por su  prohijado, sin que se hubiese demostrado que la infante mentía.   

El           tercer   desquicio  del  demandante  se  tradujo  en  la  crítica  que  realizó al traslado del artículo 447 de la Ley  906,  en lo concerniente al uso de la palabra respecto a la determinación de la  pena  aplicable,  exigiendo que la Juez debía haber decretado una multiplicidad  de  pruebas  de  oficio  para cerciorarse de aquello que debía haber probado la  defensa  y  que  por  tanto  había violación al debido proceso y al derecho de  defensa.   

Sin  que se entienda que es una respuesta de  fondo,  sino  en  virtud del ejercicio pedagógico que la Sala viene armonizando  con  sus funciones; se le recuerda al libelista, que el artículo 447, inciso 2,  de  la  Ley 906 de 2004, no ata, ni obliga y, mucho menos, encadena a los jueces  para  ordenar  la  práctica  de  un sinnúmero de pruebas, en todos los casos y  ocasiones  en las que se vaya a proferir una sentencia; solamente cuando el Juez  lo  “estimare necesario”  para  la  individualización  de  la  pena, en el entendido que los elementos de  juicio   que  tenga  a  su  disposición,  sean  escasos  o  insuficientes  para  determinar ese exclusivo fin punitivo.    

El           cuarto yerro, tiene que ver con la forma  indiscriminada  de proponer teorías jurídicas e hipótesis, como si se tratara  de    un    alegato    de    instancia;    como    cuando   adujo   (i)    que   se   debía   aplicar   la  favorabilidad,  (ii) que el  delito    no    estaba    probado    –contra   toda   la   evidencia   que   valoraron  los  falladores-,  (iii)  que  los preacuerdos  obligan  al Juez, (iv) que el  haberle  negado  la  sustitución de la prisión por domiciliaria atentó contra  sus    derechos   porque   tiene   una   enfermedad  grave  y  (v)  que  al  rechazársele  el sustituto  penal,  se  infringieron  los derechos fundamentales del menor (no estableciendo  el  memorialista  a  cuál  menor se refería para apoyar su descabellada tesis)  como        fundamento        para        concederle        los       beneficios  requeridos.       

El    quinto  desatino  se  contrae  al  tercer  cargo, elevado por  violación       directa      por      aplicación  indebida  de  los  artículos 327, 3; 7, 4; 287; 336;  372  y  381  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y el 29 de la Constitución  Nacional.  Restándole eficacia jurídica al preacuerdo, porque en su sentir las  pruebas  arrimadas  a  la  actuación no son suficientes para haberlo condenado.   

Por   ende,   parafraseando   a  la  Corte  Constitucional,  en  el  sentido que la responsabilidad debe ser consecuente con  la   evidencia   incriminatoria,   por   lo   que   el  preacuerdo  “no  tenía  el  mínimo  de  fortaleza  probatoria  como tampoco  tenía  en  su poder suficiente evidencia incriminatoria contra el investigado o  acusado  para  poder  llegar  a  un  preacuerdo  como lo exige la jurisprudencia  actual   y   por   consiguiente   ese  preacuerdo  es  irregular”,     porque     la     aceptación     debe     ser    “informada  y  asesorada”;  sin  que  hubiese   seleccionado  o  mencionado  el  sentido  del  ataque,  esto  es,  por  aplicación  indebida,  falta  de  aplicación o interpretación errónea de una  norma   llamada   a   regular   el   caso   del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional o legal.   

Y,  de  paso, repudiando la defensa técnica  que  acompañó  a  su prohijado en instancias, porque el memorialista no estuvo  de   acuerdo  con  el  preacuerdo,  legalizado  por  el  respectivo  funcionario  judicial;  desconociendo  con ese pensar, toda la dinámica jurisprudencial, que  en  esencia,  identifica  un  ataque  de  éstas  magnitudes,  el cual jamás se  garantiza  confrontando  criterios  jurídicos sino demostrando las falencias de  los  fallos,  mediante  las  causales de casación previamente establecidas para  tal fin y de la mano de la jurisprudencia.   

Amén,  que  la censura sólo es una más de  las  conjeturas  que identifican su memorial: criterios aislados, sin fundamento  ni  desarrollo,  que  proponen hipótesis alejadas de una verdadera ponderación  del  juicio  en  derecho  aplicado  por  los  juzgadores  al  proceso,  en total  oposición   a  lo  actuado  en  instancias,  sin  que  hubiese  mediado  en  su  argumentación  alguna  coherencia,  claridad  y  objetividad,  como  principios  orientadores del recurso extraordinario de casación.   

La  Sala  advierte y lo repite hoy: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el demandante  demuestre   con   una   temática   jurídica  contundente  que  las  instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Para rematar, el actor, no motivó en ninguno  de   sus   ataques   la   trascendencia,  que tenían como principio insoslayable en casación, para tumbar  las decisiones de instancia.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio    de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio lógico-argumentativo que  tiene   una   regulación  prevista  por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,      con      el      propósito     de     que     no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas  y  especulaciones  identifican  la  censura,  sin  que  se  hubiese  presentado una  motivación  coherente  con  la propuesta casacional, circunstancia por la cual,  la   Sala   de   Casación   Penal   de   la  Corte,  inadmitirá la demanda presentada por el apoderado de  la víctima.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir o no  selección  de  la  demanda  procede  el mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado, pero que  para  tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse  para            su            aplicación3,      como     pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  EN  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

Primero:  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de ALFONSO CRUZ  MORALES, atendiendo las razones plasmadas en la parte  motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  presente   decisión   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Tercero:  Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO             MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

Permiso  

         

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                Secretaria   

    

1  En  aplicación  del numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de 2006, Código de  la  Infancia  y  la  Adolescencia,  se  prescinde del nombre del menor afectado.   

2 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

3 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.     

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