29290(27-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29290  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 309   

Bogotá  D. C., octubre veintisiete (27) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por el defensor de LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES, contra el  fallo  del 24 de agosto de 2007, mediante el cual el Tribunal Superior de Arauca  confirmó  íntegramente  la  sentencia  de  primera  instancia, dictada el 6 de  marzo  de  2006 por el Juzgado Único Penal del Circuito de la misma ciudad, que  condenó  a  dicho  procesado  y  a  GLORIA  INÉS CARDONA MAURNO, en calidad de  coautores  de  interés indebido en la celebración de  contratos,  a  la pena de setenta y dos (72) meses de  prisión;  y  adoptó  otras determinaciones contra ellos y otro procesado, como  más adelante se indicará.   

De  otra  parte, la Sala de Casación Penal  intervendrá  oficiosamente, con el fin de enmendar el fallo en dos aspectos, no  incluidos   en   la  agenda  del  recurso  extraordinario,  que  inciden  en  la  dosificación de la pena.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera por  el  Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  de  Arauca, en la sentencia de primer  grado:   

“La  presente  investigación  tuvo  su  génesis  en  las  múltiples  irregularidades  en  el  manejo  de  los recursos  procedentes  de  las regalías petroleras, en el municipio de Arauca, efectuadas  por  funcionarios de la referida administración municipal, con la colaboración  de   particulares  entre  quienes  se  encuentran  para  el  caso  concreto  una  contratista.   

El  desfalco  a  las  arcas del Estado tuvo  ocasión  durante  los  años  2001 a 2003, cuando los recursos de las regalías  petroleras  que ingresaron al ente territorial, fueron destinados irregularmente  mediante  la  celebración  de  múltiples  contratos,  desconociendo  todos los  principios   de   la   Ley   de  Contratación  Estatal,  para  así  lograr  el  apoderamiento  a  favor de terceros de los dineros destinados para la inversión  social  y  específicamente  en proyectos de desarrollo municipal, contenidos en  el  Plan  de  Desarrollo con prioridad a los dirigidos al saneamiento ambiental,  los  destinados  a  la  ampliación  de  la  estructura  de  servicios en salud,  educación,  electricidad,  agua  potable,  alcantarillado  y  demás  servicios  públicos  básicos  esenciales, mientras el municipio no alcanza las coberturas  mínimas  en  los sectores referidos, asignando por lo menos el 80% del total de  sus  participaciones  en dichos propósitos y de conformidad con el artículo 15  de  la Ley 141 de 1994 y sus decretos reglamentarios, 1747 de 1995,  620 de  1995, 2141 de 1999 y Ley 756 de 2000.   

La participación de los funcionarios de la  Administración  Municipal  de  Arauca  del  periodo  2001 a 2003, es decir, los  Secretarios  de  Obras  Públicas  ingeniero LUIS ALBERTO CARVAJAL RYES y NELSON  OSWALDO  BERNAL  PEDRAZA,  quienes  dirigieron  y coordinaron con la contratista  GLORIA  INÉS  CARDONA  MAURNO,  a quien se adjudicaron varios contratos sin que  esta   fuera   la  razón  social  de  la  ONG  CEO1, que ella dirigía y donde se  presentaron  sobrecostos  en  los  contratos  que suscribió con la alcaldía de  Arauca.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Con  base  en  las  averiguaciones  de  carácter  disciplinario  adelantadas en la Procuraduría General de la Nación,  la  Unidad  Nacional  Anticorrupción  de  la  Fiscalía  General  de la Nación  adelantó  el  proceso  penal  radicado  bajo  el  número  1144,  donde  fueron  vinculadas  pluralidad  de  personas  y,  por  ruptura  de  la  unidad procesal,  surgieron las presentes diligencias.   

2.  La Fiscalía delegada vinculó mediante  indagatoria,  sucesivamente  a  los  implicados,  en  el mismo orden definió la  situación  jurídica  y  les  impuso  medida  de  aseguramiento, consistente en  detención preventiva, sin excarcelación, así:   

-. Con resolución del 16 de enero de 2004,  a   GLORIA   INÉS  CARDONA  MAURNO,  contratista,  representante  legal  de  la  organización  no  gubernamental  Centro  de  Estudios  e  Investigaciones de la  Orinoquia  (ONG  CEO),  por  los  delitos  de interés  indebido   en   la   celebración   de   contratos  y  peculado  por apropiación,  en   calidad   de   determinadora.  (Folio  29  cdno.  1)   

-. El 13 de febrero de 2004, a LUIS ALBERTO  CARVAJAL  REYES, Coordinador de Área y Secretario de Obras Públicas de Arauca,  como  coautor  de interés indebido en la celebración  de  contratos y peculado por  apropiación   a  favor  de  terceros.  (Folio 224 cdno. 1)   

-.  Mediante  resolución  del 7 de mayo de  2004,  a  NELSON  OSWALDO  BELTRÁN  PEDRAZA,  Secretario  de Obras Públicas de  Arauca,  como  coautor  de  interés  indebido  en la  celebración    de    contratos    y   peculado  por  apropiación  a  favor de  terceros. (Folio1 cdno. 3)   

3.  Recaudada la prueba necesaria, el 25 de  mayo   de   2004   se   declaró   cerrada   la   investigación.   (Folio 65 cdno. 2)   

4. Al calificar el mérito del sumario, el 7  de   julio  del  mismo  año,  una  Fiscalía  adscrita  a  la  Unidad  Nacional  Anticorrupción,  profirió  resolución acusatoria contra los implicados, de la  siguiente manera:   

-. GLORIA INÉS CARDONA MAURNO (ciudadana  particular)  y  LUIS ALBERTO  CARVAJAL   REYES   (servidor   público),  por  los  delitos de interés indebido  en   la  celebración  de  contratos  y  peculado  por  apropiación  a  favor de  terceros, agravado por la cuantía, en calidad de coautores.   

-.   NELSON   OSWALDO   BELTRÁN  PEDRAZA  (servidor  público), como  coautor   de  peculado  por  apropiación  a  favor  de  terceros,  agravado  por  la cuantía. (Folio200 cdno. 3)   

La  acusación no fue impugnada y quedó en  firme  el 3 de agosto de 2004, después de culminar la notificación por estado.  (Folio 283 cdno. 3)   

8. Adelantó la fase de la causa el Juzgado  Único  Penal  del  Circuito  de  Arauca; surtió los traslados para alistar las  audiencias   preparatoria  y  de  juzgamiento;  y,  finalizado  el  debate,  con  sentencia del 6 de marzo de 2006 adoptó estas determinaciones:   

-. Condenó a GLORIA INÉS CARDONA MAURNO y  a  LUIS  ALBERTO  CARVAJAL  REYES,  en  calidad  de  coautores  de  interés            ilícito2  (sic)  en la celebración de  contratos,  a  la pena de setenta y dos (72) meses de  prisión  y  al  pago  de  multa  por  el  equivalente a cincuenta (50) salarios  mínimos legales mensuales vigentes.   

-.  Absolvió, en aplicación del principio  in  dubio pro reo, a GLORIA  INÉS  CARDONA  MAURNO,  LUIS  ALBERTO  CARVAJAL  REYES  y NELSON OSWALDO BERNAL  PEDRAZA,  de  los cargos por el delito de peculado por  apropiación.   

-.   A   los   dos   condenados   impuso  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por un lapso de seis (6)  años,  les negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de  la    pena    y   les   concedió   la   prisión   domiciliaria.   (Folio 162 cdno. 1)   

9.  El  defensor  de  LUIS ALBERTO CARVAJAL  REYES  interpuso  el  recurso de apelación, aduciendo que el implicado debe ser  absuelto,  en  concreto,  porque  no  ocupaba un cargo de nivel directivo y, por  ende,  no  tomó  decisión  alguna  en  el ámbito contractual. No obstante, la  decisión  de primer grado fue confirmada íntegramente por el Tribunal Superior  de  Arauca, con fallo del 24 de agosto de 2007. (Folio  102 cdno. Tribunal)   

10.   Inconforme  con  la  determinación  anterior,  el  defensor  de  CARVAJAL  REYES  interpuso  y  sustentó el recurso  extraordinario  de  casación,  a  través  de  la  demanda  cuyos requisitos de  admisión se examinan en este proveído.   

11.  Cabe  anotar  que,  con auto del 20 de  abril  de  2007, el Tribunal Superior de Arauca concedió libertad provisional a  GLORIA   INÉS   CARDONA   MAURNO.  (Folio  73  cdno.  Tribunal)   

LA  DEMANDA   

Dos cargos contra la sentencia del Tribunal  Superior  de  Bogotá  postula  el  defensor de LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES, con  fundamento  en  la  causal primera de casación prevista en el artículo 207 del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley 600 de 2000), por violación indirecta y  directa de la ley sustancial, respectivamente.   

En  virtud  de  lo  expuesto  en  los  dos  reproches,  pretende  que  la  Corte  case  el  fallo impugnado; en su lugar, en  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,  absuelva al implicado a quien se le endilgó el  delito  de  interés  indebido  en la celebración de  contratos;  y,  en  cuanto  a  ello  hubiere  lugar,  extienda   los  aspectos  favorables  de  la  sentencia  de  sustitución  a  la  coprocesada GLORIA INÉS CARDONA MAURNO.   

PRIMER  CARGO:  Errores  en  la estimación  probatoria   

A decir del libelista, el Tribunal Superior  de  Arauca  incurrió  en  violación  indirecta  de  la ley sustancial, por los  siguientes motivos:   

-. En el presente asunto no se efectuó una  completa  reconstrucción  fenomenológica ni probatoria esencial, que condujera  a  la  certeza,  más  allá  de  la  simple  probabilidad;  por ello, no podía  emitirse   una   sentencia  condenatoria.  Sin  embargo,  el  Tribunal  Superior  confirmó  la  decisión  de  primer  grado,  movido  por  errores  generados al  distorsionar la prueba de las interceptaciones telefónicas.   

-. Fue desacertado conceder entidad de plena  prueba  a las grabaciones telefónicas, ya que de éstas sólo se desprendía un  principio  de  conocimiento  probable,  “verdades a  medias”,    que    no    arrojaron    más    que  dudas.   

-.        El       Ad-quem  atribuyó responsabilidad penal  a  CARVAJAL REYES, únicamente porque se desempeñó como Coordinador de Área y  Secretario  de  Obras  Públicas  del  municipio  de  Arauca,  y fue miembro del  comité     evaluador     de    las    ofertas    contractuales;    “ello  es  tergiversar el verdadero alcance de esta prueba…casi  que enrostrando un statu quo de responsabilidad objetiva.”   

-.  Si  bien,  la  ONG  CEO  fue  la única  proponente  en  el  contrato que involucra al implicado, tal hecho se explica en  que  previamente  se  declaró  desierta  una  licitación;  y  no  en maniobras  delictivas donde aquél hubiese participado.   

-.   El  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  DAS  encontró  alteración en los documentos relativos a los estados  financieros  de  la  ONG  CEO;  pero  nada  dice  acerca  de alguna relación de  CARVAJAL      REYES      con      tal     suceso3.   

-.  Sin  embargo,  el  Tribunal  Superior,  incurrió   en   error   al  sopesar  los  resultados  de  las  interceptaciones  telefónicas,  hasta  concluir que LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES sugirió a Norely  Manso,  empleada de la ONG CEO, que enmendara el balance general, ya que él era  quien había calificado la documentación.   

-.   La   señora   Tania   (también   vinculada   a   la   empresa   contratista)  declaró  que  para  enmendar  la  propuesta  de  la ONG CEO, era  preciso   dialogar   con   CARVAJAL.  De  este  hecho  cierto,  el  Ad-quem  concluyó que se había tramado  un  ilícito,  deducción  que  el  censor  estima  equivocada,  porque la   necesidad   de   tratar   el  asunto   con   él,   era   estrictamente  funcional,   ya   que  se  encargaba de  evaluar oficialmente las propuestas.   

-.  De haberse querido beneficiar a la ONG  CEO,  por  un  interés  indebido,  no  sería  lógico que se hubiese declarado  desierta  la  licitación,  ni  que  CARVAJAL REYES advirtiera los errores de la  propuesta,   que   supuestamente   hizo   enmendar,  enviando  para  ello  “un  papelito”   con   las   instrucciones   específicas;   pues,  “La  experiencia indica que en este tipo de jugadas la adjudicación  está       amarrada       desde       el       primero      momento.”   

–  De  igual  manera, se equivocó el Juez  colegiado  al concluir que el procesado LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES devolvió la  propuesta  inicial  de  la  ONG  CEO,  “a  la  ingeniera  Rosa”, para que la  enmendara,  por  el  sólo  hecho  de  que  el  nombre  de  la persona realmente  involucrada coincide con el de aquél.   

Concluye  que  si  el Tribunal Superior de  Arauca  no  hubiese incurrido en tales yerros al sopesar el conjunto probatorio,  tenía  que  percatarse  de  la  ausencia  de certeza para condenar y, entonces,  habría absuelto a los implicados.   

Por    lo    anterior    –dice- el fallo debe ser casado por la  Corte,  en  el  sentido  de  reconocer  la  inocencia  de  LUIS ALBERTO CARVAJAL  REYES.   

SEGUNDO CARGO. Violación directa de la ley  sustancial, por falta de aplicación del Decreto 777 de 1992.   

En  criterio  del  libelista, la implicada  GLORIA  INÉS  CARDONA  MAURNO  no ha debido asimilarse a servidora pública, en  los  términos del artículo 56 de la Ley 80 de 1993; y, por ende, no podía ser  sujeto  activo  del  delito de interés indebido en la  celebración de contratos.   

Lo      anterior      –explica-  debido  a  que  el convenio  cuestionado  estaba  regido  por  el  Decreto  777  de 1992, que en su artículo  primero  estipula  que  se rigen por el derecho privado, como los negocios entre  particulares,  los  contratos  que  celebren  la  nación,  los  departamentos y  municipios  con  entidades privadas sin ánimo de lucro, para impulsar programas  y actividades de interés público.   

Por lo tanto, al no ser aplicable la Ley 80  de  1993,  la  conducta de GLORIA INÉS CARDONA MAURNO era atípica y, por ende,  también   lo   era   la  atribución  que  se  hace  a  LUIS  ABERTEO  CARVAJAL  REYES.   

Solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado   y   absolver   a   CARVAJAL   REYES   y,   por   extensión,   a  la  coprocesada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

I. CON RELACIÓN A LA DEMANDA  

El  libelo  presentado  por el defensor de  LUIS  ALBERTO  CARVAJAL  REYES  no  satisface  los requisitos establecidos en el  artículo    212   de   la   Ley   600   de   2000.   Debido   a   ello,   será  inadmitido.   

Dado  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de los  derechos   fundamentales   y   la  eventual  intervención  de  oficio  para  el  restablecimiento  de  garantías  superiores a los sujetos procesales, si a ello  hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la  ley, que hubiese ocurrido y se refleje en la sentencia de  segunda  instancia,  por  errores de juicio o de actividad; y como tal, comporta  la  elaboración  de  un  juicio  lógico  jurídico  sobre  la sentencia misma,  siguiendo el derrotero trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible mantener su vigencia.   

1. Sobre   el   primer   cargo:   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial   

Aun   cuando  el  defensor  menciona  la  existencia  de  errores  en la valoración probatoria, se dispersa en múltiples  afirmaciones  en tal sentido, sin la argumentación analítica y profunda que en  cada  caso  requiere  el  recurso  extraordinario;  de suerte que no es factible  desentrañar   la   formulación   de   los   cargos,   ni   su  fundamentación  “en    forma    clara    y    precisa”,   según   exige   el   artículo   212   de  la  Ley  600  de  2000.   

1.1  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  reiterado  en  múltiples  ocasiones que puede demandarse la casación del fallo  con   fundamento   en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  por  violación    indirecta    de    la    ley   sustancial,  cuando el Tribunal en el ejercicio de la apreciación probatoria  haya incurrido en errores de hecho o de derecho   

El  error  de  hecho,  camino  elegido por el libelista, puede estar  determinado  por:  falso juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso  raciocinio.   

-.   Incurre   en  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia  el  juez que omite apreciar una prueba legalmente aportada al proceso, o cuando,  contrario  sensu,  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir de un medio de  convicción    que    no   forma   parte   del   mismo   por   no   haber   sido  incorporado.   

-.  El  error  de  hecho  por falso  juicio  de  identidad  supone, en  cambio,  que  el  juzgador  sí  tiene  en  cuenta  el  medio probatorio legal y  oportunamente  practicado; no obstante, al sopesarlo lo distorsiona, tergiversa,  recorta o adiciona en su contenido literal.   

En este evento, el censor tiene la carga de  confrontar  por  separado  el  tenor  literal  de  cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo  que  el  Tribunal pensó que ellas decían; y así,  demostrada  la diferencia y el desfase, debe continuar hacia la trascendencia de  aquella impropiedad.   

-.  Si  la  prueba  existe legalmente y es  valorada  en  su  integridad,  pero  se  le asigna una fuerza de convicción que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de la experiencia común y los aportes de las ciencias,  se   incurre   en   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

En esta hipótesis, el demandante corre con  la  carga  de  demostrar cuál postulado científico, principio de la lógica, o  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el  deber  de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto, el raciocinio  lógico,  o  la  deducción por experiencia que debió aplicarse para esclarecer  el asunto debatido.   

-.   La   trascendencia  de  los  yerros  endilgados  al  Ad-quem no  consiste,  como  suele  creerse,  en las afirmaciones personales que al respecto  haga  el  demandante, sino en demostrar con argumentos razonables que de haberse  valorado  correctamente  las  pruebas sobre las que se hacen recaer los errores,  entonces  el  sentido del fallo sería distinto, porque sus fundamentos actuales  perderían sustento y no podrían subsistir.   

1.2  El  libelo que examina se asemeja por  entero  a  un  alegato  de instancia, confeccionado libremente, sin consultar la  realidad  procesal  y  sin  el  rigor argumentativo condigno a la pretensión de  quebrar  el  fallo,  conformado  por  las  sentencias  convergentes  en el mismo  sentido;  y,  además,  no  desarrolla  alguna  de  las  modalidades  de  error,  independientemente  de  que  no  lo  mencione  con  el  nombre  atribuido por la  jurisprudencia  y  la  doctrina, de modo que no es factible deducir su verdadero  sentido.   

1.3 El libelista asegura que los Jueces de  instancia  apreciaron  defectuosamente  las pruebas que sirvieron de sustento al  fallo,  con  énfasis  en  el  resultado  de las interceptaciones telefónicas y  algunos  testimonios.  No  obstante,  omitió  especificar  a  quién  o  a qué  aspectos  concretos  se  refiere en cada evento; y, en ningún momento cuestiona  el  fundamento  del  fallo  por correlación con la manera como los funcionarios  judiciales   sopesaron   el   conjunto   integral   de   medios  de  convicción  acopiados.   

En  lugar  de  una  argumentación  de esa  naturaleza,  el libelista persiste en anteponer su propia versión, a través de  comentarios  genéricos  y  desarticulados  para  tratar  de  convencer que LUIS  ALBERTO  CARVAJAL REYES es inocente, toda vez que intervino en la evaluación de  las  propuestas  de  la ONG CEO, sólo en el marco de las tareas inherentes a su  cargo   y   en   cumplimiento   del   deber   funcional,   como  Coordinador  de  Área.   

1.4  En  el  fallo,  integrado  por  las  sentencias  convergentes  de instancia, se hizo referencia a todo el conjunto de  pruebas  recaudadas, análisis que le permitió concluir, entre otras cosas que:  i)   la   prueba   documental   consistente   en  grabación  de  conversaciones  telefónicas  entre  empleados de la ONG CEO, demuestra que la propuesta de esta  entidad  no  reunía  el  puntaje necesario, que fue CARVAJAL REYES (Coordinador  de  Área  de la Secretaría de Obras Públicas de la  ciudad  de  Arauca),  quien  los puso al tanto de ese  inconveniente   y   les   facilitó   la  oportunidad  para  “corregir”  tal  deficiencia,  no  por las vías legales, sino alterando el balance contable; ii)  en  su testimonio, Fener Marín López Daza, almacenista de la ONG, confirmó lo  relativo  al  cambio del balance; iii) la procesada GLORIA INÉS CARDONA MAURNO,  representante  legal  de  la  ONG  CEO, en los diálogos interceptados señala a  LUIS  ALBERTO  CARVAJAL  REYES  como  la  persona  clave  en  la administración  municipal  para  obtener  la  adjudicación del contrato; y iv) este funcionario  era  el  encargado  de  calificar  las  propuestas que enviaran los aspirantes a  contratistas,  posición  que aprovechó para favorecer a la ONG CEO, soslayando  los   principios   de   transparencia   y   selección  objetiva  que  rigen  la  contratación pública.   

Ese  conjunto  de  reflexiones,  que en el  fallo  se  explican  con  remisión constante al la prueba respectiva, sólo fue  abordado  por  el  libelista, para ofrecer al respecto un comentario adicional o  una   crítica   desde  su  particular  óptica,  como  si  se  tratara  de  una  prolongación  de lo alegado en las instancias, y sin demostrar la incursión en  alguna  de  las  modalidades  en  que pueden consistir los errores de hecho y de  derecho.  De  tal  suerte,  se  observa  una  reiteración especulativa sobre la  manera  como  sucedieron  las  cosas,  para afincar su idea según la cual no es  factible  arribar  la  convicción  certeza  sobre  la responsabilidad penal del  implicado.   

La   exposición   del  pensamiento  del  defensor,  con  la  esperanza  de  que prevalezca sobre el criterio del Tribunal  Superior,  sin  ligarla  tales  ideas  a  la demostración de algún error en el  ejercicio  de  estimación  probatoria,  no  alcanza  la  entidad de un cargo al  talante del recurso extraordinario.   

Verificado  lo  anterior,  es palmario que  carece  de  base mínima aceptable al reproche planteado por el libelista, en el  marco   de   la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  dado que sus opiniones se explayan en un  campo  subjetivo,  sin posibilidad de ser admitidas como reflexiones condignas a  las  exigencias de la lógica jurídica y la argumentación razonable inherentes  al  recurso  extraordinario;  más  aún,  cuando  se  busca  la absolución del  procesado,  lo cual implica quebrar el fallo proferido por el Tribunal Superior,  que viene amparado con la doble presunción de legalidad y acierto.   

Así  las  cosas,  los  planteamientos del  libelista   no   tienen  entidad  para  cuestionar  la  estructura  jurídica  y  argumental  del  fallo,  donde  se  expusieron  pluralidad  de  razones sobre el  mérito  o  poder  suasorio  de  cada  medio  de  prueba, pues éste no se torna  deleznable  por  el  sólo  hecho  de  que  la  defensa  piense  que  el recaudo  probatorio ha debido interpretarse de distinta manera.   

1.5 Todo ello significa que, sin demostrar  la    incursión    en    falso   juicio     de  existencia   (omisión  o  suposición     de     prueba)    o    falso     juicio    de    identidad  (tergiversación,  recorte  o  adición   de   la   prueba)   o   en   falso            raciocinio   (distanciamiento   de  los  parámetros  de  la  sana crítica: lógica, experiencia y ciencias),  como  en  el presente caso, la discrepancia de la defensa con la  valoración  otorgada  por  el Tribunal Superior a algunos medios probatorios no  es   discutible   en   casación,   a   la   manera   de   de   un  falso  juicio  de  convicción, simple y  llanamente  porque  no  existe  un  parámetro legal o tarifa de persuasión que  pueda haber sido transgredida en la sentencia que se impugna.   

Es   desacertado,   pues,   intentar  el  quebrantamiento   del   fallo  condenatorio  atacando  la  credibilidad  que  el  Ad-quem asignó a la prueba  que  al  libelista interesa, sin demostrar la presencia de errores de hecho o de  derecho  en  el  ejercicio  de  la  estimación  de  las pruebas que cimentan el  fallo.   

Por  lo antes expuesto, el primer reproche  no será admitido.   

2.  Sobre  el  segundo  cargo.  Violación  directa de la ley sustancial   

2.1  Si  bien  el  censor  enuncia en modo  correcto  la  causal  de  casación  que  invoca,  no  ocurre  lo  mismo  con la  demostración   del  reproche,  pues  se  limita  a  afirmar,  sin  el  sustento  correlativo,  desde  los  tópicos  legal  y  jurisprudencial, que los Jueces de  instancia  aplicaron  indebidamente  la Ley 80 de 1993, para tipificar el delito  de   interés   indebido   en   la  celebración  de  contratos,  y  omitieron  el Decreto 777 de 1992, que  sí  era  la  preceptiva  adecuada,  toda  vez  que  el pacto entre la alcaldía  municipal  de  Arauca  y  la  ONG  CEO,  se regía exclusivamente por el derecho  privado,  debido a que dicha entidad no gubernamental fue constituida sin ánimo  de lucro.   

Vale  decir,  la  queja  se  redujo  a ese  enunciado,  como  si  en  sede extraordinaria bastase sugerir la presencia de un  problema,  para  que  la  Corte  Suprema  de Justicia se encargue de revisar las  actuaciones   y   hacer   los   comparativos   pertinentes,  hasta  obtener  las  conclusiones que resultaren adecuadas.   

El   artículo   212   del   Código  de  Procedimiento  Penal, Ley 600 de 2000, exige al casacionista, frente a todos los  cargos,  sin  excepción  alguna, expresar “en forma  clara  y  precisa”  las  razones  en que se basa su  postura.   

2.2 En tratándose de la violación directa  de  la  ley  sustancial  (causal primera de casación,  cuerpo    primero,   prevista   en   el   artículo   207   ibídem),  cuando  se  alega que se aplicó indebidamente una norma y dejó  de  aplicarse  la  que  en  realidad  regulaba  el asunto, es obligatorio que el  censor  presente  a  la Corte los argumentos jurídicos de los cuales dimana tal  aserto,  hasta  demostrar  por  qué  el  precepto reclamado por el libelista se  cataloga  como ley sustancial; y la manera como los acontecimientos (sobre   los   cuales  no  se  discute),  compaginan o se subsumen en los supuestos que la activan.   

Sin  un  ejercicio  de  esa naturaleza, el  simple  planteamiento  del  tema  y  la  utilización  de  frases  genéricas  o  conclusivas,   no   son  suficientes  para  postular  un  cargo  en  el  recurso  extraordinario,  pues se deja de lado la argumentación lógico jurídica que la  casación  exige; y la discusión se relega a la visión subjetiva que libelista  sugiere.   

Las   impropiedades   advertidas   con  antelación   conllevan   a   inadmitir   la  demanda,  máxime  que    –con  las     excepciones  siguientes-  en  la  revisión del expediente no se observa la vulneración de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite  el  ejercicio  de  las facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los términos del artículo 216 del  Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000.   

2.3  Con  todo,  y sin que ello constituya  respuesta   de   fondo,   es   propicia   esta   oportunidad  para  reiterar  la  jurisprudencia   según  la  cual,  los  contratos  de  derecho  privado  de  la  administración,  no  son  ajenos  a  los  principios  generales  que  rigen  la  contratación  pública,  contenidos  en  el  artículo  209 de la Constitución  Política, y que son protegidos por la legislación penal.   

A la sazón, en sentencia del 9 de abril de  2008  (radicación  27724),  la Sala de Casación Penal expresó:   

“Se exhibe por  completo  equivocada  la  postura  del  A-quo,  apenas  refutada por el Tribunal  Superior,  según  la  cual el contrato de compraventa de inmuebles por parte de  una  entidad  pública se rige por entero con las disposiciones de derecho civil  y  comercial  pertinentes,  lo  cual  tendría  dos consecuencias: i) quedan por  fuera  de las exigencias contenidas en el estatuto de la contratación pública,  Ley  80  de  1993  y  normas  complementarias; y ii) no es factible tipificar el  delito  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales por la imposibilidad  de hacer remisión a la Ley 80 y sus complementarias.   

En la Sentencia de única instancia del 18  de  agosto  de 2005 (radicación 21546) la Sala de Casación Penal) fue clara en  explicar  que  en  los  eventos  donde  la  entidad  pública debe verificar los  elementos  del  contrato  en materia civil, también es factible la tutela penal  de  los  principios  que  velan  por  la  rectitud en la contratación pública:   

“No   sin  advertir,  para  responderle  a la defensora, que aunque los contratos estatales  necesitan  para  la  producción  de  efectos  los  requisitos generales de todo  contrato  relacionados  en  el  artículo  1502  del  Código  Civil,  es decir,  capacidad,  consentimiento  exento  de vicio, objeto lícito y causa lícita, no  son  éstos  los  que  se  tutelan  a  través  del  tipo  penal de contrato sin  cumplimiento  de  requisitos legales, sino los principios y reglas que establece  la  ley  de  contratación administrativa, cuyo cumplimiento realiza los valores  constitucionales  de  igualdad  y  participación democrática, promotores de la  prosperidad    general    y    garantizadores    de    un    orden    económico  justo.”   

En  ese orden de ideas, de haberse tratado  únicamente   de   una  compraventa,  como  contrato  de  derecho  civil  de  la  administración,   también   habría  resultado  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  previstos  en  el  artículo  209 de la Constitución Política, que  fueron  reproducidos  y  reglamentados  en la Ley 80 de 1993, a saber: igualdad,  moralidad,      eficacia,      económica      e      imparcialidad.”   

3. CASACIÓN OFICIOSA  

Como  lo  precisó  esta colegiatura en la  Sentencia  del  12  de septiembre de 2007 (radicación  26967),  pese  a  que  se  inadmitirá la demanda, es  factible  enmendar  de  manera  inmediata  dos  yerros  que conspiran contra las  garantías  fundamentales  de  los  implicados,  sin  necesidad  de  disponer el  traslado al Ministerio Público para que conceptúe al respecto.   

Se  trata  de  se  lo  siguiente:  i)  se  sancionó  a  la  implicada  como  autora  de  un  delito  especial, cuando únicamente tenía la calidad de  interviniente;  y  ii)  al  dosificar  la pena, el A-quo  se  ubicó  en  los cuartos medios, pese a que sólo existían atenuantes y, por  ende, era necesario calcular la sanción dentro del primer cuarto.   

El  Tribunal  Superior de Arauca confirmó  íntegramente  la  sentencia  apelada,  sin  haberse percatado de los anteriores  defectos.   

3.1   Con  relación  a  la  calidad  de  interviniente   

La  señora  GLORIA  INÉS CARDONA MAURNO,  ciudadana  particular,  representante legal de la Organización no gubernamental  Centro   de   Estudios   e   Investigaciones   de   la   Orinoquia  (ONG   CEO),   no  desarrolló  ninguna  función  pública,  ni  la  asumió en virtud de los contratos de obra pactados  con   la   alcaldía   municipal   de  Arauca,  cuyo  objeto  consistía  en  la  “pavimentación  en  concreto  rígido” de varias calles y carreras de dicha ciudad.   

Por  lo anterior, no era factible acusarla  ni  condenarla  como  coautora  del delito de interés  indebido  en  la  celebración de contratos, que es un  tipo  especial, redactado así en el artículo 409 del Código Penal, Ley 599 de  2000:   

“El servidor público que se interese en  provecho  propio o de un tercero, en cualquier clase de contrato u operación en  que  deba  intervenir  por  razón de su cargo o de sus funciones, incurrirá en  prisión  de  cuatro (4) a doce (12) años, multa de cincuenta (50) a doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el  ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas  de  cinco  (5)  a  doce  (15)  años.”   

En  la  investigación  penal se demostró  colusión  y  dolo  común  entre  la  representante  legal  de  la ONG CEO y el  servidor  público  de  Arauca  quienes,  a través de la división del trabajo,  concretaron   de   consuno,   cada   uno   su   propio  delito  de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos.   

En  tal  hipótesis,  el servidor público  responde  como  autor y el  particular    como    interviniente,   en  atención  a  lo  dispuesto en el artículo 30 de la Ley 599 de  2000.   

Sobre tales institutos, en sentencia del 17  de  octubre  de  2008  (radicación 26410), esta Sala de la Corte señaló:   

“5.3 Cuando, en  casos  como el presente, el servidor público, responsable de la ordenación del  gasto,  se  pone de acuerdo con el contratista, quien es un ciudadano particular  y  no asume función pública, para defraudar a la administración, a través de  la  comisión  de ilícitos, y se planifica una estrategia diseñada de consuno,  desde una óptica naturalística se predica la coautoría.   

Sin  embargo,  desde  el  punto  de  vista  jurídico,  el concepto normativo de autor  se reserva exclusivamente al servidor público en quien convergen  las   calidades   especiales   exigidas   por   el   tipo   penal   (intraneus).   El  otro,  el  ciudadano  particular  (extraneus) pasa  a  ocupar  la  posición  de interviniente,  en  los términos del artículo 30 del Código Penal, Ley 599 de  2000;  empero, con relación a ambos se mantiene el mismo título de imputación  delictual. (…)   

Al  respecto, confrontar, entre otros, los  siguientes  pronunciamientos  recientes de la Sala de Casación Penal: sentencia  del    5   de   diciembre   de   2007   (radicación  28780);  auto  del 22 de febrero de 2008 (radicación  26146)  y  auto  del  9 de  abril   de   2008   (radicación  29452).   

5.4 Si el servidor público y el particular  se  ponen  de  acuerdo  para  delinquir, de modo que aportan de manera principal  (no  accesoria) a su propio  delito,  mediando la división del trabajo necesaria para alcanzar los objetivos  comunes,  en la órbita de las acciones naturales se consideran coautores. En el  campo  normativo y a la luz del régimen penal, no son propiamente coautores. El  servidor público es autor y el particular interviniente.   

La sanción penal para ellos no es ni puede  ser   la   misma,   toda   vez   que   el   contenido  de  injusto  (desvalor   de  acción  más  desvalor  de  resultado)    y    culpabilidad    (juicio    de  reproche),  son disímiles porque dimanan de diversos  factores.   

En atención a ello, el último inciso del  artículo 30 del Código Penal (Ley 599 de 2000) establece:   

“Al  interviniente  que  no teniendo las  calidades  especiales  exigidas en el tipo penal concurra en su realización, se  le rebajará la pena en una cuarta parte”.   

(…)  

Es corolario de lo anterior, con relación  a  un  delito  especial,  que  el  ciudadano  particular  nunca  puede ser autor  (en     la    concepción    jurídica    de    la  autoría);  sólo podría ser determinador, cómplice  o interviniente, según lo que indique el recaudo probatorio.   

Y,  correlativamente,  la  autoría en los  delitos  especiales  se  reserva  exclusivamente  al  servidor  público, cuando  actúa   dolosamente   apartándose   también  de  los  deberes  especiales  de  sujeción.”   

En síntesis, como en el presente asunto se  demostró  que  se  gestó un dolo común para la adjudicación de contratos sin  acatamiento  a  las  reglas que gobiernan la materia, entre GLORIA INÉS CARDONA  MAURNO,  representante  legal  de  la ONG CEO, y LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES, el  Coordinador  de  Área  de  la  Secretaría  de Obras Públicas de Arauca, ambos  deben  responder por el delito de interés indebido en  la  celebración  de contratos; él, como autor y ella, en calidad de interviniente.   

Se   corregirá   tal   defecto   y,  en  consecuencia,  se  redosificará  la  pena  en  cuanto a ello hubiere lugar, con  relación a la implicada.   

3.2 Respecto de la individualización de la  pena   

El  Juez de primera instancia incurrió en  error   al   seleccionar   los   cuartos  medios  para  individualizar  la  pena  correspondiente  a  los  procesados, puesto que se ubicó en los cuartos medios,  ignorando  que  sólo convergían circunstancias de menor punibilidad y que, por  lo tanto, no podía trascender el cuarto mínimo.   

-. En efecto, en la resolución acusatoria  proferida  por la  Fiscal adscrito a la Unidad Nacional Anticorrupción, el  7  de  julio  de  2004, se endilgó a GLORIA INÉS CARDONA MAURNO y LUIS ALBERTO  CARVAJAL,  el  delito  de  interés  indebido  en  la  celebración de contratos.   

El  Fiscal instructor no aludió a ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad,  ni  en su descripción fáctica ni en su  consecuente  jurídico;  y  no  se  observan  referencias  al  respecto  en  las  motivaciones  de  la  providencia  acusatoria  destinadas  a  la “calificación  jurídica  provisional”,  ni   en   la   parte  resolutiva.  (Folio  200  cdno.  3)   

-.  En  la sentencia de primera instancia,  emitida  el  6  de  marzo  de  2006  por el Juzgado Único Penal del Circuito de  Arauca,  con  relación  a la pena imponible a los coprocesados, el A-quo expresó lo siguiente:   

“Teniendo en cuenta el artículo 55 y 58  (sic)  del  C.P.,  se  observa  que  existen  circunstancias  de  menor  y mayor  punibilidad,  toda  vez  que no se allegó prueba en el proceso de la cual pueda  inferir  seria  y  fundadamente  que  los  procesados  cuentan  con antecedentes  penales.   

Así  mismo,  no  debe  olvidarse  que  la  conducta desplegada por ellos, fue en calidad de coautores. (…)   

Por  lo  tanto, en cuanto a los cuartos de  movilidad,  tendrá  que  atender  el despacho lo preceptuado en el artículo 61  inc.  2°,  ‘(…) dentro  de  los  cuartos  medios  cuando  solo concurran circunstancias de atenuación y  agravación      punitiva     (…)’;  por  lo  que la pena a imponer fluctúa dentro de estos cuartos,  que  para el caso será el primer cuarto medio, es decir, entre 72 a 96 meses de  prisión.”   

Considera entonces el despacho, al analizar  el  artículo  61  inciso 3°…, que GLORIA INÉS CARDONA MAURNO y LUIS ALBERTO  CARVAJAL  REYES, se hacen merecedores a la pena mínima del primer cuarto medio,  que  en este caso es de 72 meses de prisión.”   (Folio 52 cdno. 3, juicio)   

-.  Como  se  observa,  el  A-quo   incurrió   en  los  siguientes  yerros,  que  conspiran  contra los derechos fundamentales de los procesados: i)  agregó  a  la  cuenta de cobro de los implicados causales de mayor punibilidad,  indeterminadas,  que no especificó por su nombre o contenido jurídico y que no  fueron  endilgadas  en la resolución acusatoria; ii) entendió que por tratarse  de  coautoría operaba una  especie   de   circunstancia  de  mayor  punibilidad;  iii)  olvidó  que  sólo  convergía  a  favor  de  los implicados como circunstancia de menor punibilidad  “la  carencia  de  antecedentes penales”,  enlistada en el numeral 1° del artículo 55 de la Ley 599 de  2000;  y  iv)  afectado por aquel pensamiento equivocado seleccionó los cuartos  medios para dosificar la sanción imponible.   

–  Si  acaso  se  refería  a ella, no fue  correcta  la inclusión de la circunstancia de mayor punibilidad, prevista en el  numeral    10°    (obrar    en    coparticipación  criminal)  del  artículo  58  ibídem,  cuando en la  resolución  acusatoria no se hizo tal imputación, en ninguna de las facetas de  la doble connotación indispensable, fáctica y jurídica.   

En  reiteradas  oportunidades  la  Sala de  Casación  Penal ha abordado ese tópico; así, por ejemplo, en Sentencia del 14  de   mayo  de  2007  (radicación  25666):   

“Previamente,  se precisa aclarar que la  Sala  difiere  de  lo  conceptuado  por  el  Procurador Primero Delegado para la  Casación  Penal,  sólo  en  cuanto  afirma  que  en  contra  de los implicados  concurre  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  consistente  en “obrar en  coparticipación  criminal”,  que  trae  el  numeral 10° del artículo 58 del  Código Penal.   

Y la Sala difiere de tal aserto, por cuanto  en  la  acusación  no  se  endilgó  ese  factor;  siendo  claro que todos, sin  excepción,  los  factores  que inciden en la mayor punibilidad deben ser objeto  de  imputación fáctico jurídica en la resolución acusatoria; porque, si ello  no  ocurre,  no  quedan  sometidos a la dialéctica que comporta el principio de  contradicción  y,  por  tanto,  el  funcionario  judicial  no puede tenerlos en  cuenta  para  dosificar  la pena, a riesgo de vulnerar el derecho a la defensa y  desconocer el principio de congruencia.”   

-.       Las       circunstancias  de mayor punibilidad, que  autorizan  a  cambiar  de  cuarto  en  el  ámbito de movilidad de la pena de un  delito,  son exclusivamente las contenidas en el artículo 58 del Código Penal,  Ley  599  de  2000;  su contenido aflictivo es de interpretación restringida y,  por  ende,  no es jurídicamente viable que sobre esa selección taxativa que el  legislador  predeterminó  se  hagan agregados por analogía ni a discreción de  los funcionarios judiciales.   

3.3  La  redosificación  de  las  penas  correspondientes.   

De  conformidad  con  el artículo 206 del  Código  de  Procedimiento  Penal, Ley 600 de 2000, la casación tiene por fines  la  efectividad del derecho material y las garantías debidas a las personas que  intervienen en la actuación penal.   

En consecuencia, se enmendarán los yerros  advertidos, para lo cual se procederá así:   

i) Con relación a la ciudadana particular,  GLORIA   INÉS   CARDONA   MAURNO,  se  declarará  que  no  es  coautora,  sino  interviniente en el delito  de   interés   indebido   en   la  celebración  de  contratos  y  se  tasará  la  pena  dentro el primer  cuarto.   

ii)  En  cuanto hace al servidor público,  LUIS   ALBERTO   CARVAJAL   REYES,   condenado   como   autor   de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos,   se  reducirá  la  sanción  a  la  equivalente  en  el  primer  cuarto.   

El     delito     de    interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  por  el que se procede, se reprime en el artículo 409 de la Ley  599  de  2000, con prisión de 4 a 12 años, multa de 50 a 200 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e  inhabilitación para el ejercicio de derecho y  funciones públicas de 5 a 12 años.   

El Juez de primer grado decidió imponer la  sanción  mínima y concedió la prisión domiciliaria para ambos copartícipes;  sólo  que  se equivocó al ubicarse en el primer cuarto medio. El parámetro de  la  sanción  mínima,  debe  respetarse  ahora,  con  el  fin de no vulnerar la  prohibición  de  la  reformatio  in pejus.   

Establece el artículo 30 de citado Código  Penal,   que   al   interviniente   se  le  rebajará  la  pena  en  una  cuarta  parte.   

De  acuerdo  con el artículo 61 del mismo  régimen,  “si la pena se aumenta o disminuye en una  proporción  determinada,  ésta  se  aplicará  al  mínimo  y al máximo de la  infracción básica”.   

Vale   decir,   para   el   interviniente, el delito de interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos, queda sancionado así:   

Prisión  de  3 a 9 años; multa de 37.5 a  150  salarios mínimos legales mensuales vigentes; e inhabilitación de derechos  y funciones públicas de 45 a 108 meses.   

Como       el       A-quo  decidió  imponer  las  sanciones  más  leves,  y  siendo  del  caso  ubicarse  en  el extremo inferior del primer  cuarto,   es   claro   que   la   pena  mínima  a  imponer  a  la  interviniente   GLORIA   INÉS  CARDONA  MAURNO,  coincide con lo antes indicado, esto es: 3 años de prisión, multa por  valor  de  37.5  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  lapso de 45  meses.   

En el caso de LUIS ALBERTO CARVAJAL REYES,  condenado  como  autor, las  sanciones  a  imponer  son  las  mínimas  que  trae  el  tipo  de  interés  indebido  en  la  celebración  de  contratos,  artículo  409  de  la  Ley  599  de  2000; es decir, 4 años de  prisión,  multa  por  el  equivalente  a 50 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por 5 años.   

En   el   anterior  sentido  se  casará  parcialmente  y  de  oficio el fallo emitido por el Tribunal Superior de Arauca,  que confirmó íntegramente la decisión de primer grado.   

En  todos los demás aspectos la sentencia  del    Tribunal   Superior   de   Arauca permanecerá incólume.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de LUIS  ALBERTO CARVAJAL REYES.   

2. Casar  parcialmente  y de oficio el fallo  del     veinticuatro  (24)   de   agosto   de   dos   mil   siete          (2007),    proferido    por   la  Sala Única  del  Tribunal  Superior  de  Arauca,   por   las   razones   expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  providencia.   

3. Declarar  que  LUIS  ALBERTO  CARVAJAL  REYES,  queda condenado como  autor   del   delito  de  interés    indebido    en   la   celebración   de  contratos, a la pena de cuatro (4) años de prisión,  al  pago  de  multa  por  valor  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales  mensuales  vigentes;  y  a  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por el lapso de cinco (5)  años.   

4.  Declarar  que  GLORIA  INÉS  CARDONA  MAURNO,      queda      condenada      en      calidad      de      interviniente    en   el   delito   de  interés    indebido    en   la   celebración   de  contratos,  a  la pena de tres (3) años de prisión,  al  pago  de  multa por el equivalente a treinta y siete y medio (37.5) salarios  mínimos   legales  mensuales  vigentes;  y  a  inhabilitación  de  derechos  y  funciones públicas durante cuarenta y cinco (45) meses.   

5.  En  todos  los demás aspectos la sentencia del Tribunal Superior  de  Barranquilla permanece  incólume.   

6. Contra  lo  decidido  en  el  presente  fallo  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Excusa justificada  

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                                                                                                 Permiso   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                         AUGUSTO IBÁÑEZ GUZMÁN   

                               Permiso   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                        JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Organización    no    gubernamental,    denominada   Centro   de   Estudios   e  Investigaciones   de la Orinoquia CEO., cuyo objeto consistía en adelantar  estudios  económicos,  sociales,  políticos  y ambientales; y, sin embargo, le  fueron   adjudicados   contratos   de   obra   e   ingeniería  civil,  como  la  pavimentación de vías internas de la ciudad de Arauca.   

2  La  expresión  correcta  es  interés indebido, de acuerdo con el artículo 409 del  Código Penal, Ley 599 de 2000.   

3   El  juzgado  de  primera instancia compulsó copias a la Fiscalía General de la  Nación,     con    el    fin    de    que    realizara    las    averiguaciones  pertinentes.     

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