29111(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29111   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 070.   

Bogotá D.C., marzo treinta y uno (31) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide la Sala en relación con la admisión  de  la demanda de casación discrecional presentada por la defensora de la   procesada    MIRIAM    ALZATE    LÓPEZ  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Manizales,  de fecha septiembre 10 de 2007, a través de  la   cual  revocó la dictada el 17 de mayo de 2005 por el Juzgado Séptimo  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad que la absolvió del delito de omisión  de  agente  retenedor  o  recaudador, por el cual se le profirió resolución de  acusación.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los primeros, fueron sucintamente declarados  por  el Tribunal en la providencia impugnada, de la siguiente forma:     

“El Dr. Carlos Alberto Grisales González,  detentando  el  cargo  de  Jefe del Grupo Interno de la Unidad Penal de la DIAN,  formuló  denuncia contra MIRIAM ALZATE LÓPEZ, en su calidad de responsable del  impuesto  sobre  las  ventas,  por  haber  omitido  cancelar  el  gravamen de su  almacén    ‘Calzado  Brasilia…’:   ‘la cual fue recepcionada  sin  pago  en  la  ciudad  de Manizales’,   declaraciones  y  valores  relacionados  en  la  denuncia,  por  concepto  de ventas en los períodos gravables 2001-1, 2002-01 y 2002-02, por un  valor total de $ 1.792.000 pesos”.   

La  denuncia presentada por el apoderado de  la  Dirección  de  Impuestos  y Aduanas Nacionales (DIAN) sirvió de fundamento  para  que  una Fiscalía Seccional de la Unidad de Delitos contra la Fe Pública  y  otros  de  Manizales  dispusiera  la apertura de investigación, dentro de la  cual  vinculó,  mediante diligencia de indagatoria, a  MIRIAM ALZATE LÓPEZ.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  el  mérito  del  sumario el 12 de febrero de 2004 con resolución de  acusación  en contra de la procesada como posible autora del delito de omisión  de agente retenedor o recaudador.   

Ejecutoriada la anterior determinación, la  actuación  se  remitió  a  los juzgados de conocimiento con el objeto de   surtir  la  fase  del  juicio,  correspondiéndole al Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  de  la  misma  capital, despacho que dictó sentencia el 17 de mayo de  2005,  por  medio  del  cual  absolvió  a  la  sindicada de la conducta punible  comprendida en la resolución de acusación.   

Esta  decisión  generó  inconformidad  al  apoderado  de  la  parte  civil acreditada en el proceso, esto es, de la entidad  afectada,  quien  la  impugnó  mediante recurso de apelación, sobre el cual se  pronunció  el Tribunal Superior de Manizales el 10 de septiembre de 2007, en el  sentido  de  revocarla  integralmente,  para  en su lugar condenar a   MIRIAM   ALZATE  LÓPEZ  como  autora  penalmente  responsable  del delito de omisión de agente retenedor o recaudador  a  las  penas  principales  de treinta y seis (36) meses de prisión y multa por  valor  de  $  3.584.000,  así  como  a  la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena  privativa  de  la libertad. Así mismo, la exoneró del pago de perjuicios, a la  vez  que  le  concedió  el  beneficio  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena.   

Contra el anterior fallo, la defensora de la  procesada  interpuso recurso extraordinario de casación, mediante demanda, cuya  admisibilidad  analizará  la Sala luego de compendiar brevemente sus argumentos  en el siguiente acápite.   

LA DEMANDA  

          En   el   capítulo  I,  la  casacionista  invoca  la  “causal    para   la   procedencia   del   recurso”,  aludiendo  expresamente  a  la  primera  del  artículo  207 del  estatuto  procesal  penal,  prevista para “cuando la  sentencia  sea  violatoria  de  una  norma  de derecho sustancial”.   

         Más   adelante,   en   el   acápite  V,  denominado  “(F)ormulación     del     cargo,     fundamentos    y    normas  infringidas”,   la   actora,   a   partir   de  la  aseveración  del  fallador  de  segunda  instancia en cuanto a que “un  simple  vistazo a dichos documentos permite concluir que una  vez  presentados  ante  los  Bancos, se convierten en declaraciones privadas con  efecto  oficial de imperativo cumplimiento”, infiere  tres  elementos  que  a su juicio resultan fundamentales para la estructuración  del reparo, como son:   

         En  primer lugar, que de conformidad con el Estatuto Tributario, en  cabeza  de la DIAN reposa la potestad del proceso de jurisdicción coactiva para  el cobro de los créditos a favor de la Nación.   

En  segundo  orden, refiere a los elementos  del  tipo  penal sancionado en el artículo 402 del Código Penal, así como las  circunstancias   contenidas   en   el   parágrafo   para  proferir  resolución  inhibitoria,  preclusión  de  investigación  o  cesación de procedimiento por  pago o compensación de las sumas adeudadas.   

Y,  en  tercer  término,  alude  que  las  circunstancias  especiales  por  las cuales su defendida no pudo cumplir con los  pagos  “no se encuentran desvirtuadas en el proceso  y,  antes  bien,  queda  en  el  limbo  un  asunto  relacionado con el secuestro  material   del   establecimiento   de   comercio,   que   dejó  inactiva  a  la  enjuiciada”.   

Con  base  en  lo anterior, en el siguiente  aparte,  sostiene que la omisión del denunciante “a  presentar   el   trámite  administrativo  adelantado  por  la  función  de  la  Jurisdicción  Coactiva  de  la  DIAN en Manizales, hace que el proceso penal se  aleje  de su objetivo de conducir a una sanción que cumpla con las funciones de  prevención,  justa retribución, prevención especial, la reinserción social y  la  protección  del  condenado,  y  que  por  el  contrario  las  personas sean  doblemente  procesadas  y requeridas pecuniariamente   por unos mismos  hechos”.   

En  consecuencia,  añade,  si  la  DIAN ya  había  iniciado  el  cobro  ejecutivo,  en  ejercicio  de  su poder coercitivo,  habiendo  aprehendido  algunos  bienes,  dicha  situación  configura una de las  situaciones  previstas  en  el  artículo 402 del estatuto sustantivo penal para  obtener  beneficios  en  los  casos en que se extinga la obligación tributaria.   

Por  lo  tanto,  precisa  que  “aunque  puede  tipificarse  la omisión, es evidente la ausencia  de  responsabilidad por las circunstancias fortuitas de insolvencia, no buscadas  por  el  sujeto  imputado”,  punto  sobre  el cual,  agrega,  el fallador no fue imparcial, pues, a luz de una jurisprudencia de esta  Sala,   interpretó   conductas   confesadas   por   su  defendida  “que  no  son  ciertas  dentro  de la verdad procesal construida,  como   la   ausencia   de   voluntad  de  la  encartada  en  proponer  fórmulas  conciliatorias o acuerdos de pago”.   

Lo anterior, afirma, por cuanto se dejó de  considerar  que,  en  este  evento,  las  circunstancias  de fuerza mayor o caso  fortuito  fueron  creadas  por  la  misma Administración Pública al embargar y  secuestrar  las  mercaderías  con  las  cuales  la procesada podía atender sus  obligaciones legales.   

Entonces,  colige,  si bien en este caso la  situación  era  previsible,  en tanto una persona conoce de antemano la acción  que  puede  recaer  sobre  sus  bienes,  debido a la circunstancia anteriormente  referida, pasa a ser irresistible.   

Además,  destaca,  aquí hubo “exceso  en  el  ejercicio  de  poder  del  Estado”,  porque  al  no  estar  probada  la  capacidad  económica  de la  enjuiciada  no  se  podía  presumir  su mala fe para atender los requerimientos  debidos,  máxime  cuando  “es prolijo el dossier en  evidencia  de  que  la  procesada,  apenas  subsistía  con  los ingresos por un  estrecho  margen  de  sus ventas”, sin que jamás se  hubiera  profundizado  en  torno  a  si  era  propietaria de bienes de fortuna o  beneficiaria de algún ingreso.   

Es más, destaca, en este caso el Estado, en  vez  de  ser  protector  de  los  derechos  de  los individuos, se convirtió en  verdugo  de  la  procesada,  en virtud del trámite administrativo seguido en su  contra.   

Por  razón de lo expuesto, concluye que se  violaron   los   derechos   de   su   defendida  al  debido  proceso,  por   desconocimiento  del  principio de investigación integral  (arts. 29 de la  Constitución  Política  y  20  del C.P.P.);  a su dignidad humana, por el  exceso  en  el  uso  de  los  mecanismos coercitivos al adelantarse en su contra  simultáneamente  a  esta  actuación  otra  de  índole administrativo en donde  fueron   decretadas  medidas  cautelares  que  condujeron  a  la  quiebra  a  su  defendida,  vulnerando,  consecuentemente,  la  prohibición  de proseguir doble  juicio     por     los     mismos     hechos     y,     a     la    “interpretación  de  la  ley, de las circunstancias del contexto  económico  del tiempo, modo y lugar y del comportamiento del sujeto procesal no  se  acoge  a  lo  más favorable para el inculpado”.   CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Es  claro que el asunto que origina la atención de la Sala en esta  ocasión  no  permite  el  acceso  al  medio  extraordinario de casación por la  alternativa  normal  o  tradicional,  sino  por la denominada vía excepcional o  discrecional,  como  así  se  infiere del análisis de la normatividad procesal  que regula el recurso.   

         Ciertamente,  la conducta delictiva de omisión de agente retenedor  o  recaudador  atribuida  a la procesada MIRIAM ALZATE  LÓPEZ  se sanciona en el artículo 402 de la Ley 599  de  2000  con  una  pena  máxima  de  seis  (6) años de prisión, quantum  que no alcanza el presupuesto de  punibilidad  exigido  para acceder al recurso extraordinario de casación por la  senda  normal, conforme lo dispone el inciso primero del artículo 205 de la Ley  600  de  2000,  al  señalar  que  éste  procede  respecto de las sentencias de  segunda  instancia dictadas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y  el  Tribunal  Penal  Militar “en los procesos que se  hubieren  adelantado  por  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la  libertad  cuyo máximo exceda de ocho (8) años, aun cuando la sanción impuesta  haya  sido  una  medida de seguridad”, normativa que  se  reprodujo  del  artículo  1°  de  la  Ley  553 del mismo año, vigente con  antelación.      

         De  ahí  que,  si  bien  en  el  caso  de  la especie la sentencia  impugnada  fue proferida por una de las autoridades judiciales respecto de cuyos  fallos  de  segunda  instancia es viable el recurso extraordinario de casación,  como  en  efecto  lo  es  el Tribunal Superior de Manizales, no lo es menos que,  acorde  con  lo  expuesto  en  la  preceptivas  aludidas,  no  se  satisface  el  condicionamiento  punitivo  exigido legalmente para acceder al mismo por la vía  tradicional.   

Se  sigue de lo expuesto, por consiguiente,  que   para   acudir  al  medio  extraordinario  de  casación  la  defensora  de  ALZATE  LÓPEZ  únicamente  contaba  con la posibilidad prevista en el inciso tercero del referido artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, condicionada a que la Sala lo considere necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos  fundamentales,  siempre  y  cuando,  dada  la naturaleza eminentemente rogada de  este  medio de impugnación, así se desprenda de la argumentación contenida en  la demanda.   

Pues bien, ocurre en el presente evento que  en  los fundamentos del libelo no se hace alusión, ni siquiera tangencialmente,  a  los  dos  motivos  señalados  que  permiten  dar  vía  libre a la casación  excepcional.   

Para tal efecto, como lo viene precisando la  Sala  de  tiempo  atrás, no es preciso que en la demanda exista inexorablemente  un  acápite  especial para tal efecto o la mención específica de los motivos,  pues  lo  esencial es que dicha demostración fluya de sus planteamientos, tanto  mejor,  ahora está, si se efectúa en un capítulo especial, en beneficio de su  identificación   y  claridad.   Pero,  en  cualquier  caso,  lo  realmente  esencial  es  que  se  persuada  a  la Sala en ese sentido, como corolario de la  anunciada    naturaleza    rogada    de    este    medio    extraordinario    de  impugnación.   

Según  se señaló con antelación, sucede  que  en  este caso la demostración atinente a dichos presupuestos no aflora del  contexto  de  la  demanda  porque  la  casacionista,  en  la  mayor  parte de su  disertación,  se  contrae  a  exponer su criterio personal sobre la ausencia de  responsabilidad  de  su  prohijada  derivada  de  haber  actuado  dentro  de los  supuestos  previstos  para  el  caso  fortuito, revalidando con ello el criterio  expuesto  por  el  juez  de  primer  grado,  para  lo  cual elabora una crítica  generalizada,  además  de  confusa,  a  la actividad probatoria desplegada y al  hecho  de  que  se  hubiere  adelantado  una  actuación  paralela a la penal de  índole  administrativo,  durante  la cual se habrían decretado algunas medidas  cautelares    sobre    los    bienes    de    ALZATE  LÓPEZ, ocasionándole un perjuicio económico de tal  entidad que le impidió cumplir con sus obligaciones tributarias.   

Pues  bien,  ninguno de esos aspectos a los  cuales  se  limita  la  censura,  guarda  relación  con  los  motivos  exigidos  legalmente  para  franquear el acceso a la casación discrecional. Así, en nada  se   asimilan   con  la  necesidad  de  abordarlos  para  la  evolución  de  la  jurisprudencia  de  esta      Sala,  pero  tampoco  para  la  garantía de derechos fundamentales.   

Sobre  este  último  punto,  bien  está  señalar  que  sólo  hasta  el  final  de  la  censura  la casacionista vincula  tales   argumentos  con  la protección de los derechos fundamentales de su  defendida,  particularmente  con  los  derechos al debido proceso -supuestamente  por  violación  del principio de investigación integral- cuando en el contexto  del  reparo  no existe claridad en punto de los medios de prueba omitidos, menos  aún  de  su  trascendencia  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo  impugnado,  resultando      su      propuesta,      por      consiguiente,     absolutamente  enunciativa.   

Acto seguido, refiere a la trasgresión del  derecho  al  reconocimiento  de  la dignidad humana de su prohijada, por haberse  adelantado  un  proceso  administrativo  paralelo  al  penal,  situación que de  manera   alguna   evidencia  desconocimiento  de  las  garantías  aludidas,  en  atención  a  la  diversa naturaleza de tales acciones y en consideración a que  en  estos  casos  la  conducta  rebasa,  como se ha señalado reiteradamente, el  ámbito  fiscal  para  merecer  un  reproche punitivo, sin que, en todo caso, la  segunda   subsuma   la   inicial,   ni   las   consecuencias   que  una  y  otra  aparejan.          

Y,  por  último,  la  censora  alude  al  desconocimiento  de  la  “interpretación de la ley,  de  las  circunstancias  del  contexto económico del tiempo, modo y lugar y del  comportamiento  del  sujeto  procesal  no  se  acoge a lo más favorable para el  inculpado”,   planteamiento   que  tampoco  revela  conculcamiento  de  garantía  alguna  y,  si  acaso,  deja  entrever  su simple  desacuerdo  con  las  conclusiones  del  fallador  en torno a la responsabilidad  penal de su representada.   

Así  las  cosas, la actitud asumida por la  demandante         deviene   inane  frente  a  los  propósitos  de  la  casación  excepcional al desentenderse por completo de los  motivos  que  justifican  la  necesidad de ejercer la facultad discrecional para  posibilitar  el  acceso  a la impugnación extraordinaria, lo cual se traduce en  la  ineptitud  de  la  demanda presentada y, por consiguiente, torna inviable el  recurso  extraordinario;  circunstancia  que impide que la Sala entre siquiera a  revisar  si  los  cargos  formulados contra el fallo de segundo grado atacado se  ajustan  a  los  presupuestos de lógica y adecuada argumentación exigidos para  su admisión.   

         

         En  consecuencia,  la  Sala  procederá  a  la  inadmisión  de  la  demanda,  de  acuerdo  con  la  consecuencia procesal señalada por la ley en el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000.  Además, porque no se advierte que  dentro  del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se  hubiera  incurrido en  violación  de garantías fundamentales que reclame su intervención oficiosa en  los     términos     previstos     en    el    artículo    216    ibídem.      

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   interpuesta   por   la   defensora   de   la  procesada  MYRIAM  ALZATE  LÓPEZ, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO            MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO       J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANES              

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                         JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA       

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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