29093(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  29093   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 070.  

Bogotá D.C., marzo treinta y uno (31) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala procede a constatar el cumplimiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación dispuestas por el  legislador,  respecto  del  libelo  casacional  presentado  por  el defensor del  procesado  RODOLFO EMILIO VALDÉS RONDÓN,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Ibagué el 22 de febrero de 2007, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad el 27 de octubre de 2004, por  medio  del  cual  lo  condenó  como  autor penalmente responsable del delito de  concusión.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

En    octubre   de   2001   Carlos   Arturo   Barreto   Góngora   y  José    Andrés    Roncancio   Galeano   celebraron   un   contrato   de  compraventa  del  bien  inmueble  identificado  con  el número 24 de la manzana 29 de la Urbanización El Jardín  en  Ibagué, el cual sería adquirido con un subsidio de vivienda que el segundo  de    los    nombrados    recibiría    del   INURBE   en   su   condición   de  desplazado.   

A  la  referida  entidad  concurrieron en la  mencionada  ciudad  para  recibir asesoría sobre los trámites relacionados con  la   inversión   del   subsidio,   donde   fueron  asistidos  por  RODOLFO  EMILIO VALDÉS RONDÓN, quien les  manifestó  que  la  legalización  de  la  transacción  debía  efectuarse  en  Bogotá,  donde  demoraba  tres  meses,  a menos que le pagaran $350.000.oo para  agilizar dicho trámite.   

          Entonces,  como  el vendedor Carlos Arturo  Barreto   no  consiguió  la  totalidad  de  la  suma  solicitada,  le  entregó $300.000.oo, dinero que fue recibido por el mencionado  funcionario.   

          Dado  que la venta del inmueble no se materializó, los contratantes  requirieron     a    VALDÉS    RONDÓN, quien sólo devolvió la mitad de la suma recibida.   

          La   Fiscalía  Seccional  de  Ibagué  dispuso  la  correspondiente  indagación  preliminar y luego de practicar algunas pruebas declaró abierta la  instrucción,  en  curso de la cual vinculó mediante indagatoria a RODOLFO    EMILIO    VALDÉS    RONDÓN,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  derecho a libertad provisional, como posible autor  del  delito  de concusión, providencia contra la cual el defensor interpuso sin  éxito recurso de reposición.   

          Clausurada   la  etapa  instructiva,  el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el 14 de febrero de 2003 con resolución de acusación en contra del  procesado   como   presunto   autor  del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento,  proveído  que  al  ser  impugnado  por la defensa fue objeto de  confirmación  por  parte  de la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Ibagué el 12 de noviembre de la referida anualidad.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Ibagué, despacho que una vez surtido el  rito  dispuesto  en  la ley dictó sentencia el 27 de octubre de 2004, a través  de   la   cual  condenó  a  RODOLFO  EMILIO  VALDÉS  RONDÓN  a  la  pena  principal  de setenta y dos (72)  meses  de  prisión  y  multa  por la suma equivalente a cincuenta (50) salarios  mínimos  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  privativa  de  la  libertad, como autor penalmente responsable del delito por el  que se lo acusó.   

En la misma decisión le negó la condena de  ejecución   condicional   y   la   prisión   domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Ibagué la confirmó mediante fallo del 22 de febrero de  2007,  proveído  que  es  ahora  objeto  de recurso extraordinario de casación  interpuesto por el defensor del incriminado.   

EL LIBELO  

El  impugnante  formula dos cargos contra el  fallo   del   Tribunal.   El  primero,  por  violación  del  debido  proceso  a  consecuencia  de  la  errónea calificación jurídica de la conducta por la que  se dictaron los fallos de primera y segunda instancia.   

El segundo, por violación directa de la ley  sustancial  derivada  de  la interpretación errónea de los artículos 4º y 11  de la Ley 599 de 2000.   

Con  el propósito de obviar repeticiones, a  continuación  se  referirán  de  manera  independiente cada uno de los reparos  formulados  por  el  censor,  para  luego  analizar  si  en  su  postulación  y  desarrollo   cumplen   o   no   con   los   requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación    exigidos    para    acceder   a   este   medio   impugnaticio  extraordinario.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          Como  ya lo ha dicho la Sala, en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales  es  de  su  resorte  constatar  que  los recurrentes  formulen   sus   censuras  acatando  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a las ordinarias. Tales requisitos se orientan a conseguir  que  las  demandas se enmarquen dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no       reúne       los       requisitos       se      inadmitirá”.   

Advertido  lo  anterior,  procede  la Sala a  realizar  el  anunciado  estudio  sobre los cargos formulados por el defensor de  RODOLFO    EMILIO    VALDÉS    RONDÓN.   

1.             Primer  cargo:  Violación  del  debido  proceso por errónea calificación jurídica de la conducta.   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de casación, el recurrente  afirma  que  la conducta investigada se adecua al delito de abuso de la función  pública  y no al punible de concusión por el cual se acusó y condenó durante  las instancias a su procurado.   

          En  la  fundamentación  del reparo aduce que el error se produjo al  considerar  los  funcionarios “que la arrogación de  la  facultad  de  insinuar pagos indebidos, es acto independiente de la función  misma,  que  lleva,  en  consecuencia,  a  entender  que  la  diversidad  de las  funciones  en el caso del abuso pueden equipararse a la exacción contraria a la  ley   en   la   obtención   de   dádivas   indebidas   en   el   caso   de  la  concusión”.   

          Precisa   que   “si  las  insinuaciones  dinerarias  estaban  fuera  del  trámite  funcional,  es  claro  que  el Asesor  Jurídico  en  esas  circunstancias no podía proceder a proponer unos pagos que  en  realidad  no  se  requerían,  pues,  como ya se dijo, tales pedidos estaban  fuera de la ley”.   

          También  dice  que  “si  la  decisión  concusionante  se circunscribe al acto de pedir dádivas extraordinarias, en él  no  había  una  manifiesta  contrariedad con la ley más allá del ejercicio de  una  competencia que no le ha sido dada a los Asesores Jurídicos, como es la de  ‘ayudar   a   acelerar  trámites’,  cuando  han  sido  los  cursos  normales de la tramitomanía de los subsidios los que debían  surtirse”.   

          De  otra  parte  severa  el  censor  que  en  la decisión impugnada  “la   argumentación   es  dilógica  (sic)   o   ambivalente,  es  decir,  se  sustenta  en  argumentaciones  contradictorias o excluyentes que impiden conocer  su  verdadero sentido, pero además, estamos frente a una motivación aparente y  sofística    que   no   reconoce   en   sí   el   tipo   penal   eventualmente  quebrantado”.   

          Igualmente  dice  que  “no existe prueba  dentro  del  proceso  que  permita  inferir que el doctor RODOLFO EMILIO VALDÉS  RONDÓN  hubiera  constreñido  a ninguna persona, pues obsérvese como el verbo  mencionado  se  refiere  a  la  coacción,  que  en  este caso debió ejercer mi  defendido       sobre      el      señor      BARRETO      GÓNGORA”.   

En el mismo sentido arguye que el último de  los    ciudadanos    mencionados    declaró    que   el   doctor   VALDÉS  no  le exigió suma alguna, pues  de  “lo  que  siempre  se habló fue de los dineros  para  cancelar  las  deudas  que  tenía  la  casa  por  concepto de servicios e  impuesto”,    de    manera   que   “al  confrontar  los  testimonios  referidos se rompe pues cualquier  constreñimiento  que  pudiera pregonarse (…). A no ser que se quiera ver como  concusionante  el  ejercicio de la iniciativa, y para el caso, las insinuaciones  para   acelerar  el  trámite  no  corresponden  con  la  concusión”,  en  tanto  se  trata  de  una  conducta realizada por  fuera  de  la  competencia  propia del incriminado.   

          Reitera  que  la conducta investigada corresponde al delito de abuso  de  la  función  pública (artículo 428 de la Ley 599 de 2000), pues se trató  de  “la arrogación de la ley para asumir trámites  que  no  se  requerían,  lo  que puede ser cometido al margen de la competencia  funcional”.   

          A  partir  de los argumentos anteriores, el recurrente considera que  como  el  error  en  la  calificación  jurídica  se  produjo en la resolución  acusatoria,  se  impone declarar la invalidez de lo actuado a partir, inclusive,  de dicha providencia.   

          Consideraciones de la Sala   

De tiempo atrás ha señalado la Sala que en  tratándose  de  la  causal  tercera  de  casación  es  imprescindible  que  el  demandante  señale  claramente  la  especie  de  incorrección  sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los fundamentos fácticos y las normas que estima  conculcadas,  con  la indicación de los motivos de su quebranto. También es de  su  resorte especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones  ausentes  de  quebranto,  reglas que el impugnante no acogió en su  planteamiento.   

          En  efecto,  es  claro  que  el recurrente no se sujeta a ninguna de  tales  pautas,  pues  indistintamente  y sin demostrarlo, emprende toda clase de  reproches  para  dar sustento a su propuesta casacional, sin tener en cuenta que  en  virtud  del principio de autonomía de las causales, cada una se corresponde  con  un  discurrir y una argumentación diferente de las otras y que, de acuerdo  con  el  principio de claridad y precisión que gobierna la presentación formal  del  libelo  (numeral  3º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000), es  inadmisible  dentro  de  un  mismo  reparo  y  de  manera  sincrónica, acudir a  planteamientos de diversas causales.   

Si el propósito del censor era demostrar que  los  hechos  declarados  en  las  instancias  no  correspondían  al  delito  de  concusión,  sino  al  de  abuso  de  autoridad,  le  correspondía  invocar  la  violación  directa  de la ley sustancial, señalando, desde luego, si se trató  de  la  exclusión  evidente  de un precepto, de su aplicación indebida o de su  interpretación  errónea, caso en el cual no podía cuestionar de manera alguna  la  validez  de  las  pruebas  ni  la  apreciación  judicial  que de las mismas  plasmaron  los  falladores,  circunstancia que no se presenta en el libelo, pues  el  defensor  deplora  la  ponderación que efectuaron los sentenciadores de los  testimonios   de  Carlos  Arturo  Barreto  y  Andrés Roncancio Galeano.   

Ahora, si lo pretendido era censurar el valor  otorgado  a  las  pruebas  con  fundamento en las cuales se edificó el fallo de  condena,  era  su  deber  expresar  si el yerro fue de hecho o de derecho. En el  primer  caso,  debía  demostrar  que  los  funcionarios  erraron al apreciar la  prueba,  bien  sea  porque  pese  a obrar en el diligenciamiento no fue valorada  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque  sin  figurar  en la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía  y  la  tuvieron  en  cuenta en su  decisión   (falso   juicio  de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al  considerarla   distorsionaron   su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso  juicio de identidad); también, cuando sin incurrir en  alguno  de  los  yerros referidos derivaron del medio probatorio deducciones que  contravienen  los  principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  la experiencia (falso  raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  le  correspondía  especificar  si el yerro consistió en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la ley u otorgarle  un  mérito  diverso  al  atribuido  legalmente (falso juicio de convicción), o  bien,  si los falladores al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener   tal   condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera  errada  su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley  para  su  práctica  o  aducción  (falso  juicio de legalidad), exigencias  lógicas  y argumentativas que en este asunto no acató el casacionista, todo lo  cual   permite   establecer   que   se  desentiende  de  su  deber  de  enunciar  “la  causal  y la formulación del cargo, indicando  en  forma  clara y precisa sus fundamentos y las normas que el demandante estime  infringidas”  (numeral  3º  del artículo 212 de la  Ley 600 de 2000).   

          Adicional  a  lo  anterior, el impugnante reclama que en la conducta  analizada  no  hubo  constreñimiento  por  parte  de  su  asistido  respecto de  Carlos  Arturo Barreto, pero  no  se  detiene  a  analizar  que  uno  de los verbos rectores dispuestos por el  legislador  para  el  delito  de  concusión  es  precisamente  el de solicitar,  acción  que  ningún  comentario  le  merece, amén de que tampoco señala, por  qué  mediando  la  entrega  de  un  dinero por parte de la víctima al servidor  público  que  ilegítimamente  se lo solicitó, tal proceder es recogido por el  delito de abuso de función pública, y no por el de concusión.   

          Finalmente,  si  la  queja  del  actor  se fundaba en la motivación  sofística  o  aparente  del  fallo, ahí sí le correspondía invocar la causal  tercera  de  casación,  siempre que precisara de qué manera los sentenciadores  adoptaron  la  decisión  reprochada  con  quebranto de los soportes probatorios  obrantes en la actuación.   

Las   razones   expuestas   irrumpen  como  suficientes  para concluir que el defensor no se sujetó a las reglas de lógica  y  suficiente argumentación exigidas para acceder a este mecanismo impugnaticio  extraordinario, por manera que el cargo debe ser inadmitido.   

2.            Segundo  cargo:  Violación  directa por  interpretación  errónea  de  los  artículos  4º  y  11  de  la  Ley  599  de  2000.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo   primero,  el  demandante  afirma  que  los  falladores  incurrieron  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial por interpretación errónea de los  artículos  4º  y  11  de  la Ley 599 de 2000, por interpretación errónea del  precepto que establece el principio de antijuridicidad.   

En  la demostración del reproche puntualiza  que  “la  inconformidad  con la sentencia se da por  los siguientes aspectos:   

“1º Se profiere  una  sentencia  condenatoria  sin  que  exista  la certeza de la responsabilidad  penal del implicado.   

“2º  Se  da  calidad de prueba a un informe policivo que no lo (sic) tiene.   

“3º Se desconoce  la  prueba  aportada  legalmente  al  proceso,  entre  otras,  a la practicada y  allegada  en  la  etapa  de la audiencia pública y se deja desvalorar la prueba  que fue aportada.   

“4º Se viola la  presunción   de   inocencia  por  cuanto  JAMÁS  el  despacho  demuestra  como  (sic)   las  afirmaciones  realizadas  por RODOLFO EMILIO VALDÉS RONDÓN son o fueron mendaces”.   

          Afirma  que  “el  despacho se limitó a  realizar  un  análisis  de las pruebas que consideró eran fundamentales, entre  otros  (sic), el informe de  los    agentes    del    CTI    sustentado    en    declaraciones   que   fueron  decepcionadas  (sic)  por el  mismo,  desconociéndose  la  prueba  que  fue  allegada  en  su  momento  a los  despachos   de   instancia”,  pues  “con  las  dos  pruebas  allegadas en la etapa de la audiencia, esta  testimonial   y   la   prueba   documental,   indudablemente  se  desvirtúa  la  acusación”, en cuanto se probó que el inmueble que  se  iba  a  dar  en venta tenía algunas deudas de servicios públicos y fue por  ello  que  en  la reunión entre el procesado y Carlos  Arturo Barreto, aquél habló de dinero.   

          De  lo  anterior concluye que en este asunto no se obtuvo la certeza  necesaria   para   proferir   fallo   de   condena  en  contra  de  RODOLFO  EMILIO VALDÉS RONDÓN y que, por  tanto, se impone su absolución.   

De otra parte, el casacionista dice que si en  los  delitos  de  peligro abstracto, como ocurre con la concusión, es necesario  que  se  demuestre  que el bien jurídico de la administración pública se puso  efectivamente  en peligro, tal situación no ocurrió en el caso examinado, dado  que  “las  insinuaciones  para acelerar el trámite  subsidiario,  que,  como lo acepta el fallo, ninguna operancia tuvo (sic)  porque con base en él (sic)  no  se  tomaron determinaciones de  efectos jurídicos”.   

          Con  fundamento  en  los  planteamientos  precedentes, el impugnante  considera  que  se imponía concluir que la conducta es atípica “por   no   afectación   del  bien  jurídico,  es  decir,  por  no  verificación  de  la antijuridicidad material” y por  tanto,  solicita  a  la  Sala  casar el fallo atacado, para en su lugar proferir  sentencia absolutoria a favor de su representado.   

          Consideraciones de la Sala   

          Dado  que  en el reparo examinado el defensor denuncia la violación  directa  de  la  ley sustancial, es oportuno señalar que dicho quebranto ocurre  cuando  a  partir  de  la  apreciación  de  los  hechos  legal  y oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  falladores  omiten  aplicar la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en cuanto yerran acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión evidente), realizan una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los supuestos que contempla el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene   o   le   asignan   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  (interpretación errónea).   

En tal caso, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  motivo  por  el  cual el debate se ubica en un ámbito  exclusivamente  jurídico,  sea porque se dejó de lado el precepto regulador de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho se adecua a una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  la  inteligencia  propia  de  la  norma  aplicable al caso  concreto,  circunstancia  que  precisa  del  casacionista  la  aceptación de la  realidad    fáctica    declarada   en   el   fallo   objeto   de   impugnación  extraordinaria.   

Ahora, si el objetivo del actor es cuestionar  la  actividad  probatoria o su apreciación judicial, le corresponde acudir a la  violación  indirecta  de la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce  de  manera  mediata,  de  conformidad con las diversas modalidades de errores en  que pueden incurrir los sentenciadores en tal materia.   

A partir de las precisiones expuestas la Sala  encuentra,  que  si  bien  el  censor  plantea  la  violación directa de la ley  sustancial,  su  denuncia  no  se  orienta  a  cuestionar  el  ámbito jurídico  –   conceptual   de  la  sentencia,  pues aunque insiste en la interpretación errónea de los artículos  4º  y  11  del  estatuto  punitivo,  lo  cierto  es que para fundamentar un tal  reproche  orienta  su esfuerzo a censurar el valor otorgado por los falladores a  las  pruebas  recaudadas,  todo  ello  en procura de aducir la presencia de duda  razonable de imposible eliminación a favor de su asistido.   

          Es  evidente,  que  dicha  alegación  no  comporta  una  discusión  conceptual,  sino un reproche sobre la demostración de la responsabilidad penal  de   RODOLFO   EMILIO   VALDÉS  RONDÓN,  a  partir  de  la  ponderación  de  las  pruebas  obrantes en el  expediente.   

Además, el censor confunde impropiamente el  ámbito  de las categorías dogmáticas a las que alude, esto es, la tipicidad y  la   antijuridicidad,   equívoco   que   se   sustrae   del  deber  de  indicar  “en    forma    clara    y    precisa”  (numeral  3º  del  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000) los  fundamentos de su censura.   

Así las cosas, es claro que si, de una parte, el defensor se aparta de  la  declaración  de  hechos  realizada en la sentencia recurrida y, de otra, se  ocupa  de  cuestionar  aspectos  atinentes  a  la demostración probatoria de la  responsabilidad,  la  tipicidad  y  la  antijuridicidad,  no somete su discurrir a las reglas que gobiernan  este   recurso,   circunstancia   que   conlleva   el  desconocimiento  de  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  del  fallo  e  impone  la inadmisión del reparo en tales condiciones  formulado.   

En    suma,    de   acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000,  habida  cuenta  que  las  mencionadas falencias en los  cargos  propuestos  no  pueden  ser enmendadas por la  Sala  de  acuerdo  con el principio de limitación que rige su actividad en este  trámite,  la decisión que  corresponde  adoptar no es otra que la de inadmitir el  libelo casacional.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,   violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado  VALDÉS    RONDÓN,   como   para   que  ello  determinara ejercer la facultad oficiosa que en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  RODOLFO    EMILIO    VALDÉS    RONDÓN,   por   las   razones  expuestas  en  la  parte  motiva  de  esta  decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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