29053(05-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 29053  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No. 320    

Bogotá,  D.C., cinco de noviembre de dos mil  ocho.   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por el Fiscal Primero Seccional  de  Fusagasugá (Cund.), contra la sentencia dictada en segunda instancia por el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cundinamarca el 12 de septiembre de  2007,  mediante  la  cual  condenó  al acusado ALFONSO  PRIETO  ALDANA  a  la pena  principal  de  cincuenta  y  dos  (52)  meses  de  prisión  y  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  término,  a consecuencia de hallarlo penalmente responsable del delito de actos  sexuales  con  menor  de  catorce  años,  al  tiempo que lo absolvió por el de  acceso  carnal  en  persona  puesta  en incapacidad de resistir, que también le  había   sido   imputado   en   el  escrito  de  acusación  presentado  por  la  Fiscalía.   

Hechos y actuación procesal.-  

1.- Aquellos, ocurridos en Fusagasugá, fueron  declarados por el juzgador a quo, de la manera siguiente:   

“Se tiene que el día sábado 27 de enero de  2007,  en  horas de la tarde, las menores Y. P. G. V1.          –  de  ahora  en  adelante  Y.- y F. J.  P.   -de ahora en adelante F.-, de 13 años de edad cada una, se dirigieron  a  la  casa  de  habitación  del señor ALFONSO PRIETO  ALDANA,  ubicada en el barrio Cedritos de esta ciudad,  por  insinuación  que  hiciera  la segunda de esas niñas mencionadas, lugar en  donde  este señor se encontraba solo. Una vez allí, fueron y consumieron licor  -específicamente    uno   llamado   ‘CHIN  CHIN’-,  en  abundante  cantidad  y  el dueño de casa, primero les ofreció, y luego les  puso  en  el  televisor  un video X o pornográfico. El alcohol hizo    que  Y. perdiera el sentido y vomitara, situación en la cual Prieto Aldana hizo  que  F.  saliera  de  la  casa  a llamar a su señora madre para sacar a la otra  niña,  lo cual efectivamente sucedió algún tiempo después, siendo llevada Y.  al  parque  del  barrio Pekín, en hombros del señor Jhon Jairo Melo, padrastro  de  F.,  lugar  a  donde  fue llamado el abuelo de Y., luego llevada a su casa y  posteriormente,  hacia  la  media  noche, al Hospital San Rafael de esta ciudad,  por  su  crítico  estado de alicoramiento. Allí se determinó, luego de examen  sexológico  del  médico legista, que la menor presentaba huellas y señales de  haber    sido    accedida    en   forma   violenta2,        de        manera  reciente”.   

2.-  La  Fiscalía  Delegada  ante  la URI de  Fusagasugá,  solicitó  al  Juez  Penal  Municipal  con funciones de control de  garantías,  la  expedición  de  orden  de  captura en contra de ALFONSO PRIETO  ALDANA,  a lo que se accedió en audiencia preliminar llevada a cabo el  30  de  enero de 2007. Lograda la aprehensión del requerido, la Fiscalía Seccional  presentó  el  caso  ante el Juzgado Penal Municipal con funciones de Control de  Garantías,   en   donde   solicitó  llevar  a  cabo  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura,  formulación de imputación e imposición de medida  de  aseguramiento, en desarrollo de la cual, de conformidad con lo dispuesto por  el  artículo  154  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, le imputó la  realización  del concurso de delitos de acceso carnal abusivo en persona puesta  en    incapacidad    de   resistir   –agravado  (Art.  207,  Inc.  1º  del  C.P. y Art. 211.4 ejusdem-) y  pornografía  con  menores  (Art. 218 Ib.), cuyos cargos no fueron aceptados por  el  imputado,  quien  se encontraba asistido por un profesional del derecho. Por  las  referidas conductas, el Juzgado le impuso medida de aseguramiento privativa  de  la  libertad  consistente  en  detención  preventiva  en establecimiento de  reclusión,  de  conformidad  con lo dispuesto en los artículos 307, literal A,  numeral 1; 308.2 y 310.1-4 del Código de Procedimiento Penal.   

2.1.-  En audiencia preliminar llevada a cabo  el  19  de  febrero de 2007, la Fiscalía procedió a la adición de imputación  en  contra  del  señor  ALFONSO PRIETO ALDANA por el delito de pornografía con  menores  previsto  en  el  artículo  218,  inciso  primero,  del Código Penal,  “en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  otra  menor  FJP”,  cuyos  cargos tampoco fueron aceptados por el  implicado.     

4.-        El       23  de febrero  de    2007,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  en el cual le  imputó     al     incriminado    ALFONSO    PRIETO  ALDANA  la  realización  del  concurso de delitos de  “acceso  carnal  o  acto  sexual    en    persona    puesta   en   incapacidad   de   resistir”  definido  por  el artículo 207 del  Código   Penal,   en   que   habría   incurrido   el   imputado   respecto  de  la  menor  Y,  en concurso  material  heterogéneo  con  el  de  pornografía con  menores,  de  que trata en el artículo 218 de la Ley  599   de   2000,   “éste   en  concurso  material  homogéneo,  con  relación  a  la exhibición del video pornográfico en el que  participaron  las  dos menores de edad, Y y F, con los  incrementos  punitivos del artículo 14 de la Ley 890 de 2004, y las previsiones  del  artículo  199  de  la  Ley 1098, Código de la Infancia y la Adolescencia,  respecto  de  su  numeral  7º,  el  cual  entrara en vigencia de conformidad al  Art.   216  Ibíd.,  a partir de la promulgación de  la   ley,   año  2006”,  y        agregó        que        “para  claridad  de  la imputación la  Fiscalía  sustrae  o  retira  los  cargos agravantes derivados al momento de la  audiencia  de  imputación,  las  circunstancias  descritas  en  el Art. 211 numeral 4, y las circunstancias  agravantes  con  su  correlativo  aumento  de penas que reglara el Código de la  Infancia  y  la  Adolescencia,  Ley 1098 de 2006 en su artículo 200”     (se     destaca).   

5.-  Ante  el  Juzgado Penal del Circuito de  Fusagasugá,     el  5    de   marzo       de      2007,  se  llevó  a  cabo  la audiencia de  formulación  de  la  acusación;  el  28     siguiente     la    audiencia    preparatoria    y,      finalmente,      los  días  5 y  7  de  junio  el      juicio      oral;  en  esta  última  fecha,   en   el   curso   de   los   alegatos   finales,   la    Fiscalía   varió   la   calificación   jurídica   de   la  conducta   que   en  la  acusación  tipificó  como  pornografía  con  menores,  por  la de actos sexuales  con    menor    de    catorce    años,  de  que  trata  el  artículo 209 del  Código   Penal.  Asimismo,  en  dicha  diligencia   el  juez  anunció    el    sentido    condenatorio   del   fallo de la siguiente manera:   

“-  Se  condenará al acusado  por el  delito  de  acceso carnal en persona puesta en incapacidad de resistir, cometido  en J. P. G., indicando los límites punitivos.   

“-    Se  absolverá  al  acusado  por  el  delito  de actos sexuales con menor de catorce  años, en la persona de J. P. G., argumentando unidad de acción.   

“Se condenará al acusado por el delito de  actos  sexuales  con  menor  de catorce años, sobre  la persona de F.J.P.,  indicando los límites punitivos.   

“Se  condenará  al  acusado  a  pagar los  daños  morales  que  se  determinarán en la sentencia a favor de las víctimas  J.P.G. y F.J.P.”.    

La  sentencia  fue  dictada  el 3  de  julio  de   2007  y  en  ella  se resolvió condenar al  señor  ALFONSO  PRIETO ALDANA a la pena principal de  ciento   sesenta   y   cuatro   (164)   meses   de  prisión  y  la  accesoria  de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por término igual al de la pena  privativa   de   la   libertad,   entre   otras   determinaciones,  como    consecuencia   de   hallarlo  penalmente     responsable    del    delito  de  acceso  carnal en  persona  puesta  en incapacidad de  resistir  -respecto  de  la  menor  Y-,  en  concurso heterogéneo con el de  actos    sexuales    con    menor    de    catorce  años   “cometido  en  la persona de la joven F,  constituido  por  la exhibición del referido filme pornográfico, pues es éste  un   método   o   manera   de   inducirla   a  prácticas  sexuales”, según  indicó en las consideraciones del fallo.   

En   esa  misma  decisión,  absolvió  al  acusado “del delito de  actos  sexuales con menor de catorce años, ejecutados sobre la persona de Y. P.  G. V.”.   

6.- El fallo fue apelado por la defensa, que  expuso,  entre otras, las siguientes consideraciones:  a)  se presentó una circunstancia violatoria del debido proceso, consistente en  que  el  juzgador  permitió  que  la  fiscalía  expusiera  la teoría del caso  delante  de  los testigos que habían sido convocados al juicio oral;     b)     existen    dudas sobre  la  ocurrencia de los hechos y la responsabilidad del  acusado;    c)  su  asistido  no  obligó  a la menor a que tomara bebidas embriagantes, por lo cual  no  la  puso  en  situación  de  indefensión  sino  que  se  aprovechó  de la  misma.      

       

El  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de   Cundinamarca,  al  conocer  en  segunda instancia de la impugnación interpuesta contra el fallo de  primer     grado,     mediante     sentencia     proferida    el    12        de        septiembre    de    2007    decidió  negar   la   nulidad   invocada   por  la  defensa,  revocar   parcialmente  la providencia recurrida  y    “en     su     lugar    absolver   a  ALFONSO  PRIETO  ALDANA  por  el delito de acceso carnal en persona puesta en  incapacidad  de  resistir consagrado en el artículo  207  del C.P. y confirmar la condena por el delito de  actos  sexuales  con  menor de catorce años previsto  en  el  artículo 209 del C.P. a la pena principal de cincuenta y dos (52) meses  de prisión”, entre otras decisiones.   

7.- Contra el fallo de segunda instancia, en  oportunidad       la      Fiscalía      Primera  Seccional  Delegada  ante  el   Juzgado   Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  mediante la presentación del  escrito   de   demanda,   el  cual  fue  admitido  por  la  Corte  (FL. 5 cno. Corte).   

La demanda.-  

Con  apoyo en lo dispuesto por el artículo  181  del  Código de Procedimiento Penal de 2004, el demandante formula un cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  en el que la acusa de ser violatoria, por  vía  indirecta,  de  disposiciones  de  derecho  sustancial  y en su desarrollo  postula     cuatro  errores  de  hecho  por  falso     raciocinio     en    la    apreciación    probatoria,    porque  el  Tribunal  “no  aplicó  las reglas de experiencia”  y   “no  aplicó  los  principios de la ciencia”.   

Estos  desaciertos,  dice,  condujeron a la  aplicación indebida del artículo 7º de la Ley 906  de   2004,   sobre   el  in  dubio  pro  reo,  y  la  consecuente  falta  de aplicación del artículo 381  ejusdem  relativo  al  “conocimiento más allá de  toda  duda,  acerca  del  delito y de la responsabilidad del acusado”  como  presupuesto de la sentencia  de  condena, así como del artículo 207 del Código  Penal,  relacionado con el  tipo  penal  de  acceso  carnal  en persona puesta  en incapacidad de resistir.   

CAUSAL  TERCERA.  Desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba sobre la que se fundó el fallo.   

ÚNICO      CARGO.     Violación  indirecta de disposiciones  de  derecho  sustancial.  (Aplicación  indebida del  artículo  7º de la ley 906 de 2004 y falta de aplicación del artículo 207 de  la Ley 599 de 2000).   

Primer  reproche. (Error de hecho  por   falso   raciocinio.   Desconocimiento   de  las  reglas  de  experiencia).   

Sostiene  que  en  la  sentencia de segunda  instancia,  se  indica  que  la  joven  Y no fue obligada o conminada a consumir  licor,  sino  que  ésta  lo libó voluntariamente, por lo cual, en criterio del  juzgador,   no   se   estructura   el   delito  de  acceso  carnal  en  persona  puesta  en incapacidad de  resistir   previsto   en   el   artículo   207  del  Código  Penal, lo que el demandante considera equivocado.   

Manifiesta     que     “nada  tendría  que  decir  al  respecto,  si  estuviésemos en  presencia  de  una  mujer  mayor  de  edad,  que voluntariamente, así haya sido  invitada  al  consumo,  opta  por  escanciar o tomar licor. Pero no sucede igual  con  persona  menor  de  edad,  pues por su inmadurez física y por sobre todo  sicológica,  es  previsible,  sin  duda  alguna,  que  pueda  caer en estado de  inconciencia  o  de  incomprensión,  y que así lo supiere y quisiera el adulto  que      interesado      la      invita      a     la     ingestión”.   

En  este  caso,  el agente, con 64 años de  edad,  sabe  por  su  propia  experiencia, que una menor de 12 años, al ingerir  licor    en    proporción   “como   diez   copas  llenas”  sucumbe  y  pierde  toda  posibilidad  de  resistir a cualquier ataque que se produzca en su contra.   

Anota  que  el  procesado,  conocedor de la  condición     humana,    instrumentalizó   a   la   joven   y,   en   contra   de   sí   misma,  la  influenció  para  que  ingiriera  varias  copas  de  aguardiente          y          esperó que  el       licor       surtiera      efecto,   con  lo  cual  generó la  incapacidad de resistir.   

“La  trascendencia  de este error por falso raciocinio, dice, se traduce en que si el  Tribunal  hubiere  optado  por confirmar la condenación, no lo habría sido por  el  delito  de  acceso  carnal en persona     puesta    en    incapacidad    de    resistir    previsto  en el artículo 207 de la Ley  599         de          2000,  sino por acceso carnal en  persona en incapacidad de resistir  contenido  en  el  artículo  208 ibídem,  norma esta última que comporta menos dosis de pena de prisión  a  imponer,  y  que  no  consulta con los hechos conocidos, generándose de esta  manera        una       forma       parcial       de       impunidad”.   

Dice  aspirar  a  que  la  Corte  case  la  sentencia  censurada  y  en  su lugar disponga la confirmación de la de primera  instancia,  “para así garantizar efectivamente los  principios  y  postulados  constitucionales  reglados  en  el artículo 44 de la  Carta                  Política”.   

Segundo           reproche.  (Error  de  hecho por falso  raciocinio. Desconocimiento de las leyes de la ciencia).   

Después de producir un aparte del fallo de  segunda  instancia, en el cual se alude a la conclusión del dictamen pericial y  a  la  posibilidad  de que con anterioridad a los hechos la menor hubiese tenido  relaciones  sexuales,  sostiene que el Tribunal desconoció los postulados de la  sana    crítica    toda    vez    que  ignoró  los  principios  de  la  ciencia,  según  la  cual una  desfloración   himeneal  de  hasta  doce  días  de  antigüedad      se     denomina     “reciente”,  en  tanto  que  la  “desfloración   antigua”  es  aquella  que  sobrepasa dicho  lapso.    

Anota  que  ni  en  Colombia,  ni  en ningún otro país, existe una  manera  científica  de  establecer  que el tiempo de  antigüedad   de   la   desfloración  sea  de  apenas unas pocas horas, o de  unos  pocos  días  de  sucedido el hecho,    como   parece   lo   extraña   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

Agrega  que  la  duda  que  se  exige  como  generadora  del  fallo  absolutorio,  no puede ser de  cualquier                tipo, sino que ha de ser razonable, de  cierta    entidad,    sustentable   y   entendible   por   todos,   y  no  como  en  este  caso  en que se  desecha  un  dictamen  pericial en lo relacionado con  el  momento  en  que pudo  haber   tenido  lugar  el  desgarro  himeneal.   

Si  se  hubiere  aceptado   que   la   finalidad   de   la  experticia  era conocer  si  la  menor  presenta desfloración  y  si  esta  fue  reciente  o antigua, al conocerse  que    el   desagarro  fue reciente, se tendría  otro    hecho  indicador de que el imputado  fue  el  autor  del  delito  investigado,  pero  no  pretender,  como  lo hace el  Tribunal,  que el concepto médico sería suficiente  para determinar la responsabilidad del acusado.   

“Entonces,  concluye,  al  no  estimarse el dictamen, o darle menor precio, o pretenderse un  imposible  respecto  de  la  ciencia  y  la experiencia, se hizo que el conjunto  probatorio  no  adquiriese o mostrase ese convencimiento para condenar que exige  el  inciso final del artículo 7º, y en eso consiste la trascendencia del error  denunciado”.   

   

Tercer  reproche.  (Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Desconocimiento de las reglas de experiencia).   

El           Tribunal desestimó la declaración de  la  menor,  incurriendo  con  ello  en  el  error que denuncia, pues,   en   su   criterio,  “no  le  es  permitido  al fallador desconocer la declaración de  una  niña de 12 años para el momento del testimonio, con el débil y huérfano  argumento  de que no se le cree. No se trata aquí, contrario sensu, de que deba  creérsele  porque  sí.  Tampoco.  Pero la decisión de no darle crédito a una  deposición  (sic)  judicial  debe  ampararse en fundamentos y razones que obren  dentro  del  enjuiciamiento,  que de manera coherente y convincente señalen los  vicios  y  defectos  de  la  declaración  por  los  cuales  pierde  seriedad  y  credibilidad”.       

En opinión del censor, del testimonio de la  menor  Y se evidencia sinceridad y franqueza en todo los expuesto, y no afán de  perjudicar  al  acusado. Simplemente relata lo que le consta hasta el momento en  que  quedó  profundamente dormida, pero sin atacar o censurar al acusado o a su  amiga.   

“Luego  si  esta  niña aseguró no haber  tenido  relaciones  sexuales  para  antes  del  día  de su arribo a la casa del  señor  Prieto,  y  el  conjunto  de su declaración  está  cruzado  por la percepción de que dice la realidad de lo acontecido, que  es  sincera  y franca en su atestación, y no se aducen argumentos que destronen  la  presunción  de  la  buena  fe  en  el comportamiento y declaraciones de las  personas,  en  el sentido que dicen la verdad, no hay camino diferente, ni puede  haberlo,  dentro  del  concepto del juego limpio que es el proceso penal, que se  opone   a   la   arbitrariedad,  que  creerle  a  esta  jovencita”,    y   agrega   que   “la  misma  experiencia  judicial  nos  ha  enseñado  cómo los  dictámenes  médicos  sexológicos  como el cuestionado, han servido para mejor  sustentar  infinidad  de sentencias condenatorias. Con el argumento expuesto por  el  H.  Tribunal se generaría una brecha importante de impunidad”.   

Considera,  por  tanto,  que  el  Tribunal  incurrió  en  error  de raciocinio al desconocer la regla de experiencia según  la  cual  de  los declarantes debe esperarse que digan la verdad, como lo impone  la   presunción   de   buena  fe,  pues,   según   sostiene,   “igualmente  la  experiencia enseña  que  niñas  de  doce  años  cumplidos,  en  su inmensa mayoría aún no se han  iniciado en la vida sexual”.    

Cuarto  reproche.  (Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Desconocimiento de las reglas de experiencia).   

    

Manifiesta  que  el  yerro del sentenciador  consistió  en  considerar  que  el  a  quo afirmó que la menor F se demoró de  treinta  a cuarenta y cinco minutos recorriendo la distancia que existe entre su  casa  y  la  del  acusado,  y explicar después, según el recurrente   “que  la  joven tenía mal cálculo del transcurso  del  tiempo,  pues  en  verdad en la declaración de F se invirtieron cuarenta y  cinco  minutos, y de esa manera tratar de demostrar que no pudo ser cierto que F  en  su  itinerario  de  búsqueda   de su señora madre, sólo haya gastado  diez    segundos,    como    lo    expresó    en    su   declaración   en   la  audiencia”.   

El censor   considera   que   el   error  del          Tribunal          consistió  en  no  haber  reconocido  que  de  todas  maneras transcurrió un tiempo entre  los  momentos en que la menor caminó tres cuadras de  ida,  tres de regreso, otras hacia el centro de oración, otras de retorno, más  el  que  invirtió  contándole  tanto  a  su  progenitora  como a John sobre lo  acontecido;  que durante  dicho  tiempo  el  acusado  permaneció  sólo  con la menor  y,  además,  “que  fue  durante dicho lapso que se verificó la  agresión sexual que nos concita”.   

Considera    que    si    se  acepta  como  corresponde  que  el  acusado   y   la   menor  estuvieron  solos  durante  un  rato,  y  se   acude  a  las  demás  probanzas  vistas  en  su  conjunto,  “la  conclusión  razonable y aceptable es que fue  este  señor  el  agresor,  y  que  su conducta se ejecutó durante ese lapso de  soledad con la menor”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida  y,  en consecuencia, condenar al acusado  ALFONSO  PRIETO  ALDANA  por  el  delito  de  acceso carnal en persona puesta en  incapacidad  de  resistir, previsto en el artículo 207 del Código Penal.   

Audiencia  de sustentación.-  

En  la  audiencia  de  sustentación oral del  recurso  extraordinario,  que  la Corte dispuso llevar a cabo de conformidad con  lo  previsto  por  el inciso último del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, se  presentaron las siguientes intervenciones:   

1.-  Del  Fiscal  Delegado  ante  la  Corte  Suprema de Justicia.   

Es  de  advertir  que  mediante  Resolución  Número  0-1677  expedida el 3 de abril de 2008, el Fiscal General de la Nación  designó  especialmente  a un Fiscal Delegado ante la Corte Suprema de Justicia,  para  sustentar  e  intervenir  como  sujeto  procesal en el presente asunto, en  representación de la Fiscalía General de la Nación.    

En  uso  de  la palabra, manifestó que apoya  íntegramente  la  demanda  de  casación  presentada por el Fiscal Seccional de  Fusagasugá,  reiteró la solicitud de casar la sentencia recurrida y pidió, en  consecuencia,  condenar  al  acusado  por  el delito de acceso carnal en persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir  previsto  en el artículo 207 del Código  Penal.   

2.- Del Ministerio Público.  

La  Procuradora  Tercera  Delegada  para  la  Casación  Penal,  en  uso  de  la palabra, comienza por manifestar que  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  mediante  la  sentencia que es objeto del  recurso  extraordinario,  anuncia que va a realizar la valoración probatoria de  conformidad  con  lo  que  establecen  las  reglas  de  la  sana crítica, entre  ellas,   los  dictados  de  la experiencia, los principios de la ciencia, y  adoptando   posiciones   razonadas,  fundadas  y  equilibradas.  Es  decir,  con  fundamento  en  lo  dispuesto  por  el  artículo  179  de la Ley 906 de 2004, y  lógicamente  de  conformidad  con  lo  previsto por el artículo 176 del citado  estatuto,  que  lo faculta en segunda instancia para conocer de la apelación de  una sentencia condenatoria.    

Observa  entonces  que  serían  cuatro  los  aspectos   puntuales  que  llevan  al  Tribunal  a  apartarse  de  la  decisión  condenatoria   de  primera  instancia:  i)     el     consentimiento     de    la    víctima;    ii)  el  dictamen  pericial;  iii)  la  posibilidad  de que la menor con  antelación  a  los hechos hubiera sostenido relaciones sexuales y; iv)  el  tiempo que la menor permaneció a  solas con el acusado.   

Advierte que las decisiones que ahora convocan  la  atención  de  la  Sala,  son  diametralmente opuestas, es decir, pese a que  tanto  el  Tribunal como el Juzgado se basan en el mismo acervo probatorio, cada  cual  realiza  el análisis bajo una óptica distinta, y ello lleva a que dichas  autoridades       brinden       una      respuesta      punitiva      totalmente  opuesta.      

Considera  que cuando en segunda instancia se  invoca  la  existencia de falso raciocinio en la valoración probatoria, se debe  reflexionar  sobre lo que se conoce como principio de inmediación, toda vez que  es  uno  de  los  puntos basilares del sistema acusatorio introducido por la Ley  906 de 2004.   

Sostiene  que la Corte se ha ocupado del tema  en  varias  oportunidades,  entre  ellas  en la sentencia de casación del 28 de  noviembre  de  2007 dentro del proceso radicado con el número 28656, en la cual  se  hace una explicación de cada uno de los  principios rectores que en el  juicio oral gobiernan la valoración probatoria.   

Manifiesta que en dicho pronunciamiento, entre  otras  cosas  se  dice que el principio de inmediación comprende la percepción  directa  de  las  pruebas  por  parte  del  juez  y que ello es fundamental para  efectos  de  la  valoración  probatoria  que debe realizar el funcionario en la  decisión  que adopta. Por razón de esto, considera que en segunda instancia la  legitimidad  de la decisión que el juzgador ad quem adopta, cuando esta gira en  torno  a  una  nueva  valoración  de la prueba, merece un tratamiento especial.   

En ese sentido destaca que la inmediación no  puede  constituirse  en  un  blindaje  para que en segunda instancia no se pueda  volver  a  valorar  aquello  que durante el juicio el juez a quo directamente ha  percibido  por  sus sentidos, sino que, por el contrario, cuando se trata de una  prueba  testimonial,  es  deber del funcionario ad quem hacer un análisis mucho  más  razonado  sobre  los  motivos que lo llevan a apartarse de la decisión de  primer grado.   

Menciona al efecto cómo el artículo 93 de la  Carta  Política,  que  introduce  los  instrumentos  internacionales en nuestro  ordenamiento  jurídico,  lleva  de  la  mano  al  Pacto  Internacional de   Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  cual,  en  el  artículo  14, numeral, 5,  establece  el derecho de toda persona que sea declarada culpable de un delito, a  que  el  fallo  condenatorio sea sometido a un tribunal superior, de acuerdo con  lo  que  se  prescriba  sobre  el  punto en la ley. Esto invita, dice, a que las  sentencias  tengan  que  ser  motivadas,  y  con  mayor razón cuando en segunda  instancia  se  realiza  una valoración probatoria disímil de la llevada a cabo  por el juzgador de primer grado.   

Por esto, anota que la argumentación que debe  hacer  el  ad  quem  de  la  sentencia   sobre  la valoración de la prueba  practicada  con  la inmediación debida, debe ser racional, razonable, lógica y  razonada,  para  que  pueda  llegar  a  derribar la relación que se traba en el  juicio  entre  el  juez  y  la  prueba,  la  cual  hace  que  haya  mediado  ese  conocimiento directo entre el juez y el elemento probatorio.   

En    relación   con   el   primer    error    denunciado   por   el  casacionista,  advierte  que  se  refiere  al  consentimiento de la víctima. Se  indica  en  la  sentencia  que  las  menores de edad acudieron a la vivienda del  señor  ALFONSO  PRIETO  ALDANA  y  que  allí  éste  les  ofreció  una bebida  alcohólica,  que una de ellas consumió profusamente en tanto que la otra no se  la  tomó  y  por lo mismo no llegó al estado de alicoramiento a que arribó su  compañera.   

El  Tribunal  consideró  que con ese acto la  menor  asumió  y  aceptó la situación, y que por lo tanto dicha circunstancia  merecía  un  análisis  especial  en  el  proceso.  Advirtió  que  si  bien el  artículo  207  del  Código Penal califica como delito la conducta de colocar a  una  persona  en  situación de imposibilidad de  resistir, si se establece  que  medió  consentimiento  de  la  víctima,  esto  afecta  la tipicidad de la  conducta.   

La Delegada es del criterio que cuando el juez  se  enfrenta  a la existencia del consentimiento expresado por un menor de edad,  esto  lo  obliga  a  realizar  una  valoración  probatoria mucho más profunda,  precisamente   en   aplicación  de  aquello  que  tanto  la  doctrina  como  la  jurisprudencia       han      denominado      “interés      superior      del  adolescente”.   

Recuerda  que la Corte Constitucional, en los  eventos  en  que se ha ocupado de lo relativo al abuso sexual contra menores, ha  considerado  la  posibilidad  de  que resulten aplicables al caso algunas reglas  internacionales  establecidas  para  regular  los  conflictos  internos. Cita al  efecto  la  sentencia  C-1291  de  2001,  en  la  cual,  según  dice,  la Corte  Constitucional se refiere al tema.    

Advierte asimismo, que el Estatuto de Roma, o  Estatuto  de la Corte Penal Internacional, así como las Reglas de Procedimiento  y  Prueba de la Corte Penal Internacional, indican las pautas específicas sobre  pruebas en materia de violencia sexual.   

Al  efecto  menciona la Regla 70 b, sobre los  principios  de  la  prueba  en  caso de violencia sexual, específicamente en lo  relacionado  con  el  consentimiento  de  la  víctima,  el  cual,  según dicha  disposición,  no  podrá inferirse de ninguna palabra o conducta de la víctima  cuando ésta sea incapaz de dar un consentimiento libre.   

De  igual  forma,  menciona  que el literal c  ejusdem,  indica  que el consentimiento no podrá inferirse del silencio o de la  falta    de    resistencia    de   la   víctima   a   la   supuesta   violencia  sexual.      

Es decir, anota que como en este caso se está  en  presencia  de  una niña de doce años de edad, que si bien  aceptó el  ofrecimiento  de  consumir  bebidas  alcohólicas,  eso  no  significa  que  ese  consentimiento  pueda  ser  analizado  como una forma en la cual ella asiente de  manera  voluntaria  y  libre,  la circunstancia de quedar en la imposibilidad de  resistirse a una agresión sexual.   

Considera  que  ese  análisis que realiza el  Tribunal,  después  de  haber anunciado que lo iba a hacer de manera razonable,  lógica  y  equilibrada, se aleja en grado sumo del propósito advertido, porque  este  primer  aspecto,  relativo  al  consentimiento de la víctima, merecía un  análisis  especial,  ya  que  se  trataba de una niña de escasos doce años de  edad.       

Respecto del segundo  reparo propuesto por el recurrente, relacionado con el  error  de  hecho por falso raciocinio por no haber aplicado los principios de la  ciencia,  anuncia  que  el  Tribunal  también  en  este  caso se apartó de los  conceptos  científicos que no solamente acompañaron el dictamen pericial, sino  que  fueron  expuestos  de  manera  oral  en  el  juicio  por  parte del médico  legista.   

Advierte  que el perito hizo un estudio sobre  las  condiciones de la menor abusada, no solamente con relación a la ingesta de  alcohol,   sino   con   aquellos  hallazgos  que  estimó  compatibles  con  una  desfloración  reciente.  Este último aspecto fue precisamente el motivo por el  cual  el  recurrente  consideró que no existía claridad en el dictamen, que el  término  “desfloración  reciente” permitía deducir que dentro de los diez  días  anteriores  la  niña  había  sostenido  relaciones  sexuales  y que era  imposible  establecer  con  exactitud  si  éstas  habían  tenido lugar el día  anterior.   

En   opinión   de   la   Delegada   de  la  Procuraduría,  el  Tribunal no se ocupó de analizar a profundidad este aspecto  tan  importante del  dictamen pericial, mucho menos el sustento científico  de  sus  conclusiones,  y  por  eso  llegó  a  una decisión equivocada. En ese  sentido   destaca   que  los  protocolos  para  el  estudio  de  la  valoración  sexológica  de  una  menor,  como lo tiene determinado el Instituto de Medicina  Legal,  precisan  que  se  denominan “recientes” aquellas desfloraciones que  tienen  una  antigüedad menor de diez días, y se califican como “antiguas”  aquellas que sobrepasan ese tiempo.   

Considera entonces que en el fallo de segunda  instancia  se  asumieron  posiciones  categóricas  como  si  provinieran  de un  análisis   de   carácter  científico  sin  ser  ello  cierto.  Se  dijo,  por  ejemplo,   que no se había presentado sangrado y que no se habían hallado  restos  de  semen  en  el  examen de la niña. Realmente esto, en opinión de la  Delegada,  no  tiene  respaldo  científico, careciendo por ende de importancia,  pues  lo  cierto es que se está en presencia de un acceso carnal, en el cual la  víctima fue puesta en una situación en la cual no pudo resistir.   

Es   decir,   de  acuerdo  con  tales   hallazgos,  la  violencia  resulta  siendo  menor,  pero de todas maneras,   según  el dictamen, como lo expuso el perito en el juicio oral, en el examen se  observaron  genitales  externos  eritematosos  y desgarros de bordes edematosos,  términos  que  indican  que  efectivamente  hubo enrojecimiento e inflamación,  situaciones compatibles con una desfloración reciente.   

Refiere  que en el juicio oral el doctor Hans  Lozano,   médico   forense,  explicó  ampliamente  el  estudio  que  realizó,  respondió  a  las  preguntas  de  la  defensa,  fue  enfático en establecer el  carácter  de  la  desfloración  de  la menor y como ésta efectivamente había  ocurrido,  pero no podía establecer si el acusado fue el autor de la conducta y  en  qué  momento se realizó, pues nunca a través de un peritaje, como lo dijo  él  en  la audiencia, podrán establecerse criterios determinantes para deducir  la responsabilidad penal.   

En  cuanto  tiene que ver con el tercer  error a que se alude en la demanda,  el  cual  se  refiere  a  violación  de  las  reglas  de  las experiencia en la  apreciación  de  la  declaración de la menor, la Delegada recuerda que la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia ha venido elaborando una  jurisprudencia  sólida  e  importante en torno al respaldo que debe dársele al  testimonio  de  la  víctima  de  abuso  sexual,  cuando se trata de un menor de  edad.   

En   este   caso,  dice,  para  valorar  la  credibilidad  que  la  testigo merece, existe un plus sobre este tema como es el  dictamen  médico  psiquiátrico  que  practicó  la  doctora  Heidi  Luz  Chica  Urzola,   en  el  cual  dio cuenta de las situaciones particulares que  observó  en  la  niña, tales como la tristeza que la acompañaba en el momento  del examen, el lenguaje que mantenía y la actitud asumida.   

Esto debe unirse al testimonio rendido durante  el  juicio  con el acompañamiento de un funcionario del Instituto Colombiano de  Bienestar  Familiar,  en  donde  la menor refirió la manera como ocurrieron los  hechos,  lógicamente  hasta  donde  tuvo  memoria, porque después de perder la  consciencia  vino  a recuperarse en el Hospital de Fusagasugá, es decir, cuando  ya todo había ocurrido.   

En    cuanto    hace    al   último  de los errores que el casacionista  denuncia  haber  cometido  el Tribunal, esto es, el relacionado con el tiempo en  que  supuestamente  el  procesado  estuvo  a  solas con la víctima, la Delegada  advierte  que  se trata de un tema que surgió de la relación directa entre los  sentidos  y  la  prueba,  y  ello  llevó  al  juez  a  hacer una valoración de  carácter personal.   

En  la diligencia de declaración de la menor  F,  el  juez le solicita que manifieste efectivamente cuanto tiempo medió entre  el  momento  en  que  salió de la casa de habitación del señor ALFONSO PRIETO  hasta  cuando  regresó nuevamente a recoger a la menor, para entregársela a su  abuelito.  La  niña  refiere  que  transcurrió  muy  poco  tiempo, al punto de  mencionar apenas unos escasos segundos.   

La  Procuradora Delegada estima que este tema  es  muy  difícil  para  un adulto y con mayor razón para un niño. Es por esto  que  el  juez,  con  el  fin  de clarificar el sentido de la respuesta,  le  pregunta  a  la  menor  sobre el tiempo que transcurrió desde el momento en que  inició  su  testimonio  hasta aquél en que lo termina. Ahí la menor evidencia  tener  confusión  y  por  ello  el juez deja constancia sobre lo sucedido, como  efectivamente lo plasma en la sentencia.   

El  sentenciador  destaca que la menor tenía  confusión  en  cuanto  al  aspecto  temporal,  y  que  por lo tanto su dicho no  podía   analizarse  sino  a  través de otros medios probatorios. Debido a  esto,  el  Juez  hace  una  reconstrucción  sobre la manera como ocurrieron los  hechos,  es  decir  aquellas situaciones desde el momento en que la menor F sale  de  la  casa  del señor Alfonso Prieto, va en busca de su madre, la encuentra y  regresa,  y  a partir de allí considera el tiempo que lógicamente debió haber  mediado entre un episodio y otro.   

La  Procuradora  Delegada  considera  que  el  análisis  que hace el juez en ese momento, es serio, razonable, ponderado y con  fundamentos  fácticos  para  ello,  que  se  contrapone  con  el estudio que el  Tribunal  realiza,  en  el  cual  incluso  se  confunde,  pero además carece de  sustento fáctico.           

En  resumen,  dice,  el señor ALFONSO PRIETO  ALDANA,  fue  condenado  en  primera  instancia  por el concurso heterogéneo de  acceso  carnal  en  persona  puesta en incapacidad de resistir y por acto sexual  con  menor de catorce años en relación con los actos realizados sobre la menor  F.  J.  P.  Luego  en  segunda  instancia,  fue absuelto por el delito de acceso  carnal  en  persona  puesta  en  incapacidad de resistir y en este momento está  privado  de la libertad en la población de Fusagasugá solamente por el de acto  sexual con menor de catorce años.   

Culmina  diciendo  que  el  estudio llevado a  cabo,  después  de  haber  revisado todos los videos, el desarrollo del juicio,  las  valoraciones  a  las  que  llega el Juez Penal del Circuito de Fusagasugá,  así  como  la  normatividad  internacional  que  invita a un análisis especial  cuando  los  menores de edad son víctimas de delitos sexuales,  le permite  al  Ministerio  Público  solicitarle  a la Corte, casar la sentencia de segunda  instancia  y  proferir  el  fallo de reemplazo en el cual también se condene al  acusado  en  relación  con  el delito definido por el artículo 207 del Código  Penal.           

3.-   De   la   representante   de   la  víctima.   

La defensora de familia vinculada al Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar,  en  su  condición  de representante de la  víctima,  en  uso de la palabra manifiesta que coadyuva la demanda de casación  presentada por el Fiscal Seccional Delegado de Fusagasugá.   

Solicita a la Corte  casar la respectiva  sentencia,  y   condenar al señor ALFONSO PRIETO ALDANA por la conducta de  acceso  carnal  en  persona  puesta  en  incapacidad de resistir, de la cual fue  víctima la niña Y. P. G.   

     

4.-  Del defensor del señor ALFONSO PRIETO  ALDANA   

Como  sujeto  procesal  no  recurrente,  el  defensor  del  acusado  se  opone a las pretensiones contenidas en la demanda, y  por   el   contrario   solicita   mantener  la  decisión  adoptada  por  el  ad  quem.   

Considera al efecto que los cargos contenidos  en   la   demanda   no   están   llamados   a   prosperar  por  las  siguientes  razones:   

El  recurrente argumenta que se debe casar la  sentencia  demandada  por  cuanto el Tribunal Superior de Cundinamarca incurrió  en  una  violación  indirecta   de  la  ley sustancial por error de hecho,  básicamente  señalando que no valoró la prueba en conjunto, ni tuvo en cuenta  los   indicios   graves   de   responsabilidad   que  militaban  en  contra  del  acusado.   

En  opinión  de  la  defensa, al Tribunal le  asiste  la  razón cuando afirma que el señor PRIETO ALDANA nunca obligó a las  menores  a  consumir licor, toda vez que la bebida fue sacada del sitio en donde  se  encontraba  por  la propia voluntad de las menores, y fue una de ellas quien  quiso consumirla.   

Sostiene  que  así lo señala la niña F. J.  cuando  dice  que  J.  tomaba por su propia voluntad, que una de las menores fue  hasta  la  nevera  y  sacó  la  botella,  mas  no  que el licor le hubiese sido  proporcionado  por  el  acusado. Anota, asimismo que el implicado ha aceptado su  responsabilidad  frente  al  hecho de haber permitido la proyección de un video  pornográfico,  y  que  esto  no  fue  tema  de  discusión  de la defensa en la  sustentación  del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra la sentencia de  primera instancia.   

Considera  que  por ello no se puede pregonar  que  el  señor  Prieto  Aldana  hubiese  puesto  a  la  menor en incapacidad de  resistir  o  que su voluntad estuviera encaminada a producir tal situación para  después  aprovecharse  de la misma, como erradamente ha sido manifestado por la  Fiscalía.  Mucho  menos  que  el Tribunal, al hacer tales apreciaciones con las  cuales  acoge  los  planteamientos  del  defensor, haya incurrido en un error de  hecho  por  falso  raciocinio,  como  en  sentido  contrario  se sostiene por el  demandante en casación.   

Observa que la decisión del Tribunal obedece  justamente  a  que  la  aplicación  del  derecho  penal  no  se  puede basar en  suposiciones,   sino  en  hechos  reales  y  concretos,  es  decir,  debidamente  soportados  con  la prueba necesaria que aleje al juzgador de toda duda respecto  de la responsabilidad de quien juzga.   

Sostiene   que  efectivamente  el  Tribunal  Superior  de Cundinamarca  apreció la prueba conforme a los postulados del  ordenamiento  procesal  penal,  y  por  razón  de  ello  no  podía imponer una  sanción mayor como lo pretende la Fiscalía.   

Advierte   sobre  la  existencia  de  otras  situaciones,  las  cuales  en su opinión, si se las analiza en conjunto, llevan  indiscutiblemente  a  que  aflore  la  duda respecto de la responsabilidad de su  asistido  en  los  delitos  que  fueron  materia de estudio, y por razón de los  cuales el Tribunal tomó la decisión de absolver.   

Respecto del segundo  error  de  que  se  ocupa  la  demanda  de  casación,  sostiene  que  el Tribunal Superior, acogiendo igualmente los planteamientos que  hizo  la defensa y haciendo un estudio pormenorizado de la prueba,  señala  que  efectivamente el dictamen pericial no es claro, no brinda la certeza de que  el  procesado  haya sido el causante de la lesión himeneal o el acceso carnal a  la menor.   

Considera que en tal aspecto se debe tener en  cuenta  que  efectivamente  esa  membrana  es por naturaleza congestiva, con una  gran  afluencia  de  vasos  sanguíneos,  y  por  razón de ello, al desgarrarse  necesariamente  debe  producir  un sangrado. Anota que de haber ello sucedido en  este  caso,   fácilmente  había  podido  ser  detectado  por el galeno al  examinar  a  la menor, máxime si ésta fue valorada poco después de los hechos  y  se  considera  que  en  su  ropa interior tampoco se encontraron vestigios de  sangre  que  llevaran  al  médico  legista  a  hacer  una   afirmación al  respecto.   

Anota  que  aún  si se acude a suposiciones,  como  lo  ha hecho el recurrente, de que la desfloración se produjo la noche de  los  hechos,  en tal evento también surgiría la duda de la responsabilidad del  acusado,  por cuanto la menor estuvo en manos de varios sujetos quienes pudieron  haberle causado el daño.   

Advierte también, tal como su asistido lo ha  manifestado  y  ha  sido  reiterado por la misma F, que ella no se demoró en el  momento  en  que salió a buscar ayuda de su madre y que el señor PRIETO ALDANA  permaneció  muy  poco  tiempo con la menor, como para suponer que contó con el  tiempo  necesario  para  haberla accedido carnalmente, según es considerado por  la  Fiscalía.  Además  resalta que la menor F dijo haber encontrado a su amiga  en  las  mismas  condiciones  en  que  la  dejó  cuando ella abandonó la casa.   

Indica  que  efectivamente  el  dictamen  del  médico  legista  es  muy  pobre, porque no brinda, como lo señala el Tribunal,  esa  certeza de que el desgarro himeneal se haya presentado de manera inmediata,  pues  a  pesar  de  que  la  menor  fue revisada por los médicos al poco tiempo  después  de  haber  sido  sacada  de  la casa de Alfonso, no se consignó en el  informe  que  el  perito  hubiera  observado  huellas de sangre al examinar a la  niña,  como  tampoco  en  su  ropa  interior  que  para el citado efecto le fue  llevada   al   despacho   del   galeno,   justamente   por   la  familia  de  la  menor.   

Sostiene que si bien es cierto en Colombia no  hay  posibilidades  de determinar el tiempo exacto de haber sucedido el desgarro  himeneal,  en  este  caso  se  habría podido determinar con el sangrado si ello  aconteció  la  misma  noche  de  los hechos. Pero como hubo ausencia del fluido  sanguíneo,  esto  constituye  una señal indiscutible de que su asistido no fue  la  persona  que  realizó  la maniobra  reprochable, razón por la cual no  puede condenársele como lo solicita la Fiscalía.   

Respecto  del tercer  error  que  la  Fiscalía  señala  en  la demanda, la  defensa  manifiesta  que la menor Y afirma que no ha iniciado su vida sexual, es  decir,  que  no  ha  sostenido relaciones sexuales, pero como el médico legista  señaló  que  la  desfloración  tenía una antigüedad inferior a 10 días, en  opinión  del  defensor, este resultado no necesariamente pudo haberse producido  por la realización de maniobras sexuales.   

Estima  que  si  bien  es cierto que la menor  relata  todos  los  hechos  de  manera coherente hasta cuando pierde su sentido,  también  lo  es que no podía actuar de otra manera pues, de haber faltado a la  verdad,  habría  entrado  en contradicción con lo relatado por Alfonso y F. No  obstante,  esto  mismo  no puede pregonarse de su relato en relación con lo que  haya  sido  su vida íntima en época anterior a los hechos, respecto de lo cual  guarda silencio para protegerse ella y proteger a otra persona.   

En opinión de la defensa lo cierto es que no  existe  prueba  de  la  que  se  establezca  que  su  asistido hubiere realizado  conducta  alguna  considerada  como  acto  sexual  o acceso carnal con la menor,  distinta  a  la  de  haberle  permitido  a las menores ver la proyección de una  película pornográfica.   

En  este  punto  el defensor considera que se  debe  tomar en cuenta que dentro de la investigación consta la referencia a que  la  menor  mantenía  una  relación  de  noviazgo  con  un  menor  de nombre D.  También,  según  Y  le  manifestó a su amiga F, que tenía afán por consumir  licor   rápidamente  toda  vez  que  quería  emborracharse  porque  tenía  un  problema,  como  así  consta en uno de los apartes del testimonio rendido en el  juicio.   

Respecto  del cuarto  error noticiado en la demanda, el defensor señala que  dicho  reparo  constituye  apenas  una  apreciación  personal  del  funcionario  judicial  recurrente, la cual no está respaldada probatoriamente, pues la menor  indica  que  en  realidad fue muy poco el tiempo que ella se demoró en regresar  con  su  madre.  Por lo tanto dicha conjetura no puede soportar una acusación o  una sentencia.   

Aunado  a lo anterior, manifiesta que durante  el   proceso  se  allegó  prueba  de  que  el  señor   Prieto  Aldana  no  permaneció  en  el  mismo sitio, sino que salió a la terraza y que no estuvo a  solas  con  la  menor  todo  el  tiempo  que  se  ha  pregonado en la demanda de  casación.   

Reitera  que  asiste  razón  al  Tribunal al  proceder  a  absolver a su defendido por la conducta de acceso carnal en persona  puesta  en  incapacidad  de  resistir  porque aflora el fenómeno de la duda que  necesariamente  debe  resolverse  a  favor  del  procesado.  Esta duda, dice, se  encuentra  debidamente  respaldada  con las probanzas que dice haber señalado y  que  dejan ver que su defendido no cometió el hecho endilgado y por el cual fue  absuelto en segunda instancia.   

Estima  que  la  demanda  no  está llamada a  prosperar  ya  que  la  decisión  del Tribunal se ajusta a derecho, por lo cual  solicita a la Corte confirmar el fallo de segunda instancia.   

SE CONSIDERA:  

1.-  La  Corte aprehenderá el estudio de los  reproches  formulados  por  el  casacionista contra el fallo del Tribunal, en el  mismo    orden    observado   en   el   resumen   que   se   hizo   del   libelo  impugnatorio.   

   

2.- De acuerdo con los términos de la demanda  y  las  intervenciones  de  las  partes  en  la  audiencia  de sustentación, la  controversia  gira en derredor de la apreciación que el sentenciador de segunda  instancia  hizo  de algunos medios de convicción, específicamente relacionados  con  la  prueba  del  supuesto fáctico típicamente definido como acceso carnal  abusivo  en  persona  puesta en incapacidad de resistir, y de la responsabilidad  penal  del  acusado,  señor  ALFONSO  PRIETO ALDANA, razón por la cual a dicho  aspecto  se  circunscribirá  el  pronunciamiento  de la Corte, dado que ningún  reparo  ha  sido  formulado  respecto  de  conducta  de acto sexual con menor de  catorce  años,  relacionada  con la exhibición de vídeo pornográfico, por la  cual     se     produjo     la     decisión     de     condena     en     ambas  instancias.        

3.- Como quiera que la demanda se orienta a  denunciar  que  el  Tribunal  incurrió  en “manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia”,  la  Corte  no  puede  menos  que  reiterar  que dicho tipo de  desacierto  corresponde  a  la  forma  indirecta  de  violación  a  las disposiciones de derecho sustancial, y se configura cuando el  sentenciador  incurre en errores en la apreciación de los medios de prueba, los  elementos        materiales       probatorios3  o la evidencia física, los  cuales   pueden   ser   de   hecho  o  de  derecho4.   

En tal sentido tiene indicado que los primeros  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca al contemplar materialmente el  medio  de  conocimiento; porque deja de apreciar una prueba, elemento material o  evidencia,  pese  a  haber sido válidamente presentada o  practicada en el  juicio  oral,  o porque la supone practicada en éste sin haberlo realmente sido  y  sin  embargo  le  confiere  mérito (falso juicio de existencia); o cuando no  obstante   considerarla   legal   y   oportunamente,  presentada,  practicada  y  controvertida,  al  fijar  su contenido la distorsiona, cercena o adiciona en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen  de  ella  (falso juicio de identidad); o, porque sin cometer ninguno  de  los  anteriores desaciertos, habiendo sido válidamente practicada la prueba  en  el  juicio  oral, en la sentencia es vista en su exacta dimensión fáctica,  pero   al   asignarle   su   mérito  persuasivo  se  aparta  de  los  criterios  técnico-científicos  normativamente establecidos para la apreciación de ella,  o   los  postulados  de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la sana crítica, como método de  valoración probatoria (falso raciocinio).   

De este modo, cuando el reparo se orienta por  el  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  del  medio de conocimiento,  compete   al   casacionista   demostrar   el   yerro   mediante  la  indicación  correspondiente  del  fallo en donde se aluda a dicho medio que materialmente no  fue  practicado,  presentado  o  controvertido  en  el  juicio;  y  si lo es por  omisión  de ponderar prueba, elemento material o evidencia física válidamente  presentada  o  practicada  en la audiencia de juicio oral, es su deber concretar  la  parte pertinente de la audiencia pública en que se presentó la evidencia o  el  elemento  material o se practicó la prueba, e indicar qué objetivamente se  establece  de ella, cuál el mérito que le corresponde siguiendo los postulados  de  la  sana  crítica  y  los criterios de valoración normativamente previstos  para  cada  una,  y  señalar  cómo  su  estimación  conjunta  con  el arsenal  probatorio  aducido  por  las partes en el juicio y debidamente controvertido en  éste,  da  lugar  a variar las conclusiones del fallo, y, por tanto a modificar  la    parte    resolutiva    de    la    sentencia    objeto   de   impugnación  extraordinaria.       

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de identidad en la  apreciación  probatoria,  el  casacionista  debe  indicar  expresamente qué en  concreto  dice  el  medio  de  prueba,  el  elemento  material  probatorio  o la  evidencia  física,  según  el  caso;   qué  exactamente  dijo  de él el  juzgador,  cómo  se  le  tergiversó,  cercenó  o  adicionó  en su expresión  fáctica  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se establecen de  él,  y  lo  más  importante,  la  repercusión definitiva del desacierto en la  declaración    de    justicia    contenida   en   la   parte   resolutiva   del  fallo.   

Si   se   denuncia   falso  raciocinio  por  desconocimiento   de   los   criterios   técnico   científicos  normativamente  establecidos  para  cada  medio  en  particular  (Art. 380 CPP), el casacionista  tiene  por deber precisar la norma de derecho procesal que fija los criterios de  valoración  de  la  prueba  cuya  ponderación  se  cuestiona,  indicar cuál o  cuáles  de  ellos  fueron  conculcados  en  el  caso  particular y demostrar la  incidencia   que   dicho   desacierto   tuvo   en   la   parte   resolutiva  del  fallo.   

Si  la  denuncia  se  dirige  a patentizar el  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué infirió de él el juzgador y cuál  mérito  persuasivo  le  fue otorgado; también debe señalar cuál postulado de  la  lógica, ley de la ciencia o máxima de experiencia fue desconocida, y cuál  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la máxima de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en  consideración  y  cómo; finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error, indicando cuál debe ser la apreciación  correcta  de  la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona, y que habría dado lugar a  proferir  un  fallo  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  ameritado.    

Los  errores  de  derecho,  entrañan, por su  parte,  la  apreciación  material  del  medio  de  conocimiento  por  parte del  juzgador,  quien  lo  acepta  no  obstante  haber  sido  aportado  al  juicio, o  practicado   o   presentado   en   éste,   con  violación  de  las  garantías  fundamentales  o de las formalidades legales para su aducción o práctica; o lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a  pesar  de  haber  sido  objetivamente  cumplidas, considera que no las reúne (falso juicio de legalidad).   

También,  aunque  de restringida aplicación  por  haber desaparecido del sistema procesal la tarifa legal, se incurre en esta  especie  de  error  cuando  el juzgador desconoce el valor prefijado al medio de  conocimiento  en  la  ley,  o  la  eficacia que ésta le asigna (falso juicio de  convicción),  correspondiendo  al  actor,  en  todo  caso,  señalar las normas  procesales  que  reglan  los  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el  yerro, y acreditar cómo se produjo su trasgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedecen  a  momentos  lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponden  a  una secuencia de carácter progresivo, así encuentren concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  técnicamente  correcto  que  frente a un mismo medio de conocimiento y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en  otro  postulado  en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar  el sentido de trasgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios  de  conocimiento  sobre los que predica el yerro, e indicar de manera  objetiva  su  contenido, el mérito atribuido por el juzgador, la incidencia del  desacierto   cometido   en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación  concretar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que se conoce como la  proposición    jurídica    del   cargo   y   la   formulación   completa   de  éste.   

Además, de acogerse a la vía indirecta para  denunciar  la  violación  de normas sustanciales por errores en la apreciación  de  los  medios  de  conocimiento,  la misma naturaleza excepcional que  la  casación  ostenta  impone al demandante el deber de abordar la demostración de  cómo  habría de corregirse el yerro probatorio que denuncia, modificando tanto  el supuesto fáctico como la parte dispositiva de la sentencia.   

Esta  tarea comprende el deber de realizar un  nuevo  análisis de los medios de prueba, los elementos materiales probatorios y  la  evidencia  física presentados en el juicio; valorando los medios que fueron  omitidos,  cercenados  o  tergiversados,  o apreciando acorde con los principios  técnico  científicos  establecidos para cada uno en particular y las reglas de  la  sana crítica respecto de aquellos en cuya ponderación fueron transgredidos  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia o los dictados de  experiencia;  y excluyendo del fallo los supuestos o los ilegalmente practicados  o aducidos.   

Dicha  labor  no debe ser realizada de manera  insular  sino  conjunta,  esto  es,  en confrontación con lo acreditado por las  pruebas  debatidas en juicio y acertadamente apreciadas, tal como lo ordenan las  normas  procesales  establecidas  para cada medio probatorio en particular y las  que refieren el modo integral de valoración.   

Todo ello en orden a hacer evidente la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida de un concreto precepto de derecho  sustancial,   pues,   al  fin  y  al  cabo,   es  la  demostración  de  la  trasgresión  de la norma de derecho sustancial por el fallo, la finalidad de la  causal  tercera  de  casación.  De  otro modo no podría concebirse el trámite  extraordinario  por  errores  de apreciación probatoria, si su propósito no se  orienta  a  evidenciar  la  afectación  de  derechos o garantías fundamentales  debido  a la falta de aplicación de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal,  pese  a  ser  la  llamada  a  regular  el  caso, o la  aplicación  indebida  de  alguna de éstas cuando en  realidad         no         lo         rige5.   

4.-   La   Corte   asimismo  ha  señalado  las diferencias que se presentan entre la      violación     del     debido     proceso     -constitutiva  de  nulidad denunciable  al     amparo     de     la     causal    segunda    de    casación-,   de  las  violaciones  al  debido  proceso        probatorio        -propias  del motivo tercero-.      Al      efecto      tiene  precisado6 lo siguiente:   

“Desde  esta perspectiva y en tratándose  del  sistema  acusatorio  regulado  en  la Ley 906 de 2004, el debido proceso se  afecta  cuando,  por  ejemplo,  el  fiscal formula la imputación sin acatar los  requisitos  sustanciales  de  ese  acto,  o  cuando  se  celebra  la  respectiva  audiencia   careciendo  el  imputado  de  defensor;  o  si  se  lleva  acabo  la  formulación  de  la  acusación  pretermitiendo  la audiencia de imputación; o  cuando  se inicia el juicio oral sin la antecedente audiencia preparatoria, o se  dicta     sentencia     sin     realizar    el    juicio    oral    —excepto,  claro, cuando el fallo es  fruto    de    un    preacuerdo   o   la   aceptación   de   cargos—,  pues  en  todos  esos eventos se  estaría  pretermitiendo  un acto procesal que la ley establece como antecedente  determinante del que le sigue en forma inmediata.   

“A  diferencia  de lo anterior, el debido  proceso  probatorio atañe al conjunto de requisitos y formalidades previstas en  la  ley  para la formación, validez y eficacia de la prueba, dado que ésta, en  el  nuevo  sistema  puesto  en  marcha  con la Ley 906 de 2004, debe sujetarse a  principios   basilares,   como  son  los  de  legalidad,  publicidad,  oralidad,  contradicción,  inmediación  y  concentración,  so  pena de desnaturalizar el  respectivo   acto   probatorio,   ocasionando   la   nulidad  del  mismo  cuando  efectivamente  el desacato de aquellos se traduce en irrespeto de las garantías  de alguna de las partes.   

“El principio  de   legalidad   tiene  relación  con  la  previsión  de que únicamente se consideran “medios  de conocimiento la prueba testimonial, la prueba pericial,  la  prueba  documental,  la  prueba  de  inspección,  los  elementos materiales  probatorios,  evidencia  física, o cualquier otro medio técnico o científico,  que       no       viole       el       ordenamiento       jurídico”7,  esto  es,  que respecto de  los  medios  de prueba se observe lo prescrito en la Constitución Política, en  los  tratados  internacionales  vigentes  en  Colombia  y  en  la  ley acerca de  derechos humanos.   

“En    tanto    que    el  principio de publicidad,  tiene  arraigo en nuestra Carta Fundamental e implica que en un  Estado  social  y democrático quien sea sindicado de una conducta punible tiene  derecho  a  un proceso público, lo que impide que en desarrollo del mismo pueda  concebirse  la aducción de pruebas ocultas o secretas; es decir, que todo medio  de  conocimiento,  salvo  precisas  excepciones legales, debe introducirse en el  juicio  ante  la  presencia  de  las  partes  e intervinientes y del público en  general8.   

“El   de  oralidad,   como   los  anteriores,  es  también  norma  rectora  del ordenamiento procesal9   y   en  materia  probatoria  constituye una regla, prácticamente sin excepción, ya que  aún  tratándose  de  reproducir  prueba  documental,  los  escritos  deben ser  leídos  en el debate en presencia del juez, las partes, los intervinientes y el  público  asistente,  y  los demás documentos deben ser exhibidos o proyectados  por   cualquier  medio  posibilitando  así  su  pleno  conocimiento10; el mismo  principio  impone  que sólo puede sustentarse la sentencia en pruebas que hayan  sido   regularmente  incorporadas  en  forma  oral11.   

“El principio  de  contradicción, halla  asiento  en  la  Constitución  Política  y  como  norma  rectora  que  es  del  ordenamiento         penal         adjetivo12,  irradia  todo el proceso  judicial   imponiendo   la   igualdad   de   oportunidades  para  las  partes  e  intervinientes   de   ejercer   la   defensa   de   sus   derechos;  en  materia  probatoria13  comprende  el  derecho  a  ofrecer  y  producir  pruebas  cuando  corresponda,  el de controlar plenamente la producción de las pruebas ofrecidas  por  las  otras  partes,  el  de alegar acerca del mérito de las mismas y el de  realizar  todas  las  observaciones  que  sean  pertinentes durante el curso del  debate14.   

“El principio  de    inmediación15  comprende  la percepción  directa  de las pruebas por el juez, las partes, intervinientes y el público en  general,  pero fundamentalmente hace referencia es a la relación que debe obrar  entre  le  juzgador  y  la  prueba,  implicando que el funcionario que va emitir  sentencia  debe  ver  y oír por sí mismo, en forma directa, la prueba respecto  de  los  hechos,  las  pruebas  deben  llegar a su ánimo sin sufrir alteración  alguna  por  influjo  extraño  a  su  propia naturaleza, sin que se interpongan  otras  personas  que  consciente  o  inconcientemente puedan turbar o alterar la  natural  y  original  entidad  de  los elementos de convicción tergiversando su  aptitud                  probatoria16.   

“Por último el  principio      de      concentración17 es norma  basilar  rectora,  en  particular,  del  juicio  oral,  pues impone que éste se  desarrolle  de  forma  unitaria,  en  un  solo acto, el mismo día, y si ello no  fuere  posible  en  días  consecutivos.  Sólo  si  se presentan circunstancias  excepcionales  el funcionario está facultado para suspender el juicio hasta por  treinta  días  velando  porque  no  surjan  otras  audiencias  concurrentes que  distraigan  su  atención.  La  finalidad  de que el juicio se lleve a cabo como  unidad  de  acto  se  refleja  también  en  la  práctica  de pruebas que deben  realizarse  de  manera  concentrada,  para  que  lo percibido en el debate no se  disperse  en  la  mente  del  juzgador,  las partes e intervinientes18.   

“Adicionalmente   a   los   anteriores  principios,  cada  medio  de  prueba  tiene dispuesto en la ley su propio debido  proceso19,  pero  la  conculcación  de  aquéllos  o  de  éste  frente  a  determinado  elemento  de convicción, eventualmente generará su desestimación  o  falta  de  consideración como fundamento de la decisión judicial; esa es la  consecuencia  a  la sanción impuesta en el artículo 29 de la Carta Fundamental  y  23  de  la  Ley 906 de 2004, pues la “nulidad de  pleno  derecho”, de acuerdo con arraigada doctrina,  significa  inexistencia  jurídica  del  medio probatorio, lo cual da lugar a la  exclusión  de  la  prueba  del  acervo  probatorio en el que ha de fundarse una  decisión judicial.   

“Es  por  ello  por  lo  que  en  sede de  casación,  la  pretensión frente a un medio de prueba deformado debe ser la de  su  desestimación,  no  la  de  nulidad  de todo o parte alguna del proceso, es  decir,  sin  necesidad  de  invalidar  la  actuación,  se ha de reclamar que la  prueba  irregular,  en orden a fundar la manifestación de justicia, deje de ser  apreciada,  de  suerte  tal  que  el  sentido  del  fallo quedará expuesto a la  solvencia   del   material   probatorio   restante,   bien   para   condenar   o  absolver”       (se      destaca).      

Esta postura que la Corte reitera, atendiendo  las  particularidades  del  caso  que  ahora  se  somete a su consideración, le  implica  el  deber  de  precisar,  con  la  Delegada de la Procuraduría, que el  principio  de  inmediación  no excluye, en manera alguna, la posibilidad de que  el  Tribunal  de  segunda  instancia,  o el de casación, tengan una percepción  probatoria  distinta  de  la  expresada  por  el  a  quo  en  la sentencia, pues  precisamente  para  efectos  de  resolver los recursos, la parte recurrente debe  solicitar   los   apartes   pertinentes   de  los  registros  magnetofónicos  o  videográficos  correspondientes  a  las  audiencias  que en su criterio guarden  relación con la impugnación.       

Si esto es así, y si de lo que eventualmente  tratan   los  recursos  ordinarios  o  el  extraordinario  de  casación  es  de  introducir  cuestionamientos  a  la  validez  o  mérito  de la prueba en que se  fundó  el  fallo  recurrido,  resulta  obvio  entender que tanto el Tribunal de  segunda  instancia  como  la Corte, cada cual dentro de la respectiva órbita de  su  competencia, se encuentran facultados para revisar los registros, y por este  medio,  de primera mano la prueba, tal y como fue practicada, exhibida o aducida  en  el  juicio  oral,  a efectos de confrontarla con las declaraciones fácticas  que  a  partir  de ella hicieron los juzgadores, y establecer de este modo si le  asiste o no razón al recurrente en la formulación del reparo.   

Así   queda  claro  que  el  principio  de  inmediación  que  rige  la  actividad probatoria, opera para su práctica en el  juicio  oral,  y facilita su ponderación por el juzgador que la presencia, pero  no  impide  ni  limita  al  juzgador de segunda instancia, ni por su puesto a la  Corte,  para que, habiendo establecido la validez de su recaudo, pueda asignarle  el mérito persuasivo correspondiente.   

           

5.-  Con  fundamento  en los presupuestos que  vienen  de  ser  anotados,  procede  la  Sala  a  dar  respuesta  a las censuras  formuladas, de la manera que sigue:   

5.1.-  CAUSAL     TERCERA.  Desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba sobre la que se fundó el fallo.   

ÚNICO      CARGO.     Violación  indirecta de disposiciones  de  derecho sustancial. (Aplicación indebida del artículo 7º de la ley 906 de  2004   y   falta   de   aplicación   del   artículo  207  de  la  Ley  599  de  2000).   

Como se recuerda, en el resumen que se hizo  de  la  demanda,  el  casacionista  sostiene  que  el  Tribunal  “incurrió en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por falso  raciocinio   por   desconocimiento   de   los   postulados  de  la  sana  crítica  por  no  aplicar  las  enseñanzas  de  la ciencia, de la lógica y de las reglas de la experiencia”,  lo  que  determinó  la  aplicación indebida del artículo 7º de la Ley 906 de  2004,  en  lo referente al principio de in dubio pro reo, y la consecuente falta  de  aplicación  del artículo 207 del Código penal, que define  el delito  de  acceso  carnal  o  acto  sexual en persona puesta en incapacidad de resistir  que,  en  criterio  del  recurrente,  encontró  realización  y  fue acreditada  procesalmente.    

Previamente    a    cualquiera    otra  consideración,   debe  la  Sala  destacar  aquellos  aspectos  de  la  facticidad  que,  por corresponder  fielmente  a  lo  que  revelan  los medios de convicción practicados durante el  juicio,  no  ofrecen  discusión  alguna  entre  los  juzgadores  de  instancia, ni entre estos y el recurrente. Al efecto, pertinente  se     ofrece     traer     a     colación     los     apartes     correspondientes  del fallo de segunda  instancia en los cuales se alude a ellos:   

“Al  igual  que  el  Juzgado  de  Primera  Instancia  y  la  defensa,  la Sala vislumbra que se  encuentra  probado  que  el día 27 de enero del 2007  las  menores Y PG V y F J P acudieron a la casa del señor Alfonso Prieto Aldana  entre  las  cinco  y  media  y seis de la tarde, al igual se estableció, con el  testimonio  de  los  menores, que una vez se encontraban reunidas una de ellas F  le  pidió un cigarrillo al señor Prieto y éste les dio uno a cada una quienes  lo  prendieron  y  fumaron,  también  consta que el dueño de casa les ofreció  aguardiente  y  ellas  recibieron la oferta y lo sirvieron, se encuentra probado  que  en  esos  momentos,  el señor Alfonso les invitó a las menores a observar  una  película  de contenido pornográfico, y que consecuencialmente relatan las  espectadoras,  al  unísono,  que  la  menor  Y P tomó hasta el punto de quedar  inconsciente.   

“Enseguida se da cuenta de los hechos que  Alfonso  Prieto  Aldana  envía a la menor F a llamar a su señora madre, con el  fin  de  que  lleven a Y a casa de sus abuelos debido  al  estado  en  el  que se  encontraba,  narrando F en su declaración que cumpliendo lo requerido acudió a  la  casa de Prieto Aldana junto con su padrastro, su mamá y una amiga de ellos,  segundos                 después”20.   

Tampoco     se    discute  la  consideración  del  Tribunal  en el sentido que,  según  el  relato  del  abuelo  materno  de  la menor Y,   “aproximadamente  de 9 a 10 de la noche golpeó la  señora  Marisela  y le dijo que habían encontrado a Y P en el parque borracha,  y  cuando  llegó  la  tenía  el esposo de la señora Marisela en la esquina de  Pekín,  afirma  que la levantó y le pegó dos palmadas y no reaccionó y se la  llevó  en  el  hombro  acostándola en la cama y al  momento  llegó  la  abuela  y  se  dio  cuenta que estaba echando babaza, y por  consiguiente  la  llevaron  a  donde  la abuela materna, que estaban durmiendo y  charlaron  hasta  las  12  y  llegando  nuevamente a la casa, en donde estaba la  hermana    que    se    llama    Andrea  vistiendo a P porque estaba vomitada, llevándola finalmente al  hospital”21.   

Asimismo resulta  preciso  mencionar que de conformidad con el dictamen  médico          legal          sexológico22 practicado a iniciativa de  la  médica  del  servicio  de  urgencias, suscrito e  introducido  al  juicio  oral  por  el  médico  forense Hans Cristian Dworschak  Lozano,   se concluye  que   la   niña   fue  encontrada  en  la  vía  pública  con diagnóstico de embriaguez alcohólica y  evidencia de presentar desfloración reciente, menor de diez días.   

Los exámenes de laboratorio de biología y  toxicología,  arrojaron  resultados  negativos para espermatozoides,   barbitúricos,  benzodiazepinas  y  cannabinoides,  aunque  en  la  muestra de sangre se encontró   etanol  en  una concentración de 35  mg%.  Al  analizar  la  ropa  interior  que la menor  portaba  la  noche  de  los  hechos  no se encontraron espermatozoides, ni en el  informe consta que se hubieran observado manchas de sangre.   

Asimismo,   en   el   informe   pericial  psiquiátrico                Forense23, suscrito e introducido al  juicio  por  la  Médica Psiquiatra Heidy   Luz  Chica  Urzola,  al  resumir  los  hechos  se  afirma  también  que  la menor fue encontrada en la vía pública  en  estado de embriaguez, “y al parecer víctima de  delito   sexual   en   hechos  que  son  objeto  de  investigación”.   

       

La Corte no puede dejar de precisar que las  partes   suscribieron   un  acuerdo  de  estipulaciones  probatorias24 sobre los  resultados   de  los  exámenes  médicos,  sexológicos,  psiquiátricos  y  de  laboratorio,  practicados  a la víctima, por lo cual  consienten  la validez y  contenido  de  los  anotados  medios.  Advertido  lo  anterior,  se  pasa  entonces a estudiar los reproches formulados por el censor.   

5.1.1.-  Primer  reproche.  (Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Desconocimiento de las reglas de experiencia).   

Según    el    demandante,  el Tribunal no aplicó las reglas de la experiencia, al sostener  que  fue  voluntaria  la  decisión  de  las  menores  de  consumir licor con el  resultado  de  que  una de ellas hubiere quedado en estado de inconsciencia, sin  que  el  acusado  las hubiere obligado o engañado, por lo cual no se estructura  el    tipo    penal    de    acceso    carnal    en  persona     puesta     en     incapacidad     de  resistir.   

Ciertamente,    como    lo   anota   el  recurrente,  el Tribunal  en  la  sentencia  de  segunda instancia, sostuvo que para la configuración del  supuesto  fáctico  de  que trata el artículo 207 del Código Penal relativo al  acceso  carnal  en persona  puesta  en  incapacidad de resistir, es necesario que  las  causas  que  originan  la  incapacidad  de  la  víctima  o  el  estado  de  inconsciencia,  o  las  condiciones de inferioridad que le impiden comprender la  relación  sexual  o  dar  su consentimiento, “sean  originadas  por  el  propio  actuar  doloso  del  autor, siendo indiferentes los  medios  predispuestos  de  que éste se vale para lograr el acceso, a condición  de  que  sean  idóneos, acogiendo por tanto la Sala la postura de la defensa en  cuanto  al  hecho  que  el  señor  Alfonso  Prieto  Aldana le hubiese brindado,  ofrecido,  dado, a las menores YPGV y FJP aguardiente éstas hubiesen  aceptado  y una de ellas quedara en  estado  de  inconciencia  debido  a su determinación de tomar licor, sin que en  ningún  momento  las haya obligado, engañado, no se  encuadra   en   el   tipo   penal  descrito,  porque  es  claro  que  el  sujeto  debe  haber  puesto, con  actos  propios  y  deliberados,  las  condiciones  necesarias  para conseguir un  acceso  carnal,  más  cuando  ellas  sabían que el  consumir   licor  las  podía  llevar  a  un  estado  de  embriaguez,   tan   cierto  es  esto  que  F  se  abstenía  de  consumirlo,  arrojándolo  a  una  matera y su compañera lo aplaudía congraciándose con la  situación”25.      

Si  se  toma  en  consideración  que  las  dos jóvenes que  concurrieron  a la casa del señor PRIETO ALDANA contaban    con    escasos   trece   años   de   edad,    y    que    se    hallaban    bajo   el   ámbito   de  vigilancia   y   cuidado   por  parte  del  acusado,  resulta evidente que el  anfitrión  se encontraba en la posición de garante  de    los   bienes   jurídicos   de   aquellas,  conforme   lo   dispone   el   artículo   25   del   Código  Penal,  no  solamente por haberles permitido  ingresar  a su residencia,  con        lo        cual        voluntariamente      asumió  la  protección real de ellas  dentro  del  propio  ámbito de dominio (Art.   25.1   del   C.P.),     sino    por    haber    creado  precedentemente  una  situación  jurídica  de riesgo próximo para la salud de  las   impúberes  bajo  su  cuidado  voluntariamente  asumido  (Art.  25.  4),  al  haberles  ofrecido  y  facilitado  el consumo de  licor  y cigarrillo, pese  a  la  prohibición  legal  de  hacerlo (Art.   1º   de   la   Ley   124   de  1994).   

En    tales    condiciones   no   cabe   duda   que    la   posición   del   Tribunal   resulta   deleznable,   pues  independientemente  de  los  resultados ulteriores en el curso de la causalidad,  así  sea hipotética, con  su   conducta  antijurídica  el  acusado  no  sólo  dio  lugar  a que se causara un daño en la salud de  la    menor    Y    quien    fumó    cigarrillo,           consumió   licor   y   se  embriagó  hasta  perder  la     consciencia,    sino   que  puso en riesgo la  integridad  personal  de  F  quien  igualmente fumó  cigarrillo, así ésta hubiere optado por arrojar el  licor a una matera cercana en lugar de beberlo.   

Al  efecto  no  puede perderse de vista que  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 34  del   Código   Civil,  atendiendo  la  redacción  que  queda  después  de  la  expedición  de  la Ley 27 de 1977 -que estableció la mayoría de edad a los 18  años-,  y  de  la  sentencia  C-534  de  2005,  se  tiene  que la ley considera  infante a todo aquél que  no  ha  cumplido  siete  años;  impúber,   el   que   no   ha   cumplido   catorce   años;  adulto   el  que  ha  dejado  de  ser  impúber;  mayor de edad o  simplemente   mayor,   el   que   ha   cumplido  dieciocho  años;  menor  de  edad o simplemente menor, el  que   no   ha   llegado  a  cumpliros;  niño  o  niña, las personas entre los  0  y  los 12 años;  por adolescente las personas entre 12 y 18 años.   

Entonces,  si  las  dos  adolescentes Y y F  contaban  con  apenas  trece  años  de  edad,  es  claro  que a términos de lo  dispuesto  por  el artículo 1504 del Código Civil, al momento de ocurrencia de  los  hechos  eran  impúberes, es decir, absolutamente  incapaces,  no  solamente  para  comprometerse sino  para  determinarse  y  actuar  libremente  frente  a  situaciones  de riesgo que  pudieran                 generarles  perjuicio  para  los  bienes  jurídicos  de  la  cual  son titulares, más aún  aquellos     bienes     altamente    personalísimos  como  la vida, la integridad personal,  la  libertad personal, la autonomía  o  la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales,  pues,  al  contrario del  criterio  del  Tribunal,  la  ley  presume  que  las personas menores de 14  años,  no  se  encuentran  en  condiciones de asumir, sin consecuencias para el  desarrollo   de  su  personalidad,  la  realización  de  conductas  que  puedan  lesionarlas  debido al estadio de madurez  que presentan sus esferas intelectiva, volitiva y afectiva, como  en   tal   sentido   ha   sido   declarado   por   la   jurisprudencia  de  esta  Corte26.      

Esta  presunción,  contrario a lo expuesto  por  el  ad quem, es de carácter absoluto, de derecho, es decir “iuris  et de iure”, pues la edad a la  que  se  refiere  la ley es la edad cronológica, y no puede ser desconocida por  una  prueba  de  la  que  pueda  llegar  a inferirse  la       existencia       de       capacidad  de  autodeterminación, pues la ley determina que hasta  los  catorce  años  el  menor  debe estar totalmente  libre  y  protegido  en  todos los ámbitos.   

Antes    de    esa    edad,  tampoco  es  posible  admitir    que    los   adolescentes  se enfrentan voluntariamente a situaciones de riesgo  para   sus   bienes   jurídicos,  por  eso  la  ley  prohíbe  las relaciones  sexuales  con  ellos,  dentro  de  una  política de  Estado    encaminada   a   preservarles  el  desarrollo  de  su  sexualidad,   le niega todo     efecto     jurídico     a  aquellos     actos  en  los  que  exterioricen  una  manifestación  de  voluntad    que   en   otras   condiciones   sería  vinculante, y  sanciona  aquellos  comportamientos de terceros que no   sólo   desconozcan  las  claras  previsiones     legales     sino       que     los     lesionen o pongan en peligro.   

Esto significa, que al juzgador no   le  es   dado  entrar  a  discutir  la  presunción  de  incapacidad   absoluta   para   decidir   y  actuar  libremente,  que  la ley  establece    a    favor    de    los    menores    de    14    años,  con  el  propósito  de protegerlos  frente  a  toda  situación  de  riesgo que  pueda  acarrearles  consecuencias  desfavorables frente a los  bienes  jurídicos  de  los  cuales  son  titulares,  pretextando             idoneidad  del  sujeto para hacerlo, en razón a sus conocimientos  o  experiencias  anteriores o de la existencia de una  prueba      que     evidencia     capacidad     de     conocimiento     o     de  autodeterminación,   o  con   el   inadmisible  argumento  de  no  haber  sido  obligados a proceder  contra   su   voluntad,  como  en  este   caso,  en    que    el    Tribunal   adujo   que    no   se   obligó,  constriñó  o engañó a las menores  para     que     procedieran    a    consumir       licor      y      fumar      cigarrillo,   sino  que  lo  hicieron  libre  y  voluntariamente,       “más      cuando  ellas sabían que el consumir licor las podía llevar a un  estado de embriaguez”.   

Este  tipo  de  argumentaciones  resultan  contrarias  al deber judicial de acatar la ley y declarar el derecho  cuando  corresponde  hacerlo, pues al  juzgador  no  le  es  dable entrar en consideraciones  contrarias  a  la  ley  para  deducir  la  existencia de un consentimiento de la  víctima,  que  la  ley expresamente prohíbe tomar en consideración atendiendo  su  inmadurez  en  las  esferas  intelectiva,  volitiva  y  afectiva,  al  punto de prever que sus actos no  producen      ni      siquiera      obligaciones   naturales,     a     términos     del     artículo    1504    Inc.      2do.     del     Código  Civil.           

Asiste  por tanto razón al recurrente y al  Ministerio   Público   cuando  sostienen  que  la  víctima  se  encontraba  en  incapacidad   de   consentir   de  manera  voluntaria  y  libre  la  ingesta  de  licor,  y  que por tanto el Tribunal se equivocó al  afirmar  que la menor YP aceptó el consumo de dichas sustancias y sabía que al  hacerlo  la  podía llevar a la situación de embriaguez en que se encontraba al  momento de ser auxiliada.     

No obstante, debe decirse que los efectos de  dicha  equivocación,  no  pueden  ser  valorados con prescindencia de los otros  errores  que el casacionista denuncia, a efectos de analizar su trascendencia en  la parte resolutiva del fallo que combate.    

5.1.2.- Segundo  reproche.  (Error  de  hecho  por  falso raciocinio.  Desconocimiento de las leyes de la ciencia).   

El    casacionista    afirma   que   el  Tribunal  no  aplicó  los  principios de la ciencia  al  apreciar  el dictamen médico legal sexológico,  toda  vez  que  lo  desestimó  tras  considerar que  carece    de    una  mayor  información y por  ende   no   brinda   la  certeza  de  que  la  víctima hubiese sido accedida  carnalmente   en   momentos   en   que   se  encontraba  en  la  residencia  del  acusado.   

Antes de abordar en concreto el estudio del  tema   propuesto   por   el   recurrente,   debe  advertirse  que  en  relación  con  “la  ausencia  de violencia para concluir en la  ausencia  del  delito  y  el  supuesto  consentimiento  de  la  víctima”,  la  jurisprudencia27  del Tribunal Constitucional  tiene precisado que:   

“La   providencia   objeto  de  tutela  entendió en varios apartes lo siguiente:   

‘…   si  hubiere  sido  abusada  sexualmente  en  contra  de su voluntad existiría en su  cuerpo  señales  de  lesiones personales que nos hicieran notar una lucha, pero  lo  que  se  le  detectó fueron heridas en los labios mayores de los genitales,  que   han  podido  ser  el  resultado  de  la  clase  de  relación  sexual  que  consintieron los menores……’   

‘…   

‘…   el  Instituto  de  Medicina  Legal  sólo  determinó  que hubo una relación sexual  reciente  en  la  que  aparecen  abrasiones  que  normalmente  aparecen  en  una  relación  sexual  que  se  repitió por cuatro veces como lo mencionó el joven  XXX,  pero  de ahí a que se diga que hay huellas de violencia que haga entender  una  agresión sexual no las relaciona medicina legal, por cuanto no se informan  lesiones     personales     en     ninguna    parte    del    cuerpo’.   

“En    el   tipo   penal28  que  se  endilga  al  joven  XXX  no hay violencia que se exteriorice en el despliegue de  fuerzas  encontradas  como  sí  lo  exigen  otros  tipos penales como el acceso  carnal  violento, ni en marcas ni rastros en el cuerpo, sino en la violencia que  resulta  de  ir contra la voluntad de la víctima que no está en condiciones de  consentir.  Exigir  huellas  de  violencia  en  el  cuerpo  de la menor XXX para  derivar  de  allí  la  ausencia del supuesto penal enjuiciado es un  yerro  del fallo que igualmente repercute en la valoración probatoria.   

“La  Sala de Casación Penal de la   Corte  Suprema de Justicia ha examinado el contexto en que ocurren los hechos de  un  delito  sexual para determinar si existió consentimiento, restándole valor  incluso  a  la  declaración  de  la  víctima  que  negaba la ocurrencia de los  hechos,  porque  los  demás  elementos probatorios que obraban en el expediente  permitían    concluir    la    responsabilidad    del    procesado.29   

“La  Sala  Penal  en  cita,  también ha  rechazado  que  la  ausencia  de  secuelas  físicas  pueda ser considerada como  evidencia   de   aceptación   de   la   relación   sexual.   En   efecto,  esa  Corporación30  rechazó  que  el  daño  psicológico permanente de la víctima  hiciera  parte de la violencia natural que resulta del acceso carnal y concluyó  que  en  ese  evento  sí era posible el concurso entre acceso carnal violento y  lesiones  personales  por daño psicológico permanente. En esa misma sentencia,  la  Corte  rechaza  que  la  ausencia  de  huellas físicas de violencia permita  inferir el consentimiento de la víctima.   

“El  anterior  recuento  evidencia  una  tendencia  creciente  a  la  protección  de  la  dignidad  e  intimidad  de las  víctimas  de  delitos  sexuales  dentro  del  proceso  penal, estableciendo los  siguientes derechos a su favor:   

     

1. El  derecho  a  que  se  garantice  su  acceso  a un recurso legal  efectivo,  de  tal  manera  que  se  asegure la efectividad de sus derechos a la  verdad, a la justicia y a la reparación;     

     

1. El  derecho  a  expresar  sus  opiniones  y preocupaciones y a ser  escuchadas,  y  a  que se les comuniquen todas las decisiones que puedan afectar  sus derechos;     

     

1. El  derecho  a  ser  tratadas con respeto y consideración durante  todo  el  proceso judicial y a que se adopten medidas para evitar que el proceso  penal  conduzca  a  una  segunda  victimización,  por  ejemplo,  reduciendo las  molestias  que  puedan  causarle las diligencias que se adelanten en el proceso,  tales  como  contactos  directos  con  el  agresor,  repetición  innecesaria de  exámenes o pruebas, etc.;     

     

1. El  derecho  a  ser  protegidas  contra  toda  forma de coerción,  violencia o intimidación;     

     

1. El  derecho  a  que  se  valore  el contexto en que ocurrieron los  hechos objeto de investigación sin prejuicios contra la víctima;     

     

1. El  derecho  a  que  se  adopten  medidas  para evitar injerencias  innecesarias en su  vida íntima.     

     

1. El  derecho  a  solicitar  a  las  autoridades  judiciales  que se  abstengan  de  ordenar la práctica de pruebas o excluyan las ya practicadas que  conlleven  una  intromisión  innecesaria  o desproporcionada de su derecho a la  intimidad;     

     

1. El  derecho  a que se entienda que no existe consentimiento real y  libre  de  presiones, por la simple ausencia de rechazo físico o de expresiones  que lo exterioricen;     

     

1. El  derecho a que la investigación penal se adelante con seriedad  y  objetividad  y  esté orientada al esclarecimiento de la verdad y al logro de  la justicia.     

“En  consonancia  con  lo  anterior,  el  Código       de      Procedimiento      Penal31  establece  principios  y  garantías  que  orientan  la  labor  de  los  funcionarios  judiciales hacia el  cumplimiento  de  esas  finalidades y a la garantía de esos derechos, entre las  cuales, se mencionan los siguientes deberes:   

     

1. Tratar  a  todos los intervinientes en el proceso penal con  el  “respeto debido a la dignidad inherente al ser  humano.” (Art. 1, Ley 600 de 2000);     

     

1. “Hacer   efectiva  la  igualdad  de  los  intervinientes  en  el  desarrollo  de  la  actuación  procesal  y  proteger  especialmente  a aquellas  personas  que  por  su  condición económica, física o mental se encuentren en  circunstancias  de  debilidad  manifiesta” (Art. 5,  Ley 600 de 2000).     

     

1. Adelantar   todas   las   actuaciones  procesales  “teniendo  en cuenta el respeto a los derechos fundamentales de los  sujetos  procesales  y  la necesidad de lograr la eficacia de la administración  de    justicia”    (Art.    9,    Ley   600   de  2000).32     

     

1. Garantizar  “a todas las personas el  acceso  efectivo  a  la  administración de justicia en los términos del debido  proceso” (Art. 10, Ley 600 de 2000).     

     

1. Garantizar  a  todos los sujetos procesales el derecho a presentar  y controvertir las pruebas (Art. 13, Inc. 1, Ley 600 de 2000).     

     

1. Motivar  todas  las  decisiones  y  medidas  que  afecten derechos  fundamentales  de  los  sujetos  procesales, incluso las que provea por medio de  autos de sustanciación (Art. 13, Inc. 2, Ley 600 de 2000).     

     

1. Hacer  prevalecer  el derecho sustancial y asegurar su efectividad  (Art. 16, Ley 600 de 2000).     

     

1. Actuar  con  imparcialidad  en  la búsqueda de la verdad, para lo  cual   “debe   averiguar,  con  igual  celo,  las  circunstancias  que  demuestren  la  existencia  de la conducta punible, las que  agraven,  atenúen  o exoneren de responsabilidad al procesado y las que tiendan  a  demostrar  su  inocencia”  (Art. 234, Ley 600 de  2000).     

     

1. Inadmitir   “las   pruebas  que  no  conduzcan  a establecer la verdad sobre los hechos materia del proceso o las que  hayan   sido   obtenidas   en   forma  ilegal,”  y  rechazar   “la   práctica   de   las  legalmente  prohibidas  o ineficaces, las que versen sobre hechos notoriamente impertinentes  y  las  manifiestamente  superfluas” (Art. 235, Ley  600 de 2000).     

     

1. Apreciar  las pruebas en su conjunto, de acuerdo con las reglas de  la sana crítica (Art. 238, Ley 600 de 2000).     

“Ahora  bien, la Corte Constitucional en  casos  en  donde  ha  estudiado delitos de abuso sexual, ha considerado que  si  bien  los  hechos  no  ocurren  en  escenarios  de  conflictos  armados,  es  pertinente  la alusión a las normas de derecho penal internacional en la medida  en  que  ellas  ilustran la trascendencia del tema.33   

“En   efecto,   algunos   instrumentos  internacionales  de  los  que  Colombia  hace  parte, han abordado el tema de la  protección  de  las  víctimas de violencia sexual dentro del proceso penal han  reconocido  la  obligación  de  las  autoridades  de  darles  un  trato digno y  respetuoso  y  de   adoptar  medidas  para  reducir los riesgos de la doble  victimización  que  pueda  ocasionarse  en  la  práctica de pruebas o de otras  diligencias  judiciales  o en el manejo de la información, sobre los hechos del  proceso y la identidad de las víctimas.   

“Así, por ejemplo, en el Estatuto de la  Corte          Penal          Internacional34 se establecen expresamente  los  derechos de las víctimas a presentar observaciones sobre la competencia de  la  Corte  o  la  admisibilidad  de  la  causa,  a que se haga una presentación  completa  de  los  hechos de la causa en interés de la justicia, a ser tratadas  con  dignidad,  a  que  se  proteja su seguridad e intimidad, a que se tengan en  cuenta  sus  opiniones  y  observaciones, a ser reparadas materialmente y apelar  ciertas  decisiones  que  afecten  sus  intereses.  Igualmente,  las  Reglas  de  Procedimiento  y  Prueba  de  la  Corte  Penal  Internacional,  adoptadas por la  Asamblea  General  de los Estados parte del Estatuto de Roma, el 9 de septiembre  de  2002,  indican  pautas  específicas  sobre  pruebas en materia de violencia  sexual:   

‘Regla  70.  Principios de la prueba en casos de violencia sexual   

En  casos de violencia sexual, la Corte se  guiará    por    los    siguientes    principios   y,   cuando   proceda,   los  aplicará:   

a) El consentimiento no podrá inferirse de  ninguna  palabra  o  conducta  de la víctima cuando la fuerza, la amenaza de la  fuerza,  la  coacción  o  el  aprovechamiento  de  un  entorno coercitivo hayan  disminuido    su   capacidad   para   dar   un   consentimiento   voluntario   y  libre;   

b)    El  consentimiento  no podrá inferirse de ninguna palabra o conducta de la víctima  cuando   ésta   sea   incapaz   de   dar  un  consentimiento  libre;   

c)    El  consentimiento  no podrá inferirse del silencio o de la falta de resistencia de  la víctima a la supuesta violencia sexual;   

d)  La credibilidad, la honorabilidad o la  disponibilidad  sexual de la víctima o de un testigo no podrán inferirse de la  naturaleza  sexual  del  comportamiento anterior o posterior de la víctima o de  un                testigo.’   

“Inferir,  como  lo  hace la providencia  cuestionada,  que  la  menor  XXX,  que  se  encontraba  en el estado extremo de  alicoramiento   que   dictaminó   medicina  legal,  cercano  al  estupor,  pudo  determinarse  a  sí  misma  y  consentir  una  relación  sexual, es ignorar el  contenido  de  la  prueba  pericial  y  por ende afectar el debido proceso de la  accionante,   puesto   que  en  el   informe  médico  legal  se  consignó  claramente  que  en  las  condiciones  en  las  que  se encontraba la niña, era  improbable  que  la  relación  sexual  estuviere  precedida  por  el consenso y  que    su   consentimiento   tuviese   alguna   fuerza   para   admitir  la  relación.   

“La  Sala  considera  que  si  bien,  en  principio,  el  juez  goza  de  un  margen  de discrecionalidad para valorar las  pruebas,  en tanto que supremo director del proceso, no obstante, en los asuntos  donde  los  niños  sean  víctimas  de  un abuso sexual, esta facultad legal se  encuentra  limitada por el interés superior del menor, lo cual conduce a que el  funcionario  judicial  no  interprete a su arbitrio  una prueba que termine  afectando los derechos de una menor, como en este caso”.   

En   la  formulación  de  este  reparo,  y como se advertirá más  adelante  en los demás que presenta, no le  asiste  la  razón al casacionista. Según se anotó cuando la  Corte  trajo a colación el contenido del dictamen cuya ponderación reprocha el  recurrente,   el   galeno  del  Instituto  de  Medicina  Legal  expresó  en  el  informe  pericial  que la  menor  YP,  “al  examen genital presenta genitales  externos  femeninos de características adolescentes normales, eritematosos, con  rastros  de  materia  fecal  en  vulva,  se observa un himen anular que presenta  desgarro  de  bordes  edematosos  localizado en el meridiano de las cinco según  las  manecillas  del  reloj  (sugestivo de presentar  desfloración  reciente,  menor  a  diez días) y ano  con  tono  y  forma  normal.  Los  hallazgos antes descritos son compatibles con  maniobras   sexuales   recientes   (menores  a  diez  días)     a     nivel    genital    e    indican  desfloración”.   

Después    de    afirmar    el    ad  quem    que   las  pruebas    practicadas    en    el    juicio    patentizaban   la   imposibilidad   de   concluir  categóricamente  que  el  acusado  es  la única persona que  pudo  haber  causado  el desgarro observado por   el    galeno,    el    Tribunal    concluyó    lo  siguiente:   

“Además  las  declaraciones  de  quienes  acudieron al llamado de F para llevar a la menor Y a  la  casa de su abuelo, son coincidentes en afirmar que ésta se encontraba en el  mismo  lugar  en  donde la había dejado F, es decir, tirada en el piso entre la  alcoba  y  el  comedor,  con  la ropa en su lugar y sin ningún vestigio que les  hiciera  pensar  que  en ese momento había ocurrido algún delito, aunado a que  el  examen  médico  legal,  pudo  haber ocurrido en un lapso de probabilidad de  diez  días  antes, en el cual, como lo  afirma la defensa, pudo haber sido  ocasionado  por  otra  persona,  situación  que  no se desvirtúa con el simple  dicho  de  Y,  entendiendo  que  si bien es cierto señala un desgarro reciente,  llama  la  atención de  la Sala, que siendo producto de una (sic) supuesto  acceso  carnal,  causado  a  una  menor  que  nunca  ha  tenido  relaciones,  al  dictaminarse  a  escasas  horas  de  los  supuestos  hechos, como lo afirmara la  defensa,  es  de  esperarse  un dictamen pericial más claro, en cuanto a que el  himen  es  una membrana congestiva con gran presencia de vasos sanguíneos   los  cuales  son  sensibles  al  romperse  de  forma  violenta,  esperando no un  sangrado  en grandes cantidades pero sí una situación  que es perceptible  por  parte  del  médico forense, quien rindió un experticio, el cual no brinda  certeza  de que el acceso haya sido causado en forma inmediata, lo que brinda la  posibilidad  de  que  este halla (sic) ocurrido en cualquier momento de los diez  días  anteriores.  Además  debe  anotarse que no se encontró semen ni ninguna  otra  sustancia  o  huella  que demuestre que el acceso carnal que presentaba la  menor    Y   hubiera   sido   ocasionado   por   el   sentenciado”35.   

           

Se  nota  pues,  sin         mayor        esfuerzo,  que  el  sentenciador  de alzada en  ningún  momento  dejó  de  considerar  que en dicha materia la ciencia médica  sólo   admite  dos  posibilidades  de  conclusión,  teniendo  en  cuenta  que es de diez días el tiempo  que   de   ordinario   tarda   en   cicatrizar   la   membrana   himeneal  después de haber sido sometida  a   desgarro,  pues,  según  fue  expuesto  por  el  perito  en  la  audiencia,  “ni  en  este ni en ningún dictamen médico legal  sexológico  es  posible  determinar con exactitud y certeza el tiempo exacto de  cicatrización  de  un  himen,  salvo  en  ese  lapso  en esos diez días, si no  encontramos  un  desgarro  cicatrizado  podemos  decir  que  no  es  mayor  a 10  días”.   

Lo que sucede es  que  el juzgador, en cumplimiento de la función constitucional que le asiste de  apreciar   las   pruebas  y  asignarle  el  mérito  persuasivo,  llegó  a  una  conclusión     distinta     de     la     que     arriba    el    recurrente  quien  lo  que  pretende,  es  que  el  juzgador  admita  sin  más  el concepto  científico con prescindencia de los demás aspectos  fácticos  considerados  en  el fallo y que también  cuentan   con   el   debido   soporte   probatorio,  lo    cual    resulta  inadmisible    en    sede    extraordinaria,    toda    vez   que   repugna  al deber judicial de  valorar  los  medios tanto     individualmente    como    en    conjunto    y      siguiendo      los  criterios  establecidos para cada medio en particular, según  lo   dispone   el   artículo   380   de   la   Ley   906   de  2004.    

     

Al   efecto   el   Juzgador   tomó   en  consideración  las  circunstancias en que fue encontrada la menor, es  decir,  en  el  mismo lugar en que  había  sido  dejada  por  F  cuando  salió a buscar ayuda, según el relato de  ésta.   La   manera   como  la  niña  se  hallaba  vestida, esto es, con jean  y  camiseta  en su lugar “y sin ningún vestigio que les hiciera pensar que en  ese   momento   había  ocurrido  algún  delito”,  pues  nadie  informó  que  existieran  huellas  de violencia, ropas rasgadas o algo similar. La ausencia de  semen,  sangre  o alguna  otra   sustancia  o  huella   en  el  cuerpo  y  prendas,       que      pudieran  vincular  al acusado con la lesión  que        la       víctima       presentaba,    también   resultaron  definitivos  para  arribar  al decisión que el casacionista censura.   

Estos aspectos, considerados en el marco de  la  persuasión  racional  y de los criterios técnico científicos establecidos  para  la  apreciación  prueba  pericial, a que se alude en los artículos 380 y  420  de  la  Ley  906 de 2004, resultan racionalmente  aceptables  y  no  por  el hecho de que el recurrente no los comparta o presente  una  opinión diversa, puede afirmarse válidamente que tal apreciación resulta  suficiente  para  desvirtuar  la  doble  presunción  de acierto y legalidad que  preside la sentencia de segunda instancia.   

Y es que, si bien es cierto, existen algunas  circunstancias   –no  desconocidas  por el Tribunal en la sentencia- de las  que  podría  llegar  a  inferirse,  como  lo  hace  el recurrente,  que el  acusado  tuvo  la  oportunidad  de  haber accedido carnalmente a la menor cuando  ésta   se   hallaba  en  estado  de  inconsciencia,  también  es claro que otros hechos, debidamente acreditados, impiden conferirle  al   dictamen   el   mérito   de   verdad   apodíctica   que  el  casacionista  reclama.   

No  desconoció  el  juzgador  de  alzada  los  antecedentes de que da  cuenta  la  prueba  practicada  en  el  juicio,  que  repercuten  negativamente en contra del acusado, como  el   haber   mostrado   gusto   por   la   joven  al  punto     expresar   que   quería   ser   su  novio; haberles exhibido  a  las  dos  menores  una  película  de  contenido  pornográfico,  haberse  quedado solo con Y   por   algún  espacio  de  tiempo  antes  de  ser auxiliada por la madre y padrastro de  F.   

No  obstante,  observó  que  “si bien es  cierto  los  anteriores son indicios de preparación de los hechos y oportunidad  para  cometer el delito ejecutados por Alfonso Prieto Aldana, también lo es que  no  crean  el  grado  de certeza de la comisión del hecho punible por parte del  mencionado”.   

Asimismo,  a  partir  de  lo  consignado  en  el  dictamen  pericial,  según el cual la menor  presentaba  signos  y  huellas  compatibles  con  maniobras  sexuales  recientes  (menores  a  diez  días)  a  nivel  genital e indican desfloración,  el  Tribunal  consideró,   “la  posibilidad  que  la  menor hubiera tenido relaciones sexuales”, y   que   “el  único  que  pudo  haber   causado  esa  lesión  fue  Alfonso  Prieto  Aldana  quien estuviera momentos antes a solas con ella”.   

No  obstante,  al  analizar  estos  y otros  aspectos  que integran la  facticidad  del  caso,  con  la  totalidad  del arsenal probatorio, observó que  “si  bien  es  cierto  se  realizaron  actos reprochables por los cuales se le  está  acusando  por  actos  sexuales  con  menor  de  catorce años, no podemos  concluir  forzadamente que quien causó la lesión que certificara por parte del  Instituto  de  Medicina  Legal  fuera  quien  la  acompañara momentos antes, es  decir,                 el                sentenciado”.      

Para  denotar  que  las  conclusiones  del  Tribunal    no    se    ofrecen    carentes    de   racionalidad,   debe    destacarse    que   los   tres   profesionales  de  la  medicina  que  tuvieron  un  primer  contacto  con la  paciente,  partieron  del  supuesto  falso  que  la menor había sido hallada  abandonada,   tirada   en   el   piso   de  un  lugar  en  la  calle.   

Al    efecto    nótese    cómo    la  médica  del servicio de  urgencias  pediátricas  del Hospital San Rafael, con respecto al examen físico  de  ingreso,  lo  que  tuvo  lugar a las 23:45 de la  noche  del  27  de  enero  de  2007,  consignó en la  historia                  clínica36 lo siguiente:   

“Paciente    femenina    de    12   años   de   edad   traída   por   hermana,   quien   refiere  que  la  encontró  en  parqueadero  botada  en  el  piso,  somnolienta, con  múltiples   episodios  eméticos  y  sialorrea.  Al  examen  físico,  paciente  somnolienta,   irritante,   mucosa   oral   húmeda,  con  aliento  alcohólico,  inyección   conjuntival,   se   decide   dejar   en   observación.  Rehidratación oral. Vigilar patrón  respiratorio.  Posteriormente  paciente  refiere  dolor  en el epigastrio por lo  cual  se  ordena  ranitidina  50 mg im. Paciente valorada por medicina legal con  respectiva   toma   de   muestras   por  sospecha  de  abuso  sexual,  se  decide dar salida con recomendaciones generales a signos de  alarma”.               

Más    adelante    indicó:    

“28.01.07. Hora  8+45.  Paciente  actualmente en buen estado general,  se  reinterroga:  paciente refiere que se fue con una amiga para donde el señor  Alfonso   a  cobrar una plata, llegaron y la amiga le pidió un cigarrillo,  y  él se lo dio, luego sacó una caja de aguardiente y se pusieron a tomar, él  dijo  que  la  programación de la televisión estaba  muy  mala  y  que  él  tenía  una película pero era grosera, la amiga dijo no  importa,  y se la pusieron a ver y siguieron tomando y de ahí no se acuerda. El  día  de  hoy  llegó  la abuela al servicio se le contó el caso y se   le  sugirió  colocar  la  denuncia  por  sospecha  de  abuso  sexual”.    

De  igual  modo,  en  el  dictamen médico  legal                  sexológico37, suscrito e introducido al  juicio  oral  por  el  médico  forense Hans Cristian Dworschak Lozano,  se  llega a la siguiente conclusión:   

“Menor con edad clínica de entre 11 y 13  años    la    cual    es   encontrada   en   vía  pública  inconsciente  por  los padres de una amiga  quienes  le  avisan a los abuelos de la menor en cuestión los cuales la recogen  y  la  llevan  a la casa, donde presenta sintomatología al parecer de sialorrea  con  persistencia de la alteración de estado de conciencia ante lo cual deciden  trasladarla   al   Hospital   de   Fusagasugá   a  donde  ingresa  a  urgencias  pediátricas,  realizan  evaluación  clínica  y dan diagnóstico de embriaguez  alcohólica   y  la  dejan en observación, durante dicho lapso la menor al  parecer  confiesa  que  fue  por iniciativa de una amiga a quien identifica como  ‘F’  a  la  casa  de un sujeto a quien  identifica  como  ‘Don  Alfonso’ donde consume  ‘cigarrillo’     y     toma     ‘aguardiente’,   cita   que   el  sujeto  antes  mencionado  las invita a ver una película  y que ésta era de ‘sexo’  ,  refiere que comienzan a ver la  película  y  no  se acuerda de nada, solo cita que se despierta en el hospital.  Al  Examen  físico  presenta  lesiones  en  área  extragenital  por  mecanismo  contundente  (ver  acápite  específico  de  lesiones  personales).  Al  examen  genital  presenta  genitales externos femeninos de características adolescentes  normales,  eritematosos,  con  rastros  de materia fecal en vulva, se observa un  himen  anular  que  presenta  desgarro  de  bordes  edematosos  localizado en el  meridiano   de   las   cinco  según  las  manecillas  del  reloj  (sugestivo  de  presentar  desfloración  reciente,  menor  a  diez  días)  y ano con tono y forma normal. Los hallazgos  antes  descritos  son compatibles con maniobras sexuales recientes (menores  a  diez días) a nivel genital  e   indican   desfloración,   se   realiza   toma  de  muestras  para  estudios  complementarios         consistentes         en:         1-         Frotis    de  introito  vaginal,  fondo  de  saco  vaginal  y  rectal  para búsqueda y  determinación  de  espermatozoides. 2.- Muestras  de sangre en tubo tapa gris y  muestra   de  orina  en  frasco   de   polipropileno   para   análisis  de  toxicología.  3.-  Muestra  de sangre en tubo tapa  lila  para  eventual  cotejo  con  probables  muestras  del presunto agresor. 4-  Acudiente  de  la menor aporta ropa interior que la  menor  portaba  al  momento  de  ser encontrada la cual consiste en una tanga en  algodón  color azul con restos de materia fecal la cual se remite también para  estudios   complementarios,   se   recuerda  a  la  autoridad  que  para  un  adecuado análisis del caso se deben correlacionar los  hallazgos  del  presente  dictamen  con  las  versiones aportadas por la menor y  complementarlas   con   los   resultados   de   valoración   por   psiquiatría  forense”.   

Asimismo,   en   el   informe   pericial  psiquiátrico                Forense38,  suscrito  e introducido  al       juicio       por      la      Médica      Psiquiatra      Heidy  Luz  Chica Urzola, al resumir  los hechos se indica lo siguiente:   

“Según  se  desprende  del  contexto  sumarial,   la  menor Y P G V, es encontrada en  vía   pública,   en   estado   de  embriaguez  y  al  parecer  víctima  de delito sexual   en   hechos   que  son  objeto  de  investigación.  La  menor recuerda haber ingerido consumido cigarrillo y licor  previamente.  Le  es  practicado primer reconocimiento médico legal sexológico  forense   que   informa  hallazgos  ‘…compatibles   con  maniobras  sexuales  recientes  (menores  a  diez  días) a nivel genital e indican desfloración…”   

En  el análisis del caso, por parte de la  perito en mención, se señala:   

“Se  trata  de  una mujer, menor de edad  adolescente,  estudiante  de  secundaria,  huérfana, quien se encuentra bajo el  cuidado  de  abuelos paternos, con antecedentes médicos poco claros. De acuerdo  con  los  datos  suministrados  por  la  hermana,  la examinada y lo arrimado al  expediente,  la  menor  examinada no presentaba previo a los hechos alteraciones  mentales  ni  conductuales  ni tendencia a la mitomanía ni son referidas en las  pruebas  arrimadas al proceso. Al examen mental en la fecha se encuentran signos  y  síntomas  depresivos  moderados,  que  surgen  con  ocasión  de  los hechos  investigados  y  que  corresponden  con  un  Trastorno  Adaptativo con estado de  ánimo  Depresivo.  Por  la  presencia  de ideación depresiva sobrevalorada, se  sugiere  que  la  menor  reciba  acompañamiento psicoterapéutico. Por  el  relato  de  la  menor,  las  circunstancias  en  las  cuales fue encontrada y las  pruebas   arrimadas   al  proceso  se  encuentra  que  Y  P  G  V,  fue   puesta   en   incapacidad  de  resistir  por  medio  de  la  administración  de  sustancias  embriagantes, que le impidieron ejercer control  sobre   la   situación   a   la   cual   estaba   siendo   expuesta.  Someter  a  un  menor  a  tales  circunstancias constituye una  situación  de  estrés,  en  la menor examinada, la experiencia sufrida implica  una    condición    de   mayor   vulnerabilidad   a   situaciones   estresantes  futuras”.   

De  modo  que la primera impresión dada a  conocer  a  los  galenos  que  examinaron  a  la  menor, respecto del  lugar  en donde supuestamente había sido encontrada, resultó  determinante  no solamente para que llegaran a suponer, incluso concluir, que la  niña  había  sido  objeto de abuso sexual, sino para demandar la intervención  la  autoridad  en  orden  al  adelantamiento  de la  averiguación penal correspondiente.   

Pero   es   claro   que   la   investigación   permitió   establecer   que   la   menor  no  fue  encontrada  en  el  sitio  donde  se  supuso  erradamente  por  los  galenos, esto es, abandonada en la vía   pública,  sino  en  la  casa  del  acusado  y  no  sólo  eso,  sino  en  el mismo sitio y condiciones  en que  había   sido   dejada   por   la   menor   F  cuando  salió  en  busca  de  su  madre.   

Si  a  ello  se  agrega,  que  según  los  estudios  de  laboratorio,  en  el  cuerpo ni en la ropa interior de la menor se  encontraron    espermatozoides    o   manchas  de  sangre,  no  resulta  irracional  la conclusión del  juzgador  de  alzada, en  el  sentido  de  que, si  bien  la desfloración tuvo lugar dentro de los diez días anteriores, ello pudo  haber  sucedido  en cualquier momento de esos diez días, sin que necesariamente  hubiera      tenido      ocurrencia   mientras   la   niña  se  encontraba  sola  y  en  estado  de  inconsciencia  en  la  casa  del  acusado. Por esto  resulta  comprensible la queja del Tribunal, en cuanto considera que, atendiendo  la  gravedad  de  los  hechos,  era “de  esperarse un dictamen más claro, en cuanto a que el himen es  una  membrana  congestiva con gran presencia de vasos sanguíneos los cuales son  sensibles  al  romperse  de  forma violenta, esperando no un sangrado en grandes  cantidades  pero  sí  una  situación  que es perceptible por parte del médico  forense”,  en  apreciación  que en manera alguna  resulta contraria a la lógica, la ciencia  o la experiencia.   

Nótese  que por petición del galeno, los  familiares   de  la  menor  hicieron  llegar,  para  efectos  de  los  análisis  correspondientes,  la  ropa  interior  que  la niña usaba al momento en que fue  auxiliada  por  la señora Ruth Marisela    y    John    Jairo   Melo,   y   sólo   se   encontró   que  presentaba  restos  de  materia  fecal,  lo  que  resulta  compatible  con  las  muestras  de  la  misma  naturaleza  halladas en  la  vulva  de  la  menor, y con la diarrea que presentó antes de ser llevada al  servicio  de  urgencias, según fue informado por su  hermana     y     consta    en    la    historia  clínica39.        

A     este     respecto,  la  Corte  considera pertinente señalar que   algún  sector  de  la  literatura científica40,  patentiza   que   la   razón   está   de   lado   del   Tribunal   y   no  del  recurrente:   

“La  violación  traumatiza  la membrana  vaginal  que se desgarra  en    uno    o    varios    puntos    situados    generalmente    en   cuadrante  posterior.   

“La  producción  de  estas  pequeñas  heridas   se  acompaña  habitualmente,  pero  no  siempre,  de  dolores  y  una  hemorragia  poco  abundante; las pequeñas incisuras, más o menos profundas, se  prolongan  a  veces  más  allá  del  borde  adherente,  en la mucosa vaginal o  vestibular.   

“El  número  y  emplazamiento  de  los  desgarros   himeneales  están  supeditados  a  las  configuración,  espesor  y  resistencia  de  la  membrana,  reforzada  por  los  pilares vaginales. El himen  anular  se desgarra por tres o cuatro sitios distintos; en el himen semilunar se  observan   casi   siempre   dos   desgarros  laterales;  el  himen labiado se hiende ordinariamente  en su comisura posterior.   

“Cuando  los desgarros son recientes, es  decir,  datan  de  menos de cuatro días (de 15 a 20  días  si  hay  inflamación),  sus  bordes  son  rojos,  sangrantes,  tumefactos,  cruentos, a  veces  supurantes. Después de la cicatrización son  ligeramente  sinuosos  y  un  poco  engrosados,  pero  libres  porque  el  himen  desgarrado  no  se  reconstituye; la soldadura de los fragmentos es excepcional;  la desfloración es una herida que no se cierra más.   

(..)  

“2º.  Las  huellas  hemorrágicas  proceden  del  desgarro del himen. Tales huellas hay que  investigarlas  e identificarlas en la ropa interior  (camisa, pantalón) en  el  suelo,  en  la  cama,  etc.,  pueden  no  existir  (himen dilatable) o haber  desaparecido  en  el momento de la investigación”  (se               destaca).   

Así  entonces,  la  ponderación  que  el  juzgador   de   alzada   hizo   del   referido  dictamen  pericial,  no  resulta  contraria  a las leyes  de   la   ciencia   según   es   considerado  por  el  recurrente,  como  para  llegar  a  concluir de  manera  inequívoca,   que  la noche de los hechos la menor YPGV fue objeto  de  acceso  carnal en estado de inconsciencia, y que  este  acceso  fue  llevado  a  cabo  por el acusado.   

Una  tal  afirmación, sólo podría   ser  el  resultado  de  la  conjetura  atendiendo  la  primera  idea  que  se  viene  a  la  mente cuando se  informa,  sin  decir  toda  la verdad, que  la niña fue encontrada en estado de inconciencia a causa de  su   alto   grado   de  embriaguez,  abandonada  en  la   vía   pública  y   con   evidencia   de   haber  sido  manipulada  sexualmente   con  desgarro  himeneal  reciente,  pero  no  cuando  se  analizan  integralmente  y con el debido detalle, todas  y  cada  una de las pruebas y  evidencias      sobre      las     específicas      circunstancias  del   caso   que  la  investigación           arroja.   

Por  esto, con  razón   en   el   dictamen   sexológico   el   perito   dijo   “se  recuerda  a  la  autoridad que para un adecuado análisis del  caso  se  deben  correlacionar  los  hallazgos  del  presente  dictamen  con las  versiones  aportadas  por  la  menor  y  complementarlas  con  los resultados de  valoración   por   psiquiatría   forense”   y,  agregaría  la  Corte,  obviamente  con  los  resultados  de  los  exámenes  de  laboratorio   y   las   demás  pruebas  practicadas  en  el  juicio.   

Esto   precisamente   fue   lo  realizado  por  el  Tribunal  quien  además advirtió que la  investigación  fue  defectuosa, pues “se dejó de  lado  una  inspección  corporal  del  imputado, una inspección al lugar de los  hechos,  una  verificación  entre  el  dicho  de  los  testigos y la situación  fáctica,   en   cuanto  a  las  distancias,  lugares,  entre  otros”.   

Lo  que  se observa es que a partir de los  primeros  hallazgos y de la información erradamente suministrada a los galenos,  posiblemente  se  dio  lugar  a  considerar con criterio de verdad sin realmente  serlo,  que  la  menor había sido objeto de abuso sexual en los momentos en que  permaneció    a    solas   con   el   acusado,   y   ello   generó,   como  era  apenas obvio, una  situación  de  alarma en el entorno social en que se desenvuelve la niña y dio  lugar      a      que      la      Fiscalía  se  apresurara a formular  una  hipótesis  criminal  que  para  el  momento  de realización del juicio no  estaba   suficientemente  consolidada  y  respaldada  con  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  e información legalmente obtenida,   y   por   lo   mismo  dio  al  traste  con  sus  pretensiones  punitivas.            

Como      quiera      entonces   que  el  Tribunal  no  se  apartó  de  las  pautas  de  la  sana  crítica en la apreciación de la prueba  pericial,  es  claro  que no le asiste razón al casacionista en la formulación  del reparo.   

5.1.3.- Tercer  reproche.  (Error  de  hecho  por falso raciocinio.  Desconocimiento de las reglas de experiencia).   

El demandante considera que el Tribunal no  aplicó  las  reglas de la experiencia, en cuanto no  le  confirió  mérito persuasivo a la manifestación de la niña YPGV cuando en  el juicio oral declaró que no ha sostenido relaciones sexuales.   

Antes de dar respuesta al reparo, debe decirse  que  en  cuanto  tiene  que  ver con el testimonio de menores víctimas de abuso  sexual,             la             Corte41,   en  consideraciones  que  ahora    se   reiteran,   se   ha   ocupado   del   tema   en   los   siguientes  términos:   

“En cuanto a esto se tiene que la Corte a  través  de sus últimos pronunciamientos sobre este tema, ha venido sosteniendo  que  no  es  acertado  imponer  una veda o tarifa probatoria que margine de toda  credibilidad  el testimonio de los menores, así como el de ninguna otra persona  por  su mera condición, como suele ocurrir con los testimonios rendidos por los  ancianos  y algunos discapacitados mentales, con fundamento en que o bien no han  desarrollado  (en el caso de los niños o personas con problemas mentales) o han  perdido    algunas    facultades   sico-perceptivas   (como   ocurre   con   los  ancianos).   Sin embargo, tales limitaciones per  se  no  se  ofrecen suficientes para restarles total  credibilidad  cuando  se  advierte  que  han efectuado un relato objetivo de los  acontecimientos.       

“La  primera  premisa  que  conduce a esa  conclusión  tiene  que  ver con que la ley penal no impone restricción en  ese  sentido.   En  el caso específico del testimonio de los menores de 12  años,  por ejemplo, actualmente no existe prevención al respecto, ni en la Ley  600  de  2000 -que rige este asunto- (artículo 266), ni en la 906 de 2004 (383,  inciso  segundo),  distinta  a la de que en las dos legislaciones se precisa que  cuando  depongan  sobre  los  hechos no se les recibirá juramento y que durante  esa  diligencia  deberán  estar  asistidos -en lo posible- por su representante  legal      o      por     un     pariente     mayor     de     edad.         

“De modo que como cualquier otra prueba de  carácter  testimonial,  la  declaración  del menor, que es el tema que incumbe  para  los  fines  de  esta  decisión,  está  sujeta  en  su  valoración a los  postulados  de  la  sana crítica y a su confrontación con los demás elementos  probatorios  del  proceso,  sin  que se encuentre razón válida para no otorgar  crédito  a  sus aportes objetivos bajo el pretexto de una supuesta inferioridad  mental.   

“En sentencia del 19 de julio de 1991, la  Sala   señaló   que   “si  por  testimonio  cabe  entender,  jurídicamente  hablando,  los  hechos, circunstancias o cosas que se  ponen  en  conocimiento  de  la  autoridad  respectiva  y  que  interesan  a una  investigación  o  a  un  proceso, no se ve por qué un menor esté incapacitado  para  testimoniar”.  Credibilidad en el plano  jurídico  que, además, es el reflejo de las relaciones interpersonales con los  infantes,  pues  resultaría  inaudito  llegar  al  extremo  de que, únicamente  porque  aun  no  han desarrollado a plenitud sus facultades mentales, físicas y  éticas,  sus  relatos  merezcan  el  repudio absoluto de la colectividad, si se  evidencia   que  tienen  la  capacidad  de  ilustrar  objetivamente  sobre  unos  hechos.   

            

“Posteriormente,  la  Sala  también  se  refirió  al punto cuando se pretendió descalificar su confiabilidad por razón  de  que  legalmente  no  se  exigiera  que  el  testimonio  fuera  rendido  bajo  juramento;   no  obstante,  se  concluyó  que  tal  situación tampoco era  suficiente para ello, previo el siguiente raciocinio:   

‘2.-La  ley  procedimental   de  1971  (Decreto  409)  en  su  artículo  237,  contiene  una  orientación  igual  a  la  del  artículo  282  del Decreto 2700 de 1991. En el  interregno  (Decreto  050/87),  nada se especificó sobre testimonios de menores  de   edad42.  De  ahí que con antecedente tal y con el silencio subsiguiente  se  continuó,  como  costumbre,  prescindiéndose  del  juramento  (el niño no  comprende  la  trascendencia de esa conminación, no es objeto de sanción penal  de  falso testimonio, una y otra pueden incidir en la espontaneidad de su dicho,  etc.)  buscándose  ambientar  adecuadamente esa intervención y evitar abusos o  suspicacias,  lo cual se propiciaba con el concurso de su representante legal o,  en   su   defecto,   de  un  pariente  cercano.  La  jurisprudencia   ha  estimado  esa  práctica  como  ajena  a  incorrecciones  y  encuentra  el tema como aspecto de mermada entidad, insuficiente para perder por  una  supuesta  formalidad  legal,  la  eficacia  de una versión así producida,  apreciándose  así  su imprescindible substancialidad. No falta quien anote que  el  texto  del  artículo  282  viene  a  mantener  una  continuidad legislativa  necesaria  y  conveniente. En situación tal, no es dable pensar ni en un vacío  que  deba apreciarse como que la persona de reducida edad debe prestar juramento  so  pena  de  resultar  ilegal  su  declaración y perder ésta, por tanto, todo  mérito’ 43  (subrayas             fuera             de  texto).              

“Esta  misma  línea  jurisprudencial  se  reiteró en decisión ulterior, con sustento en lo siguiente:   

‘El juramento  del  testigo  es  apenas  una  facultad  de compulsión que la ley autoriza para  procurar  su  vinculación  con  la  verdad  de  lo  percibido,  lo cual permite  amonestarlo  sobre  la  importancia  moral y legal del acto, al igual que de las  sanciones  penales  a  que se haría acreedor si declarare falsamente o incumple  lo  prometido  (Art.  285  C.  P.  P.).   En el caso del menor de 12 años,  precisamente  por  su  corta  edad,  la  ley  optó  por  no  compelerlo con una  formalidad  por  la  cual  aún  no  está en capacidad de responder, porque, en  últimas,  jurídicamente  no  interesa  tanto  que  el  testigo haya faltado al  compromiso  moral  sino  que  haya  violado  un  vínculo  legal  para ocultar o  desdibujar  la  verdad  que conoce, conducta que es la que lo podría conducir a  una sanción penal.   

‘Así  pues,  aunque  el  juramento  apunta  a  garantizar  la  verdad  en la declaración del  testigo,  la ausencia del mismo no significa que el deponente voluntariamente no  pueda  ser  fiel  a  la  misma,  como evidentemente puede ocurrir en el caso del  menor  de  12  años.   De  igual manera, si la  importancia  del juramento es más funcional que de regularidad de la diligencia  (de  hecho  en otras legislaciones no existe y sólo se acude a las advertencias  previas  de  las consecuencias legales), imponerlo artificiosa o equivocadamente  al  menor,  siempre  y  cuando no se le trate de obligar a declarar en contra de  las  personas  incluidas  en  el   círculo  de protección legal, no tiene  repercusión  en  la validez del testimonio, pues lo que sigue, se repite, es la  evaluación  crítica del testimonio por los funcionarios judiciales,  ya  que  las conminaciones penales están excluidas de antemano  por  la  excepción  que hace el artículo 282 del C. de P. P. y no por voluntad  judicial.   

‘Igualmente,  como  la  exoneración  que la ley hace del juramento al menor de 12 años tiene  que  ver  con  el  riesgo  asumido  para que el testigo diga espontáneamente la  verdad,  si  lo quiere, también con toda relatividad se prevé que aquél pueda  estar  asistido para garantía de un trato libre y no compulsivo, en lo posible,  por    el    representante    legal    o    un   pariente   cercano.’44.   

“Así las cosas, razonable es colegir, de  acuerdo  con  los  antecedentes  jurisprudenciales  sobre  la  materia,  que  el  testimonio  del  menor  no  pierde  credibilidad  sólo  porque  no  goce  de la  totalidad  de  sus  facultades  de discernimiento, básicamente porque cuando se  asume  su  valoración  no  se  trata  de  conocer  sus  juicios  frente  a  los  acontecimientos,  para  lo cual sí sería imprescindible que contara a plenitud  con   las  facultades  cognitivas,  sino  de  determinar  cuan  objetiva  es  la  narración  que  realiza,  tarea para la cual basta con verificar que no existan  limitaciones  acentuadas  en  su capacidad sico-perceptiva distintas a las de su  mera  condición,  o que carece del mínimo raciocinio que le impida efectuar un  relato  medianamente inteligible;  pero, superado ese examen, su dicho debe  ser  sometido  al  mismo  rigor  que se efectúa respecto de cualquier otro  testimonio     y     al     tamiz    de    los    principios    de    la    sana  crítica.            

“Por  esa razón, en la última decisión  referida,     con     relación     a     dicha     probanza     se     precisó  que:               

‘…si  la  legislación  procesal penal autoriza la convocatoria del menor de 12 años como  testigo  dentro  del  proceso,  no son posibles de lege ferenda aquellos juicios  anticipados  que sugiere el demandante y expone también el Procurador Delegado,  en  el  sentido  de  que  una  persona  de  esa  edad  no  puede  ser fiel a las  impresiones  que  recibe  durante el desarrollo de un acontecimiento cualquiera,  dado  que  su  capacidad de concentración es dispersa y también es limitada su  comprensión  de  lo  que  ocurre  en el mundo exterior.  Si esto fuera tan  fatal  y  categórico  como  se  insinúa,  de  una  vez  el  legislador hubiera  descartado  como  testigos a los menores de 12 años, pero, por el contrario, la  psicología  experimental  enseña  que  la  minoría  de  edad,  la  vejez o la  imbecilidad  no  impiden  que  en  determinado  caso  se  haya podido ver u oír  bien.   

‘Por  ello,  cualquier  persona,  sin importar su condición, de  la  cual  se  pueda  pregonar  que  de  alguna manera estuvo en contacto con los  hechos  pasados,  debe  ser admitida como testigo dentro del proceso, obviamente  sin  perjuicio  del  valor  probatorio  que  los  funcionarios  judiciales en su  oportunidad  le  puedan  adjudicar  al testimonio, en  relación  con las características personales de aquellos de quienes proviene y  otros  criterios  legalmente  dispuestos (C. P. P., Arts. 254 y 294)’45.   

“Es  más, como se precisa en la anterior  providencia,  la  exclusión  del  mérito  que  ofrece  el testimonio del menor  desatiende  estudios elaborados por la sicología experimental y forense, por lo  que  se  puede  concluir  que  una tal postura contraviene las reglas de la sana  crítica,  en  cuanto  el  juicio  del funcionario debe mostrarse acorde con los  postulados  científicos.   Estudios recientes realizados por profesionales  de  esas  áreas,  indican  que  no  es  cierto  que  el  menor,  a pesar de sus  limitaciones,  no  tiene  la  capacidad  de  ofrecer  un relato objetivo de unos  hechos   y   muy   especialmente   cuando   lo  hace  como  víctima  de  abusos  sexuales46.   

      

“De   acuerdo  con  investigaciones  de  innegable  carácter  científico,  se  ha establecido que cuando el menor es la  víctima    de    atropellos   sexuales   su   dicho   adquiere   una   especial  confiabilidad.   Una  connotada  tratadista  en la materia, ha señalado en  sus estudios lo siguiente:         

‘Debemos  resaltar,  que  una  gran  cantidad  de  investigación  científica,  basada en  evidencia  empírica,  sustenta  la  habilidad  de  los  niños/as  para brindar  testimonio  de  manera  acertada, en el sentido de que, si se les permite contar  su  propia  historia con sus propias palabras y sus propios términos pueden dar  testimonios  altamente  precisos  de  cosas que han presenciado o experimentado,  especialmente  si  son  personalmente  significativas o emocionalmente salientes  para  ellos.  Es  importante  detenerse  en  la  descripción  de los detalles y  obtener  la  historia  más  de  una  vez  ya que el relato puede variar o puede  emerger  nueva  información.  Estos hallazgos son valederos aún para niños de  edad  preescolar,  desde  los dos años de edad. Los niños pequeños pueden ser  lógicos  acerca  de  acontecimientos  simples  que  tienen importancia para sus  vidas  y  sus relatos acerca de tales hechos suelen ser bastante precisos y bien  estructurados.  Los  niños  pueden recordar acertadamente hechos rutinarios que  ellos  han  experimentado  tales  como  ir a un restaurante, darse una vacuna, o  tener  un  cumpleaños,  como  así también algo reciente y hechos únicos. Por  supuesto,  los  hechos  complejos  (o  relaciones complejas con altos niveles de  abstracción  o inferencias) presentan dificultad para los niños. Si los hechos  complejos  pueden separarse en simples, en unidades más manejables, los relatos  de  los niños suelen mejorar significativamente. Aún el recuerdo de hechos que  son   personalmente   significativos  para  los  niños  pueden  volverse  menos  detallistas a través de largos períodos de tiempo.   

‘Los  niños  tienen   dificultad   en   especificar  el  tiempo  de  los  sucesos  y  ciertas  características  de  las  personas  tales como la edad de la persona, altura, o  peso.               También  pueden  ser  llevados a dar un falso testimonio de abuso  ya  que,  como  los  adultos,  pueden  ser  confundidos  por el uso de preguntas  sugestivas  o  tendenciosas. Por Ej. el uso de preguntas dirigidas, puede llevar  a  errores  en  los  informes  de  los  niños,  pero  es  más  fácil conducir  erróneamente  a  los  niños acerca de ciertos tipos de información que acerca  de  otros.  Por  ejemplo, puede ser relativamente fácil desviar a un niño de 4  años  en  los  detalles  tales  como el color de los zapatos u ojos de alguien,  pero  es  mucho más difícil desviar al mismo niño acerca de hechos que le son  personalmente  significativos  tales  como  si  fue  golpeado  o  desvestido. La  entrevista  técnicamente  mal  conducida  es  una  causa  principal  de  falsas  denuncias.   

         

‘Habrá  que  captar  el lenguaje del niño y adaptarse a él según su nivel de maduración y  desarrollo  cognitivo  para  facilitar  la  comunicación del niño. Por Ej. los  niños  pequeños  pueden  responder  solamente aquella parte de la pregunta que  ellos  entienden,  ignorando  las  otras partes que pueden ser cruciales para el  interés  del  adulto.  Por lo tanto es conveniente usar frases cortas, palabras  cortas,   y  especificar  la  significación  de  las  palabras  empleadas.  Los  entrevistadores  también necesitan tener en cuenta que a veces, la información  que  los  niños  intentan  aportar  es  certera, pero su informe acerca de esto  puede  parecer  no  solo  errónea, sino excéntrica (burda) para un adulto. Por  ejemplo,   un  chico  puede  decir  que  “un  perro  volaba”  sin  decir  al  entrevistador   que   era   un   muñeco   que   él   pretendía   que  pudiera  volar.   

‘El  diagnóstico  del  Abuso Sexual Infantil se basa fuertemente en la habilidad del  entrevistador  para  facilitar la comunicación del niño, ya que frecuentemente  es     reacio    a    hablar    de    la    situación    abusiva…’47.   

“A partir de investigaciones científicas  como  la anterior, se infiere que el dicho del menor, por la naturaleza del acto  y  el  impacto que genera en su memoria, adquiere gran credibilidad cuando es la  víctima de abusos sexuales.       

“Por  otro  lado,  la tendencia actual en  relación  con la apreciación del testimonio del infante víctima de vejámenes  sexuales  es  contraria  a la que se propugna en el fallo impugnado, atendido el  hecho  de que el sujeto activo de la conducta, por lo general, busca condiciones  propicias  para  evitar  ser  descubierto y, en esa medida, es lo más frecuente  que  sólo  se  cuente  con  la  versión  del  ofendido, por lo que no se puede  despreciar tan ligeramente.   

“Pero,  además,  desconocer  la  fuerza  conclusiva  que  merece  el testimonio del menor víctima de un atentado sexual,  implica   perder   de   vista  que  dada  su  inferior  condición  –por   encontrarse  en  un  proceso  formativo  físico  y  mental-  requiere  de  una especial protección, hasta el  punto  de  que,  como  lo  indica  expresamente  el  artículo  44  de  la Carta  Política,  sus  derechos  prevalecen  sobre  los  demás  y,  por  lo tanto, su  interés es superior en la vida jurídica.       

“Precisamente,  en  cuanto  al denominado  interés  superior  que ha adquirido el menor en la sociedad, oportuno se ofrece  destacar  lo  que  la Corte Constitucional puntualizó en la sentencia T-408/95,  de  cuyo  texto  se  puede  dimensionar  la  evolución  de su rol en el devenir  histórico:   

‘El denominado  “interés   superior”  es  un  concepto  de  suma  importancia  que  transformó  sustancialmente  el  enfoque  tradicional  que  informaba  el tratamiento de los  menores   de  edad.  En  el  pasado,  el  menor  era  considerado  “menos   que   los   demás”  y,  por  consiguiente,  su intervención y participación, en  la  vida  jurídica  (salvo  algunos  actos  en  que  podía intervenir mediante  representante)  y,  en  la  gran  mayoría  de  situaciones  que  lo  afectaban,  prácticamente   era  inexistente  o  muy  reducida.   

‘Con   la  consolidación  de  la  investigación científica, en disciplinas tales como la  medicina,  la  sicología, la sociología, etc., se hicieron patentes los rasgos  y  características  propias  del  desarrollo de los niños, hasta establecer su  carácter  singular  como  personas,  y  la  especial relevancia que a su status  debía  otorgar  la  familia,  la  sociedad  y el Estado. Esta nueva visión del  menor  se  justificó  tanto  desde  una perspectiva humanista – que propende la  mayor   protección   de  quien  se  encuentra  en  especiales  condiciones de indefensión -, como desde  la  ética  que  sostiene que sólo una adecuada protección del menor garantiza  la  formación  de un adulto sano, libre y autónomo. La respuesta del derecho a  estos  planteamientos  consistió  en  reconocerle al menor una caracterización  jurídica  específica  fundada en sus intereses prevalentes. Tal reconocimiento  quedó  plasmado  en la Convención de los Derechos del Niño (artículo 3°) y,  en  Colombia,  en  el Código del Menor (Decreto 2737 de 1989). Conforme a estos  principios,  la Constitución Política elevó al niño a la posición de sujeto  merecedor  de  especial  protección  por  parte  del  Estado,  la sociedad y la  familia   (artículos   44   y   45)’48   

  (subrayas  fuera de texto).   

“Los  conceptos  a  los  que  se  ha hecho  referencia  no  pueden  ser   vacíos y abstractos;  por el contrario,  tienen  manifestaciones  concretas  en  el  mundo  jurídico  y de ello no está  alejado  el  ámbito  penal.   De  esa  forma,  se  ha sostenido que en las  actuaciones  de  esta naturaleza en donde se vea involucrado un menor, bien como  acusado  o  como  víctima,  es necesario brindarle una protección especial que  impida  su  discriminación.   Precisamente  cuando sean sujetos pasivos de  conductas  punibles sexuales, ello se traduce, como también lo resalta la Corte  Constitucional, en  que:                 

‘Las  autoridades  judiciales  que  intervengan  en  las  etapas  de  investigación y  juzgamiento   de   delitos   sexuales   cometidos  contra  menores  deben  abstenerse  de actuar de manera discriminatoria contra las  víctimas,  estando  en  la obligación de tomar en consideración la situación  de  indefensión  en  la  cual  se  encuentra cualquier niño que ha sido sujeto  pasivo de esta clase de ilícitos.   

‘En efecto, en  la  mayoría  de  estos  casos,  los  responsables del abuso sexual son personas  allegadas  al  menor,  aún  con  vínculos  de  parentesco,  lo  cual dificulta  enormemente  la  investigación  del ilícito. Es usual asimismo que la víctima  se  encuentre  bajo  enormes  presiones psicológicas y familiares al momento de  rendir testimonio contra el agresor.   

‘De tal suerte  que  constituiría acto de discriminación cualquier  comportamiento  del  funcionario  judicial  que  no  tome  en  consideración la  situación  de indefensión en la que se encuentra el menor abusado sexualmente,  y  por  lo  tanto  dispense  a la víctima el mismo trato que regularmente se le  acuerda  a  un  adulto,  omita  realizar  las  actividades  necesarias  para  su  protección,  asuma  una actitud pasiva en materia probatoria, profiera frases o  expresiones  lesivas  a  la  dignidad  del  menor  o  lo intimide o coaccione de  cualquier  manera  para  que  declare  en algún u otro sentido o para que no lo  haga.  Tales  prácticas  vulneran  gravemente la Constitución y comprometen la  responsabilidad    penal    y    disciplinaria    del    funcionario   que   las  cometa.   

‘En este orden  de  ideas,  el  interés superior del niño conduce  necesariamente  a  que  los funcionarios judiciales modifiquen su actitud pasiva  frente  al  menor  víctima  de  delitos  sexuales  en  el  curso  de un proceso  judicial,  absteniéndose  de  cualquier  práctica  discriminatoria’49        (subrayas fuera de texto).   

Asimismo,  en cuanto tiene que ver con “el  testimonio  de  la  víctima,  menor  de  edad,  en  los  delitos  de  violencia  sexual”,    en    asunto    similar    a    este50,  aunque,  necesario resulta  aclararlo,           no           idéntico51,       la     Corte  Constitucional52 indicó:   

“Al  lado  de  la  defectuosa valoración  pericial,  se  advierte  también en este caso, que el testimonio de la víctima  no  se  tuvo  en cuenta en la providencia atacada, pese a que a lo largo de todo  el  proceso, la menor XXX insistió en que por el grado de embriaguez que tenía  no  se  acuerda de lo sucedido y que jamás prestó su consentimiento para tener  relación sexual con el implicado.   

“La  sentencia  T-554 de 200353 señaló  que  en  los  procesos  penales  donde  las  víctimas  sean  menores de edad el  decreto,  la  valoración  de  las  pruebas periciales y la construcción de los  indicios,  deben  estar  siempre  orientados  por  la  salvaguarda  del interés  superior  del  niño,  recogido  en  el  artículo 20 del Código del Menor y en  varios  tratados y declaraciones internacionales. Este principio regulador de la  normativa  de  los  derechos  del  menor  se  funda en la dignidad misma del ser  humano  y  en  las  características  propias de los niños y en la necesidad de  propiciar   el   desarrollo   de   éstos,  con  pleno  aprovechamiento  de  sus  potencialidades,  así  como en la naturaleza y alcances de la Convención sobre  los Derechos del Niño de 1989.   

“La  sentencia  T-554  de  2003  expuso,  igualmente,  que cuando se trata de la investigación de delitos sexuales contra  menores,  la  prueba  indiciaria  adquiere gran relevancia. En efecto, dadas las  circunstancias  en  las que estas infracciones suelen producirse, con víctima y  autor  solos  en  un espacio sustraído a la observación por parte de testigos,  debe  procederse  en  muchos  casos  a una prueba de indicios en la que adquiere  suma  importancia  la  declaración de la víctima. Comenta la sentencia citando  la     doctrina     española,      que     en     España     “existe   una  jurisprudencia  constante  del  Tribunal  Supremo  conforme  a la cual puede bastar el testimonio de la víctima para desvirtuar la  presunción  de  inocencia  cuya  vulneración  frecuentemente  se alega por las  defensas  en este tipo de delitos”. En tal sentido,  ese   Tribunal  se  pronunció  en  sentencia  del  2  de  enero  de  1996   sosteniendo   que  “es  doctrina de esta Sala  que  el testimonio de la  victima  de  un  delito tiene aptitud y suficiencia para enervar el principio de  presunción         de         inocencia”54.   

“Reitera  entonces  la  Sala  que, en los  casos  en  los  cuales  sean menores las víctimas de la violencia sexual, estos  principios   adquieren   una  mayor  relevancia  y  aplicación,  es  decir,  la  declaración  de  la  víctima  constituye  una prueba esencial en estos casos y  como  tal  tiene  un  enorme  valor  probatorio  al momento de ser analizadas en  conjunto con las demás que reposan en el expediente”.   

En  el  presente  caso,  y  sin  perder  de  vista  los  referidos  pronunciamientos   jurisprudenciales,  ciertamente,  después de revisar los  registros  de  audio  de  lo  acontecido durante el  juicio  oral, encuentra la Corte que la citada menor  dijo  no haber tenido novio, ni haber sostenido relaciones sexuales en    persona   alguna.  El Tribunal, sin llegar a restarle  crédito   a  la  afirmación  de  la  menor,  como  lo  estima  el  recurrente,  al  ponderar su dicho frente a las conclusiones del  dictamen  pericial  que denotó la presencia de desgarro himeneal compatible con  maniobras  sexuales  recientes,  es  decir,  menores a diez días, encontró que  el     informe     científico     “no  brinda  la  certeza de que el  desgarro  haya sido causado en una forma inmediata, lo que brinda la posibilidad  de  que  este  halla (sic) ocurrido en cualquier  momento de los diez días  anteriores.  Además  debe  anotarse  que  no se encontró semen ni ninguna otra  sustancia  o huella que demuestre que el acceso carnal que presentaba la menor Y  hubiera       sido      ocasionado      por      el      sentenciado”.   

Y  es  que  en  criterio  de  la  Corte la  consideración  del  Tribunal sopesa los dos intereses en conflicto, el superior  del  adolescente  a  que  se  refiere  la Delegada del Ministerio Público en la  diligencia   de  sustentación  del  recurso  de  casación,  con  la  garantía  fundamental  del  in  dubio  pro reo según la cual  toda    duda,   cuando   sea   insalvable,   debe   resolverse   a   favor   del  acusado.   

Lo  cierto del caso es que la pregunta que  la    Fiscalía    formuló    a    la    menor    sobre    si    había tenido relaciones sexuales o si  alguna   persona   le   había   propuesto   tenerlas,  no  solamente  resultaba  impertinente  sino  manifiestamente  ilegal, dada la  prohibición  de  averiguar  por  la  vida  sexual  de  la  víctima. Esto mismo  aconteció  con  el interrogatorio formulado al joven Diego Velásquez Latorre a  quien     también     se    indagó    sobre    dicho    particular.   

No  tuvo  en  cuenta el interrogador de la  Fiscalía,   tampoco   el   juzgador   de  primera  instancia,   que  la  respuesta  del  joven en  relación  con  ese  aspecto  de su sexualidad, en las circunstancias en que era  interrogado  –  esto  es,  por  la  Fiscalía,  ante  un  juez  y  en  el  marco de un proceso penal-,  no podía ser sino negativa, ya que de haberla dado  en  sentido  contrario,  un  tal  tipo de respuesta  afirmativa  no  correspondía a nada distinto de la  admisión  de responsabilidad penal por haber  incurrido en la conducta definida por el artículo 208 del  Código    Penal   como   acceso   carnal   abusivo   con   menor   de   catorce  años.   

Entonces,  por  el  lado que se observe el  panorama,  ninguna  de  las  respuestas  de  los  dos menores sobre su   vida   o   actividad   sexual  anterior  a  los  hechos materia de investigación,  podía     constituir     prueba    idónea  en  el  presente caso, menos  para aducirla en contra  del  procesado  sin el  riesgo     de     caer     en     la     absurda  consideración, según  la  cual, como     la     niña   dijo   no   haber   tenido   relaciones   sexuales    y    presenta    desfloración    reciente,       entonces     el     acusado  es    la  única  persona   que   pudo  haber  causado  dicho  resultado,  con prescindencia  de   los   demás   elementos  de  convicción  practicados  durante  el  juicio  y   a   los   cuales  ampliamente se ha hecho referencia párrafos arriba.   

No  se  trata,  como al parecer  es  entendido por el recurrente y  la  Delegada  del  Ministerio Público, de negar sin  ningún  fundamento válido toda credibilidad al dicho de la menor, sino todo lo  contrario;  de atender  su  relato de los hechos hasta el último momento en que perdió la consciencia,  pero     respetando     siempre     su     dignidad    como    ser    humano,    más    aún   en   aquellos  aspectos  que  resultan   inescrutables   por   mandato   constitucional   y  legal,  según  ha  sido  entendido  por la jurisprudencia55   en  términos que a continuación se recuerdan:   

“[…] como la actividad probatoria tiene  que  estar  circunscrita durante el transcurso de la  actuación   procesal   a   la   verificación   o  refutación  de  los  hechos  jurídicamente  relevantes  del  caso  contenidos  en  la  acusación,  o  a  la  demostración  de  un  enunciado  fáctico  del  cual se pueda extraer de manera  lógica   una   conclusión   acerca   de   la   verdad   o   falsedad   de  los  mismos56,  refulge como evidente que no puede ser objeto de prueba la vida  íntima o sexual de la víctima.   

“Así lo ha entendido la Sala:  

‘[…]  con el fin de establecer la responsabilidad penal en  los  delitos  sexuales,  ninguna  incidencia  tiene ahondar en la conducta de la  víctima,  como  así  lo indicó la Corte Constitucional en reciente fallo, que  bien está traer a colación en lo pertinente:   

‘  “Cuando  las  pruebas  solicitadas  relativas a la vida íntima de la víctima no cumplen  con  estos requisitos, y se ordena su práctica, se violan tanto el derecho a la  intimidad  como el debido proceso de las víctimas, pues la investigación penal  no  se  orienta  a la búsqueda de la verdad y al logro de la justicia, sino que  se  transforma  en  un  juicio  de  la conducta de la víctima, que desconoce su  dignidad  y  hace  prevalecer  un  prejuicio  implícito  sobre  las condiciones  morales  y  personales  de  la  víctima como justificación para la violación.  Cuando  la investigación penal adquiere estas características, la búsqueda de  la  verdad  se  cumple  de  manera  puramente  formal,  totalmente  ajena  a  la  realización  de las finalidades del proceso penal, y por lo tanto violatoria de  los    derechos    de    la   víctima   y,   por   consecuencia,   del   debido  proceso.   

‘  “De  lo  anterior se concluye que las víctimas de  delitos  sexuales tienen un derecho constitucional a que se proteja su derecho a  la  intimidad  contra  la  práctica  de  pruebas que impliquen una intromisión  irrazonable,  innecesaria y desproporcionada en su vida íntima, como ocurre, en  principio,  cuando  se  indaga  genéricamente  sobre el comportamiento sexual o  social  de  la  víctima  previo o posterior a los hechos que se investigan. Tal  circunstancia  transforma  las  pruebas  solicitadas  o  recaudadas  en  pruebas  constitucionalmente  inadmisibles,  frente  a  las cuales tanto la Carta como el  legislador   ordenan   su  exclusión’  [Corte  Constitucional,  sentencias  SU-159 de 2002 y SU-1159 de  2003].   

[…]  

‘Instrumentos  internacionales  ratificados  por  Colombia  abogan  por  el  respeto  hacia  la  integridad  y  dignidad  de  las  víctimas. En primer lugar, la “Convención  Interamericana  para  prevenir, sancionar y erradicar  la  violencia  contra  la mujer”, adoptada mediante  la  Ley  248  de  1995,  estableció  que  los  Estados firmantes adquirían los  siguientes deberes:   

“‘Artículo  7.  Los  Estados  partes  condenan  todas  las formas de violencia contra la mujer y convienen en adoptar,  por  todos  los  medios  apropiados  y  sin  dilaciones, políticas orientadas a  prevenir,  sancionar  y  erradicar  dicha  violencia  y  en  llevar  a  cabo  lo  siguiente: (…)   

“‘b)  Actuar con la debida diligencia  para   prevenir,   investigar   y   sancionar  la  violencia  contra  la  mujer;   

“‘(…)   

“‘d)  Adoptar medidas jurídicas para  conminar  al  agresor  a  abstenerse  de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o  poner  en  peligro  la  vida de la mujer de cualquier forma que atente contra su  integridad o perjudique su propiedad;   

“‘e)Tomar    todas    las   medidas  apropiadas,  incluyendo  medidas  de  tipo  legislativo, para modificar o abolir  leyes   y  reglamentos  vigentes,  o  para  modificar  prácticas  jurídicas  o  consuetudinarias  que  respalden la persistencia o la tolerancia de la violencia  contra la mujer;   

“‘f)    Establecer   procedimientos  legales  justos y eficaces para la mujer que haya sido sometida a violencia, que  incluyan,  entre  otros,  medidas de protección, un juicio oportuno y el acceso  efectivo         a         tales        procedimientos;        (…)’”57.   

Pero es que además resulta contrario a la  lógica  y las reglas probatorias, tomar una negación indefinida proveniente de  la  presunta  víctima  de  un  delito sexual,  expresada  en el sentido de  “no  haber  tenido  relaciones          sexuales”,    como    prueba   de  un  supuesto  fáctico  definido  como   delito,  y  más  aún,   en  contra del acusado para fundar en  ella  una  decisión  de  tan graves implicaciones,  como  lo  sería una declaración de responsabilidad  penal.   

Posturas  radicales  en  materia  tan  delicada  como  la  que ahora es objeto de estudio,  podrían                llevar  al  riesgo  de  convertir   en   víctima   de   una  agresión  sexual  a  quien  eventualmente    no    lo   ha   sido,   y   en   victimario   a   quien,  también eventualmente,  pudo    no   haber   llevado   cabo   dicho  comportamiento. Si  la  prueba  practicada  no  es lo suficientemente sólida para  demostrar,  como  en  este  caso,  no  solamente  el  supuesto  típico  sino la  responsabilidad  penal  del acusado, una cabal comprensión de la facticidad, de  los     fines     del    proceso    y    de    las    garantías    constitucionales   de  las  partes,  impone  al  funcionario  el  deber  de preservar   la   dignidad   de   las  presuntas  víctimas y la presunción de inocencia de quienes han sido imputados  o   acusados,  resolviendo  la  duda  a  favor  de  éstos.   

   

5.1.4.- Cuarto  reproche.  (Error  de  hecho  por falso raciocinio.  Desconocimiento de las reglas de experiencia).   

El      casacionista      censura,  finalmente,      que      el      Tribunal no aplicó las reglas de la  experiencia,  al dejar de reconocer que de  todas  maneras  la  menor  F  se  demoró  en  retornar  a  la residencia del acusado  cuando  salió  a  buscar  ayuda  para auxiliar a Y, que durante dicho tiempo el  acusado  permaneció  solo  y,  además,  que  fue  durante  dicho  lapso que se  verificó la agresión sexual.   

En torno a las reglas de experiencia, como uno  de  los  componentes  del  método  de  apreciación  racional  de la prueba, la  Corte58 igualmente tiene establecido lo siguiente:   

“Ahora  bien, la experiencia es una forma  específica  de  conocimiento  que se origina por la recepción inmediata de una  impresión.  Es  experiencia  todo  lo  que  llega o se percibe a través de los  sentidos,  lo  cual  supone  que  lo experimentado no  sea  un  fenómeno  transitorio,  sino  un hecho que  amplía y enriquece el pensamiento de manera estable.   

“Del  mismo  modo,  si  se  entiende  la  experiencia  como  el  conjunto  de  sensaciones  a las que se reducen todas las  ideas  o  pensamientos  de  la  mente,  o bien, en un segundo sentido, que versa  sobre  el pasado, el conjunto de las percepciones habituales que tiene su origen  en  la  costumbre;  la  base de todo conocimiento corresponderá y habrá de ser  vertido  en  dos  tipos  de  juicio,  las  cuestiones de hecho, que versan sobre  acontecimientos  existentes  y  que son conocidos a través de la experiencia, y  las  cuestiones de sentido, que son reflexiones y análisis sobre el significado  que se da a los hechos.   

“Así,  las proposiciones analíticas que  dejan  traslucir  el conocimiento se reducen siempre a una generalización sobre  lo  aportado  por  la  experiencia, entendida como el único criterio posible de  verificación  de  un  enunciado  o  de  un  conjunto  de enunciados, elaboradas  aquéllas  desde una perspectiva de racionalidad que las apoya y que llevan a la  fijación  de  unas  reglas  sobre  la  gnoseología,  en  cuanto el sujeto toma  conciencia  de  lo que aprehende, y de la ontología, porque lo pone en contacto  con el ser cuando exterioriza lo conocido.   

(…)  

“Atrás  se dijo que la experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan generalizaciones,  las  cuales  deben  ser  expresadas  en  términos racionales para fijar ciertas  reglas  con  pretensión  de  universalidad,  por  cuanto,  se agrega, comunican  determinado  grado  de  validez  y  facticidad,  en un contexto socio histórico  específico.   

“En   ese  sentido,  para  que  ofrezca  fiabilidad  una  premisa elaborada a partir de un dato o regla de la experiencia  ha  de  ser  expuesta,  a modo de operador lógico, así: siempre o casi siempre  que    se   da   A,  entonces        sucede        B”.   

Asimismo,   sobre   el   aludido  tema,  la  jurisprudencia      tiene      señalado     que59:   

“…proposiciones  formuladas  a partir del  conocimiento  obtenido por vivencias, para que puedan erigirse como reglas de la  experiencia,  y  por  ende tenidas en cuenta como pautas de la sana crítica, es  necesario  que puedan ser sometidas a contraste y trasciendan su confrontación,  ya  que  de  lo  contrario, a pesar de ostentar una conformación lógica, sólo  constituirán  situaciones  hipotéticas e inciertas60;  además  es  indispensable  que  sean  aceptadas  en  forma general con pretensiones de universalidad por la  colectividad,  más  no  que obedezcan a lo que el individuo haya aprehendido en  su  particular  cotidianeidad,  pues, esto si bien puede ser importante frente a  procesos  racionales  internos,  no es fundamento serio para estructurar axiomas  empíricos  de  aceptación  dentro  de un conglomerado, en determinado contexto  social  y  cultural,  con  la  aspiración  de ser esgrimidos para desvirtuar el  reproche   de  responsabilidad  que  se  hace  en  materia  penal”61.   

La   Corte   observa   que    en   este   caso   las  únicas  personas  que  pudieran  dar fe sobre el tiempo que  transcurrió  entre  el  momento  en  que la menor F salió de la residencia del  acusado  y retornó con la ayuda que éste le solicitó, son la propia menor, la  madre  de ésta, señora  Ruth Marisela Prieto,  su  compañero  John Jairo Melo y  una  vecina  del lugar que percibió el hecho, señora, Elizabeth  Uribe Pulido.   

La    menor    F   dijo   que   cuando   salió   a   buscar   a   su  madre,  la     encontró     a     las    dos    cuadras,    “estaba   en   la   esquina   buscándome”,   y  agregó  que  tardó  “como 10  segundos” en regresar al lugar.   

La  señora  Ruth  Marisela,  mencionó     que    del  lugar  en  donde  se  encontró  con  su  hija  y la casa de  Alfonso,   hay   una   distancia   de   tres   cuadras,   y    tardó    como    10    minutos    en   llegar   a   dicho    sitio.   Aclaró  que  quien  llegó  primero  fue  su hija porque ella no  podía     correr     dado    su    estado    de  embarazo.   

El señor John Jairo Melo, compañero de la  anterior,  dijo haber tardado como 10 minutos en llegar a la casa de don Alfonso  desde cuando le avisaron que fuera a recoger a la menor Y.   

Y la señora Elizabeth Uribe Pulido, por su  parte,  dijo  que la noche de los hechos observó que una niña salió corriendo  de  la  casa  del  acusado y pudo percibir que dejó la puerta abierta al salir,  regresando  como  a los cinco o seis minutos. Aclaró que se quedó parada en la  puerta  de  su  apartamento  durante  ese tiempo porque le dio temor,  toda  vez  que  la  niña  había  dejado  la  puerta  abierta  y  cualquier  persona  podía entrarse.     

A  partir de dichos medios de convicción,  el Tribunal expresó lo siguiente:   

“Al  igual  que  el  Juzgado  de Primera  Instancia  y  la defensa, la Sala vislumbra que se encuentra probado que el día  27  de  enero  del  2007  las  menores YPGV y FJP acudieron a la casa del señor  Alfonso  Prieto  Aldana  entre las cinco y media y seis de la tarde, al igual se  estableció,  con  el  testimonio  de  los  menores,  que una vez se encontraban  reunidas  una  de  ellas  F le pidió un cigarrillo al señor Prieto y éste les  dio  uno  a  cada  una  quienes  lo prendieron y fumaron, también consta que el  dueño  de  casa  les  ofreció  aguardiente  y  ellas recibieron la oferta y lo  sirvieron,  se  encuentra  probado  que  en esos momentos, el señor Alfonso les  invitó  a  las  menores  a observar una película de contenido pornográfico, y  que  consecuencialmente  relatan las espectadoras, al unísono, que la menor Y P  tomó hasta el punto de quedar inconsciente.   

“Enseguida se da cuenta de los hechos que  Alfonso  Prieto  Aldana  envía a la menor F a llamar a su señora madre, con el  fin  de  que  lleven  a  Y  a  casa de sus abuelos debido al estado en el que se  encontraba,  narrando F en su declaración que cumpliendo lo requerido acudió a  la  casa de Prieto Aldana junto con su padrastro, su mamá y una amiga de ellos,  segundos después”.   

“Si  bien  es  cierto los anteriores son  indicios  de  preparación  de  los  hechos y oportunidad para cometer el delito  ejecutados  por  Alfonso  Prieto Aldana, también lo es que no crean el grado de  certeza de la comisión del hecho punible por parte del mencionado.   

“De  esta circunstancia,  se alude,  como  el  momento en que ocurrió el acceso carnal por parte del acusado, aquél  que  transcurrió  desde  que  F  salió a buscar a su progenitora, hasta cuando  regresó  en  compañía de ésta. Se cuestiona que la menor F trata de encubrir  a  Prieto  Aldana  declarando  que  se  demoró  unos segundos en llamar o pedir  auxilio  para que la recogieran. La Sala observa de esta situación, que tanto F  como  la  señora  Ruth  Marisela  Prieta  y  Jhon  Jairo Melo, son contestes en  afirmar  que  la  distancia  que  existe entre la casa de la menor y la casa del  acusado   es   de   tres  cuadras,  de  lo  que  se  deduce   que  F  no  pudo  haberse  demorado  de treinta a cuarenta y cinco  minutos,  como lo afirma en algún momento el A-quo.  Teniendo  en cuenta el apuro que llevaba F por el estado en que se encontraba su  amiga  que  era  evidente  como  la  afirmara  su  mamá  en  la declaración al  encontrarle  llorando  en  el  momento  en  que  solicitó  ayuda”                  62.   

         

Para la Corte, si bien es cierto el Juzgado  de  primera  instancia  en ningún momento mencionó  que  fue  de  45 minutos el tiempo transcurrido entre el momento en que la menor  salió  de  la  casa de Alfonso Prieto a buscar ayuda y aquél en que regresó a  ese  sitio,  sino  que  aludió  a  que  tal tiempo fue el transcurrido entre el  inicio  de  la  declaración  de  la  menor  y  el  momento  en que se  le  formula  la  pregunta  sobre  cuánto  tiempo  había  pasado  desde  cuando  comenzó a declarar, a lo que la  menor  respondió  que  más o menos diez minutos, destacando con ello que “la  menor  no tiene un adecuado sentido de las proporciones de tiempo”,  también lo es que las demás consideraciones que el   ad   quem   realiza,  no  se  ofrecen  distantes de las  reglas de la sana crítica.   

    

En  efecto, el  Tribunal  alude es a la  distancia  existente  entre la casa de la menor F y la del acusado, para denotar  que  al  hacer  tal  recorrido  no  pudo haberse demorado tanto como para que el  acusado  hubiera  tenido  el tiempo suficiente para accederla carnalmente, menos  aún  si  se  toma  en cuenta que la menor Y fue encontrada en el mismo sitio en  donde  fue  dejada  por  F  cuando  salió del lugar  dejando  la  puerta  abierta,  obviamente  para poder entrar rápidamente cuando  llegara,  con  la  ropa  en  su lugar y sin ningún  vestigio de haberse cometido un delito.   

Lo  que  pretende el recurrente, es que la  Corte   -por  encima  incluso  de  lo  declarado  por la señora Elizabeth  Uribe  Pulido,  quien  sostiene que la menor tardó  aproximadamente  seis  minutos  en salir de la casa y regresar luego-,   le   dé   la   razón  cuando  manifiesta,     sin     respaldo     probatorio  alguno,   que “pudo haber sido mínimo de 20  minutos,  pero  nunca  de  10  segundos  como  lo declaró la jovencita F”, lo  cual,   por   constituir   apenas   una   opinión  personal,     repugna   a   la   objetividad  con    que    deben    formularse    los reparos en sede extraordinaria.   

Debe decirse, no obstante que así la menor  F  hubiera  tardado  45 minutos en ir y regresar como a criterio del Tribunal lo  consideró   el  a  quo,  incluso  un  tiempo  mayor  acogiendo,  en  gracia  de  discusión,  la  percepción  que  sobre dicho aspecto de la facticidad tiene el  recurrente,    ello    no    lograría  desvirtuar  la  existencia  de  la  duda  probatoria  en que se  edificó  el  fallo,  no  solamente con respecto a la existencia del hecho, sino  a  la  responsabilidad  del acusado.   

En  tal  sentido  no  puede  olvidarse que  la  menor  F,  único  testigo   presencial   de   los   hechos,  en  ningún  momento  manifiesta  que  en   el   desarrollo   de   los   acontecimientos  el   acusado   hubiere   asumido   comportamientos  indicativos  de  pretender  la  realización  de  actos de índole sexual con la  menor                 Y;           los  vecinos  siempre  lo  vieron como una persona respetuosa con  las   menores,   incluso   la  madre  de  F  no  tuvo  ninguna  queja  sobre  su  comportamiento. Tampoco puede pasarse por alto, que  cuando  la  menor  F  salió de la casa del acusado,  a    buscar    a    su    madre,    dejó  la  puerta abierta. Una vez la  encontró   a  tres  cuadras  del  lugar,  regresó  corriendo,   y   observó  a  Y  en  el  mismo  sitio en que la había dejado antes de salir,  y  con  la  ropa  que  vestía  en  su  lugar.  Menos  puede resultar desconocido que ni en el cuerpo ni en las prendas íntimas  de  la  niña  Y,  los  científicos      forenses      encontraron     espermatozoides     o    manchas    de    sangre   que  permitieran afirmar, en  grado  de  certeza,  que  en momentos inmediatamente  anteriores    al    examen,    la    menor  había  sido  objeto de abuso  sexual.                 

Estos  aspectos, aunados a los defectos de  la  investigación,  y  a  los  cuales  se  hizo  alusión por el Tribunal en la  sentencia  de  segunda  instancia,  fueron  precisamente  los que le permitieron  legítimamente  afirmar  “que  en el caso que nos  ocupa,  no  reúne  a  cabalidad  las  exigencias  probatorias  precisadas en el  artículo   381  del  C.  de  P.P.,  para  el  proferimiento  de  una  sentencia  condenatoria” por la conducta de acceso carnal en  persona  puesta  en incapacidad de resistir, dada la  presencia  de  insalvables  dudas  probatorias, las cuales deben ser resueltas a  favor  del  acusado  en  acatamiento del principio in dubio pro reo de  que  trata  el  artículo  7º  del  Código de procedimiento  Penal,  pues  además  se  cumplen  a  cabalidad  los  presupuestos  que para su  reconocimiento exige la jurisprudencia de esta Corte.   

En cuanto tiene que ver con la aplicación del  imperativo  constitucional  y  legal  del  in  dubio  pro  reo como resultado de  apreciar  las  pruebas  practicadas en la actuación penal, la Corte63 tiene dicho  lo siguiente:      

“5.   Fue   así,   entonces,  la  duda  probatoria,  la  que  según  los  acusados,   y en el cual se ha insistido  dentro  de  este  proceso,  con  énfasis  en  la  audiencia pública, la razón  jurídica  por la que procedieron a revocar la condena objeto de su revisión en  segunda  instancia,  la  cual,  afirman, por primar ante cualquier otra clase de  decisión  en el proceso penal, se imponía reconocer, pues si el juzgador llega  a  esa conclusión, es su obligación legal declararla.  Y claro está, que  desde  un  punto  de vista teórico-abstracto, les asiste toda la razón legal y  jurídica  a  los  Magistrados,  en cuanto se  refiere a la validez de este  postulado,  pues  un  tal  principio  corresponde no únicamente a un imperativo  constitucional  y legal, sino precisamente, a uno de los postulados máximos que  gobiernan la valoración probatoria y en general el proceso penal.   

“Pero, claro está, que el reconocimiento  de  un tal principio probatorio, en ninguna forma está significando que para su  aplicación   sea   suficiente   su   sola  afirmación,  desconociendo  que  la  contradicción  subyacente  en  el proceso de valoración probatoria se quede en  la  dinámica  primaria  de  su  aducción,  ya  que,  precisamente,  su máxima  expresión  dialéctica  se encuentra es en el juicio que de ellas debe hacer el  juzgador,  quien  como  titular de la jurisdicción es el que debe confrontar en  su  integridad  los  elementos probatorios allegados legalmente al proceso, para  con  fundamento  y  límite  en  la  sana crítica, excepción hecha de aquellos  casos  en  los  que  eventualmente  la  ley  les  reconozca tarifa legal, colija  cuáles  ameritan  probar  un  hecho y cuáles no, labor intelectual esta que le  impone  una  apreciación,  inicialmente individual, pero, acto seguido, como en  todo  proceso  analítico, confrontativa con el universo probatorio válidamente  aportado  al  proceso,  única  forma  de establecer la verdad procesal, pues el  grado  de  certeza no puede ser abstracto sino referido a un objeto determinado,  esto  es, que el juicio probatorio imprescindiblemente debe fundamentarse en los  medios   de   prueba  dinamizados  en  la  correspondiente  actividad  procesal,  resultando  intrascendente  la  sola  afirmación  de  certeza o duda, según el  caso, pues lo que importa es su demostración.   

“6. Este procedimiento, impone, entonces,  la  elaboración  de  un juicio probatorio, que de suyo, conlleva un raciocinio,  una  conclusión,  que  en el campo valorativo viene a significar la convicción  que  se  tenga  sobre  la existencia de un hecho o su negación, con el ítem de  que  en  punto  de  la  actividad  probatoria procesal, su apreciación no puede  partir  de  hipótesis,  sino  de  hechos  probados, los que contradictoriamente  valorados,  permitan  o  que  todos  los  medios obtenidos para su demostración  conduzcan  a  una  sola verdad o que, por el contrario, su conjunto haga que, de  la  misma  forma,  con  base  en la lógica, la ciencia y la experiencia común,  unos  de  ellos  sucumban frente al objeto por demostrar, o que quedando los dos  extremos  en  igual  grado  de  credibilidad,  imposibiliten llegar a la certeza  sobre  la  existencia  de  una determinada conducta, de un hecho o de un preciso  fenómeno,  pudiendo,  entonces,  llegarse   a  uno  de  los  dos  extremos  viables, o la certeza o  la duda de su inexistencia.   

“7.  En  todo  caso,  sea  que  el sujeto  cognoscente  llegue  a  uno  y  otro  grado de credibilidad, lo que no puede ser  jurídicamente  admisible es que, a priori, se pueda privilegiar el valor de una  determinada  prueba,  dejando  de  lado  la imprescindible confrontación que se  impone  concretar  con  la  integridad  de su conjunto, ya que cada una de ellas  puede  contener  una  verdad,  o  más precisamente, dar origen a un criterio de  verdad,  que  como tal debe estar predispuesto a ser confrontado con los demás,  para  que  en  su universo, integrados todos, sea dable deslindar los que puedan  calificarse  de  lógicos,  no  contrarios  a  la ciencia ni a la experiencia, y  descartar  aquellos  que  se  escapan  a estos cánones exigidos por la ley para  efectos  de  la  apreciación  probatoria,  y  así,  de  ellos,  sí inferir la  conclusión  que irá a producir una determinada relievancia jurídica, tanto en  lo  sustantivo  como  en  lo procesal, por haberse llegado a la certeza sobre el  objeto  que  se  pretende  demostrar,  o  por  el  contrario, a la duda sobre el  mismo”.     

De  manera  que,  en este caso, atendiendo lo  términos  en  que  se  formula  la  demanda,  los  reparos  propuestos  por  el  recurrente  no  denotan  nada diverso de la simple y llana oposición al sentido  del  fallo  tan  sólo  porque  no  se le dio la razón a la Fiscalía sino a la  defensa  cuando ésta recurrió en apelación, pero no la seria demostración de  que   el   juzgador  de  alzada  hubiere  incurrido  en  un  concreto  error  de  apreciación  probatoria que diera lugar variar los supuestos fácticos en   que se sustentó la  sentencia de segunda instancia.   

No  escapa  a  la  Corte  que  la  decisión  absolutoria  no  se  fundó  en  aparecer  acreditado  que  el  hecho no hubiera  existido  o  que  éste no hubiera sido realizado por el acusado, sino en que la  Fiscalía,  a  través  de las pruebas aportadas al juicio, no logró desvirtuar  el  derecho  a la presunción de inocencia que le asiste a todo ciudadano cuando  se enfrenta al ejercicio de la acción penal en su contra.   

Entonces, no habiendo demostrado el recurrente  que  el Tribunal hubiere incurrido en los errores de apreciación probatoria que  pretendió  denunciar,   el  cargo  no  puede prosperar, y ello impone a la  Sala no casar el fallo impugnado.   

6.-  Cuestión final.  

En  la  sentencia  de  primera  instancia, el  juzgador   señaló:   “Por  expresa  disposición  legal,  contenida  en  el  numeral  4º del artículo 199 de la Ley 1098 de 2006  –Código de la Infancia  y  la  Adolescencia-,  no  procede la concesión del subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena, ya que los delitos aquí juzgados y  por  los  cuales  se condena al señor Prieto Aldana, fueron cometidos en contra  de niñas menores de edad”.   

Frente a esta consideración, y sin perjuicio  de  la  competencia  que  le  asiste  a  la  Corte Constitucional para juzgar la  constitucionalidad  de  las  leyes,  la Corte no podría culminar sin dejar  de  expresar al Alto Gobierno y particularmente al Congreso de la República, su  creciente  preocupación  por  la manifiesta inflación legislativa que observa,  específicamente  en  lo  atinente  al  aumento  indiscriminado y desmesurado de  penas  y  la  supresión  de  beneficios  de toda índole por la realización de  específicos  tipos de conductas punibles, mediante la expedición de un cúmulo  de  normas, las cuales, las más de las veces, no obedecen al resultado de   estudios  políticos,  criminológicos  o  sociológicos  serios,  sino  al mero  capricho  de quienes las proponen o aprueban, cuando no al interés de un sector  de   la   economía   o  de  la  política,  en  desmedro  de  caras  garantías  fundamentales   y   principios   inherentes  al  concepto  de  Estado  social  y  democrático  de derecho, tales como los de igualdad, legalidad, favorabilidad y  proporcionalidad, para solo mencionar algunos de ellos.   

Lo  anterior, sin perjuicio de advertir cómo  de  manera  paulatina últimamente el principio acusatorio se ha venido a menos,  a  través  de  la  introducción  de  múltiples  excepciones  a  la que, en un  comienzo,  no  solamente  se consideró como regla general sino también columna  vertebral  del  nuevo sistema de procesamiento penal, esto es, la posibilidad de  lograr   el   proferimiento   de  fallos  de  conformidad  con  el  acusado,  el  allanamiento  a  cargos  o  la  celebración  de  acuerdos  y preacuerdos con la  Fiscalía,  cuyos fines, a términos del artículo 348 de la Ley 904 de 2004, no  eran  otros  que  los  de  “humanizar la actuación  procesal  y la pena; obtener pronta y cumplida justicia; activar la solución de  los  conflictos sociales que genera el delito; propiciar la reparación integral  de  los  perjuicios  ocasionados  con  el injusto y lograr la participación del  imputado  en  la  definición de su caso” y sobre los  cuales  se desarrolló y se puso en  funcionamiento el modelo, bajo la idea  de  alcanzar  mayores  grados  de  una justicia material, restaurativa, pronta y  eficaz.   

La  Corte  hace  saber  que de continuar esta  tendencia,  los  procesos  penales  que  en  condiciones de normalidad deberían  terminar  a  la  mayor  brevedad  posible  a  través  de sentencias anticipadas  proferidas  de conformidad con el imputado, por fuerza de una normativa expedida  sin  contar  con estudios criminológicos, sociológicos o estadísticos previos  que  le  sirvan  de  fundamento,  deben  continuar  su curso en etapa de juicio,  surtir  todas  las  fases ordinarias del trámite, y llegar incluso a casación,  con  el  resultado  de  generar  mayores  grados  de  congestión  en   los  despachos  judiciales,  incluyendo  por  su  puesto  a  la  Corte,  con evidente  perjuicio  para  los derechos de las victimas, los acusados y el conglomerado en  general,  pues  mientras  la  sentencia  no se encuentre en firme, no resulta de  obligatorio cumplimiento.   

Esta  postura,  debe decirse, no es en manera  alguna  novedosa.  La  misma  ya  ha  sido  expuesta  por  varios sectores de la  academia  y la doctrina nacionales. Incluso publicaciones institucionales se han  ocupado   de   ella.  Al  efecto  baste  con  traer  a  colación  el  siguiente  texto64:   

“Por  su parte, la misma Ley 1098 de 2006  adopta  dos  medidas  en  particular,  respecto de la protección de los niños,  niñas  y  adolescentes  víctimas  de delitos: de una parte el aumento de penas  para  algunos delitos (artículo 200) y, de otra, la prohibición de beneficios,  subrogados  y  cualquier trato benigno para los procesados y condenados por este  tipo de conductas (artículos 192 y siguientes).   

“En relación la agravación de penas, la  cual  se  complementa  con la expedición de la Ley 1142 de 28 de junio de 2007,  creemos  que  por  sí  sola  no reporta ningún beneficio a la situación de la  parte  de  la  sociedad  a  la que se pretende proteger, y solo representa mayor  violencia, innecesaria e inútil del Estado.   

“En  relación  con  la  prohibición  de  cualquier  trato  benigno  a  todos  los procesados por delitos de los cuales se  identifica  como víctimas a menores de edad, creemos que el efecto que se logra  es contrario al fin buscado con la normativa:   

“Si  lo que se busca es proteger al menor  con  la  sanción  estricta  de  delitos  como  la  violencia intrafamiliar y la  inasistencia  alimentaria,  lo  que  se  va a lograr  es, por el contrario,  acelerar  la  destrucción  de las familias que padecen estos males. Identificar  el  origen de la violencia intrafamiliar y de la inasistencia alimentaria con la  falta  de  prisión  efectiva  para  estas conductas, no deja de ser un error de  incalculables proporciones.   

“Y  de otra parte, si lo que se busca con  la  prohibición  de  beneficios  punitivos  vinculados  con  la  aceptación de  imputación  o  con  negociaciones de pena, es la eliminación de penas blandas,  lo  que  se  va  a  lograr  es,  en  cambio,  la  congestión  y la consiguiente  dificultad  judicial para juzgar estas conductas, que en todo caso presionaran a  la  rama  judicial  haciendo que se reduzcan dramáticamente las condenas contra  estos  delitos;  ya ni penas blandas, ni penas altas, ni penas de ninguna forma,  porque  todo  delito  tendría  inexorablemente  que  llegar  a  juicio, con sus  riesgos  y  avatares, en relación con la dinámica probatoria, frente a lo cual  no  faltará el sádico que, no viendo más alternativa para su defensa, termine  intimidando  a  sus  víctimas  o  a  sus  testigos  para  alejar  al máximo la  posibilidad de ser condenado.   

“Además  de  lo  anterior,  estaríamos  abocados  a  una nueva frustración, dado que si la sola violencia intrafamiliar  se   calcula  en  300.000  casos  al  año,  sería  necesario  desarrollar  una  infraestructura  carcelaria  seis veces más grande de la que ya se encuentra en  funcionamiento,  lo  cual  tampoco  se  ve  posible a corto o mediano plazo, sin  contar,  por  supuesto,  los  efectos  contrarios  que  se logran para la unidad  familiar,  de  300.000  familias  que  esperarían con ansia los días de visita  carcelaria”.          

A lo expuesto, limita por ahora el tratamiento  del  tema,  sin perjuicio de que en un futuro no muy lejano la Sala vuelva sobre  el  mismo,  seguramente  con una mayor extensión y profundidad, ahora limitadas  por  la  naturaleza  del  pronunciamiento  que emite, o lo trate en un escenario  distinto  al  de  dejar  simplemente  constancia  escrita  de haber advertido la  posible  incursión  por  parte  del órgano legislativo, en lo que en principio  podría   ser   catalogado   como   un   desatino  histórico,  posiblemente  de  incalculables    consecuencias   políticas,   sociales,   económicas   y   jurídicas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   administrando  justicia  en  nombre  de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

Devuélvase   al   Tribunal   de   origen.  NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

Comisión de servicio  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Se  omiten  los  nombres  de  las  menores,  de  conformidad  con lo dispuesto en el  artículo 47.8 del Código de la Infancia y la Adolescencia.   

2  “Debe    entenderse    como    forma    abusiva”.   Nota   aclaratoria   del  Tribunal.   

3 Los  Elementos  materiales  sólo  se  tienen  en  cuenta en tratándose de sentencia  anticipada.   

4 Cfr.  Por todas. Cas. de 29 de agosto de 2007. Rad. 26276.   

5 Cfr.  Por todas Cas. de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28213   

6  Cfr.  Auto cas. de 28 de noviembre de 2007. Rad. 28656   

7 Ley  906  de  2004,  artículo  6,  en  armonía  con los artículos 275, 276, 277, y  382.   

8  Ídem, artículo 18 y 377.   

9  Ídem, artículo 9, en armonía con el 145.   

10  Ídem, artículo 431   

11  Jauchen,  Eduardo  M.  “Tratado  de  la  prueba en  materia  penal”, Rubinzal-Culzoni, 2004, Pág. 544;  López  Barja  Quiroga, Jacobo. “Tratado de derecho  Procesal   Penal”,  Thomson-Aranzadi,  2005,  pág.  353.   

12 Ley  906 de 2004, artículo 15.   

13  Ídem, artículo 378.   

14  Jauchen,  Eduardo  M. Ob. Cit. Pág. 545; López Barja Quiroga, Jacobo. Ob. Cit.  Pág. 346.   

15 Ley  906 de 2004, artículos 16 y 379.   

16  Jauchen,  Eduardo  M. Ob. Cit. Pág. 546; López Barja Quiroga, Jacobo. Ob. Cit.  Pág. 349.   

17 Ley  906 de 2004, artículo 17.   

18  Jauchen,  Eduardo  M. Ob. Cit. Pág. 544; López Barja Quiroga, Jacobo. Ob. Cit.  Pág. 348.   

19 Ley  906 de 2004, artículos 372 a 441.   

20 Fl.  41. cno. Trib.   

21 Fl.  36 cno. Trib.   

22 Fl.  144 carpeta   

23 Fl.  141 carpeta   

24 Fl.  137 carpeta.   

25 Fl.  40 cno. Trib.   

26  Cfr.   Sentencia   de   casación   de  26  de  septiembre  de  2000.  Rad.  13466   

27  Corte Constitucional. Sentencia T-458 de 7 de junio de 2007   

28  “Acto  sexual  en persona puesta en incapacidad de  resistir:  El  que  realice  acceso  carnal  en persona a la cual haya puesto en  incapacidad  de  resistir  o  en  estado  de  inconsciencia, o en condiciones de  inferioridad  síquica  que  le  impidan comprender la relación sexual o dar su  consentimiento,  incurrirá  en  prisión de ocho (8) a quince (15) años. Si se  ejecuta  acto  diverso  del  acceso carnal, la pena será de tres (3) a seis (6)  años”.   

29  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Proceso No. 21762, 2 de  marzo  de  2005, MP: Mauro Solarte Portilla, en donde la Corte Suprema decide no  casar  la  sentencia, debido a que la solicitud se fundaba en la declaración de  la  víctima,  una  mujer  de  85 años de edad, que negaba la ocurrencia de los  hechos.  Para  la  Corte,  tal  declaración  debía  ser examinada a la luz del  contexto  y  teniendo  en  cuenta  los  demás  elementos probatorios, que   mostraban    sin    lugar    a   dudas   la   ocurrencia   del   acceso   carnal  violento.   

30  Proceso No. 9401, 8 de mayo de 1996, MP: Fernando Arboleda Ripoll.   

31 Por  tratarse  de  un  proceso penal iniciado bajo la vigencia de la Ley 600 de 2000,  las   normas  procesales  aplicables  al  caso,  son  las  contenidas  en  dicha  normatividad.   

32  Corte  Constitucional,  Sentencia  C-1291  de  2001,  MP:  Marco  Gerardo Monroy  Cabra.   

33  T-554-03 M.P. Manuel Cepeda  Espinosa.   

34 Ley  742  del 5 de junio de 2002 “Por medio de la cual se aprueba el Estatuto de Roma  de  la Corte Penal Internacional, hecho en Roma el día diecisiete (17) de julio  de  mil  novecientos  noventa y ocho (1998)” Revisado mediante sentencia C-228  de  2002,  MMPP:  Manuel  José  Cepeda  Espinosa  y Eduardo Montealegre Lynett.   

35 Fl.  43 Cno. Trib.   

36 Fl.  111 carpeta anexa.   

37 Fl.  144 carpeta   

38 Fl.  141 carpeta   

39 Fl.  109 carpeta anexa   

40 C.  SIMONIN.  Medicina  Legal  Judicial.  Editorial  Jims.  Barcelona.  1980. Págs.  401-402.   

41  Cfr. Sentencia de casación de 26 de enero de 2006. Rad. 23706   

42  Hoy,  artículos  266  de la Ley 600 de 2000 y 383, inciso segundo, de la 906 de  2004.   

43  Sentencia   de   fecha  3  de  octubre  de  1994;  Rad.  8700.      

44  Sentencia   de   fecha  29  de  julio  de  1999;   Rad.  10615.     

45  Ibídem.   

46  “La  credibilidad  del  testimonio  infantil  ante  supuestos de abuso sexual:  indicadores  psico  sociales”,  tesis  doctoral  presentada  por  Josep Ramón  Juárez    López,    ante    la    Universidad    de   Girona,   Italia,   año  2004.           

47  “Violencia   familiar   y   abuso   sexual”,   capítulo   “abuso   sexual  infantil”.   Compilación  de  Viar y Lamberti. Ed. Universidad del Museo  Social de Argentina, 1998.    

48  Corte  Constitucional,  sentencia  de tutela T-408 del 12 de septiembre de 1005.   

49  Corte  Constitucional,  sentencia  T-554  del  10  de julio de 2003.     

50  La  discusión  giró en torno al consentimiento de  la  víctima  para  tener relación sexual con el menor de edad implicado en los  hechos,  según  lo  aducido por éste: “…la menor  XXX  insistió  en que por el grado de embriaguez que tenía no se acuerda de lo  sucedido  y que jamás prestó su consentimiento para tener relación sexual con  el  implicado”.  Anotó  el  pronunciamiento, además, que “inferir, como lo  hace  la  providencia  cuestionada,  que  la  menor XXX, que se encontraba en el  estado  extremo  de  alicoramiento  que  dictaminó  medicina  legal, cercano al  estupor,  pudo  determinarse  a  sí  misma y consentir una relación sexual, es  ignorar  el contenido de la prueba pericial y por ende afectar el debido proceso  de  la  accionante,  puesto  que  en  el  informe  médico  legal  se  consignó  claramente  que  en  las  condiciones  en  las  que  se encontraba la niña, era  improbable  que la relación sexual estuviere precedida por el consenso y que su  consentimiento   tuviese  alguna  fuerza  para  admitir  la  relación”.    

51  Sobre los hechos de que se ocupó el proceso penal,  indicó el Tribunal Constitucional:   

“Relata la demandante, que de conformidad  con  el  informe  policial  del  24 de abril de 2005, a las dos de la madrugada,  agentes  de  policía  que  se  encontraban patrullando por la avenida S, fueron  requeridos  por un ciudadano a fin de que se desplazaran al conjunto residencial  C, donde al parecer, había ocurrido un caso de violación.   

“Una vez en el lugar, un grupo de personas  en  forma  desesperada solicitaron a los agentes que ingresaran a la residencia,  donde  encontraron  a  la  menor  XXX tendida en el piso, en estado inconsciente  y  desnuda, ante lo cual  procedieron a trasladarla de manera inmediata a la Clínica S.   

“En   la  residencia  se  encontraba  también  otra  amiga, quien acusaba al joven XXX de  haber   cometido   una  violación.  Las  autoridades  trasladaron  a  la  madre de la menor ante las correspondientes autoridades para  que formulara la denuncia penal a que hubiere lugar”.    

52  Corte Constitucional, sentencia T-458 del 7 de junio de 2007.   

53  M.P. Clara Inés Vargas Hernández.   

54  Cancio  Meliá,  M.,  “los delitos contra la libertad, integridad y formación  sexuales   en   el   nuevo   Código   Penal   Colombiano.  Algunas  reflexiones  político-criminales     y     de     derecho     comparado”,     Derecho  Penal  y  Criminología, Edit.  Universidad Externado de Colombia, Diciembre de 2000, p. 75.   

55  Cfr. cas. enero 23 de 2008. Rad. 20413.   

56 Cf.  Taruffo,     Michele,    La    prueba    de    los  hechos,  Editorial Trotta, Madrid, 2002, Págs. 120 y  ss.   

57 Sentencia de 26 de enero de 2006, radicación 23706   

58  Cfr. Sentencia de casación de noviembre 21 de 2002. Rad. 16472   

59  Cfr. Sentencia de Casación de 9 de abril de 2008. Rad. 22548   

60  Sentencia de 6 de agosto de 2003, Rad. Nº 18626.   

61  Auto de 14 de julio de 2004, Rad. Nº 21210.   

62 Fl.  41. cno. Trib.   

63  Cfr.  Sentencia  de  única  instancia  de  4 de septiembre de 2002. Rad. 15884.   

64  Tomado  de “El Código de la Infancia y la Adolescencia como expresión de las  políticas  social  y  criminal  del  Estado  Colombiano”,  en  REVISTA  DE LA  DEFENSORÍA  PÚBLICA  DE  COLOMBIA  No.  9.  Agosto de 2007. Imprenta Nacional.  Bogotá. Páginas 74-75.        

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