28968(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 28968  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado acta N° 007  

Bogotá, D. C., enero veintitrés (23) de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  lo  relacionado con el impedimento manifestado por  los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de Viterbo, doctores  Gloria Rosa Martínez Ojeda y  Eurípides      Montoya     Sepúlveda,  para conocer de la apelación interpuesta por la defensa respecto  de  la  sentencia  proferida  el  20  de  septiembre de 2007 contra JULIO CÉSAR FONQUE QUIROGA.   

ANTECEDENTES   

Por hechos ocurridos el 2 de marzo de 2006 en  la  ciudad de Duitama, relacionados con la presunta realización a un menor de 8  años  de edad de actos erótico-sexuales, el Juzgado Primero Penal del Circuito  de   la  mencionada  población,  el  20  de  septiembre  de  2007,  condenó  a  JULIO CÉSAR FONQUE QUIROGA a  la  pena  de  38  meses  y  4  días de prisión y le negó los subrogados de la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  como  autor  del delito previsto en el artículo 209 del Código Penal, agravado  conforme al numeral 4º del artículo 211 ibídem.    

La condena tuvo como fundamento el preacuerdo  logrado,  bajo  los  trámites  de  la  Ley 906 de 2004, entre el procesado y la  fiscalía  el 22 de agosto de 2007, donde el primero aceptó responsabilidad por  el  delito  objeto  de  imputación,  a  cambio  de  una  rebaja  del  40% de la  sanción.   

Contra  la  sentencia  de  primera instancia  interpuso  el recurso de apelación la defensa, por cuya razón la actuación se  remitió  a  sede  del  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa  de Viterbo, pero al  iniciarse  la  respectiva  audiencia de sustentación el recurrente anunció que  el  motivo  de  su  inconformidad  se refería a la no concesión de la prisión  domiciliaria,  ante lo cual los Magistrados Gloria Rosa  Martínez  Ojeda  y Eurípides  Montoya   Sepúlveda,  advirtiendo  que  en  decisión  anterior,  proferida  el  9  de mayo de 2007, confirmaron el pronunciamiento del  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Duitama, a través del cual improbó el  preacuerdo   celebrado   entre   las  mismas  partes,  por  incluir  en  él  el  otorgamiento   del   mencionado   sustituto   penal,   optaron   por  declararse  impedidos.      

Los funcionarios se apoyaron en la causal 6º  del  artículo  56  del  Código  de Procedimiento Penal de 2004, señalando que  participaron  dentro del proceso al emitir criterio sobre el mismo tema respecto  del cual deben ahora resolver.   

Frente  a  la  manifestación de impedimento  salvó  voto  el  Magistrado  Julio  Enrique Mogollón  González,  quien  integra  también la Sala Única de  Decisión  a  la  cual correspondía definir la apelación, considerando para el  efecto  que  la  situación  presentada  no  encaja  dentro  de  ninguna  de las  hipótesis reguladas en el artículo 56 en mención.    

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

Corresponde  a  la Corte la competencia para  definir  lo relacionado con el impedimento manifestado por los Magistrados de la  Sala  Única del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo, según se desprende  de lo dispuesto en los artículos 57 y 341 de la Ley 906 de 2004.   

          De   acuerdo   con   las  disposiciones  precitadas,  cuando  algún  funcionario  judicial  se  encuentra  incurso  en  causal  de  impedimento, debe  manifestarlo  a su superior jerárquico para que sea sustraído del conocimiento  del asunto.   

          Se   pretende   con   dichas   normas   garantizar   que  quien,  en  representación  del  Estado, asume la delicada misión de administrar justicia,  lo  haga  inspirado  en  los  principios de imparcialidad y objetividad. Si así  ocurre,  aflorará  un  doble  sentimiento  en el seno de la sociedad; en primer  lugar,  sus  miembros  albergarán  tranquilidad  porque  las  decisiones  no se  adoptarán  caprichosamente;  en segundo término, y precisamente por eso mismo,  los  dispensadores  de  justicia  adquirirán  en  la  comunidad  credibilidad y  respeto.   

          En  este  caso,  los Magistrados se consideran incursos en la causal  de  impedimento  prevista en el numeral 6º del artículo 56 de la codificación  procesal  en  cita, en uno de cuyos apartes contempla como situación impediente  que  el  funcionario  “hubiere participado dentro del  proceso”.   

          Viene   señalando   la   Corte,   siguiendo   así  su  tradicional  jurisprudencia,  que  el  impedimento  en cuestión sólo se configura cuando la  intervención  precedente  ha sido trascendente o sustancial, en otras palabras,  cuando  el juez compromete su criterio de tal modo que no contará con la debida  serenidad  y  ecuanimidad  para  decidir  la  nueva  controversia  puesta  a  su  consideración. En ese sentido, ha dicho:   

“…  es  preciso  que esa intervención,  para  que  adquiera  un  efecto  trascendente  acorde con los fines de la norma,  tenga  la  aptitud  suficiente para comprometer la ecuanimidad y la rectitud del  funcionario.  Su  actividad  dentro  del  proceso, debe haber sido esencial y no  simplemente                  formal1   

, de fondo, sustancial, trascendente, que lo  vincule  con  la  actuación  puesta  a  su  consideración de tal manera que le  impida  actuar  con  la  imparcialidad  y  la ponderación que de él esperan no  solamente  los  sujetos  procesales  sino  la  comunidad  en general”2.   

         

          Recientemente3,  la  Sala  precisó  que  la  garantía  de  la  imparcialidad  no  se  afecta  por  el  sólo hecho de que el  funcionario  judicial  hubiese  conocido  con anterioridad de hechos similares o  idénticos,  sino  que  el  impedimento  surge  cuando se presentan, miradas las  particularidades   del   caso,  circunstancias  objetivas  justificantes  de  la  separación  del  funcionario.  En  la  decisión  evocada,  la  Corte  trajo  a  colación  pronunciamientos de organismos internacionales de derechos humanos, y  es así como señaló:   

“… ha precisado  la   Comisión4   que  ‘[l]o  decisivo  no  es  el  temor subjetivo de la persona interesada con respecto a la  imparcialidad  que debe tener el Tribunal que se ocupa del juicio, sino el hecho  de  que  en  las  circunstancias  pueda sostenerse que sus temores se justifican  objetivamente’5    y    que    ‘[l]a  imparcialidad subjetiva del juez  en  el  caso  concreto se presume mientras no se pruebe lo contrario’6.   

“Por  su  parte,  la  jurisprudencia  del  Tribunal  Europeo de Derechos Humanos (que, aunque no tiene incidencia alguna en  el  ordenamiento jurídico colombiano, no sólo ha desarrollado sus conceptos en  forma  armónica  con las decisiones adoptadas por la Comisión Interamericana y  la  Corte  Interamericana  de  Derechos  Humanos, sino que además ha sido tanto  referente  como  receptor dentro de la evolución de los mismos) precisó acerca  del derecho a ser juzgado por un juez imparcial lo siguiente:   

“La  imparcialidad debe apreciarse de modo  subjetivo,  tratando de determinar la convicción y el comportamiento personales  de  tal juez en tal ocasión, e igualmente de un modo objetivo para asegurar que  ofrece  las  garantías  suficientes  para  eliminar  cualquier  duda  legítima  […]   

.  

”En  cuanto  al  carácter  objetivo,  nos  conduce  a  preguntarnos si, independientemente de la conducta del juez, ciertos  hechos  verificables  permiten  sospechar  la  imparcialidad  de  este  último.  Incluso  las  apariencias  pueden  revestir  importancia.  Los tribunales de una  sociedad  democrática deben inspirar confianza al justiciable. Resulta que para  pronunciarse  sobre  la  existencia,  en  un  asunto  concreto,  de  una  razón  legítima  para  temer  de  un  juez la falta de imparcialidad, hay que tener en  cuenta  la  opinión  del  acusado,  pero  ésta  no juega un papel decisivo. El  elemento  determinante consiste en saber si se pueden considerar las aprensiones  del  interesado  como  objetivamente justificadas”7.   

“Así mismo, ha indicado el Tribunal que no  se  puede  predicar  una  afectación  al derecho de imparcialidad por el simple  hecho  de  que  el  juez  o  el cuerpo colegiado hayan conocido con anterioridad  hechos  similares o idénticos a los que son materia de juzgamiento, sino que la  determinación  de la imparcialidad radica de conformidad con las circunstancias  particulares de cada caso en concreto:   

“[…]  la  imparcialidad  objetiva  del  juzgador  no  se  ve  comprometida  por la mayor o menor similitud de los hechos  objeto  de enjuiciamiento con los conocidos por ese último juzgador en el curso  de  un  distinto  proceso. Lo cual no se ve tampoco alterado por el hecho de que  la  Sala  de  que  forma parte el Magistrado llamado a juzgar, con mayor o menor  oportunidad,  haya  tenido  ocasión  de  exteriorizar una opinión acerca de la  similitud,      o      incluso     ‘identidad’,  entre  los  hechos  objeto  de dos sucesivos procesos. La imparcialidad objetiva  despliega  su  eficacia  sobre  el específico objeto del proceso, sin que pueda  extenderse  al  resultado  del contraste entre dicho objeto y el de cualesquiera  otros  procesos de los que haya podido conocer el juzgador. Las similitudes así  resultantes,  aparte  de  inevitables,  en  modo  alguno  ponen  en cuestión la  imparcialidad  objetiva  de los Jueces y Magistrados. Ello es así incluso en un  supuesto  como  el  presente,  en  el  que  la  Sala  de  la  que forma parte el  Magistrado  cuya  recusación se pretendió ha exteriorizado su convicción, con  mayor  o  menor oportunidad, cabe reiterar, acerca de la semejanza del objeto de  ambos                   procesos”8.   

          En    el   presente   evento,   ocurre   la   siguiente   situación  fáctico-procesal:   

          El  31 de octubre de 2006 la fiscalía suscribió acta de preacuerdo  con     el    procesado    JULIO    CÉSAR    FONQUE  QUIROGA,   en   virtud  del  cual  éste  aceptó  su  responsabilidad  en  el  delito  de  actos  sexuales con menor de catorce años,  agravado  de conformidad con el numeral 4º del artículo 211 del Código Penal.  Como  contraprestación,  obtendría un descuento punitivo del 40% y gozaría de  la prisión domiciliaria.   

          El  preacuerdo  hizo  parte  de  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  celebrada  el  9  de noviembre de 2006 ante el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  Duitama, funcionario que, sin embargo, en decisión del 12 de  febrero  de 2007, lo improbó al considerar ilegal la inclusión en el mismo del  subrogado  de  la  prisión domiciliaria, por su no procedencia atendida la pena  prevista para el punible objeto de acusación.   

          Mediante  providencia  mayoritaria  del  9  de mayo de 2007, la Sala  Única  de Decisión del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo confirmó el  pronunciamiento   adoptado  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito.  La  determinación  fue aprobada por los Magistrados Gloria  Rosa     Martínez    Ojeda    y   Julio   Enrique  Mogollón  González.  El  doctor   Eurípides  Montoya  Sepúlveda  salvó   votó,   al   estimar   procedente   conceder  la  prisión  domiciliaria  al  procesado  FONQUE QUIROGA.    

          Merced  a  su improbación, las partes celebraron el 22 de agosto de  2007  un  nuevo  preacuerdo, en los mismos términos del inicialmente realizado,  pero  esta  vez  sin  incluir  lo  relacionado  con la prisión extramural. Esta  negociación  formó parte de la acusación formulada el 22 de agosto del citado  año,  con  cuyo  fundamento  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Duitama  condenó  a  JULIO  CÉSAR FONQUE QUIROGA a  la  pena  de  38  meses  y  4  días  de prisión, negándole los  sustitutos  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

          Como  quedó  reseñado  en el acápite precedente, la sentencia fue  apelada  por  el  defensor, quien en desarrollo de la audiencia de sustentación  anunció  que  su  inconformidad  obedecía  a  la  no concesión de la prisión  extramural,  lo  cual  llevó  a los Magistrados Gloria  Rosa     Martínez     Ojeda     y     Eurípides  Montoya Sepúlveda a declararse  impedidos.    

          Siendo  así la situación, surge evidente que la temática respecto  de  la  cual  deben  ahora pronunciarse los integrantes del Tribunal Superior de  Santa  Rosa  de  Viterbo  es  exactamente  la misma sobre la cual ya profirieron  decisión,  es  decir,  la  procedencia  o  no  del  subrogado  de  la  prisión  domiciliaria  en  el  caso  del  acusado  JULIO CÉSAR  FONQUE QUIROGA.   

             Frente   a   dicha  concreta  materia,  la  doctora  Martínez  Ojeda  comprometió su criterio,  al  estimar  que  no había lugar a conceder al procesado el referido sustituto.  Igual    aconteció    con    el    doctor    Montoya  Sepúlveda, aun cuando desde el otro extremo, esto es,  considerando  procedente  la prisión domiciliaria. Ambos, por tanto, expresaron  ya  su  punto  de  vista  de manera sustancial, anticipando su pensamiento en lo  relacionado con el tema objeto del nuevo pronunciamiento.   

          Las  particularidades  de  este  caso,  en consecuencia, recomiendan  separar  del  conocimiento  del  presente proceso a los Magistrados en mención,  para  efectos  de  garantizar  cabalmente  su  definición  por dispensadores de  justicia  en  quienes  no concurran circunstancias de prejuzgamiento que afecten  su   imparcialidad.  Por  tal  razón,  se  declarará  fundado  el  impedimento  manifestado  por  los Magistrados Gloria Rosa Martínez  Ojeda  y  Eurípides Montoya  Sepúlveda.           

          De  conformidad con lo dispuesto en el inciso final del artículo 54  de  la  Ley 270 de 1996 (Estatutaria de la Administración de Justicia), la Sala  llamada  a  conocer  de  este  asunto  deberá  ser integrada por Conjueces, por  cuanto  el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo está compuesto por una  sola Sala de Decisión.   

          Como   para   la  Corte  no  pasa  desapercibido  que  respecto  del  Magistrado    Julio   Enrique   Mogollón   González  se   presentan   las  mismas  circunstancias  de  sus  compañeros  de  Sala,  por  economía  procesal y a efectos de precaver demoras  innecesarias  en  la  tramitación  de  la actuación que atentarían contra los  principios  fundamentales  al  amparo de los cuales se diseñó el sistema penal  acusatorio,   se  prevendrá  al  Presidente  de  la  Corporación  a   quo   para   que,  si  el  Magistrado  Mogollón González, presenta  impedimento  para conocer de la actuación designe conjuez para integrar la Sala  a fin de evitar que la actuación regrese a la Corte.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.-   DECLARAR  fundado    el    impedimento   manifestado   por   los   doctores   Gloria  Rosa Martínez Ojeda y Eurípides  Montoya Sepúlveda, Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Santa  Rosa de Viterbo. En consecuencia, ordenar su  separación del conocimiento de este asunto.   

          2.-  DEVOLVER de  inmediato  el  proceso  a la mencionada Corporación, a fin de que se integre la  Sala  de  Decisión  que  deba  conocer  de  la  actuación  en  sede de segunda  instancia,  para  lo  cual  se tendrán en cuenta las directrices trazadas en la  parte final de la presente decisión.   

Contra esta determinación no procede recurso  alguno.   

Cópiese y cúmplase  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO         J.   IBAÑEZ              GUZMÁN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                            JAVIER         ZAPATA  ORTÍZ   

               TERESA       RUIZ  NÚÑEZ   

                              Secretaria   

    

1 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sent.   del   7   de   mayo   de  2002,  rad.19300.   

2 Auto  del 6 de junio de 2007, radicación 27385.   

3 Auto  del 14 de noviembre de 2007, radicación 28633.   

4  Se  refiere a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.   

5 CIDH,  caso Gómez López vs. Venezuela, 1996   

6 CIDH,  caso Martín de Mejía vs. Perú, 1996   

7  Tribunal  Europeo  de  Derechos Humanos (en adelante, TEDH), caso Perote Pellón  vs. España, 2002, 31.   

8 TEDH,  RTC 1994, 138     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *