28865(13-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 28865  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta  No.  28   

Bogotá, D.C., trece (13) febrero de dos mil  ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda  de  casación  presentada  por la defensora de YOLANDA  RAMÍREZ  CÁRDENAS y JOSÉ DEL CARMÉN MESA VALBUENA,  contra  el  fallo  del  29  de  agosto de 2007, mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Bogotá modificó  la  sentencia  adoptada por el  Juez  Once  Penal  del Circuito de Conocimiento de la  misma ciudad, el 5 de julio de 2007.   

H E C H O S  

El   21   de   marzo   de   2007,  en  dos  inmuebles   ubicados  en  el  perímetro  urbano  de Bogotá, funcionaba la  firma  “Estell  Ltda.”,  de   propiedad  de  los  imputados  YOLANDA  RAMÍREZ  CÁRDENAS  y  JOSÉ DEL CARMEN MESA VALBUENA, donde se  manipulaban  269  líneas  telefónicas,  las  cuales  eran  destinadas  para el  reoriginamiento   de  llamadas  internacionales  entrantes,  simulándolas  como  locales,  según  se  logró establecer mediante allanamientos realizados.    

La modalidad utilizada por los procesados es  conocida   en   el   mundo   de   las   telecomunicaciones   como   “By-pass  de  larga   distancia”,   que  significa  “sin  pasar  por” consistente en que  al  ingresar  una llamada del exterior, ésta no se trasfiere a las redes de las  empresas  legalmente  habilitadas  (Orbitel,  Telecom  y  Etb), pues el servicio  telefónico  brindado  por  la  compañía cuestionada, en apariencia se muestra  como  si  fuera  una  operación local, no siéndolo; alcanzándose tal cometido  ilícito,   mediante  la  utilización   de  equipos  de  alta  tecnología  especializada en el área.   

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

El  24 de mayo de 2007, ante el Juzgado  Diecisiete  Penal  Municipal  de Bogotá, con funciones de  control  de  garantías,  en audiencia preliminar, la  Fiscalía  17 Seccional les  imputó  a  YOLANDA  RAMÍREZ  CÁRDENAS  y JOSÉ DEL  CARMEN  MESA VALBUENA, la comisión de los punibles de  acceso  ilegal  o  prestación ilegal de servicios de  telecomunicaciones1   

,   agravado,   en   concurso  con  el  de  utilización  de  equipos  transmisores  o receptores.   

El  19  de  junio  de  2007, la Fiscalía    7   Seccional,   presentó  escrito de acusación contra  RAMÍREZ   CÁRDENAS   y  MESA  VALBUENA,  ante  el Juzgado 11 Penal del Circuito  de  Conocimiento,  por  los  delitos  de acceso   ilegal   o   prestación   ilegal   de  los  servicios  de  telecomunicaciones,             agravado2,   en   la   modalidad   de  continuado y en concurso con  el   de   utilización  de  equipos  transmisores  o  receptores3; imputación jurídica aceptada por los inculpados.   

El  5  de  julio  de  2007,  el Juzgado     de    Conocimiento,    los  condenó como coautores, por  los  delitos  atribuidos,  conforme  con  la  manifestación  de allanamiento en  audiencia  preliminar, a las penas principales de cincuenta y seis (56) meses de  prisión  y  multa  de  quinientos  (500)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes;  inhabilitándolos  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por el mismo tiempo.   

El  29  de  agosto  de 2007, el Tribunal  Superior  de Bogotá, modificó  la  sentencia  recurrida por la defensa técnica, en el sentido de imponerles la  pena  de  cuarenta  y  seis  (46) meses y “nueve (9)  horas”  de  prisión e inhabilidad por igual lapso;  confirmando la decisión en todo lo demás.   

El término consagrado en el artículo 183 de  la  Ley  906  de  2004,  inició  el  31  de  agosto  de 2007 y venció el 27 de  noviembre  de  2007,  período  en el cual se presentó demanda de casación por  parte  de  la  defensora  de  los sentenciados YOLANDA  RAMÍREZ  CÁRDENAS  y JOSÉ DEL CARMEN MESA VALBUENA,  libelo que hoy califica la Sala.   

R E S U M E N  D E  L A  D E M  A N D A   

Al    amparo    de    la    causal  primera de casación prevista en  el  artículo  181,  de  la  Ley  906  de 2004, arremetió la demandante, en dos  ataques,  contra  el fallo expedido por el Tribunal de  Bogotá:   juntos   seleccionados  por  aplicación  indebida  de  los artículos  257,  267  y  31 de la Ley 599 de 2000 –primer  cargo-;  y, en el mismo sentido,  –pero  en  el  segundo  ataque-  de  las normas 9,  10, 11 y 12 del Código Penal.     

Primer cargo: luego  de  transcribir  varios  párrafos  del  fallo  del Tribunal, de puntualizar los  injustos   típicos   por   los   que  se  sentenció  a  sus  prohijados  y  de  contextualizar                  dos4   decisiones   de  la  Corte  Constitucional,  en  las  que  se  declararon  inexequibles  algunos apartes del  artículo  257  del  Código  Penal;  concluye  que,  por  tales  razonamientos,  “la  conducta  desplegada  por mis representados no  podía sancionarse penalmente”.   

Adujó que las modificaciones realizadas por  la  Corporación  Constitucional  al  tipo  penal,  le  favorecían más que las  normas   aplicadas   por   el   Tribunal;   por   tanto,  con  base  en  el  artículo  29  Constitucional,  “exigía, un pronunciamiento, en congruencia con la  imputación  hecha  a  los  procesados  en  el  escrito  de acusación”.    

Como   la  conducta  ilícita,  según  la  imputación  de  la  Fiscalía,  se  venía consumando desde el mes de abril del  2005,  se  tipificó  el  delito continuado,  solicitando  el  ente  acusador,  aplicación  del  “agravante  punitivo” previsto en el  artículo  31  del  Código  Penal,  contra  sus  poderdantes. Siendo ello así,  apoyó    su    tesis    en   otra   jurisprudencia   Constitucional5,  donde  se  afirmó  que el referido ilícito “no es una especie  de  concurso  de  hechos  punibles,  sino  un  solo  “hecho punible unitario o  continuado”  y,  por  tanto,  que  debe  ser  penado  como  tal”;  motivo por el cual, corresponde aplicar la favorabilidad, porque  “los    hechos    en    cuestión    deben    ser  estudiados”   con   base   en   el  artículo  257  “en   los   términos   vigentes   para   el  año  2005”.   

Sostuvo,   además,   la   libelista   que  “en virtud de la declaratoria de inexequibilidad de  apartes  de  la  norma en comento, nos encontramos frente a una vulneración del  principio  fundamental  del  Debido  Proceso”; en el  entendido   que   “para   la  época  de  conducta  desplegada  por mis prohijados no se encontraba descrita como punible, en virtud  de    la    declaratoria    de   inexequibilidad”.   

En conclusión: el Tribunal debió aplicar el  principio  de favorabilidad, porque al reconocer “la  aplicación  del  artículo  257 de la ley 599 de 2000, en lugar de lo dispuesto  por    el    artículo   1   de   la   ley   1032   de   2006”,   desconoció  los  fallos constitucionales  “y  en  consecuencia,  abstenerse  de  aplicar  las  normas  contenidas en los  artículos  267 y 31 del C. P., así como el artículo 14 de la ley 890 de 2004,  por   expreso   mandato…   del  artículo  29,  disponiendo  entonces  REVOCAR  INTEGRAMENTE   LA   SENTENCIA  INPUGNADA”  por  ser  violatoria del debido proceso.   

Segundo  Cargo:  alegó    que  el  comportamiento  de  sus  mandatarios no fue ilícito y, de  serlo,   vulneraria   el   principio   de   legalidad,   porque   las  conductas  antijurídicas deben estar tipificadas en forma expresa en la Ley.   

Insistió  la  demandante en el nuevo cargo,  que  el  Juez  Colegiado,  “determinó que la norma  aplicable  para  el  caso  en alzada, era la contenida en el artículo 257 de la  ley  599  de  2000,  vigente  para  el año 2005”. A  continuación,  señaló  los artículos aplicados indebidamente: 9, 10, 11 y 12  de  la  Ley  599  de 2000, a fin de comunicar que al funcionario de instancia le  era  obligatorio  “verificar  que  los  actos,  las  conductas  desplegadas  por  el  procesado,  se  adecuen  a  lo dispuesto por el  precepto  penal,  pues  de  lo  contrario, su conducta ha de ser calificada como  atípica   y   por   ende   no  es  susceptible  de  ningún  tipo  de  sanción  punitiva”.   

Puntualiza   la   actora   que   la  firma  “STELL LIMITADA”, antes  se  hacía llamar “EMPRESA DE TELECOMUNICACIONES DEL  LLANO  E.  U.”,  sociedad  comercial  a  la cual el  Ministerio   de   Comunicaciones   el   1   de   abril   de  2002,  “le  otorgó  Licencia  para la prestación de servicios de Valor  Agregado  y  telemáticos,  con  cubrimiento  nacional  y  en  conexión  con el  exterior;   Licencia   que   el   día   de   hoy   esta  vigente”,      por     esta     potísima     razón      STELL, tenía manejo de red de internet,  “además  de  la  reventa  de minutos de telefonía  local,  local  extendida  y  larga  distancia  a  través de contratos suscritos  legalmente  con  la  empresa  ORBITEL  y ETB”.    

A renglón seguido, ocupa la atención de la  memorialista,  el  escrito  de acusación  prestado  por la Fiscalía, a fin de especificar los elementos en  los  que  se  edificó  el  delito  principal  por  el  que  se  condenó  a sus  prohijados,   para   finiquitar  que  “la  conducta  desplegada  por  los  imputados y descrita por la Fiscalía, no aparece descrita  por  ninguna parte en la norma transcrita en parrafos (sic) anteriores y la cual  fue  aplicada… por el Tribunal”; para demostrar su  premisa,     valora     algunas    pruebas,    informando    que    “los  aquí  procesados,  en  virtud de un contrato legal, con un  operador  extranjero  legalmente  constituido, reciben a través de internet los  paquetes de voz y se transforman nuevamente en voz”.   

Concluyó  que  la  conducta  por  la que se  condenó    a    sus    mandatarios    es    atípica,    siendo    “claro   el   error  del  Tribunal…  al  inaplicar  las  normas  contenidas  en  los  artículos  9,  10, 11 y 12 del C. P., violando con ello el  principio  constitucional  del  DEBIDO  PROCESO“, en  donde  se  impuso  una  sentencia  condenatoria “por  hechos  aunque  acaecidos  y  aceptados por los procesados, no tienen la entidad  jurídica    de    una    conducta    punible    y    por   el   contrario   son  atípicos”,  por tanto, solicitó a la Corte, casar  “el injusto fallo impugnado”.   

CONSIDERACIONES                 DE   LA   CORTE   

1. Viene señalando  la  Sala,  que con la entrada en vigencia del  sistema  procesal penal  acusatorio   previsto  en   la   Ley   906   de  2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación,  toda vez que, en la actualidad es susceptible la  impugnación  contra  decisiones  de segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales  de Distrito del  país,  atacando  los  fallos de absolución o condena, sin tener en cuenta como  presupuesto  para  su  admisibilidad  el  quantum  de pena descrito en cada tipo  penal, como lo imponían las legislaciones anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda de  casación,  el  censor  debe  tener  interés, formular y desarrollar los cargos  contra  el  fallo  de  segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de  derechos   y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además,  que  el  actor tenga presente lo  preceptuado  en  el  artículo  180  del  Código  Instrumental  Ley  906, en el  entendido  que una de las obligaciones al confeccionar el libelo es demostrar  la  necesidad  de  intervención de la Corte  para  el  logro  de  alguno  de  los  fines  establecidos  por el  instituto.   Siendo   ello   así,  el  Principio  de  Intervención  debe  ser  el norte del libelista toda  vez  que  él  integra  cuatro  aspectos  teleológicos  que  se  traducen en el  espíritu  de  la censura: i)  la  efectividad  del  derecho material, ii)  el  respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a las partes y iv)  la unificación de la jurisprudencia.   

Desde  otro  punto  de  vista, la Sala viene  insistiendo  que  el  nuevo  sistema  procesal  penal  acusatorio  al  disciplinar todo lo concerniente a la  impugnación  extraordinaria,  jamás  precisó que los presupuestos formales ya  no  son  necesarios para sustentar una demanda. Todo lo contrario, el recurso de  casación,  no perdió su entidad de juicio lógico-argumentativo, de manera que  el   libelo  debe  cumplir  pautas  que  impidan  concebirlo  como  tercera  instancia,  donde  los  reparos  compilen   presupuestos  de  claridad y precisión, porque a la Corte no le  corresponde    interpretar    las    alegaciones    de    los   recurrentes   en  casación.6   

En  consecuencia,  la  Sala ha sostenido que  para  admitir  o  seleccionar una demanda de casación a fin de decidir de fondo  sobre  el  problema  jurídico  planteado por el actor; la censura, en sí, debe  sujetarse  al  cumplimiento  de  los  presupuestos  formales  consagrados  en el  artículo  184,  ordinal  2°   de  la  Ley  906,  o  demostrar la evidente  vulneración  a  los  derechos fundamentales que le asisten a los intervinientes  en  el  proceso;  es  por  todo  ello  que  se  deben aplicar los principios que  orientan  la  casación  penal  como  los de claridad,  autonomía,  razón  suficiente,  no  contradicción,  entre  otros,  para –de la  mano   con   ellos-   presentar   una  argumentación  trascendente,  habida consideración de compendiar en  el  ataque,  los  errores  de juicio o de actividad que pudieron haber incurrido  los   falladores.   Objetividad,   comprensión,  precisión,  y  trascendencia,  también  son  postulados  que  deben  guiar  el  ejercicio  intelectual  en  la  elaboración  de  la  demanda  por el censor, a fin de demostrarle a la Sala, el  motivo  por  el  cual  debe  ser  aceptada una determinada tesis jurídica o una  legal valoración de los medios probatorios.    

También  viene indicando la jurisprudencia,  en   múltiples   oportunidades   que   i)    la    correcta    selección   de   la   causal,   ii)  el  interés del actor, iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  iv)  la  puntual  fundamentación  fáctica  y  jurídica,              v) el cumplimiento de al menos uno de los  fines  del  instituto;  marcan  la pauta para declarar la inconstitucionalidad o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo  184,  3  de  la Ley 906 de  2004.   

2.  La   censura   presentada   por   la   defensora   de  YOLANDA    RAMÍREZ    CÁRDENAS    y   JOSÉ   DEL   CARMEN   MESA  VALBUENA,  no  reúne  los  presupuestos  mínimos de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la jurisprudencia para  admitir  la demanda, pues, si bien, propone como punto de partida para lograr la  infirmación   del  fallo  de  segundo  nivel,  dos  ataques  por  vía  directa  consagrados  como  causal  de  casación en el numeral 1 del artículo 181 de la  Ley  906  de 2004, en su desarrollo y demostración incurre en graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

Siendo ello así, como metodología, la Sala  examinará  los  cargos  en bloque, teniendo presente la profunda confusión del  libelista,   a  fin  de  puntualizar  los  errores  de  mayor  impacto  legal  y  jurisprudencial, en los que incurrió.   

El           primer yerro tiene que ver con la mezcla  que  realiza  la  demandante  de  las  causales  de casación: en un mismo texto  argumentativo,   combina   la   vía   directa   de   vulneración   de   normas  constitucionales   y   sustantivas   en   sentido   de   aplicación   indebida,  equilibrándolas,   con   la   causal   2,  que  consagra  lo  referente  a  las  nulidades,    alegando  violación  al  debido  proceso y remata su propuesta y motivación, formulando,  una   incongruencia,   por   favorabilidad   en   cuanto  a  las  decisiones  de  inexequibilidad  vinculadas  con  el  artículo  257  de  la  Ley  906  de 2004.   

Cada  censura,  lo viene ratificando la Sala  durante  décadas,  tiene  su  autónoma dinámica y un desarrollo argumentativo  coherente  con  la  premisa  evocada; por ejemplo, si deviene la embestida sobre  una  posible  nulidad  es indispensable seleccionar el ataque de mayor cobertura  de  lesión,  con  el  inmediato  objeto de retrotraer la actuación hasta aquel  acto  procesal que fue ostensiblemente vulnerado. Deberá pues constatarse cuál  nulidad  abarca  mayor  extensión  de daño para proponerla como principal; las  otras  como  es debido, serán expuestas en cargos subsidiarios, porque de tener  éxito  la  primera,  no  podría  la  Sala casar los demás cargos así tuviese  razón  la  demandante,  porque aquella subsumiría a las demás, como cuando la  nulidad  se  declara  a  partir  de  la  audiencia  preliminar  ante  el Juez de  Garantías,    sobra,    por    sustracción    de    materia,    declarar   las  posteriores.       

Además,  cada propuesta tiene un desarrollo  independiente,  debiéndose  identificar  la  clase  de nulidad, denunciando las  normas  vulneradas, a fin de demostrar por qué su premisa es consecuente con el  histórico  procesal,  pues  no  basta,  la  sola  enunciación  del  cargo.  Es  imperioso  argumentar,  cómo, de qué forma y cuáles, fueron las repercusiones  o el daño al interior del proceso.   

Sin  olvidar,  los  principios que rigen las  nulidades  como el de convalidación, taxatividad, finalidad de los actos, entre  otros, a fin de verificar la infirmación del fallo último.   

El           segundo  error,  tiene  fundamento en el  disenso  que  presentó  la  libelista  con  la aplicación de favorabilidad por  parte  del  Tribunal,  pues en su criterio le era más benéfico a sus mandantes  la  aplicación del artículo 257 del Código Penal que la Ley modificatoria del  mismo  1032 de 2006; por lo que no habría para la época de consumación de los  acontecimientos,     ninguna     conducta     ilegal;    por    ello, se vulneró el debido proceso. Como se  entiende,    es    un    simple   alegato   propio   de   instancias, sustentado en afirmaciones genéricas,  subjetivas   e  hipotéticas  y  amparadas  bajo  la  lupa  de  pronunciamientos  constitucionales,  que  en  ningún  momento  le restaron entidad dolosa al tipo  penal modificado.   

Por  el contrario y, sin que se entienda que  es   un   argumento   de   fondo,   el  tipo  penal  denominado  “del  acceso  ilegal  o  prestación  ilegal  de  los  servicios  de  telecomunicaciones”,  se encuentra vigente en todas  sus  connotaciones  dogmáticas,  las  que no fueron alteradas por los fallos de  inconstitucionalidad,  tanto  como  para  sostener  que dejó de ser considerado  delito  porque se excluyó la frase “u otro servicio  de  comunicaciones”,  quedando  sólo la telefonía  móvil  celular;  motivo  que  lleva  a  la  memorialista a pensar que como eran  líneas  fijas  ya el punible dejó de ser tal; criterio que no se compadece con  la  realidad  legal, al desconocerse aquella actividad dogmática descrita en el  tipo  penal  referido,  como  la  copia  de  señales  no  autorizadas  de larga  distancia  y  derivaciones,  éstos  fueron  elementos  que  olvidó trabajar la  demandante,  como  para  pensar,  por  un  momento,  sobre  la  inexistencia del  punible.      

El           tercer error, tiene que ver con el cargo  segundo,  sustentado  por  haberse  “violado directamente la ley sustancial por  APLICACIÓN  INDEBIDA  DEL  ARTICULO  9,  10 11 y 12 de la ley 99 (Sic) de 2000”  y  en  la demostración afirmó que “es claro que el  Tribunal   de   Bogotá   al   inaplicar  las  normas  contenidas  en  los  artículos  9,  10, 11, y 12 del  C.P.”;  generándose  con  tal actuar, incoherencia  temática  e  ininteligible  motivación,  en  el entendido que si se está ante  idénticos  preceptos  sustanciales  o  constitucionales,  en  un mismo sentido,  ellos  no  pueden  ser aplicados y a su vez inaplicados, toda vez que si se dice  que  hubo  una  aplicación  indebida  es que los falladores los emplearon en el  caso  y,  si,  por  el contrario, se sostiene que se inaplicaron, pues ellos, en  esencia,   no   fueron   utilizados  por  la  judicatura.  (Subrayado  fuera  de  texto).    

Máxime  si  se  tiene  presente  que  los  artículos  9  (conducta  punible)  10  (tipicidad),  11  (Antijuridicidad) y 12  (culpabilidad),  no  fueron  abordados,  desarrollados  ni trabajados en lo más  mínimo,  tanto  como para alegar una atipicidad, la cual  se quedó en una  simple  conjetura, avalada por un criterio de la Corte Constitucional, en cuanto  a  la  noción  de  delito único versus  continuado por el que se elevaron  los  cargos  a sus prohijados, sin ningún elemento dogmático que demostrara su  enunciado.  Entre  otras  reflexiones,  porque de todas formas, habría o delito  continuado    o    único,    pero    de    ningún   modo,   por   tal   camino  hermenéutico,  se podría  concluir que es atípica la conducta.   

El    cuarto  desquicio  surge  del querer pretender la demandante,  que  su  concepción  jurídica,  impere por encima  del Tribunal, sin base  argumentativa  ponderada,  sino como un exiguo alegato de instancia, como cuando  afirmó  que, “se ha impuesto una condena por hechos  que  aunque  acaecidos  y  aceptados  por  los  procesados, no tienen la entidad  jurídica  de  una conducta punible y por el contrario son atípicos;  conjetura realizada contra las pruebas recopiladas, la decisión  de  sus  prohijados de allanarse a los cargos con el aval de la defensa técnica  de  la  época  y  la  valoración  que  sobre los diferentes medios probatorios  efectuaron  los  falladores;  por  consiguiente,  ésta  es  una  de  las tantas  afirmaciones indemostradas que identifican el libelo.   

El           quinto  desacierto  se  condensa  en  el  hecho  que  por  vía  directa  está  vedado  cambiar  las  valoraciones de las  pruebas,  toda  vez  que  es postulado esencial que se aceptan tal y como fueron  sopesados  por  los juzgadores; cuestión diversa es el juicio en derecho, donde  reside  la  potencialidad  del  ataque,  por  la  vía  escogida  en la presente  demanda;  lo  cual  se verifica cuando sostuvo: “los  aquí  procesados,  en  virtud  de un contrato legal, con un operador extranjero  legalmente  constituido, reciben  a través de internet los paquetes de voz  y  se transforman nuevamente en voz”, imprimiéndole  un  nuevo  enfoque  valorativo a los medios probatorios, contra lo expresado por  los falladores, para fundamentar sus planteamientos.    

Por  último,  los  dos ataques, se quedaron  huérfanos  al ignorar argumentar la trascendencia de los yerros demandados; sin  que  opere tal presupuesto, las premisas que sustentan el ataque, se consumen en  sutilezas y juicios subjetivos y   

criterios   aislados,  sin  fundamento  ni  desarrollo,  que  proponen hipótesis alejadas de una verdadera ponderación del  juicio  en derecho aplicado por los juzgadores al proceso, en total oposición a  lo  actuado  en  instancias, sin que hubiese mediado en su argumentación alguna  coherencia,  claridad  y  objetividad,  como principios orientadores del recurso  extraordinario de casación.   

La  Sala  advierte y lo repite hoy: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con la ley y la jurisprudencia, en el que paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el demandante  demuestre   con   una   temática   jurídica  contundente  que  las  instancias  desbordaron  la  aplicación  o interpretación del derecho en relación con los  hechos y pruebas aceptados, entre otras alternativas de ataque.   

Así las cosas y, como quiera que el recurso  de    casación    está    regido,    entre    otros,   por   el   principio    de    limitación,    las  deficiencias  que  presenta  la demanda no pueden ser remediadas por la Sala, en  tanto   que   no  le  corresponde  asumir  la  tarea  argumentativa  propia  del  recurrente,  para complementar, adicionar o corregir su escrito de impugnación,  máxime  cuando  es  antiquísimo el criterio de la Sala en el sentido de que el  recurso  extraordinario  de  casación  es  un  juicio lógico-argumentativo que  tiene   una   regulación  prevista  por  el  legislador,  desarrollada  por  la  jurisprudencia,      con      el      propósito     de     que     no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.   

Los anteriores motivos son suficientes para  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  a  favor  de  YOLANDA RAMÍREZ  CÁRDENAS  y  JOSÉ  DEL  CARMEN MESA VALBUENA, por la  defensa técnica.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  de  los sentenciados, como para superar los defectos de la demanda y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone  la  preceptiva del inciso 3º del   artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

3.  Teniendo  en  cuenta       que       contra       la       decisión      de      inadmitir o no  selección  de  la  demanda  procede  el mecanismo  de  insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo 186 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite  no  fue  regulado, pero que  para  tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán de seguirse  para            su            aplicación7,      como     pasa     a  indicarse:   

3.1. La insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  decide    inadmitir    o    no    seleccionar    la  demanda  de  casación, con el fin de que reconsidere  lo  decidido. También podrá ser provocado oficiosamente, en el mismo término,  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación Penal. El  mecanismo,  entonces, opera para el Procurador Judicial, el Magistrado disidente  o  el  que  no  haya  participado  en  los  debates  y  suscrito  la providencia  inadmisoria.   

3.2. La solicitud  de  insistencia puede elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la Casación  Penal,  salvo  que  el  Procurador  Judicial  Delegado ante el Tribunal Superior  fuese  el  demandante;  o  ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de inadmitir la demanda o ante uno de los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

3.3. Es potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado  del  Ministerio  Público ante quien se formula la insistencia optar por someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión. En  este  último  evento  informará  de ello al peticionario en un plazo de quince  (15) días.   

3.4.  El  auto  a  través  del  cual se inadmite la demanda de casación trae como consecuencia la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia contra la cual se formuló el  recurso  de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y  conlleve a la  admisión de la demanda.   

4.  También viene  precisando            la            Corte8   que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión de la demanda.   

C  A  S  A C I Ó N   O F I C I O S  A   

Como  quiera  que  el  fallo expedido por el  Tribunal     Superior    de    Bogotá,  al  modificar  la  sentencia  recurrida en lo atinente a la pena  principal,     le     impuso     también     “9  horas”; tal sanción punitiva, vulnera el principio  de  legalidad,  postulado  como  norma  rectora  del  sistema  de  derecho penal  colombiano  en el artículo 6 de la Ley 599 de 2000, toda vez que no consulta el  capítulo  “IV de las consecuencias jurídicas de la  conducta punible”.   

Por lo tanto, las penas se imponen en años,  meses  y  días, arropadas bajo el concepto de unidad punitiva y en donde jamás  podrán  ser  declaradas en horas, minutos o segundos, porque ello atenta contra  los  derechos  aludidos.  En  consecuencia,  se  eliminará de la pena principal  impuesta  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, las 9 horas, permaneciendo en  cuarenta y seis (46) meses, para cada uno de los procesados.   

Con   fundamento   en   lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  EN  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

Primero:  Inadmitir  la  demanda de casación presentada por la  defensora  de  YOLANDA RAMÍREZ CÁRDENAS y JOSÉ DEL  CARMEN   MESA   VALBUENA,   atendiendo  las  razones  plasmadas en la parte motiva de esta providencia.   

Segundo: Contra la  inadmisión     procede     el     mecanismo    de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso 2° del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004, en los términos puntualizados en el  acápite final de esta determinación.   

Tercero:  Casar     oficiosa    y    parcialmente   el   fallo   recurrido,   en   lo   atinente  a  las  garantías  fundamentales,  relacionadas con la pena principal impuesta a los procesados, en  el  sentido  de suprimir las nueve (9) horas por las que fueron sentenciados; en  tal  sentido,  permanecerá la punibilidad aplicada en la sentencia condenatoria  en  cuarenta  y  seis  (46)  meses,  atendiendo los argumentos atrás plasmados.   

Cópiese,     comuníquese,     y  cúmplase.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

                                                                                                          

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO             MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN            JORGE LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

                                                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                Secretaria   

    

1     “ARTÍCULO  257.  DE  LA  PRESTACIÓN,  ACCESO  O  USO  ILEGALES  DE LOS SERVICIOS DE  TELECOMUNICACIONES.  Artículo  modificado  por  el artículo 1  de  la Ley 1032 de 2006: El que, sin la  correspondiente  autorización  de la autoridad competente, preste, acceda o use  servicio   de   telefonía  móvil,  con  ánimo  de  lucro,  mediante  copia  o  reproducción  de  señales  de  identificación  de equipos terminales de estos  servicios,  o sus derivaciones, incurrirá en prisión de cuatro (4) a diez (10)  años  y  en  multa  de quinientos (500) a mil (1.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

“En  las  mismas penas incurrirá el que,  sin  la  correspondiente  autorización,  preste,  comercialice, acceda o use el  servicio  de  telefonía  pública  básica  local,  local extendida, o de larga  distancia, con ánimo de lucro.   

“Iguales penas se impondrán a quien, sin  la  correspondiente  autorización,  acceda,  preste, comercialice, acceda o use  red,  o  cualquiera  de  los  servicios  de  telecomunicaciones definidos en las  normas vigentes.   

“PARÁGRAFO  1o. No incurrirán en las conductas tipificadas en el  presente  artículo  quienes en virtud de un contrato con un operador autorizado  comercialicen servicios de telecomunicaciones.   

“PARÁGRAFO  2o. Las conductas señaladas  en el presente artículo, serán investigables de oficio”.   

2  Artículo  267 del Código Penal: “Circunstancias de  agravación.  Las penas para los delitos descritos en los capítulos anteriores,  se  aumentarán  de  una  tercera  parte  a  la  mitad,  cuando  la  conducta se  cometa”,  por  un valor superior a 100 smlmv, o que  siendo  inferior,  haya  ocasionado grave daño a la víctima,  atendida su  situación    económica”,   sobre   bienes   del  Estado.   

3Artículo   197  del  Código  Penal:  “El  que  con   fines  ilícitos  posea  o  haga  uso  de  aparatos  de radiofonía o televisión, o de  cualquier  medio  electrónico  diseñado  o  adaptado  para  emitir  o  recibir  señales,  incurrirá,  por  esa  sola  conducta,  en  prisión  de  uno  (1)  a  tres  (3) años”.   

“La  pena  se  aumentará  de una tercera  parte  a  la  mitad cuando la conducta descrita en el inciso anterior se realice  con fines terroristas”.   

4Corte  Constitucional  Sentencias:  C-311  de  abril 30 de 2002 y C-739 del 22 de junio  2000.   

5 Corte  Constitucional, Sentencia C-551 de Mayo 30 de 2001.   

6 Auto  del 8 de junio de 2006. Radicación: 25565   

7 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

8 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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