28733(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 033.   

Bogotá, D. C., veinte (20) de febrero de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  lo  relacionado  con  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  IVÁN  JOSÉ  LÓPEZ  DORIA  contra  la  sentencia  del  2 de marzo de 2007, a través de la cual el Tribunal  Superior  de  Montería confirmó el fallo adoptado el 22 de febrero de 2006 por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Cereté, despacho que condenó al mencionado  procesado   y   a   Luis  Felipe  Arteaga  Hernández  a  la  pena  principal  de 25 años de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término.   

HECHOS  

          A  la  finca  de  nombre  “La luna”, situada en el corregimiento  Buenos  Aires,  jurisdicción  del  municipio  de  San Pelayo (Córdoba), siendo  aproximadamente  las  7:00  p.m.  del  27 de diciembre de 2004, arribaron cuatro  sujetos  con  el  pretexto  de  pedir  ayuda  por  encontrarse  varados.  Cuando  conversaban  con  los  residentes  de  la  vivienda,  uno  de  los  desconocidos  visitantes   esgrimió  un  arma  de  fuego  y  la  accionó  contra  el  señor  José  Felipe Doria Ibáñez,  quien   falleció   a   consecuencias   de  las  heridas  recibidas.     

         

          Perpetrado  el  crimen,  los individuos emprendieron la huida, pero,  una  hora  después,  en  un  retén  policial,  fueron  capturados IVÁN  JOSÉ  LÓPEZ  DORIA  y Luis  Felipe  Arteaga  Hernández cuando se  movilizaban  en  una  motocicleta,  siendo el primero de ellos reconocido por la  hija  del  occiso  como  integrante  del  grupo  que  participó  en  los hechos  delictivos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Puestos los capturados a disposición de  la   fiscalía  y  realizado  el  levantamiento  del  cadáver  del  occiso,  un  funcionario  de  la  mencionada  institución,  mediante  resolución  del 29 de  diciembre  de  2004,  decretó  la apertura de la correspondiente investigación  penal, en cuyo desarrollo escuchó en indagatoria a los implicados.   

2.  El  7  de  enero  de 2005, el instructor  resolvió  la  situación jurídica de los indagados con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva,  por el delito de homicidio agravado. Por apelación  interpuesta  por  la defensa, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de  Montería, el 18 de febrero de 2005, confirmó dicha decisión.   

3.  La  Fiscalía  15 Seccional clausuró la  investigación  el  12  de  abril del mencionado año y, el 4 de mayo siguiente,  calificó  el  mérito del sumario, profiriendo resolución de acusación contra  IVÁN  JOSÉ  LÓPEZ  DORIA y  Luis    Felipe    Arteaga    Hernández,   como   coautores   del   delito   de  homicidio  agravado.  Esta  determinación  obtuvo,  igualmente,  confirmación  de  la fiscalía de segunda  instancia, según providencia del 14 de junio del mismo 2005.   

4.  Correspondió  tramitar  la  fase  del  juzgamiento  al  Juzgado  Penal  del  Circuito de Cereté, despacho judicial que  realizó  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  tras lo cual profirió el  fallo  condenatorio  de  primer  grado,  confirmado  por el Tribunal Superior de  Montería  al  desatar  la  apelación  interpuesta  por  los  defensores de los  acusados.   

8.  La  sentencia  de  segunda instancia fue  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  por  parte  del defensor de  IVÁN JOSÉ LÓPEZ DORIA, por  cuya  razón  el  proceso  se  remitió  a  sede  de  la  Corte,  para  lo de su  competencia.   

LA  DEMANDA   

          El  actor  postula  un único cargo contra el fallo del Tribunal. Lo  apoya  en  la  causal primera, cuerpo segundo del artículo 207 de la Ley 600 de  2000,  bajo  cuyo  amparo denuncia la violación indirecta de la ley sustancial,  derivada de error de hecho por falso juicio de identidad.   

          Para  sustentar  la  censura,  empieza  por citar la afirmación del  procesado   LÓPEZ   DORIA,  según   la   cual   cuando   arribó  al  lugar  de  los  hechos  comentó  que  “éramos  gente  buena  que  no  teníamos  ningún  problema  nosotros dos”. Luego el impugnante sostiene  estar  probado  en  el  expediente  que  tanto aquél como su amigo Arteaga  Hernández  llegaron  solos  a la  vivienda  y  ya  para  entonces  se encontraban allí los dos sujetos que dieron  muerte   al   señor   Luis  Felipe  Doria.   

          Al  respecto,  consideró  que el juzgador interpretó erróneamente  dos  aspectos  esenciales  de  la  prueba,  el  primero: que cuando LÓPEZ   DORIA   invitó   a   su   amigo  Arteaga Hernández a irse del  lugar,  se  ha  entendido  que  lo  hizo  también  respecto  de  los  otros dos  individuos;   y  el  segundo:  que  esa  invitación  ocurrió  después  de  la  agresión, cuando ello, en realidad, sucedió antes.    

          Para  el libelista, de otra parte, en la apreciación de la versión  de  la testigo Elizabeth Doria  debe  tenerse en cuenta que, por ser familiar de la víctima, tiene un marcado y  probado  interés  en  el  resultado del proceso. En este punto, insistió en el  hecho  de  no aparecer demostrado que los procesados se conocían con los demás  individuos,  conteniendo  la  sentencia una serie de consideraciones subjetivas,  como  cuando  de  la  circunstancia  de  no verse la casa desde la carretera, se  presume  que  los  acusados  sabían de la existencia de la finca, de manera que  “no   llegaron   allí   por   casualidades  de  la  vida”.   

          Señaló  que  dicho indicio sirvió al Tribunal para desestimar los  argumentos  de  la  defensa.  Ello,  sumado  a la errónea interpretación de la  prueba,  llevó  al  sentenciador  a  otorgar  credibilidad a los testimonios de  Milady    Altamiranda   y  Elizabeth  Doria Altamiranda,  pese  a  que  esta última corrobora, incluso, la manifestación de IVÁN  JOSÉ  LÓPEZ  DORIA consistente en  que  el disparo ocurrió cuando ya él se alejaba de la casa, junto con su amigo  José  Felipe Arteaga. En esa  medida,  estimó  trascendentes los errores, pues de no haberse cometido éstos,  la decisión hubiese sido absolutoria.   

         

          Solicitó,  en  consecuencia,  casar  el  fallo  impugnado  para  dictar  el  fallo  de  reemplazo,  donde  se absuelva al  procesado        LÓPEZ        DORIA.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

         

          La  Sala  inadmitirá  la  demanda  de  casación  instaurada por el  defensor    del    procesado   IVÁN   JOSÉ   LÓPEZ  DORIA,  pues  el impugnante no cumple los presupuestos  de  adecuada y lógica fundamentación previstos en el numeral 3º del artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia de la Corte.   

          En  efecto,  el  actor  denuncia  la violación indirecta de la ley,  como  consecuencia de incurrir el Tribunal en error de hecho por falso juicio de  identidad,  sin indicar la norma de carácter sustancial que el fallador habría  desconocido indirectamente.   

          Ahora  bien,  el falso juicio de identidad, como repetidamente lo ha  dicho  la  Sala,  corresponde  a  un  error  de hecho que se configura cuando el  fallador,  al apreciar la prueba, distorsiona su contenido fáctico para hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la cercena, adiciona o translitera. Su  demostración  requiere  que el actor identifique el medio sobre el cual recayó  el  error,  realice  un  cotejo  entre  su  contenido y aquel que le atribuye el  fallador,  precisando  los  aspectos en donde se presenta la distorsión y luego  acredite la trascendencia del yerro.   

El   libelista   no  satisface  esa  carga  argumental,  pues  se  limita  a  afirmar,  de manera genérica, que el juzgador  interpretó  erróneamente  la  prueba,  sin  precisar  el  elemento  de  juicio  indebidamente  apreciado  ni,  menos  aún,  efectuar el proceso de comparación  entre  lo  expresado  por  el  medio  y  lo  que le hizo decir el juzgador, como  consecuencia de haberlo cercenado, adicionado o transliterado.   

          En  vez  de  abordar  la  tarea  de demostrar el error enunciado, se  dedica  a  ensayar  otro  tipo  de  propuestas  casacionales  que,  aparte de no  desarrollar  adecuadamente, desbordan el ámbito del ataque original, como la de  señalar  que  al  apreciar  el testimonio de Elizabeth  Doria   debió  considerarse  el  marcado  y  probado  interés  que  tiene en el resultado del proceso, merced a su condición de hija  de  la  víctima. O también, que la conclusión del fallador conforme a la cual  los  procesados  sabían  de  la existencia de la finca y no llegaron a ella por  pura casualidad, deviene de una apreciación subjetiva.   

          La  primera  de  esas  propuestas,  en cuanto comporta cuestionar el  mérito  probatorio asignado por el Tribunal al mencionado testimonio, debió el  demandante  formularla  por  vía del falso raciocinio, constitutivo también de  un  error  de  hecho,  pero  cuya  materialización  ocurre  cuando  el juzgador  desconoce  los  principios  de la sana crítica, integrados por las reglas de la  experiencia,   los   postulados   lógicos   y   las   leyes   de   la  ciencia,  vulneración   que  en  ningún  momento intentó el actor demostrar.    

         En  la  segunda,  por su parte, involucra  el  cuestionamiento  de la prueba indiciaria utilizada  por  el ad quem en  la  fundamentación  de su decisión.  A  este  respecto,  necesario  se  hace  recordar  el  criterio  jurisprudencial,  al amparo del cual   cuando   se  ataca  en  sede  de  casación  la apreciación de la prueba indiciaria, el actor debe precisar si lo  hace  respecto  (i) de los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, (ii) de la inferencia lógica o  (iii)  del  proceso  de  valoración  conjunta  al  apreciar  su  articulación,  convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, y entre éstos y  las            restantes           pruebas1.     

          El  censor  omite  esa  precisión,  limitándose  a  afirmar que el  fallador   partió  de  simples  presunciones  para  edificar  la  condena,  sin  esforzarse,  por  tanto,  en  demostrarle a la Corte, mediante la argumentación  apropiada,   en   dónde   estuvo   el   error   de  valoración  de  la  prueba  indiciaria.   

          Es  de  anotar  que  el  libelista cita textualmente el aparte de la  declaración    de    Elizabeth    Doria,  donde  la  testigo  manifiesta que la invitación de abandonar la  finca  fue  hecha  antes  de  sonar el disparo, dando a entender así que en ese  punto  estuvo  la  tergiversación  del juzgador, pues éste dio por probado que  primero  ocurrió  el  disparo  y  luego  la  invitación. La Sala arriba a esta  conclusión  en un esfuerzo por interpretar el alcance de la demanda, aun cuando  ello  se opone al principio de limitación que gobierna el recurso de casación,  al  amparo  del cual el ataque debe ser formulado de manera clara y precisa, sin  que  la  Corte  esté  llamada  a  desentrañar  la  voluntad del actor frente a  confusas e intrincadas propuestas casacionales.   

          De  todas  maneras,  se observa que el actor no expuso la incidencia  del  error  en  las conclusiones del fallador, limitándose a sostener que de no  haberse  cometido,  la decisión sería absolutoria, argumento insuficiente para  satisfacer  esta  exigencia,  pues  al  casacionista  le compete controvertir la  integridad  de  los razonamientos del juzgador para demostrar que con ninguno de  ellos es dable sostener la condena.   

          En  consecuencia,  por los evidentes defectos de fundamentación que  contiene,    la   demanda   instaurada   por   el   defensor   de   LÓPEZ DORIA será inadmitida.   

         Casación oficiosa:   

          Advierte   la  Corte  que  el  Tribunal  vulneró  el  principio  de  legalidad  al  dosificar  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas, pues la impuso a los procesados por el mismo  término  fijado  para  la  pena principal, esto es, por veinticinco (25) años,  cuando  el límite máximo de esa accesoria, de acuerdo con lo establecido en el  inciso  primero  del  artículo  51  del Código Penal, es de veinte (20) años.   

          En  relación  con  lo anterior, es necesario aclarar que aun cuando  el  a quo, en lo cual no hubo  modificación  en sede del Tribunal, anunció en la parte motiva de su sentencia  que  la  accesoria  en mención se impondría por el mismo lapso del determinado  para  la sanción principal, en su parte resolutiva la fijó en cinco (5) años,  esa  incongruencia,  empero,  se  dirime  dando  prevalencia a lo decidido en el  segmento  motivacional,  pues  es  allí  donde  se  expresan  las razones de su  imposición.   

         La   Sala  corregirá  de  inmediato  el  quebranto  advertido,  en  aplicación  del  criterio adoptado en providencia del  12  de septiembre de 20072,   cuando   se   cambió  la  jurisprudencia  según  la  cual,  al  advertirse  la  vulneración   de  garantías  fundamentales,  debía  surtirse,  previamente,  traslado  al  Ministerio  Público  para  que  emitiera  concepto  sobre  el  particular, trámite este que se  consideró  inconsecuente  frente  al deber funcional de la Corte de reparar los  agravios  causados  a  los  derechos superiores tan pronto avizore su presencia.   

          Por  tanto,  a  efectos  de  restablecer  la  garantía  fundamental  vulnerada,  la  Corte  casará  parcialmente  y  de manera oficiosa la sentencia  impugnada,  para fijar en veinte (20) años la pena accesoria de inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  IVÁN JOSÉ LÓPEZ  DORIA.   

2.-    CASAR  oficiosa  y  parcialmente la sentencia, para fijar en  veinte    (20)   años  la   pena   accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  allí  impuesta a IVÁN  JOSÉ  LÓPEZ DORIA y LUIS FELIPE ARTEAGA HERNÁNDEZ.   

3.-             DECLARAR  que los restantes ordenamientos  de la sentencia impugnada se mantienen incólumes.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO            MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO J. IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

                                               Secretaria     

1  En  este sentido, sentencia del 4 de abril de 2003. Rad. 14636.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.  Providencia  del 12 de septiembre de 2007,  radicación 26967.     

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