28618(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 28618  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado    acta    Nº    185   

Bogotá  D.C.,  diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de  logicidad  y  debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de PEDRO    ELÍAS    PEÑARANDA   MANTILLA.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de segundo grado de la siguiente manera:   

“La   encuesta  adelantada  permite  señalar  que debido a que para el año 2004 la denunciante  laboraba  en  los  Patios  y  no disponía de una persona que acompañara en las  tardes  a  su  hija de ochos años, aprovechando que en el mismo barrio Palmeras  de  Juan  Atalaya  aproximadamente  a  9  cuadras de su casa vive una prima suya  casada  con  el  procesado  detenido,  la  menor  una  vez  terminada la jornada  estudiantil  de  la  mañana  se trasladaba a esa residencia y permanecía hasta  las    8:00    de    la    noche    que    ella   podía   recogerla.   

“Según relato de  la  progenitora  informa que el 14 de julio del 2004 en horas de la noche cuando  se  dirigía  en  una  buseta hacia su residencia con la menor, súbitamente fue  sorprendida  con  el  relato incriminador de ésta, quien después de insistirle  que   no  la  fuera  a  castigar  le  comentó  que  el  procesado  Pedro   Elías   Peñaranda  Mantilla  en  varias  oportunidades,  ocurridas  en  días  distintos y bajo coacción, había  tenido  con  ella  acceso carnal natural, le había obligado a que le practicara  sexo  oral,  a  dejarse  acariciar sus partes íntimas, y observarlo mientras se  masturbaba”.   

2.   El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Cúcuta,  mediante  sentencia  fechada  el  10  de  junio de 2005,  absolvió  a  Pedro  Elías  Peñaranda  Mantilla de los  delitos  de acceso carnal violento agravado y acto sexual violento que le fueran  imputados  en  la  resolución  de  acusación,  la  cual quedó ejecutoriada el  26  de  noviembre  de  2004.   

3.   Apelado  el  fallo  por  el  Fiscal  Seccional,  quien  consideró que el proceso cuenta con suficientes elementos de  prueba   que   permiten  concluir,  en  grado  de  certeza,  en  la  autoría  y  responsabilidad  penal  del  acusado,  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  el  8  de  junio  de  2007,  lo  revocó   y,         en         su         lugar,         condenó     a    Pedro      Elías      Peñaranda     Mantilla  a  la  pena  principal de 144 meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad  y  al  pago  de los  perjuicios,  como autor de los delitos de acceso carnal violento agravado y acto  sexual violento.   

4.   Contra  la  anterior  decisión, el  defensor del sentenciado interpuso  recurso de casación.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El defensor de Pedro  Elías  Peñaranda  Mantilla,  con  base  en la causal  primera  de  casación, acusa al Tribunal Superior de Cúcuta de haber incurrido  en  “error de hecho en la apreciación de la prueba,  al   no   existir   certeza   o   convicción   de   la   conducta,   ni  de  la  responsabilidad   del  procesado,  violando el artículo 232 del Código de  Procedimiento  Penal,   en  concordancia con el principio de presunción de  inocencia    contemplado    en    el    artículo   29   de   la   Constitución  Política”.   

Asevera  que  el  Tribunal se equivocó en la  valoración  de  los  testimonios  recaudados  y de la prueba científica, en la  medida en que les dio un alcance distinto a la realidad.   

Considera que el fallador de segunda instancia  no  podía “darle semejante valor al mero testimonio  de  la  víctima,  como  es  el  hecho  de  ser  menor  de  edad”,  aspecto  que  de  manera errada conllevó al fallo condenatorio en  contra de su defendido.   

Dice que en el proceso de valoración tanto de  la  declaración  de  la  menor víctima como de la pericia médica practicada a  ella,  el  ad  quem  extrajo  conclusiones  muy  diversas  de  las que de manera  correcta  obtuvo  el  juzgador  de primera instancia, por lo que “no   se  puede  desechar  de  tajo  como  lo  hace  esa  respetable  Corporación  el  alcance  de  dicha  prueba,  para  darle  total credibilidad y  certeza al dicho de la menor víctima”.   

Afirma  que  los testimonios y las pruebas no  tienen  la  fuerza  probatoria  para endilgarle al acusado la autoría del hecho  criminoso,  como  de  manera  acertada  lo  concluyó  el sentenciador de primer  grado,  funcionario  judicial  que  hizo uso adecuado de la lógica y de la sana  crítica,  como  así  se  demuestra  con  los  párrafos que de dicha sentencia  trascribe.   

Por ello, insiste en aseverar que el Tribunal  le  dio  un alcance distinto a los testimonios allegados al proceso, incurriendo  en   el   acusado   “error   de  hecho”,   pues,   de   ellas   se   advierte   la   inocencia   de   su  procurado.   

Luego  de hacer referencia al contenido de la  versión  de  la menor y de las conclusiones del dictamen pericial, elementos de  juicio  que,  en  su criterio, resultan imprecisos, aduce que el fallador debió  concluir  que  no  había  certeza en torno a la responsabilidad de Peñaranda  Mantilla, situación que   “crea  una  duda  de  carácter  razonable  por  la  deficiencia  probatoria que coloca en entre  dicho lo relatado por la menor  y  lo  dictaminado  por  el  médico  legal”  y,  en  consecuencia,   se  imponía  “la  aplicación  del  principio universal del IN DUBIO PRO REO”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,  en  su  lugar,  confirmar  “el  fallo  de  Juzgado  Segundo   Penal   del   Circuito   de   Cúcuta,   que   absolvió  a     PEDR     O     ELÍAS     PEÑARANDA     MANTILLA”.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   CORTE   

Surge  evidente  que  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  sentenciado  Pedro  Elías  Peñaranda Mantilla no reúne los requisitos de  claridad,  precisión  y  coherencia que para ser admitida establecen las normas  que regulan la casación.   

En  efecto,  no  distingue el censor entre un  alegato  de  instancia  y una demanda de casación, en la que no se puede hacer,  de  manera  libre,  cualquier  cuestionamiento  a  una  sentencia que por ser la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  sino  que  debe  ser  un  escrito  lógico,  coherente y  sistemático  que  busca  restaurar la legalidad del fallo, por lo cual sólo es  procedente  denunciar  los  errores  cometidos  por el fallador, al tenor de las  causales   expresa   y  taxativamente  señaladas  en  la  ley,  demostrarlos  y  evidenciar   su   trascendencia  en  la  parte  dispositiva  de  la  providencia  impugnada.   

Tales    presupuestos    no   los   reúne   el   escrito   que  ocupa  la   atención   de la Sala, pues si bien el actor anuncia que lo sustenta en la  causal  primera de casación, de todos modos en su desarrollo no se respetan los  parámetros  y  las  reglas  técnicas  que  la  ley  ha  establecido  para  tal  hipótesis.   

Así,  surge  evidente  que  la  única  censura  formulada  carece de la  debida  claridad  y  precisión,  en  la  medida  en  que se quedó en el simple  enunciado,  sin  dejar  pasar  por  alto que de los argumentos que presenta como  sustentación  de  la misma no se puede concluir en qué consistió el error que  denuncia.   

En   efecto,  en  primer   lugar   no   señala   el   actor  el  falso   juicio   que  determinó  el  aludido “error de  hecho”,   es   decir,  si  fue  de  existencia,  de  identidad    o    de    raciocinio,    en   tanto   que     su     discurso     argumentativo    lo   hizo   consistir      en      presentar      una     personal   valoración   de  las  pruebas sobre las cuales el ad quem dedujo  el juicio de reproche en contra del acusado.   

Sin cumplir la anterior premisa, es decir, el  señalamiento  del  correspondiente  falso  juicio, simplemente advirtió que el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta se equivocó en la valoración del testimonio de  la menor agredida y de la prueba pericial allegada al proceso.   

En otros términos, en espera de que el actor  ilustrara  a  la  Corte cuáles fueron los errores cometidos por el sentenciador  de  segundo  grado,  en  su lugar procedió a adoptar como postura argumentativa  las  consideraciones  valorativas  que el juzgador de primera instancia realizó  respecto  de la versión rendida por la menor víctima, concluyendo que aquellas  conclusiones  son  acertadas, mientras que las del Tribunal resultan equivocadas  y,  por  lo  mismo,  su  defendido  no  pudo ser el autor de la conducta punible  imputada  en la resolución de acusación, discurso que así planteado en manera  alguna  evidencia  el  supuesto error acusado y, por el contrario, deja entrever  personales   puntos   de   vista   que  no  constituyen  yerros  demandables  en  casación.   

El  libelista  pasa  por   alto    que   la   casación   no   es   una   instancia    más   del    trámite    judicial   para   debatir   las   conclusiones  probatorias  del juzgador, sin  que  postule  y  demuestre  un  error  en  la  actividad probatoria con estricta  sujeción   a   las   causales   contempladas   por   el   legislador  para  tal  efecto.   

Además,  como  ya  se  indicó, la sentencia  llega  a  esta sede amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los  hechos  y  las pruebas declaradas como probadas en el fallo se  ajustan  a  la  actividad probatoria desplegada en el diligenciamiento, y que la  norma  sustancial  escogida era la llamada a gobernar el asunto, presunción que  corresponde  derrumbar al casacionista de acuerdo con las advertencias hechas en  precedencia, en cuanto a su postulación y fundamentación.   

En     síntesis,    el    único  cargo  que el actor enuncia contra  la  sentencia  de  segundo  grado, amparado en un error de hecho, se erige en un  pretexto  para  discutir la credibilidad que el juzgador de segunda instancia le  otorgó  al  testimonio  de  la  menor  y  a  la  prueba científica que pone en  evidencia  la  conducta  punible  por la que fue condenado el acusado, argumento  que  no se compadece con dicho postulado y que lleva a la Corte a colegir que el  reproche      carece      de     la     debida     claridad,     logicidad     y  precisión.      

Por    lo    mismo,    la    demanda   se  inadmitirá.   

Por  último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra violación de derechos fundamentales o garantías que  determinen  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  de  índole  legal que al  respecto le asiste a la Corte en punto de asegurar su salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  PEDRO           ELÍAS PEÑARANDA  MANTILLA.  En consecuencia,  se     declara    desierto    el    recurso    extraordinario    de    casación  interpuesto.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese       y              cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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