28452(16-09-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28452  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 265  

Bogotá D.C., dieciséis (16) de septiembre de  dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el defensor de RODOLFO  PEÑARANDA  HERNÁNDEZ  contra la sentencia de segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Cúcuta, el 23  de mayo de  2007,  mediante  la  cual  confirmó  la  dictada, el 10 de mayo de 2006, por el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito de la misma ciudad, y lo condenó a la pena  principal  de  267  meses de prisión y a las accesorias de inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el término de 20 años y a  la  privación del derecho de tenencia y porte de armas por 15 años, como autor  de  las  conductas  punibles  de  homicidio,  homicidio  en grado de tentativa y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“La encuesta adelantada señala que el día  16  de  febrero  de  2005, siendo aproximadamente las 6: 30 p.m. se presentó el  hoy  procesado  RODOLFO  PEÑARANDA HERNÁNDEZ en el establecimiento de comercio  conocido    como    supermercado    ‘El         Zaguán       de       los       Parques’,  donde  se presentó un incidente en  el  que  hubo  varios  disparos  de  armas  de fuego, resultando muerto el joven  JIORJANO  HERREÑO  ORTEGA, y heridos OSCAR EDUARDO PACHECO PLATA, el agente del  DAS   LUIS   ASDRUBAL  DEAZA  HERNÁNDEZ,  y  el  procesado  RODOLFO  PEÑARANDA  HERNÁNDEZ.   

“El  anterior  hecho  se  le imputa al hoy  procesado,  de  quien  se  dice  que  fue quien inició la balacera, y que en el  intercambio   de   disparos   resultó  herido  y  huyó  del  lugar”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  Cuarta  de  Vida  Delegada  ante  los  Jueces Penales del Circuito de  Cúcuta,  el  21  de  junio  de  2005,  calificó  el  mérito  del  sumario con  resolución  de  acusación  por los delitos de homicidio, homicidio en grado de  tentativa  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de   de  armas  de fuego o  municiones.   

Apelada  que  fuera la anterior decisión, la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Cúcuta, el 12 de  agosto de  2005, la confirmó.   

El  expediente pasó al Juzgado Tercero Penal  del  Circuito de Cúcuta que, luego de tramitar el juicio, el 10 de mayo de 2006  condenó  a  Rodolfo  Peñaranda  Hernández a la pena principal de 267 meses de  prisión  y  a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el plazo de 20 años y a la privación del derecho de  tenencia  y  porte  de  armas  por  el  término  de 15 años, como autor de las  conductas   punibles   de   homicidio,   homicidio   en  grado  de  tentativa  y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

Apelado el fallo por el defensor, el Tribunal  Superior   de   Cúcuta,   el   23   de   mayo  de  2007,  lo  confirmó  en  su  integridad.   

L A      D E M A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

El defensor de Rodolfo Peñaranda Hernández,  al  amparo  de la causal primera de casación presenta un único cargo contra la  sentencia del Tribunal.   

Luego   de   identificar   a  los  sujetos  procesales,  de  la  relacionar,  en  extenso, la sentencia impugnada,  los  hechos,  la  actuación  procesal  y  los  elementos  de  juicio incorporados al  trámite, textualmente anota:   

“Manifiesto  lo  anterior,  por  cuanto  las pruebas que obran en el expediente seguida contra mi  defendido  RODOLFO  PEÑARANDA HERNÁNDEZ,  se  realizó  un  yerro  tanto  en  la  etapa de instrucción, de  primera  instancia  y  que  sin  equívocos,  lesionó  el  bien jurídico a los  Honorables  Magistrados  del Tribunal Superior de Cúcuta en conocer el yerro en  contra de mi prohijado.   

“Toda   vez  que  todos  los  hechos  ya  manifestados,  no  solamente  fueron  pedidas  por  mi  antecesor, sino también  fueron  solicitadas  por  el  Ministerio  Público  en  la etapa de instrucción  (folio  130  cuaderno  1), de juzgamiento (folio 36 cuaderno 2), y de apelación  al  fallo  de  primera  instancia (folio 79 cuaderno 2), donde se ha solicitado,  que  los  hechos acaecidos el día 16 de febrero de 2005 y las pruebas allegadas  al  plenario;  demuestran  una  Tentativa  de  Homicidio,  por cuanto no hubo la  certeza,  ni  la  prueba  que  mi  defendido diera muerte al señor JIORJANO HERREÑO ORTEGA”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada y, en su lugar, absolver a su defendido del cargo homicidio  respecto de Jiorjano Herreño Ortega.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Como lo ha dicho la Corte, la demanda  de  casación no es un escrito de libre confección sino que debe estar sujeta a  una  estricta  elaboración, de acuerdo con los parámetros señalados en la ley  y  en  la  jurisprudencia,  esto  es,  de  lógica y debida fundamentación. Tal  afirmación  tiene  su  respaldo  en  que  esta  impugnación  es  de  carácter  extraordinaria  y  rogada  establecida  para  censurar  vicios  de  derecho o de  actividad cometidos en la sentencia o durante el trámite judicial.   

De  ahí que no basta con postular la censura  sino  que corresponde al casacionista que demuestre la existencia del vicio y su  trascendencia  frente  a las plurales decisiones adoptadas en el fallo. Si no se  cumple  con  dichos  presupuestos  se  impone  la inadmisión, máxime cuando la  Corte,  en  virtud  del principio de limitación, no puede entrar a complementar  al libelista.   

2.  De acuerdo con los anteriores derroteros,  se  advierte  con  claridad  que  la demanda  de casación no reúne dichos  presupuestos. Veamos:   

En primer lugar, resulta fácil colegir que el  actor  desconoce  los motivos y sentidos de la infracción de la ley sustancial,  en la medida en que no lo enseñó y lo demostró.   

Recuérdese  que  la  violación  de  la  ley  sustancial puede ocurrir de dos formas a saber:   

La   primera,  cuando  el  juzgador  en  la  construcción  del  juicio  de  derecho   aplica  una  norma  que no era la  llamada  a gobernar el asunto, excluye otra que sí resolvía los extremos de la  relación  jurídico  procesal  o,  habiéndola  escogido correctamente le da un  interpretación que no consulta su espíritu y tenor literal.   

En  esta  modalidad  de infracción de la ley  sustancial  se produce de manera inmediata y  se discute la aplicación del  derecho;  de  ahí que se deban aceptar los hechos y las pruebas tal como fueron  declaradas como probadas en el fallo.   

Y,   la  segunda,  consistente  en  que  la  violación   de   la  ley  sustancial   ocurre,  de  manera  mediata,  como  consecuencia  de la errada apreciación de la prueba. Por manera que al actor le  compete  que  enseñe  a  la   Corte  la  clase  de  error  que cometió el  sentenciador  en  el  acto de estimación de los medios de  convicción, es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, y el falso juicio que lo determinó, es  decir,  de  existencia,  de identidad, raciocinio, legalidad o convicción, así  como  también  la  incidencia  del  vicio  frente  a  las  plurales  decisiones  adoptadas en el fallo.   

Por  último,  en  procura  de  construir  la  proposición  jurídica  completa,  al libelista le corresponde enseñar como el  yerro  de  valoración  probatoria  condujo  a  vulnerar  la ley por aplicación  indebida o exclusión evidente.   

En  el  supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  como  se  advirtió,  el  actor  no señaló si la infracción de la ley  ocurrió   de   manera   inmediata  (violación  directa)  o  de  forma  mediata  (violación indirecta).   

Ahora  bien,  en el evento que se trate de la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, puesto que hace referencia que de  las  pruebas  allegadas  al plenario no se evidencia el grado de conocimiento de  certeza  respecto de la responsabilidad de Peñaranda Hernández, de todos modos  no  indicó la clase del error y el falso juicio que lo determinó, falencia que  la  Corte  no  puede  suplir,  dado  el  principio  de  limitación  que rige la  casación.   

De otro lado, como de manera incansable lo ha  predicado  la  jurisprudencia,  la  simple discrepancia de criterios en torno al  mérito  otorgado  a  los  elementos  de  juicio  no  constituye  yerro para ser  censurado  en  casación, puesto que dentro del método de apreciación que rige  al  proceso  penal, el juzgador goza de libertad para justipreciar los medios de  convicción  sólo  limitado  por  los postulados que informan la sana crítica,  evento  en  el  cual  el  reproche  se debe postular y demostrar por la vía del  error de hecho por falso raciocinio, evento que aquí no ocurrió.   

Además,  no  se  puede pasar por alto que la  sentencia  llega  a  esta  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y  legalidad,   es   decir,   que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  apreciadas  correctamente  y  el derecho estrictamente aplicado, presunción que sólo puede  ser  desvirtuada  a  través  de  las  causales  de  casación  y demostrando la  incidencia   del  vicio  frente  a  las  plurales  decisiones  adoptadas  en  el  fallo.   

En fin, ante los evidentes defectos de lógica  y debida fundamentación, se impone la indamisión de la demanda.   

Por  último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  determine el ejercicio de la facultad oficiosa de  índole  legal  que  al  respecto  le  asiste  a la Sala en punto de asegurar su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  a  nombre  del  procesado    RODOLFO  PEÑARANDA  HERNÁNDEZ,  por lo anotado en la motivación de este  proveído.     En    consecuencia,    se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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