25045(29-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25045  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta 45  

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de febrero de  dos mil ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de JAIME ALBERTO  ANGULO  ARIZA,  contra  el  fallo  del 27 de julio de  2005,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito    Judicial   de   Bogotá,   confirmó  la  sentencia  adoptada por el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 19 de abril de 2005.   

H E C H O S  

En  el  mes  de agosto de 2002, JAIME  ALBERTO  ANGULO ARIZA, en  su  condición  de ejecutivo de cuentas y Gerente (E) del Banco  Ganadero,   Sucursal   Banca   de   Empresas   Centro  Internacional,  autorizó  millonarios  empréstitos a JOSÉ ANTONIO PENNFZ TORRES, persona que suplantó a  CARLOS RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

El  16  de  abril  de  2004, la Fiscalía  119  Delegada  ante los Juzgados Penales del Circuito de  Bogotá, dictó resolución  de     acusación     contra     ANGULO  ARIZA, por el concurso de delitos  de  estafa  agravada,  falsedad material en documento  público   y  privado.  Proveído  recurrido  por  la  defensa     técnica    y    confirmado,    el    28    de    mayo    de   2004,   por   la   Fiscalía  28  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  la misma  ciudad.    

El  19  de  abril  de  2005, el Juzgado  Cuarto   Penal  del  Circuito de Bogotá,  condenó  a  ANGULO  ARIZA, como coautor  responsable   del   punible  de  estafa  agravada  en  concurso  heterogéneo  con  falsedad  material en documento público y privado,  a  la pena de setenta y cinco (75) meses de prisión,  multa  equivalente  a  dos  cientos  (200) salarios mínimos legales mensuales e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un lapso  igual al de la pena principal.    

El  27  de  julio  de  2005, el Tribunal  de  Bogotá,  en  virtud de la  apelación   sustentada  por  la  defensa  de  ANGULO  ARIZA,  confirmó la sentencia proferida por el Juez.   

Advierte  la  Sala  que, el aquí procesado,  interpuso acción de tutela,  en  la  que  indicó que el Juez de conocimiento, le había vulnerado el derecho  fundamental  al  debido  proceso,  al  negarle  a su defensor, en el curso de la  audiencia  de  juzgamiento  como prueba oficiosa, la práctica del testimonio de  JOSÉ     ANTONIO    PONNEFZ    TORREZ,  por  cuanto  su  versión  ya  obraba  dentro del proceso.    

Esta  Sala, en sentencia del 9 de febrero de  2005,  confirmó la medida  tutelar,  al  advertir  que  contra  la  decisión  cuestionada  no  se  habían  interpuesto  los  recursos  ordinarios;  omisión  que determinó, acorde con la  doctrina  constitucional,  la  improsperidad  de  la  tutela, cuya proposición,  además,  no  puede  ser  utilizada  para  que  el  funcionario  use la facultad  oficiosa.   

El  defensor  impugnó  el  fallo de segunda  instancia  en  casación,  motivo  por  el  cual,  la  Sala califica el presente  libelo;   no   sin  antes  advertir  sobre  el  impedimento  expresado  por  los  magistrados  SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ, ALFREDO GÓMEZ QUINTERO, ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN,  MARINA  PULIDO  DE BARÓN, JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS, YESIS  RAMÍREZ  BASTIDAS  y  MAURO SOLARTE PORTILLA, el que fue aceptado mediante auto  del  19 de febrero de 2007, al declararse fundado, por quien hoy cumple la misma  función,    el    doctor    JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   y   varios  Conjueces.      

En   aquella  oportunidad  expresaron  los  Magistrados  de  Sala,  que  hoy se encuentran impedidos, como argumento central  para  haber  negado  la  tutela,  que  en la demanda de casación en estudio, se  planteaba  el  mismo  debate, es decir, la presunta violación al debido proceso  por  la  no ordenación oficiosa de una prueba, lo que conllevaría a la nulidad  de  lo actuado; no advirtiéndose que la decisión del Juez hubiera contravenido  derechos  y, sin que el mecanismo tutelar, provocara en el funcionario accionado  el  convencimiento  o  el  derecho  para  decretar la prueba de manera oficiosa.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Con  base  en  la Ley 600 de 2000, artículo  207,  bajo la pretensión de haberse dictado el fallo del Tribunal, en un juicio  viciado  de  nulidad, a tono con el numeral 3 del artículo 306 de la misma obra  instrumental  citada,  el  actor expresó que se vulneró el derecho de defensa,  apoyándose  en  jurisprudencia  constitucional, que desarrolló el postulado 29  en  lo  que  tiene  que  ver  con  las  pruebas  de  oficio, las cuales se deben  practicar  si  son  “necesarias  para  asegurar  el  principio   de   realización   y   efectividad   de   los  derechos1”   

Adujo el memorialista que la prueba rechazada  por  el  Juez  en  el  curso  de  la  audiencia de juzgamiento, era “sobreviviente  (sic)” y favorable a  su  prohijado  “para lograr el descubrimiento de la  verdad  real de los hechos que se investigaban”; por  los siguientes planteamientos:   

(a)  En  el debate  público  se  allegó  una  declaración  extra proceso rendida por JOSÉ     ANTONIO    PONNEFZ    TORRES  (b)  el  referido procesado  aceptó     su     responsabilidad     en     éstos     hechos,    (c)  él inculpado se acogió a sentencia  anticipada  y,  por  tanto, le solicitó al Juez la oportunidad de ser escuchado  en  “declaración, a fin de aportar mayores detalles  de  su  revelación  y  explicar  de manera concreta la forma en que ejecutó la  conducta  por  la cual fue sentenciado” (d)  con  base  en  ello, se solicitó la  prueba    a    fin   de   que   fuera   ordenada   oficiosamente,   “toda  vez  que  era importante para lograr el esclarecimiento de  los hechos”.   

Después de citar una jurisprudencia sobre el  concepto  de  prueba sobreviniente, mencionó que la declaración era pertinente  y  conducente,  porque “tenía relación directa con  la  acusación  que  al señor JAIME ANGULO ARIZA se le realizó por parte de la  fiscalía”. Pero las instancias negaron la referida  diligencia,    arguyendo    que    “ya   existían  indagatorias   del   señor  PONNEFZ  TORRES  en  el  proceso,  lo  que  tornaba  innecesaria  su  práctica,  olvidando  que  los  hechos   narrados  en  la  declaración eran nuevos y distintos”.   

Lo que intentaba la defensa con la práctica  de  ese  testimonio “era darle entidad probatoria al  mismo…  donde se observa que uno de los derechos del procesado en ejercicio de  su  defensa  es  que se decreten de oficio las pruebas necesarias para lograr la  efectividad del derecho material”.   

En consecuencia, se vulneró el derecho  de  defensa de su poderdante, al  no  decretarse  de  oficio  la  prueba  pedida  y,  además, quedó “en  tela de juicio… la decisión”.   

De  todas  formas,  aseveró  el  actor  que  “la justicia se encuentra obligada a esclarecer por  completo  los hechos, tanto en su aspecto fáctico como jurídico, para llegar a  un  convencimiento  legítimo  acerca  de  si  el  imputado ha cometido acciones  punibles”.   

Su prohijado perdió la oportunidad de que el  Tribunal   valorara   la  declaración    de    PONNEFZ    TORRES,   “y  otorgarle  algún  mérito  de  persuasión  a  favor  de  los  intereses  de  ANGULO  ARIZA”,  para lo cual citó otra jurisprudencia que  se  refiere  a  la  persona  que  “ha sido condenado  dentro de una misma causa”.   

En        la        trascendencia,  mencionó  que  ella  se  establece     porque     el    Tribunal  no  tuvo  la oportunidad de valorar la declaración y al omitirse  su  práctica  se vulneró el derecho de defensa “en  cuanto  no  se  pudo  determinar  los móviles y circunstancias que rodearon esa  declaración…  que finalmente condujo a que se produjera una decisión carente  de   motivación   para   restarle   credibilidad   al   dicho  de  PONNEFZ,  lo  que ha podido establecerse  con inmediación y no con sustentos carentes de solidez”.   

Concluye el libelista que la Corte debe casar  la  sentencia atacada, para en su lugar, disponer la invalidación de lo actuado  a  partir  del auto que rechazó la práctica de la declaración de PONNEFZ     TORRES,    como    prueba  sobreviniente    que    tenía    la   obligación   el   Juez   declararla   de  oficio.   

INTERVENCIÓN DEL NO RECURRENTE:  

El   representante   de   la  Parte  Civil, en el término de traslado a  los   sujetos   procesales   no   demandantes,   solicitó  que  al  momento  de  calificar   el  libelo  se  inadmita,      por      los      siguientes      motivos:      (a)  no acreditó cómo la prueba omitida  “pudo haber influido negativamente en los intereses  de      su      representado”,     (b)  no  demostró  el  error  probatorio  porque  “el  hecho  de haberse practicado la prueba  testimonial    de    ninguna    manera    hubiese   variado   el   sentido   del  fallo”,  (c)  citó  los  medios probatorios base de la incriminación, con los  cuales  los  falladores  arribaron  a  la certeza de la responsabilidad penal de  ANGULO   ARIZA,  sin  que  hubiese  realizado  el  demandante  ningún proceso de valoración, (d)   no   demostró  la  trascendencia,  (e) cuando le fue negada la  práctica  de  la  prueba  la defensa no interpuso recurso alguno y (f)   pretende   el   defensor   revivir  términos  en casación “con idénticos argumentos a  los  que  le  sirvieron  de  base  para  presentar  una  acción  de  tutela que  curiosamente ha olvidado mencionar en su demanda”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La censura presentada a favor de  JAIME  ALBERTO  ANGULO ARIZA, no reúne  los  presupuestos  mínimos  de coherencia y lógica-argumentativa puntualizados  por  la jurisprudencia para admitir la demanda, pues si bien, propone como punto  de  partida  para  lograr  la  infirmación  del  fallo  de  segundo  nivel,  la  violación  al  derecho  de defensa, con fundamento en la Ley 600 de 2000, en su  desarrollo  y  demostración  incurre  en  graves  fallas  que atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es una adición de ideas en búsqueda de un fin  jurídico  subjetivo o hipotético del censor para asegurar la demostración del  ataque propuesto.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  la  censura  en  aquellos  puntos  más  sobresalientes a fin  determinar  de  manera precisa, las falencias de mayor impacto, con el objeto de  brindarle  al actor claridad suficiente en torno a los desatinos que presenta su  escrito.   

El           primer error del libelista consistió en  haber  propuesto una nulidad por violación al derecho  de  defensa por omisión probatoria, cuando lo propio  era    haber    realizado   el   ataque   por   vulneración   al   principio  de  investigación  integral,  pues  la  esencia  del  problema  no  radica  en  el  rechazo  a  la defensa del  testimonio,  sino  en  que no  se  decretó la declaración de oficio en la audiencia publica: aquí se acude a  la  facultad  dispositiva  del  funcionario, quien debe ponderar si la prueba es  trascendente,  útil,  pertinente  para  el esclarecimiento de los hechos, entre  otras       opciones       como       el      concepto      de      necesariedad,   temas  que  desconoció  el  demandante.   

El     postulado    de    investigación   integral,  comporta  al  administrador  de  justicia  la  carga  procesal de averiguar tanto lo favorable  como  lo  desfavorable a las pretensiones del indagado, imputado o procesado, en  conexión   a   la   facultad  de  ordenar  pruebas  de  oficio,  a  fin  de  ir  progresivamente  aclarando  todos los puntos oscuros no revelados por los hechos  o  pruebas;  en  tanto que se pasa de la ignorancia procesal (ausencia o escasez  de  pruebas)  a  la  certeza  probatoria que permite demostrar tanto la conducta  punible como la responsabilidad del procesado.    

Ahora  bien:  el  concepto  de  investigación  integral  no  se traduce  sólo   en   mostrar  un  listado  hipotético  y  subjetivo  de   pruebas:  i)   que  se  dejaron  de  practicar   (solicitadas  y  negadas),  ii)  o  las  que el demandante piense que  han  debido ser practicadas (inactividad probatoria de  los  sujetos procesales, iii)  o  las  pedidas  por  la  defensa  (decretadas  y  no  practicadas:  evento  que debe ser atacado como violación al derecho de defensa  y  no  al  principio de investigación integral) o las  que  de  verdad  demostraban  los hechos materia de investigación o juzgamiento  (no    requeridas    ni    ordenadas    por    los  funcionarios).   Se   debe,   en   ilación  con  lo  precedente,  proponer  en  casación,  aquellos medios probatorios ignorados por  las  instancias,  con  el objeto de indicarle a la Sala: su fuente, conducencia,  pertinencia y utilidad de los mismos.    

Tiene un alto significado lo expresado, en el  entendido  que  todas aquellas omisiones probatorias que sean demandadas en sede  extraordinaria      al      amparo     del     principio     de     investigación  integral  deben  excluir  pruebas  inconducentes,  inútiles,  insuficientes,  dilatorias,  superficiales,  vanas  e  ineficaces,  toda  vez que un ataque sustentado en cualquiera de tales  hipótesis    probatorias,    no    evidencia    el    menoscabo   al   referido  postulado.     

El  ejercicio  intelectual  del libelista no  cesa  ahí:  es  menester además argumentar la incidencia favorable, decisiva e  incontrovertible  de  tales  pruebas  contra las valoraciones y conclusiones del  fallo que se está atacando.   

Además  de  lo  anterior,  es  deber  del  demandante   demostrarle a la Sala que los medios probatorios ignorados por  los  falladores  al  ser  sopesados  con  los  que  sirvieron de fundamento para  edificar  la  sentencia  condenatoria; derribaron el grado de certeza aceptado y  construido  por  los  funcionarios  a  fin  de  ordenar  y  valorar –al  retrotraer  la  actuación-  las  pruebas  omitidas, con el objetivo fundamental que impere la verdad, la justicia  y la equidad en la administración de justicia.   

El           segundo   yerro   del   libelista   se  identifica  con  el  pretender  a  toda  consta  que impere su criterio sobre el  expuesto  por  las  instancias;  incluso,  de  forma contradictoria, como cuando  afirmó,  por  ejemplo,  que la finalidad del referido testimonio era esclarecer  la  verdad  de  lo  acontecido y, en la trascendencia, se limitó a enunciar que  con  tal  omisión oficiosa se vulneró el derecho de defensa de su prohijado al  no  poder  el  Tribunal  conocer del asunto. Dejando, de paso, su argumentación  inane  al  no  haber  demostrado  la  incidencia del medio omitido con la prueba  incriminatoria,  o  lo  que  es  igual,  no explicó la relación favorable  para  los  intereses jurídicos de su prohijado entre el testimonio no decretado  en  forma  oficiosa  con  el  grado  de responsabilidad atribuido a su mandante,  máxime       si       ya      había      sido      escuchado      PONNEFZ  en  diligencia  de  injurada  y  ampliada la misma varis veces.   

El           tercer  error  tiene  que  ver  con  el  interés   para  recurrir en casación, toda vez que,  el  sujeto  procesal  que  no  interpuso  recurso  alguno  contra las decisiones  adoptadas  por  los  funcionarios en su labor de administrar justicia, carece de  legitimidad  para  refrendar  una  actuación  que  no  le  importó  debatir en  instancias;  disipa el derecho por inutilización de los caminos procesales más  adecuados  para  abordar la problemática expuesta y, el recurso extraordinario,  entendido  en  esas  precisas connotaciones, no puede ser una vía expedita para  convalidar  las falencias de las partes, sino el camino adecuado para constar la  legalidad  del  debido  proceso  en  toda  su  extensión  normativa y temática  jurisprudencial.   

Excepcionalmente, lo viene afirmando la Sala,  el  interés pierde se connotación, si al impugnarse, por otro sujeto procesal,  la  decisión,  dentro  de la misma actuación, se generan desventajas contra la  parte  que  no recurrió, por lo declarado por la segunda instancia; o al amparo  de  la  causal  tercera se invocan nulidades o el restablecimiento de garantías  fundamentales,   o   en   forma   arbitraria   se   desconoció  el  derecho  de  impugnación.   

No  obstante,  el  interés  para  recurrir  –en  forma  puntual  lo  advirtió        también        la       Sala2-  no  se tendrá en cuenta en  aquellos  procesos  en  los  cuales  la  demanda  de  casación motivada por una  nulidad,  como en el presente caso, es simplemente una excusa para la discusión  de  declaraciones propias de la primera instancia frente a las cuales se guardó  absoluto  silencio  y, en honor a la verdad, sólo son hipótesis defensivas que  no  entrañan ninguna vulneración a las garantías fundamentales, que deban ser  restablecidas   a   través   del   mecanismo  extremo  de  la  declaratoria  de  nulidad.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda  de casación, presentada por  la defensa  técnica  de JAIME ALBERTO ANGULO ARIZA, de  conformidad  con  lo  preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000; toda vez que, la censura no precisa de las mínimas y elementales  condiciones  de  coherencia,  claridad y precisión, indispensables en un debate  formulado contra las decisiones de instancia.   

Ahora  bien:  en  virtud  del  postulado  de  limitación,  la  Sala  no  puede  entrar  a  subsanar  los  yerros y de paso reconfeccionar la demanda; sin  olvidar  que, estudiado el proceso, no se percibe en su contexto, que se hubiese  violentado  alguna garantía fundamental que amerite el facultativo ejercicio de  la  oficiosidad, en virtud de los dispuesto en el artículo 216 de la misma obra  instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

Primero: INADMITIR  la  demanda  de casación presentada a nombre de JAIME  ALBERTO ANGULO ARIZA.   

Segundo: Contra la  presente providencia no procede recurso alguno.   

         

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFEDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

                    

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

       Secretaria   

    

1 Corte  Constitucional,  Sentencia  C  1270  de  2000,  T-  589 de 1999 y C-555 de 200i,  citadas por el demandante.   

2 Corte  Suprema de Justicia, radicado 14.872 del 21 de febrero de 2002.     

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