28174(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 28174  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  185  

Bogotá  D.C.,  diez (10) de julio de dos mil  ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve  sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación de la demanda de casación interpuesta por el  defensor de HERALDO PEÑA PACHECO.   

H E C H O S  

El juzgador de segundo grado los sintetizó de  la siguiente manera:   

“Según lo cuenta el expediente, ocurrieron  en  jurisdicción  de  este  circuito,  más  exactamente  en  el  Municipio  de  Alpujarra,  Tolima,  siendo  denunciados el pasado 1º de septiembre de 2005 por  el   señor  MELQUISEDEC  VILLAREAL  ROSAS,  para  lo  cual  presentó  querella  contra   HERALDO  PEÑA PACHECO.  Asegura el denunciante que en razón  a  las tomas guerrilleras al Municipio de Alpujarra, Tolima, el 20 de marzo y 12  de  julio  del  año  2000,  el  Gobierno Nacional, por intermedio del Instituto  Nacional   de   Vivienda  de  Interés  Social  y  Reforma  Urbana  –INURBE-   asignó   subsidios  a  las  personas  víctimas  de  los  actos  terroristas  para  que  reconstruyeran  sus  viviendas.   Afirmó  que dentro de dicho grupo se encontraba él, y por lo  tanto  le  fue adjudicada, mediante Resolución No. 0541 del 25 de septiembre de  2000,  un  subsidio  por valor de $8.199.680.oo.  Que para la ejecución de  la  obra  debía  contratar  con  un  ingeniero  Civil, previa autorización del  INURBE,  acto  que  realizó  con  el  ingeniero HERLADO PEÑA PACHECO, quien se  comprometió  a  iniciar las obras dentro de los cinco (5) días siguientes a la  fecha  del  recibo  del  anticipo  y  del  contrato, y terminarlas dentro de los  noventa   (90)   días  siguientes  a  la  fecha  de  ésta.   Aseguró  el  denunciante  que  el  contratista recibió el dinero y a la fecha no ha cumplido  con  la  obligación,  ni  ha  reintegrado  el  dinero al Estado.”     

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por  los anteriores hechos, el 9 de  mayo  de  2006  la  Fiscalía  46  Local  de  Alpujarra  acusó  a  Heraldo  Peña  Pacheco  por  la  conducta  punible  de  abuso  de  confianza  calificado  (artículo 250-3 de la ley 599 de  2000),  agravado  según  el  artículo  267-2 del mismo estatuto, decisión que  cobró  ejecutoria  el  5 de junio de 2006.   

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de Alpujarra que, el 17 de enero de 2007, dictó sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  condenó a Heraldo  Peña  Pacheco  a  la  pena  principal  de  38  meses  de  prisión,  multa  de  32 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena principal, como  autor de la conducta punible de abuso de confianza calificado.   

Apelado  el fallo por el defensor, el Juzgado  Penal  de  Circuito  de  Purificación, en sentencia del 26 de marzo de 2007, lo  modificó  parcialmente al reducir la pena de prisión a 36 meses y lo confirmó  en lo demás.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

Con  base en la causal primera de casación,  el   defensor  del  acusado  formula  contra  la  sentencia  tres  cargos  cuyos  argumentos se sintetizan así:   

Primer cargo principal  

Con  apoyo en el cuerpo segundo de la causal  primera   de   casación,   el   defensor   de   Peña  Pacheco  acusa al Juzgado Penal del Circuito de violar  de  manera  indirecta  los  artículos  232  y  234  de la ley 600 de 2000, como  consecuencia      de     incurrir     en     falsos  raciocinios  que  tuvieron  lugar  al  no  apreciar de  manera  integral  algunos  elementos  probatorios,  como  también al omitir las  manifestaciones  del denunciante y al no apreciar “en  su  valor  probatorio”  los documentos y testimonios  que obran en la actuación (fl. 44-46, c.o. 3).   

El  censor reprocha que el Juez del Circuito  no  advirtiera  que el denunciante cambió de opinión sobre las condiciones del  objeto  del  contrato  civil de obra, que incumplió su obligación de gestionar  lo   pertinente  para  trasladar  los  dineros  al  segundo  contratista  y  que  Peña  Pacheco, así como la  firma   aseguradora,    siempre   estuvieron   prestos  a  cumplir  con  su  obligación.   

Agrega  que  el  sentenciador  no  apreció  “en  su valor probatorio”  que  el  denunciante  se  negó  a  entregar  el  lote  al  contratista;  que  a  Heraldo    Peña  Pacheco  no  se  le notificó de la  decisión  administrativa  que declaró “el siniestro  del  subsidio”; que la prueba documental deja ver que  la  aseguradora  garantizaba  la  destinación  de  los  recursos  para  el  fin  propuesto;  que  era imposible que el dinero se distrajera de su fin, puesto que  su  destinación estaba asegurada; que el ingeniero contratista y la aseguradora  buscaron  un  lote diferente para realizar la obra, circunstancia que descartaba  el dolo.   

Segundo cargo principal   

Con  apoyo en el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  el  demandante censura que el fallador de segundo grado  violó  de  manera indirecta los artículos 232 y 234 de la ley 600 de 2000 como  consecuencia   de   incurrir   en   falso  juicio  de  identidad   al   interpretar   equivocadamente   los  argumentos  de  apelación  esgrimidos contra la sentencia de primer grado, así  como  al  omitir las explicaciones del procesado sobre las razones para adquirir  el  material  de  construcción  y  al  no  advertir  que los dineros de la obra  estaban garantizados por la aseguradora.   

El  censor  critica  que  el  sentenciador  estimara  ilógico que el ingeniero adquiriera el material para la obra aún sin  haber  recibido  el  lote,  con  el fin de reducir costos.  Reprocha que la  fiscalía  no  hubiera  realizado  una  inspección judicial que corroborara las  explicaciones  del procesado sobre la no entrega del lote y, en consecuencia, la  pérdida y arrume de material (fl. 46-47, c.o. 3).   

Cargo subsidiario  

Al  amparo  del  cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  el  demandante  reprocha  que  el  fallo  incurrió  en  violación   directa,  por  indebida  aplicación  del  artículo  250  de la ley 599 de 2000, al tiempo que  dejó  de  aplicar  los  artículos  307, 306-2 y 39 de la ley 600 de 2000, este  último por vía de la atipicidad de la conducta.    

Sustenta el cargo señalando que:  

“Al  cerrarse la  investigación  existían los  suficientes  elementos probatorios como para dar aplicación a estas normas, con  mayor  razón debieron percibirse estas falencias por parte de los juzgadores de  primera  y  segunda instancia.  Esto se halla demostrado en el proceso y en  este    escrito   con   las   pruebas   y   falencias   relacionadas” (fl. 47, c.o. 3).   

Justifica la procedencia de la casación por  vía   discrecional   con   el   fin   de  que  la  Corte  fije  “la   pertinente   y   conveniente  jurisprudencia  que  aclare  esta  situación”  (fl.  43-44, c.o. 3).      

Por  lo  expuesto,  solicita  a  la  Corte  “casar la sentencia impugnada y tutelar los derechos  fundamentales” del procesado.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  En primer término, vale destacar que  en  el  presente  asunto sólo procede la casación excepcional, en tanto que el  fallo   de   segunda   instancia  lo  dictó  un  juzgado  penal  del  circuito.   

2.    En   tales   condiciones,   el  casacionista,  en  estricto  acatamiento de la jurisprudencia de la Sala y de la  ley,  ha  debido  cumplir  con  las  demás cargas estatuidas para este medio de  impugnación extraordinario.   

Recuérdese  que,  cuando  de  la  casación  excepcional     se     trata,    el    demandante    debe    exponer,   así  sea  de  manera  sucinta  pero  clara,  qué  es  lo  que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como  norte que solamente procede para el  desarrollo    de    la   jurisprudencia   o   para   garantizar   los   derechos  fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y, respecto de la protección de los derechos  fundamentales,  el  casacionista está obligado a desarrollar una argumentación  lógica  dirigida  a evidenciar el desacierto, siendo imperioso que demuestre el  desconocimiento  de  una  garantía por quebrantamiento de la estructura básica  del  proceso  o  por  violación de un derecho fundamental, e indicar las normas  constitucionales  que  protegen el derecho invocado y su concreto conculcamiento  con la sentencia.   

3.  En el evento que ocupa la atención de la  Sala,   surge   nítido  que  el  casacionista  incumplió  con  los  anteriores  presupuestos:   

4.  Adujo como justificación para el estudio  de   la   demanda   por   vía  discrecional  la  necesidad  de  “sentar  la  pertinente  y conveniente jurisprudencia que aclare esta  situación”, enunciado que carece de desarrollo pues  se  limita  a  proponer  su particular apreciación probatoria encaminada que se  admita  la  atipicidad  de la conducta del procesado.  Con tal argumento no  precisa  cuáles  las posturas conceptuales que merecen unificación,  o  no han sido abordadas por la Corte,  de  qué  manera  el  pronunciamiento de la Sala ha de actualizar a la doctrina,  menos  aún  cómo  el pronunciamiento de aquélla resultaría relevante para la  solución del caso.      

Ahora  bien,  en el entendido en que el actor  hubiese  cumplido con el anterior presupuesto, de todos modos los cargos carecen  de   la   debida  claridad  y  precisión  para  su  admisibilidad.  Veamos  por  qué:   

5. En el primer cargo, el casacionista pregona  un   falso  raciocinio  por  cuanto  el  fallo  hizo  caso  omiso  de  las manifestaciones del denunciante, y  porque    no    se    apreciaron   “en   su   valor  probatorio”    los    testimonios   y   documentos  incorporados a la actuación.    

La formulación del cargo es equivocada porque  no  identifica la norma sustancial violada, confunde los presupuestos de la vía  de  ataque  seleccionada con los del falso juicio de existencia por omisión, no  precisa  cuál  es  la prueba afectada por el vicio y al final no pasa de oponer  la propia apreciación probatoria a la del sentenciador.    

El   argumento   propuesto   se   confunde  inicialmente  con el falso juicio de existencia por omisión pues critica que la  sentencia  hiciera caso omiso  y  no  tuviera  en cuenta las  explicaciones     del    procesado,    más    concretamente:    “las  manifestaciones  que  en  forma  directa  y  expresa hiciera el  denunciante”;  “que ni el  beneficiario  ni  el ingeniero contratista que debía reemplazar a Heraldo Peña  realizaron   las   gestiones  pertinentes  ante  el  INURBE  y  ante  el  primer  contratista,  Heraldo,  para  el traspaso de los dineros del subsidio al segundo  contratista  como  era  la  obligación de aquellos”;  que  “tanto el primer contratista como su compañía  aseguradora    se    hallaban    pendientes   y   prestos   para   cumplir   sus  obligaciones”,   y   finalmente:   “la  negativa  del beneficiario a entregar el lote al contratista, la  no  notificación  a  Heraldo Peña de la resolución del INURBE que declaró el  siniestro,  ni  las certificaciones y constancias de la Compañía de Seguros El  Cóndor    que    garantizaba    la    permanencia    del   subsidio”.   

Luego   se   encamina   a   señalar   que  “tampoco    se    apreciaron    en    su    valor  probatorio” documentos y testimonios indeterminados,  enunciado  que  no acredita los presupuestos del falso raciocinio, puesto que es  impreciso  al identificar la prueba sobre la que supuestamente recayó el vicio,  olvida  precisar  el  mérito  suasorio  asignado por el juzgador, no señala la  regla  de  la  sana  crítica  conculcada con la apreciación, omite explicar la  manera  en  que el fallador la desconoció así como la apreciación correcta de  la  prueba  y  la  trascendencia  del  raciocinio defectuoso en el sentido de la  decisión.   

En  últimas, el censor pide que la sentencia  tenga  en cuenta y acoja las explicaciones ofrecidas por el procesado, argumento  inidóneo  en esta sede puesto que no pasa de oponer una particular apreciación  probatoria  a  la del juzgador sin demostrar un yerro evidente y trascendente en  el razonamiento judicial.    

6.  El  segundo  cargo principal –amén  de  que  no identifica la norma  sustancial   violada-   pregona  un  falso  juicio  de  identidad según el cual el Juzgado Penal del Circuito  interpretó  equivocadamente  la  inconformidad de la defensa al apelar el fallo  de  primer  grado.   Tal razonamiento carece por completo de idoneidad para  satisfacer  los presupuestos del cargo, pues es la tergiversación del contenido  material  de  la  prueba  lo  que  es  objeto  de reproche y no el entendimiento  equivocado del argumento de impugnación.   

Que  el  sentenciador  erró  al calificar de  ilógico  el  comportamiento del procesado por haber adquirido los materiales de  construcción  es un reproche que no satisface los presupuestos del falso juicio  de  identidad,  puesto  que  no  atina  a  concretar de qué manera el contenido  probatorio  fue  tergiversado  por  el  sentenciador, ni cómo la corrección de  dicha  falencia conduciría a mutar el sentido de la decisión.  A lo sumo,  la  argumentación  muestra  una  inconformidad  con la apreciación judicial la  que,  además  de asomar al terreno del falso raciocinio, tampoco es idónea por  sí misma para acreditar un yerro trascendente.   

7.        En        conclusión,  la  formulación  de los dos  cargos  por  violación  indirecta  de  ley  sustancial, incumple los deberes de  precisión,  claridad  y  suficiencia  de  la  argumentación,   violan  el  principio  de autonomía de las causales, así como el de proposición jurídica  completa.       

7.    El    cargo    por    violación  directa  de ley sustancial, que  pregona   la   aplicación  indebida  del  artículo  250-3 del Código Penal y la correlativa inaplicación  de  los  artículos  307,  306-2  y 39 de la ley 600 de 2000, carece de sustento  pues  se  limita  a  señalar  que,  desde la etapa de investigación, la prueba  permitía  deducir  los  presupuestos  de  una  nulidad por violación al debido  proceso, así como la atipicidad de la conducta.    

Pero  nada  desarrolla  para  identificar  o  demostrar  un hecho generador de nulidad, o una causal específica, como tampoco  para  explicar  de  qué  manera la sentencia erró al subsumir lo probado en la  conducta  abstracta  descrita  en  el  artículo  250-3 del Código Penal.   Dichas  peticiones  resultan,  en  todo  caso,  contradictorias  puesto  que  la  primera,  de  prosperar,  acarrearía  la  invalidación  de  todo o parte de lo  actuado,  mientras  que  la segunda supondría mantener lo actuado pero proferir  fallo de reemplazo.   

De  otra  parte,  al  incluir  en el cargo de  violación  directa  un  argumento de nulidad, desconoce que ese reproche debió  postularlo  de  manera  separada  y  principal,  y no como subsidiario, pues, de  prosperar, haría inane el estudio de las demás censuras.   

En           conclusión,  la  formulación  del  cargo  viola  los  deberes  de  argumentación  suficiente, precisión y claridad, así  como  los  principios  de  prioridad,  no  contradicción  y  autonomía  de las  causales de casación.     

Por  último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  determine el ejercicio de la facultad oficiosa de  índole  legal  que  al  respecto  le  asiste  a la Sala en punto de asegurar su  salvaguarda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el     defensor   de   HERALDO   PEÑA   PACHECO,  por   lo   anotado   en   la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia,     se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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