27779(08-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  27779   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 288  

         

          Bogotá  D.C.,  octubre  ocho  (08)  de  de  dos  mil  ocho  (2008).   

  VISTOS  

Mediante  sentencia  del  13 de diciembre de  2006  la  Inspección  General de la Policía Nacional, en su condición de Juez  de  Primera  Instancia,  absolvió  al Teniente CARLOS  ANDRÉS  BERMÚDEZ  GONZÁLEZ  respecto  del delito de  peculado    por    apropiación    imputado   por   la   Fiscalía   142   Penal  Militar.   

En  virtud  del  grado  jurisdiccional  de  consulta,  el  Tribunal  Superior  Militar  profirió, el 15 de febrero de 2007,  sentencia  a  través  de la cual revocó el fallo de primera instancia para, en  su  lugar, condenar a BERMÚDEZ GÓNZALEZ a  la  pena  principal de dos (2) años de prisión y a la accesoria  de  separación  absoluta  de  la  fuerza  pública.  En  la  misma decisión le  concedió el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

Contra  la  sentencia  de  segundo  grado la  defensa  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación, cuya demanda fue  admitida   parcialmente   por   la   Corte  en  auto  del  6  de  septiembre  de  2007.   

Obtenido el concepto de rigor, corresponde a  la    Sala    emitir    el    pronunciamiento    de   fondo   que   en   derecho  corresponda.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Unos  y  otra  los  resumió  la  Sala  en  anterior  ocasión de la  siguiente manera:   

“El 8 de enero de  2003,  el  Teniente  CARLOS  ANDRÉS  BERMÚDEZ GONZÁLEZ, quien se desempeñaba  como  Comandante  de  la  Estación  Las  Palmas  en  Medellín,  retiró de las  instalaciones  oficiales  un  televisor marca Sankey de 14 pulgadas –  el cual había sido adquirido cerca  de  cinco  (5) meses antes con el dinero donado para tal efecto por el ciudadano  Wilson  Parra  Sánchez  y  le  fue  entregado  mediante  acta, como elemento de  intendencia,  por  el  Comandante  Henry  Roger De Castro Santander –  procediendo  a  depositarlo  en  la  compraventa  Victoria  de  Itagüí  por  la  suma de ciento cincuenta mil pesos  ($150.000),  sin  que  luego  de  vencido  el  plazo de seis (6) meses intentara  recuperarlo mediante la retroventa correspondiente.   

El  Juzgado  Ciento  Cincuenta  y  Cinco de  Instrucción  Penal  Militar  de  Medellín declaró abierta la instrucción, en  desarrollo  de  la cual vinculó mediante indagatoria a CARLOS ANDRÉS BERMÚDEZ  GONZÁLEZ,  definiéndole su situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  sin  derecho  a libertad provisional, como posible autor  del  delito de peculado por apropiación, providencia impugnada por la defensa a  través   de   recurso   de   apelación,   con   resultados   adversos   a  sus  pretensiones.   

Clausurada la fase instructiva, la Fiscalía  Ciento  Cuarenta  y  Dos Penal Militar calificó el mérito del sumario el 27 de  febrero  de  2006  con  resolución  de acusación en contra del procesado, como  presunto autor del delito de peculado por apropiación.   

La  etapa  del juicio fue adelantada por la  Inspección  General de la Policía Nacional en su condición de Juez de Primera  Instancia,  despacho  que  una vez surtido el rito dispuesto para este ciclo por  el  legislador,  profirió sentencia el 13 de diciembre de 2006, a través de la  cual  absolvió  a  CARLOS ANDRÉS BERMÚDEZ GONZÁLEZ de los cargos por los que  fue  acusado, oportunidad en la cual dispuso la consulta de tal providencia ante  el ad quem.   

El  Tribunal  Superior  Militar  decidió  mediante  fallo  del  15  de  febrero  de  2007  revocar la sentencia de primera  instancia,  para  en  su  lugar condenar al procesado a la pena principal de dos  (2)  años  de  prisión  y  a la accesoria de separación absoluta de la fuerza  pública  (artículo 60 de la Ley 522 de 1999). En la misma decisión le otorgó  el  subrogado  penal  de  la condena de ejecución condicional por un periodo de  prueba de dos (2) años.   

         Contra  el  fallo  de  segundo  grado el defensor de CARLOS ANDRÉS  BERMÚDEZ      GONZÁLEZ      interpuso      recurso      extraordinario      de  casación”.   

          Debe  añadirse  a  la  reseña  procesal  antes  realizada  que  el  concepto  lo  rindió  el  Procurador  Segundo Delegado para la Casación Penal,  quien solicitó no casar el fallo impugnado.   

LA DEMANDA  

          El  demandante  formuló dos cargos, pero la Sala solamente admitió  el  segundo  de  ellos. En el reproche admitido el actor denunció la violación  directa  de  la  ley  sustancial por aplicación indebida del artículo 60 de la  Ley  522 de 1999 o Código Penal Militar y falta de aplicación del artículo 68  del Decreto Ley 1791 de 2000.   

          Lo  sustentó  afirmando  que  si  bien  el artículo 60 del Código  Penal  Militar  dispone  como  pena  accesoria  a  la de prisión la separación  absoluta   de   la   fuerza   pública   que  le  fue  impuesta  a  CARLOS  ANDRÉS  BERMÚDEZ,  lo cierto es  que  dicho  precepto  fue  subrogado por el artículo 68 del Decreto Ley 1791 de  2000  que  contiene  el  Régimen  de Carrera de la Policía Nacional, vigente a  partir  del  14  de septiembre del mismo año, esto es, cerca de un mes después  de entrar en vigencia la Ley 522 de 1999 (12 de agosto de 2000).   

Puntualiza que en el mencionado artículo del  Decreto  1791  de  2000  se  establece  que  cuando  se  conceda al condenado la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena, como ocurrió en este  asunto,   la  separación  de  la  fuerza  pública  tiene  carácter  temporal,  “lo  cual  entraña  el  retorno  al  servicio y la  continuidad  de la carrera”, por manera que se impone  casar  parcialmente  la  sentencia,  a fin de aplicar en virtud del principio de  favorabilidad el artículo 68 del Decreto 1791 de 2000.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO:  

          Consideró  que  la  censura  no está llamada a prosperar porque el  Decreto  1791  de  2000 fue expedido al amparo de las facultades extraordinarias  conferidas  por  el  legislador  al Presidente de la República en la Ley 578 de  2000,  cuyo  objetivo  era modificar o derogar algunas precisas normas del orden  administrativo  relacionadas,  en  particular,  con  la  carrera  policial y con  aspectos  disciplinarios,  no  así  el  Código Penal Militar y ni siquiera las  normas que le fueran contrarias.   

          Según  el Procurador Delegado, así lo confirma la sentencia C-1493  de  2000,  en  la  cual  la  Corte  Constitucional  declaró inexequible algunos  fragmentos  de  la  Ley  578  de  2000,  más exactamente, en cuanto en ellos se  autorizaba  al Gobierno Nacional modificar de manera general otras disposiciones  distintas a las mencionadas expresamente en la ley de facultades.   

            Para  el  Ministerio  Público,  el  Decreto  1791  de 2000 en sus  artículos  66  a  68 regula los efectos administrativos y disciplinarios de las  decisiones penales, pero no subroga las normas penales.   

En  su  criterio, por tanto, “no  es  que  a  partir  del  Decreto  1791  la  pena de separación  absoluta   de   la  Fuerza  Pública  –accesoria  a  la  de  prisión-  será solo temporal cuando el juez  penal   militar   –entre  otros  eventos-  conceda  el  subrogado de la condena de ejecución condicional,  sino  que  la decisión  del juez penal militar al imponer pena de prisión  –por   delito  doloso,  culposo,  con  o  sin  subrogado-  tiene efectos en el  régimen  disciplinario  de los miembros de la Fuerza  Pública.      Esa      decisión      de     condena     penal     –en los términos y dentro del ámbito  penal   de   lo   Penal   Militar-  tiene  como  consecuencia  que  –en  lo disciplinario- el agente será  afectado  con  separación  temporal de la Fuerza Pública, medida de naturaleza  disciplinaria  –no penal-  que  no tiene capacidad de modificar las disposiciones del Código Penal Militar  en  lo  que tiene que ver con la imposición y duración de la pena accesoria de  separación absoluta de la Fuerza Pública”.   

         

          En  opinión  del Delegado, corrobora que el Decreto 1791 de 2000 no  modificó  el Código Penal Militar tanto lo previsto en el último artículo de  ese  Decreto (el 95) en cuanto al mencionar las normas derogadas por el mismo no  incluye   disposición  alguna  de  la  aludida  codificación  penal,  como  la  sentencia  C-253 de 2003 en la cual la Corte Constitucional declaró inexequible  la   expresión   “y  demás  normas  que  le  sean  contrarias”  del  artículo  95  del Decreto 1791 de  2000,  reafirmando  de  esa  forma  que el mismo no derogó norma distinta a las  allí mencionadas.   

          Recordó,  finalmente, el criterio jurisprudencial según el cual la  pena  no  excluye la sanción disciplinaria, pues se trata de ámbitos punitivos  con  naturaleza  distinta,  razón  por la cual no puede predicarse que lo penal  desaparece  ante  lo  disciplinario  con  el  argumento  de contener ese último  estatuto  normas  más  favorables que las del Código Penal. En su criterio, el  principio  de  favorabilidad  se predica de normas que están llamadas a regular  el  mismo  ámbito,  lo cual no acontece en este caso porque el artículo 68 del  Decreto  1791  de  2000  se aplica dentro del ámbito disciplinario, en tanto el  artículo 60 del Código Penal Militar rige en materia penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          Conforme  los términos de la demanda, la controversia jurídica que  la  Sala  debe  resolver  en este caso consiste en determinar si el artículo 60  del  Código  Penal  Militar  se  encuentra  vigente  o  si esa disposición fue  modificada  por  el  artículo 68 del Decreto 1791 de 2000 y, en tal caso, si se  impone su aplicación por virtud del principio de favorabilidad.   

          Con  tal  propósito  la Corte (i) se referirá primero al principio  de  favorabilidad,  (ii)  luego  reseñará  el  contenido de cada una de dichas  disposiciones  para  establecer si regulan de distinta manera la misma temática  y,  finalmente, en caso de ser afirmativo ese interrogante, (iii) se ocupará de  dilucidar cuál de las dos normas se encuentra vigente.   

          (i) El principio de favorabilidad:   

          Este  postulado  de  estirpe  fundamental  está  consagrado  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  como una de las expresiones del  debido  proceso  y  está  definido en los siguientes términos: “En  materia  penal,  la  ley  permisiva o favorable, aun cuando sea  posterior,    se    aplicará    de    preferencia    a    la    restrictiva   o  desfavorable”.                

          El  Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos1    y   la  Convención  Interamericana  sobre  Derechos Humanos2  contemplan  el  principio  de  favorabilidad  con  una  idéntica  regulación, al establecer en sus artículos  15.1 y 9º, respectivamente, lo siguiente:   

“…  Si con posterioridad a la comisión  del  delito  la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente  se beneficiará de ello”.   

          La  aplicación  del principio de favorabilidad presupone, por regla  general,  un  tránsito  de  legislación  (la  Sala ha admitido que también se  aplica  en  casos  de  coexistencia  de normas, como ocurre con las Leyes 600 de  2000        y        906        de        20043), en virtud del cual una norma  pasa  a  reemplazar  a otra que ha sido derogada, modificada o subrogada. De esa  manera,  si  la  norma  sustituida  es  más  favorable  a los intereses del reo  proyecta  sus  benignos  efectos en el futuro para ser aplicada aún después de  la  pérdida  de  su  vigencia.  Es  lo que doctrinalmente se ha dado por llamar  ultra-actividad  de  la ley. Contrariamente, si la más benéfica es la nueva la  misma  se  aplica  a  casos ocurridos antes de su entrada en vigor. Se trata del  efecto retroactivo de la ley.   

          Desde  luego,  para  reivindicar  el  principio de favorabilidad, se  requiere  que  los hechos por razón de los cuales se adelanta la investigación  o  juzgamiento hayan tenido ocurrencia en vigencia de la norma anterior o que la  nueva  entre  a  regir durante el trámite del proceso o, aun con posterioridad,  cuando  resulte  imperioso dar aplicación al principio de favorabilidad durante  la       ejecución       de       la      pena4.   

          En  esas  condiciones, si la pérdida de vigencia de la disposición  antigua  ocurre  antes  de la realización de los sucesos, la problemática deja  de  tener  relación  con el principio de favorabilidad para ser regulada por el  apotegma  de la legalidad, en  la  medida  en  que la nueva norma estará para ese momento rigiendo plenamente,  presentándose  así  el fenómeno de la preexistencia de la ley “al  acto  que  se  le  imputa” a que se  refiere  el  artículo 29, inciso segundo de la Constitución Política, mandato  superior  de  obligatorio  acatamiento  para  las  autoridades del Estado, sólo  eludible  si  concurren  las  condiciones  para  dar aplicación al principio de  favorabilidad.   

          Por  lo  anterior, no resulta afortunada la postura del casacionista  cuando  reclama  en  el  presente  evento la aplicación del postulado de la ley  más  benéfica.  Según  su  criterio, el artículo 68 del Decreto 1791 de 2000  modificó el artículo 60 del Código Penal Militar.   

          Ocurre,  sin  embargo,  que  como  la  primera de esas disposiciones  (Decreto  1791  de 2000) entró a regir el 14 de septiembre de 2000 y los hechos  por  los  cuales se juzgó y condenó al procesado tuvieron ocurrencia en el mes  de  enero  de  2003,  es  decir,  con  posterioridad  a  la entrada en vigor del  mencionado  Decreto  1791  de  2000,  lo  que corresponde determinar no es si el  fallador  dejó  de  aplicar  el principio de favorabilidad, sino si vulneró el  postulado  de la legalidad al no aplicar la ley preexistente al acto imputado al  acusado.   

          (ii)  Contenido  de las disposiciones en discusión y su aplicación  en el caso concreto:   

          El  Tribunal,  en  la  sentencia  impugnada,  como  consecuencia  de  condenar   a   CARLOS  ANDRÉS  BERMÚDEZ  GONZÁLEZ  a  la  pena de dos (2) años de prisión por el delito  de  peculado  por apropiación, le impuso las accesorias de separación absoluta  de  la  Fuerza  Pública  e  interdicción de derechos y funciones públicas por  tiempo  igual  al  determinado  para  la  sanción  privativa  de  la  libertad.  Fundamentó  esta decisión en lo dispuesto en el artículo 60 del Código Penal  Militar,  expedido  mediante  Decreto  522  de  1999.  Dicho  artículo  es  del  siguiente tenor:   

“Art.  60.-  PENAS  ACCESORIAS  A  LA  DE  PRISION.  La  pena   de  prisión   impuesta   a  los militares y  policías,   implica  las  accesorias  de separación absoluta de la Fuerza  Pública  y  la interdicción de derechos y funciones públicas por igual tiempo  al   de  la  pena  principal.  Las  demás  penas  accesorias  serán  impuestas  discrecionalmente  por  el  juez,  teniendo en cuenta lo  dispuesto en este  Código, sobre  criterios  para fijar la pena.   

Cuando   se   trate  de  delitos  culposos   sancionados   con  prisión,  no  habrá  lugar  a  la pena  accesoria de  separación absoluta de la Fuerza Pública”.   

          La  norma transcrita establece como obligatorio, en caso de proceder  la  imposición  de  pena  de  prisión,  la  irrogación  de  las accesorias de  separación  absoluta de la Fuerza Pública y la interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por igual tiempo al de la pena principal, excepcionando  solamente  los  casos  en  los  cuales la condena se emite por delitos culposos,  pues,  de  acuerdo  con  el  inciso  segundo  de la disposición en cita, en ese  evento  “no  habrá  lugar  a  la pena accesoria de  separación   absoluta   de   la  Fuerza  Pública”.   

          Como  en  este caso la condena procedió por un delito doloso, surge  claro  que  el  fallador  no  hizo sino dar aplicación al mandato en cuestión,  así   en   la   sentencia  hubiese  suspendido  condicionalmente  la  sanción.   

          Ahora   bien,   el   artículo   68   del   Decreto   1791  de  2000  establece:   

“SEPARACIÓN  POR SENTENCIA DE EJECUCIÓN  CONDICIONAL.  Al  personal  que  se  le  hubiere concedido el subrogado penal de  condena     de    ejecución     condicional,     se     le   separará   en   forma  temporal, por un lapso igual al tiempo físico  de la condena.   

Igualmente será separado en forma temporal  el   personal   al  que se le hubiere impuesto como sanción accesoria  por  la  comisión  de delitos culposos la interdicción de  derechos   y     funciones    públicas,    por    el    tiempo   que   determine   la  sentencia”.   

          Se  aprecia que el artículo antes transcrito, en su inciso primero,  introduce  una  excepción  más  a  la regla establecida en el artículo 60 del  Código  Penal Militar, al señalar que si a pesar de imponerse pena de prisión  por  delito  doloso  el juzgador concede al sentenciado la condena de ejecución  condicional,  la  separación  del  cargo  no  será  en  ese  caso de carácter  absoluta   sino   sólo   temporal   y  equivalente  al  tiempo  físico  de  la  condena.   

          Ahora  bien,  el  Código  Penal  Militar  empezó  a regir el 12 de  agosto  de  2000, un año después de ser expedido, según así lo determinó su  artículo  608.  Por  su  parte,  el  Decreto 1791 de 2000 fue expedido el 14 de  septiembre  de ese mismo año, fecha en que comenzó a regir. Es decir, se trata  esta  última  de  una  norma  posterior  que  habría,  por  tanto,  modificado  parcialmente  la  regulación  contenida  en  el  artículo  60  de la precitada  codificación.    

          En  esas condiciones, en cuanto el ad quem  otorgó       al      procesado      BERMÚDEZ  GONZÁLEZ   la condena de  ejecución  condicional,  la  conclusión que se impondría sería la de afirmar  que  en  su caso no había lugar a irrogarle separación absoluta del cargo sino  sólo temporal.   

          Es  este punto, pertinente resulta acotar que la Sala no comparte la  distinción  efectuada  por  el  Ministerio  Público  cuando  sostiene  que  el  artículo  68 del Decreto 1791 de 2000 está llamado a aplicarse solamente en el  ámbito  disciplinario,  mas no en el régimen penal, pues si dicha disposición  contempla  que  en  caso  de concederse el subrogado de la condena de ejecución  condicional  la  separación del cargo será de carácter temporal, no se remite  a  duda  que ese precepto está llamado a operar en el ámbito penal, por cuanto  con  fundamento  en  esa norma el juez castrense no puede imponer la separación  absoluta  del cargo, lo cual significa que el condenado tiene derecho a retornar  al  mismo  una  vez transcurra el término determinado para la pena privativa de  la libertad.   

          (iii)  Inconstitucionalidad  parcial  del  artículo  68 del Decreto  1791 de 2000.   

          El  Decreto  1791  de  2000 fue expedido por el Gobierno Nacional en  desarrollo  de  las  facultades  extraordinarias  que le confirió la Ley 578 de  2000.  Se  trata  entonces  de  un  Decreto con fuerza de ley que tiene la misma  jerarquía del Decreto 522 de 1999 o Código Penal Militar.   

          No  obstante,  por  su  carácter extraordinario, el Decreto 1791 de  2000  solamente  podía  ocuparse de las materias para las cuales la Ley 578 del  mismo  año  autorizó  legislar  al  Gobierno  Nacional. Esas materias quedaron  determinadas  en el artículo 1º de la ley de facultades y tocaban básicamente  con  normas de carrera, régimen disciplinario y estructura del sistema de salud  de  las  Fuerzas  Militares  y  Policía Nacional, así como con el estatuto del  personal  civil  del  Ministerio de Defensa y la Policía Nacional. El contenido  original del mencionado artículo 1º era el siguiente:   

“Artículo 1. De  conformidad  con  el numeral 10 del artículo 150 de la Constitución Política,  revístese   al   Presidente   de   la   República   de   precisas   facultades  extraordinarias,  hasta  por el término de seis (6) meses, contados a partir de  la  promulgación  de  la  presente ley, para expedir las normas de carrera, los  reglamentos  de  régimen  disciplinario  y  de  evaluación  de los oficiales y  suboficiales  de  las  Fuerzas Militares; el reglamento de aptitud psicofísica,  incapacidades,  invalideces  e  indemnizaciones de las Fuerzas Militares y de la  Policía  Nacional y el régimen de carrera y/o estatuto del soldado profesional  así  como  el  reglamento  de disciplina y ética para la Policía Nacional, el  reglamento  de  evaluación  y  clasificación  para  el personal de la Policía  Nacional,  las  normas  de  carrera del personal de oficial y suboficiales de la  Policía  Nacional,  las normas de carrera profesional del nivel ejecutivo de la  Policía  Nacional, los estatutos del personal civil del Ministerio de Defensa y  la  Policía  Nacional;  la  estructura  del  sistema  de  salud  de las Fuerzas  Militares  y de la Policía Nacional y se dictan otras  disposiciones”.   

          El  artículo 2º de la Ley 578 de 2000 delimitó aún más el campo  de   acción  del  Ejecutivo  frente  a  las  facultades  extraordinarias  allí  conferidas  al  señalar  de  manera expresa algunos de los Decretos que podían  ser  derogados,  modificados o adicionados en desarrollo de tales facultades. La  norma decía así:   

“Artículo 2. En  desarrollo  de  las  facultades  extraordinarias  contempladas  en  el artículo  anterior   el   Presidente   de   la  República  podrá  derogar,  modificar  o  adicionar   entre  otros  los  siguientes  decretos:  1211/90,  85/89,  1253/88,  94/89,  2584/93,  575/95,  354/94,    572/95,    1214/90,    41/94,   574/95,   262/94,   132/95,   352/97,  353/94  y  las  demás  normas  relacionadas  con  la  materia”.   

          En  la  sentencia  C-1493 de 2000 la Corte Constitucional revisó la  exequibilidad  de  las  normas  antes  transcritas,  concluyendo que los apartes  subrayados  no cumplían la exigencia de precisión contemplada en el numeral 10  del   artículo   150   de  la  Constitución  Política  cuando  se  trata  del  otorgamiento  al  Presidente  de  la  República  de facultades para legislar de  manera   extraordinaria,   razón  por  la  cual  retiró  esos  fragmentos  del  ordenamiento  jurídico. En ese sentido, la alta Corporación en cita determinó  que  el  Ejecutivo  solamente podía modificar, adicionar o derogar en ejercicio  de  las  facultades  conferidas  en la Ley 578 de 2000 los Decretos expresamente  enunciados en su artículo 2º. Al respecto señaló:   

“La finalidad del requisito de precisión  en  la  descripción  de  las materias o asuntos materia de facultades es evitar  posibles  abusos  o  excesos  en  su  ejercicio  y,  por ende, crear inseguridad  jurídica,  pues  si  el  Congreso no fija límites al concederlas éstas pueden  ser  utilizadas  en forma arbitraria y desbordada, lo que como ya se ha anotado,  repercute  dañinamente  en  las  normas  así adoptadas. Las expresiones “entre  otros”  y  “y  las  demás normas relacionadas con la materia” serán declaradas  inconstitucionales  por  cuanto  convierten  las  atribuciones  dadas en vagas e  imprecisas,  lesionando  de  esta  manera  el  artículo  150-10  de  la  Carta.  Los  decretos  que  el  Presidente  de  la República  podía  modificar,  adicionar  o  derogar,  de  conformidad  con  el artículo 2  acusado,  no  son  otros que los expresamente enumerados en tal disposición. No  se    olvide    que    en    este   campo   no   se   admiten   las   facultades  implícitas”  (subraya la  Sala).      

          Por  lo anterior, cuando se pronunció en la sentencia C-253 de 2003  sobre  la exequibilidad del artículo 95 del Decreto 1791 de 2000, en el cual se  reguló  su  vigencia  y las normas derogadas por esa disposición con fuerza de  ley,  la  guardiana  de  la  integridad  y  supremacía  de  la  Carta  declaró  inconstitucional  la  mención  del  Decreto  573  de  1995, al observar que esa  normativa  no  estaba incluida expresamente en el artículo 2º de la Ley 578 de  2000.  En  efecto,  el  artículo  95  del  Decreto  1791  de 2000 originalmente  decía:   

“ARTICULO   95.   VIGENCIA.  El presente Decreto rige a partir de la fecha de su publicación  y  deroga  los  Decretos  041  de  1994,  con  excepción  de lo dispuesto en el  artículo  115,  relacionado  con los Títulos IV, VI y IX y los artículos 204,  205,  206, 210, 211, 213, 214, 215, 220, 221 y 227 del Decreto 1212 de 1990; 262  de  1994  con excepción de lo dispuesto en el artículo 47, relacionado con los  Títulos  III,  IV y VII y los artículos 162, 163, 164, 168, 169, 171, 172, 173  y  174  del Decreto 1213 de 1990; 132, 573    y    574    de    1995    y   demás   normas   que   le   sean  contrarias”.   

         En  la  sentencia C-253 de 2003 la Corte Constitucional insistió en  que  los  únicos  Decretos que el Presidente de la República podía modificar,  adicionar  o  derogar  eran los expresamente referidos en el artículo 2º de la  Ley 578 de 2000. Sobre el particular expresó:   

“En  efecto,  como se advirtió, la Corte  mediante  la  Sentencia  C-1493  de  2000  declaró  la  inexequibilidad  de las  expresiones      “entre     otros”  y  “y  las demás normas relacionadas  con  la  materia”, del artículo 2º de la Ley 578 de  2000,  por  adolecer  de  la  precisión  de  que  deben  gozar  las  facultades  extraordinarias  que  confiere  el  legislador  al  Presidente de la República,  quedando   como  única  posibilidad  para  ejercerlas,  el  restringirse  a  la  modificación,  adición  o derogación de los decretos expresamente mencionados  en  dicha  norma, esto es, los decretos 1211/90, 85/89, 1253/88, 94/89, 2584/93,  575/95,   354/94,  572/95,  1214/90,  41/94,  574/95,  262/94,  132/95,  352/97,  353/94.   

         Pues  bien,  mutatis  mutandi  resulta  obligado  concluir  que el Gobierno Nacional, igualmente,  desbordó  las  facultades  conferidas  por  la  Ley  578  de  2000  al entrar a  modificar  el  artículo  60  del  Código Penal Militar, pues el Decreto 522 de  1999  mediante  el  cual  se  expidió esa codificación no está incluido en el  listado  enunciado  expresamente  en  el  artículo 2º de la ley de facultades,  surgiendo  así  claramente  inconstitucional el inciso primero del artículo 68  del  Decreto  1791 de 2000, en cuanto allí estableció una excepción adicional  al  mandato  contenido  en el precitado artículo 60 del Decreto 522 de 1999, en  el  sentido  de  que  la  imposición  de  la pena de prisión por delito doloso  implica la accesoria de separación absoluta del cargo.   

         Es  de  anotar  que la Corte Constitucional en la sentencia C-253 de  2003   no   declaró   la   inexequibilidad  de  la  expresión  “y  demás normas que le sean contrarias”  incluida  en  la  parte  final  del  artículo 95 del Decreto 1791 de 2000, como  equivocadamente  lo sostiene el Procurador Delegado, pues contrariamente, avaló  su  conformidad  con  la  Carta  Política.  Sin embargo, esa situación en nada  modifica  el  criterio  de  la Sala, porque tanto en la sentencia C-1193 de 2000  como  en  la  antes  citada  quedó  claro  que  las  facultades extraordinarias  conferidas   al   Presidente   de   la   República  solamente  comprendían  la  modificación,  adición  y derogación de los Decretos expresamente mencionados  en el artículo 2º de la Ley 578 de 2000.   

         A  la  anterior  conclusión  conduce  también  el  examen  de  las  materias  sobre  las  cuales,  de  acuerdo  con el numeral 1º de la ley última  citada,  recayeron las facultades legislativas, pues allí para nada se menciona  la  posibilidad  de  modificar  normas propias del Código Penal Militar como lo  son  aquellas  referidas  a la naturaleza y temporalidad de las penas accesorias  imponibles  en  caso  de  la  comisión  de  delitos por parte de miembros de la  fuerza     pública.                      

         

         El  artículo  4º,  inciso  primero  de  la Constitución Política  establece  que  “En  todo  caso de incompatibilidad  entre  la  Constitución  y  la  ley  u  otra norma jurídica, se aplicarán las  disposiciones  constitucionales”.  Con  base  en ese  precepto  constitucional  esta Corporación viene sosteniendo que cualquier juez  de  la República, en desarrollo del control difuso de constitucionalidad, está  autorizado  para  hacer uso de la excepción de inconstitucionalidad e inaplicar  en            cualquier            tiempo5    aquellas    normas    que  contraríen     el     ordenamiento     superior6.   

         Como,  según  lo visto, tal situación acontece en el caso sometido  a  estudio,  pues  resulta manifiesta la inconstitucionalidad del inciso primero  del  artículo  68  del  Decreto 1791 de 2000, la Sala debe inaplicarlo, lo cual  implica  concluir que el artículo 60 del Código Penal Militar está plenamente  vigente  y  que,  por tanto, el Tribunal procedió correctamente cuando impuso a  CARLOS   ANDRÉS   BERMÚDEZ   GONZÁLEZ la pena accesoria de separación absoluta del cargo.   

         Surgiendo  así evidente la improsperidad de la censura, la Corte no  casará la sentencia impugnada.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

         Contra la presente sentencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                    ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                      

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                               YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                             JAVIER      ZAPATA  ORTÍZ   

Comisión de servicio  

            TERESA RUIZ NÚÑEZ   

                Secretaria     

1  Aprobado mediante la Ley 74 de 1968.   

2  Aprobada mediante la Ley 16 de 1972.   

3 Cfr.  Auto del 4 de mayo de 2005, radicación 23567.   

4 Esa  última  eventualidad  está  prevista  en el numeral 7º del artículo 79 de la  Ley 600 de 2000.   

5 Desde  luego,  antes de que la Corte Constitucional se pronuncie por vía de control de  constitucionalidad.   

6  En  ese  sentido,  autos  del  28  de octubre de 2005, radicación 17089 y del 11 de  julio de 2007, radicación 26945.     

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