27516(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27516  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 207   

Bogotá D. C., veintinueve (29) de julio de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales  que condicionan su admisión, examina la Sala las demandas  de   casación  presentadas  por  los  abogados  defensores  de  los  procesados  ALEXANDER  VALDEZ RODRÍGUEZ y WILLIAM ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ, contra el fallo  de  17 de octubre de 2006, mediante el cual el Tribunal Superior Militar revocó  la  sentencia  absolutoria  de  21  de  junio  del  mismo año, proferida por el  Juzgado  Ciento  Cincuenta y Uno de Primera Instancia de la Policía Nacional de  Barranquilla  y  en  su lugar los condenó a la pena principal de dieciocho (18)  meses  de prisión, multa de cinco mil pesos ($5.000), interdicción de derechos  y  funciones  públicas   por  el  mismo  término  de  la  pena  impuesta,  separación  absoluta  de   la Policía Nacional, como coautores del delito  de  lesiones  personales  y les concedió la sustitución de la ejecución de la  pena.   

HECHOS  

Fueron  relatados de la siguiente manera en  la sentencia de primera instancia:   

“Refiere el señor PABLO OROZCO GONZÁLEZ,  que  el  día  sábado  7  de  octubre  del año 2000  a las 12:30 a.m., se  encontraba   haciendo  una  necesidad  fisiológica  cuando  observó  que  unos  policiales  estaban  golpeando a su tío, de lo cual les manifestó del por qué  lo  golpeaban,  motivo  este  que  conllevó  a  los agentes a colocarle el  revólver  en  la  cabeza y luego uno de ellos lo empujó y él también lo hizo  de  igual  manera,  razón  por  la  cual  lo  condujeron  hasta la estación de  policía  la  Ciudadela,  donde  al  llegar  lo esposaron a una torre y le daban  trompadas  y  patadas,  le sacaron su billetera y le hurtaron la suma de $20.000  que tenía y luego lo metieron a un calabozo.”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

         1.  Recibida  la  denuncia  y con base en los anteriores hechos, el  Juzgado  174  de  Instrucción Penal Militar, el 26 de abril de 2001, dispuso la  apertura       de       la       investigación1   en   la  cual  ordenó  la  vinculación  al  proceso de ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ y WILLIAM ENRIQUE SERNA  FERNÁNDEZ.   

         2.  El  30 de mayo y 1 de junio de 2001, se escuchó en indagatoria  a  WILLIAM  ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ y ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ2,  respectivamente.   

         3.  Mediante  interlocutorio de 20 de noviembre de 20023,  el Juzgado  174  de  Instrucción Penal Militar, definió la situación jurídica de WILLIAM  ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ  y ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ y les impuso medida de  aseguramiento,  consistente  en  caución  prendaria,  por  el  valor  de ciento  cincuenta   mil  pesos  ($150.000.oo),  como  autores  del  delito  de  lesiones  personales,  decisión  que  apelada  por  el  defensor  de  los procesados, fue  confirmada  por  el  Tribunal Superior Militar, en providencia de 30 de abril de  2003.   

         4.   En   resolución   de  sustanciación  de  25  de  octubre  de  20054,  se  dispuso  el cierre de la investigación y el 18 de abril del  mismo  año,  la  Fiscalía  153  Penal Militar, Delegada ante el Juzgado 151 de  Primera   Instancia    Seccional   Atlántico   y  Bolívar,  calificó  la  investigación5  y  acusó  a  WILLIAM ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ y ALEXANDER VALDEZ  RODRÍGUEZ,  del ilícito de lesiones personales.   

         5.  Remitido  el  expediente para adelantar la etapa del juicio, el  21  de  abril  de  2006,  el  juzgado  151 de Primera Instancia de la Zona Doce,  llevó   a  cabo  la  audiencia  de  Corte  Marcial6, al cabo de la cual, el 21 de  junio  de  la  misma  anualidad  profirió sentencia7,  en  la  cual  absolvió  a  WILLIAM  ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ  y ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ, como autores  del    delito    de    lesiones    personales   por   el   cual   habían   sido  acusados.   

         6.  Impugnada  la  sentencia  absolutoria  por  la Fiscal 153 Penal  Militar,  el 17 de octubre de 2006, el Tribunal Superior Militar la revocó y en  su  lugar  condenó  a  WILLIAM  ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ  y  ALEXANDER VALDEZ  RODRÍGUEZ,   como  autores  del  delito  de lesiones personales, a la pena  principal  de  dieciocho  (18)  meses  de  prisión,  multa  de  cinco mil pesos  ($5.000),  interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo término  de  la  pena  impuesta, separación absoluta de  la Policía Nacional y les  concedió la sustitución de la ejecución de la pena.   

         7.  Inconforme  con  el  fallo,  los  defensores de WILLIAM ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ  y  ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ interpusieron y sustentaron el  recurso    extraordinario    de    casación,    cuya    admisión    ahora   se  decide.   

LAS            DEMANDAS   

1. Demanda a nombre del procesado ALEXANDER  VALDEZ RODRÍGUEZ.   

El  defensor de ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ  al  amparo  de  la causal primera del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000)  formula  un  cargo  por  violación  indirecta, porque la sentencia del Tribunal  tergiversó   el   contenido   fáctico   del   medio   probatorio  (no especifica cuál).   

El   libelista   expone   las  siguientes  razones:   

-.  Se  dan por probados los testimonios de  Diana  Fontalvo   Martínez  y  Rafael  Arturo   Muñoz  Pacheco,  con  desconocimiento  de  las  demás  declaraciones  y  se  acepta que Pablo Antonio  Orozco   presentó  lesiones en todas las partes del cuerpo. El Tribunal se  aparta de la sana crítica y desconoce el dictamen pericial.   

         

         -.  Se  violaron los artículos 296 (acta  de  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro), 20  (investigación integral) ,  34    (caducidad    de   la   querella)  del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000) y 396 (prueba  para      condenar)     y     401     (apreciación   de   las   pruebas)  del  Código  Penal  Militar  (Ley 522 de 1999).   

-.  Los testimonios de Diana Fontalvo   Martínez  y  Rafael Arturo  Muñoz Pacheco no son presenciales, por tanto,  los  hechos que Diana dice presenció, no son ciertos, aspecto que se prueba con  el  dicho de su esposo Rafael Arturo, testimonios que al tenor del artículo 217  (causales de casación) del  Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley  600  de  2000),   “no  se  deben  valorar”,   pues  al  momento  de  los  hechos  se  encontraban  bajo  el  influjo del alcohol, se habían  tomado dos botellas  de  Ron  Medellín;  los  mismo  que, por la amistad íntima existente con Pablo  Orozco; y por ser contradictorios en sus asertos.   

-.  Al  dar  por  probado  que Pablo Orozco  presentaba  golpes  y  lesiones  en  todo el cuerpo, se le atribuyó a la prueba  pericial  un  valor  que  no  le corresponde, sin que un testimonio (no  dice  cuál)  pueda  desvirtuar  la  pericia médico legal.   

-.   Existen   dos  pruebas  “reina”  que  demuestran  que  Pablo  Orozco  salió  de  la  estación  de  policía  en  buen  estado  de salud, que  corresponden  a  la  firma  del libro de salida, donde reconoce que abandonó el  lugar   “en  perfecto  estado  de  salud  mental  y  físico”  y  el  acta   de  aplicación  de un  correctivo   en  la  que  reconoce  se  encontraba  en  estado  de  “excitación”  en  el  cual,  podía  causarse daño o a los demás.   

-.  Existió una lesión en Pablo Orozco en  la  parte  en que le colocaron las esposas, por la resistencia a ser conducido a  la  estación  de  policía, pero sin que exista dolo en los policiales. Afirmar  lo   contrario   es   desconocer  las  pruebas  que  existen  en  el  expediente  (no   dice   cuáles)  y  apartarse  de  la  sana crítica, con lo cual se le niega el valor probatorio al  dictamen de medicina legal.   

-. Solicita a la Corte se case la sentencia  y en su lugar se dicte la que en derecho corresponda.   

2.  Demanda  a nombre del procesado WILLIAM  ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ.   

Anticipando la interposición del recurso de  casación  de  manera  excepcional,  expresa  que  a  WILLIAM  ENRIQUE se le han  violado   los   derechos   fundamentales    de  presunción  de  inocencia,  artículos   4°   (la  constitución  es  norma  de  normas)   y   29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Nacional  cuando  el  Tribunal  valoró  los  medios  de  prueba  de  manera subjetiva y admitió como  verdades   absolutas    testimonios   de   oídas,   los   cuales  resultan  contradictorios,  con desconocimiento de la duda a favor del reo e inobservancia  del       indubio       pro      reo.   

         Sin  precisar  causal  de  casación, formula un cargo por error de  hecho.   

El  libelista  manifiesta  los  siguientes  argumentos:   

-.  La sentencia está motivada en un falso  juicio  de  identidad, cuando tuvo en cuenta los testimonios de oídas de Rafael  Muñoz  Pacheco,  Diana  Fontalvo  Martínez y Ángel González de Villar, a los  cuales  el Tribunal les dio un alcance que no les correspondía, al acomodar los  hechos  a  sus  propias  aspiraciones.  Fueron  valorados  de  manera  errada  y  subjetiva;   se  construyó  una  sentencia  con  fundamento  en  la  duda,  con  desconocimiento  de  los  artículos  247 (Operaciones  técnicas) y 232 (necesidad  de  la  prueba)  del  Código  de Procedimiento Penal  (Ley       600       de       2000).   

-. El Tribunal Superior  Militar   quebrantó  “los  postulados  de la lógica y de la  sana  crítica  dándole  a  dichos  testimonios  una  consecuencia  que  no les  correspondía  objetivamente,  como  lo  demostré, fluye la duda, con lo que el  fallo       indudablemente,       hubiese       sido      otro      –             absolutorio,   sencillamente   por   no  existir    certeza    de    la   conducta   punible   endilgada   (sic)   a   mi  defendido”.   

-. Solicita a la Corte Casar la sentencia y  en su lugar se absuelva a WILLIAM ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Asunto previo.  

Advierte la Sala que las dos demandas que se  presentan,  para  su  procedibilidad,  corresponden  a la vía excepcional de la  casación  discrecional,  motivo  por el cual, primero se verificará si reúnen  los  presupuestos  que  la  ley  instrumental  establece  para su admisibilidad,  luego,  lo  hará sobre la corrección formal de los libelos para su admisión y  por separado para cada uno de los procesados.   

1.   El  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000),  establece  que  la  casación  procede  por  delitos  que tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo sea de ocho (8) años,  aún   cuando   la   sanción  impuesta  haya  sido  una  medida  de  seguridad,  procedibilidad  que  se  extiende a los delitos conexos, aunque la pena prevista  para éstos sea inferior.   

Los  artículos 266  y 267 del Código  Penal   Militar  (Ley  2550  de  1988),  aplicado  por  favorabilidad  al  presente  caso, reprime las   lesiones    con   incapacidad   para   trabajar   o  enfermedad  por  45  días,  con prisión de seis (6) meses a  tres (3) años  y multa de un mil (1.000) a cinco mil (5.000) pesos.   

De modo que en el caso que se examina, no es  procedente  la  casación  común,  donde  la  pena  máxima  para  el delito de  las   lesiones  con  incapacidad para trabajar o  enfermedad es de 3 años de prisión.   

2.  Por  lo  tanto,  es  necesario  que  el  libelista  acuda a la casación excepcional, en los términos del inciso 3° del  artículo  205 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000),  no  como  un  mero  enunciado,  sino  expresando  la necesidad de su admisión para el desarrollo de la jurisprudencia  o  la garantía de los derechos constitucionales que hubieren sido transgredidos  en  el  trámite ordinario del proceso, únicos motivos por los cuales puede ser  admitida,   correspondiendo   decidir   a   la   Corte,   en   ejercicio  de  la  discrecionalidad que la ley le otorga, si la admite o rechaza.   

No  basta,  sin  embargo,  que el libelista  afirme  sin  respaldo  argumentativo,  que es necesario restablecer los derechos  fundamentales  y  que  se  precisa  desarrollar  la  jurisprudencia, sin indicar  algún tema específico.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto   formal   de  la  demanda  se  efectuará  a  posteriori, siempre y cuando la Corte haya arribado a  la  conclusión  de  que  es  necesario  tramitar,  por  excepción,  el recurso  extraordinario  en pro de las garantías fundamentales o con miras a desarrollar  la jurisprudencia.   

3. Cuando se aboga por la efectividad de los  derechos  fundamentales,  al  libelista  corresponde  identificar  la  garantía  objeto  del  quebranto  denunciado, así como la norma superior que la protege y  vincular  su  afectación  con  las actuaciones del respectivo proceso, esto es,  señalar   en   forma   específica   en   qué   consistió   la   vulneración  alegada.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  es  deber  del impugnante indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la unificación de posiciones  disímiles  de  la  Corte,  o  el  pronunciamiento  sobre  un punto concreto que  jurisprudencialmente  no  ha  sido  desarrollado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y jurídicas; y, además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros de interpretación auxiliares de dicha actividad.   

4.  En  el presente caso, en ninguna de las  dos  demandas  con  que  se   interpone  el recurso extraordinario  de  casación se desarrolla alguno de esos tópicos.   

4.1.  Es más, en la demanda presentada por  el  defensor del procesado ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ, siquiera en el modo más  elemental  se  menciona,  que  el  recurso  se  incoa de manera excepcional, con  desconocimiento  del  deber   que  a ese respecto se tiene de argumentar de  manera   clara,   seria   y   profunda,    para  la  procedibilidad  de  la  extraordinaria impugnación.   

4.2. Con relación a la demanda que a nombre  de  WILLIAM  ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ fue presentada, si bien se anticipa que se  acude  a  la vía excepcional para la protección de los derechos fundamentales,  el  libelo carece de un desarrollo claro y preciso en lo que a ello atañe, pues  sólo  hace mención de los principios universales de presunción de inocencia e  indubio  pro  reo; cita los  artículos   4°   (la  constitución  es  norma  de  normas)   y   29  (debido  proceso)  de  la  Constitución Nacional; y, apareja,  que   el   Tribunal   tuvo   en   cuenta   unos   testimonios  que  califica  de  oídas.   

No se hace el mínimo esfuerzo por parte del  censor,  para  establecer  de  manera  lógica  y  concatenada, la relación que  pudiera  existir  entre  la  decisión  y  los  juicios de valor que realizó el  Tribunal  para condenar a SERNA FERNÁNDEZ con desquiciamiento al respeto de los  derechos  fundamentales  que  se  dice fueron vulnerados, que permitan visionar,  que  esas  garantías  le  fueron  afectadas de manera ilegítima, para que así  proceda  la  vía excepcional de admisión del recurso. Con esa forma de alegar,  desconoce,  que  el  recurso  extraordinario  exige profundidad argumentativa en  todos sus aspectos.   

El  escrito,  en  este  aparte  sobre  la  procedencia  de  la casación discrecional, se constituye en una queja reiterada  y  genérica   contra  la   decisión  judicial,  sobre la forma cómo  fueron  valoradas  unas  pruebas testimoniales, sin que se exprese con claridad,  cuáles   son   las   garantías   fundamentales  indebidamente  afectadas,  con  coherencia respecto de las normas en las que se basa.   

Así, no se enuncian de manera adecuada los  derechos  fundamentales  violados, tampoco la necesidad de la unificación de la  jurisprudencia  nacional,  omisiones  que  bastan  para  inadmitir  la  demanda,  además,  tampoco  se  encuentra  una  referencia  coherente  y  sistemática  a  cualquiera   de  los  aspectos  que  eventualmente  posibilitarían  el  recurso  extraordinario por la vía excepcional.   

5.  De  otra  parte  y  dado que el recurso  extraordinario   de   casación  se  rige  por  el  principio  dispositivo,  las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la competencia de la Sala de Casación  Penal,  con  excepción  de  la nulidad que puede ser decretada oficiosamente en  aras de la protección de las garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  Tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de  la ley, con reflejo en la sentencia de segunda instancia, por  errores  de  juicio  o  de actividad, y como tal comporta la elaboración de una  reflexión  lógico  jurídica  sobre la sentencia misma, siguiendo el derrotero  trazado en las causales invocadas.   

No  se  trata  de  exigir que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación probatoria.   

Sin embargo, el casacionista debe discurrir  de  un  modo  claro,  lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo presenta  defectos  protuberantes  en  su  estructura  jurídica,  de tal suerte que no es  factible mantener su vigencia.   

6.  Las  dos  demandas  presentadas  por  separado  a  nombre  de  los  procesados  ALEXANDER  VALDEZ RODRÍGUEZ y WILLIAM  ENRIQUE  SERNA  FERNÁNDEZ,  se  formulan con base en violación indirecta de la  ley sustancial.   

La jurisprudencia de esta Sala de la Corte  ha  reiterado  que  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  errores  de hecho, puede ocurrir por:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad y falso raciocinio,  especies    de    yerros   que   responden   básicamente   a   los   siguientes  conceptos:   

-.  Falso juicio  de  existencia:  el  juez  omite  apreciar una prueba  legalmente   producida   o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir  de  un medio de convicción que no forma parte del mismo  por no haber sido producido o incorporado.   

-.  Falso juicio  de  identidad:  el  juez  tiene  en  cuenta  el medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido  o  incorporado;  sin embargo, al  valorarlo  lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su contenido  literal,  hasta llegar a conclusiones distintas a las que habría obtenido si lo  hubiese considerado en su integridad.   

-.   Falso  raciocinio: cuando a una prueba que existe legalmente  y  es  valorada  en  su integridad, el juzgador le asigna un mérito o fuerza de  convicción  que  transgrede  los  postulados de la sana crítica; es decir, las  reglas    de    la    lógica,    la   experiencia   común   y   los   dictados  científicos.   

Esta  especie de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cual  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la  trascendencia  de  ese  yerro,  de  modo  que  sin  él,  el  fallo hubiera sido  diferente;   y   concomitantemente  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia  que debió aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

En  todo  caso,  es  preciso  referir  la  trascendencia  del yerro aducido, lo cual se consigue analizando cuál sería el  sentido  del  fallo  si hubiese sopesado correctamente la prueba sobre la que se  hace  recaer  el  defecto,  en  conjunto y armonía con los restantes medios que  conforman el conjunto probatorio en su integridad.   

6.1.  La  demanda  presentada a nombre del  procesado ALEJANDRO VALDEZ RODRÍGUEZ.   

El defensor de ALEJANDRO VALDEZ RODRÍGUEZ  al  amparo  de  la causal primera del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000)  formula  un  cargo  por  violación  indirecta, porque la sentencia del Tribunal  tergiversó el contenido fáctico del medio probatorio.   

         

Son   protuberantes   los   errores   de  fundamentación  que  contiene  el  libelo, los cuales conspiran contra  su  argumentación lógica.   

El  censor  en el desarrollo de la demanda  divaga  en  el  anuncio  de  una  violación  indirecta de la ley sustancial por  tergiversación  en  la valoración de las declaraciones de Diana Fontalvo   Martínez  y Rafael Arturo  Muñoz Pacheco, con lo que se ubica en la forma  de  error  por  falso  juicio  de  identidad;  pero  a  su  vez,  alega  el  desconocimiento  en  la  sentencia  de  la valoración de otros medios de prueba  testimoniales,  sin expresar cuáles y de ese modo ingresa en el error por falso  juicio  de  existencia;  para  luego,  controvertir las inferencias lógicas que  realizó  el fallador,  cuando expone que el Tribunal se apartó de la sana  crítica  al  valorar  las  pruebas documentales que se contienen en el libro de  población   de  la  estación  de  policía,  el  comparendo  elevado  por  los  procesados  al  denunciante y el dictamen pericial, para deducir la materialidad  del   delito   de   lesiones  personales,  de  manera  que,  pasa  a la esfera del falso raciocinio, con lo  cual,  entremezcla  formas  de  reproche que son excluyentes entre sí, violando  los   principios   de   no   contradicción   y  autonomía  de  los  cargos  en  casación.   

Todo esto, le resta claridad a la demanda,  la  torna  confusa  y le impide a la Sala entrar a su estudio, motivo suficiente  para disponer su inadmisión.   

6.2.  La  demanda  a  nombre del procesado  WILLIAN ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ.   

         Tampoco   reúne  los  requisitos  mínimos  lógico  formales  que  establece            el  artículo  212  del  Código de procedimiento penal (Ley 600 de  2000).   

Son   tan  evidentes  las  falencias  de  argumentación  lógica  en  la demanda, hasta el punto que el censor olvidó el  elemental  deber  de  expresar  la  causal  de  casación por la cual impugna la  sentencia  del  Tribunal – artículo 212-3 del Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de 200-.   

Sin  embargo  de  la lectura del libelo se  dilucida   que  trata  de  motivarla  en  una  violación  indirecta  a  la  ley  sustancial,  pero  al  igual,  que  en la demanda del procesado ALEXANDER VALDEZ  RODRÍGUEZ,  ronda  respecto  de  varias  formas  de  error, cuando inicialmente  anuncia  un  falso  juicio  de identidad en la valoración de los testimonios de  Rafael  Muñoz  Pacheco,  Diana Fontalvo Martínez y Ángel González de Villar,  para  luego,  esbozar  que fueron quebrantados los postulados de la lógica y de  la  sana  crítica, como si fuera abordar un falso raciocinio, pero desviando su  discurso     a    la    inaplicación    del    artículo    232    (necesidad  de  la prueba) del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000).   

         De  modo  contradictorio,  entremezcla  formas de reproche, que son  susceptibles  de  plantear,  pero  por  vías  de  ataque  diferente y de manera  separada   y   subsidiaria,   omitiendo  la  lógica  que  gobierna  el  recurso  extraordinario de casación.   

El  demandante  plantea  dentro  del mismo  reproche  varias formas de censura y de esa manera contraviene los principios de  no  contradicción  y  autonomía de los cargos en casación, pues  hacerlo  así,  lo  lleva  a entremezclar al interior del mismo, dos formas diferentes de  violación,  susceptibles  de ser atacadas por vías disímiles y con resultados  diferentes,  que  hacen  la  demanda  ausente  de  claridad  con lo que se torna  confusa y así imposibilita a la Sala poder ingresar en su estudio.   

Este     postulado     -principio  de  autonomía-  consiste en  que  al  interior  de  un  mismo  cargo  no  se  pueden entremezclar ataques que  correspondan  a diferentes causales, al tener cada una características y reglas  técnicas   de  demostración  disímiles  que  producen  diversas  consecuencia  jurídicas,8   según   así  lo  dispone  el  artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  precepto  que, de manera clara y precisa, estatuye que la  decisión  que  adopte  la  Corte  en caso de prosperidad del reproche formulado  contra  la  sentencia,  debe  compaginar  con  la  causal  invocada  y  el error  aducido.   

Sobre   este   principio   ha  dicho  la  Sala:   

“Al respecto, es imprescindible que quien  acude  en  casación  a  controvertir  la  legalidad de una sentencia de segunda  instancia,  lo  haga  con fundamento preciso en una de las causales expresamente  establecidas  en  la  ley,  sin  que  sea  admisible, lanzar reparos que no sean  directa  e  inequívocamente  atinentes  al  contenido  y alcance de los motivos  establecidos.   

“No  es  por  tanto permitida la fusión  abigarrada  de  enfoques  propios  de  diversas  causales, en cuanto cada una de  ellas  no  sólo  obedece  en su postulación teórica a supuestos propios, sino  que  metodológica  y  jurídicamente  exigen desarrollo independiente. En otras  palabras,  frente al principio de autonomía de las causales resulta desacertado  establecer  mixturas  entre  diversos  factores,  al  atacar  a  través de este  mecanismo    extraordinario    una   sentencia”.9   

También se ha expresado que:  

“Por eso, del principio de autonomía se  desprende  la  necesidad  de  que  el  planteamiento  de las censuras respete la  naturaleza  propia  de  las causales, por cuanto cada una de ellas, en virtud de  la  incidencia  que en el sentido de la sentencia o en la estructura del proceso  su  presencia  puede  causar,  exige  unos  derroteros  demostrativos diversos y  coherentes  con  la  pretensión final, o bien de que se case el fallo demandado  para  que  la  Corte  adopte  el  sustitutivo,  o  ya  para  que  retrotraiga la  actuación   a   estadios  superados  si  tiene  bases  viciadas”.10   

Por  tanto,  el simple disentimiento en la  valoración  probatoria  no  constituye  yerro para impugnar en casación y esta  falta  de  claridad  en  la  demanda,  torna  confuso  su  estudio y conlleva la  consecuente inadmisión.   

8.  Las impropiedades advertidas comportan  la  inadmisión  de las demandas, aunado a que en la revisión del expediente no  se  observa  la  vulneración  de  alguna  garantía fundamental, que amerite el  ejercicio  de  las  facultades  oficiosas  de  la Sala de Casación Penal en los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000.   

De  esta manera, los libelos presentados  por  los  defensores  de  los  procesados  ALEXANDER VALDEZ RODRÍGUEZ y WILLIAM  ENRIQUE  SERNA FERNÁNDEZ, no cumplen los requisitos de una demanda de casación  por  vía  excepcional,  ni  la  fundamentación  independiente de un cargo, que  amerite la intervención de la Corte Suprema de Justicia.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.  INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas    por  los  abogados  de ALEXANDER  VALDEZ  RODRÍGUEZ y WILLIAM ENRIQUE SERNA FERNÁNDEZ, conforme a lo expuesto en  la parte considerativa de esta decisión.   

2.  Contra  la  presente providencia no procede recurso alguno.   

3.  Cópiese,  notifíquese,     cúmplase     y     devuélvase   al   Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ    LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                                  ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  Cuaderno original No. 1, folio 57.   

2  Cuaderno original No. 1, folios  63 y 69.   

3  Cuaderno original No. 1, folio 109.   

4  Cuaderno original No. 1, folio 253.   

5  Cuaderno original No. 1, folio 273.   

6  Cuaderno original No. 2, folio 371.   

7  Cuaderno original No. 2, folio 406.   

8  Sentencia   de   casación   de   22   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  11963.   

9  Sentencia   de   casación   de   29   de   agosto   de  2002,  radicación  No.  12025.   

10  Sentencia   de   casación   de   11   de   julio   de   2002,  radicación  No.  13988.     

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