26887(03-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26887  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta N° 078.  

Bogotá,  D.  C.,  abril tres (3) de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia de fondo, en sede de  casación,  sobre  la  eventual  violación  de  garantías fundamentales de los  procesados  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO,  EDWIN  ALEXANDER  BERNAL  CORTÉS  y  CARLOS  IVÁN RIVERA PAYA, en punto de la dosificación  punitiva  realizada  en  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el  Tribunal  Superior  de  Cali  el 6 de julio de 2006, confirmatoria de la dictada  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la misma ciudad el 17 de marzo del  mencionado   año,  por  cuyo  medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  agravado en la persona de Alexander Galindo Niño.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL    

Los  hechos  que  originaron  la  actuación  fueron  compendiados  por  la  Sala  en  el  auto  del  27  de marzo de la   anualidad  anterior,  a  través  del  cual  inadmitió  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  y  corrió traslado al Ministerio  Público, de la siguiente forma:   

“El  día  10  de  febrero  de 2005 en la  carrera  28  D  con calle 95 del Barrio Alfonso Bonilla Aragón del Municipio de  Cali,  fue  encontrado  el  cuerpo  de  quien  en  vida  respondía al nombre de  Alexander  Galindo  Niño, atado por su cuello y tronco con cables para energía  eléctrica  a  un  poste  de  alumbrado público, lo que le ocasionó su deceso,  según     lo     indicó     Medicina     Legal,     por    asfixia    o    por  estrangulamiento”.   

En  virtud  de  los  hechos  anteriores,  la  Fiscalía,   tras  disponer  la  apertura  de  indagación  preliminar,  inició  formalmente  instrucción  penal,  en cuyo marco vinculó, mediante indagatoria,  a  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO, EDWIN ALEXANDER  BERNAL   CORTÉS  y  CARLOS  IVÁN  RIVERA  PAYA, a quienes resolvió su situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio  de  excarcelación, como posibles coautores del concurso de delitos de homicidio  agravado  (numerales  4º y 7º del artículo 104 de la Ley 599 de 2000) y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Clausurado  el ciclo investigativo, mediante  decisión  del  31  de  mayo  de  2005,  se calificó el mérito del sumario con  resolución  de  acusación  en contra de los mencionados por los mismos delitos  que sustentaron la medida detentiva.   

          El  adelantamiento  del juicio correspondió al Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Cali,  el  cual, una vez surtió el trámite legal, profirió  sentencia  de  primera  instancia  por  cuyo  medio  condenó  a  los procesados  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO,  EDWIN  ALEXANDER  BERNAL   CORTÉS  y  CARLOS  IVÁN  RIVERA  PAYA a la pena principal de trescientos  (300)  meses  de  prisión,  a  las  accesorias  de  interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  veinte (20) años e inhabilitación para el ejercicio  de  la patria potestad, tutela y curaduría durante diez (10) años y al pago de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  agravado. En la misma oportunidad, los  absolvió  del  delito  de  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal y  les  negó  tanto la suspensión condicional de la ejecución de la pena como la  prisión domiciliaria sustitutiva de la prisión.   

La  anterior providencia fue confirmada el 6  de  julio de  2006 por el Tribunal Superior de Cali, la cual, a su vez, fue  impugnada    extraordinariamente    por    los   defensores   de   los   citados  procesados.   

La  Sala,  mediante  auto del 27 de marzo de  2007,  inadmitió  los libelos presentados con el objeto de sustentar el recurso  de  casación,  oportunidad  en  la  cual  también  dispuso  surtir traslado al  Ministerio  Público  a  fin de que se pronunciara sobre la posible vulneración  de  garantías  fundamentales de los procesados respecto de la imposición de la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de la patria potestad,  tutela y curaduría.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

A  juicio de la Procuradora Tercera Delegada  para  la  Casación Penal “la imposición de la pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de la patria potestad, sin la  debida   fundamentación   resulta   efectivamente  contraria  al  principio  de  legalidad  que  entraña  el  debido  proceso, ya que por expresa previsión del  artículo  52  del  Código  Penal se trata de una sanción discrecional, lo que  implicaba  por  una  parte la debida motivación del fallador, y por la otra, la  necesaria  relación y coherencia entre la conducta reprimida y la medida que se  impone”.   

Lo anterior, aduce, porque el sentenciador de  primer  grado  -sin  que  sobre  el particular el Tribunal haya hecho precisión  alguna-  se  limitó  a  exponer en la parte resolutiva de la providencia que es  inconcebible  que  quien  arremete  contra  la  vida de sus congéneres tenga la  suficiencia  moral  para  educar a sus hijos menores, con lo cual prácticamente  impuso  dicha  pena  accesoria  de  manera  mecánica,  no obstante “debe  corresponder a una debida fundamentación que involucre su  nexo  causal  con  el  delito por el cual se impone condena al sujeto, de manera  tal   que   se  demuestre  que  debido  a  la  conducta  realizada  aquel  queda  incapacitado  o inhabilitado para ejercer sus derechos como padre”.   

Por  lo  expuesto, encuentra que el juzgador  terminó  por         imponer esta sanción a  los    tres    procesados   “sin   fundamentación  alguna”,  pues  este  tipo  de  penas  no  se pueden  deducir  de  forma  automática,  como  ocurre  con  la  también  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, porque en  ésta,  a diferencia de aquélla, su aplicación es consecuencia necesaria de la  pena  de  prisión,  como  así  lo  dispone  el  artículo  52 de la Ley 599 de  2000.   

Sobre  esa  temática,  puntualiza,  ha sido  abundante  y  reiterada  la jurisprudencia de la Sala, particularmente en cuanto  sólo   es   procedente  esta  pena  “cuando  tenga  relación  directa  con la realización de la conducta punible, cuando el agente  ha  abusado  del  derecho  cuyo  disfrute  se  restringe, cuando su ejercicio ha  facilitado  la  comisión  del  ilícito o cuando su limitación contribuye a la  prevención de conductas similares”.   

Por  lo  expuesto, considera que el fallo se  debe  casar  parcialmente,  en  cuanto  se  deben  reestablecer  las  garantías  quebrantadas  a  los  procesados, resultando imperativo que se excluya del fallo  impugnado  la pena accesoria impuesta de inhabilitación para el ejercicio de la  patria potestad por el término establecido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  artículo  29  de  la  Carta  Política, en concordancia con los  artículos  6°  de  las  Leyes  599  y  600  de  2000,  consagra   el  denominado    principio    de    legalidad,   según   el   cual,   “Nadie   podrá   ser   juzgado   sino   conforme   a  las  leyes  preexistentes al acto que se le imputa”.   

Tradicionalmente  se ha considerado que este  principio  tiene una triple connotación, esto es, (i) principio de legalidad de  los   delitos,  en  cuanto  nadie  podrá  ser  juzgado  por  una  conducta  que  previamente  no  se haya establecido como delictiva por la ley (ii) principio de  legalidad  de  los  procedimientos  o  de  los  juicios,  referido  a  que  a la  persona   a  quien se imputa la comisión de un comportamiento delictivo se  la  debe  juzgar  conforme  a  los  ritos  preestablecidos  legalmente  y  (iii)  principio  de  legalidad  de  las  penas, orientado a que no se podrá imponer a  quienes   resulten  declarados  penalmente  responsables  por  tales  conductas,  sanciones    no    contempladas    por    el   legislador   previamente   a   su  comisión.   

En punto de la última arista, cabe advertir  que  no  sólo  involucra  a  las  penas  principales,  particularmente a las de  prisión  y a la pecuniaria de multa (art. 35 de la L. 599 de 2000),  sino,  de  la misma manera, a las ahora denominadas penas privativas de otros derechos,  bien  se  impongan  como  principales  o como accesorias, según lo establece el  artículo 52 del mismo estatuto.   

Pues  bien,  en  tratándose  de  las  penas  privativas  de  otros  derechos, las cuales aparecen taxativamente enumeradas en  el  artículo  43  ibídem,  encontrándose  entre  ellas  en el numeral 4°: “la  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   la   patria  potestad,  tutela  y  curaduría”,  se  dispone en el mencionado artículo  52  ejusdem  que se podrán  imponer  como  accesorias  “cuando tengan relación  directa  con  la  realización  de  la  conducta  punible,  por haber abusado de  ellos  o haber facilitado su  comisión  o  cuando  la restricción del derecho contribuya a la prevención de  conductas   similares   a   la   que   fue   objeto   de  condena”.     

De  lo  anterior  se  desprende  que  si  el  funcionario  judicial, so pretexto de aplicar una pena privativa de otro derecho  como  accesoria,  invoca  argumentos diferentes a los expresamente previstos por  el  legislador  en  el  multimencionado  artículo  52,  más  que  incurrir  en  vulneración  del principio de debida motivación de las providencias, realmente  contraría el de legalidad de la pena.   

En  efecto,  en  el  caso  de  la especie el  sentenciador  de  primera  instancia, cuando abordó las razones para justificar  la   imposición   de  dicha  pena,  específicamente  en  el  acápite  de  las  “penas           accesorias”,  contenido en  la      parte      considerativa      de      la      sentencia     –que no de la resolutiva como lo indica  erradamente la Procuradora Delegada- advirtió textualmente:   

“Sin   que   se  aprecie  necesaria  la  imposición  de  cualquier  otra  sanción  accesoria,  se  le  impondrá  a los  sentenciados,  la  inhabilitación para el ejercicio de los derechos y funciones  públicas,  por  un  tiempo de veinte (20) años, y la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  la patria potestad, por el término de  diez  (10)  años,  pues no se puede concebir, que quien arremete contra la vida  de  sus  congéneres,  puede  tener la suficiencia moral para educar a sus hijos  menores  de edad” (subrayas  fuera  de  texto).   No  sobra  agregar que el ad  quem     ninguna    modificación    realizó    al  respecto.   

Exponer   una   justificación   para   la  aplicación  de  la pena accesoria en los anteriores términos, se insiste, más  que  configurar un defecto de motivación, entraña una flagrante violación del  principio  de  legalidad,  en tanto ha sido el legislador quien previamente a la  comisión  de  la conducta por la cual se procede ha definido de manera estricta  las  causales  que  permiten  la  imposición  de  dichas penas con carácter de  accesorias.   

De  ese  modo,  en  el caso de la especie no  podría  colegirse  que  se  esté  ante  una falta absoluta de motivación, por  cuanto,  como  ya  se  indicó,  obra  una  justificación contenida en la parte  motiva para la imposición de la pena.   

Tampoco podría inferirse que la motivación  es  incompleta,  porque,  aunque  breve,  el funcionario expone los argumentos a  través  de  los  cuales considera que en este caso es viable aplicar la aludida  pena accesoria.   

En  el  mismo  orden  de  ideas, no se puede  hablar  de  una motivación dilógica, ambigua o contradictoria, en la medida en  que  aunque  escuetos los fundamentos expuestos son coherentes, sin que de ellos  surja contradicción de alguna índole.   

Y menos podría colegirse que la motivación  es  sofística,  porque  el problema no versa sobre la correspondencia entre los  elementos   probatorios  y  la  decisión  adoptada1,    sino   que   emana   del  desconocimiento  olímpico  de  unas  razones  puntualmente  establecidas por el  legislador, a cambio de un planteamiento extraño a su contenido.   

Con lo anteriormente expuesto no se pretende  afirmar  que  frente  a esta particular temática no puedan verificarse defectos  de  motivación, como cuando, por vía de ejemplo, ocurriría si el sentenciador  impone  la pena sin motivación alguna, sin argüir razonamiento que sustente su  decisión   (falta  absoluta  de  motivación),  o  cuando  acudiendo a los  motivos  legales para la imposición de la pena accesoria del referido artículo  52  la  argumentación no colma todos sus presupuestos (motivación incompleta),  o  cuando,  pretendiendo justificarla, incurre en contradicciones o anfibología  que  hacen imposible su determinación (motivación dilógica) o en los casos en  que,  con  el  mismo  propósito,  cae  en  desaciertos en la apreciación de la  pruebas  (motivación sofística), supuestos que, definitivamente no son los que  se reflejan en el asunto sometido a consideración.   

     

Clarificado lo anterior, deviene evidente que  el  sentenciador,  al  imponer a los procesados ISRAEL  ANTONIO   BERNAL   BEJARANO,   EDWIN   ALEXANDER   BERNAL  CORTÉS  y  CARLOS  IVÁN  RIVERA PAYA   como   pena   accesoria   a   la  principal  de  prisión  la  de  inhabilitación  para el ejercicio de la patria potestad, bajo la consideración  de  que  quien  atenta  contra  la  vida de sus congéneres no tiene suficiencia  moral  para  educar  a  sus  hijos  menores  de  edad,  vulnera  el principio de  legalidad  de  esta  pena,  porque  precisamente el artículo 52 prevé que este  tipo  de sanciones sólo resultan aplicables “cuando  tengan    relación    directa    con    la    realización   de   la   conducta  punible”.   

En  ese  orden de cosas, no se remite a duda  que  la  suspensión  de  esa  prerrogativa,  entendida por tal, según lo tiene  definido  de antaño la Sala de Casación Civil de esta Corte, como “la  facultad  que  tienen los padres para representar a su hijo de  familia,  tanto procesal, como extraprocesalmente, así como para administrar su  patrimonio  y gozar de los frutos que éste produce”2,  no  guarda  relación con la  comisión  de  la  conducta  de homicidio agravado en la persona de Alexander  Galindo  Niño  por la cual se  condenó  a  los  procesados  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO,  EDWIN ALEXANDER BERNAL CORTÉS y CARLOS IVÁN RIVERA PAYA.   

Además,   porque  si  se  acudiera  a  la  motivación   expuesta   por  el  ad-quem,  como  lo  tiene decantado la Sala, no sólo habría que imponerla  automáticamente  en  todos  los  casos  de  homicidio o ante cualquier atentado  contra   la  vida  e  integridad  personal  incluyendo  el  delito  de  lesiones  personales,  sino,  con  la  misma  lógica,  prácticamente  frente a todas las  conductas  punibles,  en  virtud  de  la  amplitud  y subjetividad que ofrece un  concepto  como  el  de “la insuficiencia moral para educar a los hijos menores  de edad” que pregona el juzgador.   

Conviene   igualmente   precisar   que  la  imposición  de  la pena en cuestión para el caso sub  examine  tampoco  encuentra  asidero  en los restantes  motivos  contenidos  en el artículo 52, esto es, en cuanto para la comisión de  la  conducta  delictiva  no  se  abusó  del ejercicio de la patria potestad por  parte  de  los  procesados  respecto  de  sus  hijos  menores  de  edad, ni ella  facilitó  su  comisión,  ni  porque  con  su  restricción  se  prevendrá  la  realización de conductas similares.   

En  consecuencia,  emerge  diáfano  que  la  imposición  en  este  caso de la referida pena accesoria representa afectación  del  principio  de  legalidad,  razón  por  la  cual,  como  bien lo depreca el  Ministerio  Público, imperativo se torna casar oficiosa y parcialmente el fallo  con  el  objeto  de  restaurar  el  derecho conculcado y marginar de la sanción  fijada   a   los  procesados  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO,  EDWIN ALEXANDER BERNAL CORTÉS y   CARLOS   IVÁN  RIVERA  PAYA  la  pena  accesoria  de  “inhabilitación para el ejercicio de  patria potestad, tutela y curaduría”.   

Resta  señalar que la determinación aquí  adoptada  no  afecta  lo resuelto por las instancias en relación con la condena  en  perjuicios, ni con respecto a lo decidido en punto  del  subrogado  penal  de  la  condena  de ejecución  condicional  y  que,  en lo  demás, el fallo se mantiene incólume.   

Por  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1. CASAR OFICIOSA y  parcialmente  el fallo de segundo grado en el sentido de marginar de la sanción  fijada   a   los  procesados  ISRAEL  ANTONIO  BERNAL  BEJARANO,  EDWIN ALEXANDER BERNAL CORTÉS y   CARLOS   IVÁN  RIVERA  PAYA  la  pena  accesoria  de  “inhabilitación para el ejercicio de  patria  potestad,  tutela  y  curaduría”,  por  las  razones      expuestas     en     la     parte     considerativa     de     esta  providencia.           

         

          2.        PRECISAR  que,  en  lo  demás,  el  fallo  impugnado se mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ                         ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS        AUGUSTO             J.            IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cfr.  Decisiones  del  7  de febrero de 2007, rad. 23331 y del 9 de noviembre de 2006,  rad. 23495.   

2  Sentencia de marzo 10 de 1987.     

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