26793(19-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26793  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  231  

Bogotá D.C., diecinueve (19) de agosto de dos  mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve  sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  argumentación de las demandas de casación interpuestas por  los  defensores  de  los  procesados  CATALINA BERNIER  MAYORGA  y JUAN CARLOS ROLÓN  NIÑO.   

H E C H O S  

Hacia las 8:30 a.m. del 31 de octubre de 2003,  el  señor  Henry  Aponte,  auxiliar  de  la  Unidad  de Control de Documentos y  Radicación  del  Lloyd´s  TSD  Bank,  recibió  vía fax una solicitud de giro  financiado  por  la  suma  de U.S. $770.442,54 proveniente del punto corporativo  del  banco  ubicado  en  Laboratorios  Merck,  la  cual  no pudo registrar en el  sistema  porque éste se encontraba dañado, y, por lo mismo, debió registrarla  manualmente.   La  orden de trabajo la entregó al analista de la Unidad de  Moneda   Extranjera   JUAN  CARLOS  ROLÓN,  quien,  contrariando  el manual de procedimientos y funciones del  banco  y  pese  a  que la orden no provenía de Help Desk Banca Corporativa como  habría  sido  el  conducto regular, omitió entregarla en la bandeja de entrada  de  dicha  Unidad  para  que  la jefe de la dependencia, María Helena Jiménez,  realizara  su  revisión  y  descargara  la  orden  en  el  sistema.     

Comoquiera que la carta de solicitud carecía  de  la  firma  autorizada  de  la  cuenta  de  Laboratorios  Merck, ROLÓN  NIÑO  la devolvió a Henry Aponte  asegurándole  que  Miguel Ángel García, el auxiliar del banco Lloyd´s TSD en  la  calle  72,  la regresaría nuevamente con la firma omitida, lo que en efecto  se  cumplió por parte de Roberto Plata, encargado por el banco, para esa fecha,  del manejo de la cuenta de Laboratorios Merck.   

Por  segunda  vez  Henry  Aponte  recibió la  solicitud  vía  fax  y la entregó una vez más a JUAN  CARLOS  ROLÓN NIÑO, quien la revisó y la devolvió a  Aponte  para  que  a  su  vez  la  entregara  al  abogado  Alejandro  Madero del  Departamento    Jurídico    de    banco.     Más    tarde,   ROLÓN  NIÑO  le comunicó a Henry Aponte  que  devolvería  la  solicitud  de giro al funcionario del banco, señor Miguel  Ángel  García,  por  falta de identificación de quienes la suscribían y para  efectos  de  verificar  la  capacidad  de  representación legal expedida por la  Cámara   de   Comercio,  según  lo  advirtió  el  abogado  Alejandro  Madero.   

La   documentación  fue  recibida  por  el  funcionario  del  banco,  Giovanni  Maltés,  a quien correspondía ingresar las  firmas   de   la   solicitud   de   giro   al  sistema  denominado  Cadsing,  pero al encontrar que las firmas  estaban  desactualizadas  -toda  vez  que correspondían a la primera cuenta que  tuvo  Laboratorios  Merck  en el Lloyd´s TSD Bank-, procedió a comunicarse con  RUTH     CATALINA    BERNIER    MAYORGA,  funcionaria  del  Banco  a cargo del punto corporativo ubicado en  Laboratorios   Merck,   quien  le  expresó  que  desconocía  por  completo  la  operación.   Maltés le indicó a BERNIER MAYORGA  que  existía  una  solicitud  de giro de Laboratorios  Merck  radicada  en  el banco, la cual contaba con sellos del cajero asignado al  punto  localizado  en  Merck  y  le  remitió  vía  fax  copia  de la carta del  cliente.       BERNIER     MAYORGA  se  limitó  a  confirmar  que  la  signatura del segundo firmante  correspondía a la de Gilberto Gutiérrez del punto de Merck.   

La solicitud así tramitada, una vez más fue  enviada  vía fax a Henry Aponte quien la trasladó al abogado Alejandro Madero;  éste  dio  su  visto bueno, la aprobó y la devolvió a la Unidad de Control de  Documentos  del  banco; de allí, Henry Aponte la entregó a la Unidad de Moneda  Extranjera,  para  la  liberación  de los fondos solicitados.   En la  Unidad  de  Moneda  Extranjera  la tramitó JUAN CARLOS  ROLÓN  NIÑO  quien,  a su vez, la remitió a su jefe  María Helena Jiménez, hacia las 4:30 p.m. del mismo día.   

El 4 de noviembre de 2003 se descubrió que la  operación  había  sido  fraudulenta toda vez que se había utilizado una orden  de  trabajo   anterior, la cual fue alterada en su fecha y valor, pues a la  cantidad  que  allí  figuraba (U.S. $70.442,54) se le antepuso un 7, razón por  la  cual  las firmas contenidas en la solicitud correspondían a las autorizadas  por Laboratorios Merck.   

En  el  curso  de  la  investigación interna  adelantada  por  el  Lloyd´s  TSD  Bank,  en particular por la información que  suministró   el   funcionario   Carlos   Alberto  Hilarión,  se  conoció  que  CÉSAR    AUGUSTO    MARTÍNEZ    PULIDO,  ex  empleado del Lloyd´s TSD, habría utilizado un procedimiento  similar  para  defraudar  al  banco  Sudameris, entidad bancaria a la que había  estado  vinculado  con  anterioridad, por suma cerca a los U.S. $600.000,oo y le  propuso  a  Carlos  Alberto  Hilarión  la  comisión  de  fraudes en la entidad  financiera   a   través   de   la   utilización  de  documentos  falsos.    

A N T E C E D E N T E S  

1.   Por los anteriores hechos, el 30 de  septiembre  de  2004,  fueron  acusados  RUTH CATALINA  BERNIER  MAYORGA, JUAN CARLOS  ROLÓN  NIÑO y CÉSAR AUGUSTO  MARTÍNEZ  PULIDO por la Fiscalía 38 Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Bogotá como coautores de los delitos de estafa agravada  en  grado  de  tentativa  en  concurso  heterogéneo  con  falsedad en documento  privado   (artículo   246,   267-1   y   289   del  Código  Penal)  1.    

2. La etapa del juicio la tramitó el Juzgado  4º  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  que,  el  16  de  junio de 2005, dictó  sentencia   de   primera   instancia   en   la   que   condenó  a  RUTH    CATALINA    BERNIER   MAYORGA   y  JUAN  CARLOS  ROLÓN  NIÑO a  las  penas  principales de 30 meses de prisión, multa equivalente a 30 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  funciones públicas por término igual al de la pena privativa de  la   libertad,  al  tiempo  que  absolvió   de   los   cargos  imputados  en  la  acusación  a  CÉSAR       AUGUSTO      MARTÍNEZ PULIDO.   

Apelado  el  fallo  por  los  defensores  de  RUTH CATALINA BERNIER MAYORGA  y  JUAN  CARLOS ROLÓN NIÑO,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  lo confirmó en sentencia del 3 de marzo de  20062.   

L  AS      D E M A N D A  S   D E   C A S A C I Ó N   

Los defensores de los procesados RUTH    CATALINA    BERNIER   MAYORGA   y  JUAN  CARLOS  ROLÓN  NIÑO  presentan   sendas   demandas  de  casación,  cuyos  argumentos  se  sintetizan  así:   

A.            DEMANDA  PRESENTADA  POR  EL DEFENSOR DE  RUTH CATALINA BERNIER MAYORGA   

Presenta tres cargos por infracción directa  a   la   ley  sustancial  y  uno  subsidiario  por  violación  indirecta.    

Primer  cargo  por violación directa de ley  sustancial   

Al  amparo de la causal primera de casación  descrita  en  el  cuerpo  primero  del  artículo  207 de la ley 600 de 2000, el  censor  reprocha  que  el  sentenciador  infringió  de  manera  directa  la ley  sustancial  por indebida aplicación de los artículos 289, 6, 7, 9, 10, 21 y 31  del   Código   Penal,   así   como   el   artículo  29  de  la  Constitución  Política.   Solicita  se  case la sentencia y en su lugar se absuelva a la  procesada  “con  el  lleno de la orden para cancelar  cualquier  anotación  que  en  su  contra  haya  surgido  por  cuenta  de  este  proceso”.   

En  desarrollo  del  cargo  sostiene  que el  sentenciador  erró  al  adecuar  la  conducta de la procesada al tipo penal del  artículo  289  del  Código  Penal, porque no existe prueba de que BERNIER   MAYORGA  hubiera  adulterado  la  orden  de  trabajo  de  marzo  de  2003 con que se pretendió inducir a error al  banco  denunciante,  toda  vez  que  no  hay una prueba grafológica que así lo  indique,  ni  se  acreditó que la falsedad hubiera provenido del computador que  ella  utilizaba,  como  tampoco  hay  prueba  de  que hubiera usado el documento  adulterado.      

La prueba demuestra que la documentación con  la  que  se  pretendió  realizar el fraude no provino del punto corporativo del  Lloyd´s  TSD  Bank  ubicado  en  Laboratorios  Merck,  y que otras 500 personas  –diferentes a BERNIER   MAYORGA-  tenían  acceso  a  la  misma.    Por   lo   tanto,  el  sentenciador  erró  al  afirmar  que  fue  precisamente  BERNIER MAYORGA  quien  incurrió  en  la  conducta de falsedad de que trata el artículo 289 del  Código  Penal,  como también al afirmar que dicha conducta había sido dolosa,  toda  vez que la procesada “reiteró no saber de qué  se  le  estaba  hablando”, afirmación que debe estar  amparada   por   los   principios  de  buena  fe  y  presunción  de  inocencia.   

Tampoco  se  acredita  el  otro elemento del  delito  de  falsedad cual es el uso doloso del documento falso, en la medida que  la  procesada  nunca  supo  de  qué  se  trataba  la  operación,  y limitó su  comportamiento  a  confirmar  la  identidad  de  una de las firmas contenidas en  él.    

Para demostrar que el documento falso no fue  usado  de  manera  dolosa  por  la  procesada,  el  censor afirma que el aludido  documento   “recibió  un  uso,     un  tráfico  muy  ajetreado  antes de que se enviara a BERNIER”;  de  manera  que  no  se pude  adecuar  la  conducta  de  la procesada al tipo penal del artículo 289 toda vez  que  aquella  no  tenía conocimiento de su condición de falso.  Agrega el  censor  que no es lógico que las personas que tramitaron el documento antes que  la  procesada  no  hubieran  sido  vinculadas  a esta actuación, y, así mismo,  añade  que viola el derecho de igualdad que otro de los procesados hubiera sido  absuelto    por    cuanto    no   se   demostró   su   participación   en   la  falsedad.   

El  casacionista  reitera  que  la prueba no  reporta  certeza  sobre  la  responsabilidad  de  la  procesada  por la conducta  punible  de  falsedad,  puesto que aquella no alteró el documento privado ni lo  usó      de     manera     dolosa.      A     lo     sumo     –dice-   la   prueba   demuestra   un  comportamiento  omisivo  o  negligente,  y  el  delito  de falsedad no admite la  modalidad  culposa.   Al  adecuar  la  conducta  al  aludido tipo penal, el  sentenciador  interpretó  la  norma  a  su  capricho, desconociendo la realidad  probatoria3.   

Segundo  cargo por violación directa de ley  sustancial   

Al  tenor de la causal primera de casación,  el  demandante  acusa que el fallador violó de manera directa la ley sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  31 del Código Penal.  Aduce en  sustento  del  cargo  que,  como  la  procesada  no  incurrió  en  la  conducta  constitutiva  de  falsedad,  según  los  razonamientos  ofrecidos  en  el cargo  anterior, el concurso con la estafa se desintegra.   

Por esto, solicita se case la sentencia y en  su  lugar se absuelva a la procesada “con el lleno de  la  orden  para  cancelar cualquier anotación que en su contra haya surgido por  cuenta  de  este proceso”4.   

Tercer  cargo  por  infracción  a  la  ley  sustancial   

Con apoyo en la causal primera de casación,  el  libelista  denuncia que el Tribunal no podía condenar a la procesada por el  delito  de  estafa  agravada  en  grado  de  tentativa,  pues  para  predicar su  responsabilidad  por  ese delito aquella debió necesariamente incurrir antes en  la  conducta  punible  de  falsedad, comoquiera que la defraudación patrimonial  planeada  contra  el  banco  no  podía  tener  lugar  sin la falsedad y uso del  documento privado.    

De     manera     que     BERNIER  MAYORGA no pudo cometer delito de  estafa  –ni  siquiera  en  grado  de  tentativa- toda vez que, como quedó demostrado con los razonamientos  ofrecidos   en   el   cargo   primero,   previamente   no   cometió  delito  de  falsedad5.   

Solicita  se case la sentencia y en su lugar  se  absuelva a la procesada “con el lleno de la orden  para  cancelar  cualquier anotación que en su contra haya surgido por cuenta de  este proceso”.   

Cargo subsidiario: violación indirecta de la  ley sustancial por vía del falso raciocinio.   

A  través de la causal primera de casación  de  que  trata  el  artículo  207-1  de   la ley 600 de 2000, el libelista  reprocha  que  el sentenciador violó de manera indirecta la ley sustancial, por  vía  de  la  aplicación  indebida y falta de aplicación, como consecuencia de  errores  en  la  apreciación  probatoria.   Aduce  el  demandante  que  el  “error   de   valoración   probatoria”  condujo  al  fallador  a  afirmar, de manera equivocada, que la  procesada  fue  autora  del  delito  de  falsedad y, en consecuencia, a predicar  –también   de   manera  errónea-  el  concurso  de  esa  conducta  con  el  delito  de estafa.  El  anterior  razonamiento llevó al juzgador a aplicar indebidamente los artículos  289, 246, 247 y 31 del Código Penal.   

En  sustento  del  cargo   afirma   que   no  existe  peritaje  grafológico   que  permita  atribuirle  la  falsedad  a  BERNIER    MAYORGA,   como   tampoco  existe   prueba   de  que  ella  hubiese   enviado   al   banco   el   documento falso  vía   fax   o   que   hubiera   incurrido   en  un   comportamiento  encaminado   a   engañar   al   banco   o    al    laboratorio   farmacéutico.   Sobre  dicho   aspecto    existe   un   peritaje   privado   que  no  se  adujo   legalmente   al   proceso   y   que,   de   todos   modos,   no   confirma   la   falsedad  en cabeza   de  la  procesada.   

Al  no  advertir  lo  anterior  –dice   el   demandante-  el  fallador  edificó  la condena “sobre imaginaciones”;   en   tal   sentido,   el   juzgador  no  podía  declarar  la  responsabilidad  penal  de  BERNIER MAYORGA  puesto  que,  según  lo  afirmó  ROLÓN  NIÑO,  500  personas más tenían acceso al documento  privado  que  fue  alterado y el sentenciador no tenía elementos de juicio para  atribuir   la   responsabilidad   por   la   adulteración   precisamente  a  la  procesada6.   

El censor transcribe literalmente los mismos  argumentos   esgrimidos   en   el   cargo   primero  de  la  demanda7,  y  es  así  como  insiste  en  que  no  hay  prueba  de  que  la procesada hubiera realizado  materialmente  la  alteración  del  documento  privado,  como tampoco de que lo  hubiera  usado  dolosamente  con  el  fin de defraudar al banco, toda vez que su  exculpación,  según la cual nada sabía del trámite irregular de la solicitud  de  giro,  está  amparada  por  los  principios  de  buena  fe y presunción de  inocencia.   

Reitera  que  la  prueba  no trae certeza de  responsabilidad  por  la  conducta  de falsedad y que a lo sumo demostraría una  omisión  culposa con la cual no es posible imputar dicho delito.  En otras  palabras,  el  fallador  calificó  como dolosa una conducta que en realidad era  culposa.   

Por  último,  señala que al descartarse el  delito  de  falsedad,  de  manera  simultánea  se desintegra el concurso con el  delito  de  estafa.   Por  no  advertirlo  así, el sentenciador violó los  artículos 31, 246 y 247 del Código Penal.   

Solicita se case la sentencia del Tribunal y  en  su lugar se absuelva a la procesada “con el lleno  de  la  orden  para  cancelar cualquier anotación que en su contra haya surgido  por cuenta de este proceso”.   

B.            DEMANDA  PRESENTADA  POR  EL DEFENSOR DE  JUAN CARLOS ROLÓN NIÑO   

Cargo único: violación indirecta de la ley  sustancial   

Al  amparo  del  cuerpo primero de la causal  primera  de  casación  de  que trata el artículo 207 de la ley 600 de 2000, el  libelista   acusa  que  el  sentenciador  violó  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida, como consecuencia de incurrir en errores  de   hecho   constitutivos   de   falso   juicio   de  existencia  “por  haberse  ignorado   y  desconocido  las  pruebas  recaudadas  en  el  proceso”8.    Concreta   su   reproche  afirmando  que:  “haber  ignorado la declaración de María Helena Jiménez y de Henry  Aponte  y  el  dictamen pericial (del Cuerpo de Investigaciones de la Fiscalía)  es     suficiente    para    demostrar    el    error    de    hecho”9.   

En  desarrollo  del  cargo,  asegura  que el  fundamento  probatorio  de  la  decisión  de  condena estuvo constituido por el  testimonio  de  María  Helena  Jiménez;  no  obstante,  el  fallador solamente  apreció  lo  vertido  en  la diligencia de descargos surtida por la funcionaria  del  banco  ante  su  empleador  y, al mismo tiempo, se  abstuvo  de apreciar aquello que expresó en diligencia  de declaración y en su ampliación ante la fiscalía.    

De  haber  apreciado  de  manera integral el  testimonio  de María Helena Jiménez, el fallador habría advertido que, en las  intervenciones  omitidas, la  declarante   expresó   que  ROLÓN  NIÑO  no se apersonó totalmente del trámite relativo a la solicitud de  giro,  sino  que dicha gestión estuvo a cargo de otros empleados y dependencias  del  banco.   Así mismo, habría advertido que, en las versiones omitidas,  la  declarante afirmó que el procesado, como funcionario de la Unidad de Moneda  Extranjera,  cumplió  a  cabalidad  con  sus  funciones, tal como usualmente lo  hacía  en  trámites similares que correspondían a esa dependencia10.   

De     otra     parte     –dice  el  libelista-  el  sentenciador  ignoró el dictamen de 20 de  noviembre  de  2003  y  su complemento del 24 del mismo mes y año, rendidos por  personal  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la Fiscalía.  De  haberlo  considerado  y  apreciado  al  lado  del  testimonio  de  María Helena  Jiménez  –agrega- habría  corroborado  el testimonio de ésta en cuanto que el trámite de la solicitud de  giro   estaba   a  cargo  de  otras  personas  y  dependencias  diferentes   JUAN  CARLOS  ROLÓN NIÑO11.   

Así  mismo,  el  libelista afirma que si el  fallador  no hubiese omitido la declaración de Henry Aponte no habría afirmado  que  ROLÓN  NIÑO pasó por  alto  las  falencias  en la documentación relativa a la solicitud de giro, como  tampoco  hubiese  expresado  que  el  mismo  procesado  fue  quien personalmente  realizó  “el patinaje” de  toda  la  operación  dentro  del  banco.   De haber considerado dicho  testimonio,  el  sentenciador habría inferido que JUAN  CARLOS  ROLÓN NIÑO no usó un documento privado falso  para  hacer  creer  a  sus compañeros de trabajo que la operación bancaria era  verdadera.   

El  juzgador  omitió además 21 testimonios  que  al  unísono  expresaron  que el trámite de la solicitud de giro del 31 de  octubre  de  2003  se cumplió normalmente, como normal fue también la gestión  de    ROLÓN    NIÑO12.   

El   yerro   acusado   fue   trascendente  porque  permite  ver  que el  sentenciador  invocó  de  manera  errática  el  testimonio  de  María  Helena  Jiménez  para  inferir de allí que JUAN CARLOS ROLÓN  NIÑO  es  responsable  en  la  medida  que  actuó en  contravía  del  manual de funciones.  Agrega que también fue trascendente  la  omisión  de  los  demás medios de convicción que obran válidamente en la  actuación  pues,  de  no  mediar  el  yerro  acusado, el procesado habría sido  absuelto13.   

Solicita  a  la  Sala  casar  la  sentencia  recurrida y, en consecuencia, dictar la absolutoria de reemplazo.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Ante  todo  es  imperioso recordar que la  casación  es  un  recurso  de naturaleza extraordinaria y rogada, motivo por el  cual  el legislador estatuyó las causales por las que resulta procedente atacar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad con que viene amparada la sentencia a  esta  sede. De igual modo, dada las citadas características de la impugnación,  también  la  legislación procesal contempla los mínimos presupuestos formales  que  debe  cumplir  el  libelo,  los cuales a la Corte no le está dado entrar a  complementar  o  suplantar  por razón del principio de  limitación.   

Como  lo  tiene dicho la Corte, la demanda de  casación  no  es  de  libre  formulación,  razón por la cual no es procedente  hacer  cualquier  clase  de  cuestionamiento  a  una  sentencia  que  por ser la  culminación  de  un  proceso  está  amparada,  como  se  indicó, por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  sino  que debe ser un escrito lógico y  sistemático  en el que sólo es permitido denunciar los errores cometidos en el  fallo,  al  tenor  de  los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley,  demostrarlos   dialécticamente  y  evidenciar  su  trascendencia  en  la  parte  dispositiva del mismo.   

Por  ello, el éxito de la censura no depende  de  lo  sugestivo del discurso plasmado en la demanda, sino de la argumentación  metodológica  que  conlleve,  de  manera  lógica,  precisa  y  coherente, a la  demostración  de que la sentencia es ilegal, por haber incurrido el juzgador en  vicios de juicio o de procedimiento, según el caso.   

De  entrada,  la Sala señala que inadmitirá  las  demandas  elevadas  por  los  defensores  de  los  procesados  RUTH    CATALINA    BERNIER   MAYORGA   y  JUAN      CARLOS      ROLÓN     NIÑO, toda vez que no  se  acogen  a   los  principios  que  orientan la impugnación en esta sede  extraordinaria.   

A.             DEMANDA  PRESENTADA  POR  EL DEFENSOR DE  RUTH CATALINA BERNIER MAYORGA   

La censura ofrece tres cargos por violación  directa  de  ley  sustancial y uno subsidiario por violación indirecta por vía  del  error  de hecho en la modalidad de falso raciocinio.  La Sala, como lo  expresó  en  precedencia,  inadmitirá  la  demanda  objeto  de  estudio por no  cumplir  los  requisitos de admisibilidad, toda vez que desconoce los principios  de claridad, precisión   

y suficiencia en la argumentación, así como  los   de   prioridad,   trascendencia,   autonomía   de   los   cargos   y   no  contradicción.   

A través del cargo  primero         el        demandante  asegura que no existe prueba de que  la  procesada  hubiera  realizado  la  falsedad  del documento privado ni que lo  hubiera  usado  dolosamente para defraudar al banco.  Añade que lo probado  corresponde  en  realidad  a un comportamiento culposo de la procesada, toda vez  que aquella incurrió en una omisión negligente.    

Vista la vía de ataque seleccionada, se hace  necesario  recordar que la violación directa de la ley sustancial tiene que ver  con  la   equivocación  en  que incurre el juzgador de manera inmediata al  realizar  el  juicio  de  derecho,  es  decir,  al  aplicar  la normatividad que  corresponde  a  los  hechos  materia  de  juzgamiento.  El yerro aludido se  manifiesta  a  través  de  tres variaciones: la primera, la denominada falta de  aplicación  o exclusión evidente, se presenta cuando no se aplica la norma que  corresponde  porque  el  juez  yerra  acerca  de  su  existencia; en la segunda,  denominada  aplicación indebida, el sentenciador efectúa una falsa adecuación  de  los  hechos probados a los supuestos que contempla la disposición, y, en la  última,  conocida  como  interpretación  errónea  de  la ley, los procesos de  selección   y   adecuación  al  caso  en  cuestión  son  correctos  pero,  al  interpretar  el  precepto,  el  juez  le  atribuye  un sentido que no tiene o le  asigna efectos distintos o contrarios a su contenido.   

Así mismo, ha señalado la jurisprudencia de  la  Corte  que  cuando  se  invoca  el  cuerpo  primero  de la causal primera de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el libelista no  puede  discutir  la  valoración  de  la prueba realizada por el sentenciador ni  cuestionar  la  declaración  de los hechos consignada en el fallo, pues toda su  actividad  debe  estar  dirigida  exclusivamente a demostrar la equivocación en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar o al inaplicar la normatividad al caso  concreto, así como el perjuicio irrogado por razón del yerro.   

Los   presupuestos de la vía de ataque  seleccionada  permiten  ver  que  el  primer cargo por  violación  directa de ley sustancial surge deficiente,  toda  vez  que el censor no atina a demostrar que los hechos que el sentenciador  declaró  como  probados  no  se  subsumen  en  el  tipo penal de la falsedad en  documento  privado.   El demandante pretende probar su aserto afirmando que  por  ninguna  parte  la  sentencia  dice  de  qué  manera  fue que la procesada  realizó   la   adulteración   del   documento  y,  cómo  lo  usó  de  manera  dolosa.   

Es  verdad  que  el  juzgado  no  afirma que  BERNIER   MAYORGA  hubiera  incurrido  en  la  alteración  material  del  documento privado, pero el censor  olvida   que  el  sentenciador  imputó a la procesada la coautoría de ese  delito   a   través   de   la  figura  de  la  coautoría  impropia14,  la  cual  admite,  como  lo  tiene dicho la Sala, que “cada uno  de  los  sujetos  intervinientes  en  el  hecho  punible  no ejecutan integral y  materialmente  la  conducta  definida  en  el  tipo, pero sí lo hacen prestando  colaboración  objetiva  a  la  consecución del resultado común en la que cada  cual  tiene  dominio  funcional  del  hecho con división de trabajo, cumpliendo  acuerdo  expreso  o  tácito, previo o concurrente a la comisión del hecho, sin  que  para  la  atribución  de  responsabilidad  resulte  indispensable que cada  interviniente  lleve  a  cabo  o  ejecute  la  totalidad  del  supuesto fáctico  contenido  en  el  tipo,  o  que  solo  debe responder por el aporte realizado y  desconectado    del   plan   común…”15.   

En  el  caso bajo estudio, la Sala encuentra  que  el  juez  a-quo declaró  que   BERNIER   MAYORGA  es  responsable  de  los  delitos de falsedad en documento privado y estafa en grado  de  tentativa  “comoquiera  que así la procesada no  hubiera   falsificado  los  documentos  para  lograr  el  fraude,  el  hecho  de  pertenecer  a  la  banda  delictiva  donde  hay  un reparto de funciones, existe  comunicabilidad  de circunstancias que la hacen responsable de todos los delitos  perpetrados    con    estos    hechos”16.   A  dicha  conclusión  llegó  tras  considerar  que,  dada  la  experiencia  de la  procesada,    la naturaleza del trámite y el rol que aquella cumplía  en  la  totalidad  de  la  gestión, resultaba imposible que la defraudación se  cometiera sin su colaboración voluntaria.   

Por lo tanto, ninguna relevancia tiene que el  sentenciador  no  hubiera  probado  que  la  procesada realizó materialmente la  conducta  constitutiva  de  falsedad en documento privado, toda vez que la misma  le fue imputada bajo la figura de la coautoría impropia.    

Al  decir  el  censor  que lo declarado como  probado  por  el  juzgador correspondía en realidad a un comportamiento culposo  por  parte  de  la  procesada,  y al insistir en que la prueba no arroja certeza  sobre  la  responsabilidad  de  aquella,  no  hace  más  que proponer su propia  apreciación  probatoria  de  los hechos, apartándose así de la vía de ataque  escogida  para  asomar  en  los  presupuestos  de la violación indirecta de ley  sustancial.  Con  ese  reproche,  el  demandante  desconoce  que el sentenciador  declaró  la  certeza sobre la materialidad del hecho y sobre la responsabilidad  de  la  procesada, como también que la conducta fue cometida a título de dolo,  pues  no  de  otra  manera  la  procesada  prestó  colaboración  para  que  la  defraudación tuviera lugar.   

Si lo que el demandante quería reprochar era  que  como  consecuencia  de una errónea apreciación probatoria el sentenciador  predicó  dolo  donde  en realidad había culpa, o que infirió certeza donde en  verdad  no  la  había,  debió  postular  el  cargo bajo los presupuestos de la  violación indirecta de ley sustancial.   

A     través     del     segundo  cargo, postulado en los términos  de  la  violación  directa  de  ley  sustancial,  el  libelista  pregona que el  sentenciador  debió  inaplicar  la figura del concurso de delitos (artículo 31  del  Código  Penal)  toda  vez  que, si la procesada no cometió falsedad, debe  entonces descartarse el concurso con la estafa.      

La postulación de la censura así formulada  y  desarrollada es ostensiblemente imprecisa toda vez que el demandante, si bien  atina  al  mencionar  que  escoge  la causal primera de casación por vía de la  violación  directa  de  ley  sustancial,  también lo es que no avanza hacia la  demostración    de    la   trascendencia  del  yerro,  toda  vez que nada dice del perjuicio que el juzgador  supuestamente   le   irrogó   a   la   procesada   por  razón  del  yerro  que  pregona.   

Además de lo anterior, el reproche incumple  con    el   principio   de   proposición   jurídica  completa,  en  la  medida  que  lo  que  en este cargo  pretende  demostrar, esto es, la desintegración del concurso, debió proponerlo  en  el  cargo  anterior,  toda vez que la pretendida desaparición del delito de  estafa  naturalmente  llevaría  a desbaratar el concurso, razón por la cual la  aplicación  indebida  del artículo 31 del Código Penal debió incluirse en el  cargo anterior.   

En  todo caso, si el éxito del segundo       cargo      –según  lo  postula  el  casacionista-  depende   necesariamente   de   la   prosperidad   del  primer  cargo,  entonces  naturalmente  el  mismo  razonamiento  ha  de  regir la admisibilidad de los dos  primeros  cargos;  significa  ello  que si el primer cargo habrá de inadmitirse  por  razón  de  su  insuficiente  y deficiente argumentación para demostrar el  yerro  que  acusa,  la misma suerte correrá el segundo  cargo,  en  la medida que su fundamento se apoya en el  mismo que se propuso en el cargo anterior.    

En el tercer cargo,  formulado  por vía de la violación directa de la ley  sustancial,  el  demandante apunta que si la estafa no podía tener lugar sin la  comisión  previa  del  delito  de  falsedad,  entonces el sentenciador erró al  deducir  la coautoría de la procesada respecto del delito contra el patrimonio,  toda  vez  que  si  -como  supuestamente  quedó demostrado en el cargo primero-  aquella  no  cometió  el  delito  contra  la  fe  pública  que  le  servía de  presupuesto  necesario,  entonces  tampoco  pudo  cometer  el  delito  contra el  patrimonio.    

El  cargo así formulado carece de la debida  fundamentación  toda  vez que si el vicio consistió en la indebida aplicación  del  artículo  246 del Código Penal, el censor no demuestra de qué manera los  hechos  que,  en  grado  de  tentativa,  declaró  probados  el  sentenciador no  correspondían   a   la   conducta  que  describe  el  aludido  artículo.    

El  libelista  pretende  demostrar  el vicio  acusado  a  través  de  dos  supuestos  equivocados que son ajenos al verdadero  fundamento del fallo:   

En  primer  lugar,  no  es  cierto  que  el  sentenciador  hubiera  predicado  la  coautoría  de  la  procesada respecto del  delito  de estafa nada más que por haber demostrado antes su responsabilidad en  el   delito   de  falsedad.   Con  semejante  razonamiento,  el  demandante  desconoce   que   el   juzgador   encontró   acreditados  los  presupuestos  de  materialidad  y  responsabilidad  de  cada  una  de  las conductas imputadas; de  ninguna  manera  –como lo  sugiere  el  casacionista-  el  sentenciador  expresó  que  para  demostrar  la  materialidad  y  responsabilidad por el delito del artículo 246 era necesario y  suficiente  demostrar  los  mismos presupuestos respectos del delito previsto en  el 289.     

En  segundo  lugar, el libelista parte de un  supuesto  jurídico  equivocado,  según  el  cual  siempre,  necesariamente, la  estafa   presupone   una   falsedad   documental,  es  decir,  que  la  conducta  constitutiva  de  delito  contra la fe pública está integrado al delito contra  el   patrimonio   como   si   fuera  un  ingrediente  más  de  su  descripción  típica.   Nada  argumenta  el  demandante  para  demostrar su cuestionable  tesis,  razón  por la cual tampoco su razonamiento es idóneo para demostrar un  yerro en el juicio jurídico del fallador.   

Visto  así  el razonamiento dirigido por el  casacionista  contra  la  sentencia impugnada, surge evidente que la crítica es  del  todo  inidónea  para demostrar la ilegalidad acusada toda vez que no ataca  el  fundamento  de  la  decisión.   El libelista plasma en su argumento de  impugnación  lo que él cree -de manera equivocada- es el fundamento del fallo,  de  manera  que  de  entrada  su  ataque resulta inútil para los efectos que se  propone,    pues    no    derriba    la    verdadera   fundamentación   de   la  decisión.   

Una  vez más, como la debida argumentación  del  tercer cargo depende del  correcto  desarrollo  de  los  dos  anteriores  -toda  vez que así lo postula y  razona   el   casacionista-   entonces   naturalmente  también  este  cargo  se  inadmitirá,   comoquiera   que   se   funda   en  un  razonamiento  indebido  e  insuficiente.   

Cargo subsidiario por violación indirecta de  ley sustancial   

Por medio del cargo  subsidiario  postulado  al  amparo  de  la  violación  indirecta   de  ley  sustancial  por  vía  del  falso  raciocinio,  el  demandante trae en esencia los mismos  argumentos  con  los  que  sustentó  el  primer  cargo,  para reprochar en esta  oportunidad  que el juzgador, como consecuencia de errores en la apreciación de  la   prueba,  se  equivocó  al  predicar  la  responsabilidad  de  RUTH   CATALINA  BERNIER  MAYORGA  por  el  delito  de falsedad.  En consecuencia -agrega- el concurso con el delito de  estafa queda desintegrado.   

Vista la vía de ataque seleccionada, la Corte  estima    necesario    recordar   que   en  tratándose  del  error  de  hecho por  falso  raciocinio,  la  jurisprudencia de la Corte, de  manera   reiterada,   ha   precisado   que  si  el  reproche  se  centra  en  el  desconocimiento  de  los  postulados de la sana crítica, el censor debe indicar  qué  dice de manera objetiva el medio de convicción, cuál fue la apreciación  que  sobre  él  edificó  el juzgador, qué mérito persuasivo le fue otorgado,  cuál  postulado  de  la  lógica, de la ciencia o máxima de la experiencia fue  desconocida  y,  de manera correlativa, cuál es el aporte científico correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada  y la máxima de la experiencia que debió  tomarse en consideración, según cada caso.   

Agotada  esa primera fase de la presentación  del  cargo,  es  deber  del  libelista  demostrar  la  trascendencia  del yerro,  indicando  cuál  debe ser la apreciación correcta de la prueba que cuestiona y  que,  de  no  haber  ocurrido  el  yerro, habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente  distinto  al  que  es  objeto  de  censura.  Para ello, el  demandante  debe  abordar  la  demostración  de  cómo habría de corregirse el  error   probatorio   que   acusa,   cómo  la  corrección  del  vicio  modifica  necesariamente  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.   Tal  ejercicio  argumentativo  comprende un nuevo análisis del acervo probatorio, en particular  una  nueva  apreciación de las pruebas respecto de las cuales se transgredieron  los  postulados  de  la  sana  crítica,  sin  dejar  pasar  por  alto que dicha  valoración  debe  realizarse  de  manera  conjunta y mancomunada con los demás  medios  probatorios  respecto  de  los  cuales no recae censura alguna y, por lo  mismo, se acepta su correcta apreciación.   

De   manera  complementaria,  la  Corte  ha  precisado   que  al  abordar  la  crítica  por  falso  raciocinio  no  se  permite cuestionar la apreciación  probatoria  del  sentenciador  oponiéndole la propia del recurrente, puesto que  así  no  se  demuestra nada distinto al desacuerdo con la apreciación judicial  pero      no      una     ostensible     ilegalidad     en     ella.     

De  acuerdo  con  el  derrotero anterior, se  aprecia  evidente  que el cargo subsidiario  por  violación  indirecta  de  ley  sustancial es ostensiblemente  deficiente  porque  viola  los  principios  de  prioridad,  de  autonomía  y no  contradicción.  Veamos por qué:   

No entiende la Sala por qué razón el censor  propuso  el  cargo  de  manera  subsidiaria  cuando,  en virtud del principio  de  prioridad, debió proponerlo  en  primer  lugar,  toda  vez  que lo lógico, al atacar la decisión judicial a  través  de  argumentos  de violación directa e indirecta de ley sustancial, es  reprochar  inicialmente  la  apreciación  de  los  hechos  y  luego,  de manera  separada  mas  no  subsidiaria,  la aplicación del derecho, en tanto lo segundo  está determinado por lo primero.   

De  otra  parte,  aunque  es  cierto  que el  demandante   atina  parcialmente  al  identificar  como  medios  de  convicción  afectados  por  el  vicio  acusado  la  versión  de  la procesada y un peritaje  privado,  ello  en  nada  contribuye a satisfacer los presupuestos de la vía de  ataque,  comoquiera  que  del  peritaje censura que no fue legalmente aducido al  proceso,  lo  que  dejar  ver  a las claras que se aleja de los presupuestos del  falso  raciocinio  para  incursionar  en  los del falso  juicio  de  legalidad,  modalidad del error de derecho  que  conduce  a la violación indirecta de la ley sustancial.  El argumento  así  ofrecido  desconoce el principio de autonomía de  los cargos.   

Una   vez   más  el  censor  desconoce   el  principio  aludido  cuando  critica  que  se  hubiera  deducido  la  responsabilidad  de la procesada por el  delito   de   falsedad   sin   que   obrara   en   la   actuación  un  peritaje  grafológico17;  tal  postura corresponde en realidad a un reproche por violación  al  principio  de investigación integral cuya vía de ataque en casación es la  causal  tercera,  postulada como nulidad por vía de la violación al derecho de  defensa,   y  que,  por  razón  del  principio  de  prioridad,  habría  debido  proponerse en primer lugar.   

   

Respecto  de la apreciación del dicho de la  procesada,  el  libelista  reprocha  que  el sentenciador no le hubiera otorgado  credibilidad,  pero  formulada  así  la  censura,  no  es  más que la personal  apreciación  del  demandante, opuesta a la del fallador, lo que no demuestra un  yerro   de   raciocinio  en  el  razonamiento  judicial  sino  una  apreciación  diferente.   

En lo demás, el casacionista insiste que no  hay  prueba  que  permita  deducir  la  materialidad  ni  la  responsabilidad de  BERNIER MAYORGA por el delito  de    falsedad,    que    ésta   se   fundó   “en  imaginaciones”,  pero  no  identifica  los medios de  convicción  en  que  recayó el yerro,comoquiera que se abstiene de identificar  las  pruebas  de las cuales se sirvió el fallador para llegar a una conclusión  opuesta,  como  también  omite  precisar cuál fue la regla de la sana crítica  utilizada  en  su  apreciación,  de qué manera el sentenciador hizo mal uso de  ella,  cuál  debía  ser  la  apreciación  correcta y cómo la corrección del  yerro   necesariamente   tiene   la   idoneidad   para   mutar  el  sentido  del  fallo.   

La  crítica  del demandante resulta además  intrascendente  porque no se  dirige  contra  el  razonamiento probatorio que determinó la responsabilidad de  la  procesada,  esto  es,  contra el análisis de los elementos de juicio que le  permitieron  deducir  la  existencia  de  la coautoría impropia.   De  esta  manera,  el decir el demandante que el fallador no probó cómo fue que la  procesada  alteró materialmente el documento privado, no hace sino confirmar la  apreciación judicial.    

El  censor  pretende debatir el razonamiento  probatorio  del  juzgador  -sin  acudir  al  método  lógico  que ya la Sala ha  decantado-  a través de una afirmación genérica, según la cual, la prueba no  trae  certeza  de  responsabilidad.   Una  vez  más, el demandante deja la  sustentación  del cargo a mitad de camino pues se limita a esgrimir su personal  apreciación  probatoria  para  oponerla  a  la del fallo, pero sin demostrar un  yerro evidente y trascendente en el razonamiento judicial.   

Por  último, el argumento que desarrolla el  cargo  es  ostensiblemente  contradictorio  puesto  que,  no  obstante  que  fue  enfocado  como  violación indirecta de ley la sustancial, termina por apartarse  de  sus presupuestos porque enseguida admite que acepta y respeta los hechos tal  y  como  fueron plasmados por el juzgador, y que “los  jueces     erraron    en    violación    directa    de    la    ley”18.   

En conclusión, la demanda presentada por el  defensor  de RUTH CATALINA BERNIER MAYORGA no cumple con los presupuestos de admisibilidad.    

B.            DEMANDA  PRESENTADA  POR  EL DEFENSOR DE  JUAN CARLOS ROLÓN NIÑO   

Cargó  único:  violación indirecta de ley  sustancial  como  consecuencia de error de hecho en la modalidad de falso juicio  de existencia.   

El  demandante  critica  que el sentenciador  declaró   la   responsabilidad   de   ROLÓN   NIÑO  como   consecuencia   de   incurrir  en  falso  juicio  de  existencia al omitir la  declaración  de  María  Helena  Jiménez,  el  testimonio de Henry Aponte y el  dictamen del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía.   

De  acuerdo  con la anterior postulación, la  Sala  recuerda  que  el  error  de  hecho  consiste en la incongruencia entre la  prueba  que  existe  y  no  existe  y  la  idea contraria del juzgador. En otros  términos,  en  la  génesis de dicho yerro existe un juicio equivocado frente a  lo   descriptivo  toda  vez  que  el  sentenciador  transgrede  la  información  suministrada por la prueba o finge la que ella pueda suministrar.   

Partiendo del anterior concepto, y teniendo en  cuenta  el  sentido  invocado  por  el  actor,  resulta conveniente recordar que  existe  falso  juicio  de  existencia  cuando   el  juzgador, al momento de  valorar  individual  y mancomunadamente las pruebas, supone la existencia de una  prueba  que  en  realidad  no  existe  en  el  proceso,  y  de allí lo que ella  demuestra, o ignora una que sí obra en la actuación.   

La  Corte  insiste  una  vez  más  en  que  “si  la  falencia  que se propone consiste en que el  sentenciador  deja  de  apreciar  una  prueba  con  capacidad  para modificar la  decisión  impugnada,  a  pesar de haber sido legalmente incorporada al proceso,  una  alegación  correcta  de  este tipo de error exige sujetar la censura a una  argumentación  lógica  y  consecuente  que  parta  de  la  demostración de la  omisión,  de modo que una vez acreditado tal aspecto se proceda al examen de la  nueva  situación  probatoria  que  se  generaría  al  considerar  el  medio de  convicción  que  obrando  en el proceso de modo legal se dejó de analizar para  así  demostrar  que  el  yerro  evidenciado  reviste  idoneidad suficiente para  modificar  le  sentido  o  el alcance de la sentencia, pues no de otra manera se  justificaría  el  proferimiento  del fallo de sustitución que por esta vía se  solicita”.   

Ahora  bien, en punto de la trascendencia del  yerro,  la  Corte tiene dicho que “la estructuración  de  la  censura  propuesta en punto de su trascendencia no se cumple con la sola  manifestación  que  al  respecto  haga  el  libelista  como  si  de su opinión  personal  se tratara… La demostración de la trascendencia del yerro atribuido  al  ad-quem  comporta  la obligación de enseñar a la Corte que si tal falencia  no  se  hubiese presentado, entonces el sentido del fallo sería distinto porque  diverso  era  en  consecuencia  el  supuesto  fáctico  que el acervo probatorio  demostraba     con     los     medios     dejados     de     valorar”19   

También la Sala ha precisado que no basta con  acreditar  que  el  sentenciador omitió un particular medio probatorio sino que  lo  relevante  es  la  omisión  de  aquello que la prueba demuestra; así lo ha  expresado:  “El  error  de hecho por falso juicio de  existencia  no  consiste  solamente  en una ausencia de invocación formal de la  prueba  que  se  alega  como  omitida  en  la  sentencia,  sino  en  el absoluto  desconocimiento  de  los  contenidos  probatorios  que  ellas  suministran… lo  determinante  en esta clase de error no es que se deje de mencionar nominalmente  la  prueba,  sino que el hecho que ella revela no se aprehendido en el ejercicio  valorativo del funcionario judicial”   

Así plasmados los presupuestos de la vía de  ataque  escogida,  la  Sala encuentra que el reproche formulado, aunque atina al  delimitar  las  pruebas sobre las que supuestamente recayó el yerro, no respeta  el  principio  de  autonomía  de  las  causales, parte de presupuestos falsos y  resulta intrascendente.  Veamos por qué:   

El  censor  transgredió  el  principio  de  autonomía  de las causales de casación porque enfoca el reproche como un falso  juicio  de  existencia pero lo desarrolla como uno de falso juicio de identidad,  al  afirmar  que  el fallador apreció una parte del testimonio de María Helena  Jiménez,  específicamente  aquella  porción  de  su  dicho  que  virtió  con  ocasión  de la investigación interna adelantada por el banco Lloyd´s TSD. Con  tal  censura,  el  impugnante  se aparta de los presupuestos del falso juicio de  existencia  para incursionar en los del falso juicio de  identidad,  porque  lo  que  así  pregona  es  que el  testimonio  de  la  declarante  fue  cercenado,  esto es, que el sentenciador se  percató  de  su  existencia, pero no lo plasmó en su integridad sino de manera  incompleta.       

No  obstante,  aún  cuando  la  crítica  se  hubiese  formulado  en  los  términos  del  falso juicio de existencia, resulta  evidente    que    la    sustentación   del   cargo   parte   de   presupuestos  falsos,  comoquiera  que  el  juzgador  -contrariamente  a  lo  que  pregona el libelista- advirtió de manera  completa  todo  lo  que expresó la declarante en la actuación, no solamente su  dicho  incriminatorio rendido ante sus superiores en la entidad financiera, sino  también  su  versión posterior rendida ante la fiscalía, en la cual trató de  exculpar al procesado.   

El juez a-quo advirtió el cambio de versión  y   lo  apreció  en  contra  del  incriminado  ROLÓN  NIÑO,   lo   que  significa  que  el  medio  de  convicción no fue ignorado sino  plasmado  en  su  integridad, pero apreciado de manera contraria a los intereses  de   la   defensa.    De   esta   manera,   el   cargo   pierde   todo   su  fundamento20.   

El  libelista  señala  que si el fallador no  hubiera  omitido  las  pruebas aludidas habría advertido que en el trámite del  cuantioso  giro  bancario  intervinieron  otras personas además de ROLÓN  NIÑO.  No obstante, de manera  contraria   a   lo   que   reprocha  el  censor,  el  fallo  sí  advirtió  esa  circunstancia21,   pero   la  misma  no  fue  obstáculo  para  hallar  probada  la  responsabilidad  del  procesado.   De manera que, una vez más, aquello que  el  demandante  estima omitido en el fallo en realidad no lo fue, sino que, a la  ahora  de  apreciarlo,  el  sentenciador  le  otorgó un mérito contrario a los  intereses  de  la  defensa.   Significa  lo  anterior  que  la  censura  no  demuestra los presupuestos de la vía de ataque escogida.    

Es cierto, como lo alega el impugnante, que el  fallo  no  recavó  en  la prueba pericial practicada el 20 y 24 de noviembre de  2003,  como  tampoco  hizo  énfasis  en el testimonio del funcionario del banco  Lloyd´s  TSD  Henry  Aponte.   No  obstante, el sentenciador sí advirtió  aquello  que  el demandante en esta sede pretende que se dé por probado con los  medios  de  convicción  supuestamente  omitidos:  que  en  el trámite del giro  bancario  participaron  otras personas además de ROLON  NIÑO.   Por  lo  tanto,  la omisión     acusada  carece            de            trascendencia  pues  el  hecho  que  otras  personas  y  dependencias  también  participaran  en  el  trámite bancario fue  reconocido   por   el   juzgador,   pero   ello   no  le  impidió  declarar  la  responsabilidad del procesado.   

Finalmente,  el  libelista  reprocha  que  el  fallador,  como  consecuencia  de  omitir  el testimonio de Henry Aponte y el de  otras  21  personas  indeterminadas,  no advirtió que aquél, y no ROLÓN    NIÑO,   fue   quien   realizó  “la   patinada”   del  trámite  bancario y que el procesado actuó con la diligencia usual.  Así  formulada  la  censura,  nada  demuestra  diferente  a  la personal apreciación  probatoria  del  casacionista que se muestra diferente a la del juzgador, lo que  no  satisface  los  presupuestos propios del falso juicio de existencia toda vez  que   no   avanza   en   la  trascendencia  del  yerro, esto es, en su idoneidad para demostrar que, corregido  el  vicio,  el  sentido  del  fallo  debe  ser  el  opuesto, para lo cual debió  correlacionar  los  demás  elementos  de  juicio,  que,  además, no reprochó.   

En  conclusión, la demanda presentada por el  defensor   de  JUAN  CARLOS  ROLÓN  NIÑO no cumple los requisitos de admisibilidad   

4.   Por  último,  se  advierte que del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o  garantías  de  los  sujetos  procesales que amerite el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole legal que al respecto le asiste a la Sala para asegurar su  protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas    por  los     defensores de  RUTH    CATALINA    BERNIER   MAYORGA   y  JUAN  CARLOS  ROLÓN  NIÑO,  por  lo  anotado en la motivación de  este    proveído.    En   consecuencia,    se   DECLARA   DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Folios  15-57, cuaderno original de la Fiscalía ante  el Tribunal; fl. 93-145, cuaderno original 5   

2  Fl. 8-23, cuaderno original 2ª instancia   

3  Pág. 5-10, demanda   

4  Pág. 10, demanda   

5 Pág.  10-11, demanda   

6 Pág.  11-13, demanda   

7 Pág.  12-17, demanda   

8  Pág. 12, demanda   

9  Pág. 27, demanda   

10  Pág. 12-20, demanda   

11  Pág. 22-27, demanda   

12  Pág. 27, demanda   

13  Pág. 28, demanda   

14  Fl. 253-256, c.o. 6   

15  Sentencia  de  casación  de  14  de  abril  de 2003,  radicación 17618   

16  Fl. 256, c.o. 6   

17  Pág. 13, demanda   

18  Pág. 13-14, demanda   

19  Sentencia  de  24  de  noviembre  de  2005, radicado:  23853   

20  Fl. 258-281, c.o. 6   

21  Fl. 259-260, c.o. 6     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *