26146(20-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26146  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta Número 33  

Bogotá, D.C., veinte (20) de febrero de dos  mil ocho (2008)   

D E C I S I Ó N  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada por el defensor de JORGE ELIECER  CELEMÍN  HIDALGO,  contra el fallo del 8 de marzo de  2006,  mediante  el  cual  el  Tribunal  Superior  de  Distrito    Judicial   de   Bogotá,   confirmó  la  sentencia  adoptada por el  Juzgado   51   Penal   del   Circuito  de  la  misma  ciudad, el 20 de enero de 2005.   

H E C H O S  

El  20  de  marzo  de  2002,  PURIFICACIÓN  NAVARRETE  CAMACHO, Fiscal  147  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito de Bogotá, LUIS  FERNANDO MOJICA MEJÍA, Escolta uno  (1)  del  C.  T.  I.,  ROBERTO RUEDA MOYA,  investigador  II y Jefe del Grupo de Patrimonio Económico de la  Fiscalía,  junto  con  los particulares JORGE ELIECER  CELEMÍN  HIDALGO  ex  funcionario  de  la Fiscalía,  CARMEN  PILAR  VARGAS  ALDANA, GERARDO ALFREDO OSPINA  ARAUJO  y  ENRIQUE CHÁVEZ PINZÓN; hicieron presencia  en  la  calle  22  B  No.  64-26,  apartamento  102, torre 2, con el pretexto de  realizar  una  diligencia  de  allanamiento  y  registro,  toda vez que, tenían  indicios  que  allí  se  guardaban  armas en la residencia de la señora MARTHA  LUCÍA ALZATE LÓPEZ, quien les permitió el ingreso.   

En un baúl hallaron varios millones de pesos  y  algunos  miles  de  dólares,  por  tal  situación,  la  Fiscal NAVARRETE  le comunicó a la propietaria  ALZATE LÓPEZ que la moneda  extranjera  era  falsa y que ese delito tenía pena de 15 años de prisión. Los  partícipes  del acto ilícito, antes de llevarse el aludido caudal, le hicieron  saber  a  los  moradores  del apartamento, que debían abstenerse de comunicar a  cualquier  autoridad  lo  sucedido  allí. No levantaron acta y, al abandonar el  lugar, procedieron a repartirse el botín.     

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

El  10  de  junio  de  2004, la Fiscalía  Primera  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito  de       Bogotá,       dictó      resolución  de  acusación contra   JORGE   ELIECER   CELEMÍN   HIDALGO,   CARMEN    PILAR    VARGAS   ALDANA   Y   GERARDO   ALFREDO   OSPINA  ARAUJO, como presuntamente coautores responsables del  delito   de   Concusión.  Proveído que cobró ejecutoria material, el 15 de julio de 2004.   

El  20  de  enero  de  2005, el Juzgado    51    Penal    del   Circuito   de   Bogotá,  condenó  a  JORGE  ELIECER  CELEMÍN  HIDALGO,   entre  otros,  a  la  pena  principal  de  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses  de  prisión, multa de 37,5 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio del derechos y  funciones   públicas   por  cuarenta  y  cinco  (45)  meses,  como  responsable  penalmente   del  punible  de  Concusión.   

El  8  de  marzo  de  2006,  el Tribunal  Superior de Bogotá, al desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la defensa técnica, confirmó  la  decisión adoptada por el  Juez   de   instancia   y   ordenó  la  libertad  provisional  del  sentenciado  CELEMÍN     HIDALGO.   

El 17 de Marzo de 2006, el defensor interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  contra  el  fallo último, motivo por el  cual, la Sala califica el presente libelo.   

R   E   S   U  M  E  N     D  E    L A   D E M A N D A   

Sin  determinar  alguna  causal,  la  actora  afirmó  que  atacaba  el  fallo  del  Tribunal  por  tres  cargos: 1)   violación de los artículos 29  y  228  de  la  Constitución  Política, por falta de aplicación, 2) aplicación indebida del artículo 404  del  Código  Penal  y 3) por  falta  de aplicación del precepto 232 del Código de Procedimiento Penal.    

Primer   cargo:  fundamentándolo  en  que  la sentencia recurrida violó las normas sustanciales  citadas,  “por  cuanto  confirmó una pena, sin que  hubiera  mediado  prueba suficiente, y además confirmó un delito que no podía  ser cometido por persona particular”.   

Así  mismo,  se vinculó a su prohijado con  unas  declaraciones  “sin  juramento,  ni  respaldo  fáctico”,  personas  que  se acogieron a sentencia  anticipada  por  haber sido “hallados culpables… y  con     quienes    CELEMÍN    HIDALGO    nunca    había    tenido    relación  alguna”.   

Afirma, a renglón seguido, que el fallo del  Tribunal  “refrenda  los  errores cometidos durante  todo  el  proceso  y  confirma  la  vinculación de CELEMÍN HIDALGO bajo graves  irregularidades”,  las  que  identifica  en  cinco  puntos:   

1) La injurada fue  rendida  “por  personas  de  poca credibilidad, que  tenía    fines    e    intereses   determinados”,  2)  no  se juramentó a los  testigos  que  acusaron  a  su  prohijado,  ni  sus versiones fueron respaldadas  “con   medios  idóneos  de  prueba”,  3)  las  pruebas   en   las   que  se  sustentó  el  Tribunal  contradicen  “de  manera  clara  el  proceso  penal  y  el debido proceso y el  derecho  de  defensa,  pues  permiten que tales declaraciones no sean neutrales,  sino  por  el  contrario resultan parcializadas y desequilibradas”,  4)  como  los  medios probatorios solicitados por su mandante no  fueron     practicados,     en     esas    condiciones,    se    “confirmó    una    pena    sin    pruebas    fácticas    que   la  fundamenten”    y   5)  al  responsabilizarlo por el delito de concusión, la  legislación  vigente  es  clara  en  decir  que  a un particular no se le puede  condenar  por esa conducta “en abierta violación al  derecho  del  debido proceso y del derecho de defensa por cuanto nunca se le dio  la  oportunidad  procesal para controvertir las pruebas allegadas al proceso que  lo inculpaban”.   

Segundo  cargo:  manifestó  que  la sentencia aplicó indebidamente el artículo 404, por cuanto  él   no   era   “servidor  publico”,  tal  y  como  lo  exige la norma aludida; además, su poderdante  “ignoraba  absolutamente la actuación criminal que  se  venía  desarrollando  por  parte  de  la  Fiscal  y  la  organización  que  funcionaba para hacer allanamientos”.   

Aseguró  que  jamás  se  probó  que  su  prohijado  “haya constreñido o inducido a alguien a  dar  o  prometer  dinero  o  cualquier otra utilidad indebidos o que él la haya  solicitado,   que   es   lo   que   exige   la   ley   para  que  el  delito  se  materialice”.   

Por   ello,  la  coautoría,  después  de  transcribir   a   un   doctrinante   español,   no  se  le  puede  “endilgar”  a  su  poderdante, en el  entendido  que  él,  no dominó el hecho, tampoco contribuyó a la realización  del  mismo,  “pues ignoraba absolutamente los planes  criminales  de  quienes  lo  utilizaron,  de  tal  manera  que  aun (sic) sin la  intervención de CELEMÍN HIDALGO lograron su cometido”.   

Tercer cargo: hubo  falta  de  aplicación  del  artículo  232  del Código de Procedimiento Penal,  vulnerándose   el   debido  proceso,  por  cuanto  la  citada  norma  dice  que  “toda  providencia  debe fundarse en pruebas legal,  regular  y oportunamente allegadas a la actuación”,  entonces,  no  podía  dictar  sentencia condenatoria porque las pruebas no eran  “idóneas”   al   no  acoplarse   a  “las  formalidades  exigidas  en  la  ley”.   

Termina   su   memorial   indicando   que  “para   prueba   de  lo  expuesto,  analícese  la  sentencia y todo el expediente”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA  SALA   

La censura presentada a favor de  JORGE  ELIECER  CELEMÍN  HIDALGO,  no  reúne   los   presupuestos   mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados  por  la  jurisprudencia  para  admitir  la demanda, pues si bien,  propone  como  punto de partida para lograr la infirmación del fallo de segundo  nivel,  aplicaciones  e inaplicaciones de la ley sustancial con fundamento en la  Ley  600  de 2000, en su desarrollo y demostración incurre en graves fallas que  atentan   contra   la   filosofía   que   inspira  el  recurso  extraordinario.   

No es un escrito de libre confección con el  que  se pretenda derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad que viene  atada  a  los  fallos,  tampoco  es  una  adición  de  ideas en busca de un fin  jurídico  subjetivo  o hipotético del censor para asegurar la demostración de  las nulidades propuestas.   

Como  metodología,  la  Sala  abordará la  calificación  de  la censura en bloque, determinando de manera puntual aquellas  falencias  de mayor impacto a fin de brindarle a la demandante claridad en torno  a los desatinos que presenta su escrito.   

El           primer  yerro  se  constató  al  haber  entremezclado  en  un  mismo  contexto  argumentativo,  todos  los  ataques  que  realizó  contra  el  fallo  del  Tribunal,  al referirse a la causal primera de  casación,  cuerpos  primero  y  segundo;  a  la  vez,  a  violaciones al debido  proceso,  al  derecho  de  defensa, al principio de investigación integral y al  contradictorio.   

De manera pacífica viene afirmando la Sala  que  los  ataques  deben respetar el principio de autonomía que rige el recurso  de  casación,  con  el  inmediato  objeto de entender que cada censura no puede  invadir  la motivación de otras causales, pues ello genera criterios ilógicos,  encontrados  y  por fuera de los lineamientos jurisprudenciales. Por ejemplo, si  se  combate  la legalidad de una prueba, como en el cargo tercero, en el sentido  que  ella  no  cumplió  los  requisitos  que demanda la ley y, sin embargo, los  juzgadores  la  valoraron,  no  puede  motivarse  con  una  violación al debido  proceso,  porque  se está en presencia de un error de derecho, por falso juicio  de  legalidad,  propio  de  la  causal  primera cuerpo segundo; toda vez que, la  acometida   es   estrictamente   dirigida  a  la  validez  de  la  prueba.    

El           segundo  error  fue  haber sustentado su  escrito  con  manifestaciones e hipótesis subjetivas como cuando afirmó que su  prohijado  no  tenía el dominio del hecho, no estaba actuando en coautoría, ni  en   circunstancias  de  comunicabilidad,  en  oposición  al  criterio  de  los  falladores,  sin  mediar  ninguna argumentación coherente para demostrarle a la  Sala las falencias contenidas en las decisiones atacadas.   

Con lo cual opuso su particular modo de ver  y   entender  el  proceso  sobre  el  criterio  valorativo  de  los  juzgadores;  indicándose  además,  que  se  confirmó  el fallo sin pruebas; lo cual es una  reflexión  válida  desde el extremo procesal donde se ubica la demandante pero  inaceptable   en   casación,  por  identificarse  con  un  memorial  propio  de  instancias,  sin  ningún  significado convincente que amerite su admisibilidad.   

El           tercer  dislate,  se  identifica  con la  omisión  de  haber  puntualizado  la trascendencia del ataque, en cada censura,  sin  que hubiese desarrollado tal postulado casacional, su desacuerdo se muestra  insustancial y efímero.    

El           cuarto  equívoco,  tiene que ver con la  coautoría  que  presentó como una nulidad al debido proceso, poniéndolo en la  superficie   jurídica   sin  ningún  trasfondo  lógico-argumentativo  y,  sin  percatarse,  que  un  ataque  de esa naturaleza debe ser propuesto por la causal  primera  de  casación  en  sus dos sentidos, ya sea porque el juicio en derecho  realizado  por  los  juzgadores  no  se  equipara con los hechos ilícitos   (vía  directa)  o porque las pruebas muestran otra realidad jurídica, distinta  a la declarada por los falladores (vía indirecta).   

El           quinto  desafuero  se  tradujo  en haber  insistido,  sin  la  adecuada  motivación,  que  su  prohijado  no era servidor  público  y,  no  obstante  ello,  se le condenó como tal. Con todo, no deja de  estar   el   ataque   persuadido   de   afirmaciones   genéricas   sin  ninguna  demostración;  por  tanto,  al no presentar un desarrollo apropiado e ignorando  los    avances    de   la   jurisprudencia   sobre   el   particular1,    su  confrontación a la legalidad del proceso resulta inane.   

Y,  sin  que  se  entienda  que  se  está  respondiendo  de  fondo el libelo, sino en virtud de la tarea pedagógica que la  Sala  viene  armonizando  con  sus  funciones, se debe puntualizar que cuando el  artículo  30  del  Código Penal disciplina lo relacionado con los “partícipes” en su inciso final, al  decir  que  el  “interviniente  que no teniendo las  calidades    especiales   exigidas   en   el   tipo   penal   concurra   en   su  realización”  -norma aplicada por los falladores-;  debe            entenderse           el           vocablo           “interviniente”,  como una aserción  restrictiva  del  concepto de coautor de aquellos injustos que no requieren para  su   realización   cualificaciones,   dado  que  tales  ilícitos  –contra  la  administración pública,  por  ejemplo-,  sólo  los puede consumar un servidor público; excepcionalmente  un  particular  puede  infringir esa normatividad, como autor, cuando ejecute la  conducta  como  suya,  sin  tener  las  calidades  exigidas en el tipo. Aquí el  legislador   quiso   conservar  la  unidad  de  imputación,  para  no  realizar  variaciones  innecesarias  de  la calificación jurídica y, se hace patente, el  sentido dado a los intervinientes.   

Entender de manera diversa dicha temática,  es  pretender  que  toda  persona  que  no  reúna la cualificación de servidor  público  y concurra su actuar con un delito de tal naturaleza, su conducta debe  quedar   impune,  lo  cual  verdaderamente  es  ilógico  y  vulnera  todos  los  postulados  en  los  que  se  inscribe  el  Estado  de  Derecho  al  fomentar la  irracionalidad jurídica, lo cual es inadmisible.     

Y  como  si  lo  anterior  fuera  poco,  no  precisó  en  qué  sentido  o cómo la Sala debía casar el fallo, es decir, lo  dejó sin ninguna pretensión.   

Se  verifica,  entonces,  que la demandante  presenta  una   alegación  producto  de su propia percepción del derecho,  los  hechos  y las pruebas contra lo afirmado por el Juez Colegiado, sin ninguna  prevalencia  en  la  temática jurídica requerida para sustentar el libelo, con  lo  cual  sus  pretensiones  se alejan de la filosofía que inspira el instituto  casacional.   

Los  defectos sustanciales enunciados atrás  no  le  dejan  otro  camino a la Sala que inadmitir la  demanda    de    casación,   presentada   a   favor  de   JORGE   ELIECER   CELEMÍN  HIDALGO,  de  conformidad con lo preceptuado en el artículo 213 de la Ley  600  de  2000; toda vez que, la censura no precisa de las mínimas y elementales  condiciones  de  coherencia,  claridad y precisión, indispensables en un debate  formulado contra las decisiones de instancia.   

Ahora  bien:  en  virtud  del  postulado  de  limitación,  la  Sala  no  puede  entrar  a  subsanar  los  yerros y de paso reconfeccionar la demanda; sin  olvidar  que, estudiado el proceso, no se percibe en su contexto, que se hubiese  violentado  alguna garantía fundamental que amerite el facultativo ejercicio de  la  oficiosidad, en virtud de los dispuesto en el artículo 216 de la misma obra  instrumental citada.   

Con   fundamento   en   lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema de  Justicia,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

Primero: INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  JORGE    ELIECER    CELEMÍN    HIDALGO.   

Segundo: Contra la  presente providencia no procede recurso alguno.   

         

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFEDO    GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

                    

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS  QUINTERO    MILANÉS                      

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

         

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

       Secretaria     

1  Corte   Suprema   de   Justicia,  radicados:  12.191  (25-04-02); 20.704 (8-07-03); 18.050 (11-02-04)     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *