25729(08-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25729  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                    Magistrado  Ponente:   

                                                                 DR. ALFREDO GOMEZ QUINTERO                                                  Aprobado  acta  N°  288   

Bogotá  D.  C., ocho (8) de octubre de dos  mil ocho (2008)   

VISTOS  

Decide la Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   ANGEL  CORREA BARRIOS contra la sentencia  del  20  de  febrero  de  2006,  por  medio  de  la cual el Tribunal Superior de  Barranquilla  confirmó  el  fallo  proferido el 18 de julio de 2005 por el Juez  Octavo  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, que lo condenó a las penas de  veintiséis  (26)  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos y funciones  públicas   y  privación  del  derecho a la tenencia de armas de fuego por  diez  (10) años, indemnización por perjuicios materiales y morales en cuantía  de  cien  (100)  salarios mínimos legales mensuales vigentes y además le negó  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la  sustitución  de  prisión  efectiva  por  prisión  domiciliaria,  por hallarlo  penalmente  responsable  de  los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  arma de fuego de defensa personal.   

         HECHOS   

El  18 de abril de 2003, en el barrio “La  Sierrita”  de  la  ciudad  de  Barranquilla,  ANGEL  CORREA  BARRIOS  le propinó un disparo en la frente a  Elvis  de  Jesús  Camargo Castro que le causó la muerte seis días después en  el Hospital Universitario de la ciudad.   

ANTECEDENTES  

La Fiscalía Cuarenta y Dos de la Unidad de  Vida  de  la  ciudad de Barranquilla profirió resolución de acusación por los  delitos  de  homicidio  agravado  por  el  estado de indefensión de la víctima  (artículo  104  – 7 de la  Ley  599  de  2000),  y  por  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o  municiones      (artículo     365     ib.)     (Folios     122     –      127      /     1).   

El  Juzgado  Octavo  Penal  del Circuito de  Barranquilla   profirió   sentencia   el   18   de  julio  de  2005            (fls. 247  –  265  /  1),  que  fue  confirmada  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de la misma ciudad el  20  de  febrero de 20006  (fls. 6 – 13 / 2).   

La  defensora  pública  interpuso     de     manera    oportuna    el    recurso    extraordinario    de  casación.   

LA    SENTENCIA  IMPUGNADA   

El       fallo       –indivisible-   se   fundamentó   en  credibilidad  total  a  la  versión  única  del testigo directo Moisés Carlos  Julio  Caro, quien presenció el hecho y declaró el 24 de abril de 2003 (Folios  18 y 19 / 1)   

         LA IMPUGNACION   

Cargo   único.    Falso  juicio  de  legalidad   (deber  de  juramentar  al  testigo),  selección  indebida  de  los  artículos  103, 104 – 2 y  365  del  C. P., y exclusión evidente del artículo 7 del C. de P.P. (la duda a  favor del procesado)   

Sostiene  el  libelista que la sentencia se  fundamentó  en  el  testimonio  de Moisés Carlos Julio Caro, testigo único de  cargos, quien no fue debidamente juramentado.   

De conformidad con los artículos 266 y 276  de  la  Ley  600  de  2000 (que rigió la investigación de principio a fin), el  juramento  tiene  formalidades precisas:  al momento de rendir la versión,  el   funcionario  debe  hacer  saber  al  compareciente  la  importancia  de  su  exposición  y  las  consecuencias  de faltar a la verdad, mediante la siguiente  fórmula  usual  en  nuestro medio “Jura Usted decir  sólo  la  verdad…”,  mientras que el interrogado  debe responder “Si juro”.   

Como  ello  no  se  cumplió  de  esa forma  –dice-,  la aducción de  la  prueba es ilegal, desconoció el debido proceso y por ende debe ser excluida  del  proceso  porque  es  nula  de pleno de derecho según lo estipula el inciso  final  del  artículo  29  de  la Constitución Política en concordancia con el  artículo  235  del  C. de P.P. (L. 600) que establece el rechazo de las pruebas  ilegales.   

Precisó además que la restante prueba que  aparece  en  el  expediente  no  señala  de  manera  concluyente a ANGEL  CORREA  BARRIOS como el autor del  homicidio  y  por  ello,  el  sentido de la casación implica la absolución del  procesado por aplicación de la duda razonable que lo favorece.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

Sostuvo  el señor Delegado que la fórmula  del   juramento   previo   a   algunas   diligencias   judiciales   –como   el  testimonio-  implica  una  compulsión,  un  recuerdo  sobre  el  compromiso de no faltar a la verdad, cuyo  rompimiento  implica  incurrir  en  la  conducta  delictiva  de falso testimonio  (Artículo 442 del C.P.).   

Sin  embargo,  el  Delegado precisó que el  deber  de decir la verdad “no es una solemnidad del  acto,   ni   tiene   la   estructura  de  una  fórmula  sacramental  rígida  y  estricta”,  porque  de  lo  contrario  surgirían  múltiples   inconvenientes   relacionados  con  las  creencias  particulares  y  posiciones  filosóficas  de  la  gente que darían lugar a situaciones como las  relacionadas con objeciones de conciencia.   

El  juramento  implica  una  amonestación  previa  para  hacer notar al testigo la importancia moral del acto y el deber de  decir  “la verdad de lo percibido”, en tanto que la omisión de determinadas  formalidades  no  trasciende  para  afirmar  la  ilegalidad  de  la  prueba y la  exclusión del medio de convicción.   

        LA CORTE CONSIDERA   

Es  competente la Corte Suprema de Justicia  para  resolver el recurso extraordinario de casación propuesto por el opugnador  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Barranquilla, de  conformidad con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

Cargo   único.   Falso  juicio  de  legalidad   (deber  de  juramentar  al  testigo),  selección  indebida  de  los  artículos  103, 104 – 2  y  365  del C. P., y exclusión evidente del artículo 7 del C. de P.P. (la duda  a favor del procesado)   

Dentro  del  principio  de limitación que  gobierna  el extraordinario recurso de casación, la Sala responderá la demanda  que  se  centra en la afirmación de que el fiscal del caso desconoció el deber  de  juramentar al testigo (prueba única de cargos), cuya versión determinó el  mérito de la condena.   

Al revisar el texto de la declaración del  24  de  abril  de  2003  (única  que  rindió en el proceso) se advierte que la  afirmación     de    la    demandante    no    es  cierta,  por cuanto el Fiscal Octavo de la Unidad de  Reacción     Inmediata     URI    –  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  Judicial  CTI  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  juramentó  de  manera adecuada al testigo  Moisés Carlos Julio Caro, de la siguiente manera:   

“…En  este  estado   de   la  diligencia  el  suscrito  funcionario  procede  a  ponerle  en  conocimiento  al  declarante  el contenido de los artículos 95 C.N., numeral 7,  los  artículos  266,  267,  268  y  269  del C. de P.P., en concordancia con el  artículo  442  del C.P. que tratan sobre el juramento y falso testimonio.   Acto  seguido se procede a hacerle saber al compareciente la importancia moral y  legal  del  acto  y  las  sanciones  penales establecidas para el que falte a la  verdad o la calle total o parcialmente”.   

Bastaría   ello   para   desestimar  la  demanda.   

No  obstante,  la  Sala  releva la certera  imputación que surge del testimonio debidamente juramentado:   

Moisés Carlos Julio contó que el viernes  santo  (18  de  abril  de  2003)  a  las  12:30 p.m., Elvis (la víctima) estaba  sentado  en  la  puerta de su casa tomándose una chicha y un pan, cuando en eso  apareció       ANGEL     CORREA  alias  “El  Pande”,  sacó  el  revólver  y  se lo puso por  detrás   sin   medir   palabras   y   cuando  trató  de  voltear,  fue  cuando  “le  mete el tiro; eso fue a la vista de todos los  muchachos  del barrio, sólo le hizo un tiro, eso fue a quemarropa, a traición,  eso fue todo lo que sucedió”.   

A  solicitud de la Fiscalía describió al  agresor  “…es  flaco, encorvado, modo de caminar  como      los      bandidos,     tiene     el     pelo     malo     –crespo-,  tez  tirando  a negro, es  alto,  tiene  como  170 cms. de estatura…”;   señaló     que     lo     conoce    perfectamente    porque    “…tengo  más de 30 años de conocerlo, y a su papá que se llama  PETRONIO1,  que es buena gente, ellos también viven en la sierrita, como a  cinco  cuadras  de  mi  casa, yo lo conozco hace rato, porque cuando yo me casé  iba  a  jugar  fútbol  a  la placita, cerca de su casa, en la sierrita, que hoy  día  es  el  comedor,  se  acabó  la  placita, o sea que el matador siempre ha  vivido  en  la  misma  casa,  en  aquella  época,  él era un niño…”.   

Finalmente,  el  funcionario cuestionó al  testigo  sobre  si  deseaba  decir  o hacer alguna aclaración a la diligencia y  respondió   “No  tengo  más  nada  que  agregar,  enmendar    ni    corregir    y    sí    me   afirmo   y   ratifico   en   esta  declaración”.     (Cfr.    Folios   18   y  19).   

En suma, la falta de razón de la libelista  es  palmaria,  pues  es  perceptible que el fiscal advirtió al testigo sobre el  compromiso  legal  de  no  faltar  a  la  verdad,  tal  como  lo  establecen los  artículos  266, 267, 268 y 269 del C. de P.P., so pena de incurrir en el delito  de  falso  testimonio  (Artículo  442 del C.P.);  desde tal perspectiva no  puede acceder la Sala a declarar ilegal la prueba.   

Tiene  razón  el Delegado cuando advierte  que   el   testimonio   no  implica  –por   sí-   una  fórmula  sacramental  solemne  y  rígida,  una  ritualidad   pura,  sino  un  acto  de  comunicación  en  virtud  del  cual  el  funcionario  advierte al testigo de la importancia moral y del deber de decir la  verdad  ante  la  Administración  de  Justicia,  sin  más  formalidades que la  trascendencia  misma  de la persuasión a un ciudadano sobre el compromiso mismo  que  impone el ordenamiento jurídico y que se deriva directamente del artículo  95      de      la      Constitución      Política,      como     responsabilidades de los con-nacionales:   

“El  cumplimiento  de la Constitución y las leyes;  obrar conforme al principio  de  solidaridad  social…;   propender  al  logro  y  mantenimiento  de la  paz;   colaborar  para  el  buen funcionamiento de la administración de la  justicia”, entre otras.   

Finalmente,  habrá  eventos  en  los  que  –ciertamente-   el  funcionario  omite  persuadir  al testigo sobre la importancia moral y jurídica  del   acto   de   testimoniar,   y  a  pesar  de  ello  la  prueba  debe   contemplarse,   sencillamente  porque  no  se  trata  de  defender  la ritualidad pura cuando es el mérito del  dicho  el  que cuenta.  En relación con ello, en pretérita oportunidad la  Sala sostuvo:   

“En relación  con  las  objeciones  sobre  la licitud de la prueba pese a que el instructor no  juramentó  a  la  víctima y no le advirtió sobre la aptitud moral y legal del  testimonio,  si  bien  la  Sala  constata la informalidad, también observa  que  la  prueba materialmente satisface su finalidad  porque   el   examen   interno   y   externo   del   relato  dan  cuenta  de  su  fidelidad; el estado de salud del deponente apremió  a  la  instructora a buscar lo esencial y renunciar a  los  aspectos  formales  de  la  diligencia,  sin  que  con ello se quebrantaran  garantías judiciales fundamentales.   

Sobre  esta  materia  son  relevantes  los  aportes   del   Ministerio   Público   en   el   sentido  de  que  tras  el  testimonio,  existe  una  presunción de buena fe que lo  ampara,  por  lo tanto la omisión del juramento no resta aptitud demostrativa a  la   prueba   ni   presume   mendacidad   o   ineptitud   moral   por  esa  sola  circunstancia”2.      (Destaca    la  Sala)   

El cargo no prospera.  

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

1.-          NO             CASAR   la   sentencia   del  20  de  febrero de 2006 proferida por el Tribunal Superior de  Barranquilla.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

  JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                               AUGUSTO   J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

     JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

   

JULIO     ENRIQUE     SOCHA  SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1Dato  que  corroboró  el  procesado en su indagatoria:  “Me llamo ANGEL  CORREA BARRIOS, no tengo apodos,  mis  padres  se  llaman  Manuel  Petronio Correa Mena (fallecido) y Rosa Barrios  (Fallecida),  indocumentado…  nacido  el 1 de noviembre de 1964 tengo 39 años  de  edad,  natural  de Barranquilla, residente en la calle 46 F 4 No. 39, barrio  La   Sierrita   de   esta   ciudad,   estado   civil   soltero…”     (fls.     78    – 80)   

2CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sentencia  del  12 de Septiembre de  2007, rad. núm. 23352     

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