25722(27-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25722  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 309   

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de octubre de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   de   casación,  interpuesto  contra  el  fallo  emitido     por     el    Tribunal    Superior    de  Medellín,  el  24 de enero de 2006, que confirmó1  la  sentencia   adoptada  por  el  Juzgado  11  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, el 6 de septiembre de  2005;  en  el  proceso  seguido contra NELSON DE JESÚS  ÁLVAREZ     POSADA,     quien    lo    condenó     a     la     pena  de  13  años de prisión, en calidad  de  autor material del punible  de homicidio simple.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  reseñados  por  las instancias de la  siguiente manera:   

“En horas de la noche del 11 de noviembre de  2000,  cuando  el  óbito le hacía visita a su novia en la residencia de ésta,  ubicada  en  la  calle  123B  N°  54-50  de  Medellín, hicieron presencia tres  sujetos,  dos de ellos con el rostro cubierto, el tercero de los cuales a la voz  de  ‘tenga  parcerito, le  descargó  un  arma de fuego a la víctima; gracias a que el homicida no cubría  su rostro, la novia del interfecto lo reconoció”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 23 de marzo de  2005,  la  Fiscalía  86  Delegada  ante  los Juzgados  Penales  del Circuito de Medellín, dictó resolución    de    acusación   contra  NELSON   DE   JESÚS   ÁLVAREZ   POSADA,    alias    “chatarra”,  como presunto autor material   del   delito   de  homicidio  agravado,  perpetrado   sobre   la   humanidad  de  EDISON    FERNANDO    HOYOS    MONSALVE.   

2. El 6 de septiembre  de   2005,   el  Juzgado  11  Penal  del  Circuito  de  Medellín,                 condenó        a       ÁLVAREZ      POSADA,     a   la   pena   de   trece   (13)  años  de  prisión  y,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones  públicas,  por un período igual, al hallarlo responsable penalmente del delito  de   homicidio  simple,  en  calidad de autor material.   

3. El 24 de enero de  2006,  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de  Medellín,  confirmó el fallo  recurrido  por  el  procurador  117  Judicial  Penal y, a su turno, modificó la  punibilidad  impuesta  por  el  Juez,  imponiéndole  al  procesado veinticinco   (25)   años   de  prisión;  “porque  en  realidad  la  agravante  del  homicidio  deducida  en  la  acusación  refulge  en  la  comisión misma del homicidio, lo  expuesto  es  suficiente  para  que  se mantenga la causal del artículo 7° del  artículo  104 del Código Penal”. Además, le impuso  como  pena  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones públicas, un  tiempo igual al de la pena principal.   

4. El 22 de marzo de  2006,    el    Tribunal   de   Medellín,  concedió  el  recurso  extraordinario al Procurador 117 Judicial  Penal      (único     impugnante)     quien  anexó  a  la actuación el correspondiente libelo dentro del  término  establecido  en  ley,  el cual fue admitido el 17 de julio de 2006 por  este  Despacho  y  recibido  por  parte  del Procurador Primero Delegado para la  Casación  Penal;  motivo  por  el  cual,  la  Sala  entra a decidir de fondo el  problema planteado en la misma.    

L  A    D   E   M   A  N  D  A    

Bajo  el  auspicio  de la Ley 600 de 2000, el  actor,   formuló  un  cargo  de  violación  de  la  Ley  sustancial  por  vía  directa,   por  aplicación indebida del artículo 52, inciso 3° de la Ley  599  de  2000  y  falta  de  aplicación del artículo 44 de la Ley 100 de 1980,  modificado por la Ley 365 de 1997.   

Afirmó que el Tribunal acogió sus argumentos  en  lo  que  tiene  que  ver  con la circunstancia de agravación prevista en el  artículo  104, numeral 7 (colocando a la víctima en situación de indefensión  o  inferioridad  o  aprovechándose de esa situación) del Código Penal, que le  fuera  atribuida  al  procesado en la resolución de acusación y la cual no fue  tenida  en cuenta ni cuantificada en el fallo de primer grado; siendo ello así,  la  nueva  redosificación  punitiva  la  fijó  en  25 años de prisión.    

Sin  embargo, respecto a la pena accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, el Juez  Colegiado  afirmó  que  era más favorable la actual legislación penal, con lo  que  “implícitamente está aprobando la posibilidad  de  aplicar  lo  normado  por  el derogado artículo 55 del Decreto (sic) 100 de  1980,  con  lo  cual está confundiendo dos aspectos completamente distintos, ya  que  una  cosa  es  la duración de la sanción accesoria y otra muy distinta su  cumplimiento”.   

Por    tanto,   considera:   (i)  que  las  penas  de  interdicción de  derechos  y  funciones  públicas,  la  suspensión  de  la patria potestad y la  prohibición   del  ejercicio de un arte, profesión u oficio, “se  aplicarán  de  hecho  mientras  dure la pena privativa de la  libertad”; (ii)  la  imposición  de  penas  o  medidas  de seguridad, “es   de   derecho”,  a  tono  con  la  Constitución    Política,    (iii)    el  Tribunal  no advirtió que la norma atacada no la podía aplicar  por  no  ser  favorable  al condenado; (iv)  el  cotejo  realizado  por  el  Juez  colegiado,  con el ánimo de  desentrañar  cuál  norma  de  consecuencias  punitivas le era más benigna, al  haber  seleccionado la contenida en el artículo 52 numeral 3° de la Ley 599 de  2000,  “por  su  palmar  contrariedad  con  la Norma  Superior,   es   susceptible   de  ser  inaplicada”;  (v) al emplear indebidamente  el  precepto atacado, “fijó su duración en la misma  proporción  de  la  pena  de  prisión  a  la  que condenó al señor Nelson de  Jesús…,  desbordando de esta manera el límite máximo de duración fijado en  el  artículo  3  de la Ley 365 de 1997 que subrogó el artículo 44 del Decreto  100  de  1980,  cuya  aplicación  ultra activa por razones de favorabilidad era  ineludible”;  citando  para  apoyar su tesis, varias  jurisprudencias sobre el particular.   

En  la trascendencia el libelista sostuvo que  la   errada  selección  normativa,  desvirtuó  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la sentencia impugnada, por ende, el artículo 55 de la Ley 100 de  1980    “era   susceptible   de   inaplicarse   por  inconstitucional”.   

En consecuencia, solicitó casar la sentencia  parcialmente,  a  fin  de  condenar  a ÁLVAREZ POSADA,  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  según  lo  establecido en el  artículo  3°  de  la  Ley  365 de 1997, “que era la  disposición    vigente   para   la   época   de   los   sucesos   materia   de  juzgamiento”.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

El Procurador Primero  Delegado  para la Casación Penal, después de realizar  un  resumen  de los hechos, de la actuación procesal y de la demanda, solicitó  casar parcialmente la sentencia recurrida.   

El    censor    expresó    –según  la  Delegada-  que el Tribunal  incurrió  en  error  al fijar el monto de la sanción accesoria, al no tener en  cuenta  lo  dispuesto  en  el artículo 3° de la Ley 365 de 1997, que modificó  “el  artículo  44  del  Decreto  (sic) 100 de 1980,  norma  vigente  para  el  momento de los hechos”, por  ende,  aplicó  indebidamente  el  artículo  52  de  la obra sustancial citada.   

Los  principios de debido proceso y legalidad  de  la  pena,  son  una garantía constitucional como límite al ius puniendi en  cabeza   del   Estado,   “por  cuanto  toda  persona  procesada  tiene  derecho  a que se le aplique la norma penal sustancial vigente  para  el  momento de los hechos, a no ser que exista una posterior que favorezca  sus derechos o intereses”.   

Después  de  atemperar  su  discurso  en  el  artículo  29  de  la  Constitución Política y en jurisprudencia de esta   Sala,  sobre  el  postulado  de  favorabilidad,  en  el  entendido  “que  no  existe  impedimento  para  acudir  a  la combinación de  preceptos  con  miras  a integrar la norma favorable, siempre que se mantenga la  autonomía  de  cada  instituto  o materia objeto de regulación”.   

En  el  proceso  en  estudio,  las instancias  prefirieron  aplicar por favorabilidad los artículos 103 y 104, 7 de la Ley 599  de  2000,  “no  obstante  se imponía integrar tales  disposiciones  con  las  del  antiguo ordenamiento, en lo concerniente a la pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas”;   no   podía,   por   tanto,   excederse   o  menguar2,  en  ningún  caso, los diez (10) años.   

Siendo  ello  así,  como le asiste razón al  procurador  judicial  demandante,  la  Delegada  solicitó casar parcialmente el  fallo  recurrido,  a fin de reducir a diez (10) años la pena accesoria impuesta  al procesado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA   

1. El problema jurídico planteado  por  el  libelista,  se  resume  en  la  aplicación  indebida del  artículo  52,  inciso  3°  de la Ley 599 de 2000, al desconocer los juzgadores  los  principios de legalidad, proporcionalidad, razonabilidad y el momento en el  que     sucedieron     los     hechos;     disposición     que     –en su sentir- no era la más favorable  para  regir el caso, al haberse desbordado el límite máximo de duración de la  pena   accesoria   de  “interdicción”  hoy  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas.  Los  falladores tenían la obligación de utilizar, en consecuencia,  el  artículo  44  de  la  Ley  100  de  1980,  modificado  por  la  Ley  365 de  1997.   

  2.  La  Sala,  a continuación, cotejará las dos disposiciones, a fin  de   constatar   cuál   es   la  norma  que  deberá  aplicarse  al  caso,  por  favorabilidad:   

2.1. Artículo 44 de  la  Ley  100  de  1980,  modificado  por la Ley 365-3° de 1997. “La  duración  máxima  de  la  pena es la siguiente: Prisión hasta  sesenta  (60)  años.  Arresto  hasta  ocho (8) años. Restricción domiciliaria  hasta  cinco  (5)  años.  Interdicción de derechos y  funciones    públicas   hasta   diez   (10)   años  (…)”.  (Subrayado fuera de texto).   

2.2.  Artículo 52,  inciso   3   de   la   Ley   599   de   2000.   Penas  accesorias:  “(…)   En  todo  caso,  la  pena  de  prisión  conllevará  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, por un tiempo igual al de la pena a que accede”.   

Debe existir una sincronía normativa entre el  vaivén  legislativo,  a  fin  de  desentrañar el significado y alcance de cada  precepto.  En  consecuencia,  la  Constitución  Política,  en  el  título II,  capitulo  1  (derechos  fundamentales),  disciplinó  la  garantía  judicial de  favorabilidad en el artículo  29,   inciso   3°,    bajo   la  estructura  del  debido  proceso,  cuando  puntualizó:   “(…)   en  materia  penal,  la  ley  permisiva  o  favorable, aun cuando sea posterior, se aplicará de preferencia a  la restrictiva o desfavorable”.   

Disposición   que   se  acopla3  con aquellos  Instrumentos   Internacionales,  como  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos,  suscrita  en  la  Conferencia  de  los  Estados  Americanos  de  San José de Costa Rica, el 22 de  noviembre  de  1969 y adoptada en Colombia mediante la Ley 16 de 1972, artículo  9.- Principio de Legalidad y  de  Retroactividad:  “Nadie  puede ser condenado por  acciones  u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según  el  derecho  aplicable.   Tampoco  se  puede imponer pena más grave que la  aplicable  en  el momento de la comisión del delito.  Si con posterioridad  a  la  comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve,  el delincuente se beneficiará de ello”.   

    

Coexisten,  para  ser  aplicados  al  caso en  estudio,   dos   mandatos   legislativos,   los   cuales  podrían  –en un momento dado- regir el asunto en  el  tiempo  y  espacio-, pero deberá observarse en esencia, aquellas garantías  constitucionales  fundamentales  en  cabeza  del  procesado, para refrendarle un  equilibrio  jurídico  justo en lo concerniente a su dignidad humana4   y   a  la  igualdad5  en  el  empleo  de  la ley penal, por ínfima o insignificante que  pueda parecer la situación jurídica en pugna.     

Viene  sosteniendo  la  Sala que “no  se remite a duda que la aplicación favorable de la ley penal  derogada  opera  sólo sí el delito se cometió bajo su vigencia, de manera que  ella,  en  caso  de  ser  más benigna, extiende sus efectos en el tiempo cuando  quiera  que  haya  sido  reemplazada  por  una de la cual se derive desventaja o  disfavor         para        el        reo”6.   

El  axioma  constitucional  vertido  en  el  artículo  29,  inciso  2°,  que  a  la  letra  expresa: “(…) nadie  podrá ser juzgado sino conforme a leyes preexistentes al acto  que  se  le  imputa,  ante el juez o tribunal competente y con observancia de la  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada juicio”,  concatenado  a  los axiomas de legalidad e irretroactividad de la Ley penal, son  expresiones   hermenéuticas   enfocadas,   sobre  la  base  de  las  garantías  fundamentales    de    los    inculpados,    en    donde    prima   –desde  todo punto de vista jurídico o  normativo-  el  principio  de favorabilidad,  en virtud del cual, es legítimo, evidente e indiscutible aplicar  en   forma   retroactiva  o  ultraactiva  una  ley cuando  ella   resulte   benigna   al   indiciado,   imputado,  procesado  o  condenado.   

El  espíritu de Ley, será indiscutiblemente  más  favorable,  cuando  se  mida  o  enfrente,  no solo las estructuras de los  diversos  injustos  típicos  en  sus  categorías  dogmáticas,  sino  también  –e  incluso,  de  manera  prioritaria,  como en el presente caso- por las consecuencias punitivas en punto  de        las        penas        principales7   (prisión   y   multa,)   y  accesorias8   (inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas, entre otras).   

Son  variadas las alternativas de aplicación  favorable  de  una  norma: (i)  la  disposición  jurídica  posterior   (nueva)  no  comprendió  el hecho  anterior,    (ii)  al  preverlo    como   tal,   disminuyó   sus   efectos   punitivos,   (iii)  o  suprimió  alguna  circunstancia  genérica  o  especifica  que agravaba el injusto, (iv)  por  disminución  o  reducción  de la sanción (pena  principal)    establecida   en   idénticos   tipos   penales   y   (vi)  al  haberse  modificado,  como en el  presente caso, la pena accesoria.   

Sin  que  requiera una mayor reflexión, debe  aplicársele  al  condenado ÁLVAREZ POSADA,  la  disposición  consagrada en la Ley 100 de 1980, artículo 44,  modificado  por  la  Ley  365  de  1997; por ser más benigna (favorabilidad por  ultractividad), tal y como lo  formuló  el  demandante  en  casación  y lo avaló la Delegada, atendiendo las  pautas  presentadas  por  la  Sala en párrafos precedentes; pues el juzgador al  adecuar  la  congruencia  jurídica entre imputación y fallo último -por haber  sido  cuestionada  por el Procurador de la causa- readecuó la pena principal de  13  a  25  años,  habida  cuenta  que  el  a-quo  ignoró  estimar la causal de  agravación  prevista  en   numeral  7° del artículo 104 de la Ley 599 de  2000;  pero  al referirse a la pena accesoria, la hizo extensiva al tope máximo  de  la  sanción  que impuso, con tal proceder, violó el principio de legalidad  de la misma.      

Se  dispondrá,  al  prosperar  el recurso de  casación,  que  NELSON  DE  JESÚS  ÁLVAREZ  POSADA,  quien    fue    condenado    por   el   Tribunal  de  Medellín, el 24 de enero de  2006,  por el punible de homicidio agravado,  a  la pena principal de veinticinco (25)  años  de  prisión; que no tendrá como  sanción  accesoria  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas,  el  mismo  tope  que  la pena principal, sino el legal de diez (10) años.    

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Casar  parcialmente  el  fallo  recurrido  de fecha 24 de enero de 2006, en consecuencia,  le  impone  al  sentenciado  NELSON DE JESÚS ÁLVAREZ  POSADA,  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos y  funciones  públicas,  por  diez (10) años;    teniendo    en    cuenta    lo    argumentado    en    páginas  precedentes.   

Segundo:  En  todo  lo  demás  la sentencia impugnada permanece  incólume.   

Tercero:  Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Excusa justificada  

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                                             Permiso   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 En la  misma        decisión,        el       Juez       Colegiado,       reformó  la  pena  principal de 13 a 25  años   de   prisión,  anunciando  que  “en  igual  proporción  regirá  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación de derechos y  funciones públicas”.   

2 Corte  Suprema  de  Justicia,  radicado  15.063  del  31 de marzo de 2003: “si  la  pena  principal  supera  los diez años, por mandato del  artículo   44   precitado,   la   interdicción  será  de  10  años,  límite  máximo”.   

3  En  concordancia  con  la  Ley  599  de 2000, (Código Penal), artículo 2° (normas  rectoras  de  la  ley penal colombiana). Principio de integración: “Las   normas   y   postulados  que  sobre  derechos  humanos  se  encuentren  consignados  en  la  Constitución  Política,  en  los  tratados  y  convenios  internacionales  ratificados  por  Colombia, harán parte integral de  este código”.   

4  Artículo  1,  Ley  599  de  2000: “El derecho penal  tendrá como fundamento el respeto a la dignidad humana”.   

5  Artículo 13 Constitucional y 7° del Código Penal actual.   

6 Corte  Suprema de Justicia: radicado 23.790 del 7-09-2006.   

7  Artículo    35    del    Código   Penal.   Penas   Principales:   “son  penas  principales la privativa de la libertad de prisión,  la  pecuniaria  de  multa y las demás privativas de otros derechos que como tal  se consagren en la parte especial”.   

8  Artículos 51, 52 y 53 de la Ley 599 de 2000.     

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