25561(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25561   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.119  

Bogotá D.C., quince (15) de mayo de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado WALTER ORTIZ MUÑOZ, contra  el  fallo de segundo grado de 26 de octubre de 2005 mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Medellín  confirmó el proferido por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Bello-Antioquia por cuyo medio lo condenó, conjuntamente con LUIS  HERNÁN   ÁLVAREZ   ARIAS,   como  coautores  del  delito  de  fraude  procesal  —a este último también lo  fue  en  calidad  de  autor  del   ilícito de falso testimonio—.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  18  de  julio  de  1995  a través de un  contrato,  WALTER ORTIZ MUÑOZ se comprometió a vender a HERNÁN ÁLVAREZ ARIAS  el   inmueble   ubicado   en   la   calle  41  No.  58-40  de  la  urbanización  “Los    Búcaros”  de  Bello-Antioquia  por  el  valor  de  $8.000.000,oo,  pactando  como  día  para  la entrega del bien y del  dinero el 18 de agosto siguiente.   

Para  el  negocio  anterior MARLENY ARROYAVE  GÓMEZ,  quien  había constituido sociedad marital de hecho con ÁLVAREZ ARIAS,  aportó  $4.200.000,oo  suma  que  había  recibido  por  herencia de su difunto  padre.   

Terminada la anterior relación marital el 15  de  abril  de 2000 y luego de que MARLENY ARROYAVE GÓMEZ contrajera nupcias con  otra  persona,  ÁLVAREZ  ARIAS simuló un contrato de comodato del inmueble con  el  anterior  propietario WALTER ORTIZ y éste adelantó ante el Juzgado Segundo  Civil  Municipal  de  Bello  el proceso civil de restitución bien, despacho que  efectivamente ordenó tal diligencia el 18 de noviembre de 2002.   

Con base en la denuncia formulada por MARLENY  ARROYAVE  GÓMEZ la Fiscalía General de la Nación abrió formal investigación  penal  en  contra  de WALTER ORTIZ MUÑOZ y LUIS HERNÁN ÁLVAREZ ARIAS. Una vez  los  vinculó  mediante  indagatoria,  a través de proveído de 14 de agosto de  2003  les  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  sustituida  por detención domiciliaria, como presuntos  responsables     del     delito     de     fraude     procesal,     —al  último  también lo afectó por el  ilícito    de    falso    testimonio—,  decisión  que  confirmó el 15 de septiembre siguiente la Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia.   

Una  vez  se  reconoció  a MARLENY ARROYAVE  GÓMEZ  como  parte  civil  representada por su apoderado, se clausuró el ciclo  instructivo  y el mérito probatorio del sumario se calificó el 22 de diciembre  de  2003  con  resolución  de  acusación  en  contra de los procesados por los  mismos  ilícitos  que  motivaron  la  medida  cautelar  de  carácter personal,  determinación  que  adquirió firmeza el 5 de enero de 2004 al no ser objeto de  impugnación.   

La etapa procesal del juicio la adelantó el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Bello-Antioquia, despacho que luego de  llevar  a  cabo  la  respectiva  audiencia  pública,  mediante  fallo  de  3 de  noviembre  de  2004  condenó  a  los  enjuiciados  por  los  delitos y grado de  participación  objeto  de acusación. A WALTER ORTIZ MUÑOZ le impuso las penas  principales  de  cuarenta  y  ocho  (48) meses de prisión y multa de doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales y a LUIS HERNÁN ÁLVAREZ ARIAS le  fijó  cincuenta  y  cuatro  (54)  meses  de prisión y la misma pena pecuniaria  anterior.  A  ambos  les  fijó la sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual término de la pena  privativa de la libertad.   

Contra  la anterior determinación tanto los  defensores  de  los procesados como el apoderado de la parte civil interpusieron  recurso  de  apelación y el Tribunal Superior de Medellín mediante fallo de 26  de  octubre de 2005 la confirmó en su integridad, al tiempo que la adicionó al  ordenar  a  WALTER  ORTIZ  la  entrega del inmueble en favor de MARLENY ARROYAVE  ARIAS.   

Contra   la   anterior  determinación  el  apoderado  de  WALTER ORTIZ MUÑOZ interpuso recurso extraordinario de casación  con   la   respectiva   demanda   de   cuya   admisibilidad   se   pronuncia  la  Corte.   

LA DEMANDA  

El defensor formula tres cargos al amparo de  la causal primera de casación.   

Primer cargo  

Postula la violación directa de la ley ante  la  infracción  del artículo 1611 del Código Civil por atribuirle el Tribunal  a  la promesa de compraventa unos efectos que van más allá de los establecidos  legalmente  cuando  consideró  que con ella se cedía la posesión y el dominio  del bien inmueble.   

Aduce  que  también  el  juzgador  derivó  consecuencias  negociables  de  un  pretendido  acuerdo  verbal  en  el  cual su  defendido  no  participó,  al  tiempo  al  considerar  el  contrato de comodato  como   sustento  del  fraude procesal no tuvo en cuenta que dicho convenio,  además  de  que  puede  surgir  del  acuerdo  de  voluntades,  puede  darse por  ministerio  de la ley como sucedió en este caso al haberse resuelto el contrato  de  promesa  por  cuanto  el  bien  no podía quedar en el limbo jurídico en lo  referente a su tenencia, posesión y dominio.   

Segundo Cargo  

Indica  que  el  Tribunal  arribó  a  una  equivocada  sentencia condenatoria al admitir la acreditación de la muerte y la  adjudicación  en  sucesión  de un bien a través de prueba testimonial, cuando  tales circunstancias han de ser probadas solemnemente.   

Tercer cargo  

Afirma  que  el  fallador  desconoció  las  sentencias  proferidas  por  la justicia civil, como la emitida en el proceso de  restitución  del  bien  inmueble,  una  acción de tutela y la de disolución y  liquidación  de  la  sociedad patrimonial entre compañeros permanentes dictada  por  la  Sala de Familia del Tribunal Superior de Medellín, otorgándole así a  la  denunciante  unos derechos que en realidad no tenía y de los cuales surgió  el calificado judicialmente como fraude procesal.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar el  fallo impugnado para en su lugar absolver a su defendido.   

ALEGATO     DE  OPOSICIÓN   

El representante de la parte civil se opone a  la  pretensión  del  censor  y solicita que la demanda no sea admitida toda vez  que  considera que el casacionista no hace una manifestación clara ni coherente  de  los cargos, ni se ajusta a los requerimientos legales y que tan sólo anhela  adelantar una tercera instancia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Teniendo  en cuenta lo previsto en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600 de 2000, el recurso extraordinario de  casación  es  viable  contra las sentencias proferidas en segunda instancia por  los  tribunales  superiores de distrito judicial y por el Tribunal Penal Militar  cuando  se  proceda  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  no es  emitido  por  los   citados  tribunales  o  el delito por el que se procede  tiene  pena  privativa  de  la  libertad  inferior  a dicho quantum punitivo, el  inciso  3º  del  artículo  205  del ordenamiento adjetivo penal faculta a esta  Sala  para  admitir discrecionalmente las demandas de casación que se ajusten a  los  requisitos  legales  cuando lo considere necesario para el desarrollo de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

Lo  anterior  es  dable  siempre y cuando el  impugnante  precise  la  razón por la cual es imprescindible el pronunciamiento  de   la   Corte,   sea  que  se  requiera  su  criterio  de  autoridad  para  la  actualización  o  unificación  de  la jurisprudencia, así como también, debe  indicar  el  por  qué  la  decisión  solicitada tiene la doble utilidad de dar  solución al asunto y servir de norte en la actividad judicial.   

También  cuando  la  pretensión del actor  apunta  a  asegurar  la garantía de derechos fundamentales, ha de acreditar tal  pretermisión  e  indicar  las  normas  constitucionales que protegen el derecho  invocado  y  de  manera  obvia,  la  forma  como  fue  desconocido  en  el fallo  recurrido.   

Advertido        esto,     dado    que    el  delito de fraude procesal previsto en el artículo 453 de la Ley  599  de  2000  establece una pena máxima de prisión de ocho (8) años, en todo  caso  inferior al límite establecido en el artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  el recurso sólo es posible a través de la casación excepcional.   

Pese   a   lo   anterior  la  precariedad  demostrativa  que  exhibe  el texto de la demanda impide motivar la atención de  la      Corte      acerca      de     las vertientes  que  admiten  tal vía, sea para la clarificación de la jurisprudencia a fin de  emitir  un  pronunciamiento  respecto  de  un  tema jurídico especial, unificar  posturas     conceptuales     o    actualizar    la    doctrina,    o  para  restaurar  el agravio de alguna  garantía fundamental que le fuera vulnerada al procesado.   

Si  bien  el  libelista  opta  por la causal  primera  de  casación por violación directa de la ley sustancial para postular  tres  censuras, el desarrollo que les imprime carece de la claridad y precisión  para  demostrar  tanto el error en que incurrió el juzgador, como su incidencia  en  el  fallo,  por  el  contrario,  alejado  del  principio  lógico  de razón  suficiente  de  observancia  en  esta  sede  el  cual  conlleva  la explicación  metódica  que  se baste a sí misma, no ofrece algún fundamento al quedarse en  su simple enunciado.   

Ninguna  de  las  censuras  atiende  a  una  discusión  jurídica,  pues  indica  que el Tribunal le otorgó a la promesa de  compraventa  unos  efectos  que  van más allá de los establecidos legalmente y  que  con  ello  infringió  el artículo 1611 del Código Civil, sin precisar en  qué   consistió   el   yerro  en  relación  con  el  desconocimiento  de  las  circunstancias  concurrentes  que  hacen  válida  la  promesa  de  celebrar  un  contrato  para generar obligaciones, como por ejemplo, la de constar por escrito  o  estar  fijado  el  plazo  o  la  condición  en  que  se  ha  de  celebrar el  contrato.   

A  este  respecto, si bien cita una norma de  carácter  sustancial  en  lo  que  tiene  que  ver  con los derechos subjetivos  amparados  por  el  derecho  civil, no señala su sentido de violación a fin de  denotar  la  errónea  apreciación  jurídica del caso en estudio por parte del  Tribunal  para establecer, ora un yerro de selección normativa o uno de aspecto  hermenéutico  y  derivar  de allí la necesaria intervención excepcional de la  Corte.   

De  tiempo  atrás  la Sala ha precisado que  cuando  se opta por la causal primera de casación de manera lógica y detallada  se  deben  anunciar  las  normas  que  se  estiman  infringidas  y su sentido de  violación,  sea  de manera directa o mediada por yerros de carácter probatorio  y  si  se  trata  de  estos,  precisar  los  elementos probatorios en los cuales  recayó  el  vicio, pero el libelista al dolerse de que el Tribunal se equivocó  al  afirmar  que  con  la  promesa  de  compraventa  se cedía la posesión y el  dominio  del  bien inmueble no explica si ello obedeció a un criterio jurídico  que  se  apartó  de  los  parámetros  legales  o  si por el contrario se   desconocieron   los   términos  del  convenio  jurídico  celebrado  entre  los  procesados, WALTER ORTIZ MUÑOZ Y HERNÁN ÁLVAREZ ARIAS.   

    

Igual vacío demostrativo se evidencia en la  crítica  que  funda  en  que  su  defendido  no participó en un acuerdo verbal  —el  cual   tampoco  identifica—,  sin  brindar  así  claridad  acerca  de su disenso en aras de señalar que en la ponderación  de  los  hechos  objeto de juzgamiento se arribó a equivocada adecuación a los  supuestos normativos.   

Asimismo, la nula argumentación se evidencia  también  cuando  repara en que el Tribunal acreditó el hecho de la muerte y la  adjudicación  en  sucesión  de un bien a través de prueba testimonial, cuando  en  su  concepto,  tales  circunstancias  exigían  formalidades probatorias que  tampoco   indica,  sin  dedicar  espacio  a  señalar  la  incidencia  de  tales  conclusiones judiciales en el fallo.   

Si  en  este  caso  el  demandante  prendía  acreditar  que  el  juez plural acudió indebidamente a pruebas sucedáneas para  tener  por  probados determinados hechos, cuando en su criterio no eran idóneas  ni  permitidas  legalmente, debió encaminar la censura por violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  debido  a  un  falso juicio de  convicción  el  cual  se produce respecto de medios probatorios a los cuales el  legislador  expresamente  les  ha  asignado  un  específico valor demostrativo,  cuando  el  juzgador  en  la  estimación  de  los  mismos  se  aparta  de tales  parámetros  legales, bien por asignarles un alcance diferente o por negarles el  mérito  que  expresa  y  normativamente  se  les  ha  señalado  en  la  ley  y  seguidamente  debió  explicar  cómo  con  esa  valoración  se  afectaron  las  garantías  fundamentales  de  su  defendido  o  se  precisa  la  clarificación  jurisprudencial sobre tal tópico.   

Tampoco  en  la  crítica referente a que el  fallador  desconoció  las  sentencias  proferidas  por  la justicia civil en el  proceso  de  restitución  del  bien  inmueble,  una  acción  tutela  y  la  de  disolución   y  liquidación  de  la  sociedad  patrimonial  entre  compañeros  permanentes  se  puede  identificar  la  clase  de  error judicial, ya que si se  trataba  de  que  con  tales  providencias  se  establecían  aspectos fácticos  desdeñados  por  el  fallador,  debió  el  defensor desarrollar el cargo en el  ámbito  probatorio  propio  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial,  específicamente  por  configurarse  un eventual error de hecho por falso juicio  de  existencia,  que  tiene  lugar  cuando  el  juzgador  pese  a  obrar  en  el  diligenciamiento una prueba no la valora.   

Es palmario así que el demandante no explica  la  incidencia  de  los yerros en la acreditación de la materialidad del delito  contra  el  bien  jurídico  de  la  eficaz  y recta administración de justicia  endilgado  a  su  defendido,  ni la lesión de los derechos de su representado a  efectos  de  señalar  que no haber incurrido en ellos la decisión habría sido  diametralmente opuesta y por lo mismo favorable.   

En    consecuencia,    el    recurrente    no   cumple   con   las    exigencias   

legales  dispuestas  para  que  proceda  la  admisión   de  su  libelo  de  casación  por  la  vía  excepcional,  además,  la  Sala  no  observa  con  ocasión  del trámite procesal o en el fallo impugnado violación de derechos o  garantías  de  ORTIZ MUÑOZ o del procesado no recurrente LUIS HERNÁN ÁLVAREZ  ARIAS  como  para  que  se  hiciera  necesario el ejercicio de la facultad legal  oficiosa   que   le   asiste  a  fin  de  asegurar  su  protección  en  los  términos del artículo 216 del  Código   de   Procedimiento   Penal   (Ley     600    de    2000).   

En  mérito de lo expuesto, la Sala Penal de  la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

NO  ADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  WALTER    ORTIZ    MUÑOZ,    por    las    razones   dadas   en   la   anterior  motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

       Notifíquese    y  cúmplase.   

     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

      

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO      

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.              AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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