23627(23-01-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23627  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   Nº   007   

         

Bogotá,   D.   C.,    veintitrés (23) de enero de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La Corte resuelve el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de LUIS  ALFONSO   GONZÁLEZ   ALVARADO  contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior de Pamplona, el 6 de diciembre de 2004 que,  al  confirmar  la  emitida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma  ciudad,  el  9  de junio de 2004, lo condenó a la pena principal de 13 años de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el mismo término de la pena privativa de la libertad, así como al pago de  daños  y  perjuicios causados en el equivalente a 100 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  esto es, la suma de $ 33.200.000,oo, como autor del delito  de homicidio.   

  H   E   C   H   O  S   

El  acusador,  al  momento  de  resolver la  situación jurídica, los reseñó de la siguiente manera:   

“En el punto denominado la VEGUITA, vereda  LA  ROSA,  jurisdicción  del  municipio  de Chitagá, a 20 metros del Puente La  Palizada,  en  carretera destapada, aparece el cuerpo sin vida de JAVIER FLÓREZ  RONDÓN,  presentando  heridas en la tetilla izquierda de 3 centímetros y brazo  izquierdo  de  3.5  cms, razón para realizar el levantamiento de su cadáver el  día   21   de   febrero   del   año   2003,   aproximadamente   a   las  11:50  p.m.”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  el  acta de levantamiento de  cadáver  practicado  por la Inspectora Municipal de Bábega, municipio de Silos  (Santander),  la  Fiscalía Segunda de Pamplona Delegada ante los Jueces Penales  del   Circuito,   el  27  de  febrero  de  2003,  declaró  la  apertura  de  la  investigación previa.   

Recibidos varios testimonios, la fiscalía,  el  28  de marzo de 2003, ordenó abrir formalmente la instrucción en contra de  Luis    Alfonso    González   Alvarado  y  una  vez declarado persona ausente, el 20 de junio de 2003, le  resolvió  al  acusado  la  situación  jurídica con medida de aseguramiento de  detención   preventiva   en   su  contra   por  el  delito  de  homicidio.   

Cerrada  la  investigación, el mérito del  sumario  se  calificó, el 21 de enero de 2004, con resolución de acusación en  contra  de Luis Alfonso González Alvarado por la conducta punible de homicidio.   

El expediente pasó  al Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito de Pamplona que, luego de tramitar el juicio, el 9 de junio  de   2004,   dictó  sentencia  de  primera  instancia  en  la  que  condenó  a  Luis  Alfonso  González  Alvarado   a  la  pena  principal  de  13  años  de  prisión  y  a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena privativa de la libertad, así como al  pago  de  daños  y  perjuicios causados con la conducta punible estimados en el  equivalente  a  100  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, es decir, la  suma de $ 33.200.000,oo , como autor del delito de homicidio.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  de  Luis    Alfonso    González   Alvarado,  el  Tribunal Superior de Pamplona, el 6 de diciembre de 2004, al  desatar  el  recurso, lo confirmó, con la aclaración de que la condena al pago  de perjuicios es de carácter moral.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  de  confianza de Luis   Alfonso  González  Alvarado,  al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  presenta  dos  cargos contra la  sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

El citado profesional del derecho, acusa al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad por  violación  del  debido  proceso,  en  tanto  que  la fiscalía no desplegó las  actividades  necesarias  tendientes a la búsqueda y localización del procesado  con  las  autoridades municipales judiciales ni policivas del lugar, sino que se  dirigió  al  Departamento  Administrativo  de Seguridad y al Cuerpo Técnico de  Investigación  de  la  distante  ciudad de Cúcuta, para quienes era imposible,  según  lo  dicho en sus propios informes,  desplazarse hasta la población  de  Silos  con el fin de hacer efectiva la orden de captura librada en contra de  su defendido.   

En  ese  sentido, asevera que el instructor  acusa  ausencia  total  de  gestiones  para  que  el  procesado  compareciera al  proceso,  es  decir,  que  “no  se  cumplió con el  ritual   de   ley   procesal”.   Dice  que  su  prohijado  solamente se enteró del proceso penal que se adelantaba en su contra  unos  días  antes del debate público, “procediendo  a    otorgarle    poder    al    suscrito   para   que   asumiera   la   defensa  técnica”.   

Afirma   que   en  el  presente  caso  la  irregularidad  es  sustancial,  puesto  que  como el sentenciado no se enteró a  tiempo  del  proceso, “no pudo ejercer el derecho de  contradicción,  aportar  pruebas tendientes a su defensa viéndose así de esta  manera comprometida la estructura y bases del proceso”.   

Por último, solicita a la Corte decretar la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de la resolución que abrió formalmente la  instrucción calendada el 28 de marzo de 2003.   

Segundo cargo  

Con base en la causal tercera de casación,  el   defensor   de  González  Alvarado  acusa  al  sentenciador  de  haber  dictado  sentencia en un juicio  viciado   de   nulidad,   en  la  medida  en  que  al  acusado  se  le  violó  el  derecho  de  defensa con  grave  detrimento  de  sus  garantías  e  intereses,  quien  no  pudo ejercer a  cabalidad  una  actuación  procesal  encaminada  a  ejercer su defensa, aportar  pruebas,  contrainterrogar,  etc.,  porque, además, la representación judicial  pública   que   lo   asistió   durante   casi  todo  el  proceso  “no  realizó  ninguna  labor  en  el  ejercicio  de  la  defensa  técnica,   ello   lo   demuestra   palpablemente   el   proceso”.   

Después   de   reiterar  los  anteriores  planteamientos,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  consecuencia,  declarar la nulidad de todo lo actuado a partir de la resolución  fechada el 28 de marzo de 2003, que dispuso abrir la instrucción.   

CONCEPTO  DE  LA PROCURADURÍA TERCERA   

DELEGADA PARA LA CASACIÓN PENAL  

Anota,     con     relación     al     primer    cargo,    que,   contrario    a   lo   afirmado   por   el  libelista,  “no  se  observa  ninguna  actuación irregular por  parte  de  los  funcionarios  instructores  en  el  desarrollo  del  proceso”,  como  que  de acuerdo  con  las  constancias  que  obran  en  el  trámite, se  advierte          que          los              funcionarios  instructores   no  incurrieron  en  arbitrariedad  o  negligencia   en   el   desarrollo  del  proceso  en  procura           de           hacer        comparecer   al  sindicado, para lo cual  hace    un    recuento    detallado    de  la  actuación  procesal.   

En  efecto,  dice  que   con  base  en  las  constancias  procesales  se  desprende  que  los  funcionarios de policía judicial indagaron por el paradero  del   procesado  con  los  residentes  de  su  lugar  de  residencia  y lograron establecer que éste había  emprendido  la  huída,  razón  por  la  cual, la fiscalía decidió declararlo  persona ausente.   

Además, anota que  obra  en el expediente el poder otorgado en la ciudad  de  Cúcuta al memorialista, unos días antes de la vista pública, diligencia a  la     que    no    asistió    por    su    propia  decisión  para  ejercer su  derecho  a  la  defensa material, lo que demuestra su falta absoluta de interés  “en hacerse partícipe del proceso”.   

Por   tales   razones,   el  “cargo  no  logra  ser  demostrado  y  no se evidencia actuación  irregular alguna que lesionara el debido proceso”.   

En   cuanto   al   segundo   reproche,  en el que se denuncia     vulneración    del    derecho  a    la    defensa,    resalta   que   “los  argumentos  utilizados  son básicamente los mismos con los  que      se      sustentó      el      cargo      anterior”,     y   se reducen, por una parte, a la  falta  de  notificación  al  procesado  de  la iniciación de la investigación  penal  en  su  contra  y a que la defensa pública que  intervino  durante  casi  todo  el  proceso no adelantó actuaciones a favor del  señor  González Alvarado,  cargo que el censor no desarrolló.   

Respecto de la primera argumentación, ya la  Procuradora  Delegada se pronunció en punto del primer cargo y, con relación a  la  actuación  del  defensor  público,  el  censor  no  concretó “cuáles  actividades  se  habían  podido  ejecutar, qué prueba  podía  haberse pedido, qué actuaciones no se cumplieron.  Y sin demostrar  tampoco  la  inactividad  del  defensor”,  aunque la  defensora   de   oficio,   aclara,    sí   compareció  puntualmente  para  notificarse de las decisiones proferidas.   

Por  tal  razón,  considera  que  una vez  analizado   el   desarrollo   del   proceso,   se  puede  concluir  “que  no  se produjo la vulneración de la garantía fundamental  y    que    el    derecho    a    la    defensa    del    señor    González         fue  protegido  por  los  funcionarios judiciales”, razón   por   la   cual   este  cargo  tampoco  está  llamado  a  prosperar.   

Por lo expuesto, sugiere a la Sala      no      casar  la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer cargo  

1.    El   defensor   de   González  Alvarado, basado en la causal  tercera  de  casación,  acusa  al  Tribunal  de  haber  dictado sentencia en un  juicio   viciado  de  nulidad,  en tanto que el funcionario investigador no  desplegó   actividad   diligente   tendiente   a   que  éste  compareciera  al  trámite.   

2. De acuerdo con el debido proceso, la ley  consagró  los procedimientos que el funcionario judicial debe agotar con el fin  de  que  el  acusado comparezca al trámite judicial y, que de esa manera, pueda  ejercer   la   defensa   material    en   procura   de  hacer  efectivo  el  contradictorio  y  oponerse  a  los cargos que se le atribuyen en el trámite de  penal.   

Recuérdese que el debido proceso es uno de  los  principios  o garantías fundamentales de mayor importancia política en el  conglomerado  social,  por  cuanto  que se trata de un instrumento garantista de  las  libertades  y  derechos  primordiales  del  ser humano ante el ius puniendi del Estado.   

Es  así  como  el  poder sancionador de la  organización  jurídica legítimamente establecida no es absoluto sino que, por  el  contrario,  debe  ceñirse  a  este  importantísimo   principio que se  convierte,  de  esta  manera,   en  un  medio  regulador  entre  éste y la  aparente    debilidad    del    ciudadano    que   se   debe   someter   a   esa  potestad.   

Ahora   bien,   resulta   claro   que  la  instrucción  se  realizó  de  acuerdo con la Ley 600 de 2000. Así, en procura  del  respeto  del  debido  proceso  en  el  trámite  de vincularlo como persona  ausente  se  debió  seguir  lo previsto por el artículo 344 de dicha Ley, esto  es,  que ordenada la captura  y si la misma no fuere posible en el lapso de  10  días “a partir de la fecha en que la orden haya  sido  emitida a las autoridades que deban ejecutar la  aprehensión sin que  se  haya  obtenido respuesta se procederá su vinculación mediante declaración  de persona ausente”.   

Así, entonces,  con estricto apego en  los  datos  que  obran en el trámite se advierte que el instructor cumplió con  los  anteriores  derroteros,  razón  por  la cual la censura no está llamada a  prosperar.   

En  efecto, se sabe que una vez cometido el  homicidio  el  procesado  abandonó  el  lugar  de  los  hechos,  conforme a los  testimonios  incorporados  al  trámite  de investigación previa. De  ahí  que  la  Fiscal  Segunda  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito de  Pamplona,   el   25   de   marzo   de  2003,  hubiese  ordenado  “una   vez  se  tenga  conocimiento  del  paradero  de  ALFONSO   GONZÁLEZ   ALVARADO,  se  le  informará   sobre   el   inicio   de  las   presentes  diligencias  en  su  contra”.   

Ordenada la captura del hoy sentenciado, los  funcionarios  de policía judicial  a quienes se les encomendó la labor de  hacerla   efectiva,   precisaron   mediante   informe   que   fue  imposible  la  localización  del  hoy  sentenciado  y,  consecuentemente,  su aprehensión, no  obstante   haber  indagado su paradero entre los residentes del lugar sobre  su ubicación.   

Con   base   en  aquella  información  y  transcurridos  los diez días  a que hace referencia el artículo 344 de la  Ley  600  de  2000,  el instructor procedió, el 20 de junio de 2003, a declarar  persona     ausente     a     Alfonso    González  Alvarado,  designándole para el efecto una defensora  de oficio.   

Por manera que no se puede afirmar, como lo  hace  el  casacionista,  que  el  funcionario  instructor  no  desplegó ninguna  actividad  en  procura de obtener   que el procesado compareciera a la  actuación.   

Además  de  lo  anterior, como lo anota la  Procuradora  Delegada,  los datos que obran en el trámite permiten concluir que  el  acusado  asumió  una  posición de rebeldía frente al proceso penal, en la  medida  en  que  una vez que éste cometió el homicidio huyó de la localidad y  cuando  el  diligenciamiento se encontraba en la fase del juicio otorgó poder a  un   profesional   del  derecho,  hechos  estos  que  indican  que  González   Alvarado   conocía  de  la  actuación  que  se  adelantaba  en su contra por el delito de homicidio, razón  por  la  cual  no  resulta  válido  predicar  la  existencia  de  un  error  de  actividad.   

En   tales  condiciones,  el  funcionario  investigador  sí  cumplió  con  los  presupuestos  legales  con  miras  a  que  González    Alvarado  compareciera  al  proceso,  sin  que  ello  hubiese  sido  posible, en tanto que  asumió una posición de rebeldía.   

Así,  la  censura  no  está  llamada  a  prosperar.   

Segundo cargo  

1.  Por  último, el apoderado judicial del  procesado,  acusa al Tribunal de haber dictado sentencia en un juicio viciado de  nulidad,  en  la  medida  en  que  la  defensora  de oficio no desplegó ninguna  actividad  tendiente  a  proteger  los  derechos  del  hoy sentenciado, esto es,  solicitar pruebas, contrainterrogar a los testigos, etc.   

2. Como lo ha dicho la jurisprudencia de la  Sala,  el   acto  de  la  designación  de  un  defensor de oficio para que  represente  al  procesado durante el proceso, por sí solo, es insuficiente para  predicar  satisfecho  a  cabalidad  el  derecho  a  la  defensa técnica. Por el  contrario,  se  hace  necesario que dicho abogado despliegue actividades propias  de  su  encargo, que patenticen a su representado la oposición a los cargos que  el  Estado le ha imputado, o al menos “la reducción  de  su  compromiso  penal”. (Sentencia de casación  del  4  de  abril  de  2001,  radicado  número 10.868, reiterada en el fallo de  casación del 5 de junio de 2006, radicado número 23052).   

Por    tal    razón,    “para  que  la  pasividad  del  defensor  pueda considerarse como  estrategia  defensiva  debe  responder  a  elementos  de juicio que permitan esa  inferencia”.   Así  mismo,  si la inactividad  responde  a  desidia  o deliberada intención de incumplimiento de las funciones  que    su    encargo    le    demandan,   una   vez   comprobada,   “procede    reconocer   la   desprotección   de   la   garantía  fundamental”.   

Ahora bien, la Sala, en punto de la ausencia  de defensa técnica y sus efectos, ha distinguido tres eventos:   

     

a. La  ausencia  absoluta de asistencia profesional a lo largo de todo  el proceso penal,   

b. La  ausencia  absoluta  de asistencia profesional a lo largo de una  de  las etapas del proceso, bien sea que se trate de la etapa de investigación,  o durante la fase de juzgamiento, y   

c. La  ausencia  de  asistencia  profesional durante algunos períodos  del trámite de la investigación, o del juzgamiento.     

3. En el supuesto que ocupa la atención de  la  Corte, de los trámites cumplidos en el proceso no se puede advertir que esa  presunta  inactividad  que  le atribuye el memorialista a la defensora de oficio  constituya  un  acto  de  indefensión  que lleve a predicar la existencia de la  irregularidad demandada.   

Recuérdese  que  una  vez  que no se pudo  hacer   comparecer  al  hoy  sentenciado  a  la  instrucción,  se  procedió  a  declararlo   persona   ausente   para   seguidamente  resolverle  la  situación  jurídica,  providencia de la que se notificó, de manera personal, la defensora  de oficio.   

También   se   observa  que  la  citada  profesional  del  derecho  se  notificó  personalmente  de las providencias que  clausuró  el  ciclo  de  la  investigación  y  que  calificó  el  mérito del  sumario.   

De  manera que dichas actuaciones no ponen  en  evidencia  que  la  defensora  de  oficio  hubiese  descuidado  el  trámite  judicial.  Todo  lo  contrario,  de  allí  se desprende que estuvo atenta a las  plurales actuaciones adoptadas a los largo del proceso.   

Además,  del discurso argumentativo de la  censura  tampoco  se  advierte  cómo la defensora, de haber solicitado pruebas,  haber  participado  en  el  proceso  de  producción y aducción de las mismas y  haber  recurrido  las  plurales  decisiones,  la situación procesal del acusado  habría sido favorable a los intereses que representaba.   

Dicho de otra forma, el casacionista dejó  la  censura  a  mitad  de  camino,  en  la  medida  en  que  no demostró que la  inactividad  de  la defensora de oficio, además de no constituir una estrategia  defensiva,  se  debió  a  un  acto  de  desidia  que afectó la garantía de la  defensa   y,   por   lo   mismo,   se   impone   declarar  la  invalidez  de  lo  actuado.   

Además,  pasó  por  alto  el  actor  la  dificultad  que  afrontó  la  defensa  de  oficio  frente  a  la contumacia del  procesado,  situación  que,  sin  duda,  impedía  las  reales posibilidades de  defensa  técnica,  toda  vez  que  la  ausencia del acusado no permite plantear  estrategias  defensivas como las exigidas ahora en la demanda de casación, pues  la  falta  de  contacto  directo entre la abogada de oficio y el acusado limitó  dicha  labor,  sin  ser ello óbice para concluir que, de todos modos, la citada  profesional del derecho cumplió con la tarea encomendada.   

De  otro lado, recuérdese que el acusado,  después  de  asumir  una  posición  de  rebeldía  de  comparecer  al trámite  judicial,  designó  un  apoderado de confianza, profesional que pudo ejercer la  contradicción  de  los cargos en el acto de la audiencia pública, al punto que  recurrió el fallo de primera instancia.   

De  esa  manera,  todas  las  anteriores  anotaciones  llevan  a la Sala a colegir que al acusado no se le transgredió el  derecho de defensa.   

En   consecuencia,  el  cargo  no  está  llamado  a prosperar.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

No     casar     la     sentencia  impugnada.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese  y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ GUZMÁN                            JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                       JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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