23116(12-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23116  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 57   

Bogotá, D. C., doce (12) de marzo de dos mil  ocho (2008).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el defensor del procesado ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA en contra  de  la  sentencia  de segunda instancia proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Medellín, mediante la cual incrementó a cincuenta y dos meses de  prisión  la  pena impuesta por el Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de dicha  ciudad,  que  lo  declaró penalmente responsable de la  conducta    punible    de   omisión   del     agente    retenedor o recaudador.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  Jefe  de la  División   Jurídica  Tributaria  de  la  Dirección  de  Impuestos  y  Aduanas  Nacionales  (en  adelante, DIAN) con sede en Medellín  denunció   ante  las  autoridades  que  ÓSCAR   VALENCIA  ECHAVARRÍA,  en  su  calidad   de   representante   legal  de  la  empresa  Almacenes  Zhivago  Valencia y Compañía Sociedad en  Comandita,   declaró  pero  no  consignó  dentro del  plazo  legal  establecido para ello varias  sumas  de  dinero, entre las cuales se  encontraban          las         correspondientes       al      Impuesto      del      Valor  Agregado  (IVA),  por el periodo tributario que va del  2001-3  al  2001-06,  al  igual  que  los periodos 2002-01 y 2002-03;     y  a    la   Retención   en   la   Fuente               (RETEFUENTE),  del periodo  del   2001-06   al   2001-12   y   del   2002-01  al  2002-06.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  ordenó  la  apertura  de la  instrucción,  vinculó  al  señalado  mediante diligencia de indagatoria y, en  resolución  que  calificó  el  mérito  del  sumario, lo acusó de la conducta  punible   de   omisión   del   agente  retenedor  o  recaudador de que trata el artículo 402 de la ley 599  de  2000,  en  la  modalidad  de  concurso  previsto  en  el  artículo 31 ibídem,  tras     estimar    que    fueron    veinte    las  oportunidades    en    las    que    se   dejó   de  consignar.   

3.  En  la  etapa  siguiente,  el  Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito de Medellín declaró a  ÓSCAR  VALENCIA ECHAVARRÍA como autor del delito en comento y lo condenó a la  pena  principal de treinta y seis meses de prisión y multa de $365.898, al pago  de  la  suma  de  $271.972  a  favor  de  la DIAN por concepto de daños  y  perjuicios.   Así   mismo,  le  concedió  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena privativa de la libertad de que trata el artículo 63 de  la ley 599 de 2000 por un periodo de prueba de dos años.   

En  la  dosificación  punitiva,  el  a  quo  consideró  que  el  comporta-miento  atribuido  al  procesado no obedecía a un  concurso    de    conductas    punibles,   sino   a   la   figura   del   delito  continuado,  en  la  medida  en  que  cada  una de sus  pretermisiones se realizó bajo un mismo designio criminal.   

Igualmente, partió para la individualización  de  la  pena  de  los  límites  punitivos  contemplados en el artículo 402 del  Código  Penal,  que establecen una sanción privativa de la libertad que oscila  entre   los   treinta   y   seis   meses   y   los   setenta   y  dos  meses  de  prisión.   

4.  Apelada  dicha  providencia  por  el representante de la Procuraduría General de la Nación, en  el  sentido de que en la tasación de la pena no se dio aplicación al artículo  31  del  Código Penal, el Tribunal Superior de Medellín le dio la razón, tras  aducir  que  la  primera  instancia no pudo haber tenido como límites punitivos  los  previstos  en  el  artículo 402 del Código Penal, sino que además debió  haber  contemplado  lo  señalado en el artículo 31 ibídem, bien sea en cuanto  al   concurso   de   conductas  punibles,   o  bien  en  lo  relacionado  con  la  figura  del  delito   continuado   de  que  trata  el  parágrafo de la norma en comento.   

Agregó que, en virtud del principio de la ley  penal  más  favorable,  en  este  caso  resultaba  más  beneficioso  para  los  intereses  de  ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA aplicar lo señalado en el parágrafo  del  artículo  31 de la ley 599 de 2000, que aumenta la pena correspondiente al  tipo  respectivo  en una tercera parte, en lugar de lo previsto en el inciso 1º  ibídem,  que  incrementa  la  pena  individualizada  más  grave  hasta en otro  tanto.   

Por  lo  tanto, fijó como límites punitivos  para  la  dosificación  de  la pena la prevista en el artículo 402 del Código  Penal,  aumentada  en  la  tercera  parte,  para  una sanción que oscila de los  cuarenta  y  ocho a los noventa y seis meses de prisión, y, ubicando el ámbito  de  movilidad en el denominado cuarto mínimo, que va  de   cuarenta  y   ocho   a  sesenta  meses,  la  individualizó  en  cincuenta     y     dos    meses    de  prisión en contra del procesado.   

Así   mismo,   le  concedió  la  prisión  domiciliaria  y,  por  último,  confirmó la sentencia en todo lo demás que no  fue materia de impugnación.   

5. Contra el fallo de  segundo  grado,  interpuso el defensor de ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA el recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El defensor manifestó al amparo de la causal  tercera  de  casación  que el Tribunal dictó sentencia en un juicio viciado de  nulidad,  por  cuanto  la  Fiscalía  imputó  en  la  resolución acusatoria un  concurso    de    conductas    punibles   mientras  que  las  instancias  condenaron  por  un  delito  continuado,  de manera que, al no  darse  aplicación a la figura de la variación de la calificación jurídica de  que  trata  el  artículo  404  de  la  ley  600  de  2000,  se  configuró  una  irregularidad sustancial que afectó el debido proceso.   

Agregó  que,  si  bien  es  cierto  que  las  instancias  invocaron  el  reconocimiento  del  principio  de  la ley penal más  favorable,  en  el  presente asunto el mismo no opera porque no hay un conflicto  de  leyes en el tiempo, en la medida en que todas las acciones omitidas debieron  tener  lugar  bajo  la  vigencia  de la ley 599 de 2000, porque la consignación  más  antigua  (es decir, la correspondiente al periodo tributario 2001-03) pudo  haberse  presentado  hasta  el  11  de  noviembre de 2001, fecha en la que ya se  encontraba en vigencia la ley 599 de 2000.   

Adicionalmente,   indicó   que,   como  la  aplicación  de  este  principio  debe hacerse en concreto y no en abstracto, la  pena   en  contra  de  ÓSCAR  VALENCIA  ECHAVARRÍA  debe individualizarse  dentro  del denominado cuarto mínimo, que oscila entre los treinta y seis meses  y  los  sesenta  y  tres  meses  de  prisión,  y como la sanción dentro de ese  ámbito  de  movilidad  tendría  que  fijarse  más  cerca  del mínimo que del  máximo,  es obvio que resultaría menos gravosa que la de cincuenta y dos meses  de prisión impuesta por el Tribunal.   

En  consecuencia, solicitó a la Corte que en  defensa   de  la  garantía  fundamental  del  debido  proceso  case  de  manera  excepcional  y  discrecional  el  fallo  impugnado  y  que  además  subsane  la  irregularidad  señalada,  en  el  sentido  de dosificar la pena con base en los  parámetros  previstos en los artículos 31 inciso 1º, 60 y 61 de la ley 599 de  2000.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  contemplado  en el artículo 213 de la ley 600 de 2000, la Sala no admitirá  la  demanda  de  casación  cuando el sujeto procesal que la presente carezca de  interés jurídico en la interposición del recurso extraordinario.   

Según  una  línea  jurisprudencial de vieja  data  de  la  Corte,  que ha sido tan pacífica como reiterada, el interés para  recurrir    no    existe    cuando    el    resultado    de    la   impugnación  suscitaría  consecuencias  más   dañosas   para   los   intereses de quien a ésta acude.   

Por ejemplo, en la sentencia de 20 de abril de  1999,  la  Sala  señaló  en  vigencia del ordenamiento procesal penal anterior  (decreto 2700 de 1991) lo siguiente:   

“Ciertamente,   es  el  interés para  recurrir  lo  que legitima el derecho a  la impugnación, pues los recursos  no  pueden  concebirse  jurídicamente  sino como un medio a través del cual se  persigue  la  reparación  de  un  agravio  o perjuicio causado con la decisión  judicial  que  se  repudia,  constituyendo  imprescindible supuesto para su  ejercicio,  conforme  lo  regula  la  Ley  Procesal  Penal, trátese de recursos  ordinarios  o  del  extraordinario  de  casación, pues si bien es cierto que el  artículo  196  de  este Estatuto sólo lo exige literalmente para los primeros,  ello  no  significa  que  no  sea  predicable  para la casación, no solo porque  conceptualmente  en  el ámbito de la Teoría del Proceso no puede concebirse un  recurso  en  sentido  diverso, sino porque nítidamente se infiere su imperativo  de los fines que le determina este Código en su artículo 219.   

”Esta   exigencia,   desde   luego,   no  corresponde  a  un mero ejercicio intelectual de lo jurídico o a una ritualidad  normativa  desprendida  de contenido y finalidad, pues, siendo un medio procesal  que  posibilita  la  revisión  judicial  para  que  el  mismo  funcionario  que  profirió  la  decisión  por  medio  de  la  cual  presuntamente  se  ocasionó  ilegalmente  un  agravio o perjuicio a una de las partes lo subsane, o, mediante  el  recurso  de  apelación, que lo haga su inmediato superior funcional o quien  la  misma  ley determine, su naturaleza defensiva le es connatural y como tal se  sustenta  y  contiene  como  legitimante  del Estado de Derecho respetuoso de la  dignidad  y  libertad  del  ser  humano,  que  garantiza  la  interpretación  y  consiguiente  aplicación  de  la  ley,  los  medios  para  su  ejecución y las  decisiones  intermedias y finales que se ven así amparadas en un debido proceso  respetuoso  de  los  derechos  individuales  y colectivos de una sociedad que se  sabe   protegida  por  la  seguridad  jurídica  que  emana  de  esta  clase  de  decisiones.   

”Incrustado,  entonces,  el  derecho  a la  impugnación  de  los  decisiones  judiciales  en  un  Estado fundamentado en el  respeto  a  los  derechos  de  la  dignidad y la libertad de  las personas,  riñe   con   su   naturaleza,   filosofía,  contenidos  políticos,  político  criminales  y  jurídicos,  el ejercicio de los medios defensivos legales que en  cumplimiento  de  los  límites  formales  y  materiales que lo caracterizan, se  emplee  no  para  que  los  derechos de los sujetos procesales resulten lo menos  afectados  posible,  sino  para que sean mayormente afectados, esto es, para que  la  situación  jurídica  del  impugnante  se agrave, pues si bien los recursos  constituyen  un  derecho,  es el propio Estado el que presumiendo la legalidad y  el  acierto  de  las  decisiones  judiciales  sólo  posibilita  su ejercicio en  beneficio  del  recurrente,  reservándose  por  razones  de orden público otro  mecanismo   judicial  como  el  de  la  consulta  para  los  casos  expresamente  consagrados  en  la  ley,  en  virtud  de  la  cual  por  encima de los derechos  individuales  de  cada  uno  de  los  sujetos  procesales, aún desmejorando las  situaciones  declaradas  judicialmente  en  su  favor, hace primar la legalidad,  llegando  hasta  declarar  la  nulidad  de  lo actuado cuando no existiendo otro  mecanismo   que   la   evite   se  impone  para  garantizar  los  derechos   constitucionalmente reconocidos para el juzgamiento penal.   

”Así, y si bien es cierto que la defensa  técnica  cumple  en  relación  con  la administración de justicia un papel de  colaboración  sobre  el  descubrimiento  de  la  verdad  real  y  el respeto de  garantías  que puedan abarcar los derechos de los demás sujetos procesales, lo  cual  implica  atribuirle  un  deber  de interés general, lo es igualmente que,  frente  a su defendido, la actividad profesional debe estar encaminada al empleo  de  todos  los  medios  legal  y  jurídicamente  permitidos  para beneficiar la  situación  procesal  de aquél, lo cual le impide sacrificar los derechos de su  procurado  so pretexto de sacar avante aquellos que teóricamente puedan incidir  en  el  carácter público del juzgamiento, pero que en su particular situación  no  lo han afectado, lo que si se haría al provocar su corrección para hacerla  más  gravosa”1.   

2.  En el asunto que  concita    la   atención   de   la   Sala,   el   defensor   del   sentenciado      ÓSCAR      VALENCIA     ECHAVARRÍA     interpuso  demanda de casación con el propósito de que la Corte  revise  la  sanción  impuesta  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín en la  sentencia  de  segunda  instancia  y  realice una nueva individualización de la  misma,  teniendo  como  parámetro  de  modificación  para  el tipo básico del  delito   de   omisión   del   agente   retenedor  o  recaudador   el  inciso  1º  del  artículo  31  del  ordenamiento   sustantivo,   que   regula  la  dosificación  en  los  casos  de  concurso    de    conductas    punibles,  en  lugar  de  seguir  el  criterio del ad quem, que la fijó con  fundamento  en  el  parágrafo  del citado artículo 31, referido a los casos de  delito  continuado, y obtuvo  una  pena  privativa  de  la libertad equivalente a los cincuenta y dos meses de  prisión.   

De  seguir  la pretensión del demandante, la  Sala  encuentra  que  desde el punto de vista de la punibilidad se agravaría la  situación     jurídica    de    ÓSCAR    VALENCIA    ECHAVARRÍA    por    lo  siguiente:   

2.1.  Tal  como  lo  tiene  establecido  la  Corte,  la  dosificación en los eventos de concurso    de    conductas    punibles  “debe  efectuarse a partir de la individualización  de  la  que  corresponde  a  cada  uno de los delitos en concurso, con el fin de  detectar  cuál  es  la que resulta más grave, convirtiéndose ésta en la base  que  permite  llevarla  hasta el otro tanto  de que habla el comentado artículo 26 [actual artículo 31 de la  ley   599   de   2000]”2, de suerte que incluso podría  presentarse  “la  sumatoria  de las individualmente  consideradas  en  caso  de  que  sea  inferior  al otro  tanto  de  la  signada como  más      grave”3.   

2.2. Como el presente  caso  se  trataría  de individualizar la pena correspondiente a un concurso   homogéneo   de   delitos  de  omisión      del      agente     retenedor     o  recaudador,          la          ‘pena     más     grave’ de la que habría de partir sería la  individualizada  para  cualquiera  de  las  veinte pretermisiones que imputó la  Fiscalía en la acusación.   

2.3. De esta manera,  como  la  pena  señalada en el artículo 402 de la ley 599 de 2000 oscila entre  los  treinta  y  seis  y  los setenta y dos meses de prisión, y como además el  organismo  instructor no imputó desde el punto de vista jurídico circunstancia  de  mayor  punibilidad alguna, el ámbito de movilidad en que habría de fijarse  la    pena   sería   el   del   denominado   cuarto  mínimo,  es  decir, el que va de los treinta y seis a  los cuarenta y cinco meses de prisión.   

2.4.  Teniendo  en  cuenta  que  el  Tribunal (en un ámbito de movilidad que oscilaba de cuarenta y  ocho  a  sesenta  meses) fijó una pena de cincuenta y dos meses de prisión, la  sanción  que  en  forma  proporcional habría de imponerse en un ámbito de los  treinta  y  seis  a  los  cuarenta  y  cinco  meses  equivaldría a treinta     y     nueve     meses    de  prisión.   

2.5.  Dicho monto de  treinta   y   nueve  meses  tendría    que    incrementarse   hasta   en   otro  tanto,  como  quiera  que  el  número  de  conductas  punibles   de   omisión   del  agente  retenedor  o  recaudador  cometidas  por ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA  en      concurso      alcanzarían      el      número      de     veinte,   tal  como  se  indicó  en  la  resolución de acusación.   

Por lo tanto, la pena privativa de la libertad  que  habría  de imponer la Corte al procesado si tratase su comportamiento como  un   concurso   de   conductas  punibles  y  no  como  un  delito  continuado ascendería a los setenta      y      ocho      meses     de     prisión.   

En otras palabras, lo único que el demandante  buscaría  con  la  interposición de recurso es que se le incremente la pena de  prisión  a su protegido de los cincuenta y dos meses a los setenta y ocho meses  de prisión.   

3.  El  error  del  demandante  en  la formulación y desarrollo del cargo consistió en suponer que  para    la    dosificación    en    un    concurso  homogéneo     de     delitos    el    hasta  otro  tanto  se determina sobre la  base  del límite máximo del tipo correspondiente a la conducta punible, por lo  que  en  sus  cuentas  la  pena  oscilaba  entre los treinta y seis y los ciento  cuarenta   y  cuatro  meses  de  prisión  y,  por  lo  tanto,  el  ámbito  del  cuarto  mínimo  se  movía  entre  los  treinta  y  seis  y  los  sesenta  y  tres meses, caso en el cual la  sanción,  respetando  de  manera  proporcional  el  criterio  del  Tribunal, no  podría superar los treinta y nueve meses de prisión.   

Pero,  como  se  advierte  de lo analizado en  precedencia,   el   hasta   otro   tanto  se determina en concreto, es decir, a partir de la pena más grave  debidamente  individualizada,  y  no  en  abstracto,  como  lo sugería en forma  completamente equivocada el demandante.   

Adicionalmente,   el   tema   atinente   al  reconocimiento  del principio de la ley penal más favorable a que hizo alusión  en  el  escrito de la demanda, que se circunscribe al tiempo de perpetración de  la  conducta  o conductas punibles, no sólo carece de incidencia alguna en este  caso  (pues de cualquier forma la pena que resulta aplicable es la del artículo  402  del actual Código Penal), sino que además no ostenta relación alguna con  el  problema  jurídico  propuesto,  pues la favorabilidad que se predicó en el  fallo  cuestionado  tiene  que  ver  con la modalidad de incremento punitivo que  había   que   imponerle   al   procesado,   ya   sea   como   un   concurso  homogéneo  o  un  delito   continuado,  y  en  el  presente  asunto  el  Tribunal  acertó dosificando la pena de la forma como lo hizo, esto  es,  reconociendo  el  aumento  de  la  tercera parte de la pena de que trata el  parágrafo del artículo 31 del Código Penal.   

4.  En consecuencia,  como  el  defensor  de  ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA carece de interés jurídico  para  recurrir  en sede de casación, la Sala no admitirá la demanda presentada  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal  Superior de Medellín.   

Por  último,  es  de  anotar  que la Sala no  observa  que  con ocasión del trámite procesal o en el fallo impugnado se haya  materializado  violación  de  derechos o garantías del procesado como para que  se  haga necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste a la  Corte a fin de asegurar su protección.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO ADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  ÓSCAR VALENCIA ECHAVARRÍA en  contra  de  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior  de Medellín.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  cúmplase   y   devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

Permiso  

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                                                  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Permiso  

(Impedido)  

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Sentencia de 20 de abril de 1999, radicación 10391   

2 Sentencia de 24  de abril de 2003, radicación 18856   

3  Ibídem     

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