22282(05-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22282  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado    acta    N°  320   

Bogotá,  D. C.,  cinco (5) de noviembre  de dos mil ocho (2008).   

V    I    S   T   O  S   

La Corte resuelve el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de la parte  civil  contra  la  sentencia  absolutoria  del  1º de  diciembre  de  2003,  proferida por el Tribunal Superior de Florencia, a través  de    la    cual   revocó  íntegramente  el  fallo  del  15  de  septiembre del mismo año, dictado por el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  condenó  a  JOSÉ ANTONIO CASTRO FRANCO a  la  pena  principal de 28 años y 9 meses de prisión por el delito de homicidio  agravado.   

H    E    C   H   O  S   

El sentenciador de segundo grado, en decisión  del   1º   de   noviembre   de  2002,   los  sintetizó  de  la  siguiente  manera:   

“El 1º de abril  de  2002, la señora MANUELA CARVAJAL SICACHA, se encontraba ingiriendo etílico  en   el   establecimiento   Okidoki  de  la  localidad  de  Curillo  (Caquetá);  habiéndose   dirigido  al  excusado  sin  que  volviera  a  ser  vista,  causó  curiosidad  al  administrador  y  a  una  de  las meseras, quienes procedieron a  verificar  su  presencia,  hallándola  muerta a cuchilladas, sentada en la taza  del  sanitario,  con el interior en la mitad de las piernas.  Agentes de la  Policía  Nacional  aprehendieron  a ENAR INELDO SAMBONI RUIZ, CAROLINA CANENCIO  CASANOVA,  ARNOLFO REINERIO BERMEO MUÑOZ y ROBINSON LEÓN CRUZ, por encontrarse  presentes  en el recinto y haber dado distintas versiones.  Posteriormente,  fue  vinculado  mediante  diligencia de inquirir el Subintendente de la Policía  JOSÉ     ANTONIO     CASTRO    FRANCO,  quien  para  la  fecha  de  los acontecimientos se encontraba de  servicio  y  fue  visto  cuando  siguió  a  la  dama al baño, para poco tiempo  después salir apresurado del lugar.”   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.    Con  fundamento  en  el informe policivo rendido por el Comandante de la Estación de  Curillo  (Caquetá),  así  como  por  la  captura  de ENAR INELDO SAMBONI RUIZ,  FRANCO  PELÁEZ  JÓVEN, JESÚS ANTONIO CANENCIO, ARNOLDO REINERIO BERMEO MUÑOZ  y  ROBINSON  LEÓN  CRUZ  (fl.  1,  cuaderno  original  No.  1), la Fiscalía 11  Seccional   de   Florencia  (Caquetá),  a  través  de  resolución  del  4  de  abril   de  2002  (fl. 6, c.o. 1), dispuso la apertura de investigación en  contra  de  ENAR  INELDO  SAMBONI  RUIZ,  FRANCO  PELÁEZ JÓVEN, JESÚS ANTONIO  CANENCIO,  ARNOLDO REINERIO BERMEO MUÑOZ y ROBINSON LEÓN CRUZ por el delito de  homicidio agravado.   

Como  consecuencia  de  la prueba testimonial  recaudada,  el  10  del mismo mes y año fue vinculado a través de indagatoria JOSÉ  ANTONIO  CASTRO FRANCO (fl. 93-100, c.o. 1), a quien se  le garantizó el derecho a la defensa letrada.   

La   situación  jurídica  de  todos los indagados fue resuelta por la  fiscalía  a  través de resolución del 15 de abril de  2002  (fl.  143-155,  c.o.  1), así: respecto de ENAR  INELDO  SAMBONI  RUIZ,  FRANCO  PELÁEZ JÓVEN, JESÚS ANTONIO CANENCIO, ARNOLDO  REINERIO  BERMEO  MUÑOZ  y  ROBINSON LEÓN CRUZ se abstuvo de imponer medida de  aseguramiento.    Por  su  parte,  JOSÉ  ANTONIO  CASTRO   FRANCO   fue   afectado   con   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva,   sin   derecho   a  la  libertad  provisional,  por  el  delito  de  homicidio agravado (artículo  104 de la ley 599 de 2000).   

Tras  la práctica de pruebas testimoniales y  técnicas,  la  fiscalía delegada dispuso el cierre de  la  investigación, a través de resolución del 17 de  junio  de  2002  (fl. 6, c.o. 2), y el 12 de agosto del  mismo  año (fl. 59-82, c.o. 2) profirió resolución  de  acusación  en  contra de  JOSÉ    ANTONIO    CASTRO    FRANCO    como   presunto   autor   responsable  de  la  conducta  punible  de  homicidio    “con   la  circunstancia  de  agravación  punitiva  aprovechándose  de  la  situación de  indefensión”  (artículo  103  y  104-7   de  la  ley  599  de  2000),  al  tiempo  que  precluyó  la  investigación  a  favor de  ENAR  INELDO  SAMBONI  RUIZ,  FRANCO  PELÁEZ  JÓVEN,  JESÚS ANTONIO CANENCIO,  ARNOLDO  REINERIO  BERMEO  MUÑOZ  y  ROBINSON  LEÓN  CRUZ.   La decisión  acusatoria  no  fue recurrida y cobró firmeza el 27 de  agosto de 2002 (fl. 96, c.o. 2).   

2.   La  etapa de la causa la asumió el Juzgado Único Promiscuo  del  Circuito  de  Belén de los Anadaquíes (Caquetá) que, mediante auto del 2  de  septiembre  de  2002  (fl.  99, c.o. 2), dispuso el traslado que consagra el  artículo  400  de  la  ley  600  de  2000.   El  Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Florencia continuó el trámite procesal de la actuación a partir  del  11  del  mismo  mes y año, y el 16 siguiente llevó a cabo la audiencia  preparatoria (fl. 115-119, c.o.  2).   Tras  agotar la práctica de las pruebas ordenadas en dicha audiencia  y  correr  traslado  de  la  prueba  técnica,  el  juzgado  fijó fecha para la  celebración   de   la   vista   pública,  la  cual  tuvo lugar en sendas sesiones del 19 de febrero y 26 de  agosto de 2003 (fl. 97-127, 175-203, c.o. 3).     

A través de sentencia de primer grado del 15  de  septiembre  de 2003, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Florencia (fl.  223-241,  c.o.  3)  condenó  a  JOSÉ  ANTONIO CASTRO  FRANCO  a  la pena principal de 28 años  y   9    meses    de    prisión    y    a    la   accesoria   de  inhabilitación  para  el ejercicio de   derechos   y  funciones  públicas  por  término   de    20   años,    así    como   al  pago  de   los   perjuicios      materiales     derivados     de     la   conducta   punible  por cuantía de $184.393.464,45 pesos y los morales, en  cantidad   equivalente   a   900   salarios   mínimos   legales   mensuales,      como     autor     responsable     del   delito        de        homicidio   agravado   (artículo  104-7  del Código Penal).   

La  sentencia de primer grado fue apelada por  el  defensor  del  procesado  y,  en  decisión  del  1º  de diciembre de 2003,  revocada  en todas sus partes  por  el  Tribunal  Superior  de  Florencia,  el  cual  dispuso  la  absolución      de      JOSÉ  ANTONIO CASTRO FRANCO y le concedió  la libertad inmediata (fl. 3-18, c. del Tribunal).   

Contra   esta  decisión,  el  apoderado  de  la  parte civil interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA  DE   CASACIÓN   

Cargo  único:  violación directa de la ley  sustancial    

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  descrita  en  el  artículo 207 de la ley 600 de 2000, por vía de la  violación  directa  de la ley sustancial,  el  demandante,  apoderado de la parte  civil1,    reprocha   que   la  sentencia  impugnada  “está   en   desacuerdo   con  el  material  probatorio  existente,  existiendo  desconocimiento  de  la  prueba  y  una  errónea apreciación de la  prueba”,  en  violación directa a lo normado en los  artículos   238,   232   y   234    del   estatuto   procesal  (pág.  31,  demanda).    Agrega  que “no se valoró en  debida  forma  el  testimonio  acorde  de  todos  los  testigos  en cuanto a las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  donde  se desarrollaron los hechos,  tampoco  se valoró la incertidumbre creada por las declaraciones de las mujeres  con vínculo afectivo con el sindicado”.   

En apoyo al reproche formulado, el demandante  entra  en  el  análisis  de  las  declaraciones de DUBERNEY DÍAZ LAGUNA, IDALY  ROJAS  y  el  agente  de policía AUGUSTO RAMÍREZ OSPINA, de las cuales, según  dice,   se  extrae  que  el  cabo  JOSÉ ANTONIO  CASTRO  FRANCO  estuvo  presente en el establecimiento  denominado     Okidoki  consumiendo  cerveza  con  otros  agentes  de la Policía Nacional; que en dicho  lugar  se  encontraba  la  hoy  occisa  MANUELA  CARVAJAL  SICACHA, con quien el  suboficial  sostuvo  conversación  y  la  convidó a tomar cerveza, luego de lo  cual  aquella se dirigió al baño, seguida por el hoy procesado, quien entregó  su  fusil  de  dotación  a  uno  de  sus  compañeros,  y  poco tiempo después  abandonó presuroso la tienda.   

El censor resalta que el procesado negó en su  indagatoria  hechos  y  actitudes que comprometen su responsabilidad, tales como  haber  entregado  su  fusil al patrullero RAMÍREZ OSPINA, que ingresó al baño  detrás  de  la  ofendida  y  allí  permaneció  cerca  de 10 minutos, y que al  término  de dicho lapso abandonó el lugar afanosamente, negación que califica  como exculpatoria.    

Enfatiza   que   el  Tribunal  no  apreció  correctamente  la  inconsistencia  del dicho de CASTRO  FRANCO, relativa al tiempo que éste permaneció en el  establecimiento   Okidoki,  comoquiera  que  mientras aquél refiere, por una parte, que estuvo en la tienda  cerca   de   10   a   15  minutos,  por  la  otra,  las  actividades  que  allí  cumplió2  necesariamente  requerían  un lapso superior, por lo menos de una  hora,  tal  como  lo  corrobora  el  dicho  de  los policiales JIMMY GONZÁLEZ y  AUGUSTO  RAMÍREZ,  así  como  el  de  los particulares GUSTAVO GÓMEZ GARCÍA,  DUVERNEY                    DÍAZ                    y                   ARMANDO  QUINTANA.           

Critica,   además,   que  el  ad-quem  no  apreció  el  breve  lapso y  distancia  que  transcurrió  entre  la  salida apresurada del Cabo CASTRO  FRANCO de la tienda donde ocurrió  la  muerte  violenta  y  el momento en que aquel fue notificado de la ocurrencia  del  crimen, pues mientras los policías QUINTANA, RAMÍREZ y GONZÁLEZ aseguran  que  transcurrieron cerca de 5 minutos, y que en ese lapso avanzaron una cuadra,  el   procesado,   por   su   parte,   afirma   que   alcanzaron  a  visitar  dos  establecimientos,     lo     cual     es    desmentido    por    los    aludidos  uniformados.     

El  fallador  de segundo grado no vio tampoco  que  el proceso demostró los móviles del crimen, en particular, los altercados  que  sostenía  el  procesado  con su compañera sentimental de entonces MARLOVI  HERNÁNDEZ,  y  los  consejos  que  la  víctima  CARVAJAL  SICACHA  le dio a la  anterior  para denunciar ante los superiores de CASTRO  FRANCO  los  atropellos  y  malos  tratos  de  que era  víctima por parte de este último.   

En  tal  virtud,  afirma  que el sentenciador  debió  advertir  el vínculo afectivo existente entre el procesado CASTRO  FRANCO  y  la  declarante MARLOVI  HERNÁNDEZ,  el cual la motivó a ésta para que tratara de negar las agresiones  recibidas  de  aquél,  así  como  su  trato con la hoy occisa, todo lo cual es  desmentido  por  los  compañeros  policías del hoy procesado (AUGUSTO RAMÍREZ  OSPINA,  GUSTAVO  ADOLFO  CASALLAS, WADIL VALLECILLA y JIMMY GONZÁLEZ) quienes,  según   asegura  el  casacionista,  confirman  los  motivos  que  indujeron  al  homicidio.    

Agrega  que  el  Tribunal  debió advertir la  falsedad  en  los  dichos de MARLOVI HERNÁNDEZ y LUZ ESTELLA CHAGUALA CUBILLOS,  ya  que  éstas,  por  la  relación  sentimental  que  mantuvieron  con  el hoy  procesado,  tratan  de  no  perjudicarlo; pero sus afirmaciones son desvirtuadas  por  las  declaraciones imparciales de los demás testigos.  En particular,  dice   el   demandante,   la   versión   de   la   compañera  de  CASTRO  FRANCO,  MARLOVI  HERNÁNDEZ,  es  desmentida  por el patrullero ALEXANDER YAGUARA en lo referente a la convivencia  con  el  procesado, al tiempo que existen contradicciones entre el testimonio de  las  mencionadas mujeres, en lo que tiene que ver con la cantidad de visitas que  hizo    cada   una   a   CASTRO   FRANCO, mientras permaneció en la cárcel.   

Por  otra  parte,  asegura,  se  pretendió  elaborar  un  montaje  para  inculpar  del  crimen  a  otros  individuos,  de quienes el proceso demostró su  ajenidad con los hechos.   

    

Por  no advertir lo anterior, el sentenciador  incurrió   en   “no   valoración  o  valoración  errónea,  que  conllevó  a  que  emitiera  un  fallo absolutorio en contra del  procesado  JOSÉ  ANTONIO  CASTRO  FRANCO,  sentencia  que es contraria a la realidad de los hechos probados  y  que  determinan  que  no  se haga justicia”.    

El  casacionista  solicita  a  la  Corte  que  declare  la  censura  alegada,  por  haber omitido la sentencia del Tribunal una  apreciación  conjunta  de  la  prueba  y una exposición razonada de su mérito  (pág. 32, demanda).    

CONCEPTO    DEL   PROCURADOR   SEGUNDO   

DELEGADO  PARA  LA  CASACIÓN   PENAL   

El  Agente  del  Ministerio  Público,  tras  señalar  los  yerros  de  indebida  fundamentación  en  la  formulación de la  demanda,   solicita   a   la   Corte   que   case  el  fallo  impugnado  y,  en  consecuencia,  confirme  la  sentencia   condenatoria   proferida   en   contra  del  procesado  JOSÉ  ANTONIO CASTRO FRANCO, por cuanto se  evidencia   que   el   fallador   incurrió   en   omisión   y  tergiversación  probatoria.    

Aduce  que  el  fallador  incurrió  en falso  juicio   de   identidad  respecto  del  testimonio  de  DUVERNEY  DÍAZ  LAGUNA,  comoquiera  que  solamente  apreció  los apartes que generaban duda, lo cual le  impidió  tener en cuenta  que el procesado tuvo contacto verbal con la hoy  occisa,  que  pidió  un  cuchillo  para sacrificar a una res y que siguió a la  ofendida  cuando  se levantó para dirigirse al baño, luego de lo cual, pasados  5  a  10  minutos,  salió  presuroso  y  se  retiró con sus subalternos.    

Señala  que el aludido testimonio no permite  incriminar   a   los   individuos   conocidos  por  los  alias  de  chapete        y       conejo,  menos  aún  a quien hiciera uso  del  baño  de  la  tienda  antes  del  hallazgo  del cadáver de la víctima, y  precisa  que  el deponente no relató los hechos con fundamento en rumores, sino  que  narró  aquello  que  percibió directamente.  Indica que la petición  del  procesado  para  que  le  prestaran un cuchillo fue un montaje encaminado a  incriminar  a  terceras  personas, las cuales justificaron su presencia en lugar  cercano  al  lugar  donde  ocurrió  el  crimen  y  explicaron  su  ajenidad con  éste.   

Precisa  que  el  móvil del hecho punible se  halla  demostrado a partir del testimonio de quienes refirieron los malos tratos  del  procesado  hacia su compañera sentimental, y que el dicho de ésta y de la  anterior  pareja del procesado en sentido contrario muestra una clara intención  de favorecerlo.    

Por último, el Procurador Delegado pide a la  Sala    que    case    la    sentencia   de   manera  oficiosa  y, en consecuencia, ajuste a la legalidad la  duración  de la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas,   conforme   lo   dispuesto   por   la   ley  100  de  1980.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

A través de un cargo único, postulado en los  términos  de  la  causal  de casación descrita en el numeral 1º del artículo  207  de  la ley 600 de 2000, el casacionista reprocha que el sentenciador violó  la  ley  sustancial,  toda  vez  que  incurrió en la apreciación incompleta de  algunas  pruebas,  así  como en desconocimiento de máximas de la sana crítica  al  otorgar mérito a otras.  Aduce que el fallador cercenó los fragmentos  incriminatorios  del  dicho de unos testigos, al tiempo que dejó de advertir el  interés de otros por no perjudicar al procesado.   

La  Sala encuentra que, si bien es cierto, el  casacionista  incurre  en  el  yerro  de invocar la violación directa de la ley  sustancial  cuando,  en  realidad,  del  contexto  del  desarrollo argumentativo  plasmado  en  el libelo se desprende que su crítica está orientada por vía de  la  violación  indirecta,  la  anterior  inconsistencia no impide comprender el  fondo  de  la  censura,  razón  por la cual la Corte entrará en su estudio, en  aras     de     no    sacrificar    lo    sustancial    a    lo    estrictamente  formal.         

Con  el  fin  de  determinar  si  los  yerros  acusados  por  el  demandante  tienen  la  idoneidad  para  derribar el sustento  lógico  de  la  sentencia  absolutoria,  veamos  cuáles  fueron  los  soportes  lógicos de dicha decisión:   

El  fallo  del  Tribunal asegura que, ante la  inexistencia  de  prueba  directa, la determinación de la responsabilidad ha de  hacerse  sobre razonamientos indiciarios.  Es así como el juzgador edifica  la  decisión  de segundo grado sobre tres consideraciones: la falta de gravedad  del  indicio  de  presencia,  el  escaso  mérito  concedido al testigo de cargo  DUVERNEY  DÍAZ LAGUNA y la ausencia de prueba del hecho indicador que condujo a  predicar    el   indicio   de   móvil.    Veamos   cada   uno   de   estos  argumentos:   

Apreciación  del  indicio  de  presencia  u  oportunidad personal.   

El  fallador  afirma, en primer lugar, que la  demostrada   presencia  de  CASTRO FRANCO en el lugar del  homicidio   es   el   fundamento   del   indicio   de  oportunidad                personal  para perpetrar el hecho punible,  pero   aduce   que  dicho  indicio  no  reviste  gravedad  porque:  a)  el  delito  pudo ser cometido por  “los  ocasionales  clientes  que  pudieron ingresar  dirigiéndose  exclusivamente al baño”, b)   la  captura  de  alias  chapete        y       conejo  en  el  lugar de los hechos, así  como  el decomiso a éstos de un cuchillo y un poncho ensangrentados, son hechos  que    permiten    inferir    que   no   fue   CASTRO  FRANCO   quien   cometió   el  delito,  c)  el  deponente  DUVERNEY  DÍAZ  LAGUNA  afirma  que  alias chapete3         “estaba  orinando  fuera  del  baño  de  los  hombres porque estaba  oscuro…   en   momento   cuando  CARVAJAL  SICACHA  yacía  muerta”.    Este    hecho    –expresó  el  Tribunal- conduce a desdibujar el indicio de presencia  y  a  inferir  que fue aquel, y no JOSÉ ANTONIO CASTRO  FRANCO,  quien pudo cometer el homicidio, d) el indicio de oportunidad personal para  delinquir  se desvirtúa por cuanto el procesado no presentaba manchas de sangre  en su ropa.   

Apreciación  del testimonio incriminante de  DUVERNEY DÍAZ.   

Por    otra    parte,   el   ad-quem  admite que el administrador de la  tienda,  DUVERNEY DÍAZ LAGUNA, dijo que la hoy occisa se dirigió al baño, que  el  cabo  CASTRO  FRANCO  la  siguió  a  ese  lugar  luego  de entregarle su fusil de dotación a otro de los  policiales  que  lo  acompañaba  y  que,  pasados  5  o 10 minutos, el policial  regresó  y  abandonó  el  establecimiento.  Poco  tiempo después –dice  el  Tribunal al plasmar el dicho  del  testigo  DÍAZ  LAGUNA-  otro  de  los  uniformados  ingresó a la tienda e  indagó  por  CARVAJAL  SICACHA, razón por la cual el administrador del negocio  se dirigió al baño a buscarla, y la encontró muerta.   

Al testimonio anterior, el fallador de segundo  grado   no  le  otorga  credibilidad     porque    ofreció    inconsistencias    en   torno   a:  i)   la    manera   en    que    el   deponente   dice   que   encontró  sin  vida  a  la  víctima,   ii)  el testigo  no  pudo     percibir     que     la    ofendida    y   CASTRO    FRANCO   entraron   al   baño   ya   que  no  tenía   visibilidad,    y     iii)   el   policial   FERRIN PRECIADO desmiente el hecho  de  que el procesado hubiera seguido a MANUELA CARVAJAL SICACHA al baño ya que,  según   dice,   estuvo   todo   el   tiempo   en   compañía  de  CASTRO       FRANCO,      iv)   el  testigo  insinúa  que  el  hoy  procesado  buscaba  a  una  persona  que  le sacrificara una res “y  no que le prestara un cuchillo”, pero  nunca      fue      visto     portando     ese     instrumento,     v)  es ilógico que el procesado fuera tan  torpe  como  para  dejar evidencia de haber solicitado un cuchillo, vi)  la  incriminación  del  deponente se  funda    en    rumores    que    circularon    en    el   pueblo,   vii)  su  afirmación en el sentido de que  el  cuchillo  decomisado  en  el  lugar  estaba limpio, aunque esa circunstancia  esté  corroborada  por  un  peritaje, son desmentidos por el policial ALEXANDER  GUAYARA,  viii) las supuestas  amenazas   proferidas  por  CASTRO  FRANCO  en contra del deponente para evitar que atestiguara con la verdad,  fueron desmentidas por JOSÉ ANTONIO OBANDO TREJOS.   

Apreciación     del     indicio    de  móvil.   

La  Corporación de instancia apreció que la  prueba  del  hecho  indicador del móvil del crimen no tiene soporte probatorio,  toda  vez  que:  1)  MARLOVY  HERNÁNDEZ,  compañera  sentimental  del  procesado,  negó  los  malos  tratos  recibidos  de aquel, así como haber tenido algún contacto con MANUELA CARVAJAL  SICACHA;   2)  LUZ  ESTELLA  CHAGUALA,    la   anterior   compañera   de   CASTRO  FRANCO,  así  como  el  policía  ALEXANDER  GUAYARA,  confirman  la  inexistencia  de  los aludidos malos tratos y niegan el carácter  agresivo  del  procesado,  3)  MANUELA  CARVAJAL  SICACHA  nunca  denunció al Comando de la Policía los malos  tratos      por      parte      del      procesado     hacia     su     entonces  compañera.             

En           conclusión,  para  el  Tribunal el crimen  pudo  ser  cometido  por cualquiera de las personas que concurrieron al lugar de  los  hechos,  en particular por aquellos a quienes se les decomisó un cuchillo,  o  por  el  sujeto  que  hizo  uso  del baño cerca del sitio donde se halló el  cadáver.   Por  lo  tanto, no existe certeza de responsabilidad y por ello  se  impone  la  absolución  por  razón  de  la  duda  probatoria.   

De  cara  al  fundamento  de la decisión del  Tribunal,  la  Corte  encuentra  que, tal como lo afirma el Procurador Delegado,  los  yerros  acusados se hallan configurados e inciden de manera trascendente en  el  sentido  del  fallo.   Es  así  como la Sala observa que el raciocinio  probatorio  del  sentenciador a partir del cual dedujo la existencia de una duda  probatoria,  la cual permitió la absolución del procesado, fue la consecuencia  de  omitir,  cercenar y apreciar individualmente, y en contra de las máximas de  la sana crítica, la prueba que obra en la actuación.   

La  vía de ataque que ensaya el libelista le  permite  a la Corte recordar, una vez más que el error de hecho lo generan tres  juicios, a saber:   

“a) Falso juicio  de  existencia,  según el cual, el juzgador, al momento de valorar individual y  mancomunadamente  las  pruebas, supone un medio de convicción que no obra en el  diligenciamiento  o  excluye  uno,  los  que  tenían  la  capacidad  de  probar  circunstancias  que  eliminan, disminuyen o modifican la decisión absolutoria o  de condena.”   

“b) Falso juicio  de  identidad,  en  el  que incurre el juzgador cuando en la apreciación de una  determinada   prueba   le   hace  decir  lo  que  ella  objetivamente  no  reza,  erigiéndose  en  una  tergiversación  o  distorsión por parte  del   contenido     material     del    medio    probatorio,   bien   porque   se  le  coloca  a  decir lo que su texto no encierra o  porque  se  le  hace  expresar  lo  que  objetivamente no demuestra.”   

“c)   Falso  raciocinio,  cuando el sentenciador se aparta, al momento de apreciar los medios  de  convicción,  de  los postulados de la sana crítica, es decir, de las leyes  de  la  lógica,  de la ciencia, de las máximas de la experiencia o del sentido  común.”4   

Teniendo en cuenta los derroteros anteriores,  veamos  de  qué  manera  la  sentencia  impugnada, en el ejercicio de plasmar y  apreciar  la  prueba  en cada uno de los argumentos que le sirvió de fundamento  para  disponer la absolución,  incurrió en violación indirecta de la ley  sustancial, por vía del error de hecho:   

Al  escaso mérito que el Tribunal le otorgó  al  indicio  de  presencia u oportunidad personal para  delinquir  subyacen  hipótesis  y  apreciaciones  que  carecen de demostración.    

En  efecto,  el  fallador,  al afirmar que el  autor  de  la muerte violenta pudo ser alguna de las personas que ocasionalmente  ingresaron   a la tienda con el fin de hacer uso del baño, no advierte que  dicho  aserto  no tiene soporte probatorio,  toda  vez  que  ni  el  administrador  del  establecimiento ni su  dependiente  –quienes dan  cuenta  detallada  de  gran  parte  de lo ocurrido la noche del asesinato- hacen  afirmación  alguna  en  tal  sentido; más aún, GUSTAVO GÓMEZ GARCÍA, uno de  los  presentes en el lugar, declaró que en la tienda había muy pocas personas,  que   “estaba  casi  sola  la  taberna”  (fl.  61,  c.o. No. 1) y, por  otra parte, la empleada del  establecimiento,  IDALID  ROJAS, expresó que los clientes que se encontraban en  la  tienda  “ni  siquiera  (entraron)  a  pedir  un  disco” (fl. 121, c.o. 1).   

En  otras  palabras,  esta   tesis  del  juzgador  sobre la posible autoría de la conducta punible es la consecuencia de  la  tergiversación de uno de  los  medios  de  convicción, y la omisión de otros, así como de lo que ellos demuestran.   

Que,  según  el  juzgador, el crimen hubiese  podido    ser    cometido    por    el   sujeto   conocido   como   chapete,   toda   vez  que  –según  lo  apreció aquel – éste fue  visto  haciendo  uso  del  baño  de la tienda después de que la víctima fuera  ultimada,  no  deja  de  ser  otra  hipótesis carente de sustento, toda vez que  no se ajusta a máximas de la experiencia y el sentido  común   que, en un contexto fáctico como el que  se  analiza,  el  mismo  criminal,  en lugar de alejarse del lugar del homicidio  para  evitar  ser  asociado  con  él, se hubiese quedado a hacer uso del baño;  más  inexplicable  aún  resulta el hecho de que el supuesto criminal, antes de  ingresar  al  baño,  le  hubiera  pedido  al  mesero  de la tienda –tal  como  éste  lo confirma (fl. 51,  c.o.   1)-   que   prendiera  la  luz  del  recinto,  pues  así  facilitaba  el  descubrimiento del cuerpo de su víctima.   

Por    otra   parte,   que   –según el juzgador- la muerte violenta  pueda   atribuirse   a   los   individuos  reconocidos  por  los  remoquetes  de  conejo   y   chapete,  por el hecho de que portaran un  cuchillo,  igualmente  resulta argumento insuficiente para desviar la hipótesis  incriminatoria  en  contra de CASTRO FRANCO,  toda  vez  que la prueba que el fallador  no   advirtió  (los  testimonios  de  DUVERNEY  DÍAZ  LAGUNA,  GUSTAVO  GÓMEZ, ROBINSON LEÓN CRUZ, entre otros) enseña que aquellos  fueron  aprehendidos  precisamente  al  llegar al lugar del homicidio, cuando ya  éste  había  tenido  ocurrencia, no entraron al establecimiento, menos aún al  baño  donde  ocurrió  el  hecho  punible,  y  su  presencia se explicó por el  requerimiento  que  hizo  el  procesado  de  un  cuchillo  para  sacrificar  una  res.     

Por  lo  anterior,  el  debilitamiento  de la  gravedad  del  indicio de presencia que predica el Tribunal obedeció a precisos  yerros  en  la  apreciación probatoria, cuya incidencia en el sentido del fallo  se  verá adelante al abordar el análisis conjunto de la prueba que el Tribunal  omitió.   

En  lo  que  tiene  que  ver con el     segundo     de    los    fundamentos    de    la    decisión  absolutoria,     esto     es,    la    apreciación  del  testimonio de DUVERNEY DÍAZ LAGUNA, administrador  y  mesero  del establecimiento de comercio donde tuvo  lugar  el hecho punible, la Sala advierte que el casi nulo poder suasorio que se  le  otorgó  es  el producto de tergiversar      y      omitir     los     demás  testimonios que lo corroboran.    

En efecto, véase que, al contrario de lo que  afirma  el  fallador,  el  testigo no dijo   que  hubiese  visto  juntos  al  procesado  y  a  la  hoy  occisa  en   el  baño,  sino  que  CASTRO  FRANCO  siguió  a  CARVAJAL SICACHA cuando ésta  se levantó para dirigirse a ese lugar (fl. 50, c.o. 1).    

Por  otra  parte,  el  Tribunal  insiste  en  distorsionar  el  dicho  de  DÍAZ  LAGUNA  al  decir  que éste expresó que CASTRO  FRANCO  no  pidió  un  cuchillo para sacrificar a una  res,   sino   que   en   realidad  requirió  colaboración  para  realizar  esa  labor.   La  forma  en  que  el  juzgador  plasmó la prueba es equivocada,  porque  en  numerosos  apartes  de  la declaración que se estudia, el deponente  precisa  que  aquello  que  CASTRO  FRANCO  le  pidió  fue concretamente el préstamo de un cuchillo (fl. 50,  c.o.  1),  lo  cual  encuentra apoyo en las versiones de ARNOLDO REINERIO BERMEO  MUÑOZ y GUSTAVO GÓMEZ GARCÍA (fl. 18, 58, 85 c.o. 1).   

Otra           tergiversación  del  dicho  del deponente  por  parte  del  sentenciador  de  segundo grado surge nítida cuando afirma que  aquel    incriminó   a   CASTRO   FRANCO  con  fundamento  en  rumores  y suposiciones.  Lo anterior es  ostensiblemente  contrario  a  la realidad probatoria, toda vez que el mesero en  realidad  atestiguó  acerca  de  lo  que  directamente percibió en su lugar de  trabajo,   y  solamente  se  refirió  a  comentarios  de  terceros  cuando  fue  preguntado         específicamente         sobre         el        móvil  del  crimen  y, aún al responder  dicha  pregunta,  el  testigo  se  cuidó  de  deslindar  su propio conocimiento  directo  de  los  hechos  de  los  rumores  que circulaban en la comunidad, pues  preguntado  sobre  el motivo del crimen, expuso: “No  lo   sé,   pero   la  gente  de  allá  de  Curillo  comentaba…”   (fl.   56,   c.o.   1,  subraya  la  Sala).      

El  fallador  omitió confrontar el dicho del  patrullero  FERRIN  PRECIADO con el de AUGUSTO RAMÍREZ, DUVERNEY DÍAZ y con el  del  mismo  procesado; de haberlo hecho, hubiese advertido que, aunque es cierto  que  el  primero sostiene que acompañó en todo momento al último, también lo  es  que,  tal como lo advierte el demandante, los demás deponentes señalan que  CASTRO  FRANCO no permaneció  todo  el  tiempo  en  un  solo sitio, sino que se desplazó hacia varios lugares  dentro  y  fuera de la tienda, y que en uno de esos movimientos siguió a la hoy  occisa  al  baño,  lugar  donde minutos después fue encontrada sin vida.    

Por  último,  las  inconsistencias  sobre la  manera  en  que  el  declarante  dijo  haber hallado el cadáver, si el cuchillo  incautado   a   chapete  y  conejo  estaba limpio o no,  que  el  procesado no presentara rastros de sangre en su vestimenta, o bien, que  las  amenazas  supuestamente  dirigidas por el acusado en contra de DÍAZ LAGUNA  para  que  callara  los hechos no hubiesen sido corroboradas, son circunstancias  que  se  refieren  a  hechos  anteriores  o  posteriores  a  la ocurrencia de la  conducta  punible  y,  ponderadas  al  lado de la prueba de cargo, carecen de la  relevancia  necesaria  como  para  desestimar  la  incriminación  en  contra de  CASTRO    FRANCO.    

Más  aún,  en  relación  con las presiones  ejecutadas  por  CASTRO FRANCO  para  que  los declarantes no relataran la verdad de los hechos -amenazas que el  Tribunal  encontró  sin  fundamento,  por cuanto JOSÉ ANTONIO OBANDO TREJOS no  las  corroboró-  nótese  que  es  precisamente un subalterno del procesado, el  patrullero  de  la Policía Nacional AUGUSTO RAMÍREZ OSPINA, quien confirma que  “después  de  la  muerte de la señora MANUELA, el  cabo  CASTRO  me  llamaba  y  me decía que (lo) yo tenía que decir” (fl. 89, c.o.1).       

Ahora  bien,  en  lo que tiene que ver con el  tercer    soporte   argumental   de   la   decisión   absolutoria,  esto  es,  la  apreciación  del Tribunal en el sentido de que no  está  demostrado el hecho indicador del móvil del crimen (los malos tratos que  propinaba  el  procesado  a su compañera MARLOVI HERNÁNDEZ y el consejo que la  occisa  le  habría  dado  a  esta  última  para  que  los denunciara), la Sala  encuentra  que,  a  través de dicha conclusión,  el Tribunal cercenó  el  dicho del mismo CASTRO  FRANCO,  toda  vez que éste   precisa   que  en  efecto  tenía  altercados  con  su  compañera  –aunque los  califica  de normales- y que,  en  una  oportunidad,  luego de una de dichas acaloradas discusiones, vio a  su  compañera  de  entonces  MARLOVI  HERNÁNDEZ conversar con la hoy occisa, y  manifestó  que  al  parecer  dicha conversación tuvo que ver con la discusión  anterior (fl. 97, c.o. 1).   

Los    malos   tratos   de   CASTRO   FRANCO   hacia   su   compañera  sentimental  MARLOVI  HERNÁNDEZ  encuentran respaldo contundente en el dicho de  los   servidores   de  la  Policía  Nacional  AUGUSTO  RAMÍREZ  OSPINA,  WADIL  VALLECILLA   FLORIÁN  y  GUSTAVO  ADOLFO  CASALLAS5  (fl.  58,  54, c.o. 3), entre  otros,  y  aunque  es  verdad  que aquella, así como la anterior compañera del  implicado,  niegan  el  maltrato,  tal  postura, como atinadamente lo aprecia el  Procurador  Delegado,  deja  ver  un  claro interés por favorecerlo, el cual se  contradice  con el dicho del mismo procesado, quien confirma que tuvo altercados  de importancia con su compañera.   

Significa lo anterior que la escasa relevancia  que  el Tribunal le asignó al indicio de móvil, como consecuencia de no hallar  demostrado   el  hecho  indicador  de  los  maltratos  del  procesado  hacia  su  compañera,      resulta      ser      el      producto      de     omitir  el  testimonio  de  miembros de la  Policía   Nacional  que  obran  en  la  actuación,  así  como  lo  que  ellos  demuestran,  como  también  de  omitir máximas de la  sana   crítica  al  ponderar  el  dicho  de  quienes  compartieron    vida    sentimental    con    CASTRO  FRANCO.          

Los  yerros  que  se vienen de detectar en el  razonamiento  del  Tribunal  fueron  determinantes  para  el  sentido  del fallo  absolutorio,  comoquiera que éste  se funda en una premisa central: que el  crimen  pudo  ser  cometido  por  otra  de las personas que se encontraban en la  tienda.   No  obstante,  tras corregir los aludidos vicios de apreciación,  los  cuales  afectan  cada  uno  de los soportes probatorios de la decisión del  ad-quem  y condujeron a dar  por  acreditada  una  duda  probatoria,  lo  que  surge  es  una  incriminación  consistente  en contra del procesado, tal como también lo advirtiera el juez de  primer grado.    

En  efecto, véase cómo el juez a-quo,   gracias   a   que  contempló  de  manera  completa  y fiel el  testimonio  del  administrador  del negocio DUVERNEY DÍAZ LAGUNA, pudo advertir  que    en   contra   de   CASTRO   FRANCO  obraban  los  indicios de presencia y de  participación,  con  fundamento  en  que, tal como lo  expresó   el   deponente,   aquél   tuvo  contacto  con  la  hoy  occisa;  que  “le  pide (a DÍAZ LAGUNA)  un  cuchillo  prestado con el propósito de matar una  vaca”        (y        no        –como de manera equivocada lo apreciara  el  ad-quem- que le hubiese  pedido  ayuda  para  sacrificar  al  animal,  sin  hacer mención del arma corto  punzante)  y,  por  último,  que  “observó  a  la  muchacha  cuando  se  desplazaba  hacia  el  baño,  siendo  seguida por el Cabo  CASTRO,  quien  momentos  antes  había  dejado  el  fusil a otro de los miembros de la Policía, y pasado  entre  5  o  10  minutos  como  máximo,  regresaba  el  Cabo  de la zona de los  sanitarios,  pidiendo  que  se  le  retorne  el  fusil y sale inmediatamente del  establecimiento    en    compañía   de   los   otros   uniformados” (pág. 11, 14 decisión de 1er grado).   

Así  mismo,  junto  a  los  de presencia y  participación,  el  juez  de primera instancia, identificó también los hechos  indicadores   del   indicio   de   móvil,  tras apreciar en su verdadero contexto el dicho del patrullero de  la  policía AUGUSTO RAMÍREZ, quien, tal como lo plasmó el juzgado, manifestó  que  “se dio cuenta de una fuerte discusión con la  dama    con    quien   (CASTRO   FRANCO)  compartía en esos momentos, y al día siguiente el mismo Cabo le  comunicó  que  Manuela Carvajal le aconsejó a la mujer que se viniera a quejar  al  Comando  (de Policía) del Departamento por los malos tratos, situación que  produjo   malestar  en  el  suboficial”  (pág.  13,  sentencia  de  1er  grado).   Véase cómo el fallador de primera instancia  otorgó  credibilidad  a  dicho  testimonio,  no  solamente porque halló que no  dejaba  ver  intención  de  tergiversar  los  hechos,  sino porque lo encontró  coincidente  con  el dicho de otros muchos subalternos del suboficial implicado,  entre  ellos,  GUSTAVO  ADOLFO  CASALLAS,  WADIL  VALLECILLA  FLORIÁN  y  YIMMY  GONZÁLEZ     MARTÍNEZ     (pág.     14,     sentencia     del    a-quo).   

A  partir del testimonio del mismo patrullero  AUGUSTO    RAMÍREZ,   el   juez   a-quo   corrobora   también   el   indicio  de  presencia   y   participación   que   compromete  la  responsabilidad    de    CASTRO   FRANCO,   al   advertir   que   éste,  al  igual  que  lo  expresaron  el  administrador  del  negocio  y su empleada IDALY ROJAS, vio cuando el suboficial  conversó  con  la  ofendida  y  la  convidó  a  tomar cerveza, “y            momentos           después          –agrega   el  sentenciador  de  primer  grado-  le  comenta  el  cabo Castro que si llegaba a  escuchar  algo  no  tenía  que  decir nada y posteriormente le interroga que si  tiene    un    cuchillo    bien    filoso…   Pasa   el   tiempo   –continúa el juez a-quo- y evidenció  cuando  la  empelada de la Policía  se dirige al baño y en ese momento el  Cabo  CASTRO le hace entrega  del  fusil  y salió con la misma dirección de la hoy occisa y pasando un corto  tiempo  retorna,  solicitando la devolución del arma, y le dice que se vayan en  forma  inmediata”  (pág. 13, 14, decisión del juez  a-quo).     

La   Corte  advierte  que  el  razonamiento  probatorio   del   juzgador   de   primer  grado  concluyó  en  la  certeza  de  responsabilidad      del      procesado      CASTRO  FRANCO,  gracias  a  que,  por  una parte, apreció la  prueba  de  cargo  de  manera  íntegra y la plasmó en su verdadero contenido y  alcance  y,  por  la  otra, halló que dichos medios de convicción resultan ser  concordantes,  esto  es,  que  se  refuerzan  unos con otros y apuntan hacia una  misma  conclusión,  al  tiempo  que descartan otras hipótesis de autoría como  las que propone el censor.    

Es  por lo anterior que la Sala encuentra que  en  verdad  no  existe  prueba  directa  de  la  responsabilidad  del  procesado  CASTRO  FRANCO.   Aún  así,  de  las declaraciones de los empleados del establecimiento donde ocurrió  la  muerte violenta, apreciadas al lado de las atestaciones de los servidores de  la  Policía Nacional que acompañaban al procesado en los momentos anteriores y  posteriores  al  crimen,  se  desprenden  indicios  de  responsabilidad     que    permiten    descartar  otras  hipótesis  de  autoría  distintas  a  las  que pesan sobre JOSÉ ANTONIO CASTRO  FRANCO.   

Es  así como a partir de los mentados medios  de    convicción    surge    demostrada,    no    solamente   la   presencia  del procesado en el lugar de la  comisión    del   hecho   punible   –indicio   insuficiente   para   edificar  sobre  él  un  juicio  de  responsabilidad-,  sino  uno  más comprometedor como el de participación en la  comisión  del  delito, comoquiera que tanto de las palabras de sus subalternos,  así  como  de  las  de  los  empleados  del  negocio surge que en verdad el hoy  procesado  siguió  a  la  víctima  al  baño, lugar donde minutos después fue  hallada sin vida.   

Si a lo anterior se le agrega que en verdad el  suboficial  acusado advirtió y se molestó al saber que la hoy occisa aconsejó  a  su  entonces  compañera  sentimental  que  denunciara  ante el Comando de la  Policía  Departamental los malos tratos que él mismo le propinaba –de los cuales fueron testigos directos  sus  propios  subalternos  y  los  admite  el  mismo  procesado-, entonces surge  nítido  el indicio de móvil,  el  cual  termina  por  adquirir  aún  más poder suasorio, al advertir que los  contraindicios   que  se  le  oponen  –esto  es,  las  declaraciones  de las compañeras afectivas del Cabo  CASTRO  FRANCO, que tratan de  desmentir   los   aludidos  malos  tratos-  están  notoriamente  encaminadas  a  favorecer  al  acusado,  tal  como  de  manera razonada también lo advirtió el  Procurador Delegado.          

Que  el  autor  o autores del crimen hubiesen  sido    los    sujetos    conocidos    por    los    alias    de    chapete        y       conejo, o bien el individuo que, al hacer  uso  del  baño  de  la tienda, permitió el descubrimiento del cuerpo de la hoy  occisa,  son  hipótesis  que,  como  ya  se  precisó,  no  encuentran asidero,  comoquiera  que  los  dos  primeros  hicieron  presencia en lugar cercano al del  homicidio   después   de  su  ocurrencia,  y  pudieron  explicar  su  presencia  allí.    Así  mismo,  la  responsabilidad  del  tercero  queda  del  todo  descartada  por  razón  de  obvias  reglas  de  experiencia, como atrás quedó  detallado.   

Recuérdese que no es del todo cierto, como lo  afirma  el  casacionista,   que  muchas otras personas se encontraban en la  tienda  donde  ocurrió el homicidio, pues tal posibilidad la desmintió GUSTAVO  GÓMEZ  GARCÍA,  uno  de  los  presentes  en el lugar, quien declaró que en la  tienda  había  muy pocas personas, que “estaba casi  sola  la  taberna”  (fl.  61,  c.o.  No. 1), lo cual  confirmó  la empleada IDALI ROJAS, quien refirió que los pocos clientes que se  encontraban  en  la tienda “ni siquiera (entraron) a  pedir un disco” (fl. 121, c.o. 1).   

Y  aún  cuando,  en  gracia  de  discusión,  pudiera  admitirse  que  muchas  otras personas se encontraban en la heladería,  tampoco  así podría, de manera lógica, radicarse en cabeza de alguna de ellas  la  responsabilidad  por  los  hechos  que  se  investigan, habida cuenta que en  contra  de  éstas  no concurren las precisas circunstancias incriminatorias que  los   yerros  de  apreciación  probatoria  en  que  incurrió  el  ad-quem     impidieron     tomar    en  consideración,  pues  téngase  en  cuenta  que  sobre  ninguno  de  los demás  presentes  cabe  predicar  un  indicio  de  participación,  conducta anterior o  posterior, mucho menos el de móvil.    

Naturalmente,  a conclusión contraria llegó  el  Tribunal, como consecuencia de tergiversar el contenido probatorio, dejar de  advertir  su  contenido  integral  y  apreciar  de  manera aislada los medios de  convicción,  como  se  indicó en párrafos anteriores. Tales yerros, según lo  anota  el  Procurador  Delegado  de  manera atinada, lo condujeron a apreciar en  forma  aislada  aquellos hechos generadores de duda, y a no ver que el procesado  en  verdad  tuvo  contacto  verbal  con la hoy occisa, que en realidad pidió un  cuchillo  para sacrificar una res y que siguió a la ofendida cuando se levantó  para  dirigirse  al  baño,  luego  de  lo  cual, pasados 5 o 10 minutos, salió  presuroso y se retiró con sus subalternos.   

Como  de  manera  atinada lo resumió el juez  a-quo,   en   contra  del  Cabo   JOSÉ  ANTONIO  CASTRO  FRANCO se acreditan:   

“Indicio  de  presencia  en  la  escena  del  crimen,  partiendo  de  ingresar el procesado no  solamente  al  establecimiento  público,  conversar  con  la víctima en varias  oportunidades,  sino  el  haberla seguido hasta la unidad sanitaria donde quedó  el  cuerpo  sin  vida  de  Manuela  Carvajal  Sicacha,  tal  como lo sostiene el  patrullero  Augusto y Duverney, no observando a otra persona en esta situación,  pues  el  matarife  estaba  en  ese  sitio  después  de los hechos.”   

“Indicio  de  actitud  sospechosa,  al  expresar  a su compañero de mesa, patrullero Augusto,  (que)  si  observaba  o  escuchaba  algo  no  fuera  a  decir  nada, y la salida  apresurada  una  vez retorna de la zona de los baños, luego de pasados entre 10  o    15    minutos,    sin   acabar   de   ingerir   la   cerveza   pedida   con  antelación.”   

“Indicio  de  actitud  sospechosa  posterior  al  homicidio,  al  haber  requerido  a  los dos  testigos  quienes  observaron  parte  de su comportamiento en el establecimiento  público,  para  que  al ser llamados por la justicia se abstuvieran de expresar  haberlo  visto  salir  con dirección al baño una vez lo hiciera la víctima, y  enfatizando  (que)  cuando  salieran  los  uniformados  de la heladería aún se  encontraba    la    dama   en   la   parte   central   del   salón.”        

Por  lo  anterior,  al  corregir  los  yerros  acusados  y  advertir  lo  que  la  prueba correctamente plasmada y apreciada en  realidad   demuestra,  se  impone  lógicamente  la  necesidad  de  casar   el   fallo   impugnado   y,   en  consecuencia,  a  modificar su  sentido  y  proferir sentencia condenatoria  en  contra del procesado, acorde con lo decidido y argumentado por  el  juez  a-quo,  quien, de  manera   atinada,   concluyó   con   un   juicio  de  responsabilidad  en  contra del procesado CASTRO  FRANCO,  tras  plasmar  de  manera  completa,  y  en  su  verdadero sentido y alcance, los elementos de convicción,  apreciarlos  de  manera  conjunta  y aplicar sobre ellos máximas válidas de la  sana  crítica,  las  cuales  condujeron  a  desestimar  las  exculpaciones  del  incriminado.   

Dosificación   punitiva,   fijación   de  perjuicios y subrogado penal.   

La Sala habrá de respetar y, en consecuencia,  confirmar    los    razonamientos    ponderados   por   el   juez   a-quo   al   individualizar   la   pena  principal  privativa  de  la  libertad,  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y  funciones    públicas,    así    como    el    monto   de   los   perjuicios    materiales    y    morales,  comoquiera  que  los encuentra razonables y ajustados a criterios acordes con la  gravedad  del  comportamiento encaminado a quitar la vida a otro ser humano, los  daños  de  todo  orden  ocasionados  a  los  familiares de la hoy occisa y a la  comunidad,  la  intensidad  del  dolo  en  el  comportamiento  del  acusado y la  necesidad del cumplimiento de la pena de prisión.    

La   Sala   se   abstiene  de  conceder  la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  por  cuanto  en  este  caso  no  se  cumple  el  requisito  objetivo  para  su  concesión, habida cuenta que la pena de prisión  supera los 3 años de duración.   

Por  último,  la  Sala  no  accederá  a  la  petición  formulada  por  el  Procurador Delegado, en el sentido de corregir el  yerro    en    que    supuestamente    incurrió    el    juzgado   a-quo  al  dosificar la pena accesoria en  cuantía  de  20  años conforme lo permite el inciso 3º de los artículos 52 y  51  de  la ley 599 de 2000, toda vez que dicha determinación es atinada, habida  cuenta  que  los  hechos juzgados tuvieron lugar el 1º  de  abril  de  2002,  cuando  ya estaba en vigencia el  Código  Penal que hoy nos rige, motivo por el cual no es procedente aplicar, en  el tema propuesto, el Código Penal de 1980.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1.        CASAR   la  sentencia  impugnada, conforme el cargo único  propuesto por el apoderado de la parte civil.   

2.    Como  consecuencia  de  lo  anterior, CONDENAR al   procesado  JOSÉ  ANTONIO CASTRO FRANCO  a   la   pena   principal  de  345  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  de  20  años,  como  autor  responsable  de  la  conducta  punible de  homicidio agravado (artículo 104-7 del Código Penal).   

3.   CONDENAR  a  JOSÉ  ANTONIO  CASTRO  FRANCO al pago de  la  suma  de  $184´393.464,45  pesos  por concepto de  perjuicios   materiales  a  favor  de los demandantes MARINELA SICACHA, NOELVA VALENZUELA SICACHA y el menor  YOSCAR  ANSELMO  VALENZUELA  SICACHA,  y el equivalente a novecientos (900)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  por  concepto  de  los  perjuicios morales irrogados a los mismos.   

4.   DECLARAR  que  el condenado  JOSÉ  ANTONIO CASTRO FRANCO  no  se  hace  acreedor  a  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la  pena.   

5.    Por  Secretaría  de  la Sala, líbrense las órdenes de captura ante las autoridades  judiciales correspondientes.   

6.  Dése  cumplimiento  a lo normado en los  artículos 469 y 472 de la Ley 600 de 2000.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

                                                  

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

                                                                                                                                                   COMISIÓN DE SERVICIO   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  En   representación  de  Marinela  Sicacha,  Noelva  Valenzuela  Sicacha  y el menor Yoscar Anselmo Valenzuela Sicacha, éste último  representado por Leticia Sicacha.   

2  Tales   como  conversar   con   un   individuo   de  origen  costeño  en  varias  oportunidades,  con  la  mesera  del  establecimiento, el administrador, brindar  gaseosa  a  los  policías que lo acompañaban, tomar una cerveza, conversar con  la  ofendida  MANUELA  CARVAJAL  SICACHA  y con otro sujeto a quien le pidió el  favor  de llevar una comida a su esposa en la estación, así como esperar a que  éste cumpliera la encomienda.   

3  Para  el  Tribunal,  hay  dos individuos con el mismo  alias  de  chapete: uno de  ellos  fue  capturado mientras portaba un cuchillo, y el otro fue visto haciendo  uso   de   los   baños   de  la  heladería  Okidoki  (fl. 13, cuaderno del Tribunal).   

4  Auto  del  13  de  febrero  de  2008, radicación No.  26746   

5  Este   último   expreso   sobre   el   particular:  días  anteriores  al homicidio de Manuela, ellos dos  discutieron  de  una  forma  muy salvaje, él le dejó un hematoma en el ojo, lo  anterior  porque se escuchaban los gritos y el por favor no me pegue”     

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