21764(18-11-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21764  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR.   ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

Aprobado   Acta   No.  333   

Quibdó,  dieciocho  (18) de noviembre de dos  mil ocho (2008)   

VISTOS:  

Decide  la  Sala el recurso extraordinario de  casación    interpuesto   por   el   defensor   contractual   de   CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ  contra  la  sentencia  del 30 de agosto de 2001 mediante la cual el  Tribunal  Superior de Ibagué confirmó la proferida por el Juzgado Único Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad el 14 de marzo de 2.000 que lo  condenó  (junto  con Nolberto Carreño Camacho) a la pena principal de 35 años  de  prisión, interdicción de derechos y de funciones públicas por diez años,  multa  equivalente  a  cien  salarios mínimos mensuales legales, indemnización  por  perjuicios  materiales  y  morales  en  cuantía  de 1300 gramos oro;   además  le  negó  el  subrogado  de  la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena, por hallarlo penalmente responsable  del      delito      de     secuestro     extorsivo  agravado.   

HECHOS:  

La señora Ángela María Rodríguez Guerrero  denunció  que  el  día  3  de mayo de 1.997 fue secuestrado su esposo, médico  Henry  Rojas  Rojas,  por  seis  sujetos que portaban armas de fuego, dos de los  cuales  descendieron  de  una camioneta verde de platón y que lo llevaron a una  zona  montañosa.   (La  liberación se produjo por miembros de la Policía  Nacional el 24 de julio siguiente).   

El secuestrado fue mantenido a la intemperie,  lo  amenazaban  de  muerte y lo obligaban a escribir notas a su familia para que  facilitaran la suma de cuatro mil millones de pesos por el rescate.   

Por labores de inteligencia se estableció que  entre     los     posibles     partícipes     estaba     alias     ‘Miguel’   organizador  de  la  banda  (quien  resultó  ser  Miguel  Vargas  Díaz,  muerto  en el operativo de rescate), Luis  Armando  Mora  Gordo  conductor  y  transportador  de  los alimentos al sitio de  cautiverio  (quien  aceptó  los  cargos  y se sometió a sentencia anticipada),  Zoraida  Ruiz  Callejas  quien  financió la operación, Arbey Alexander Suárez  Martínez  (a.  Pedro, a. Pacho) quien aceptó su compromiso penal y se sometió  a sentencia anticipada, y otros:  Fredy, Raúl y Pedro.   

La  camioneta que se utilizó en el secuestro  era  hurtada,  fue localizada en Bogotá y en ella se transportaban Luis Armando  Mora  Gordo  y  Nolberto  Carreño Camacho, capturados junto con Arbey Alexander  Suárez  Martínez (a. Pedro) quien inmediatamente confesó su participación al  igual  que  Mora  Gordo,  prestaron  colaboración a los miembros de la Policía  Nacional  para  acompañarlos  hasta  el sitio de cautiverio donde se produjo la  liberación  después  de  un  cruce  de disparos en los que resultó abatido el  director  de la banda (Miguel Vargas) y heridos tanto algunos policiales como la  víctima del plagio; los demás delincuentes se evadieron.   

Desde el primer momento, tanto Arbey Alexander  Suárez  Martínez  como  Luis  Armando  Mora  Gordo  señalaron  a CELESTINO   HERNÁNDEZ   GÓMEZ  como  la  persona  encargada  de  la inteligencia, que suministraba información sobre los  movimientos y nivel económico del médico Henry Rojas Rojas.   

ANTECEDENTES  

La   Fiscalía   profirió  resolución  de  acusación      contra     CELESTINO     HERNÁNDEZ  GÓMEZ  el  30  de  junio  de  1998  por  secuestro  extorsivo  agravado (artículo  268  del  Decreto  100  de  1980, subrogado por el artículo 1° de la Ley 40 de  1993  en  conc. Con el artículo 270 subrogado por la L. 40 de 1993, numerales 3  y  7),  porte  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo  de  las fuerza pública  (Artículo  202  modificado  por  el  artículo  2°  del Decreto 3664 de 1986 y  adoptado  como  legislación  permanente por el Decreto Legislativo número 2266  de   1991)    y   hurto   agravado   (artículos  349  y  351  –    6    del   C.P.   vigente   para  entonces).    (Fls.    267  – 281 / 4).   

El 19 de enero de 1999, la Unidad de Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Nacional  confirmó la acusación en relación con  CELESTINO  HERNÁNDEZ y en la  misma  decisión  acusó  a  Nolberto  Carreño  Camacho a quien la fiscalía de  primera  instancia  había  precluido  la  investigación  (Fls. 18 –   30   /   cuaderno  de  la  segunda  instancia).   

El 14 de marzo de 2000, el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Ibagué profirió sentencia condenatoria contra los  procesados,  únicamente  por  el  delito  de  secuestro extorsivo, mientras que  declaró  la  nulidad  a  partir  de la calificación del sumario por las demás  conductas  (Fls. 112 – 153  / 6).   

La  sentencia  del  Juzgado  fue  confirmada  integralmente  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial el 30 de agosto de  2001  (Fls.  44  –  75 /  7).   

Por  auto de 4 de mayo de  2006  la  Sala  declaró  ajustada  la  demanda  que  presentó  el  defensor de  HERNÁNDEZ  GÓMEZ   e  inadmitió  la  demanda de Nolberto Carreño Camacho.   

La  Procuraduría  Segunda  Delegada  para la  casación   penal   presentó   su  concepto  el  pasado  29  de  septiembre  de  2008.   

LA     SENTENCIA  IMPUGNADA   

Como  existe  inescindibilidad  entre  las  sentencias  del  juez  individual y del colegiado, lo pertinente es decir que la  condena  se  fundamentó  en  la credibilidad a las versiones de Arbey Alexander  Suárez   Martínez   y   de  Luis  Armando  Mora  Gordo  quienes  sindicaron  a  CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ  como  el encargado de labores de inteligencia a las actividades de la víctima y  de   suministrar  al  grupo  de  secuestradores  la  información  necesaria  en  relación con los movimientos y capacidad económica del médico.   

         LA IMPUGNACION   

Primer  cargo.   Violación del debido  proceso  y  del  derecho  de defensa por falta de investigación integral.   (Artículos  29 de la Constitución, 1°, 249, 294 del  decreto 2700 de 1991).   

1.    Violación   del   principio  de  investigación integral   

Adujo  el  libelista  que  la  fiscalía  no  atendió  las  solicitudes de la defensa técnica que requirió las ampliaciones  de  indagatoria  de  Arbey Alexander Suárez Martínez y Luis Armando Mora Gordo  (pruebas  que  soportan  la  condena),  que tenían como objeto controvertir las  acusaciones     contra     CELESTINO     HERNÁNDEZ  GÓMEZ  y  contra  interrogar a los testigos;  de  manera  que  al  no  haber  recibido  las  ampliaciones de esas declaraciones se  impidió  el  derecho  de defensa, en el entendido que los testigos señalaron a  alias  “El  Tío”  como  partícipe  del  secuestro,  sin  determinar si esa  persona es el procesado.   

No se puede desconocer, dice, que CELESTINO    HERNÁNDEZ    mantuvo    un  comportamiento  social  y  familiar  absolutamente  normal  después  de  que se  produjo  la  liberación  del  secuestrado,  situación  indicativa  de  que  es  inocente.   

Por otra parte, la Fiscalía omitió vincular  al  señor  Fernando Navarro en cuya vivienda se guardaba la camioneta en la que  ejecutaron el secuestro, según lo reveló Luis Armando Mora Gordo.   

Por  estas razones, la Corte debe decretar la  nulidad  a  partir  del  auto  que  abrió la investigación penal, por falta de  vinculación de uno de los imputados.   

2.  Nulidad  por  falta  de  competencia  del  funcionario judicial   

El casacionista refiere que la investigación  fue  adelantada por el Fiscal Delegado ante la Unidad Investigativa –Grupo Gaula- de la   

Fiscalía  General de la Nación de Ibagué y  que,  en  la  fase del juicio y para la celebración de la audiencia pública de  juzgamiento,  a solicitud del Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de  Ibagué  fue  designada  por el Director Seccional, mediante oficio DSF-5263 del  15  de  diciembre  de  1999,  una  Fiscal  Delegada  ante  el  Grupo Gaula de la  Fiscalía, quien sustentó la acusación.   

A  partir  de ello aduce el demandante que la  Fiscal  Delegada  ante  el  Gaula  carecía  de  competencia  para  sustentar la  acusación,  porque  esa función le correspondía a los fiscales delegados ante  los  jueces  del  circuito, municipales y promiscuos (a la luz del artículo 127  del  C.  de  P.P.)  y  no  a  los  fiscales  delegados ante el grupo Gaula de la  Fiscalía.   

La función de los fiscales delegados ante el  grupo  Gaula  de  la Fiscalía era la de “dirigir, coordinar y controlar todas  las  investigaciones”,  más  no  la  de  participar  en el juzgamiento de los  procesados;    por  suerte  que  el  fiscal  delegado  ante  el  Gaula  que  fundamentó   la   acusación   actuó   por   fuera   de   la   órbita  de  su  competencia.   

3.  Solicitud extemporánea de pruebas y  nulidades   

De  conformidad  con  el  artículo  446  del  Decreto  2700  de 2000 (C. de P.P.) el juez del conocimiento corrió el traslado  para  preparar  la  audiencia  pública,  solicitar  nulidades  y  pedir pruebas  (término  que  venció  el  15 de septiembre de 1999);  con todo, el 29 de  septiembre  siguiente  el  defensor  del  procesado insistió en la necesidad de  escuchar  la  ampliación  de  las  declaraciones  de  Luis Armando Mora y Arbey  Alexander Suárez, únicos testigos de cargo.   

Mediante  auto del 2 de noviembre de 1999, el  juzgado  declaró  que  la  solicitud  de  la  defensa  se  presentó  de  forma  extemporánea.   Por  manera  que  la  negativa  del  juez del conocimiento  afectó  la  defensa  porque  el juzgado debió ordenar las declaraciones con el  ánimo  de  cumplir  el  imperativo  de  investigar  tanto  lo favorable como lo  desfavorable al acusado.   

Por  otra  parte,  con  posterioridad  a  la  sentencia,  la  defensa  allegó  una carta que remitió el testigo Armando Mora  Gordo  al  procesado  CELESTINO HERNÁNDEZ en  la  que  pidió perdón por haberlo incriminado injustamente, lo  que  demuestra  la  importancia  de  haber  recibido  las  ampliaciones  de  los  testimonios de los únicos testigos de cargos.   

La  trascendencia del reproche implica que la  Corte  debe  decretar  la nulidad a partir del auto que negó la realización de  las pruebas en el juicio.   

Segundo   cargo.   Falso  juicio  de  legalidad   

Según el libelista, tanto la indagatoria como  la  ampliación  que  rindieron  Arbey  Alexander  Suárez  y Armando Mora Gordo  fueron   ilegales   porque  la  defensa  de  CELESTINO  HERNÁNDEZ  –ahora  sentenciado-  no tuvo oportunidad de controvertirlos mediante  contra-interrogatorios  a  pesar  de haber formulado múltiples solicitudes a la  fiscalía en ese sentido.   

De tal manera que durante el proceso se negó  el  derecho  de  contradicción,  y,  a partir de ello, es dable afirmar que las  pruebas  que fundamentan la imputación son inexistentes, precisamente porque el  sindicado   nunca   tuvo  la  oportunidad  de  controvertirlas,  ni  durante  la  investigación, ni durante el juicio.   

Por esta censura, la Corte debe casar el fallo  y en su lugar absolver al procesado, quien se presume inocente.   

Tercer   cargo.    Falso  juicio  de  identidad   

Afirma  el  libelista  que, tanto el Juzgador  individual  como el colectivo tergiversaron los testimonios de Alexander Suárez  Martínez  y  de  Luis Armando Mora Gordo que fundamentan la condena1…  “a  continuación  me permito valorar cada uno para  demostrar el cargo…”:   

3.1.  Luis Armando Mora Gordo contó que  alias  “El  Tío”  fue  quien  escogió  a  la persona a secuestrar, le hizo  inteligencia,  dio  datos  de  ubicación,  rutinas,  etc.;   sin  embargo,  precisó  que  no  sabía el verdadero nombre, pero refirió que era un tío del  Espinal…  “creo que el señor que le decían tío  es   el   tal   Celestino   y   era   el   que   estaba  suministrando  toda  la  información” y que era una de las personas que daba  información  a alias “Miguel” y que el dinero del secuestro lo repartirían  entre    alias   “Pedro”,   “Miguel”,   “Zoraida”,   “Raúl”   y  “…me imagino que el señor Celestino o el tío si  es el mismo”.   

En la ampliación de indagatoria reiteró que  “…don  Celestino  si  sabía  y participó en los  hechos  del  secuestro del señor Henry Rojas, y tenía permanente comunicación  con  Miguel”;   agregó que en varias ocasiones  fue  a  dejar  a “Miguel” y a “Zoraida” en la casa de don Celestino para  que  acordaran  aspectos  del  secuestro;   contó  que “don Celestino”  sirvió  como  fiador  en  la  compra  de  una motocicleta que se utilizó en el  secuestro  y  refirió  que  tenía  conocimiento  de  las  armas  y  radios  se  utilizarían;     contó    que   dejó   las   armas   en   la   casa   de  Celestino.   

Del dicho de Mora Gordo se concluye que ignora  quién  es  a. “el tío Miguel”;  que cree que se trata de CELESTINO   HERNÁNDEZ,  aunque  no  esté  demostrado que sean la misma persona a quien refiere de oídas.   

Sin embargo, tanto el juzgado como el Tribunal  afirmaron  que  el  acusado  participó  de  forma  activa en la planeación del  secuestro  y  concluyeron que el dinero del rescate era para repartirlo de forma  conjunta entre los miembros de la banda.   

La  tergiversación de la prueba se presenta,  según  afirma,  porque  el  juzgador  (tanto individual como colegiado) sostuvo  algo  que  no  manifestó  el  testigo  Mora  Gordo,  quien  apenas  dijo que se  imaginaba   que   el   señor   CELESTINO  (o  el  tío  si es el mismo) participaría en la repartición del  dinero.    Por  manera  que  no  hay  certeza  de  la  responsabilidad  del  acusado.   

3.2.  El testigo Arbey Alexander Suárez  Martínez    contó    que     alias    “Miguel”    le   comentó   que  “…un  señor del Espinal era quien le había dado  el  dato  para  secuestrar  a  Henry Rojas” y que ese  señor    “…era    don    Celestino”,  quien  “…nos  dio  el  dato que  Henry tenía plata”.   

Lo  que se concluye de esa versión es que se  trató  de  una  información que un tercero (alias Miguel) le dio al testigo de  cargos, y que no pudo ser confrontada en el proceso.   

Sin  embargo, el juzgador la tuvo como prueba  directa   de   la   responsabilidad   del  acusado,  incurriendo  en  error  por  tergiversación,  en  la  medida  que  Suárez  Martínez  nunca  dijo  que  las  actividades  de  inteligencia  o la información a la banda de secuestradores la  suministró  CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ.   

Sin  embargo, a las versiones de Mora Gordo y  Suárez  Martínez  se  les  dio  el  carácter  de prueba directa cuando apenas  dieron  cuenta de que un tercero (no identificado a plenitud) había participado  en  el  secuestro;   de  todas maneras, lo que se concluye al apreciar esas  declaraciones  es  que  persiste la duda sobre la participación en el delito, y  por ello la Corte debe absolver al acusado.   

No  debe  perderse  de  vista  –dice- que tanto Suárez Martínez como  Mora    Gordo    incurren    en    contradicciones   en   sus   indagatorias   y  ampliaciones;   de  suerte que al tenerlos como testigos de responsabilidad  penal,  se  vulneró  el principio de presunción de inocencia y el in   dubio  pro  reo,  en  tanto  que  no  hicieron señalamiento directo alguno.   

EL     CONCEPTO     DEL    MINISTERIO  PÚBLICO   

El señor Delegado manifestó que ninguna de  las   censuras   debe  prosperar;   la  Sala  referirá  el  sentir  de  la  Procuraduría en cada respuesta.   

Pidió      casar      –de  forma  oficiosa-  el fallo, en el  entendido      que     desconoció     garantías     fundamentales:    principio   de   congruencia  que  debe  existir  entre  la  resolución   de  acusación  y  la  sentencia,  principio  de  favorabilidad  y  legalidad  de  la  pena, porque en la sentencia de primera instancia se condenó  por  secuestro  extorsivo  agravado  (numerales 3 y 7) que, en el Decreto 100 de  1980  tenía  prevista  una pena que va de 33 a 60 años.  (cfr. Artículos  268 y 270 subrogados L. 40 de 1993).   

1.  El juzgado dedujo como circunstancias  genéricas  de  agravación punitiva la preparación ponderada del hecho punible  porque  se procedió con coadyuvancia de otras personas y fijó la pena a partir  de  veintisiete  (27)  años,  a  los que incrementó (8) por las circunstancias  específicas  previstas  en  los numerales 3 y 7 del artículo 270 ib..  En  definitiva impuso 35 años y multa de cien (100) s.m.l.m.v.   

Mientras  que la resolución de acusación (y  su  confirmación) imputaron secuestro extorsivo agravado por las circunstancias  específicas  consagradas  en  los  numerales  3 y 7 del artículo 270 del C.P.,  más  no  imputaron circunstancia genérica alguna (la preparación ponderada el  hecho punible) que permitiese hacer algún incremento punitivo.   

De manera que la Corte debe casar la sentencia  “disminuyendo   el   aumento   por    las  circunstancias  genéricas”.   

2.    Atendiendo   al   principio   de  favorabilidad  –dice-  ha  habido  tránsito  de  legislaciones:  ley 40 de 1993, la ley 599 y ley 733  de 2002:   

     

1. Para  el secuestro extorsivo agravado, en la ley 40 de 1993… ”el  mínimo quedaría en 33 años”.     

     

1. En   la  ley  599  de  2000 (artículos 169 y 170)…”la pena  estaría  entre  los  24  y  los  42 años”.     

2.3.   Con  la  ley 733 de 2002… “se  sanciona con una pena de 28 a 40 años”.   

“A simple vista  se  observa  que  es más favorable la normatividad consagrada en la ley 599 sin  modificaciones,  motivo por el cual debe aplicarse y ajustarse la pena principal  de  prisión  impuesta  al procesado, y hacer extensivos estos efectos punitivos  al      otro      procesado      Nolberto      Carreño      Camacho”.   

         LA CORTE CONSIDERA   

Es  competente  la Corte Suprema de Justicia  para  resolver el recurso extraordinario de casación propuesto por el opugnador  contra   la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  de  conformidad  con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, sin perjuicio del poder  oficioso  que  le confiere el artículo 216 en concordancia con el artículo 206  y el numeral tercero del artículo 207 ib.   

La  impugnación  se  resuelve  en el mismo  orden en que fueron propuestas las censuras:   

Primer  cargo.   Violación del debido  proceso  y  del  derecho  de defensa por falta de investigación integral.   (Artículos  29 de la Constitución, 1°, 249, 294 del  decreto 2700 de 1991).   

En sentido estricto, el libelista no propuso  un  único  cargo de nulidad, pues, cada argumento corresponde a una censura con  identidad  temática,  lo que implica que en estricta técnica de formulación y  fundamentación  de  los  reproches,  debió  proponer en cargos autónomos cada  censura.   

En  síntesis,  como  cada capítulo goza de  autonomía  en  su  fundamentación, la Sala los responderá de manera separada,  como si fuesen reparos autónomos:   

1.    Violación   del   principio  de  investigación integral   

1.1.  Según el demandante, se violó el  principio  de  investigación  integral  porque  la  fiscalía  no  atendió las  solicitudes  de  la  defensa que requirió las ampliaciones de indagatoria tanto  de  Arbey  Alexander  Suárez Martínez como de Luis Armando Mora Gordo, únicas  pruebas   que   soportan   el   sentido  de  la  sentencia  contra  CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ,  por suerte  que no le fue posible contra interrogar a los testigos.   

Para  dar  un  respuesta  puntual  a  la  censura,  habrá que decir –como lo hizo  notar   el  Delegado-  que  Luis  Armando  Mora  Gordo  rindió  ampliación  de  indagatoria  el  29  de  enero  de  1998,  según consta a folios 253 a 255 / 2,  mientras  que  Arbey Alexander Suárez Martínez hizo lo propio, según acta que  aparece a folios 256 a 259 / 2.   

En síntesis, no es cierto  que  no  se  hubieran practicado las ampliaciones de indagatoria de los testigos  de  cargo como aduce el libelista (Cfr. sentencia de primer grado, páginas 26 y  27);    y   ante   reiterativas   solicitudes   probatorias   (unas   veces  inconducentes,  otras  veces  como maniobra dilatoria orquestada por los sujetos  procesales)  a  la  Fiscalía  corresponde,  como directora de la investigación  penal,  evitar  ese  tipo  de  manipulaciones  y dar curso e impulso normales al  proceso   penal  en  virtud  del  principio  orientador  de  preclusión  o  eventualidad  de  los  actos  procesales.  Así, el 6 de  mayo   de  1998  cerró  la  instrucción  con  la  finalidad  de  escuchar  las  alegaciones    previas   a   la   calificación   del   sumario   (Fl.   190   /  3).   

No  comparte  la  Sala la  perspectiva  defensiva,  según la cual, al no decretar ampliaciones sucesivas e  ilimitadas  de  los  testimonios  de  Arbey  Alexander  Suárez Martínez y Luis  Armando  Mora  Gordo se hubiese limitado el derecho de contradicción (entendido  por  el libelista como derecho de contra interrogar al testigo), pues el derecho  de  defensa  no  se  limita  a  los  contra  interrogatorios  al  interior de la  diligencia.   La  perspectiva  del  derecho  de  defensa  es  amplia;   comprende múltiples formas:   

Presentación    de  alegaciones,   presentación  de  pruebas  en  contra  del  dicho  del  testigo,  interposición  de  recursos,  impugnación  de  decisiones  interlocutorias  al  interior  del  proceso,  defensa  de  la  teoría  del  caso  al  interior de la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  apelación  del  fallo  de  primer grado,  interposición  de  recursos  extraordinarios.   Ninguna de esas garantías  defensivas   fue   coartada,  en  tanto  el  casacionista  que  ni  siquiera  lo  discute.   

1.2.  Otro de los fundamentos del reparo  radica  en  que no fue vinculado al proceso “Fernando Navarro” a quien citó  alguno  de  los  testigos  de  cargo.   A  ello  responde  la Sala con tres  argumentos:   el  primero  subjetivo,    el   segundo   procesal   y  el  tercero  de  verdad:   

i)   Argumento  subjetivo:    La  conducta  punible  se  fundamenta,  entre  otros,  en  el  principio  de  culpabilidad  (artículo  5°  del  Decreto  100  de  1980;   artículos   9°  y  12  de  la  Ley  599  de  2000),  lo  que  implica  que  la  determinación  –o no- de  la  responsabilidad  de  “Fernando  Navarro”  en  nada  incide  –es   intrascendente-  de  cara  a  la  responsabilidad de los demás partícipes del secuestro.   

ii)  Argumento  procesal:   Que  por  virtud  del  carácter personal de la responsabilidad  penal   es   permisible  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  con  el  fin  de  individualizar   a   la   totalidad   de   partícipes  en  el  delito  (aspecto  indiscutible)  siendo por ello por lo que la decisión es individualizada frente  a     cada     uno     de     los     enjuiciados2,  aunque se procesen de manera  conjunta.   

ii)  Argumento  de  verdad:   la  Fiscalía  sí  ordenó establecer (como lo hizo notar el  Procurador   Delegado)   la  identidad  plena  y  la  responsabilidad  penal  de  “Fernando  Navarro”  (Cfr.  resolución  del 19 de enero de 1999, recurso de  apelación  contra  la  resolución  de  acusación, cuaderno Fiscalía Delegada  ante el Tribunal Nacional, fol. 30).   

No prospera el reproche.  

2.  Nulidad  por  falta  de  competencia  del  funcionario judicial   

El  casacionista  refiere  que  en la fase de  juzgamiento   sostuvo   la   acusación   un  Fiscal  Delegado  ante  la  Unidad  Investigativa    –Grupo  Gaula-  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  de  Ibagué que carecía de  competencia  para  sustentarla,  en  la medida que esa función era privativa de  los  fiscales  delegados  ante  los jueces (a la luz del artículo 127 del C. de  P.P.   ),   y   no  de  los  fiscales  delegados  ante  el  grupo  Gaula  de  la  Fiscalía;   porque  la  competencia  de  estos  últimos se limitaba a las  investigaciones y nada más.   

No  le  asiste  razón  al demandante por, al  menos, tres motivos:   

i)    De  conformidad   el   artículo   250  de  la  Constitución  Política3, el capítulo  I  del  Título  III del Decreto 2700 de 1991 (C. de P.P. vigente para entonces)  la  Fiscalía  era –y sigue  siéndolo-   una   entidad   organizada  de  forma  vertical,  jerárquica,  con  autonomía  administrativa,  en  la  que a los fiscales les corresponde acusar a  los     presuntos     infractores     ante    los    juzgados    y    tribunales  competentes.   

ii)  En virtud  de  la  distribución  de  funciones  al  interior  del  organismo  investigador  (Fiscalía  General  de  la  Nación), el Director Seccional de Fiscalías puede  designar  fiscales  para  que  asuman  ya la investigación, ya la causa, en los  procesos  a cargo de la Dirección correspondiente.  Se trata, simplemente,  de   distribución   de   funciones   al   interior  de  una  entidad  compuesta  jerárquicamente,    sin    perjuicio    de    la   autonomía   funcional   del  delegado.   

Como  bien  lo  hizo  notar  el  Ministerio  Público,  la  acusación  en  la fase del juzgamiento estuvo precedida del acto  administrativo  que  delegó  al funcionario que la sostuvo (Resolución número  DSF-5263  de  15 de diciembre de 1999… para que actuara dentro de la causa No.  0129-31788   seguida   contra   CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ).   

iii)    Es  pertinente   resaltar  el  criterio  de  la  Sala  Penal  de  la  Corte  en  esa  materia:   

“El  artículo  125-3  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el 19 de la ley 81 de  1993,  confiere  a  los  Fiscales  Delegados  ante  los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  la  facultad  de desplazar a los Fiscales Delegados ante los  Juzgados   del  respectivo  Distrito,  en  la  investigación,  calificación  y  acusación   de   los  asuntos  a  su  cargo,  previa  resolución   motivada  que  así  lo  ordene.  Igual  atribución  se  concede  al  Fiscal  General  de  la  Nación  y a los Fiscales  Delegados   ante   la   Corte  y  el  Tribunal  Nacional  (arts.  121.2,  121.3,  121.5)   

Cuando  el  ente  acusador hace uso de esta  opción,  no se presenta, como equivocadamente lo plantea el censor, alteración  de   la   competencia  funcional;  el  desplazamiento  en  estos  casos  es  del  funcionario,  no de sus funciones, y por ello, quien asume el conocimiento de la  investigación  debe  hacerlo  con  respeto  del marco de competencia propio del  Fiscal desplazado.   

Es  por esto que la función acusatoria, de  llegar  a  materializarse,  debe  cumplirse  ante el juez del Fiscal que ha sido  objeto  de  remoción, siendo este funcionario, y no el juez ante el cual cumple  ordinariamente  funciones  el  Fiscal  que  hace el desplazamiento, el llamado a  conocer de la etapa del juicio.   

De  no  ser así, habría que aceptar que a  través  de una resolución administrativa del Fiscal general, o de sus Fiscales  Delegados  ante  los  Tribunales,  se  puede modificar el sistema de competencia  legalmente  establecido,  lo cual resulta jurídicamente insostenible, en cuanto  implica  el desconocimiento de la normatividad legal reguladora de la materia y,  por  contera,  de  la  garantía  constitucional  del  juez natural, sin contar,  además,  la  usurpación  que  de  la función legislativa por parte del Fiscal  ello comportaría”.   

En  suma,  las resoluciones de desplazamiento  que  expide  la  Fiscalía  tienen  carácter  administrativo,  conciernen a una  distribución  del  trabajo  de cara a la estructura unificada y piramidal de la  institución4;   por  ello,  no  advierte  la  Sala irregularidad sustancial  alguna  que  menoscabe  el  debido proceso por desconocimiento del principio del  juez natural.   

El cargo no prospera.  

3.  Solicitud extemporánea de pruebas y  nulidades   

De  conformidad  con  el  artículo  446  del  Decreto  2700  de 2000 (C. de P.P.) el juez del conocimiento corrió el traslado  para  preparar  la  audiencia  pública,  solicitar  nulidades  y  pedir pruebas  (término  que  venció  el  15 de septiembre de 1999);  con todo, el 29 de  septiembre  siguiente  el  defensor  del  procesado insistió en la necesidad de  escuchar  la  ampliación  de  las  declaraciones  de  Luis Armando Mora y Arbey  Alexander   Suárez,   cuyas  versiones  debieron  ser  escuchadas  –dice-  para satisfacer el principio de  investigar tanto lo favorable como lo desfavorable.   

En relación con este tema,  la  Sala  recuerda la respuesta a la primera réplica, en el sentido de que, por  el  mero  hecho  de  no  decretar las ampliaciones sucesivas e ilimitadas de los  testigos  de cargos (Suárez Martínez y Mora Gordo) no se limitó el derecho de  contradicción,  pues  tal  ejercicio no se limita a contra interrogar.  La  garantía      del      derecho      de     defensa     comprende     múltiples  formas:   

“Presentación  de  alegaciones,  presentación  de  pruebas  en  contra  del dicho del testigo,  interposición  de  recursos,  impugnación  de  decisiones  interlocutorias  al  interior  del  proceso,  defensa  de  la  teoría  del  caso  al  interior de la  audiencia  pública  de  juzgamiento,  apelación  del  fallo  de  primer grado,  interposición  de recursos extraordinarios”. Que el  demandante   “ni  siquiera  discute”.   

De  otra  parte,  señala  el  libelista que,  después  de haber proferido sentencia de primera instancia, el defensor allegó  una  carta del 23 de marzo de 2000, remitida por el testigo Mora Gordo al señor  CELESTINO HERNÁNDEZ en donde  se   excusó  –dice-  por  haberlo  incriminado;   dicho  documento  (visible  a folios 3 –  6  / 6), muestra la trascendencia de  las ampliaciones de esos dos testimonios.   

Al  revisar  la  carta  a  la  que alude el  libelista,   la  Sala  advierte  que  se  trata  simplemente  de  una  forma  de  retractación  de la imputación certera que formulara desde el mismo momento de  la  indagatoria;   incriminación  que  se  traduce  en el fundamento de la  sentencia, que el Tribunal reseñó en los siguientes términos:   

“PREGUNTADO:   Cómo  se  hicieron  a la rutina de quien iban a  secuestrar?   RESPONDE:   Que  éste  mismo  le  dijo  que  era un tal  CELESTINO,   al  que  le  decían  Tío,  y él era el  que     estaba     suministrando     toda     la    información    CELESTINO  se  ubica  en  la  vía hacia  Chicoral,  tiene  una casa, tiene fincas allá, el señor tiene plata, yo estuve  frente  a  la casa de él cuando iba con Miguel y Raúl, que tenía una moto que  es  de  Espinal,  la  moto  está  a  nombre  de  Zoraida…  el  fiador  es don  CELESTINO,   en   donde,  además,    algunas   veces   dejaron   las   armas,   dando   de   él,    además,    las    siguientes  señas:   “como  de  1,75 de estatura, gordo, de bigote, moreno, bastante  acuerpado,      tiene     una     ranger     (camioneta)     viejita,     verde,  descolorida…”   (Página  9  del  fallo  de  segunda   instancia;   ib.  Fls.  109  y  110  /  1).   

Más adelante se refirió el Tribunal a los  datos que suministró el testigo en la ampliación de indagatoria:   

“Don  CELESTINO  sí  sabía  y  participó   en   los   hechos  del  secuestro  del  señor  Henry,  porque  don  CELESTINO tenía permanente  comunicación  con  Miguel,  quien era el jefe de toda la organización, en casa  de  CELESTINO  se reunían  Miguel,    Zoraida   y   don   CELESTINO  para  planear  y organizar cómo se iban a hacer las cosas, en la  casa   de   CELESTINO  se  guardaron  en  varias  ocasiones  las  armas empleadas en el secuestro, que eran  tres  pistolas, tres revólveres, granadas y una escopeta calibre 16, en la casa  de   don   CELESTINO  se  guardaron  también  los  radios  utilizados  que eran Yahesu 411 de dos metros,  CELESTINO fue el fiador de  la  moto  que  compró Zoraida en Purificación y ahí la matricularon… es una  moto  DT  125  negra, modelo 97, que se compró para que se transportara Raúl y  Miguel…  comprada antes del secuestro y para utilizarla en ese hecho”.   (Páginas   9   y   10   del   fallo   de   segunda  instancia;   ib.  Fls. 252 y 253 / 2)   

Por  manera que, una revisión puntual del  documento  que  cita  el  libelista (carta de retractación), ninguna incidencia  tiene    para    comprometer    la    apreciación    probatoria    –articulada-  a  la  manera  como lo  hiciera el juzgador (individual y colectivo).   

El cargo no prospera.  

Segundo  cargo.   Falso  juicio  de  legalidad   

Insiste esta vez el actor en que las versiones  (indagatoria  y ampliaciones de la misma) rendidas por Arbey Alexander Suárez y  Armando   Mora   Gordo   son   ilegales   porque   la  defensa  de  CELESTINO  HERNÁNDEZ  no tuvo oportunidad  de  controvertirlas  mediante contra-interrogatorios, por manera que se negó el  derecho de contradicción.  A ello responde la Sala:   

El  contra  interrogatorio  al  testigo no es  condición  única para ejercicio del derecho de defensa y tampoco compromete la  validez de la prueba;  en efecto:   

Si bien, el proceso se tramitó en vigencia  sucesiva  de  dos  sistemas procesales (Decreto 2700 de 1991 y Ley 600 de 2000),  bajo  ninguno  de ellos es condición de validez de la prueba que el defensor se  haga  partícipe  en el recaudo del testimonio.  (Cfr. Artículos 282 a 292  del  Decreto  2700  de  1991;   artículos  266  a  276  de  la  Ley 600 de  2000).   

La  actividad  probatoria  se  rige por el  principio  de  publicidad,  según  el  cual,  las  pruebas son del proceso y a ellas acceden en igualdad de  circunstancias  las  partes  involucradas;  de suerte que la contradicción  se  ejerce  validamente  tanto  con la petición de ampliaciones de testimonios,  como  con  la  petición de medios de convicción en contrario, la presentación  de  alegaciones  y  de  pruebas  que  muestren  una  realidad  diversa de la que  acreditan  los  testigos,  no  obstante  que  existan medios de convicción cuyo  recaudo  exige  la  participación  del defensor en la diligencia, vg.:  la  versión  del  imputado  (artículo  324),  la indagatoria, la ampliación de la  indagatoria  (artículos  337,  338, 343), el reconocimiento en fila de personas  (art.  303),  el  reconocimiento a través de fotografías (artículo 304) de la  Ley 600 de 2000.   

La   Sala   encuentra   que   el  señor  CELESTINO      HERNÁNDEZ     GÓMEZ  contó  con  todas  las  garantías  procesales  para  ejercitar  adecuadamente  su  derecho  de  defensa;   sin  embargo, la parte defensiva  (material   y   técnica)   optó  por  negar  radicalmente  el  compromiso  del  justiciable  en  la  ejecución  del  secuestro,  cuando  los  testigos directos  revelan    que    participó    (como   coautor   impropio)   de   la   criminal  empresa:   

El papel del acusado fue, precisamente, el  de  dar  la  información  sobre la totalidad de movimientos de la víctima y de  apoyar  en  la  logística  a  los coautores materiales, sirviendo como mediador  –fiador- para adquirir  una  de  las  motocicletas  empleadas  en  el  plagio,  ora  guardando armamento  utilizado en la ejecución del crimen.   

Ante la contundencia probatoria reseñada en  el       fallo:       I)       indicios:    adquisición  de  la  motocicleta,  ii)    testimonios  directos  de  cargos  tanto  de  Arbey  Suárez Martínez como de Luis Armando Mora Gordo (ver  páginas  23  y  siguientes  del fallo de segunda instancia), lo evidente es que  desde  los  albores  de  la  investigación  se despejó cualquier duda sobre la  participación  suya en el  secuestro del médico:   

Desde  el  momento de las capturas de Arbey  Suárez  Martínez  y  de  Luis  Armando Mora Gordo (el 23 de julio de 1997), la  fiscalía  descubrió  a  los  complotados  en  el  secuestro y, al indagarlos y  ampliarles  la declaración de cargos obtuvo claridad meridiana para formular la  acusación       y,       en       términos       razonables       –dada  la  contundencia de la prueba  aportada  por  la fiscalía- el juez del conocimiento  contaba  con elementos y evidencias suficientes para emitir sentencia de condena  (artículo 232 inc. 2 de la Ley 600 de 2000).   

Cuando  la  responsabilidad  penal  aparece  demostrada   de  forma  categórica  –como  aquí  sucede-,  es  claro  que  la  parte  defensiva  tiene  limitadas  las  posibilidades  de  lograr  un  fallo  absolutorio,  y  desde esa  perspectiva,  a la defensa (ya material, ya técnica) le corresponde adoptar una  estrategia  seria  y  coherente  frente al verdadero estado de la investigación  penal,  porque  la negación indefinida no es siempre  una  actitud recomendable, aunque en el ámbito de la  autonomía  de  parte  sea  la  defensa  a quien corresponde definir sus propias  conductas  de  sujeto  procesal en un Estado democrático y de cara a un proceso  penal de la misma naturaleza.   

En  eventos  como  el  que ahora atiende la  Sala,    la    parte    defensiva   –imputado    y    defensor-    deberá    considerar   en  serio  alternativas  diversas a la  negación  indefinida  del compromiso con el delito, y la sentencia anticipada y  la  audiencia  especial  (artículos  37  y 37 A del Decreto 2700 de 1991, tanto  como  la aceptación de cargos a la luz de la sentencia anticipada de la Ley 600  de  2000,  artículo  40) no eran desechables, en tanto, alternativas defensivas  diferentes   a   la   negación  a  ultranza,  orientadas  a  lograr  beneficios  punitivos;        posibilidades       que       desechó       CELESTINO  HERNÁNDEZ en la creencia de  que negar era el mejor camino.   

“…la indocilidad, la desobediencia, la  negación  indefinida,  el  silencio,  como estrategias no impiden adelantar con  validez  el  proceso  penal,  siempre y cuando el Estado garantice el derecho de  defensa…  que  naturalmente  asiste al procesado renuente con las limitaciones  defensivas       que       ello       implica:        De       una parte la contundencia de la prueba  de  cargo  y  de  otra, la  conducta  procesal  que  adopte  el  sindicado…   la  aceptación  de  la  responsabilidad     penal     es     un     asunto     de     iniciativa     del  procesado…”5.   

El cargo no prospera.  

Tercer   cargo.   Falso  juicio  de  identidad   

Afirma  el libelista que fueron tergiversadas  las  declaraciones  de  cargos  de Alexander Suárez Martínez y de Luis Armando  Mora Gordo que fundamentan la condena.   

Sin   embargo,   la   Sala   no   advierte  tergiversación  alguna  en  relación  con esas pruebas directas.  Lo real  del  alegato  es  que  el  censor  se  aleja  de  toda condición técnica en la  fundamentación  de  la  propuesta,  para  adentrarse  como lo señala de manera  explícita,  a  presentar  a  la Corte una personal manera de… “valorar” cada testimonio y proponer sus  íntimas   conclusiones,   como   si   se   tratara   de   una   alegación  sin  límites:   

Como  es  bien  sabido, el error de hecho por  falso   juicio   de   identidad   comporta   una   falsificación   real  del  elemento  persuasivo, porque el  juzgador  parcela la prueba o  porque   le   hace  agregaciones  que  el  medio  de  convicción   no   contempla;   al  falsificar  la  identidad de la prueba, el  juez  produce  un  fallo  ilegal  (que  se  aparta  de  lo óntico y que no hace  justicia  material),  lo  que  significa  que  esas  falsificaciones que hace al  elemento   material   de   convicción   son   los  que  determinan  el  sentido  “errático” de la decisión.   

El juzgador (tanto individual como colectivo)  apreció  el  dicho del primer testigo –Luis  Armando Mora Gordo- de manera correcta:  No es cierto que  exista  una  tal confusión entre el acusado y “a. Miguel” quien era el jefe  de  la  banda  y  resultó  muerto  en  el operativo.  El testigo dio datos  inequívocos  que individualizan a CELESTINO HERNÁNDEZ  como  uno  de los complotados para la realización del  secuestro  del  Dr.  Henry  Rojas   (Cfr. supra, respuesta al numeral 3 del  primer  cargo  de  nulidad (Num. “3.  Solicitud  extemporánea de pruebas y nulidades”).   

El     otro     testigo    –Arbey  Alexander  Suárez  Martínez-,  tan   explícito   como  el  primero,  refirió  en  los  mismos  términos  que  “Don CELESTINO” era quien  daba  los  datos para secuestrar a Henry, que vivía o tenía una casa a orillas  de  la  carretera,  como  a un kilómetro del Espinal. (Fls. 99 – 102 / 1;   Fls. 257 y 258 / 2)   

El cargo no prospera.  

Casación oficiosa  

Atendiendo las motivaciones del Ministerio  Público  –favorabilidad  por  el  tránsito  legislativo-,  es  evidente que existe y debió aplicarse de  forma  retroactiva una norma posterior que contempla unos límites punitivos que  favorecen al sentenciado:  la Ley 599 de 2000.   

Como  el  juzgado  sentenció  de,  manera  congruente,  por  el  delito  de  secuestro  extorsivo agravado, no obstante que  aplicó  el artículo 270 del Decreto 100 de 1980 subrogado por la L. 40 de 1993  que  contempla  unos  límites  punitivos que van de 33 a 60 años, e impuso una  condena  de  35  años,  habrá  que  decir  entonces que incrementó el límite  mínimo  de la pena en (2) dos años, que en términos porcentuales equivalen al  6.06%.   

En aplicación de la favorabilidad que, con  razón  reclama  el  Delegado, se tiene entonces que debe aplicarse el artículo  170  de  la  ley 599 de 2000 que consagra unos límites  que van de 24 a 42 años:   

Por  manera  que  habrá  que incrementar al  límite  mínimo  de 24 años, el 6.06% (equivalente a 1,45 años o 17  meses y 7 días) tal como lo hiciera el  juzgado  del  conocimiento,  adecuando –en  todo  caso-  la condena dentro de los límites del primer cuarto  penológico del ámbito punitivo de movilidad.   

En  suma,  la  pena  que  corresponde  al  sentenciado  CELESTINO  HERNÁNDEZ  GÓMEZ  por  la  conducta  de  secuestro  extorsivo agravado del que fuera  víctima  Henry  Rojas  Rojas  es  de  veinticinco (25)  años,  cinco  (5) meses y siete (7) días, efectos que  se  harán  extensivos  –de  manera    oficiosa-   a   favor   del   otro   sentenciado:    Nolberto Carreño Camacho.   

En  mérito  de  lo  dicho  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal y  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

       RESUELVE   

1.  CASAR DE FORMA  OFICIOSA  la  sentencia del  30  de  agosto  de  2001  proferida  por  el Tribunal Superior de Ibagué, en el  sentido  de  condenar  a  CELESTINO  HERNÁNDEZ GÓMEZ  y   a   NOLBERTO  CARREÑO  CAMACHO,     a     la    pena    de    veinticinco  (25)  años,  cinco  (5)  meses  y  siete  (7) días de  prisión;  en los demás aspectos la sentencia se  mantiene.   

2.     NO   CASAR   la sentencia por razón de la impugnación.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

  JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ                                         ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO             

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                                               AUGUSTO   J.   IBAÑEZ  GUZMÁN   

        (EXCUSA JUSTIFICADA)   

            JORGE      LUIS      QUINTERO  MILANÉS                       YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

   

    

     JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1También  cita  como tergiversada la declaración de un testigo con  reserva  de  identidad.   La  Sala  hará  omisión  de  la  crítica en el  entendido  que  la  sentencia  de segundo grado excluyó de manera explícita la  versión  del  testigo  (con identidad reservada), con fundamento en el fallo C-  392    de    2000   de   4   de   mayo   de   2000   de   la   Honorable   Corte  Constitucional.   

2Cfr.  en ese sentido artículo 446 de la Ley 906 de 2004   

3Antes  y  después  de  la  modificación  de  la  que  fue  objeto  en virtud del Acto  Legislativo número 3 del 19 de Diciembre de 2002.   

4CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de casación penal, sentencias del 5 de mayo de 1998,  Rdo.  10365;   25  de  noviembre de 1999, Rdo. 15548;  11 de julio del  año  2000,  Rdo.  12758;   sentencia  del  23 de julio de 2001, rad. núm.  15242.   

5Cfr.  en   el  mismo  sentido,  sentencia  rad.  núm.  24437  del  27  de  agosto  de  2008.     

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