28172(14-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28172   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 224  

         

Bogotá  D.C., noviembre catorce (14) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La Corte decide sobre la admisibilidad de las  demandas  de  casación  discrecional  presentadas  por el defensor de los   procesados   LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ,  BERNARDO  SERNA  BERNAL,  MARÍA  TRINIDAD  RODRÍGUEZ  ARANGO  y  HERNANDO  DE  JESÚS  MANRIQUE  LÓPEZ,  contra  la  Sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Medellín el 24 de octubre de 2006, a  través  de  la  cual  confirmó el fallo dictado por el Juzgado Dieciocho Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad, que condenó a los cuatro procesados por el  delito   de   falso  testimonio  y  a  LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ,    además,   por   fraude   procesal.    

  HECHOS   

En  el  Juzgado  Quinto  Civil  Municipal de  Medellín  se  adelantó  el  proceso reivindicatorio número 001 40 03 005 2001  00296,   en   virtud   de   demanda   presentada  por  la  señora  LIGIA  MANRIQUE LÓPEZ, contra sus hermanos  Humberto  y  Carlos  Manrique López y la compañera de éste, señora Gilma del  Carmén Rúa Moreno.   

La  demanda  fue  aceptada  el 2 de abril de  2001,  con  la  pretensión de que se restituyera el derecho de dominio sobre el  inmueble  ubicado  en  la calle 91 D, No. 65-13, barrio Francisco Antonio Zea de  esa ciudad, a favor de la demandante.   

En  el decurso probatorio, a petición de la  señora     LIGIA    MANRIQUE    LÓPEZ,  con  las  formalidades  legales, se escucharon los testimonios de  BERNARDO SERNA BERNAL, MARÍA TRINIDAD RODRIGUEZ   ARANGO   y   HERNANDO  DE  JESÚS  MANRIQUE  LÓPEZ  e  igualmente,  también  bajo juramento, la demandante absolvió interrogatorio de  parte, el 24 y 25 de abril de 2002, respectivamente.   

Cada uno de los mencionados ciudadanos, en  su  oportunidad,  afirmó  que  Humberto y Carlos Arturo Manrique López y Gilma  del  Carmen  Rúa  Moreno, ocuparon en forma violenta y arbitraria desde el año  1998, el inmueble objeto del proceso reivindicatorio.   

De  acuerdo  con  lo  establecido  por  los  falladores  de  instancia  en  este  proceso,  tal  aseveración,  sin  embargo,  resultó  que  era  falsa,  pues  posteriormente se acreditó que los demandados  habían  ocupado  el  referido inmueble por un lapso de tiempo mayor a 15 años,  lo  cual  impidió  que  en  el pleito civil se debatiera la posesión pacífica  como fundamento de una posible prescripción adquisitiva.   

Los  jueces igualmente concluyeron que tanto  la  información  falaz  de  la  demandante,  como los testimonios falsos que la  corroboran,  fueron decisivos para que la señora Juez Quinta Civil Municipal de  Medellín  dictara  Sentencia  el 29 de noviembre de 2002, declarando el derecho  de  dominio  sobre  el  segundo  piso del edificio ubicado en la calle 91 D, No.  65-13   de   Medellín,   a   favor   de  la  demandante,  señora  LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ y, en consecuencia,  ordenó  a los demandados restituir dicho inmueble a la actora en el término de  ejecutoria de la Sentencia y cinco días más.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Adelantada  la  investigación, la Fiscalía  Ciento  Cinco  Seccional  de  Medellín,  mediante resolución del 31 de mayo de  2005,  acusó  a  LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ por  los  delitos  de falso testimonio y fraude procesal,  y  a  BERNARDO  SERNA  BERNAL,  MARÍA  TRINIDAD RODRÍGUEZ ARANGO y HERNANDO DE JESÚS MANRIQUE  LÓPEZ por el punible de falso testimonio.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Dieciocho  Penal  del  Circuito,  despacho  que,  tras realizar las  audiencias  preparatoria  y  pública,  dictó  sentencia el 22 de mayo de 2006,  condenando   a   LIGIA   MANRIQUE  LÓPEZ  como  autora  del  concurso  heterogéneo de conductas punibles de  falso  testimonio  y  fraude  procesal,  a  la  pena  principal  de  72 meses de  prisión;  y  a  BERNARDO SERNA BERNAL, MARÍA TRINIDAD  RODRÍGUEZ  ARANGO y HERNANDO DE JESÚS MANRIQUE LÓPEZ  como  autores  de  falso testimonio, a la pena principal de 48 meses de prisión  cada uno.   

A   todos   los  procesados  los  condenó  igualmente  a la pena accesoria de Inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  un  tiempo  igual  a  cada  una  de  las  condenas  principales,   y   les   concedió  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria.   

Tal  decisión  fue  apelada por el defensor  común  de  los  procesados  y el Tribunal Superior de Medellín, mediante fallo  del 24 de octubre de 2006, la confirmó.   

Contra  el  fallo  de  segunda instancia, el  mismo  defensor  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación  por  la vía  discrecional, cuya admisibilidad estudia ahora la Corte.   

LAS DEMANDAS  

Como quiera que las demandas presentadas por  el  común  defensor  de los procesados, son sustancialmente idénticas, y sólo  difieren  en  la  petición  final  que  se  hace  en  la presentada a nombre de  LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ,  la  Sala  procede  a  resumirlas  y  contestarlas  de  manera  conjunta, como sigue:   

En  primer  término,  tras  citar  algunos  pronunciamientos  de esta Corporación, el demandante invoca el desarrollo de la  jurisprudencia  como  motivo para acudir a la casación por la vía excepcional.   

Indica  que  si  bien  es  cierto   la  jurisprudencia  de  la  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ya abordó el  tema  de la antijuridicidad en el delito de falso testimonio, mediante Sentencia  del  19  de enero de 2006, radicado 21948 (sic), también lo es que en decisión  del    23   de   agosto   del   mismo   año,   radicado   25745,   “contradice,   o   al   menos   deja   espacio   a  dubitación  e  incertidumbre  frente a las reflexiones elaboradas posteriormente”.   

Agrega  que  lo  anotado  al  final  de  las  consideraciones  de la Sentencia del 19 de enero de 2006, parece dar cabida a la  antijuridicidad   puramente   formal,  pues  “si  no  interesa     en     efecto     que    el    testimonio    falso,    ‘produzca  en el funcionario que habrá  de      apreciarla     el     error     que     pretendía     crear’,  la  mentira  o  el  silencio  de la  verdad  no rebasaría su propio ámbito interno y ni siquiera devendría idónea  para  lesionar  o  poner  en  peligro  ‘otros     intereses    privados    o    públicos    de    cualquier  índole’,  como concluyó  la jurisprudencia posterior”.   

De manera que si la declaración falsa por la  cual  vienen  condenados  los  procesados  resulta  enteramente  inane,  como lo  demostrará  en  el  desarrollo  del  cargo,  ello  significa  que  la sentencia  impugnada  se  habría  dictado  con  respecto  a  un  hecho  sólo  formalmente  antijurídico,  lo  cual  amerita  la intervención excepcional de la Corte, por  resultar manifiestamente ilegal.   

El  pronunciamiento de la Sala, a juicio del  demandante,  se ofrece entonces necesario para que definitiva y contundentemente  quede  precisado  por  la  jurisprudencia el tema de la antijuridicidad, lo cual  servirá de guía a los operadores del derecho.   

En  seguida,   formula  un único cargo, así:   

Violación   indirecta,   por  aplicación  indebida  del  artículo 442 del Código Penal, derivada de errores de hecho, en  la  modalidad  de  falso juicio de identidad en la valoración probatoria, yerro  que  de  no  haberse  producido,  inexorablemente  habría  conducido a un fallo  absolutorio.   

Según el casacionista, los sentenciadores de  primera  y  segunda  instancia consideraron que el fallo de la Juez Quinta Civil  Municipal  del  29  de  noviembre  de  2002, fue proferido con fundamento en las  aseveraciones  falaces  de la accionante y los declarantes que ella llevó a ese  proceso.   

De  acuerdo con ello, no queda duda entonces  que  el  reproche  penal  a  los  acusados consiste en haber afirmado falsamente  dentro  del  proceso  civil  que  los  demandados,  hermanos  Humberto  y Carlos  Manrique  López,  “se habían apoderado del inmueble  a   mediados   de   1998   y   que   LIGIA   MANRIQUE  era  la  propietaria  del  inmueble”.   

Sin   embargo,  como  tal  tópico  no  es  susceptible  de probar por testimonio, LIGIA MANRIQUE aportó la correspondiente  escritura  pública,  en la cual consta que el Instituto de Crédito Territorial  le había adjudicado ese bien.   

Además,   el   aspecto  cronológico  fue  tergiversado  por  los  jueces  de  instancia,  en  tanto  la  Juez Quinta Civil  Municipal  en  ningún  momento  consideró  que  los  demandados  civilmente se  hubieran apoderado del inmueble a mediados de 1998.   

De  modo  que si en el proceso civil obra la  citada  escritura  e inspección judicial sobre el inmueble, resulta enteramente  inane,    sin    ninguna   incidencia,   la   prueba   testimonial   sobre   esa  propiedad.   

Adicionalmente,  si  a los procesados se les  condenó  por  haber  afirmado  que los referidos demandados en forma arbitraria  ingresaron  al inmueble desde mediados de 1998, y si esa mentira cronológica no  sirvió  para  apoyar  el fallo civil, es evidente que tal hecho deviene inocuo,  lo  cual  traduce  en  antijuridicidad meramente formal, sin aptitud para causar  daño,  es  decir,  no afectó ni puso en peligro la eficaz y recta impartición  de justicia.   

Si  lo anterior es así -acota finalmente el  casacionista-,  el  hecho típico de falso testimonio atribuido a los procesados  no puede ser punible por carecer de antijuridicidad.   

Por  tanto,  solicita  a  la  Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver a todos los procesados por el  delito  de  falso  testimonio.  En  relación con LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ  reclama,  además,  aplicar  la pena  mínima por el delito de fraude procesal.   

ALEGATO    DE    LA   PARTE   CIVIL   NO  RECURRENTE   

La apoderada de la parte civil considera que  la  jurisprudencia ha desarrollado suficientemente el tema de la antijuridicidad  del  delito  de  falso  testimonio y, por tanto, no hay lugar a incertidumbre en  relación con este aspecto de la demanda.   

Los   testimonios  tanto  de  LIGIA  MANRIQUE como de los declarantes que  ella  llevó  al  proceso  civil, siempre tuvieron el propósito de perjudicar a  los   demandados,   no  obstante  tener  pleno  conocimiento  de  que  éstos  y  LIGIA habitaban la propiedad  por más de 20 años.   

La  aseveración  del  casacionista,  en  el  sentido  de  que  los  procesados sólo habrían sido condenados por afirmar que  los  demandados por LIGIA arbitrariamente empezaron a vivir allí desde mediados  de  1998,  está  fuera  de  contexto  y  carece de soporte probatorio. Además,  contrario  a  lo sostenido por el recurrente, la Juez Quinta Civil Municipal sí  tuvo  en  cuenta  este  dato  cronológico  para decidir, tal como puede verse a  folios  58  y  siguientes  del  fallo,  cuyos  apartes  relevantes transcribe la  representante de la parte civil.   

Lo   anterior   demuestra,   tal  como  lo  concluyeron  los  falladores de instancia, que los testimonios falaces realmente  lesionaron  la  eficaz  y  recta  impartición  de  justicia,  en tanto aquellas  manifestaciones  no  fueron  nimias,  sino  serias y esenciales para proferir el  fallo civil.   

El  recurso  extraordinario  de  casación,  promovido  por  la  vía  discrecional,  a  juicio de la no recurrente, no puede  concederse,  pues  además  de  que no hay vacíos en la jurisprudencia sobre el  tema  de  la  antijuridicidad  material  del delito de falso testimonio, en este  caso  tal  aspecto se encuentra debidamente probado y por consiguiente no existe  el   falso   juicio   de   identidad   que   plantea   la  demanda  como  único  cargo.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  conformidad  con el artículo 205 de la Ley 600 de 2000, vigente  al  tiempo  de los hechos juzgados en este proceso, el recurso extraordinario de  casación,  por  la  senda  normal  o  tradicional,  procede  únicamente contra  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y el Tribunal Penal Militar, “por  los  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la libertad cuyo  máximo  exceda  de ocho años, aún  cuando  la  sanción  impuesta  haya sido una medida de seguridad” (negrillas fuera de texto).   

          El  inciso  tercero  de  esta  disposición permite, sin embargo, la  posibilidad  de  acudir  a  la figura de la casación discrecional o excepcional  “en     casos     distintos    a    los    arriba  mencionados”,  a  condición de que la Sala Penal de  la   Corte   Suprema   de   Justicia   lo  considere  necesario  “para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la garantía de los  derechos  fundamentales”  y, adicionalmente, siempre  que la demanda reúna los demás requisitos exigidos por la ley.   

         En  razón  de  tales  presupuestos normativos, es claro que en este  caso  no  se cumplía el requisito punitivo para acceder al medio extraordinario  de  impugnación  por  la  senda  tradicional, toda vez que los delitos de falso  testimonio  y  fraude  procesal,  por  los que fueron condenados los procesados,  tienen  un  pena  máxima  de  ocho  (8)  años  de  prisión, de acuerdo con lo  previsto  en  los  artículos  442 y 453 de la Ley 599 de 2000, respectivamente.   

         Así   pues,   la   única   posibilidad   de   acudir   al  recurso  extraordinario  era  por  la  denominada  vía  de  la  casación discrecional o  excepcional,  lo  cual imponía al demandante el deber de demostrarle a la Corte  la  necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia,  o  garantizar  los derechos  fundamentales de los procesados.   

         El  casacionista  acierta  entonces  al  haber  acudido  a  la  vía  discrecional  por razón del quantum punitivo, pero se equivoca cuando invoca el  desarrollo  de la jurisprudencia como motivo para acudir a ella, toda vez que el  tema  de  la  antijuridicidad  material  del  delito de falso testimonio que él  solicita   precisar,   así   como   de   cualquier  otro  delito,  ya  ha  sido  suficientemente decantado por la Corte.   

         La  Sala  ha dicho que cuando el motivo invocado es el desarrollo de  la  jurisprudencia,  el  recurrente  debe  puntualizar  de  manera sencilla pero  clara,  el  tema  jurídico que requiere definición o precisión, sea porque es  nuevo  o  porque  existen posiciones opuestas que deben ser unificadas, lo cual,  en este caso, no se cumple.   

         En  efecto,  el  casacionista pretende que la Sala defina o dilucide  las  contradicciones que a su juicio se presentan en los pronunciamientos del 19  de  enero  y  23 de agosto de 2006, dentro de los radicados 21948 (sic) y 25745,  respectivamente.  Sin  embargo, no indica a la Corte en qué habrían consistido  exactamente las anunciadas contradicciones.   

         Simplemente  estima  que  el primero de los citados pronunciamientos  “parece  dar  cabida  a la antijuridicidad puramente  formal”,   porque,  en  su  opinión,  “si  no  interesa  en efecto que el testimonio falso, ‘produzca  en el funcionario que habrá  de      apreciarla     el     error     que     pretendía     crear’,  la  mentira  o  el  silencio  de la  verdad  no rebasaría su propio ámbito interno y ni siquiera devendría idónea  para  lesionar  o  poner  en  peligro  ‘otros     intereses    privados    o    públicos    de    cualquier  índole’,  como concluyó  la jurisprudencia posterior”.   

         Apoyado  en lo anterior, el demandante afirma en el único cargo que  plantea,   que   la  declaración  falsa  por  la  cual  vienen  condenados  los  procesados,  definitivamente  resulta  inane,  porque la mentira cronológica no  sirvió para apoyar el fallo civil.   

         

         Tales  argumentos,  como  atrás  se anunció, no explican el motivo  que  se  adujo  para acceder al recurso extraordinario por la vía discrecional,  en  tanto  ellos  se  apartan  por  completo  de de lo que realmente ha dicho la  jurisprudencia  sobre  el  tema  de  la  antijuridicidad  y de lo que muestra el  expediente en el asunto que ocupa la atención de la Sala.   

   

         La  Corte  Suprema  de  Justicia,  de  tiempo  atrás  y  de  manera  consistente,  ha venido señalando que la antijuridicidad material del delito de  falso  testimonio  se  presenta  no sólo cuando la declaración falsa cumpla su  cometido  de engañar al juez sino también cuando ha tenido la potencialidad de  hacerlo.  De  acuerdo  con  el artículo 11 del Código Penal, la conducta será  antijurídica  tanto  cuando  lesione la eficaz y recta  impartición      de      justicia     –como  reza  el Título XVI del Código  Penal- como cuando la ponga efectivamente en peligro.   

         Precisamente  en  la Sentencia de casación del 19 de enero de 2006,  radicado  23483 (y no 21948 como equivocadamente lo señala el casacionista), la  Sala  realizó  un  completo  estudio de esta temática. Allí se citaron varios  pronunciamientos  emitidos  tanto  en vigencia del Código Penal de 1980 como de  la        Ley        599        de        20001,   para   significar  que  la  regulación  positiva  de  la  antijuridicidad  en ambos estatutos no ha sufrido  ninguna  variación  sustancial,  pues antes, como ahora, la lesión o puesta en  peligro  del  bien  jurídico  tutelado  debe ser real y no meramente formal. Se  puntualiza,  además,  que  no  puede  haber delito sin daño. Y el “daño”,  desde  el  punto  de vista jurídico, no solo es el “real”, sino también el  “potencial”.    

         En  el  otro pronunciamiento citado por el actor, esto es, el del 23  de   agosto   de   2006,   radicado   25745,   la   Sala  reafirma  esta  línea  jurisprudencial, en los siguientes términos:   

“De acuerdo con el artículo 11 de la Ley  599  del  2000,  la “antijuridicidad” debe ser entendida “material” y no  solo  “formalmente”.  Esto  significa  que  el  derecho penal no existe para  sancionar  exclusivamente  con  base  en  la  confrontación  que  se haga de la  acción  humana  con  la  norma,  sino,  más allá, para punir cuando de manera  efectiva  e  injustificada  se  afecta o somete a peligro un bien jurídicamente  tutelado.   

Así lo ha expuesto la jurisprudencia de la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, por ejemplo en la sentencia de  casación   del   21   de   abril   del  2004  (radicado  19.930),  en  la  cual  afirmó:   

Como  ha  enseñado  la  Sala2, para que un  comportamiento  típico  pueda  considerarse  base  o  fundamento  del delito es  indispensable  que  de modo efectivo lesione o al menos ponga en peligro un bien  jurídico  tutelado  por  la  ley;  con  tal  sentido el principio de lesividad,  acuñado  por  la  doctrina jurídico penal, aparece recogido en la legislación  penal  como  uno  de los  elementos esenciales del delito (artículo 11 del  código penal)”.   

         Un  poco  más  recientemente,  en Sentencia de casación del 1º de  febrero  de 2007, radicado 23609, la Sala nuevamente señaló que de acuerdo con  la categoría dogmática de la antijuridicidad,   

“la conducta no  sólo  debe  contrariar  el  ordenamiento jurídico considerado en su integridad  -antijuridicidad  formal-, sino que además, debe lesionar o poner efectivamente  en  peligro  el  bien jurídico protegido por la ley -antijuridicidad material-,  de  modo  que no todo daño o peligro comporta un delito, pero sí, todo  delito  supone necesariamente como  condición  insustituible  la  presencia  de un daño real o por lo menos, de un  peligro  efectivo  para  el interés objeto de protección jurídica” (resalta ahora la Corte).   

         El  casacionista  no explica la razón por la cual la Corte tendría  que   variar   esta   línea   jurisprudencial,   menos   aún   cuando  ninguna  contradicción,  falta  de claridad o incertidumbre, se evidencia de este simple  cotejo.   

         Además,  como  lo señala la parte civil, el expediente ciertamente  revela  que  los testimonios falaces de los procesados sí fueron fundamento del  fallo  proferido  el  29  de  noviembre  de  2002,  por  el Juzgado Quinto Civil  Municipal  de  Medellín,  en  tanto  que  allí  se  afirma,  por ejemplo, que:  “Estos  testimonios  entonces  ofrecen  credibilidad  porque  son coherentes con la prueba documental aportada al proceso donde consta  la   titularidad  de  la  demandante…”3.   

         Si  lo  anterior  es  así,  es  evidente  que  la  conducta  de los  procesados  efectivamente  lesionó  el  bien  jurídico  de  la  eficaz y recta  impartición  de  justicia,  toda  vez que sus declaraciones falsas sirvieron de  fundamento  para  declarar  el derecho de dominio y la restitución del inmueble  objeto  del  proceso  civil,  a favor de LIGIA MANRIQUE  LÓPEZ.   

         En  suma,  el  libelo  no  logra  persuadir  a  la  Corte Suprema de  Justicia  sobre la necesidad de un nuevo pronunciamiento relacionado con el tema  de  la  antijuridicidad  material  del  delito  de  falso testimonio, menos aún  cuando  distorsiona  el  sentido  de  la jurisprudencia y no respeta la realidad  procesal  que da cuenta de la efectiva vulneración del bien jurídico tutelado.   

Esta  actitud  asumida por el actor deviene  inútil  frente  a  los  propósitos  de  la  casación  excepcional,  porque no  desarrolla   en  debida  forma  los  motivos  que  abren  paso  a  la  casación  excepcional,  e  impide,  incluso,  que  la  Sala entre siquiera a revisar si el  único  cargo  formulado  contra  el  fallo  del  Tribunal Superior de Medellín  reúne  las  bases  jurídicas,  lógicas y argumentativas que se exigen para su  admisión en esta sede.   

         Así  las  cosas,  la  Sala inadmitirá la demanda de acuerdo con la  consecuencia  procesal  prevista  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000.  Además,  porque  no  se  advierte  que  dentro  del  presente  trámite o en la  sentencia  se  hubiera  incurrido en violación de garantías fundamentales, que  fuere necesario corregir por la vía de la casación oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR               las   demandas    de   casación     presentadas   por   el   defensor  de  LIGIA  MANRIQUE  LÓPEZ,  BERNARDO  SERNA  BERNAL,  MARÍA    TRINIDAD   RODRÍGUEZ   ARANGO   y   HERNANDO   DE   JESÚS   MANRIQUE  LÓPEZ,  de conformidad con las razones anotadas en la  parte motiva de esta providencia.    

         De  acuerdo  con  lo  dispuesto en el artículo 187 de la Ley 600 de  2000, contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ            MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS    

AUGUSTO       J.       IBAÑEZ  GUZMÁN             JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Se  citan  pronunciamientos  del  16  de  junio  de  1981,  M.  P. Dr. Alfonso Reyes  Echandía;  octubre  4  de 1993, radicado 5005; junio 3 de 1998, radicado 10422;  febrero  1º  de  2001,  radicado  16362;  agosto 19 de 1976, M. P. Mario Alario  Filippo;  febrero  18  de  2003,  radicado  16262;  y  de septiembre 15 de 2004,  radicado 21064.   

2  Sentencia febrero 18 de 2003. Rad. 16262   

3 F. 64  vto. del cuaderno original 1.     

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