27706(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27706   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

LEY 906 DE 2004  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 117.  

Bogotá  D.C.,  julio  once  (11) de dos mil  siete (2007).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en  punto  de  los  requerimientos  lógicos  y  de  pertinente  fundamentación  de  la  demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   LEONITH  ALFONSO  OMEARA  JIMÉNEZ, contra  el  fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de Bucaramanga el 28  de  febrero  de  2007,  a  través  del  cual  confirmó la sentencia anticipada  proferida  por  el Juzgado Primero Penal Municipal con funciones de conocimiento  de  Barrancabermeja  el  30  de  octubre  de  2006,  que  lo condenó, junto con  José  Eulalio  Benítez Rueda y Gregorio José Cueto  Arrieta,  como  coautor  penalmente  responsable  del  delito de hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los    hechos    que    motivaron   este  diligenciamiento    fueron   resumidos   adecuadamente   por   el   a     quo     en     los    siguientes  términos:   

“El día cuatro  (4)  de agosto del dos mil seis (2006), después que el educador JORGE DE JESÚS  OMEARA  GUTIERREZ  retirara  del  Banco  Agrario,  con  sede  en  Puerto Wilches  (Santander),  la  suma  de  $24.800.000.oo,  se  hospedó en la residencia de su  primo,  en el Barrio San Rafael de ese mismo municipio, cuando a eso de las once  de  la  noche,  su  pariente el docente LEONITH ALFONSO OMEARA JIMÉNEZ, fingió  estar  enfermo  y  cuando  se  preparaba  para  salir  al  centro  hospitalario,  aparecieron  sus  compinches GREGORIO JOSÉ CUETO ARRIETA y el también educador  JOSÉ  EULALIO  BENÍTEZ  RUEDA,  con el rostro cubierto, el primero con arma de  fuego   y  el  segundo  con  cuchillo,  apuntaron  en  contra  de  la  víctima,  haciéndola  acostar  en  el  piso,  e  ingresaron  a  la  habitación  donde se  encontraba  el  maletín  con  el  dinero  que  había  retirado  del banco y se  apoderaron de éste”.   

“Posteriormente  los  hurtadores  se  repartieron el dinero en efectivo, pero ante la posibilidad  de  ser  descubiertos,  porque  al  parecer  la  víctima JORGE DE JESÚS OMEARA  GUTIERREZ,  reconoció  a alguno de ellos, GREGORIO JOSÉ CUETO ARRIETA decidió  contar la verdad de lo sucedido”.   

El  Juzgado Promiscuo Municipal con función  de   garantías   de   Puerto   Wilches   ordenó  la  captura  de  LEONITH   ALFONSO   OMEARA   JIMÉNEZ  y  José     Eulalio    Benítez    Rueda,  la cual se materializó el 9 de septiembre de 2006. El mismo día  la  Fiscalía  les  formuló  imputación por la posible comisión del delito de  hurto  calificado  agravado  (artículo  239,  inciso  2º  del  numeral 3º del  artículo  240  y numeral 1º del artículo 241 del Código Penal), a la vez que  solicitó  les  fuera impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva,  a  lo  cual  no  accedió  el  funcionario  judicial  por considerar que faltaba  “fundamentación  de  los elementos necesarios para  ella”.  En  la referida diligencia los sindicados se  allanaron  a  los  cargos que les fueron formulados. Igual ocurrió en audiencia  realizada  el  3 de octubre de 2006 con Gregorio José  Cueto Arrieta.   

El  6  de  octubre  siguiente  la  Fiscalía  presentó   escrito   de  acusación  contra  LEONITH  ALFONSO      OMEARA      JIMÉNEZ,     José    Eulalio    Benítez   Rueda   y   Gregorio   José   Cueto  Arrieta.  El  11  de  octubre de la misma anualidad el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con  función  de control de conocimiento de  Barrancabermeja   realizó   la   respectiva   audiencia  de  verificación  del  allanamiento  e  individualización  de  la pena, para el 30 de los mismos mes y  año  proferir  fallo  por cuyo medio los condenó a la pena principal de un (1)  año  de  prisión  y  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como coautores penalmente  responsables  del  delito  cuya comisión aceptaron. En la misma oportunidad les  negó  el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional, así como la  prisión  domiciliaria,  a  la  vez  que  dispuso  librar  las  correspondientes  órdenes de captura.   

          Impugnada  la  sentencia  por  los  defensores de los procesados, el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga la confirmó mediante fallo del 28 de febrero  de  2007,  decisión  que ahora es objeto de recurso extraordinario de casación  interpuesto  por el defensor de LEONITH ALFONSO OMEARA  JIMÉNEZ.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  el  numeral  1º  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, el recurrente plantea un solo cargo, en  cuyo  desarrollo aduce que disiente de la argumentación con base en la cual los  falladores  negaron  a  su  representado  el  subrogado  penal  de la condena de  ejecución  condicional,  pues  el  hecho de que se desempeñara como docente no  permite  exigirle  un  comportamiento  social diverso al de las demás personas,  dado que con ello se violaría su derecho a la igualdad.   

          También  dice  que  su  procurado no registra antecedentes penales,  circunstancia  que  permite  concluir  que  cometió  el  hecho  “de    manera    fortuita,   sucumbiendo   a   la   tentación   del  demonio”,   con   mayor   razón   si  después  se  arrepintió  – así se lo  expresó  al ofendido y a la Fiscalía –   amén  de  que  reparó  íntegramente  el  daño  causado  a  la  víctima.   

          De  otra  parte  afirma  que  en  Puerto  Wilches todas las personas  conocieron   del  suceso,  motivo  por  el  cual,  al  negarse  el  subrogado  a  LEONITH  ALFONSO  OMEARA se  está  enviando  un mensaje errado a la comunidad de que la reparación integral  no  presta  utilidad  alguna  y que en el sistema acusatorio la privación de la  libertad no es la excepción.   

          Agrega  que  en  virtud  del  principio  de  proporcionalidad, no es  necesaria  la  reclusión  carcelaria,  pues  basta  con  la  condena que le fue  impuesta  en  cuanto  afecta  su hoja de vida en el sector público. Además, de  conformidad  con  el  principio de razonabilidad es suficiente con la mencionada  sanción  accesoria,  la  cual  le  impone  perder  el  cargo como docente de un  colegio oficial de su población (Puerto Wilches).   

Finalmente  aduce  que si al ofendido le fue  reintegrado  el  valor  total  del  dinero  que  le fue hurtado, es claro que no  sufrió  un  perjuicio  grave,  motivo  por  el  cual concluye que el acusado no  requiere tratamiento penitenciario.   

Como   normas   quebrantadas  señala  los  artículos  2º  del Convenio Segundo de Ginebra aprobado mediante la Ley 5ª de  1960,  29  de  la  Convención  de  San  José  de  Costa  Rica,  29 de la Carta  Política,  1º,  6º, 7º, 8º y 13 de la Ley 599 de 2000 y 2º, 3º, 4º, 6º,  26, 295 y 296 de la Ley 906 de 2004.   

A partir de lo anterior, el censor solicita a  la  Sala  casar  parcialmente  el  fallo atacado con el propósito de conceder a  LEONITH    ALFONSO    OMEARA   JIMÉNEZ  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena que le fue  impuesta.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha  precisado  la Sala que si bien en la Ley  906  de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y por  la  discrecional,  pues  se eliminó la exigencia del quantum de pena del delito  por  el  que  se  procede  para  acceder  a  tal  impugnación, lo cierto es que  corresponde  al  demandante  acreditar  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida normatividad para la  mencionada  impugnación,  es  decir,  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos por éstos y la unificación de la jurisprudencia.   

          Adicionalmente  se  tiene  que  de  acuerdo  con  la  preceptiva del  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, no será admitido el libelo de casación  cuando  el  demandante  carezca de interés, no señale la causal, no desarrolle  adecuadamente  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  se  advierta que no es  necesario   el   fallo   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades   del  recurso.   

Es  importante  señalar  que  en el estudio  sobre  los  requisitos  de  admisibilidad  de  las demandas de casación, es del  resorte  de  la  Sala  verificar  que los recurrentes formulen sus reproches con  sujeción  a  los  requisitos de lógica y adecuada argumentación definidos por  el  legislador  y desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  que  los  libelos  se enmarquen dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que  resulten  inteligibles en cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la  Sala  en su función constitucional y legal develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación.   

Precisado lo anterior y en atención a que el  impugnante  invoca  la  causal primera de casación establecida en la Ley 906 de  2004,  que  trata  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, resulta  pertinente  indicar  que tal quebranto ocurre cuando a partir de la apreciación  de  los  hechos  legal  y oportunamente acreditados dentro del diligenciamiento,  los  falladores  omiten aplicar la disposición que se ocupa de la situación en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En   dicha  situación,  sin  importar  la  modalidad  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, el yerro de los  juzgadores  recae  imprescindiblemente  sobre la normatividad, circunstancia que  ubica  el  debate  en un ámbito estrictamente jurídico, sea porque se dejó de  lado  el  precepto regulador de la situación específica demostrada, ora porque  el  hecho  se  adecua  a una disposición estructurada con supuestos distintos a  los  establecidos  o bien porque se desborda el entendimiento propio de la norma  aplicable  al caso concreto, todo lo cual exige del casacionista, la aceptación  de  la  realidad  fáctica definida en las instancias e inmodificable dentro del  proceso.   

Por tanto, si el desacuerdo se predica de la  actividad  probatoria  y  su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  la  vía de ataque legalmente adecuada es la indirecta, dado que la  infracción  a  la  ley  sustancial  se  lleva  a  cabo  de  manera  mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  la censura objeto de estudio se observa  que  si  bien  el demandante plantea la violación directa de la ley sustancial,  su     reclamo     no     es     de     naturaleza     jurídico    –  conceptual,  dado  que  orienta  su  esfuerzo  a  cuestionar  la apreciación de las pruebas en punto de la negación  de  la condena de ejecución condicional, en manifiesto  quebranto   de   las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  rigen  el  yerro  postulado.   

Además, si la crítica del casacionista se  orienta   a  reprochar  el  valor  otorgado  a  los  medios  de  prueba  respecto  del        referido        subrogado  penal,  era  su  deber  acudir  a  la  causal  tercera  del  artículo  181 de la Ley 906 de  2004,  esto  es,  a  la  violación indirecta de la ley sustancial, indicando  si  se  trató  de  errores  de  hecho  (falso  juicio de  existencia,  falso  juicio  de identidad o falso raciocinio) o de derecho (falso  juicio  de  convicción o falso juicio de legalidad) y acometiendo la respectiva  demostración propia de cada uno de ellos, labor que no emprendió.   

Como  el impugnante no identificó alguna de  las  especies  de  error  mencionadas,  tal  omisión  le  impidió  a la postre  acometer  en  debida  forma la acreditación del reproche que formula, dejó sin  comprobar   la   configuración   del  error,  amén  de  que  no  demostró  su  trascendencia  en  el  fallo,  falencia que unida a la confusión argumentativa,  dejó sin evidenciar el cargo postulado.   

         También  es  necesario resaltar, de una parte, que el censor no se  detuvo  a  señalar  a  la  Corte   de   qué   manera   fueron   violadas   las   normas   que  simplemente  relacionó en su escrito y,  de         otra,        que        estimó  quebrantados  preceptos  tales  como  el  artículo  2º del Segundo Convenio de  Ginebra  de  1949 que trata de las reglas del Derecho  Internacional  Humanitario  que  rigen  los  conflictos  armados,  temática por  completo ajena al asunto que motivó este diligenciamiento.   

En  suma,  no  hay  duda  que  si  el libelo  casacional  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación  con  base  en  meras  apreciaciones  personales  del impugnante y sin atenerse a  alguna  de  las  reglas  lógicas y argumentativas que lo gobiernan, comporta el  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad  del fallo  atacado.   

         Así   las   cosas,  encuentra  la  Sala  que  si  el  recurrente    no    ajustó   su   demanda   a   las  exigencias  dispuestas  para  postular  y demostrar el reproche que presenta contra el fallo  de  segundo grado y, en virtud del principio de limitación que rige el trámite  casacional  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar las falencias de  aquella,  de  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

          Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se   observa   con   ocasión   del  fallo  impugnado  o  dentro  del  curso   de   la   actuación   procesal    violación   de   derechos   o   garantías   de   LEONITH  ALFONSO  OMEARA  JIMÉNEZ, como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  superar  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del   artículo  184 de la Ley 906 de  2004.   

          Cuestión final   

          Habida  cuenta  que  contra  la  decisión  de  inadmitir la demanda  presentada  por  la  defensa  procede el mecanismo de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  cumplirse       para       su       aplicación1, como sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –  siempre que el recurso  de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial  –, el Magistrado disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en  los  debates  o  suscrito  la  providencia inadmisioria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

          iii)                      Es potestativo del Magistrado disidente, del que  no  intervino  en  los debates o del Delegado del Ministerio Público ante quien  se  formula  la  insistencia, optar por someter el asunto a consideración de la  Sala  o  no  presentarlo  para su revisión, evento último en que informará de  ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

          iv)                       El  auto  a  través  del  cual  se  inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve la admisión del libelo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado LEONITH  ALFONSO  OMEARA JIMÉNEZ, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA              JAVIER  ZAPATA  ORTÍZ                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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