27683(11-07-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  27683   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 117  

Bogotá,  D.C.,  once  de  julio  de  dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado MOISÉS  MEDINA  GARCÍA,   contra  el  fallo  de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  de  Bogota,  fechado el 13 de diciembre de 2006, mediante el  cual  confirmó  integralmente, la sentencia proferida por el Juzgado Dieciséis  Penal  del Circuito de esa ciudad, condenando a su representado legal a  la  pena  de setenta meses de prisión, en calidad de autor de los delitos de acceso  carnal  abusivo  con  menor de catorce años, en concurso homogéneo sucesivo, e  incesto.  Además,  se  impuso  la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas,  por  lapso  igual  a la sanción principal, se ordenó el  pago  a  favor de la víctima, del equivalente a cinco salarios mínimos legales  mensuales,  a  título de perjuicios morales, se negó al procesado el subrogado  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y se otorgó a este  el beneficio de la prisión domiciliaria.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en  la  sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“La  presente investigación se originó a  partir  de  la denuncia que formulara la menor LEIDY JOHANA MEDINA FORERO, el 19  de  septiembre de 2001, quien pone en conocimiento de la autoridad competente el  hecho  de que fue víctima por parte de su progenitor de abuso sexual; abuso que  venía  ejerciendo  desde  hacía  dos  años  atrás,  al  hacerle  tocamientos  reiterados  en  sus  partes íntimas. Hechos que sucedían cuando la madre no se  encontraba  en  la casa. Relata que una vez se encontraba sola en su residencia,  su  padre le toca sus partes íntimas por encima de la ropa, quitándose él los  pantalones   quedándose  en  calzoncillos,  montándosele  encima  tratando  de  penetrarla,  situaciones que se dieron en varias oportunidades, e incluso llegó  a acariciarle la vagina introduciéndole los dedos.   

“Refiere  que  su  progenitor  es  persona  agresiva,   llegando   hasta   golpear   a   su  madre,  pues  ingería  bebidas  embriagantes,  razones estas que la llevan a denunciarlo ante la fiscalía a fin  de que tomaran medidas correctivas”.   

DECURSO PROCESAL  

El  19 de diciembre de 2001, se recibió, en  la  Unidad  de  Delitos contra la libertad, Integridad y Formación Sexuales, de  la  ciudad  de  Bogotá,  la denuncia penal instaurada por la menor Leidy Johana  Medina Forero.   

Con  base  en  ella,  el 20 de septiembre de  2001,  la  Fiscalía Local 242, en Comisión, ordenó apertura de investigación  preliminar.  El  asunto  fue repartido a la Fiscalía Seccional 230 de la ciudad  de Bogotá, el 30 de octubre de 2001.   

El  20  de  agosto  de  2004, se decretó la  apertura  formal  de la instrucción, ordenándose vincular mediante indagatoria  a MOISÉS MEDINA GARCÍA.   

El  día 30 de agosto de 2005, se recabó la  injurada  del  procesado  MEDINA  GARCÍA, a quien se dejó detenido mientras se  resolvía su situación jurídica.   

A  través  de  providencia expedida el 5 de  septiembre  de  2006,  se  resolvió  la  situación  jurídica  del  procesado,  imponiéndose  en  su  contra  medida de aseguramiento de detención preventiva,  sin  beneficio  excarcelatorio,  por  los  delitos  de acceso carnal abusivo con  menor   de   catorce   años,  agravado,  en  concurso  homogéneo  sucesivo,  e  incesto.   

La decisión fue recurrida en apelación por  el  defensor  del  procesado,  motivo por el cual, en proveído fechado el 21 de  octubre  del  2005,  la  Fiscalía  51  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de  Bogotá, confirmó en su integridad la decisión atacada.   

Previa solicitud del profesional del derecho  que  atendía los intereses del procesado, el 7 de octubre de 2005, la Fiscalía  230  Seccional  de  Bogotá,  modificó  la  medida de aseguramiento impuesta al  procesado, favoreciéndolo con la detención domiciliaria.   

En auto emitido el 26 de octubre de 2005, se  declaró  cerrada  la  investigación. Seguidamente, el 22 de noviembre de 2005,  se  calificó  el  mérito del sumario, profiriéndose resolución acusatoria en  contra  del  procesado MOISÉS MEDINA GARCÍA, a título de autor de los delitos  de  acceso  carnal abusivo con menos de catorce años, dispuesto en el artículo  208  del C.P., agravado, en concurso homogéneo sucesivo, e incesto, regulado en  el artículo  237 de la misma obra.   

El  defensor  del  procesado  interpuso  los  recursos  ordinarios en contra del llamamiento a juicio, pero después renunció  a ellos, razón por la cual no se dio el correspondiente trámite.   

Ejecutoriada  la  resolución acusatoria, el  asunto  le  correspondió, por reparto, al Juzgado Dieciséis Penal del Circuito  de Bogotá, el 14 de diciembre de 2005.   

El 14 de febrero de 2006, se llevó a cabo la  audiencia  preparatoria.  Allí  se decretaron todas las pruebas solicitadas por  la defensa y algunas de las pedidas por el Ministerio Público.   

Los días 25 de abril y 12 de junio de 2006,  tuvo lugar la audiencia pública de juzgamiento.   

El  30  de  agosto de 2006, fue proferida la  sentencia  de primer grado, en la cual se condenó al procesado  como autor  de  los  delitos  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años, agravado,  en concurso homogéneo sucesivo e incesto.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  finalmente,  el  13 de diciembre de 2006, la correspondiente Sala de  Decisión  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  confirmó  en su integridad la  sentencia impugnada.   

LA DEMANDA  

    

1. Cargo primero.    

   

         Acudiendo  a  la  causal  tercera, cuerpo segundo, del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, el recurrente acusa a la sentencia de  incurrir  en  un  error  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión,  respecto de varios medios probatorios allegados a la encuesta.   

        1.1. En  primer   lugar,   entonces,   significa  que  el  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  “la  versión  provocada”  rendida  por  la  víctima,  con  lo  cual  se  hubiese  demostrado  que no hubo  “abuso  de  la  inferioridad o incapacidad en que la  ley presume que se encuentra la menor”.   

     En sustento del cargo, el  demandante  resalta  que  la  afectada,  cuando  fue  interrogada  acerca  de lo  sucedido,  siempre  advirtió que no hubo violencia, pero deduce que no fue ella  sincera  en  sus dichos “lo que se comprueba entonces  que  la  menor  ofendida  no  tuvo  una conducta por parte de su padre de acceso  carnal”,   agregando  que  la  falta  de  amenazas,  violencia  física o proceso de conquista, demuestran  inexistentes  los  factores  que en este tipo de eventos  delictuosos  llevan a ejecutar el mancillamiento. En igual sentido, advierte que  la   menor   ofendida,   dadas   sus   experiencias  sexuales  era  “una promiscua con escaso sentido moral”.   

       Ya luego,  discute  la  credibilidad  de  lo  expresado  por la víctima, estimando que las  respuestas  ofrecidas  al interrogatorio, no son propias de quien ha sido objeto  de esta suerte de vejamen.   

        Por  todo  ello, agrega, “el Tribunal cayó en un error de  apreciación  al  no  tener un juicio de valor sobre los hechos analizados en el  primer cargo”.   

           1.2.  En  segundo  término,  señala  el  censor que no tuvo en cuenta la sentencia, lo consignado  en  el  dictamen  médico  legal sexológico, en tanto, allí no se evidencia la  inexistencia  de  lesión  evidente  en  el cuerpo de la víctima, y por ende, a  partir  del  mismo  no puede decirse que efectivamente hubiese sido objeto de la  acometida  sexual  denunciada,  a  más  de que se desmiente su versión jurada,  cuando  afirma  que  el  agresor,  su  padre,  “la cogía a la fuerza”, vale  decir,  utilizando  una  violencia  que  necesariamente  habría  de representar  signos  externos  tales como equímosis y escotaduras en la vagina, consecuencia  de la penetración de los dedos del procesado en ella.   

   

         Estima  el  impugnante,  acorde con lo anotado, que no se demostró la tipicidad  de   la   conducta,   ni   tampoco   la  incapacidad  física  o  mental  de  la  víctima.   

         1.3.  Por  último,  en lo que respecta al primer cargo presentado en contra del  fallo,   significa   el   impugnante  que  el  Tribunal  obvió  considerar  las  declaraciones  de  Jorge Camargo, Rosa Forero de Forero y  Katherine Medina  Forero.   

        El  primero,  anota,  era  propietario de la vivienda donde habitaron el procesado y  su  familia  por  algún  tiempo, relacionando en su declaración jurada que era  normal  el  comportamiento  de  los residentes, aunque destaca el comportamiento  disoluto  de la víctima y da cuenta de que el acusado, para el mes de agosto de  2001, ya no vivía con esta y su madre.   

          Demuestra lo dicho  por  el  atestante,  acota el impugnante, que miente la menor cuando asevera que  la  última  de  las  vejaciones  tuvo  lugar  el  13  de  septiembre  de  2001.   

          La declaración de  la  señora  Rosa  Forero de Forero, abuela de la afectada, comprueba, afirma el  casacionista,   la   mendacidad  de  esta,  corroborando  lo  expresado  por  el  procesado,  en  el  sentido  de  que  para  el  mes de septiembre de 2001, ya no  vivían  bajo  el  mismo  techo,  y  la  menor  se destaca por su comportamiento  promiscuo y licencioso.   

         Por  último,  la joven Katherine Medina, “desenmascara la  mentira  de  su  hermana”, significa el censor,   pues,  advierte  del  trato  cariñoso  que  les  daba el procesado, su padre, y  reitera  lo  expresado  por  los  otros  deponentes  respecto  de los desafueros  comportamentales de la ofendida.   

         Estima,  sí,  el impugnante, que la joven Katherine  Medina, miente cuando  afirma  que  ella  y  su  hermana,  la  víctima,  solían  visitar, luego de la  separación,  a  su  padre,  e  incluso  amanecer con él, dado que “una  mamá  no  enviaría  a la menor Catherine Medina a donde el  padre  sabiendo  que  este podría causar ultrajes, pues eso es lo más absurdo,  pues  una madre por simple lógica se opondría por ese mecanismo de protección  o  instinto materno cuyo deber de toda mamá es proteger de cualquier peligro en  la     integridad     física     y    moral    de    la    menor”.   

           De  conformidad  con  lo  anotado  en precedencia, solicita el demandante se case la  sentencia,   dado   que   la   prueba   pasada  por  alto  reporta  “incuestionable trascendencia”.   

            2. Cargo Segundo.   

         También  en  seguimiento  de  la  causal  segunda,  cuerpo  segundo, acusa a la  sentencia    de   error   de   hecho,   pero   ahora   por   falso   juicio   de  identidad.   

           Hace  radicar  el  yerro,  en  primer término, en la forma como el Tribunal abordó el estudio del  examen   psicológico   practicado  al  procesado,  en  tanto,  tergiversó  las  conclusiones   del   perito,  haciéndolo  decir  algo  que  este  no  dijo,  en  particular,   tomando  como  indicio  que  el  procesado  posee  inclinación  a  perversiones  sexuales, cuando es lo cierto que el dictamen simplemente anota la  imposibilidad  de  verificar  ese  tópico, ante la falta de elementos de juicio  para ese efecto.   

         A  su  vez,  prosigue  el  recurrente, cercenó el            Tribunal  el  apartado final del  dictamen,  donde  se  anota  que  por  ocasión  de  la entrevista practicada al  acusado,  no  se  observan  rasgos de transtorno en la personalidad, incluido el  antisocial.   

           De   esa   forma,  asevera  el  impugnante,  la  incidencia  del  yerro  en  los hechos indicadores  tomados  en cuenta por el Tribunal “…conlleva a que  se  estructuren las fenomenologías conocidas como errores de hecho al irrespeto  y  trasgresión  del  principio  rector   de  las  pruebas  respecto  de la  apreciación  de  las  pruebas  en  conjunto,  por  lo tanto solicito se case el  cargo”.   

             Sin     mayores  preámbulos  el  recurrente  recala  de  nuevo  en lo declarado por la víctima,  criticando  la  forma  en  que  el fallo de segundo grado dio credibilidad a sus  versiones     originales     y     restó    importancia    a    la    posterior  retractación.   

        Dice   el  impugnante,  sobre  el  tema,  que el Tribunal distorsionó el sentido del hecho  indicador   –aunque  no  específica  cuál  es  este- y por ello dio plena credibilidad a lo manifestado  al   inicio   por   la  afectada  y  su  madre  “sin  corroborarlo  con  el conjunto probatorio existente, ya que una premisa expuesta  requiere  transitar  por los diversos medios probatorios a fin de encontrar  una   identidad  profusa  con  el  resto  del  acervo  para  por  ese  medio  de  persuasión,  el  suceso  que  se pretende hacer valer, supere la sospecha, pues  una  consecuencia  directa,  es  la  deducción inducción que del medio hace el  funcionario,  como efecto que soslayaría al absurdo, la inferencia lógica y lo  de que de ello hubiese concluido el juzgador”.   

         En   el  entendido,  entonces,  de  que  existe  duda probatoria insalvable, a la cual se  accede  si  se  observa  el  yerro del Tribunal, que incurre en una “inferencia    ilógica”,   pide   el  recurrente se “case el cargo”.   

          Por último, ya de  manera  general,  el  impugnante efectúa algunas precisiones, las cuales parten  por  significar  que  gracias  a  los  yerros  demostrados  en  los  dos  cargos  propuestos  contra  la  demanda,  se  advierte  que  el  Tribunal   aplicó  indebidamente  las  normas  que  regulan  típicamente los delitos atribuidos al  procesado,  obvió  considerar  los  artículos  que  remiten  a la necesidad de  certeza  para  condenar,  pasó por alto el principio in dubio por reo y no tuvo  en cuenta las reglas regulatorias de la sana crítica.   

            Luego,   realiza  algunas  disquisiciones  respecto  al  concepto de certeza, trayendo a colación  algunos  apartes  de lo expresado por “el distinguido  catedrático LOZANO”.   

              A     renglón  seguido,  señala  que  en  su  valoración  probatoria  el Ad quem incurrió en  “fragante  (sic)  violación  a los principios de la  lógica   y   la   experiencia”,   y  su  decisión  “fue un absurdo lógico”.   

     A su vez, añade, los  testimonios  de  Jorge Camargo, Rosa Forero y Katherine Medina, que descalificó  el   Tribunal   por   corresponder   a  parientes  del  procesado,  “le  estaban  señalando  al  juzgador  una  realidad diversa a la  percibida por él”.   

     Finalmente, solicita  el  impugnante se case en su totalidad la sentencia y en su lugar se emita fallo  de reemplazo, de carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        Se ha anotado pacíficamente por la Corte, y ahora se  reitera,  cómo la demanda  de   casación   ha   de   comportar   un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,   pues,  no  se  trata  de  hacer   valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya superada  por   los   falladores   de   primero   y   segundo  grados,   en   la  cual  se  pretende  anteponer  el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

       En  contravía  de lo anotado, la demanda que se analiza representa  un  típico  alegato  libre  en el cual el casacionista, apenas buscando adecuar  formalmente  sus  argumentos,  dice  violaciones  a  lo que apenas representa su  particular  óptica,  desde  luego interesada, de lo que las pruebas arrojan, en  una   fundamentación   confusa,   ambigua,   contradictoria   y   en  ocasiones  ininteligible,  de la cual  bien  poco  se  puede extractar para adelantar el análisis obligado de hacer en  punto de su admisión.   

      Bajo       estas       precisiones,  abordará  la  Corte  cada  uno   de   los cargos de la demanda.   

       1. cargo Primero.   

       Entiende  la Corte que el demandante, dentro de lo que rotula falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  busca  controvertir  lo expresado por la  víctima  en  la  diligencia  de  ampliación  de denuncia, pero no, para que se  entienda  adecuada  la postulación del cargo dentro de esta específica causal,  porque   advierta  que  el  Tribunal  pasó por alto tomar en cuenta la diligencia, sino porque asume que lo  dicho  por  ello  es mendaz y, en consecuencia, el fallador debió dejar de lado  lo manifestado.   

      Si  ello es así,  dentro  de  lo  que se colige del confuso escrito, evidente asoma la impropiedad  de  lo  argumentado,  pues, en sentido general, alegar  falso  juicio de existencia por omisión representa ni más ni menos advertir la  existencia  de  un  medio  de convicción, regular y oportunamente allegado a la  encuesta,  que  no  fue  tomado  en  cuenta  por  el funcionario y, sin embargo,  comporta  elementos  de  juicio  trascendentes que tienen la virtualidad, dentro  del    análisis    conjunto    del   acervo   probatorio,   de   modificar   al  decisión.   

            Por   este  camino  enfilado el cargo, corre obligación del impugnante, entonces, verificar  cómo  se  halla  inserto  en  la  foliatura el medio en cuestión, registrar su  contenido  concreto,  advertir,  con la transcripción de la sentencia, la forma  en  que  fue  ignorado  por el Tribunal y, finalmente verificar la trascendencia  del  elemento  suasorio,  introduciéndolo  en  el  campo  general  de pruebas y  realizando   un   nuevo  análisis  de  ellas  en  su  conjunto.   

       Nada de  ello  desarrolló  el  impugnante,  quien,  contrariando  elementales principios  lógicos  del  cargo  –en  tanto,  si  la   demanda  se soporta en que el Tribunal dejó de considerar  una  prueba,  la legitimidad del reclamo impone asumir que ese elemento favorece  su  pretensión,  razón  por  la cual emerge absurdo criticar su credibilidad-,  aborda  la  prueba  supuestamente  omitida  por  el  fallador,  testimonio de la  víctima,  para  significar  mendaz  lo expresado por  ella.   

    Y ya abandonado el campo  del  falso  juicio  de  existencia,  es  claro que lo propuesto por el censor no  supera  la  controversia de instancia, en cuanto, busca anteponer su criterio al  del  Ad  quem,  en  punto  de la credibilidad que este último dio a la versión  inicial  de la afectada, pasando por alto, el recurrente, que a esta sede arriba  la  sentencia  prevalida,  como  se dijo, de una doble connotación de acierto y  legalidad,  bajo  cuya  férula la evaluación distinta que hace el defensor del  procesado,  así  se  estime  más  acabada, resulta insuficiente para variar lo  decidido.   

      

        Por   lo  demás,  si  se  dijera  que a pesar del yerro lógico de fundamentación, puede  ser  superado  ello  para  analizar  directamente la discusión planteada por el  recurrente,  debe  significarse  esta  completamente inane, pues, no se entiende  cuál  puede  ser  el norte de demostrar que la menor no sufrió ningún tipo de  amenaza,  conminación  severa,  fuerza física o violencia, cuando es lo cierto  que  el  delito  endilgado  al acusado en ninguna forma contempla estas aristas,  correspondiendo  su denominación típica a la conducta punible de acceso carnal  abusivo  con  menor  de catorce años, en el cual, huelga anotar, la definición  de  delictuoso  del hecho no viene dada porque se utilizara alguno de los medios  en  cita para doblegar la voluntad contraria de la víctima, sino en atención a  que,  otorgado  su  consentimiento  para  el  vejamen,  este se entiende viciado  únicamente en razón a su minoría de edad.   

      En  este sentido,  debe  aclarar  la  Corte que a más de atentar contra los derechos de un menor y  las  limitaciones  que  en  guarda  de  su  intimidad  se han construido legal y  jurisprudencialmente,  la alegación del impugnante, a fuer de  lesiva para  la  dignidad  de  la ofendida, se reputa completamente  desenfocada,  en  tanto,  busca  destacar  de ella una supuesta madurez sexual y  amplios  conocimientos  en  la materia –con  epítetos francamente ofensivos-, que en nada inciden respecto  de  los  hechos  y  la  responsabilidad penal que se le atribuye, construida, en  punto  de  la  afectación  sobre  la  víctima,  a partir de una presunción de  derecho  que  no  admite  este  tipo  de pruebas en contrario, como ya de manera  coincidente lo han señalado la Sala y la Corte Constitucional.   

      Similares yerros argumentales deben predicarse acerca  de  la  supuesta  omisión  del Tribunal en considerar el contenido del dictamen  médico   legal   sexológico,  producto  del  examen  practicado  a   la  ofendida,  agregando  la  Sala que la sustentación del cargo  no   remite  a  lo  planteado,  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  sino  que  deriva  en  el  falso raciocinio, dado que lo  criticado  no  es  que se hubiese pasado por alto la consideración de lo que la  prueba   objetivamente   arroja,   sino  que  el  Tribunal  extractase  de  ella  consecuencias  lesivas para el procesado cuando, en sentir del demandante, de lo  consignado  por  el  perito, no se “afianza el cargo  punitivo  como  medio  probatorio  para endilgar el delito sexual con referencia  autoral       en       el       señor       Moisés       Medina”    

          Ello  lo  hace derivar  el   recurrente   de   que   en   el   examen   no  se  advirtieran  huellas  de  violencia.   

         Pero,  reitera  la Corte, si la conducta endilgada al procesado no remite a este  tipo  de  circunstancias,  no  se  ve  por  qué deberían hallarse estos signos  externos    o    cómo    su   ausencia   afecta   la   atribución   penal   en  concreto.   

      Mucho menos,  si  el  demandante  hace una lectura de lo dictaminado, completamente ajena a lo  que ello arroja.   

         En  este  sentido,  para  recurrir  exclusivamente a lo consignado en el escrito  impugnatorio,   si   el   perito   sostuvo   que   la   menor   posee  un  himen  festoneado,  “lo  cual  permite  el paso del miembro viril erecto”, ello no  significa,  como  deduce  el recurrente, que “dicha  situación   se   caracteriza  por  un  coito  consistente  en  la  ruptura  del  himen”.  Todo  lo contrario, determina que por las  condiciones   del   himen,   este  se  dilata  en  el  coito,  permitiendo,  sin  desgarrarse, que el miembro viril pase por el introito vaginal.   

      Ello por sí  mismo  explica  que  no se advirtieran los signos de violencia reclamados por el  demandante,  dentro  de  a  conducta  que  remite  a  introducir  sus  dedos  el  victimario, en la vagina de la víctima.   

        Cuando,  además,  el  recurrente  significa  que  la acusación remite a hechos  sucedidos  desde  años atrás, en reiteración que delimita la existencia de un  concurso  homogéneo  sucesivo  de  conductas  punibles,  no de un específico y  singular  vejamen  que  una  vez  ocurrido  impeliese  la denuncia y consecuente  examen,   resulta   intrascendente,   en  punto  de  auscultación  de los efectos físicos del delito, que el examen en cuestión no  advierta  su  existencia.  Máxime que, como se dijo, la discriminación típica  del   mancillamiento,   no   refiere   circunstancias  de  violencia  física  o  moral.   

      Nada anotó  el  impugnante para definir la trascendencia que respecto de la condición penal  de  su protegido legal, tiene la supuesta omisión del Tribunal en considerar el  dictamen   en  cuestión,  reelaborando  el  análisis  conjunto  de  la  prueba  recogida,  ahora  con  la  introducción  del medio de convicción presuntamente  echado de menos.   

       Y tampoco,  cuando  se  tiene  claro  que  la controversia gira en torno de la forma como el  fallador  evaluó  el medio de prueba en cuestión, esto es, dentro del espectro  del  falso  raciocinio,  el  casacionista  definió  cuál  fue  la  regla de la  experiencia,  principio  lógico  o  fundamento científico  que no tuvo en  cuenta  el  Ad  quem,  única  manera  que  permite  evidenciar  la  violación,  como  ya  de  forma  pacífica  lo  ha  sostenido la  Sala1,         de        la        siguiente        manera:    

         

       “Si  se  denuncia  falso  raciocinio  por  desconocimiento  de  los postulados de la sana  crítica,  se  debe indicar qué dice de manera objetiva el medio, qué infirió  de  él  el  juzgador,  cuál mérito persuasivo le fue otorgado, señalar cuál  postulado  de  la  lógica,  ley  de  la ciencia o máxima de la experiencia fue  desconocida,  debiéndose  indicar  cuál  es el aporte científico correcto, la  regla  de  la lógica apropiada, la máxima de la experiencia que debió tomarse  en  consideración  y  cómo, y finalmente, demostrar la trascendencia del error  indicando  cuál  debe  ser  la apreciación correcta de la prueba o pruebas que  cuestiona,  y  que  habría dado lugar a proferir un fallo sustancialmente   distinto y opuesto al ameritado”   

         

             Finalmente,  en  lo  que  a este cargo corresponde, si bien, el demandante ubica  dentro  de  los  linderos  del  falso  juicio  de  existencia  por  omisión, lo  correspondiente  a  la  declaración  que a favor del procesado presentaron Rosa  Forero  de Forero, su madre, Catherine Medina Forero,  su  hija,  y a la vez hermana de la víctima, y Jorge  Camargo,   ya   más  adelante  específica  que  lo  ocurrido    con    las    atestaciones    en    cita,    es   que   “fueron    descalificados   por   ser   parientes”,   derivando   el  ataque  hacia  el  análisis  y  valoración  probatorias  efectuado  por  el Ad quem, pero  sin  desarrollar  el  cargo,  toda  vez  que  se  limita  el  recurrente  a  anteponer  su análisis de lo que la prueba arroja, sin demostrar  la   existencia   de   violación   alguna,   conforme  los  fundamentos  atrás  citados.   

        Agréguese,  finalmente,  que  para  ninguno  de  los  tres  tipos de prueba que  advierte  omitidos  el  censor, presentó este el apartado o apartados del fallo  que  registran  la  violación,  ni se ocupó de determinar su trascendencia, no  sólo  manifestándolo  sino argumentando al respecto después del indispensable  análisis   probatorio  conjunto,  razones  suficientes,  junto  con  las  otras  específicamente  relacionadas  en  precedencia,  para  inadmitir el primer  cargo propuesto por el demandante.   

        2. Cargo Segundo.   

            Parte  el  recurrente,  cuando  pregona la existencia de un error de hecho por falso juicio  de  identidad  por  tergiversación, en la decisión condenatoria controvertida,  de  una premisa errada, fruto de interpretar inadecuadamente lo expresado por el  Tribunal   en   punto   del  dictamen  psicológico   referido   al   examen  practicado al acusado.   

         Así  citó  el demandante, la argumentación del Ad quem, en lo que toca con lo  expresado por el perito:   

“respecto  de  posibles  inclinaciones  sexuales  desviadas  en  el  mismo  el  examen  psiquiátrico forense no permite  afirmarlas  ni  descartarlas  de  plano,  sin riesgo de equívocos, información  técnica   que  de  manera  alguna  descarta  la  realización  de  la  conducta  reprochable  por  parte  del procesado, como lo quiere hacer la defensa, pues la  prueba  técnica  deja  en  el  umbral  de la incertidumbre la propensión a una  personalidad   con   perversiones   sexuales,  lo  cual  sería  indicativo  las  inclinaciones  en  ese  aspecto  de la personalidad del acusado como un elemento  indiciario,  más  no  conclusivo  dentro del contexto probatorio que lo señala  como  autor  del  atentado  contra  la  formación  e  integridad  sexual  de su  primogénita”   

           Esto  consignó  el demandante como concluido por el experto:   

“Con  respecto  a posibles inclinaciones  sexuales    desviadas    en    el    mismo,    el  examen  psiquiátrico  forense no permite afirmarlas  ni  descartarlas  de  plano,  sin riesgo de equívocos, lo anterior debido a que  los   examinados   por   lo   común  no  son  absolutamente  sinceros  en  esas  entrevistas”.   

           No  observa  la  Corte,  cotejado  lo  expresado por el testigo, con la evaluación efectuada por  el  Tribunal,  qué  fue  lo tergiversado o cercenado, ni se explica cómo puede  concluir  el recurrente que el Ad quem, dio el valor de indicio incriminatorio a  lo  consignado  en  el  experticio  acerca  de  la  imposibilidad  de  verificar  inclinaciones de perversión sexual en el acusado.   

     Todo lo contrario,  la  sola  verificación elemental de lo transcrito en punto de la argumentación  del  fallador de segundo grado, advierte de su plena consonancia con lo arrojado  por   el   dictamen,  evidenciando  inexistente  la  violación   propuesta   por   la   vía    del falso juicio de identidad.   

      Y  tampoco  es  posible   significar   materializado   el   error   de   hecho   dentro   de  la  órbita   del falso  raciocinio,  esto  es, por virtud de la valoración equivocada que se diera a lo  consignado  en  el  examen  al  que  se  alude, en tanto, lejos de significar el  Tribunal  que  se  deduce  un  indicio  en  contra  del  procesado,  producto de  la  imposibilidad  de  definir  con  el  solo examen  clínico  su  proclividad  a  perversiones  sexuales,  da  cuenta  de  ello para  señalar  que  nada  sobre  el particular se puede demostrar probado, pero, y en  ello  radica  la confusión del demandante, si el experticio manifestara posible  esta  propensión,  la misma no constituye elemento probatorio fundamental, sino  que  “sería” base de  un  indicio  menesteroso de ubicar dentro del contexto probatorio completo, más  no  “conclusivo”  de  responsabilidad penal.   

        En  otras  palabras,  para  que se entienda bien, la interpretación natural y obvia  de  lo  expresado  por  el Tribunal, no es otra distinta a que esa corporación,  visto  el  examen  psicológico  practicado  al  procesado  y lo arrojado en las  conclusiones,  entiende  imposible  determinar si este posee o no inclinación a  las   perversiones   sexuales,   pero,  agrega,  si  ello  lo  hubiese   consignado   el  experticio,  no  “sería”   prueba  concluyente  de  responsabilidad,  sino apenas un indicio obligado de considerar  al amparo del conjunto probatorio recogido.   

    

         Nunca,  en conclusión, el Tribunal tuvo  en  cuenta,  para  efectos  de  definir la responsabilidad penal del acusado, un  inexistente  indicio  que refiera a posibles perversiones sexuales suyas, razón  suficiente  para que carezca de soporte fáctico la crítica que por la vía del  error    de    hecho    por    falso    juicio    de   identidad,   plantea   el  recurrente.   

       Ahora,  si  se  dijese  que  efectivamente  el  Ad quem, entregó esa errada valoración  indiciaria  a  lo  consignado  en  el  peritaje,  era menester que el recurrente  significase  adecuadamente  la  trascendencia  de  la  prueba  en  punto  de  la  decisión  final, ubicándola dentro del conjunto suasorio y demostrando que con  la  eliminación  del  supuesto  indicio,  no quedan en pie elemento suficientes  para soportar la deducción de responsabilidad penal.   

        Fue,  ese,  un  ejercicio  que no realizó el censor, y por  sí  misma  la  omisión,  dejando   de   lado  la  carencia    de    fundamento    objetivo    atrás    resaltada,    conduciría también a la inadmisión.   

                          De  otra  parte, reseña el demandante, aunque  no  desarrolla el tópico, que también el Tribunal cercenó la prueba pericial,  pues,  en  la  parte  final de las conclusiones se expone que no se halló en el  examen  del procesado, rasgos protuberantes  de algún tipo de trastorno de  personalidad, incluido el antisocial.   

            Ello,  en  sentir  del  censor,  “confirma que el procesado no  es  protagonista  de conductas antisociales, lo cual debe absolverse a favor del  encartado”.   

           Por   fuera  de  esta  afirmación,  que  desde  luego,  no  necesariamente  se  extracta  de  lo  dictaminado  por  el  experto, nada hace el casacionista para demostrar el yerro  en  el  cual supuestamente incurrió el Ad quem, ni mucho menos la trascendencia  del  que  se  dice cercenamiento, dentro del espectro probatorio, para cerificar  que,   en   efecto,  de  haberse  tenido  en  cuenta  el  apartado  pericial  en  mención,  la decisión habría sido favorable al procesado.   

        De  esta   manera,   si   ni   siquiera   se   citan   los   apartados  del  fallo  en  los  cuales  se  funda  la  decisión, para que se  advierta   si   efectivamente   ocurrió  el  cercenamiento  propuesto,  resulta  imposible  para  la  Sala verificar cuál fue en concreto el yerro, cómo operó  este  y,  finalmente, de qué manera incide en el análisis probatorio, al punto  de facultar quebrar la decisión de condena.   

           Resta   anotar,  que  en  las  consideraciones  finales  de  su escrito, el censor desdice de las  causales  de  casación  propuestas,  en  tanto,  significa  que las violaciones  atribuidas  al  Tribunal,  dimanan  de  los  juicios  equivocados y “absurdos    lógicos”,   en   la  evaluación  probatoria,  inscribiendo la crítica dentro del contexto del falso  raciocinio   y   no   bajo   la  órbita  de  los  errores  de  hecho  por  falso juicio de existencia por  omisión  y  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación y cercenamiento,  aunque,  cabe relevar, jamás expone cuáles son los postulados de la lógica, o  las  máximas  de  la  experiencia  que   no  se  aplicaron  o ello se hizo  inadecuadamente.   

         Dice  también  el  demandante,  en aislada manifestación, ajena a las causales  propuestas, “Como se ha  demostrado  la  totalidad  de  los  argumentos  e  indicios  edificados  por  el  fallador,  no convergen ni concurren entre sí, a pesar de que están enunciados  en  la  sentencia, no se deducen de aquella en forma clara y precisa como están  construidos  cada  uno  a  través  de  los  indicios  igualmente observados por  el   tribunal,  pues  el eslabón que tendría que sostenerlos se desliga y  se    bifurca    todas   aquellas   inferencias   extraídas   de   los   hechos  indicadores”.   

               Ambigua  y  confusa la manifestación, bien  poco  tiene  que  decirse  sobre  ella,  aunque  se  resalta  que nunca  el  impugnante  fundamentó  argumentalmente  cualquier  tipo  de  crítica seria al  cúmulo indiciario y sus efectos.   

         En  suma,  protuberantes  son  los  yerros argumentales y de fundamentación que  gobiernan  la  demanda  presentada  por el defensor del procesado, al extremo de  imponer  significar  carentes de adecuada sustentación los cargos propuestos y,  desde  luego,  incumplida  la  obligación  de  demostrar  la  existencia  de la  violación y su trascendencia.       

Como no se observan violaciones a garantías  fundamentales,  que  obliguen  conocer  de  oficio  lo  actuado, se inadmitirá,  conforme lo anotado en precedencia, la demanda de casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el  defensor  del procesado  MOISÉS  MEDINA GARCÍA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                         MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                       JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                              JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                              JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 26 de junio de 2002, Radicado 11451     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *