27646(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27646   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá  D.C., junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

La   Sala  acomete  el  análisis  de  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  fundamentación  del  libelo  casacional  allegado   por  la  defensora  del  procesado  JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS  HERRERA,  contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta el 12 de  diciembre  de  2006, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  de  la misma ciudad el 31 de octubre del referido año, por cuyo medio  lo  condenó  de  manera anticipada como autor penalmente responsable del delito  de  porte  de estupefacientes de que trata el inciso 2º del artículo 376 de la  Ley  599  de  2000,  agravado  de acuerdo con el literal (b) del numeral 1º del  artículo 384 del mismo ordenamiento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   hechos   que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento  fueron  adecuadamente sintetizados en el fallo de primer grado, así:   

“El dieciséis de  julio  de dos mil seis a eso de las ocho de la noche, en el puesto de control de  ingreso  de  las  personas  en  la  guardia  del Cantón Militar San Jorge de la  Trigésima  Brigada  de  Cúcuta,  se  capturó  al  soldado profesional JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS  HERRERA  cuando en el bolso negro que llevaba al ingresar,  el  suboficial  de  turno en la revisión del mismo halló un paquete comprimido  de  sustancia  vegetal que indicaba el ser estupefaciente, como efectivamente se  comprobó  en  el  análisis  respectivo  al dar positivo para marihuana en peso  neto de 147 gramos”.   

El  Juzgado  Ochenta  y Seis de Instrucción  Penal   Militar   de   Cúcuta   declaró   abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desenvolvimiento     vinculó     mediante     indagatoria     a    JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS HERRERA, pero  posteriormente  remitió  por competencia la actuación a la Fiscalía Seccional  de  la misma ciudad, donde fue resuelta la situación jurídica del indagado con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  autor  del  delito establecido en el inciso 2º del  artículo  376  de  la  Ley 599 de 2000, agravado por el literal (b) del numeral  1º    del    artículo    384    ejusdem,  providencia  contra  la  cual  la  defensa  interpuso  sin éxito  recurso de reposición.   

Una  vez ejecutoriada la anterior decisión,  el  procesado  expresó  por  escrito  el interés que le asistía en acogerse a  sentencia  anticipada,  motivo  por el cual el 17 de octubre de 2006 se realizó  la  diligencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos, en cuyo desarrollo  BALLESTEROS  HERRERA aceptó  ser  autor  penalmente  responsable  del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento.   

El  31  de octubre de 2006 el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de Cúcuta profirió fallo, a través del cual condenó al  incriminado  JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS  a  la  pena  principal  de cuarenta y dos (42) meses de prisión y  multa  por  la  suma  de 7.5 salarios mínimos legales mensuales vigentes y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por cuarenta y tres (43) meses, como autor penalmente responsable del  delito  por  el  cual la Fiscalía le formuló cargos, cuya aceptación expresó  libre  y  voluntariamente.  En la misma providencia le negó tanto la condena de  ejecución   condicional,  como  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior de Cúcuta la confirmó mediante fallo del 12 de diciembre de  2006  (tasando  la  pena accesoria en tiempo igual al de la pena privativa de la  libertad),  contra  el  cual  se  dirige  ahora  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la  defensora  de  JULIÁN  ALBERTO BALLESTEROS HERRERA.   

LA DEMANDA  

La  censora formula tres reproches contra el  fallo  de  segundo  grado:  el  primero, por violación de la ley sustancial, en  atención  a  que  en  su  parecer  los  falladores  aplicaron indebidamente los  artículos  376  y  384  de  la  Ley  599  de 2000, pues el procesado portaba la  sustancia   estupefaciente   para   su   uso   terapéutico.   El  segundo,  por  desconocimiento  del  debido  proceso,  dado  que  no  se tuvieron en cuenta los  principios  de  favorabilidad  e  imparcialidad,  en  la medida en que no le fue  concedida  la  rebaja  de  la  mitad  de la pena por haberse acogido a sentencia  anticipada, ni se le concedió la prisión domiciliaria.   

Y  el  tercero,  por desconocimiento de las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  las  pruebas,  en  atención a que  la   conducta   investigada   fue   realizada   por  “un    simple    portador    de   una   sustancia  estupefaciente”  que  la  requería  para curar sus  dolencias.   

Con   el   fin   de   evitar  repeticiones  innecesarias,   metodológicamente   se  optará,  a  continuación,  por  hacer  referencia  separada  a  cada  uno  de los cargos presentados por la defensa y a  realizar acto seguido su correspondiente estudio.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Como  ya  lo  ha decantado la Sala, es claro que en el estudio sobre  los  requisitos  de admisibilidad de las demandas de casación, es de su resorte  verificar  que  los  recurrentes  formulen  sus  reproches  con  sujeción a los  requisitos  de  lógica  y adecuada argumentación definidos por el legislador y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta  en una tercera instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir  que los libelos se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si el demandante carece de interés o la demanda no  reúne los requisitos se inadmitirá”.   

Precisado  lo  anterior y conforme se había  anunciado,  serán  abordadas  cada  una  de  las  censuras  postuladas  por  la  impugnante  para  dar  sustento  a  su  pretensión  casacional, de la siguiente  manera:   

1.             Primer     cargo:    Violación    de    la   ley   sustancial   por   aplicación  indebida  de  los  artículos  376  y  384 de la Ley 599 de  2000.   

Aduce    la  recurrente  que  si  bien  se  encontró  que  su  asistido  portaba  marihuana,  “tenida   para  nuestra  justicia  como  sustancia  estupefaciente,  no  contenía  ninguna otra sustancia alucinógena, que las que  en  sí mismo pueda contener  este  vegetal,  que  también  tiene uso terapéutico y que debido a la dolencia  física  del  condenado, debida a la enfermedad que presentaba y que hoy aquejan  aún  sus  piernas  y  cara,  especialmente mandíbula, admitió sin temor y sin  dilaciones   tener   en   su   morral   un   pequeño   paquete   que  contenía  marihuana”.   

Agrega  que  el  obrar  de  aquél  no  fue  antijurídico,  pues  portaba tal vegetal para recuperar su salud, razón por la  cual  no  debieron  aplicarse  los artículos 376 y 384 del estatuto penal, pues  ahora  se  encuentra  en  la  cárcel  rodeado de delincuentes y “pagando      un      delito     que     no     cometió”.   

         Resalta  que  el  procesado  es  un valiente soldado servidor de la  patria,  el  cual ha trabajado por cerca de 8 años en  el  Ejército Nacional, tendiendo que enfrentar a toda  clase de delincuentes.   

         Finalmente,  sin  hacer  explícita  su  pretensión casacional con  esta  censura,  la  libelista  manifiesta  que JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS  no  actuó  con  dolo,  pues no  adquirió  la  marihuana  con  fin diverso a procurar  bienestar para su salud.   

         Consideraciones de la Sala   

En punto de la impugnación extraordinaria de  fallos  anticipados  tiene  dicho  la  Sala  que en virtud de lo dispuesto en el  artículo  40 de la Ley 600 de 2000, el cual restringe el interés del procesado  y  de  su  defensor  para  interponer  el  recurso  de  apelación  a cuestionar  exclusivamente  el  quantum de  la  pena,  los  mecanismos sustitutivos de la sanción privativa de la libertad,  la  extinción  del  derecho  de  dominio  sobre  bienes, la vulneración de los  derechos  o  garantías  fundamentales, así como la cuantía de perjuicios, tal  restricción  se  hace  extensiva  al  recurso  de  casación,  sin que entonces  resulte viable plantear temas diversos.   

En  la  censura  objeto  de  estudio  advierte la Sala que por tratarse  de  una  sentencia  anticipada,  proferida  de  conformidad  con  las reglas del  artículo   40   de   la   mencionada   legislación  procesal,  la  impugnante  carece  de  interés  para  alegar    que    la    conducta    carece   de   antijuridicidad,   pues  le  está  vedado  recabar sobre un  tema  que  fue  aceptado  libremente  por  el  procesado con la asistencia de su  defensor.   

         Las  razones  expuestas  irrumpen como suficientes para disponer la  admisión del reproche.   

2.           Segundo  cargo:  Desconocimiento  del  debido  proceso  por  quebranto  de  los  principios de favorabilidad e imparcialidad.   

         La  demandante  afirma  que  el  funcionario de primer grado debió  “imponer     la     pena     mínima”  en  atención  a  la  colaboración  del  acusado  para con la  administración  de  justicia  dado  que  se acogió a sentencia anticipada, con  mayor  razón  si  creyó que la sanción le sería rebajada en un cincuenta por  ciento (50%).   

         También  agrega  que  los  falladores no tuvieron en cuenta que se  trata  de  un hombre joven que no constituye peligro para la sociedad ni para su  familia  y  que  las  funciones  de  la  pena  no  se cumplen al recluirlo en un  establecimiento  carcelario,  con  lo cual violaron el  principio   de   imparcialidad   al   desatender   que   no   se   trata  de  un  delincuente.   

         Reitera  que  la  conducta investigada no es antijurídica, pues el  porte  de  la  marihuana  estaba dirigido a preparar un remedio que aliviara las  dolencias de su procurado.   

         Con   fundamento   en   lo   anterior,  la  defensora  solicita  la  revocatoria del fallo de condena.   

         Consideraciones de la Sala   

          Si  bien  asiste interés a la libelista, sólo en cuanto su censura  no  pretende  de  manera  alguna  la retractación respecto de la aceptación de  cargos  imputados  en  la  respectiva  audiencia,  sino que se circunscribe a la  forma  en  que  será  ejecutada  la  sanción  impuesta, la cual en su criterio  irroga   perjuicio   a   sus   derechos,   lo   cierto   es   que,   en   primer  término,  se desentiende de las reglas que de tiempo  atrás  han  sido  establecidas por la jurisprudencia en punto de la invocación  de  la  causal  tercera  de  casación y, en segundo lugar, pretende,  en  manifiesto  quebranto de toda ordenación lógica inherente a  este  medio  impugnaticio,  aducir errores de apreciación probatoria propios de  la   causal   primera   de  casación,  cuerpo  segundo,  en  relación  con  el  quantum de la pena impuesta y  la prisión domiciliaria.   

En  el primer caso le correspondía señalar  claramente   la   especie   de   incorrección   sustantiva   que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos y las normas que estima conculcadas,  con  la  indicación  de los motivos de su quebranto. También era de su resorte  especificar  el  límite de la actuación a partir del cual se produjo el vicio,  así  como  la  cobertura  de  la nulidad, demostrar que procesalmente no existe  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones    ausentes    de    quebranto,   deberes   que   no   cumplió   la  defensora.   

En  el segundo caso era su deber acudir a la  violación  indirecta de la ley sustancial, indicando si se trató de errores de  hecho   (falso   juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso  raciocinio)  o  de  derecho  (falso  juicio  de  convicción  o  falso juicio de  legalidad),   acometiendo   la   respectiva  demostración,  labor  que  tampoco  emprendió.   

          Los  anteriores  equívocos resultan suficientes para establecer que  el  cargo  no  satisface  las  exigencias  dispuestas por el legislador para que  proceda su admisión.   

3.          Tercer  cargo:  Desconocimiento  de las  reglas     de     producción     y    apreciación    de    las    pruebas.   

         La  recurrente  asevera  que  no  es  lo  mismo traficar o fabricar  estupefacientes,  pues  ello  implica contar con una especial infraestructura, a  simplemente  portar hoja de marihuana para aliviar las dolencias derivadas de un  accidente  que JULIÁN ALBERTO BALLESTEROS  tuvo  desempeñándose como soldado del ejército, por manera que  considera   que   éste   no   se   la   ha   dado   un   trato  “FAVORABLE”        al       ser  condenado.   

        Concluye  que  su  representado  no pretendió transgredir la ley,  pues  no  fumó  marihuana,  no  la  dio  a  fumar a  alguien,  no la compró ni la vendió y solo pensó que al mezclarla con alcohol  y aplicarla en sus piernas se calmarían sus dolores musculares.   

        Adicionalmente,  la censora  solicita  de  practique  examen  médico  a  su patrocinado y se  allegue  la  historia  clínica  que  reposa  en  el  Dispensario  Médico de la  Dirección de Sanidad del Ejército Nacional.   

        Finalmente      depreca   se   le   conceda  la  libertad  inmediata  o  subsidiariamente  “detención        domiciliaria”,  se  le reintegre al Batallón Contraguerrillas, se le brinde  tratamiento  médico  a  sus  quebrantos  de  salud  y, de no hallarlo apto para  continuar  prestando  su  servicios,  se le de la baja con las indemnizaciones o  pensiones a las que haya lugar.   

        Consideraciones de la Sala   

        Sobre  el  planteamiento  de  la  defensa observa la Sala que, tal  como  se  planteó  al  analizar  el  primer  cargo,  carece  de  interés  para  cuestionar  tópicos  referentes  a  la  estructura  delictiva  de  la  conducta  cuya comisión fue aceptada libre y espontáneamente  por el incriminado, asistido por su defensor.   

          Adicionalmente,  en  manifiesto  olvido  de  la  estructura  de esta  impugnación  extraordinaria, la defensora solicita la práctica de pruebas, sin  percatarse  que  la  oportunidad  para  ello  se  surtió  durante  los precisos  momentos   procesales   definidos   por  el  legislador  durante  las  fases  de  instrucción  y  juicio,  sin que, desde luego, resulte viable tal situación en  el curso del trámite casacional.   

          De  igual  manera,  en  forma  impertinente  concreta su pretensión  casacional  en que se brinde tratamiento médico a su  patrocinado,  amén de que se le indemnice o pensione  en  caso  de  no  ser  considerado  apto  para  desempeñar el servicio militar,  temáticas   por   completo  ajenas  no  sólo  a  este  medio  de  impugnación  extraordinaria,   sino  también,  a  la órbita de competencia funcional de esta Sala, razón adicional  para  observar  que  el  cargo  no  satisface  las  exigencias  dispuestas  para  provocar      su  admisión.   

Así  las  cosas, encuentra la Sala que si  la  censora   no   ajusta   su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas  para postular y demostrar los  reproches  que  presenta  contra  el  fallo  de segundo grado y, en virtud del principio de  limitación  que  rige el trámite casacional la Corte no se encuentra facultada  para  enmendar  las  falencias de aquella, de conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000 se impone de plano la inadmisión del  libelo.   

        Finalmente   es  oportuno  destacar  que  la  Sala  no  observa  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la providencia  impugnada,  violación  de  derechos o garantías del acusado, como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR  la  demanda de casación  interpuesta  por  el  defensor del procesado JULIÁN  ALBERTO  BALLESTEROS  HERRERA, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

        De  conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 187 del Código  de   Procedimiento   Penal,   contra   este   proveído   no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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