27302(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27302  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado  Acta  N°  181   

Bogotá,  D. C., septiembre veintiséis (26)  de dos mil siete (2007).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  las  demandas  de  casación  presentadas por la defensora de las procesadas Luz  Marina  Gallego  Cadavid y Teresita Tamayo Gaviria contra la sentencia proferida  el  6  de abril de 2006 por el Tribunal Superior de Medellín, que las condenó,  conjuntamente  con  María  Victoria  Gómez  Montoya, Humberto de Jesús Lopera  Arias,  Rosmery del Socorro Rave Henao y Sergio Abel Restrepo Jaramillo,  a  las  penas  de  prisión  de  10 meses y 15 días y 14 meses, respectivamente, e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso  de  la pena principal, al considerarlas responsables del delito de  peculado por uso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  primeros,  ocurridos  en  el  año 2002,  fueron descritos en los siguientes términos  por el ad quem:   

Según  informe de auditoría realizado por  la  Contraloría  Municipal de Bello (Antioquia), se detectaron en la Tesorería  del  Municipio  irregulares  manejos  en  la administración de los recaudos por  concepto  de  impuestos  municipales,  actuación  en  la  que  presuntamente se  hallaban  vinculados  funcionarios de la Tesorería Municipal; estas actuaciones  irregulares  se  hacían  consistir en la cancelación de impuestos con tarjetas  de  crédito  de funcionarios de la administración municipal, pagos que si bien  ingresaban   al  patrimonio  municipal,  estos  eran  de  personas  que  habían  cancelado en efectivo sus respectivos impuestos.   

2.  Tal situación  llevó  a  que  el  14  de  enero  de  2002  la  Dirección  de  Justicia  de la  Contraloría  Municipal presentara denuncia penal, lo que motivó a la Fiscalía  a  abrir investigación y, posteriormente, escuchar en diligencia de indagatoria  a  Luz  Marina  Gallego Cadavid, Teresita Tamayo Gaviria, María Victoria Gómez  Montoya,  Humberto  de  Jesús  Lopera  Arias,  Rosmery del Socorro Rave Henao y  Sergio Abel Restrepo Jaramillo.   

3.  Habiéndose  recaudado  la  prueba  necesaria  para  calificar  el  mérito  del  sumario  se  clausuró  la  instrucción  de  acuerdo  con  providencia de 9 de septiembre de  2002,  y  luego,  de  conformidad con resolución de 18 de noviembre de 2002, se  acusó  a  los indagados como posibles responsables de un delito de peculado por uso.   

4. En contra de la  resolución  acusatoria los defensores promovieron los recursos de reposición y  subsidiario  de  apelación.  El  primero fue resuelto el 5 de diciembre de 2002  sin  que  se  modificara  la situación de los procesados y el recurso vertical,  una  vez  tramitado  por  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal, arrojó como  decisión  la  confirmación  del  pliego  de  cargos de acuerdo con resolución  calendada a 20 de junio de 2003.   

5. El 18 de mayo de  2004,  luego  de  verificadas  las  audiencias preparatoria y de juzgamiento, el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bello, condenó a los procesados Luz  Marina   Gallego  Cadavid,  Teresita  Tamayo  Gaviria,  María  Victoria  Gómez  Montoya,  Humberto  de  Jesús  Lopera  Arias,  Rosmery del Socorro Rave Henao y  Sergio  Abel  Restrepo  Jaramillo  como  responsables del delito de peculado  por  uso  a  penas de prisión e  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas.   

5.  El Procurador,  solicitando  la nulidad y subsidiariamente la absolución de los procesados y la  defensora,  en  busca  de  la  absolución o en su defecto el otorgamiento de un  subrogado  penal, presentaron escrito de apelación contra la anterior decisión  del  a  quo,  y  el Tribunal  Superior  de  Medellín, a través del fallo recurrido en casación, expedido el  6  de  abril  de  2006,  la  confirmó en cuanto a la responsabilidad y condenas  impuestas   a   los  acusados  pero  revocó  la  negación  de  la  suspensión  condicional de la condena para concederla.   

         

LAS DEMANDAS:  

La  apoderada  de  las procesadas Luz Marina  Gallego  Cadavid  y  Teresita  Tamayo Gaviria presentó por separado y para cada  una  de  sus representadas sendas demandas de casación, las que por tener plena  coincidencia se resumen de la siguiente manera:   

CARGO ÚNICO: Falso  juicio de legalidad.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera del  artículo  207  de  la Ley 600 de 2004 señala que la sentencia es violatoria de  una norma de derecho sustancial por falso juicio de legalidad.   

Observa  que  en  la  providencia demanda se  habla  de  una sustracción de dinero por parte de las procesadas, por lo que la  acusación    debió    versar   por   peculado   por  apropiación     y     no     por     peculado por uso.   

Presenta  una serie de consideraciones sobre  la  forma  como  deben  ser  entendidos  los  hechos,  para  concluir  que no se  presentó  ningún  tipo  de  afectación  del  patrimonio público pues todo se  resume  a  un  cambio  del  modo  de  pago  y  que  en el caso particular de sus  protegidas  no  podían  realizar la conducta punible imputada por carecer de la  administración de los bienes.   

Concluye que se presentó un falso juicio de  legalidad  porque  la  conducta de las acusadas no es típica y por el contrario  actuaron  de  acuerdo  con  la Constitución, la ley, el reglamento y las normas  contractuales del caso concreto.   

Solicita  casar el fallo “por ser clara la  presencia   de   un  error  de  derecho,  consistente  en  un  falso  juicio  de  legalidad”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

         La  casación  es  un  medio  extraordinario de impugnación y, por  tanto,  no  constituye  sede  adicional  para  prolongar  el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con el fallo de segundo  grado,  por  el contrario, exige para la admisión de la demanda el cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales  orientados  a  demostrar a través de un  juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida,  –la  cual  llega  a esta  sede  amparada  de  la  dual  presunción  de  acierto  y  legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

Las reglas establecidas en artículo 212 de  la  Ley  600  de  2000  para  la  elaboración  del  libelo  son  de  ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada  formulación  de  los  cargos  y  se  omite indicar con la claridad y precisión  debidas  sus  fundamentos,  la consecuencia procesal inmediata no puede ser otra  que             su            inadmisión1.   

Este  marco teórico permite afirmar que si  bien  la  censora  acertó  en la demanda al identificar los sujetos procesales,  sintetizar   los  hechos  juzgados  y  relacionar  brevemente  los  antecedentes  procesales,  desatendió  (i)  hacer  alusión a la casación excepcional y (ii)  los  principios  que regulan el recurso extraordinario de casación orientados a  conjurar  confusiones  argumentativas  y  conceptuales  que puedan entorpecer el  entendimiento de la propuesta.   

En lo que sigue se exponen los lineamientos  jurisprudenciales  que  ha elaborado la Sala sobre las causales de casación que  presenta  la  demandante para señalar los yerros en que incurrió y que conduce  a la inadmisión de las mismas.   

I.        El        quantum  de  la  pena como requisito para  acceder a la casación y la ley procesal aplicable al recurso   

Visto quedó que en este proceso se juzgaron  hechos  ocurridos durante el año 2002, los cuales fueron resueltos en sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  6  de abril de 2006 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Medellín, que le impuso condena a  las  recurrentes  y  a  otras  personas, por la conducta punible de peculado   por   uso  cuya  pena  máxima  legislativamente   determinada   es   de   prisión   de   cuatro  (4)  años  e  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas.   

Para comprobar el cumplimiento del requisito  legal        de        procedibilidad       referido       al       quantum   punitivo   para   acudir  a  la  casación  ordinaria,  en  el  propósito  de  determinar si hay o no lugar a la  admisión   del  recurso  interpuesto,  previamente  se  harán  las  siguientes  precisiones:   

1.  Los precedentes legales:  

El  legislador  nacional,  prolijo  en  la  elaboración  de  estatutos  procesales  penales,  desde  1971 hasta la fecha ha  expedido   diferentes   normas   para   regular   la   procedencia  del  recurso  extraordinario   de  casación,  habiendo  establecido  en  ellas  un  requisito  referido  al  quantum  de la  pena el cual ha variado en los siguientes términos:   

1.1.   En   los  Estatutos      de      Procedimiento      Penal     de     1971     —artículo        569—,        1987       —artículo        218—      y      1991     —artículo        218—, se requería para acceder al recurso  extraordinario  una  cantidad de pena igual o superior a los cinco (5) años. En  el   Código   de  1991  se  introdujo  como  novedad  la  denominada  casación  excepcional. Se dijo:   

Artículo  218.  Procedencia.   El  recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  las  sentencias  proferidas  por  el  Tribunal Nacional, los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal  Militar,  en  segunda instancia, por  delitos  que  tengan  señalada  pena privativa de la  libertad  cuyo  máximo  sea  o exceda de cinco años,  aun cuando la sanción impuesta haya sido una medida de seguridad.   

(…)  

De  manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  aceptar  un recurso de  casación  en  casos  distintos  a  los  arriba  mencionados,  a  solicitud  del  Procurador,  su  delegado, o del defensor, cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

1.2. Con la Ley 81  de  1993 se elevó a 6 años la cantidad de pena mínima exigida para acceder al  recurso extraordinario y se mantuvo la casación excepcional:   

Artículo  35.  El  artículo  218  del  Código de Procedimiento Penal, quedará así: Artículo  218.  Procedencia. El recurso  extraordinario  de  casación  procede  contra  las sentencias proferidas por el  Tribunal  Nacional, los Tribunales Superiores de Distrito Judicial y el Tribunal  Penal  Militar,  en segunda instancia, por los delitos  que  tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis  (6)  años aun cuando la sanción impuesta haya  sido una medida de seguridad.   

   

(…)  

   

De  manera excepcional, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente,  puede  aceptar  un recurso de  casación  en  casos  distintos  de  los  arriba  mencionados,  a  solicitud del  Procurador,  su  delegado, o del Defensor, cuando lo considere necesario para el  desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   la   garantía   de   los   derechos  fundamentales.   

1.3. Por medio de la  Ley  553  de 2000 se modificó el Decreto 2700 de 1991 y en lo que tiene que ver  con  el  quantum  de la pena  exigida  para  acceder a la casación, se dijo que la casación procedía en los  procesos  que se hubieren adelantado por los delitos que tuvieran pena privativa  de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años.   

1.4.  El Código de  Procedimiento  Penal  de  2000  acogió  tal aumento en el límite punitivo para  acceder al recurso extraordinario:   

Artículo   205.   Procedencia   de   la  casación.  La casación procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia por los Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial  y el Tribunal Penal Militar, en los procesos  que  se hubieren adelantado por los delitos que tengan  señalada   pena   privativa   de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho  años, aún cuando la sanción impuesta haya sido una  medida de seguridad.   

1.5.  El  nuevo  Estatuto  Procesal  Acusatorio  o  Ley  906  de  2004,  variando  la  tradición  legislativa,  no  estableció  un  quantum  de  pena  como  requisito  para  la  procedencia  del  recurso  de  casación. Se reguló la materia así:   

Artículo  181.  Procedencia.  El  recurso como control constitucional y legal procede contra las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los procesos adelantados por  delitos, cuando afectan derechos o garantías fundamentales…   

          Como  ha  quedado  visto,  tradicionalmente se exigió por parte del  legislador  como  requisito  esencial para poder acceder al trámite del recurso  extraordinario  de  casación  que  la  sentencia correspondiera a un delito que  tuviera  señalada  una  cantidad  de  pena  privativa  de  la libertad mínima,  inicialmente  establecida  en  5  años  y  luego  incrementada  a 6 años y por  último   elevada   hasta   un   tope  máximo  que  debía  exceder  de  los  8  años.   

          Fue  el  legislador de 2004, al desarrollar los estatutos necesarios  para  implementar el sistema acusatorio introducido mediante el Acto Legislativo  03   de   2002,   quien   dispuso   abolir   el   requisito   del   quantum  de pena privativa de la libertad,  con  lo que a partir de la vigencia del Código de Procedimiento Penal de 2004 o  Ley  906  de  2004,  que  en  los  términos del artículo 530 de dicho estatuto  entró  a regir a partir del 1° de enero de 2005 en forma progresiva en algunos  lugares  del  territorio  nacional,  pueden acceder al recurso extraordinario de  casación  todos  los procesados condenados por delitos sin importar la cantidad  de  pena  que  en  abstracto  consagra  el  tipo penal, siempre que se refiere a  delitos  ocurridos  a  partir de su vigencia y teniendo en cuenta la gradualidad  territorial de su implementación.   

          Es  menester  observar  que  a  partir  del Código de Procedimiento  Penal  de  1991  nació la casación excepcional o discrecional, a través de la  cual  se  facultó a la Corte para admitir demandas de casación bajo condición  de  sustentarse  el  recurso  extraordinario  en  la necesidad de desarrollar la  jurisprudencia  y/o  para  hacer  efectiva  la  protección  y  garantía de los  derechos  fundamentales,  sin  importar  la  cantidad  de  pena que en abstracto  consagra  el  tipo penal ni el funcionario que en segunda instancia profirió el  fallo.   

2. Los precedentes de la Sala:  

Dada   la   claridad  de  las  diferentes  regulaciones  legales  en  lo  que tiene que ver con la cantidad de pena mínima  exigida  para  la  procedencia  del  recurso  de  casación, fue posible que las  decisiones    de    la    Sala   fueran   uniformes   y   votadas   por   amplia  mayoría.   

Los cambios de legislación y el aumento en  el  mínimo  del  quantum de  pena  sí han propiciado la elaboración de pronunciamientos en los cuales se ha  impuesto  una  mayor  carga argumentativa para resolver satisfactoriamente temas  conexos,  como  lo  son  los  referidos  a  la  vigencia de la ley en el tiempo,  especialmente  en  lo  que tiene que ver con las leyes que regulan la ritualidad  de    los   procedimientos   y   el   principio   de   favorabilidad2, asunto al que  no   ha   sido   ajena   la   Corte  Constitucional3.   

La   Sala   de   manera  uniforme  venía  señalando,  apoyada  en  la  mejor  doctrina,  que  la  posibilidad de apelar o  recurrir  una  sentencia,  puesto  que  es  consecuencia  de la sentencia misma,  debía  regularse  según  la ley bajo cuyo imperio fue pronunciada. Por tanto,  las  disposiciones  de la ley vigente en el tiempo en que fue dada la sentencia,  son  las  que determinan si cabe contra ella el recurso de casación4,  siendo  tal  línea   jurisprudencial   mantenida   durante   mucho   tiempo,  sosteniéndose  que   

“…  el  punto  de partida es establecer  cuál  era  la  legislación vigente al momento de interponer el recurso y cuál  la  introducida  para  la fecha en que se resuelve a ese respecto; puesto que si  un  procesado  o  su  defensor  interpone  en  oportunidad  un  recurso bajo las  condiciones  que en ese  momento consagra la ley y luego ésta modifica las  exigencias   para   hacerlas   más   rigurosas,   sería  desleal,  además  de  desfavorable,  denegarle  el  trámite  a  esa  impugnación.  En  cambio, si la  sentencia  se  profiere  después de que la ley ha modificado las condiciones de  procedibilidad  de  un  recurso, no es posible invocar y aplicar el principio de  favorabilidad   por  la  sencilla  razón  de  que  no  surge  una  concurrencia  legislativa  con  relación al acto de impugnación”  5.   

Adelante  y siempre de manera pacífica, se  reafirmó así:   

“… En conclusión, el artículo 218 del  Decreto  2700  de 1991 nunca tuvo vida jurídica dentro de este proceso, pues el  supuesto  de hecho que el mismo exigía no existió durante su vigencia. De una  norma  de  procedimiento  que  establece  los  requisitos  de  procedencia de un  recurso,  el  supuesto  de hecho es la existencia del acto procesal sobre el que  puede  ejercerse  la  impugnación,  de  donde  resulta que las partes no pueden  reclamar  derecho alguno que se derive de una norma cuyo juicio de pertinencia y  validez  resulta  negativo dentro del proceso concreto en que la pretenden hacer  valer6.   

3.   El  nuevo  criterio  jurisprudencial  derivado   de   la   aplicación   y   vigencia   de   la   nueva   legislación  procesal7:   

La  Sala  consideró,  a  partir  de  una  precisión  sobre  el  alcance  del  artículo 29 de la Carta Política que hace  énfasis  en  el  principio  de  legalidad  del  delito,  la  pena, el juez y el  procedimiento,  en  concordancia con el artículo 6° de la Ley 906 de 2004, que  surge un contexto positivo desde el cual   

pueden desbrozarse las distintas especies de  normas  que  han  de regir un proceso penal, al igual que el alcance de cada una  de   ellas,  así:  i)  las  sustanciales,  cuyas  permanencia  -aún  previa  a  la ejecución del delito- y  aplicación  -ya  al  interior  de  la  actuación-  perduran inclusive hasta el  agotamiento  de la fase de ejecución de la sentencia (art. 6 C.P.), a menos que  una  norma de similar naturaleza la reemplace para que sea aplicada esta última  bajo  la  condición  de  ser  más  favorable. ii) las simplemente instrumentales,     que     igualmente  antecedentes  al  hecho,  deben  gobernar  el  proceso,  aunque  sujetas  a  ser  desestimadas  en  su  aplicación  cuando  se  expida  una  norma  de  su  mismo  carácter,  tal  como  lo señala el artículo 40 de la Ley 153 de 1886, sin que  de  ellas  -dada  su  neutralidad-  sea  demandable  la  favorabilidad. iii) las  procesales   de   efectos   sustanciales,  cuyo manejo -desde luego al interior de la actuación- se asimila  a   las   materiales,   conforme   lo   señala   el   dispositivo  últimamente  trascrito.   

Así,  refulge que cometido un delito, toda  la  normatividad  que  lo regula en su descripción típica, en su sanción y en  las   normas   procesales   de  efectos  sustanciales,  acompañan  ad  infinitum  a ese comportamiento y a su  autor,  salvo  que  con  posterioridad  surja  norma  nueva  que  favorablemente  modifique  tales  atributos  para  que  ésta sea aplicada retroactivamente, tal  como  lo  autoriza la norma superior, lo precisa la Ley 600/00 y lo reitera para  el  futuro el nuevo código de procedimiento (ley 906/04). En cambio, lo que sí  choca  contra  aquélla  -y  aún  con  el  sentido  común-  es  que se aplique  retroactivamente  una  nueva normatividad con efectos desfavorables. A su turno,  lo  que atañe a las disposiciones legales simplemente instrumentales, así como  al  cambio  del  juez (por razones de competencia) por otro igualmente existente  antes  de  la  comisión del delito, son de aplicación inmediata, sin que de su  mutación    -como   se   dijo-   pueda   reclamarse   ingrediente   alguno   de  favorabilidad.   

4.    El   delito   atribuido   a   las  recurrentes:   

4.1.  Las señoras  Luz  Marina  Gallego  Cadavid  y  Teresita Tamayo Gaviria fueron condenadas como  responsables   de   un   delito   de   peculado   por  uso,   el   cual  tuvo  ocurrencia  durante  el  año  2002.   

4.2. Para la época  de  los  hechos los responsables del delito de peculado  culposo   incurrían   en   pena   de   prisión   e  inhabilitación     para     el    ejercicio    de    derechos    y    funciones  públicas:   

Ley  599  de 2000. Artículo 398. PECULADO  POR  USO.  El  servidor  público  que  indebidamente use o permita que otro use  bienes  del  Estado  o  de  empresas o instituciones en que éste tenga parte, o  bienes  de  particulares  cuya  administración,  tenencia o custodia se le haya  confiado  por  razón o con ocasión de sus funciones, incurrirá en prisión de  uno  (1)  a  cuatro  (4) años e inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones públicas por el mismo término.   

4.3. Igualmente, la  normatividad  procesal  en  vigor  para  el momento de ejecución de la conducta  típica  era  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, de modo que para la  procedencia  de  la  casación  ordinaria se exigía que el tipo penal al que se  refería  la  sentencia  atacada, con todas y cada una de las circunstancias que  lo  modifican,  debía  tener señalada pena privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  sea  o  exceda  de ocho (8) años aun cuando la  sanción    impuesta    haya    sido   una   medida   de   seguridad.   

4.4.   Resulta  evidente  concluir  en  este  asunto  que  el  recurso  de  casación  común no  procedía,  toda vez que la conducta por la que fueron condenadas las procesadas  recurrentes  tiene  una  pena  privativa  de  la  libertad  que en su máximo no  alcanza los 8 años.   

III. De la casación excepcional  

1. Para impugnar la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  era  necesario  que la recurrente hubiese acudido a la casación excepcional que  consagra  el  inciso  tercero  del  citado  artículo 205 de la Ley 600 de 2000,  punto que no fue advertido por la defensora de las procesadas.   

2. En tal evento,  la  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sostenido  que  se  hace  necesario que el  demandante  exponga  así  sea  de  manera  sucinta  pero  clara  qué es lo que  pretende   con   la  impugnación  excepcional,  debiendo  señalar  el  derecho  fundamental  cuya garantía persigue o el tema jurídico sobre el cual considera  se  hace  indispensable  un  pronunciamiento  de  autoridad  por  parte  de esta  corporación.   

En  punto  de  la  casación  discrecional  compete  al  casacionista expresar con claridad y precisión los motivos por los  cuales  debe  intervenir  la  Corte,  ya  para  proveer  un  pronunciamiento con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un  tema  jurídico  especial,  bien para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar la doctrina, ora para abordar un  tópico  aún  no  desarrollado,  con  el  deber  de  indicar  de qué manera la  decisión  solicitada  tiene  la  utilidad  simultánea  de brindar solución al  asunto y a la par servir de guía a la actividad judicial.   

Y  si  lo  pretendido  por quien demanda es  asegurar  la  garantía  de  derechos  fundamentales,  tiene  la  obligación de  demostrar  la  violación  e indicar las normas constitucionales que protegen el  derecho   invocado,   así  como  su  desconocimiento  en  el  fallo  recurrido,  circunstancias,  que  como ya lo ha reiterado la Sala, deben evidenciarse con la  sola referencia descriptiva hecha en la sustentación.   

3.  Además,  las  razones  que aduce el demandante para persuadir a la Corte sobre la necesidad de  admitir  la  demanda,  deben  guardar correspondencia con los cargos que formule  contra  la  sentencia.  Lo  anterior  porque  no  podría entenderse cumplido el  requisito  de sustentación si se reclama el pronunciamiento de la Sala sobre la  protección  de  los  derechos  fundamentales  o  un específico tema, es apenas  elemental  que  la  censura  le permita a esta corporación examinar en concreto  uno  o  los  dos puntos que la habilitan. En otras palabras: debe haber perfecta  conformidad  entre  el  fundamento de la casación excepcional (desarrollo de la  jurisprudencia  y/o  protección  de  garantías  fundamentales), el cargo o los  cargos  que  se  formulen  contra el fallo y, por consiguiente, el desarrollo de  los mismos.   

4.  Es pertinente  recordar  que,  en  lo relacionado con el desarrollo jurisprudencial, la Sala ha  sostenido  que  es  deber  del casacionista indicar si lo pretendido es fijar el  alcance  interpretativo  de  alguna  disposición,  o  la  unificación de   posiciones  disímiles de la Corte, o el pronunciamiento sobre un punto concreto  que   jurisprudencialmente   no  ha  sido  suficientemente  desarrollado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al tenor de las nuevas realidades fácticas y  jurídicas;  y,  además,  la incidencia favorable de la pretensión doctrinaria  frente  al  caso  y  la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por trazar  derroteros   de   interpretación   con   criterios   de   autoridad8.   

5. Ninguno de estos  presupuestos  fue  cumplido por la recurrente, pues en su escrito promoviendo el  recurso,  primero,  y  en  la  demanda,  después, de una parte no hizo mención  alguna   a   la   casación  excepcional  y,  de  otro  lado,  tampoco  expresó  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los derechos fundamentales que se intentaba con su demanda.   

Esto   significa   que   en   el  libelo  de  la  apoderada  no  se  indicó  que  acudía  a la  casación  excepcional  “buscando  la  unificación  jurisprudencial”, mucho  menos   señaló   el  tema  o  temas  que  requieren  pronunciamiento  de  esta  corporación  con  criterio  de  autoridad,  ni  la  trascendencia  que el mismo  podría tener en los intereses que representa.   

6.  La  apoderada  guardó  absoluto  silencio  sobre la necesidad de protección de las garantías  fundamentales  y  el  derecho  constitucional al debido proceso, siendo menester  que  el  libelista señale de manera concreta la trascendencia de los yerros que  denuncia,  calificándolos  como de estructura o garantía o si ocurrieron en el  desarrollo de la actuación procesal o en la adopción del fallo.   

7. En consecuencia:  como  la  recurrente  no cumplió la exigencia especial de señalar la casación  excepcional  y  sustentar los motivos de su procedencia no es posible proceder a  estudiar  la demanda, de manera que la Corporación decretará su inadmisión de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 213 del estatuto procesal penal  de 2000.   

         Finalmente  es oportuno resaltar que la Sala no observa con ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos o  garantías  de  las  procesadas  Luz  Marina  Gallego  Cadavid y Teresita Tamayo  Gaviria,  como  para  que se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal  oficiosa  que  le  asiste  a fin de asegurar su protección en los términos del  artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1.      INADMITIR     las     demandas  presentadas.   

2.   Contra  la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese  y  cúmplase.   

  ALFREDO GÓMEZ QUINTERO     

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                                     JAVIER ZAPATA ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.    

1 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

2 Por  ejemplo,  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto de 19 de  agosto de 2004, radicación 22238.   

3  Sentencia T-252/2001.   

4 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Recurso  de hecho del 12 de julio de 1994.   

5 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Recurso de hecho del 18 de agosto  de 1994.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Casación de 29 de abril de  1997.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de Casación Penal, Auto de 16 de febrero de 2005,  radicación  23006,  opinión  reiterada  en  autos  de  2  de  marzo  de  2005,  radicación   21614   y   20  de  octubre  de  2005,  radicación  23981,  entre  otros.   

8 Auto  de 26 de febrero de 2000, radicación 18447, entre otros.     

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