26466(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 26466  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

Aprobado  Acta  No.  042   

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de marzo de dos  mil siete (2007).   

La Sala entra a resolver de fondo el recurso  extraordinario  de  casación discrecional,  presentado  contra el fallo emitido por el Tribunal Superior del  Distrito       Judicial       de       Bogotá,1   el   que   a   su   turno  confirmó el proferido por  el  Juzgado 48 Penal del Circuito de la misma ciudad2,  por medio del cual condenó  al   señor   ANTONIO  VARGAS  DEL  VALLE3,   por  el  delito  de ESTAFA, a la pena  principal de dos (2) años de prisión y demás penas accesorias.   

HECHOS  

Entre    los   ciudadanos   ANTONIO  VARGAS  DEL VALLE, representante  legal   de   la   sociedad   MULTIMEDICA  EL  SALITRE  S.A.,  y  ELVIRA MACIAS DE  URBINA   –adquirente-     celebraron   un   contrato   sobre   inmuebles  (oficina,  garaje) signando  para  ello  una  orden  de  promesa  de compra-venta identificada con el número  0254 (Fl. 6); transacción  comercial    efectuada    por    un    valor    total    de    $    75´432.000.00   pesos,  sobre  un  proyecto arquitectónico.   

Por   el   incumplimiento   del  ingeniero  VARGAS   DEL   VALLE,  la  señora MACIAS lo denunció  por  el  punible  de Estafa,  toda  vez  que  ella  le  había  entregado  como  parte  de  pago  –por   cuotas   y  como  cancelación  inicial-   la   suma   de  $  17´731.462  mil  pesos, de los cuales con el correr de los días recuperó la  suma  de $ 12´000.000.oo de  pesos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.- El 14 de abril  de  1999,  la  señora  ANA  ELVIRA  MACIAS  DE  URBINA,  formuló  denuncia  penal  contra  el  señor  ANTONIO  VARGAS  DEL  VALLE,  representante  legal de la firma  “MULTIMEDICA  SALITRE  S.A., CENTRO MÉDICO CLINICA  DEL  SALITRE”, por el punible de Estafa4.    Como  fundamento  fáctico  de  su denuncia indicó que en el mes de abril de 1997, le  compró  un  consultorio-oficina  ubicado  en  la carrera 68 B con la Avenida La  Esperanza,     número     720     –área  construida  de 31.56 metros cuadrados-; y un parqueadero por  valor  de  $  6´000.000.oo, para un gran total de $ 75´432.000.oo.     

2.-  El 58.5 % lo  financiaba  con la referida constructora, el 41.5% con el B. C. H. y el resto lo  canceló   de   la  siguiente  forma:  a)  Entregó  la  suma  de  $  5´155.326  para  separar el inmueble,  b)  La  segunda  cuota  la  canceló  dentro  de  los  cuarenta  días siguientes por valor de $ 5´155.326,  c)  La  tercera  cuota  la  pagó  dentro  de  los  80  días  de  la  firma  de la promesa consistente en $  5´311.548,  d) Para cumplir  las  24  cuotas  mensuales  establecidas  consignó  la suma de $ 2´109.262. El  dinero    total    que    entregó    se    concretó    en    $    17´731.462  pesos,  mismo  que reclamó  cuando  se dio cuenta que la obra no había iniciado, e inclusive, que jamás se  iba a construir. (Fl. 1)   

3.-  La Unidad de  Delitos  contra  la  Fe  Pública  y  el Patrimonio, Fiscalía Seccional, 149 de  Bogotá,  el 23 de abril de 1999, avocó el conocimiento del asunto y a su turno   

ordenó la práctica de algunas diligencias,  en ésta etapa preliminar.   

4.-  El  señor  VARGAS DEL VALLE fue citado  a  la  dirección proporcionada por la denunciante en varias oportunidades, para  celebrar  versión  libre;  concurriendo  al  Despacho  Fiscal  para  tal  fin,  el día  el día 22 de  noviembre  de  1999,  en  donde  nombró  al  profesional  del  derecho  que  lo  acompañó  hasta la fecha en que el Despacho Fiscal declaró persona ausente al  imputado. (Fl. 74, 75 y 76, c. O. 1)     

4.1.-  Manifestó  que  era  ingeniero  civil, informó la dirección de casa: calle 131 A No. 12 A  83,  y la de su oficina: Calle 31 No. 130-51, Bodega 3. Además agregó respecto  de   su   denunciante  que  “…  ella  separó  un  consultorio  No. 720, abonando $ 17´731.462.00 aunque no se el valor total debe  ser  alrededor  de  uno  $  70´000.000.000 y el resto debía pagarlo durante la  construcción,    únicamente   lo   separó   con   ese   valor”. (Fl. 33)   

5.- El 9 de marzo  de       2000,       se       celebró       audiencia      de      conciliación  entre  las  partes,  las  cuales  acordaron  que  una  le  cancelaría  a  la  otra  la  suma  de  treinta  millones   ($  30´000.000)  de  pesos;  por  ello,  el  Fiscal  ordenó la  suspensión  por  el término de treinta días el proceso. Acuerdo conciliatorio  que  no fue cumplido por el  señor      ANTONIO      VARGAS.     (Fl.43)   

6.- El 3 de mayo de  2000,   se   profirió  resolución  de  apertura  de  instrucción  (Fl.  45)  El  7  de  junio  la familia  MACIAS   informó  a  la  Fiscalía    que    el   señor   VARGAS  había  cancelado  doce  ($12´000.000.)  millones de pesos. (Fl.  53)   

7.-  La Fiscalía  admitió   la   demanda  de  constitución  de  parte  civil,  en  junio  27  de2002  (Fl.  57). Así mismo,  después   de  ser  citado  en  varias  oportunidades  para  la  correspondiente  práctica   de   la   diligencia   de   indagatoria,   el   señor  VARGAS   DEL   VALLE   asistió,   pero  excusando  a  su  abogado  de  confianza  por su no comparecencia, sin que fuera  posible recibirle su injurada.   

8.-  Como  no  se  volvió  a saber nada del imputado o su defensor de confianza, no obstante haber  sido  enterados previamente de la diligencia en comento, la Fiscalía ordenó su  emplazamiento  conforme  a  los  lineamientos  del  artículo  356  del  código  instrumental  vigente para esa época. (Fl. 72, 73,) Por tanto, fue Declarado   persona   ausente  mediante  proveído  de  fecha  8  de  junio de 2001, posesionándose el defensor oficioso  asignado  por el Despacho Fiscal, con quien se siguió el trámite procesal (Fl.  76, 77)   

9.- Se le resolvió  situación  jurídica el 9  de  julio  de 2001, profiriendo en su contra medida de  aseguramiento  consistente  en caución prendaria por  el  monto  de  dos  salarios  mínimos legales mensuales, conforme a lo previsto  para el delito de Estafa.   

10.-  Se declaró  cerrado  el  ciclo  instructivo,  en  septiembre  10  de  2001,  (fl.  100) y, a  continuación,   se   calificó   el   mérito   probatorio,   con  Resolución  de Acusación, por el delito  de  Estafa  Agravada por la  cuantía.  Decisión  que  fue  notificada  a  las  partes  y  por  estado  número  046,  el   15  de  marzo  de 2002. (Fl. 113)   

11.-  Una  vez  desarrolladas  las  audiencias  tanto  preparatoria  (fl.  17,  c. o. 2) como de  juicio  (fl. 39), se procedió a decidir de fondo el asunto por parte del señor  Juez  Cuarenta  y  Ocho  (48)  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, el  11 de  noviembre        de        2004,        donde       resolvió       condenar    al   señor   ANTONIO  VARGAS  DEL  VALLE,  a  la pena  principal  de  veinticuatro  (24)  meses de prisión y demás accesorias, por el  delito  imputado.  Suspendiéndole,  en  forma  condicional, la ejecución de la  pena  impuesta. (Fl. 44-57, c. o. 2) Contra el fallo de primer grado, la defensa  técnica,  interpuso recurso ordinario de apelación, el que fue resuelto por el  Tribunal  el 31 de mayo de  2006,   confirmándolo  en  todos aquellos aspectos jurídicos que fueron motivo de alzada.   

                                   

                                    Contra  esta  determinación  judicial     la    defensa    interpuso    el    recurso    extraordinario    de  casación.   

LA DEMANDA  

1.-  El  censor  presenta  un único cargo contra el fallo de segunda instancia, por vulneración   al  derecho  de  defensa,  concretándolo  desde  el  momento en que el juzgador avocó el conocimiento del  asunto  en  primera  instancia.  Así  lo  anuncia en escrito separado, en donde  articula la vía discrecional.   

Advera el libelista que el derecho de defensa  en     sus     dos    acepciones    –técnica   y   material-   fue   vilipendiado;   toda  vez  que  su  representado  siempre  estuvo  presto  a concurrir al Despacho judicial cada vez  que  fue  requerido,  y  que  al  ser declarado persona ausente se le coartó la  posibilidad  de  ejercer  el  sagrado  derecho expuesto; inclusive, se patentiza  aún  más  la  garantía  discutida,  cuando  se  tenía  por  parte  del  ente  instructor,  todos  los  datos  para  requerir a los sujetos procesales y, no lo  hizo así.   

Además  que  el  procesado  mostró toda la  intención  de  asistir al plenario, así como la del demandante discrecional en  estar  presto  a cualquier llamado de la administración de justicia; inclusive,  que  tenían  otros  compromisos profesionales que debieron cumplir, los cuales,  éstos  sí,  fueron  resueltos  en  debida  forma, es decir, sin que se hubiese  afectado el futuro jurídico de su prohijado.   

Indica  en  forma  fehaciente que el derecho  conculcado  a  la  defensa  técnica  no se infringió teniendo en cuenta que el  defensor  de  oficio sí participó en la actuación. Más bien, sí se vulneró  porque   no   se   evidenció   una  “real  defensa  técnica”5,  perturbándola los funcionarios al declarar persona ausente a su  defendido  cuando  en  realidad  ello  habría podido solucionarse citando a las  partes  reiterativamente a las direcciones que plasmaron en el proceso, a fin de  documentar una excelente defensa técnica.   

Solicita   sea   aceptada   la   casación  discrecional   por   la  “fuerza  normativa  de  la  jurisprudencia”,   para  encontrar  una  verdadera  interpretación       uniforme,       habiendo       señalado      –sostiene   el  censor-  “los  tópicos  que merecen ser desarrollados o precisados por la  jurisprudencia”6.   

2.-   En   la  sustentación        de       la       censura7,  se  sostiene  en la nulidad  propuesta,  pues  en su sentir, existe una causal objetiva para declararla en lo  atiente al derecho de defensa.   

Siendo  ello  así,  motiva su inconformidad  citando  disposiciones  constitucionales  como  el  artículo  29,  en  donde se  refiere  a las garantías programadas allí por el legislador; habla de causales  supralegales de nulidad, en el   

entendido  que  así no estén contenidas en  los  códigos,  ello  no  podría  ser obstáculo para que la jurisprudencia las  decante.   

Ataca, en consecuencia, el fallo último por  haber  sido  proferido en contra vía del derecho de defensa material (Artículo  127  del  C.  P.  P.)  como  el  técnico.  Para  la defensa letrada -afirma- se  verificó   por   la   omisión   de  enfrentar  a  la  sindicación  todos  sus  conocimientos  jurídicos,  mismos que en otros casos de igual o mayor magnitud,  se tornaron en decisiones a favor de su prohijado.   

Solicita que se reivindique la defensa porque  la  fiscalía asumió una actitud inadmisible al no haberlos citado a los sitios  informados  por  cada  uno  con  el fin de  garantizarles sus derechos. Con  todo,  el  ente  instructor  les negó –informa-  el  ejercicio del derecho de defensa, el que hubiera sido  ejercido  en  forma  idónea  ora solicitando pruebas, ora controvirtiéndolas u  ora  impugnando  las determinaciones opuestas a sus intereses.      

Estima que la fiscalía omitió notificar las  decisiones  que  se  generaron  al  interior del proceso (cierre, resolución de  acusación,  audiencias  fallos), cuando tenía la obligación legal de hacerlo;  siendo    ello    así,   el   derecho   atacado   se   vulneró,   “porque    no    se   conocía   de   la   existencia   de   esta  actuación”8  y,  jamás  se  contó  con la posibilidad física de promover la  nulidad  en  su  momento,  sólo la alegó en la apelación del fallo de segunda  instancia.   

Finalmente  afirma, que es indispensable que  la  Corte  se  pronuncie  “sobre  los  casos en los  cuales  una  persona  nombra  un  defensor de confianza en la etapa preliminar y  durante  la  etapa  instructiva  se  la  declara  persona ausente”9.   

Así  mismo,  sobre  la  legalidad  de  la  actuación   al   ser  desplazada  la  voluntad  del  sindicado  respecto  a  la  designación de su defensor de confianza.   

MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal,  conceptúa  que  la demanda de casación discrecional no debe  prosperar y, por tanto, le sugiere a la Sala, no casar.   

La  Delegada inicia el concepto describiendo  los  hechos materia de juzgamiento, reitera la actuación procesal relevante, se  refiere  a  la  demanda  de  casación  en  si  misma  considerada  en cuanto se  argumentó  por  vulneración  al  derecho  de  defensa,  para  en  forma final,  presentar las reflexiones que sustentan su petición de no casar.   

Siendo  ello  así,  el  Ministerio Público  resume los argumentos presentados por el libelista así:   

1)  Que  se  le  coartó  el  derecho  de defensa a su asistido por el hecho de haberlo declarado  persona  ausente,  toda  vez  que  él  estuvo  atento  a rendir su indagatoria;  2)  Que la Fiscalía tenía  pleno  conocimiento  del  lugar  donde se podían ubicar los sujetos procesales;  3) Que la defensa tiene que  ser  unitaria y continua; 4)  Con  el  proceder  de  la  fiscalía  se les limitó el ejercicio del derecho de  defensa     para     intervenir     en    todo    el    proceso;    5)  Que el abogado de confianza no puede  ser  sustituido;  6) Que el  procesado  ya  había  presentado  versión y celebrado conciliación, por ello,  era   fácil   su  ubicación  y  citación  para  la  diligencia  de  injurada;  7)  Que  el  sindicado  lo  nombró  como  abogado  de  confianza  y,  por  tal  mandato,  se  sabía de sus  direcciones     y     la     forma     exacta    de    ubicarlo;    8)  Que  no  se presentó alguna nulidad  por  la  sencilla  razón  que  no  se  tenía conocimiento de la actuación que  culminó   condenándolo,  precisamente,  porque  no  se  le  notificó  ninguna  decisión.   

La Procuraduría indica que el cargo no puede  prosperar,  teniendo en cuenta que el procedimiento realizado por las instancias  se  apegó  a  las  formalidades  legales  vigentes  en  el  momento  en  que la  actuación  se  cumplió,  toda  vez  que,  el artículo 357 del Decreto 2700 de  1991,   señalaba   dos   hipótesis   para  vincular  a  una  persona  mediante  declaratoria  de  persona  ausente:  una condicionada a que no se hubiese podido  obtener  su  comparecencia  a  rendir  indagatoria  y  la  segunda cuando no era  posible  hacer  efectiva la orden de captura, durante el término de diez días.   

Por  tanto,  la  declaratoria  de  persona  ausente,   en   cuanto   residual   y   condicionada,   era   un   procedimiento  constitucionalmente        válido;        pero       además       –como  ocurrió en el caso en estudio-  el  procesado asumió una actitud dilatoria o de rebeldía frente a los llamados  de  la  justicia,  marginándose  en forma voluntaria para rendir sus descargos,  por  ello,  no  resulta  lógico que después se alegue violación al derecho de  defensa,  por  habérsele  designado  un  defensor  de  oficio,  tras haber sido  declarado    persona    ausente,    con    el    lleno   de   las   formalidades  legales.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

En  forma  sistemática  y tranquila la Sala  viene  recordando  desde años atrás que son dos los presupuestos para vincular  al  interviniente  pasivo  en  el  proceso  penal;  las que aquí se argumentan:   

1)  Por medio del  acto  procesal  denominado  indagatoria  o  injurada  a  fin  de posibilitar una  oportunidad  clara,  directa y contundente de contradecir o presentar otra tesis  que   convoque   a   su  defensa  sobre  el  objeto  mismo   del  acontecer  antijurídico.  Confirmar  o desmentir lo afirmado en su contra; proponer medios  de  prueba  que  le favorezcan; nombrar a un profesional del derecho para que lo  asista  y  aconseje  en  el  embate  jurídico que se está iniciando; son estas  algunas  alternativas  que  sustentan  la  filosofía del instituto cuestionado;  inclusive, guardar silencio, en la diligencia, como derecho.   

2) Si el ciudadano  estando  obligado  a rendir indagatoria es renuente, no quiere comparecer, no ha  sido  posible  su  captura, tiene miedo de ser capturado en el instante mismo de  la  diligencia,  le  causa  malestar  trasladarse  a  los  Despacho  Judiciales,  presenta  ingentes  dificultades de tipo social, familiar o afectivo y, en forma  definitiva,  no  asiste  por cualquier causa al llamado de la administración de  justicia  cuando  es  requerido  para  llevar  a  cabo  tal diligencia; no basta  explicitarlo  de  esa  forma,  porque  es  una citación obligatoria, imperiosa,  coactiva e indispensable tal como lo demanda la ley,   

Siendo  ello  así,  y  a  pesar de todo, no  concurre  a rendir sus descargos jurídico penales; por disposiciones normativas  el  funcionario se encuentra habilitado por ley para declararlo persona ausente,  nombrarle,  por  consiguiente,  defensor  de  oficio,  para  que  en su nombre y  representación  continúe  con el trámite procesal, sin que con tal actuación  se  vea  afectada  la  garantía de defensa o el derecho a la igualdad en cabeza  del mismo.    

Existe, entonces, con la declaratoria de reo  ausente  una  vinculación jurídica con la persona contumaz, por la precariedad  de  la  administración  de  justicia  colombiana  de  hacer comparecer en forma  material   al  implicado  que  no  quiere  o  no  le  interesa  cumplir  con  la  jurisdicción,  no  es  ideal  tal  declaratoria  pero  si es suficiente; habida  consideración  que las actuaciones de la jurisdicción no pueden anclarse hasta  que  aparezca  el que no quiere o se redima el renuente o aterrice el que huye o  se  transforme  el  miedo  en  valor  en  el  por  declarar  ausente, etcétera.  Como   una  cadena  infinita  en  el  tiempo  sin  sentido,  sin limitantes  legales.  Todo lo cual iría en detrimento del concepto universal de justicia y,  en forma especializada, de su administración.   

La  administración  de  justicia  no  puede  soslayarse  bajo  esas materiales precisiones porque su esencia se desvanecería  y  su  significado constitucional perdería total validez y eficacia. Piénsese,  por  ejemplo,  en  que la persona citada para indagatoria es renuente, no quiere  comparecer,  no  le  provoca,  eso  se  le aconsejó; en esas circunstancias los  procesos  no  pueden quedar suspendidos al arbitrio del imputado o al vaivén de  su  interés,  con lo cual el sentido de justicia perdería su  dimensión,  enfoque  y  contenido:  se tendrían todos los procesos colombianos estancados y  neutralizados,  si  se  quiere,  por la no  comparecencia  material  del  imputado  a  rendir  la  respectiva  diligencia  de  indagatoria  acompañado  de  su  defensor  de  confianza.    

Por  tanto,  la  imposibilidad material para  ubicar  al  imputado  genera una vinculación jurídica posterior, la cual   deviene,  precisamente,  más  que  vulneración  al preciado derecho de defensa  como una garantía al ejercicio del mismo.   

Si  se precisa del caso en estudio, se dirá  que    los    sujetos   procesales   –tanto  defensa  técnica  como material- estuvieron enterados de la  existencia   de  una  actuación  penal,  hicieron  presencia  en  varios  actos  procesales   –versión  libre,  celebración  diligencia de conciliación, se excusaron en la medida que  uno  de  ellos  no  podía  asistir  a  la  diligencia  de  indagatoria,  en dos  oportunidades-   para  después  sin  ninguna  justificación  o  razón  obvia,  desentenderse  del  asunto, sin medir las consecuencias propias del ejercicio de  una actividad en el área de derecho penal.   

Se  indicó  que  la  falta de notificación  tanto  al  defensor  como  al  imputado  a  las direcciones brindadas por ellos,  ocasionó  toda  la  vulneración  al derecho de defensa, sabiendo que se tenía  total  identificación  de  las  direcciones  en  donde se podían ubicar.    

Por una parte, la defensa técnica y material  tenían  exacto  conocimiento  que estaba pendiente el desarrollo y práctica de  la  diligencia de indagatoria, tanto así que se excusaron. En buena lógica, no  puede  pretenderse  que la excusa es sinónimo de  olvido, al pretender que  el  ente acusador debe insistir en forma infinita para, en tales circunstancias,  remitir  y  enviar  misivas  para  la  incorporación  de  tal  acto procesal al  expediente.   

Si  se  observa  con atención el proceso en  este  punto,  se  verá  que después de proferida la resolución de apertura de  instrucción,  esto  es, el día 3 de mayo de 2000, en donde se ordenó escuchar  en  indagatoria al señor VARGAS DEL VALLE,  se  le remitieron las siguientes citaciones con el objeto de que  compareciera con su abogado:   

1) En mayo 18 se le  remitió  telegrama  con  el fin de practicar diligencia de indagatoria ordenada  para   el   día   6  de  junio  de  2000,  en  el  sumario  número  407511.  (Fl.  46,  c.  o.  1),  a  la  dirección:    carrera   13   No.   96-82,   Oficina  205,  barrio  Prado  Chico,  Bogotá,  cundinamarca,  dirección  que  suministró  la denunciante en donde anunció que funcionaba su  oficina (Fl.13, c. o. 1).    

2) Previo a ello,  con   el   registro   de   la   misma   dirección,   el   señor   VARGAS   DEL  VALLE,  compareció  a  la  tercera  citación  y  rindió  versión  libre  acompañado  de  su defensor de  confianza.   

3)  En el acta de  versión   libre   (Fl.  31)  el  señor  VARGAS  DEL  VALLE,       informó      que      trabajaba   con   su  firma  ASETECNICA  ubicada   en   la   Calle   31  NO.  130-51,  Bodega  3,  en Bogotá. Misma dirección a la que también le  remitieron  citación  para recepción de indagatoria: es decir, que le enviaron  copias   de   las   citaciones  a  diferentes  direcciones  con  el  objeto  que  compareciera.  Como  si  lo  anterior  fuera  poco,  en  forma igual le enviaron  telegrama       a       la       dirección       de       su       residencia  aportada  en  la  diligencia  citada,   la   cual   es:   calle  131  A  No.  12  A  83. (Fl. 48, c. o. 1).   

3.1.) Es decir, por  cada  citación  para  injurada se le remitió al imputado telegrama a las   direcciones  registradas,  a  fin  de que se hiciera presente con su defensor de  confianza:  una  dirección  fue  informada  por la denunciante y, las otras dos  comunicadas por el mismo imputado.    

4)  El  6  de  junio  se presentó el señor  VARGAS   DEL   VALLE,  e  informó  por  escrito  que  estaba  atendiendo  la  solicitud  de  práctica de  indagatoria  pero  que  su abogado no podía hacerse presente. (Fl. 52, c. o. 1)  Es  decir,  que  el sentenciado tenía absoluto conocimiento de la diligencia de  indagatoria  y la importancia de la misma, pues allí plasmó que no era posible  el  desarrollo  de  la  misma  “por razones ajenas a  mí”;   dejando  al  respaldo  del  memorial,  una  fotocopia de su cédula de ciudadanía.   

5) Se señaló el  21  de agosto para llevarla  acabo  la  injurada,  dejándose  constancia  de  las citaciones remitidas a las  direcciones  atrás informadas. Es decir, se surtió el mismo procedimiento para  citar  a  las  partes.  (Fl.  61-64,  c.  o.1)  Nuevamente  comunica  el  señor  VARGAS  DEL  VALLE, que su  defensor  de confianza no podía asistir a la diligencia, mediante escrito en el  que también adjuntó fotocopia de su cédula (Fl. 65, c. o. 1)   

6) Por lo anterior,  el  Despacho Fiscal le fija nueva fecha, para el 15 de  noviembre   de   2000;   remitiéndole   sendos  telegramas  a  la  casa  como  a  la  oficina  del  imputado.  (fl.  69,  c.  o.  1)   

7)   Ya   en  marzo 12 del año 2001, sin  que  hubiese  aparecido  ni el imputado ni mucho menos su defensor de confianza,  -sabiendo  como  se  conocía  que  estaba  pendiente  la  práctica de tal acto  procesal-   el   instructor   plasmó   la  siguiente  constancia:  “Teniendo  en  cuenta que se ha citado a ANTONIO VARGAS DEL VALLE  para  que  acompañado  de  abogado  rinda  indagatoria  y aun cuando en algunas  oportunidades  concurrió  sin  defensor aduciendo que éste por sus ocupaciones  no  había  podido  concurrir,  posteriormente  fue citado y a ello ya hizo caso  omiso  o  no concurrió; procede a su emplazamiento conforme a lo ordenado en el  artículo  356  del  C.P.P.”  (Fl.  72,  C.  O.  1)   

Como  puede  reflexionarse,  no  es  que  el  instructor  por  capricho, tozudez o intemperancia haya quebrantado alguna norma  de  derecho sustancial: todo lo contrario aconteció aquí. Los actos procesales  se  encuentran  ceñidos  a las disposiciones vigentes, que los regulan, de ahí  la importancia de su conocimiento y respeto.      

En ilación con ello, se entiende la magnitud  de   la   obligación   judicial,   la  cual  se  manifiesta,  no  precisamente,  olvidándose  del  asunto,  sino más bien, estando atento al devenir jurídico.  Por   ello   la   Sala  viene  reiterando  desde  años  atrás  que  “no  debe  olvidarse  uno  de  los  principios  que  regulan la  declaratoria  de  las  nulidades,  denominado  de protección, según el cual la  parte  que  con  su  negligencia,  torpeza o su propio querer ha dado lugar a la  irregularidad   procesal   no   puede   alegarla  en  su  favor  para  pretender  beneficiarse   de   ella,  pretendiendo  se  declare  la  nulidad”10.   

Es claro que el contumaz junto con su abogado  de  confianza  no  se  percataron  de  la  real  importancia de la diligencia en  cuestión,  dejando  al  arbitrio  público  su  desarrollo,  no  apareciendo ni  concurriendo  a  las  citaciones  que  se  les  elevó,  durante  más  de nueve  meses.    

Por  tanto,  no  se puede entender que en el  acontecer  procesal  se presentó un desplazamiento del abogado de confianza por  uno  de  oficio, en esas precisas circunstancias. El silencio fue la pauta en el  ejercicio  del  mandato,  y el mismo silencio, también lo fue, en el actuar del  hoy  sentenciado.  Ellos  estaban  enterados  a todas voces de la diligencia que  tenían  con  la administración de justicia, presentaron escritos aduciendo que  no   podían   asistir;  como  sería  la  importancia  que  le  dio  el  señor  VARGAS DEL VALLE, que hasta  en  cada  escrito  dejó fotocopia de su cédula de ciudadanía. Entre tanto, la  actuación  seguía  quieta, estancada, truncada; y ello no puede materializarse  en   forma   perenne   o   al   querer   de  los  intervinientes  en  instancias  judiciales.   

Quiérase  o  no, cuando ocurre lo que aquí  sucedió,  ello  no  puede  interpretarse  como  una  revocatoria oficiosa de un  mandato  de  confianza;  sino  el apego al debido proceso y a la misma garantía  del  derecho  de  defensa,  e  incluso,  al postulado de igualdad, el que sí se  vería  afectado  si  la  administración  de justicia deja la efectividad de la  misma  en  manos  de  intereses particulares, en el entendido que, quizás hasta  hoy  día,  los  sujetos  procesales  inconformes,  estarían  a la espera de la  citación  para la aludida diligencia de descargos, cuestión que la gestión de  justicia no puede permitirse.   

Más aún cuando el mismo libelista acepta en  el   contexto   de   la  censura  que  la  labor  desempeñada  por  el  abogado  nombrado   de  oficio, estuvo ajustada a derecho; y que, esa circunstancia,  no    es    la   que   se   reclama   para   plantear   la   nulidad   en   sede  extraordinaria.     

Ahora,  el  interrogante  es  el  siguiente:  ¿cuál  sería  la  directriz a seguir cuando existe un profesional del derecho  que  se encuentra asesorando a la persona que luego es declarada contumaz? Mejor  aún,  podría  desplazarse  a un abogado de confianza por otro de oficio cuando  se  ordena  realizar  tal  declaratoria  de  ausencia.  O quizás, es pertinente  nombrar  al  mismo  abogado  en  calidad  de  oficio, lo cual es una lógica del  absurdo.     

Esa  combinación argumentativa en la que se  entrelaza  la  declaratoria  de  persona ausente con los demás actos procesales  –ya   escindidos,  por  virtud  de  la  misma  declaratoria-  para  hacerlas confluir en un mismo efecto  publicitario,  no  se atempera con la normatividad. En otras palabras, el efecto  inmediato  cuando  se  declara  una persona ausente, es nombrarle un profesional  del  derecho  que  atienda  lo  que  ha  quedado  huérfano. Más no insistir en  notificarle   –a   los  sujetos   procesales  ausentes-  todas  las  decisiones  desencadenantes  de  la  actuación  penal,  quienes  perdieron, precisamente dicha condición, al no dar  muestras  de  interés en el porvenir jurídico, ni hacer presencia –cuando   sabían   que   tenían  la  obligación  de  hacerlo-  a fin de afrontar la carga defensiva correspondiente.   

Por todo lo reflexionado en el contexto de la  presente  decisión,  las falencias propuestas al fallo de segunda instancia por  el  censor,  no  tienen  la entidad suficiente para declarar su ilegalidad, pues  una  irregularidad  como  la  demandada  es   intrascendente. Por tanto, le  asiste  la  razón al Procurador Primero Delegado para  la  Casación Penal, cuando solicita la no prosperidad  del cargo.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No  casar el fallo  impugnado.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                          ALVARO   ORLANDO  PÉREZ  P.   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                    JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

        Excusa  justificada   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                               JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                                  JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  De  fecha 31 de Marzo de 2006.   

2  De  noviembre 11 de 2004.   

3  Se  identifica con la C. C. No. 19´ 123.490 de Bogotá.   

4  El  tipo  penal  aplicado  al  caso  lo  fue el identificado en el estatuto punitivo  anterior   como   Estafa,   artículo  356,  el  que  preceptuaba:  “…  el  que induciendo o manteniendo a otro en error, por medio  de  artificios o engaños, obtenga provecho ilícito para sí o para un tercero,  con  perjuicio  ajeno,  incurrirá en prisión de uno a diez años y multa de un  mil a quinientos mil pesos…”   

5 Folio  30, cuaderno 3.   

6 Folio  32, cuaderno 3.   

7 Folio  67, cuaderno 3.   

8 Folio  83, cuaderno 3.   

9 Folio  84, cuaderno 3.   

10  Radicado 6993 del 30/04/93.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *