26383(05-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26383  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N° 012  

Bogotá, D. C., febrero cinco (5) de dos mil  siete (2007)   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre los presupuestos  lógicos  y  argumentativos de la demanda de casación  interpuesta  por el defensor  de     ÁLVARO          ALFONSO         RAMÍREZ         DUEÑAS, en contra de  la    sentencia   proferida   por   el   Tribunal   Superior   de   Bogotá       el      21  de marzo de  2006,  por  cuyo  medio  se  confirmó la del Juzgado  Veintiuno   Penal   del  Circuito    de    la    misma    ciudad,  fallos  en  virtud  de  los  cuales  el  procesado  fue  condenado  a  las penas principal y  accesoria      de      cuarenta      (40)  meses   de   prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  término,   como   autor  penalmente  responsable  de  los  delitos  de  falsedad material de particular en documento público  agravada por el uso y fraude procesal.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

1.  Los supuestos fácticos en los cuales se  apoya  la declaratoria de responsabilidad penal del procesado, fueron reseñados  en  idénticos  términos  en  los  fallos  de  primero  y  segundo grado, así:   

“El 10 de agosto  de  2000, Mario Dimas Moreno denuncia que a través de apoderado inició proceso  ejecutivo  en  contra de ÁLVARO ALFONSO RAMÍREZ DUEÑAS en el Juzgado 41 Civil  Municipal  de  la  ciudad,  en  el  cual  se  decretó  como medida cautelar, el  remanente  que  pudiera  quedar  en  el  ejecutivo  que  contra la misma persona  adelantaba  PEDRO  DE  JESÚS CUESTA en el Juzgado 37 Civil Municipal y respecto  del  inmueble  ubicado  en la carrera 16c N° 65-31 sur; motivo por el cual, por  el  primer juzgado se ofició al segundo, para que se pusiera a su disposición,  el remanente que quedará de la ejecución correspondiente.   

Con oficio N° 969 del 26 de junio de 1998,  el  Juzgado  37  Civil  Municipal  puso  a disposición de su homólogo 41 dicho  excedente;  pero  cuando Dimas Moreno pidió certificado del inmueble, constató  que  por oficio N° 1736 del 2 de septiembre de 1998, el Juez 37 había ordenado  la  cancelación  del  embargo,  facilitando  que  RAMÍREZ  DUEÑAS vendiera el  inmueble   objeto   de   embargo,   a   la   señora   Ilda  María  Huertas  de  Canguerejo.   

Debido  a que el Juzgado 37 Civil Municipal  desconocía  la  forma  como  había  llegado  el oficio N°1736 a la Oficina de  Instrumentos  Públicos,  practicó inspección judicial en la misma comprobando  que  tal  oficio  del  2  de  septiembre  de  1998,  era  una  fotocopia, que la  dirección  era  diferente  a  la  real  del  juzgado,  el sello y la firma eran  parecidos  a  los  utilizados;  por  esa razón fue como concluyó que contenía  falsedades  de  orden ideológico y material, dispuso la compulsa de copias ante  la  Fiscalía  General  de  la Nación, para que se adelantara la investigación  correspondiente,  produciéndose  la  vinculación  de  ÁLVARO ALFONSO RAMÍREZ  DUEÑAS, única persona que se beneficiaba con dicho proceder”.   

2. Con fundamento en la denuncia que formuló  el  señor Mario Dimas Moreno  y  la compulsación de copias dispuesta el 27 de marzo de 2000 por el Juzgado 37  Civil  Municipal  de Bogotá, el 12 de septiembre del mismo año se dio inicio a  la  actuación,  a  la  cual  fue  vinculado  mediante  indagatoria ÁLVARO    ALFONSO   RAMÍREZ   DUEÑAS.  Adelantada  la  instrucción, el 22 de enero de 2004 se calificó el mérito del  sumario  con  resolución  de  acusación  en su contra, como probable autor del  concurso  de  delitos  de  falsedad material de particular en documento público  agravada  por el uso y fraude procesal, decisión que cobró ejecutoria el 16 de  febrero del mismo año.   

3. El juicio se surtió en debida forma en el  Juzgado  Veintiuno  Penal  del  Circuito  de Bogotá y con fecha 23 de agosto de  2005  se profirió sentencia condenatoria contra el procesado, en cuya virtud le  fueron  impuestas  las penas principal y accesoria mencionadas en el introito de  esta providencia.   

Apelado  el  fallo  de  primer  grado por la  defensa  recibió  confirmación  integral  por  parte  del Tribunal Superior de  Bogotá,  decisión  última contra la cual, en tiempo, el mismo sujeto procesal  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal primera de casación, apartado segundo, el  demandante  formula  un  solo  cargo  contra  el  fallo de segunda instancia por  “apreciación  errónea  de  las  pruebas  mediante  error  de  derecho  en  que se incurrió al apreciar, en desacuerdo con el valor  que  la  ley le da, a la inspección judicial practicada por el Juzgado 37 Civil  Municipal  de  Bogotá,  a  la  denuncia y ampliación, a los testimonios y a la  injurada del procesado…”.   

En  desarrollo  del cargo el actor, luego de  mencionar  los  fundamentos  de  la sentencia impugnada, concreta los errores de  derecho denunciados, en los siguientes términos:   

          a)  En  cuanto  hace  a  la  inspección que practicó el Juzgado 37  Civil  Municipal de Bogotá, considera el actor que fue erradamente valorada, en  el  sentido  de  haber  considerado  que  a  partir  de ella se configuraban los  delitos  de  falsedad  material  y  fraude  procesal, por cuanto la misma no fue  concluyente   sobre   quién  pudo  ser  el  “autor  material,  aunado a que dicha diligencia no fue producida en forma legal, que no  obstante  el  funcionario  que  la  practicó  haber  advertido  que  la  prueba  encontrada  se  debía  mantener  en  custodia  para su posterior estudio por el  instructor  nada  se  hizo  para  averiguar  sus  autores  o  partícipes, y que  constituye plena prueba para proferir juicio de reproche”.   

Igualmente,  sostiene   el   demandante   que   a  esa  diligencia  “…  no  se le puede dar el valor atribuido por el  Ad  quem,  ya  que  no  menciona  el autor, ni mucho menos se le practicaron los  exámenes  pertinentes  para  determinar su autor, si efectivamente la firma que  allí aparece era la del juzgado, junto con el sello”.   

             

b)  En  lo relativo a la denuncia del señor  Mario  Dimas  Moreno y a la  declaración    de    Hilda   María   Huertas   de  Canguerejo,   quien  compró  el  inmueble  luego  de  lograrse  su desembargo mediante el oficio apócrifo, indica el censor que tales  testigos  tampoco  se  refieren al procesado como autor de los delitos que se le  imputan,  manifestando  solamente  que  conocían  que  éste atravesaba por una  difícil  situación  económica  que  lo  llevó a vender el bien inmueble para  cancelar  sus  deudas,  de  suerte  que  esos elementos de juicio no  “constituyen  prueba  de la materialidad del hecho punible, por  el   cual  se  le  formuló  la  acusación  y  se  le  impuso  la  condena.”.  Y agrega el demandante,   

“… Es evidente que apreciar lo anterior  como  prueba del hecho punible es darle un alcance que no tienen tales medios de  prueba,   o  sea,  se  trata  de  simples  deducciones  infundadas  de  la  Sala  sentenciadora,  ya  que  sólo conducen a la duda, como pretender deducir que el  documento  examinado  en la inspección judicial por si sólo es suficiente para  establecer la autoría y responsabilidad del sentenciado”.   

          Por  ello, considera el demandante que el fallo de segunda instancia  que  condenó  al  procesado por el delito de falsedad material de particular en  documento  público, agravado por el uso, en concurso con fraude procesal, viola  la  ley  sustantiva  “en obedecimiento a que juzgó  falsamente  el  hecho  a  la  luz  de  la  ley,  pues partió de una inspección  judicial   que   solamente   era   para   recoger   huellas,  los  rastros  para  posteriormente  efectuar  una  investigación  exitosa. En esa forma existe mala  estimación  probatoria  sobre  el  mérito  de  las  probanzas  puesto  que  la  valoración de esos elementos es totalmente distinta a la legal”.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto,  el actor solicita casar el fallo  impugnado    para    que    en    su    reemplazo    se    profiera    sentencia  absolutoria.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA   

Reiteradamente la jurisprudencia de la Sala  ha    señalado    que  los  errores  de  derecho  en  la apreciación de las  pruebas,  modalidad  denunciada  por  el  libelista para atacar la legalidad del  fallo  de  segundo  grado,  pueden  asumir dos modalidades distintas:   

(i)    La  primera,  conocida  como  falso  juicio de legalidad,  que  se verifica cuando el  juzgador   aprecia   una  determinada  prueba  estando  impedido  para ello por  haber  sido  practicada  sin  el  lleno  de  los  requisitos  que  la  ley exige  para   su   aducción  o  producción  o  cuando,  se  abstiene        de       considerarla  bajo  la  falsa   creencia   de   que   no  reúne     esas     exigencias,  no  obstante  que sí las cumplía.          Y,   

(ii)  La  segunda,  denominada falso   juicio   de   convicción,   que  acontece  cuando el juzgador  le  niega  a  un  determinado medio de convicción el  valor   que   la  ley  específicamente  le   asigna,   o   cuando  se              lo  concede, no  empece    que    la    propia    ley   ha  eliminado  la posibilidad de que se  le     otorgue     valor    probatorio.   

Hay  que precisar que, respecto del error de  derecho  por  falso juicio de convicción ha dicho la Sala de tiempo atrás, que  se  configura  cuando existiendo tarifa legal en punto de la apreciación de las  pruebas,  se  niega  al medio demostrativo el valor que la ley le ha conferido o  se  le  otorga  un  mérito  diferente  al  atribuido  legalmente. Por tanto, en  atención  a  que  en  el estatuto procesal penal no se conserva este método de  apreciación  probatoria,  por  regla  general,  salvo  contadas excepciones, la  denuncia  de  ésta  clase  de  yerros  no  tiene  cabida en sede del recurso de  casación.   

Así  las  cosas,  luego  de  examinar la  forma    en    que    el   libelista   acomete   la  tarea  de  demostrar  la  ocurrencia  de un error de derecho en la apreciación  de    las    pruebas    a    las    cuales    hace  mención,   fácil  se  advierte  que sus reparos no guardan relación alguna  con   tal  modalidad  de  yerro,  como  también,  que  incumple con las cargas  argumentativas       mínimas      que     le    correspondía    desarrollar    para    demostrar  la  existencia  de algún otro error en la apreciación  probatoria, demandable en esta sede.   

          En  efecto,  si  bien  el  demandante  considera que el ad   quem  incursionó  en  un  error  de  derecho  en la apreciación de la inspección practicada por el Juzgado 37 Civil  Municipal,  génesis  de  esta  actuación,  es claro que su inconformidad no se  centra  en  problemas  relativos  al  proceso  de  aducción  o  producción del  elemento   de   juicio   que   pudieran   haber  incidido  negativamente  en  su  apreciación,  ni  tampoco  al  desconocimiento  de alguna especial regla que el  legislador    hubiera   previsto   para   otorgarle   o   restarle   determinado  mérito.   

          Contrariamente,  todo  cuanto  el libelista reprocha es que el fallo  se  hubiera apoyado en los resultados que arrojó la inspección en comento, por  cuanto  ella  no  acreditaba quién pudo ser la persona que concurrió de manera  directa  a elaborar el falso oficio que en nombre del Juzgado 37 Penal Municipal  se  hizo llegar a la Oficina de Instrumentos Públicos y Privados de esta ciudad  y  que  permitió el desembargo y posterior venta del bien inmueble de propiedad  del procesado.   

          Lo  que  surge  claro  es  que  la censura que el demandante plantea  está  indudablemente  relacionada  con  el mérito suasorio que se otorgó a la  inspección,  no con aspectos atinentes a su legalidad, motivo por el cual surge  evidente  la  senda  equivocada  que  se  escogió  para  formular  el reproche.   

          Pero,   además,   resulta   notoria   la  insustancialidad  de  los  argumentos  que  desarrolla  el  libelista  para demostrar el yerro atribuido al  sentenciador,  si  en  cuenta  se  tiene  que  el  procesado  fue condenado como  “determinador”  de  la  conducta   punible  contra la fe pública, al punto que en el fallo atacado  se señaló:   

          “…  En relación con lo recurrido por  la  defensa en el sentido de que no existe certeza sobre la falsedad material de  particular   en   documento   público,   establece  la  Sala  que  el  único beneficiado con la conducta desplegada era el acusado y  ese  mero  indicio de responsabilidad unido a los anteriores razonamientos lleva  a  la  certeza  de  la ocurrencia de los hechos por las declaraciones aportadas;  hay certeza también, del conocimiento y aceptación,  por  parte del procesado, de las deudas que lo aquejaban según su injurada. Hay  certeza  acerca de la falsedad material del documento según lo que se constató  mediante  la  inspección  judicial y hay certeza del dolo, el cual se deduce de  la   intención   del   enjuiciado   de   evadir   sus  deudas”.  (Negrillas de la Sala).   

Por ello, no se  alberga    duda   sobre   cómo   el   actor   al   formular   el   cargo  dejó de lado el contenido de la  sentencia  impugnada,  emprendiendo  su  ataque  al  amparo de argumentos que no  demuestran    ni   la  existencia  del error denunciado, ni de alguno otro que permita el acceso a este  extraordinario  recurso  y  que, en oposición, ponen  al  descubierto  que  la intención que subyace a la  demanda  es  la  de  que  se  otorgue  validez  a  una  tesis  que  se   expuso   sin   éxito   en   las  instancias,  según  la  cual  sólo  mediante  prueba  grafológica que hubiera  demostrado  que  el  procesado  elaboró  personalmente  el falso oficio, podía  atribuírsele la autoría del delito de falsedad.   

          Similar  situación se verifica en cuanto hace al anunciado error de  derecho    en    la    apreciación   de   los   testimonios   de   Mario   Dimas   Moreno   e  Hilda  María  Huertas,  como  quiera que  para  demostrar  su existencia el actor escasamente menciona que tales elementos  de  convicción no demostraban la materialidad de los delitos imputados, sino, a  lo  sumo,  que  el  procesado  atravesaba  una  difícil  situación económica.   

          Mas,  como  fácil  se  advierte,  tampoco  en  este  apartado de la  demanda  el  actor se ocupa de exponer que razones llevarían hipotéticamente a  configurar  un  error  de  derecho  en la apreciación de esas pruebas, bien por  haber  sido  acopiadas  sin el lleno de los requisitos que la ley exige para que  se  les  otorgue eficacia, ora por hallarse el fallador ante un imperativo legal  que les otorgara un restringido valor probatorio.   

          Y  tampoco  se  ocupa  el  demandante de demostrar en qué parte del  fallo   fue   que   el   Tribunal   dio   por   demostrada   la  “materialidad  del  delito”  a partir de  los   referidas   pruebas   testificales,   siendo   del   caso   precisar  que,  contrariamente  a  esa tesis, de su contenido material se extracta con meridiana  claridad  que  el  sentenciador  no  efectuó  la  inferencia  que el demandante  censura.   

             Ahora  bien,  tras  repasar las razones que el actor anuncia  como  configurativas  de  un yerro, todo parece indicar que pese a la equivocada  mención  del  libelista sobre su especie, aparentemente su intención era la de  demostrar  la  existencia  de  un error de hecho por falso raciocinio, en cuanto  sus  argumentos  se  dirigen  principalmente a cuestionar que la prueba base del  fallo,  apreciada  separadamente  y en conjunto, no otorgaba certeza ni sobre la  materialidad  de  los  delitos,  ni  tampoco  respecto de la responsabilidad del  procesado, sino sólo duda en torno a tales elementos.   

          No  obstante  lo  anterior,  aun  si la Sala asumiera que esa fue la  intención   del   demandante,   tampoco  en  tal  evento  podría  tenerse  por  adecuadamente  desarrollado  el cargo, pues para ello habría sido necesario que  se  demostrara  la  forma en que se trasgredieron las reglas de la sana crítica  en  la  apreciación  de  los  referidos  medios  de  convicción,  mediante  el  señalamiento  preciso  del  postulado  científico,  las  pautas lógicas o las  máximas  de  la  experiencia desconocidas en el fallo, señalando además cuál  ha  debido  ser el aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada  o  la  máxima de la experiencia que debió tenerse en cuenta para esclarecer el  asunto  debatido,  todo con el fin de demostrar que a  partir  de  ese nuevo ejercicio valorativo variaría la reconstrucción fáctica  que  se dio por demostrada en la sentencia, así como sus consecuencia jurídica  y,  por  ende, su sentido, tareas todas que no fueron  asumidas  por  el  demandante  en  parte  alguna  del  libelo  introductorio del  recurso.   

        Finalmente,  a  las  anteriores  falencias  se  suma  la  falta  de  vinculación  argumentativa  entre  el  yerro  que el  demandante  atribuye  al sentenciador y su relación o su incidencia en la falta  de  aplicación de las normas de carácter sustancial  que  estima  resultaron  violadas,  esto  es,  los  artículos  12, 21 y 22 del  Código  Penal,  referidos  al  principio de culpabilidad, las modalidades de la  conducta punible y el dolo.   

          Con  ello,  olvidó  el demandante que el recurso de casación es en  esencia  un  juicio  de  constitucionalidad  y legalidad a la sentencia y no una  confrontación  de tesis ya debatidas en las instancias, razón por la cual para  su  correcta  sustentación es necesario que se acredite la violación de la ley  sustancial,  tarea  que  como  es  natural  entender, no se cumple con la simple  inclusión   en   la  demanda  de  una  o  algunas  disposiciones  de  carácter  sustancial,  sino  con  una  argumentación orientada a demostrar cómo a partir  del  error denunciado fueron trasgredidos esos preceptos sustanciales que se han  señalado,  pues,  a  fin  de  cuentas, esa es la discusión sobre la cual ha de  girar el debate en esta sede.   

        Así,  pues, como la demanda acusa las graves falencias que se han  precisado,  que  no  pueden en modo alguno ser subsanadas por la Corte pues ello  lo  impide  el  principio  de  limitación  que  rige el trámite casacional, se  impone  de  plano  su inadmisión de conformidad con lo  establecido  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, sin que, por lo demás,  se   advierta   en  la  actuación  o  en  el  fallo  reprochado,  violación de derechos o garantías del procesado que impusieran el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el  legislador  a  la  Sala,  con  el  fin  de procurar su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  ÁLVARO    ALFONSO   RAMÍREZ   DUEÑAS, por las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ            ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN         JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Impedido  

MAURO   SOLARTE   PORTILLA               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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