26286(30-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26286   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 139   

          Bogotá, D.C., treinta de noviembre de dos mil seis.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JOSÉ  ROBERTO  QUIQUE CRUZ contra el fallo  del  22  de  junio  de 2006, obra del Tribunal Superior de Cali, Valle, por cuyo  medio  confirmó  la condena impuesta al procesado por el Juez Primero Penal del  Circuito  de  dicha  ciudad  en  sentencia  del  24  de  agosto  de  2004,  como  responsable  de  la  conducta  punible  de  actos  sexuales con menor de catorce  años.  Con el proferimiento de la sentencia de segundo grado, al justiciable se  le otorgó la libertad condicional.   

ANTECEDENTES   

Los  acontecimientos a los que se contrae la  presente  actuación,  fueron  plasmados  en  el fallo recurrido de la siguiente  manera:   

“Agentes  de  la  Policía  Metropolitana de Cali, Estación El Guabal, mediante informe de 1º de  octubre  de  2003  dejaron  a  disposición  de la Fiscalía Unidad de Reacción  Inmediata  al  señor JOSÉ ROBERTO QUIQUE CRUZ, quien fue capturado en la calle  23  Nº  36  B-52  de  esta  ciudad,  a  eso de las 14:00 horas, después de ser  observado  por  un  agujero de dicha residencia cuando abusaba sexualmente de la  menor   INGRID  VANESA  MARTÍNEZ  ROSERO,  de  11  años  de  edad.”                  

         

          La  Fiscalía  en virtud de tales hechos decretó formal apertura de  investigación  y  vinculó  mediante indagatoria al sindicado, definiéndole su  situación  jurídica  con  imposición de medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  beneficio de excarcelación como presunto autor responsable del  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de catorce años y, perfeccionada en lo  posible  la instrucción, se declaró el fenecimiento de la etapa sumarial, tras  lo  cual,  el  20  de enero de 2004, el ente instructor profirió resolución de  acusación   en   contra  de  QUIQUE  CRUZ  por  la  ilicitud dicha tipificada en el Art. 209 de la Ley 599 de  2000,     en    armonía    con    el    Art.    211-2    y    4    ibidem,  la  que  confirmó  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali  por  la suya del 20 de febrero  siguiente al conocer de la alzada que la defensa interpuso.   

          Iniciada  la  etapa  del juicio, de la cual le correspondió conocer  al  Juzgado  1º  Penal  del  Circuito de aquella localidad, y evacuada la vista  pública,  se  condenó  al  procesado  mediante la sentencia de la cual se hizo  mérito  en  el acápite inicial de esta providencia, cuya apelación desató el  Tribunal  por  la  que  hoy  es objeto del extraordinario recurso, como de igual  manera con antelación se dejó indicado.   

LA DEMANDA  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  un cargo único formula el censor contra la sentencia de segundo grado  recurrida  en  sede  del  extraordinario recurso, por violación indirecta de la  ley  sustancial  dada  la  supuesta  incursión  del juzgador en “clara  tergiversación” de las versiones  de  la  menor  ofendida  y  del testimonio del policial Arley Castro Velásquez,  atestaciones  que  no  empece  sus contradicciones intrínsecas, el juzgador les  otorga      “cierta     credibilidad.”   

En  la demostración de la censura, sostiene  el  casacionista  luego  de  indicar  el  contenido  material de los medios cuya  errónea  apreciación  denuncia, que una cosa narró la víctima en su versión  inicial,  otra  le  comentó  al  médico  legista  y una tercera -diversa a las  anteriores-  le  dio  a  conocer a su progenitora; en tanto que lo que el agente  del  orden  asegura  percibió  -quien  por  el  hueco perforado en la pared del  habitáculo   del  implicado  observaba  lo  que  en  su  interior  acontecía-,  “incide   bastante   en   las   contradicciones   e  inconsistencias       de      la      menor      ofendida      (…)”.   

Si  se  atiende  a  las  manifestaciones del  procesado,  agrega,  en  cuanto  que  para  la fecha de los sucesos solamente le  proporcionaba  alimentación  a la menor mientras se mudaba de ropa, el juzgador  al  concluir  que  tanto  el  dicho de la supuesta agredida como el del servidor  público  merecen  plena  credibilidad,  “soslaya la  lógica           del          desenvolvimiento          probatorio.”   

También  incurrió  el  Tribunal  en  falso  juicio  de  existencia al no tener en cuenta el respaldo probatorio que surge de  la  prueba  documental,  específicamente del dictamen médico legal sexológico  del  cual  se  deduce, deja entrever, que según el examen practicado a la menor  no  existen  vestigios  de  haber  sido  penetrada  como quiera que se le halló  totalmente  intacto su himen y normal su esfínter anal, amén de que tampoco se  encontró  que  padeciera  de  enfermedad  venérea,  aspectos  que  el Tribunal  ignoró  persistiendo  en  darle credibilidad a las atestaciones contradictorias  dichas.   

Al  desdeñar  la  prueba pericial que total  respaldo  le  da  a  los  descargos de su defendido, con una tal “desenfocada     crítica     y    omisión    evaluativa”  el  juzgador  incurrió  en  falsos  juicios  de identidad y de  existencia  que  lo  llevaron  equivocadamente  a  confirmar  el fallo de primer  grado,  medios  que  de  haberse  valorado  conforme  con  las reglas de la sana  crítica  hubiera  dado  lugar  a  revocar  la  determinación  de  condena  del  A-Quo, pues, a su juicio, lo  que  se  evidencia en la actuación es la duda, situación que pide se reconozca  en  esta  sede  extraordinaria,  por  lo  cual  solicita  se  case  la sentencia  impugnada  y  se  profiera en su reemplazo el fallo de carácter absolutorio que  corresponde.          

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Si   los  hechos  a  los  que  se  contrae  la  presente  actuación  ocurrieron  en  vigencia  del  C.  de  P. Penal de 2000 -Ley 600- y, así mismo,  teniendo  de  presente  que  la  conducta  punible  por  la  que  se condenó al  justiciable  -acto  sexual  con  menor  de catorce años- comporta una penalidad  máxima  de  siete  (7)  años  y  seis  (6) meses de prisión -Arts. 209 y 211,  ordinales  2  y 4 de la Ley 599 de 2000-,  la demanda de cuyo examen formal  aquí   se   ocupa   la   Sala   debe   ser   inadmitida   por   las  siguientes  razones:   

1.  Conforme  a lo previsto en el inciso 1º  del  Art.  205  del  C.  de P. Penal, la casación procede contra las sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y  Penal  Militar  “en los procesos que se  hubieren  adelantado  por  los delitos que tengan señalada pena privativa de la  libertad cuyo máximo exceda  de   ocho   años  (…)”  -Destaca la Sala-.   

En ese orden de ideas, al hallarse demostrado  que  el  máximo  punitivo  establecido para las delincuencias por las cuales se  impartió  condena  en este asunto contra RINCÓN NASSI  no  supera  los  ocho (8) años señalados en la norma  que  viene  de  reseñarse,  la  casación  intentada  por  su  defensor deviene  improcedente.      

2. Ahora bien, el inciso 3º del Art. 205 de  la  Ley  600  de  2000  prevé la posibilidad de acudir en casación por la vía  excepcional  cuando  no  se  cumple  con  el  presupuesto  del  quantum punitivo  exigido  por  la  ley  para la procedencia de la casación  común  u  ordinaria. Empero, en un tal evento se precisa demostrar la necesidad  de  que la Corte intervenga para el desarrollo jurisprudencial o la garantía de  los derechos fundamentales.   

          3.  Como  el  censor  no  la  invocó  y menos intentó acreditar su  procedencia  en  los términos estipulados en el referido canon, en este caso la  consecuente  inadmisión  de  la  demanda es la declaración que se impone, pues  del  contexto del libelo tampoco se infiere que haya dejado patente la necesidad  de  desarrollar  la  jurisprudencia  o de garantizar algún derecho fundamental,  por  cuanto el enfoque de la demanda exclusivamente se dirigió a cuestionar los  razonamientos  probatorios  de  la  sentencia,  pero sin desarrollo alguno y sin  mención  atendible  de  la forma como esa situación incidió en las garantías  del justiciable.   

          Los  reparos  relacionados con la apreciación de las pruebas, tiene  dicho  la  Corte  en eventos como el de la naturaleza que ocupa su atención, de  suyo  no  entrañan una afrenta directa a derecho fundamental alguno, puesto que  como  el agravio se mediatiza por el establecimiento de los errores de juicio en  su  estimación,  los  mismos  no  pueden tenerse como sustentación válida del  recurso de casación discrecional.   

         

          Este  medio  de  impugnación  excepcional sólo se justifica por la  urgencia  de  proteger  las garantías fundamentales conculcadas, si el daño se  pone  en  evidencia  con la sola indicación descriptiva de su ocurrencia, en el  capítulo  de la demanda dedicado a la fundamentación de la necesidad de que la  Corte  intervenga  para  procurar  aquella garantía, cuestión que por completo  olvidó el censor.   

Se  insiste,  los razonamientos en relación  con  la  apreciación de las pruebas, dada la indeterminación de los resultados  por  la  posibilidad de meras discrepancias valorativas, no pueden ser argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

Lo anterior es suficiente para no acceder al  estudio de la demanda.   

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación,  no  se  observó  la  presencia  de  ninguna  de las hipótesis que  permitirían  a  la  Corte  obrar  de  oficio de conformidad con el Art. 216 del  C.P.P.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de JOSÉ  ROBERTO  QUIQUE  CRUZ  por su defensor, conforme a las  motivaciones    plasmadas   en   el   cuerpo   de   este   proveído.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                        ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN               MARINA PULIDO DE BARÓN          

Permiso  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA           JAVIER  ZAPATA  ORTIZ                                      

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

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