26264(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26264  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 245   

Bogotá  D.,  cinco (5) de diciembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por la defensora de EDER ENRIQUE SANGUINO FAJARDO, contra  el  fallo  del  4  de  mayo  de  2006,  mediante el cual el Tribunal Superior de  Barranquilla  confirmó íntegramente la sentencia de primera instancia, dictada  el  11 de enero del mismo por el Juzgado Quinto Penal del Circuito Barranquilla,  condenando    a    dicho    implicado    por   los   delitos   de   homicidio     simple     y  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal,  a  la  pena  principal de ciento setenta y cuatro (174) meses de  prisión,  a  interdicción de derechos y funciones públicas por igual lapso, a  indemnizar  los  perjuicios  causados  con  la  infracción contra la vida; y le  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la pena y  la prisión domiciliaria.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera por  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Barranquilla en la sentencia de primer  grado:   

“Cuenta   el  paginario  que  en  fecha  Septiembre  doce  (12)  del  año en curso aproximadamente a las 3:00 a.m, en el  sitio  exacto  de la carrera 2 sur # 70-86 del Barrio Las Malvinas de la ciudad,  en  el  interior  de  una  vivienda  y  sobre un colchón situado en el suelo se  encuentra  el  cadáver de una persona joven de sexo masculino, identificado por  sus familiares con el nombre de CARLOS ALBERTO RAMOS RIPOLL.   

En el relato de los hechos consignados en el  acta  de  levantamiento  de  cadáver los jóvenes JAIRO ALFONSO GÓMEZ CORREA y  YEISON  ENRIQUE  MONSALVO  ESPINOSA,  son  coincidentes  en  manifestar  que  se  hallaban  ingiriendo  licor en compañía de quien resultara occiso, se fueron a  adquirir  una  botella  de  licor  a un establecimiento cercano, en ese lugar se  hallaban  JAIRO  VELÁSQUEZ  RODRÍGUEZ  ALIAS  EL  “CHICHI”, y EDER ENRIQUE  SANGUINO  FAJARDO, ALIAS EL “GORDO” y procedieron a quitarle siete Mil pesos  en  efectivo  ($  7.000).   Acto seguido se regresaron en búsqueda de  JAIRO  ALFONSO  GÓMEZ  con  el fin de reclamarle a los primeros nombrados en el  sitio  de  la  carrera  4  sur con calle 73, en este lugar se formó una pelea a  puño  y a palos, agrediendo EDER ENRIQUE SANGUINO FAJARDO, con un arma de fuego  y  le  disparó  certero  proyectil,  en  el  cuerpo  físico de CARLOS ALBERTO,  cayendo al suelo sin vida.”   

LA  DEMANDA   

Un  cargo  propone  la  defensora  de  EDER  ENRIQUE   SANGUINO   FAJARDO  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  con  fundamento  en la causal primera de casación prevista en el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000), por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial originada en error de derecho por  falso     juicio     de     legalidad.   

Asegura la libelista que los testimonios de  los  señores  Jairo  Alfonso  Gómez Correa y Yeison Enrique Fontalvo Espinosa,  fueron  recaudados  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales,  por la  Fiscalía  Trece  Seccional  de  Barranquilla, adscrita a la Unidad de Reacción  Inmediata.   

Hace consistir la irregularidad sustancial,  en  que a dichos testigos no se les hicieron las amonestaciones que exige la ley  procesal  penal,  ni  en  la  diligencia se leyeron los preceptos que establecen  tales  advertencias,  razón por la cual, se trata de pruebas ilegales que deben  ser   excluidas,   como   lo   ordena   el  artículo  29  de  la  Constitución  Política.   

Recuerda que en la parte inicial del acta o  documento  que  recoge  cada  una  de  esas  declaraciones  se hizo la siguiente  anotación:   

“Acto  seguido el señor Fiscal le hace  saber   el  contenido  de  los  artículos  282,  283,  y  285  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en armonía con el artículo 172 del Código Penal, quien  bajo  la  gravedad  del  juramento,  prometió decir la verdad, toda la verdad y  nada más que la verdad en lo que va a declarar.”   

A continuación indica refiere el contenido  de   cada   uno  de  esos  preceptos,  tomando  como  referente  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  600  de  2000 y el Código Penal, Ley 599 de 2000, y  demuestra  que  se  relacionan  con  cuestiones completamente impertinentes a la  prueba testimonial, así:   

Los    artículos    282   (criterios  para apreciar la confesión),  283  (reducción  de pena por confesión)  y  285 (unidad de indicio) de  la Ley 600 de 2000, se refieren a esos específicos temas; y el  artículo  172  (celebración indebida de contratos de  seguros)  de  la  Ley  599  de  2000, también es por  entero desfasado.   

Sin  las  formalidades  sustanciales  los  testimonios  de  Jairo  Alfonso Gómez Correa y Yeison Enrique Fontalvo Espinosa  se  tornan ilegales y deben retirarse del conjunto probatorio, porque carecer de  confiabilidad demostrativa.   

La exclusión de esas pruebas, que fueron la  base  del  fallo,  genera  como  consecuencia  la  necesidad  de absolver a EDER  ENRIQUE   SANGUINO   FAJARDO,   en   aplicación   del   principio  in  dubio pro reo, porque no se allegaron  otros  medios  de  convicción  distintos  que  permitan  mantener  enhiesta  la  condena.   

Menciona como infringidos, entre otros, los  artículos  103  (homicidio)  y  365  (porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa  personal),  y  solicita  a  la  Corte  casar el fallo  impugnado y emitir el de sustitución de naturaleza absolutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada por la defensora de  EDER  ENRIQUE SANGUINO FAJARDO no satisface los requisitos formales establecidos  en   el   artículo   212   de  la  Ley  600  de  2000.  Debido  a  ello,  será  inadmitida.   

1.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de los  derechos   fundamentales   y   la  eventual  intervención  de  oficio  para  el  restablecimiento  de  garantías  superiores a los sujetos procesales, si a ello  hubiere lugar.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  que  hubiesen  sido  seleccionadas  y  adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

De  ahí  que,  el  recurso de casación se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin   a   la   violación   de  la  Constitución  Política,  del  bloque   de   constitucionalidad  en  lo  pertinente  y  de la ley, que hubiese ocurrido por errores de juicio o actividad  y  no  se hubiese advertido ni enmendado en la sentencia de segunda instancia; y  como  tal,  comporta  la  elaboración  de  un juicio lógico jurídico sobre el  fallo    mismo,    siguiendo    el    derrotero    trazado   en   las   causales  invocadas.   

No  se  trata  de  exigir  que el libelista  estructure  fórmulas únicas o sacramentales para postular sus reproches, ni se  precisa  siquiera  que  utilice  la  terminología acuñada por la doctrina y la  jurisprudencia   para   designar   las  distintas  especies  de  errores  en  la  estimación  probatoria.  Sin  embargo,  sí es de esperarse que el casacionista  discurra  de  un  modo  claro, lógico, y profundo, hasta demostrar que el fallo  presenta  defectos  protuberantes  en su estructura jurídica, de tal suerte que  no es factible mantener su vigencia.   

2.  Como pasa a verificarse, aunque la  libelista  menciona  errores  de  derechos  por  ignorar  o desconocer el debido  proceso   en   materia   probatoria,   lo   que  constituiría  un  falso    juicio    de   legalidad,   su  planteamiento   gira  en  torno  de  una  equivocación  completamente  inane  o  intrascendente  cometida  por  la  Fiscalía Trece Seccional de Barranquilla, al  recaudar  los  testimonios  de los señores Jairo Alfonso Gómez Correa y Yeison  Enrique Fontalvo Espinosa.   

Como quiera que la trascendencia del defecto  y  el  agravio  infligido  al  procesado  son  exigencias  imprescindibles en el  ámbito  del  recurso  extraordinario,  la falta de demostración de de aquellos  torna  inadmisible  la  demanda,  por  surgir  con  meridiana claridad que no es  necesario  que  intervenga  la  Corte  Suprema  de Justicia para emitir un nuevo  fallo  de  fondo,  porque  no existe la necesidad de activar alguno de los fines  restablecedores    de    los    derechos    fundamentales    inherentes   a   la  casación.   

3. De tiempo atrás la jurisprudencia de la  Corte  Suprema  de Justicia ha reiterado que el juicio  de   legalidad   se  relaciona  con  el  proceso  de  formación  de  la  prueba,  con  las  normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas para cada medio.   

El  error  por  falso  juicio  de legalidad  “gira  alrededor  de  la  validez  jurídica  de la  prueba,  o lo que es igual, de su existencia jurídica (concepto que no debe ser  equiparado  con el de existencia material), y suele manifestarse de dos maneras:  a)  cuando  el  juzgador,  al  apreciar  una determina prueba, le otorga validez  jurídica  porque  considera  que cumple las exigencias formales de producción,  sin  llenarlas  (aspecto  positivo);  y, b) cuando se la niega, porque considera  que    no    las    reúne,   cumpliéndolas   (aspecto   negativo).”  (Sentencia  del  27  de  febrero de  2001, radicación 15.042.).   

Para  la postulación de este tipo de error  no  es  suficiente  indicar  el  precepto  procesal  que establece la ritualidad  indispensable  para  el decreto, práctica, aducción o formación de la prueba,  sino  que de ahí se debe trascender hasta conectar aquella falencia, de causa a  efecto,  o  de  medio  a  fin,  con  la  vulneración  de una norma de contenido  sustancial,  en  atención  a que el debido proceso que estatuye el artículo 29  de  la  Constitución  Política  no es un fin en sí mismo, sino que tiene como  finalidad  garantizar  los derechos materiales de las personas, de suerte que es  la  violación  de  la  ley  sustancial la que eventualmente podría erigirse en  causal de casación.   

4.  En  el  anterior  orden  de  ideas,  la  prueba  ilegal  se  genera  cuando  en  su  producción,  práctica  o aducción se incumplen los requisitos  legales  esenciales,  caso  en  el  cual  debe  ser  excluida, como lo indica el  artículo 29 Superior.   

En  esta  eventualidad, corresponde al juez  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial, por sí sola no autoriza la exclusión del  medio de prueba.   

5.  En  casos  como  el  presente, donde se  denuncia  que se apreciaron unas pruebas que no podían valorarse por carecer de  requisitos   legales,  porque  en  su  producción  se  omitió  una  ritualidad  sustancial,   para   el  correcto  planteamiento  de  ese  defecto  in  judicando  en  el  marco del recurso  extraordinario  de  casación,  el  censor tiene que cumplir imprescindiblemente  ciertos requisitos:   

5.1  En  primer  lugar,  debe confrontar el  procedimiento  real utilizado en el caso concreto para la aducción (decreto,  práctica o producción) de la  prueba  sobre  la  que hace recaer el yerro, con las exigencias normativas sobre  la  misma,  para  de  ese  modo  verificar  objetivamente la diferencia entre la  manera  cómo  se  produjo  el medio de convicción y las formas exigidas en ley  que reglamenta la materia.   

5.2  A  continuación  se debe demostrar, a  través  de  argumentos  racionales, que el defecto en la aducción de la prueba  es  esencial,  por  interferir  negativamente  en  contra  de  algún  derecho o  garantía  fundamental  de  los  sujetos  procesales; por lo cual, además de su  constatación  objetiva,  es  preciso  verificar que el yerro tiene entidad para  invalidar o comprometer la existencia jurídica de la prueba.   

5.3  Es  necesario  también,  siguiendo la  secuencia  lógica, demostrar que los Jueces de instancia cometieron un error al  no  aplicar  la  regla de exclusión sobre dicha prueba, porque tal consecuencia  es  condigna  a  aquellos  eventos  donde se constata la vulneración del debido  proceso,  en  cuanto  el  incumplimiento  de  las disposiciones que contienen el  principio    de    legalidad    en   materia   probatoria   hubiese   conllevado  indefectiblemente  la  violación  de  los derechos fundamentales de los sujetos  procesales.   

5.4 De ahí, debe avanzarse hasta verificar  la  trascendencia  del  yerro  en  que  incurrió el juzgador, lo cual se cumple  demostrando   que   de  excluirse  jurídicamente  las  pruebas  defectuosamente  practicadas, las declaraciones de la sentencia serían diferentes.   

Sin  embargo,  en  tratándose del error de  hecho   por  falso  juicio  de  legalidad,  la estructuración de la censura en punto de la trascendencia no  se  satisface  con  la  simple  denuncia  o  advertimiento  del error, ni con la  opinión  que  al  respecto tenga el libelista; de una parte, porque no es en el  error  en  sí  mismo  considerado donde radica el motivo casacional, sino en la  incidencia   e   importancia  del  mismo  con  relación  al  resto  del  acopio  probatorio;  y  de  otra,  porque  si  fuera suficiente la mención del yerro el  recurso    extraordinario   no   distaría   en   mucho   de   un   alegato   de  instancia.   

La  demostración  de la trascendencia del  yerro  atribuido  al Ad-quem  comporta  la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que si tal falencia no se  hubiese  presentado,  entonces el sentido del fallo sería distinto; y para ello  es  preciso demostrar que si la prueba defectuosamente incorporada no se hubiese  apreciado,  las restantes pruebas sopesadas por el Tribunal no tienen la entidad  jurídica  necesaria  y  suficiente  para mover con certeza hacia la convicción  declarada en el fallo.   

5.5 Ahora bien, contradecir o desvirtuar el  mérito  concedido  a  las  otras  pruebas  implica  a  su vez demostrar que los  funcionarios  judiciales  erraron en el proceso de valoración y fijación de su  poder  suasorio,  lo  cual  tampoco  se  logra  a  través de la imposición del  criterio  particular  del  censor, sino demostrando con la lógica casacional la  incursión  en  errores  de  hecho  en  ese  ejercicio;  esto  es,  falso  juicio  de existencia (suponer  u omitir pruebas), falso  juicio  de  identidad (tergiversar,   cercenar  o  adicionar  alguna  prueba)  o  falso raciocinio (distanciamiento de  los    parámetros    de    la    sana    crítica:   lógica,   experiencia   o  ciencias).   

6.  Es cierto, como dice la libelista, que  en  los  testimonios  de  Jairo  Alfonso Gómez Correa y Yeison Enrique Fontalvo  Espinosa puede leerse esta anotación:   

“Acto seguido el señor Fiscal le hace  saber   el  contenido  de  los  artículos  282,  283,  y  285  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en armonía con el artículo 172 del Código Penal, quien  bajo  la  gravedad  del  juramento,  prometió decir la verdad, toda la verdad y  nada más que la verdad en lo que va a declarar.”   

Lo  que  no  compagina con la realidad, al  menos  nada  así  lo  indica,  es  que los artículos mencionados en dicha nota  correspondan  a  artículos  de  la  Ley  600  de  2000 y de la Ley 500 de 2000,  respectivamente, como lo supone la casacionista.   

En cambio, lo que se observa como obvio, es  que  la  Fiscalía  utilizó  una  plantilla  antigua que trae las disposiciones  pertinentes  a  la  prueba  testimonial  como  era  regulado  por  el Código de  Procedimiento  Penal,  Decreto  2700  de  1991;  y  al  delito  de  falso   testimonio,  tipificado  en  el  Código Penal de 1980.   

En  efecto,  al revisar el Decreto 2700 de  1991  se  constata  que  las  normas  en  cuestión tratan los siguientes temas:  artículo      282      (deber      de     rendir  testimonio),         283         (excepción  al  deber  de  declarar)  y  artículo     285    (amonestación    previa    al  juramento);  y  el  Código  Penal  de  1980,  en  su  artículo    172    alude   al   delito   de   falso  testimonio.   

Se  concluye  entonces  que  la  Fiscalía  continuó  trabajando  sobre  una  plantilla  obsoleta, pero que para el caso no  comportó  irregularidad  trascendente,  porque, contrario a lo expresado por la  censora,  sí se realizaron todas las advertencias y amonestaciones requeridas a  los   declarantes   Jairo  Alfonso  Gómez  Correa  y  Yeison  Enrique  Fontalvo  Espinosa.   

7.  Como  la  demandante  aspira  a que se  decrete  la inexistencia jurídica de los testimonios de aquéllos; y a que, sin  tales  declaraciones  se  absuelva al implicado, para la adecuada confección de  la   demanda   era   obligatorio  que  se  refiriera  de  modo  razonable  a  la  trascendencia del yerro cometido por la Fiscalía.   

En  particular,  era  imprescindible  que  demostrara  que  la  equivocación era esencial, por conspirar contra garantías  fundamentales  del  procesado,  y  que,  excluidos los testimonios de cargo, las  demás  pruebas analizadas en las sentencias de instancia, no permitían arribar  a  la  convicción  de  certeza  sobre  la responsabilidad penal de EDER ENRIQUE  SANGUINO FAJARDO.   

En  la  demanda  cuyo  aspecto  formal  se  califica,  apenas  se  relata como suceso histórico la impropiedad cometida por  la  Fiscalía  y,  ante  la ausencia de relevancia objetiva, se guardó silencio  sobre  los  restantes  tópicos de ineludible estudio. Vale decir, sencillamente  se   enuncia   la   ocurrencia   de   una  irregularidad,  sin  una  correlativa  fundamentación  sobre  la  importancia  de  la  misma,  ni  la  manera cómo se  soslayó  alguna  garantía fundamental; y, sobre todo, sin reflexión adicional  acerca  del poder suasorio del conjunto conformado por las pruebas evaluadas por  los Jueces de instancia.   

Puede  afirmarse,  entonces, que no existe  propiamente  un  cargo  de  casación,  sino una especie relato histórico sobre  algo  que  ocurrió,  pues,  se  insiste,  la  libelista centró su atención en  denunciar  la  pretendida irregularidad, pero olvidó abordar con argumentación  jurídica  la  existencia  y  la  trascendencia  del supuesto defecto; y omitió  disertar   con  sindéresis  del  mismo  talante  sobre  el  resto  del  recaudo  probatorio,  hasta  demostrar  que,  contrario  a  lo  declarado en la sentencia  condenatoria,  el conjunto de medios allegados carecía de entidad suasoria para  indicar,  sin  duda  alguna,  que  EDER  ENRIQUE  SANGUINO FAJARDO es penalmente  responsable del concurso de delitos que se le endilga.   

7. Las impropiedades advertidas conllevan a  inadmitir  la  demanda,  máxime  que  tampoco en la revisión del expediente se  observa  la  vulneración  de  alguna  garantía  fundamental,  que  amerite  el  ejercicio  de  las  facultades  oficiosas  de la Sala de Casación Penal, en los  términos  del  artículo  216  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

  RESUELVE   

Inadmitir  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  EDER          ENRIQUE          SANGUINO         FAJARDO.   

Contra  el  presente  auto  no  procede el  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

Cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                             JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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