25755(09-11-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25755  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 128  

Bogotá,  D.C., nueve de noviembre de dos mil  seis.   

          Resuelve  la  Corte  el  recurso  de  reposición  que  el  defensor  suplente   de   Olario  Mitchell  Palacio,  requerido  en extradición, formuló contra el auto por medio del  cual la Sala negó las pruebas solicitadas por la defensa.   

FUNDAMENTOS    DEL  RECURSO   

          El  defensor  suplente  del  requerido  en  extradición conviene en  afirmar  que  la extradición es un instrumento de cooperación internacional en  la  lucha  contra  el  delito,  razón por la cual advierte que se debe tener en  cuenta  el  artículo  35  de la Constitución Política, el cual dispone que la  extradición  se  debe solicitar, conceder u ofrecer de acuerdo con los tratados  públicos   y   en  su  defecto  con  la  ley,  y  los  principios  del  derecho  internacional.   

          Estima  que  el deseo de los Estados Unidos de América es  que  se  apliquen  los  tratados  públicos,  tal  como lo afirmó en su solicitud de  extradición.  De  manera que, en esta materia, son aplicables la Convención de  Viena  del 19 de septiembre de 1988, aprobada por Colombia mediante la ley 67 de  1993,  la  Convención  única de estupefacientes aprobada mediante la ley 13 de  1974,  la  Convención  recíproca de extradición de reos aprobada mediante las  leyes  66  de  1988  y 8 de 1943, el tratado de extradición celebrado entre los  dos  países  en  1979,  los  Pactos  civiles  de  Derechos  y  Garantías  y la  Convención  Americana  sobre derechos humanos. Por lo tanto, las pruebas que se  solicitan  y se decretan durante el trámite de extradición deben perfilarse de  acuerdo con los principios de los tratados públicos mencionados.   

          De  acuerdo  con  ello,  pretende  que  se  decreten las pruebas que  respectivamente  solicita  con fundamento en el tratado de extradición aprobado  por  Colombia  mediante  la  ley  74  del  19  de diciembre de 1935 (tener  como  prueba  la  orden  de  arresto  expedida  en el país  requirente,  solicitar  las normas sobre prescripción de la pena, los convenios  suscritos  para  obtener  interceptaciones  telefónicas  en  el  caso concreto,  solicitar  al  Ministerio  informe  acerca  de qué personas firman las órdenes  diplomáticas)  y  la  Convención  de Viena contra el  tráfico  ilícito  de  estupefacientes  y  sustancias  sicotrópicas,  aprobada  mediante  la  ley  67  del  23  de  agosto de 1993 y la Convención única sobre  estupefacientes   aprobada   mediante   la   ley   13   de   1974   (tener   como   prueba   la   acusación   de   reserva   del  Gran  Jurado).                    

          Con  ello  se  busca  el respeto por las formalidades que definen el  debido  proceso  del trámite de extradición, que aun cuando no persigue en sí  mismo  imponer  una sanción, mediante él se “está estableciendo un grado de  responsabilidad  frente  a  la persona que se pretende enviar, pues sobre él de  todas  maneras  pesa  un  juicio  de  exigencia  cuyo  control judicial debe ser  adelantado por la Corte Suprema.”   

          En  conclusión,  si  la  Constitución  ordena que en toda clase de  diligencias,  incluidas las administrativas, se debe observar el debido proceso,  no  se  entiende  la  razón  por  la  cual  en  el  trámite de extradición se  desconocen  esas  reglas  y  en  concreto  se impide la práctica de las pruebas  conducentes y pertinentes pedidas por la defensa.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primero:   El  auto  protestado  se  debe  mantener  por  dos  razones:  primero,  porque  las pruebas que en su momento se  estimaron  improcedentes,  fueron  las  que solicitó el defensor principal y no  aquellas  a  las  que se refiere el defensor suplente, quien para ese momento no  había  sido autorizado por el defensor principal para intervenir en el trámite  de  extradición.  Y  segundo,  porque  las  que  se solicitaron no se dirigen a  probar  los  cuatros supuestos sobre los cuales la Corte debe rendir el concepto  de   acuerdo   con   la  legislación  interna  sobre  la  materia  (artículo    520    de    la    ley    600   de   2000).   

          Segundo.   El  primer  argumento  no  fue  discutido  por  el  defensor  y  por  lo tanto la Sala no hará referencia a ese  tema.  En  cuanto  al  segundo,  es decir, a la conducencia y pertinencia de los  medios  de  prueba, que a juicio del recurrente deben analizarse con relación a  los  tratados  públicos  y  no  con  base  en  la  legislación interna, sería  suficiente  con  decir, para demostrar la sin razón de su planteamiento, que es  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  a  quien  le  compete  señalar qué  tratados  están vigentes entre el país requirente y el requerido en materia de  extradición  y  conceptuar  a  falta  de ellos, si es aplicable la legislación  interna  (artículo 514 idem).  De  manera  que  como  para  el  caso,  el  Ministerio  de relaciones Exteriores  conceptuó  que  la  legislación  interna  es  la  que  guía  el  trámite  de  extradición,  no  queda  duda  que  los requisitos y los medios de prueba deben  analizarse  de  acuerdo  con  las  exigencias indicadas por los artículos 508 y  siguientes de la ley 600 de 2000.   

          Tercero.   Con   el  fin  de  mostrar  el  equivocado  planteamiento  del  defensor,  conviene  destacar,  como se acaba de  mencionar,  que  es  al  Ministerio  de  relaciones Exteriores al que le compete  conceptuar  acerca  de  la  vigencia  de  los tratados y a falta de éstos si es  aplicable  la  legislación  interna.   En  ese  sentido, pacíficamente la  Corte sobre la materia ha señalado lo siguiente:   

“Si bien es cierto  el  cumplimiento  de  lo  previsto  en  los Tratados Públicos hace parte de los  fundamentos  del  concepto de extradición, tal situación es eventual, tal como  lo  señala  el  Código  de  Procedimiento  Penal  al  disponer que ello ocurre  “cuando  fuere  el  caso”.   Dicha  eventualidad depende de la existencia y  vigencia   de  un  Tratado  internacional  sobre  la  materia.   Sobre  esa  circunstancia  específica  del  trámite  de  extradición, es al Ministerio de  Relaciones  Exteriores  al  que  le  corresponde conceptuar en los términos del  artículo  522 del Código de Procedimiento Penal (514 de la ley 600 de 2000) si  es  del  caso  proceder con sujeción a convenciones o usos internacionales o si  se debe obrar de acuerdo con las normas de este Código…   

“…en dicha consideración, el concepto de  la  Cancillería  lleva  implícito  el análisis que esa dependencia de la Rama  Ejecutiva  debió  hacer  de la vigencia y aplicabilidad interna de los Tratados  Públicos  que eventualmente rijan la materia, para concluir cuál es el Tratado  aplicable  al  trámite  de  extradición, si fuere el caso, o en su defecto que  éste se rige por la ley…   

“..  como  dentro  de  las  funciones  del  Ministerio  de  Relaciones Exteriores está la de “negociar, con la cooperación  de  otros  organismos  nacionales,  si  es del caso, Tratados, Acuerdos y demás  Actos  Internacionales, así como hacer su seguimiento, evaluar sus resultados y  velar  por  su  cumplimiento” (numeral 8, artículo 1, Decreto 2126 de 1992), es  en  ellas  donde se explica la obligatoriedad de conceptuar sobre la existencia,  vigencia  y  aplicablidad interna de cada Tratado en particular.” 1   

De manera que si el concepto de extradición  que  debe emitir la Corte debe fundarse en la normas de la legislación interna,  es  obvio  que  las  pruebas  que  en ese sentido se soliciten deben dirigirse a  afirmar   o   negar  uno  cualquiera  –  o  todos – de  los   supuestos   formales   sobre   los  cuales  debe  versar  el  concepto  de  extradición,  según  lo  informa  el  artículo 520 de la ley 600 de 2000, tal  como lo hizo la Corte en el auto que se protesta.   

En consecuencia, carece de razón el defensor  al  solicitarle a la Corte que reponga su decisión para que en su lugar analice  la  pertinencia  de  los  medios  de  prueba de cara a tratados públicos que el  Ministerio  de  relaciones  Exteriores  conceptuó  que  para  el  caso  no  son  aplicables.   

Por lo expuesto, La  Corte     Suprema    de    Justicia,    Sala de Casación penal,   

Resuelve   

No reponer el auto protestado.  

Cúmplase   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

Excusa justificada  

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

Permiso  

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1 Corte  Suprema de Justicia, auto del 11 de abril de 2000, radicado 15862.     

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