25710(27-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25710  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 77  

Bogotá, D.C., veintisiete de julio de dos mil  seis.   

          Decide  la  Corte  lo pertinente con relación a la admisión de la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   Juan  Pablo  Pajoy Gutiérrez en contra de  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali  el  28  de  febrero  de  2005,  mediante la cual confirmó la del Juzgado veinte  penal  del  circuito  de la misma sede, que lo condenó como autor del delito de  homicidio simple.   

HECHOS  

          Así    pueden    sintetizarse   los   hechos   juzgados   en   las  instancias:   

          En  las horas del amanecer del diez de octubre de dos mil cuatro, en  el  municipio de Jamundí, luego de consumir bebidas embriagantes desde la noche  anterior,  Robinson  Andrés  Mesa García y Juan Pablo  Pajoy  Gutiérrez  se  trenzaron en una discusión que  culminó  en  una  riña en la cual fue herido con arma blanca el primero de los  nombrados,   de   manera   tan   grave   que   esa   lesión   le  ocasionó  la  muerte.   

          El  motivo  de  la  discusión  obedeció a la relación amorosa que  ambos  tuvieron  con Rosa Amelia González, ante quien comenzaron a discutir y a  golpearse,  pero  sin  que presenciara el desenlace fatal, pues éste se produjo  en el instante que se ausentó en búsqueda de ayuda.   

         

ACTUACION PROCESAL  

Con  base  en  la  diligencia de inspección  judicial  y  levantamiento  del  cadáver  de  Robinson  Andrés  Mera, el 11 de  octubre  de  2004  la  Fiscalía  seccional  103,  con  sede en Jamundí, abrió  investigación  penal  e  inmediatamente ordenó vincular mediante indagatoria a  Juan   Pablo  Pajoy  (fs.,  19).   

Luego  de  escucharlo  en  diligencia  de  descargos  (fs.,  25),  la  Fiscalía  103  delegada  ante  los  Juzgados  penales del circuito de Jamundí,  mediante   providencia  del  15  de  octubre  siguiente,  le  impuso  medida  de  aseguramiento   como   autor   del   delito  de  homicidio  simple  (fs., 37).   

El  3  de  noviembre  del  mismo  año  la  fiscalía    cerró    la    investigación    (fs.,  62),  y  el  25  de  noviembre  siguiente  acusó  al  sindicado  por la comisión del delito de homicidio simple, descrito en el Libro  2,    título    I,   capítulo   segundo   del   código   penal   (fs.,   81).   

          La   defensa   recurrió  la  providencia,  siéndole  negados  los  recursos  de reposición y apelación, mediante providencias del 15 de diciembre  de  2004  (fs., 159) y 16 de  febrero     de     2005,    respectivamente    (fs.,  169).   

El Juzgado veinte penal del circuito de Cali  avocó  el  conocimiento,  realizó  las  audiencias  preparatoria  (fs.,   202)  y  pública  (fs.,  219,  298  y  305), y finalmente,  mediante  sentencia  del  16  de  septiembre  de  2005,  condenó  a  Juan  Pablo  Pajoy  Gutiérrez a la pena  principal  de  13  años de  prisión  como  autor del delito de homicidio simple, y por el mismo tiempo a la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, así como  al  pago  de perjuicios (fs.,  391).   

          El  Tribunal Superior de Cali, al resolver el recurso de apelación  interpuesto  por  la  defensa confirmó la decisión, mediante la suya del 28 de  febrero     de    2006    (fs.,    407).   

DEMANDA     DE  CASACION   

          Sin  mencionar  la  causal  ni los cargos que se formulan contra la  sentencia,  en  una  extensa  demanda  en  la  que se reproducen las actuaciones  procesales,  las  pruebas  y  las  decisiones,  el demandante puntualiza ciertas  apreciaciones  que  le permiten demandar la casación de la sentencia de segunda  instancia.   

          En  lo  esencial,  con  el  argumento  de que la muerte de Robinson  Andrés  Mesa  García  obedeció  a  una maniobra de la víctima, el demandante  cuestiona  la  apreciación  que  hiciera  el  tribunal  de diferentes medios de  prueba,  tales como las declaraciones de los agentes Leonardo Daniel Páez Rojas  y  Leonardo  Trujillo, quienes dijeron, en declaración jurada, que el procesado  al  momento  de  su captura reconoció haberle causado la muerte a Mesa García,  pero   a   su   juicio,   esas  manifestaciones,  como  lo  tiene  decantado  la  jurisprudencia,  no  tienen ningún valor probatorio, ni siquiera como indicios.   

          De  otra  parte,  afirma  que  el tribunal incurrió en un error de  hecho  al  apreciar  el  testimonio  de  Rosa  Amelia González, pues si bien la  testigo  observó  a  Pajoy  Gutiérrez  y a Mesa García  trenzarse  a golpes, no observó que el sindicado portase una arma ni el momento  culminante  de  la acción, por la cual debe tenerse como cierta la explicación  del  sindicado,  quien  dijo que el occiso era quien la tenía. Por lo tanto, no  se  puede  decir  que  Pajoy  fue  el  autor de la conducta homicida, pues no es  lógico    que   quien   no   porta   arma   alguna   pueda   causar   semejante  resultado.   

          Transcribe,  en  seguida,  el  texto  de  las  declaraciones de los  agentes  y de la testigo, así como la versión del procesado, para concluir que  se  impone el reconocimiento de la duda probatoria, tema sobre el cual expone en  extenso   lo   que   ha   dicho   la  doctrina  y  la  jurisprudencia  sobre  el  tema.   

          Solicita,  en consecuencia, que case la sentencia y en su reemplazo  se absuelva al procesado de los cargos por los cuales fue acusado.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La demanda se inadmitirá por las siguientes razones:   

Primero:   La  dogmática  del  recurso extraordinario de casación, tanto desde la perspectiva  de  las  causales  como  de  sus  fines,  enseña  que  ese  medio  especial  de  impugnación  procede contra sentencias de segunda instancia, de acuerdo con las  precisas  causales  que  permiten denunciar la injusticia del fallo (artículo    212    de    la    ley   600   de   2000).   

De  acuerdo  con ello, es de la esencia del  recurso,  entre  otras  cosas para modular el lenguaje de la argumentación, que  los  cargos  se  fundamenten fáctica y jurídicamente de acuerdo con el sentido  de  la  causal  seleccionada  y  se  destaque  la  manera  cómo  la  ilegalidad  trasciende  en  el  sentido  de la decisión, de todo lo cual la demanda carece,  tal como se indicará en los apartes siguientes.   

Así, de acuerdo a la finalidad perseguida y  a  la  causal  seleccionada,  debe  quedar en claro, cuando se acude a esta sede  para    denunciar    la   infracción   indirecta   de   la   ley   (causal  primera),  que es al parecer la  opción  que  el  demandante  quiso  destacar,  que  le  corresponde  al  censor  identificar  en  forma clara y precisa la modalidad de error en que incurrió el  juzgador  al  apreciar  los  medios de prueba y la incidencia de ese error en la  declaración de justicia final.   

Segundo:   Sin  anteponer  las formas a los fines, el artículo 212 del código de procedimiento  penal  le  impone  al  demandante  el deber de denunciar la inconstitucionalidad  e   ilegalidad  de  la decisión mediante la presentación clara, precisa y  coherente  de los cargos, con el fin de realizar el principio de autosuficiencia  y   de  garantizar  el  de  limitación  a  la  hora  de  resolver  el  recurso.   

         

          En  ese  orden  de  ideas,  frente  al  cuerpo segundo de la causal  primera,  se  ha  dicho  que  el  libelista debe precisar si la ilegalidad tiene  origen  en  errores  de derecho, y en tal caso especificar si el yerro obedece a  falsos  juicios  de  legalidad  o  de  convicción.  O si de errores de hecho se  trata,  indicar  si  el  juzgador  incurrió  en  falsos  juicios de existencia,  identidad  o  raciocinio,  cuya  contenido le impone al demandante ser fiel a su  carácter  objetivo  contemplativo,  en los dos primeros casos, o a la necesaria  vinculación argumentativa en el último de los eventos.   

Pese a esas exigencias, que buscan encausar  y  delimitar  los  cargos,  el  discurso  del  demandante  se  ofrece  etéreo e  impreciso,  pues ni siquiera menciona la causal, ni precisa los cargos, sino que  luego  de  transcribir la casi totalidad de las providencias dictadas en primera  y  segunda  instancia,  asume  que  no  se  apreciaron  ciertos testimonios como  corresponde  o  que  a  otros  se  les  confirió  un valor no fijado en la ley.   

          Así,  censura  que  se  hubiesen  apreciado los testimonios de los  agentes  de  policía  Leonardo  Daniel  Páez Rojas y Leonardo Trujillo, con el  argumento  de  que  la  “versión”  de  aquellos  si  acaso  puede servir de  criterio  orientador  de  la  investigación,  pero sin señalar cuál la razón  legal  que lleva a esa conclusión, en el marco de una confusión conceptual que  asimila     las     labores     previas     de     verificación    (artículo  314  de  la ley 600 de 2000),  con  el  testimonio  de  los  agentes  del  orden,  que  son  por supuesto temas  distintos.   

          Por  esa  razón  no  logra  indicarle a la Corte si se trata de un  falso  juicio  de  convicción  y  cuál sería la incidencia de haber apreciado  esos  testimonios  en  la  construcción  de  la  decisión  que  se  cuestiona.  Simplemente,  entonces,  opina  que  el tribunal se equivocó, en el contexto de  una  propuesta  en  la  que  pretende  oponer su criterio al del juzgador, dando  muestras  inequívocas  de  que  así  suple  las  deficiencias  técnicas  y de  contenido de la demanda.   

          Con  la  misma  imprecisión  alega  que  el  tribunal incurrió en  errores  de  hecho al apreciar el testimonio de Rosa Amelia González, pues a su  juicio  ella  no  miró  el  momento  del  desenlace  fatal.  Pero además de no  mencionar  la  clase  de  error  en  que  habría  incurrido  el  juzgador  y su  trascendencia,  da  a  entender  que  mayor  peso  tendría  la explicación del  procesado,  la  cual  en  caso de no haberse apreciado por parte del juzgador lo  haría  incurrir  posiblemente en un falso juicio de existencia por omisión, si  es que no consideró la totalidad de la declaración.   

          Con  tal  fin  le  correspondía,  si  tal  era  el caso, demostrar  mediante  una  apreciación  de  los  medios  de  prueba  en  su  contexto y con  inclusión  del  que  echa de menos, por qué de haber apreciado la declaración  indagatoria  del  sindicado,  el  tribunal  habría  llegado  a  una conclusión  distinta,  o  si fue fraccionada – en caso de que pretendiese denunciar un error  de  hecho  por falso juicio de identidad -, destacar lo que dijo el procesado en  su  diligencia  de  indagatoria  y  lo  que  expresó  el  juzgador,  destacando  objetivamente  la  incongruencia entre lo que dice el medio y lo que expresó de  él el tribunal.   

          Tercero:  La  demanda  refleja múltiples  inconsistencias  y  recorre distintas temáticas, pero sin la claridad necesaria  y  en  forma  imprecisa, por lo cual en el evento de admitirla la Corte tendría  que  suplir  esas deficiencias, en perjuicio del principio de limitación que al  recurso extraordinario le es inherente.   

          En  conclusión, pasa por alto el demandante que las exigencias del  recurso  son  insoslayables  y  que  como  medio  extraordinario de impugnación  amerita  una  argumentación  seria,  coherente,  afín  con  la causal que debe  identificarse  de  manera  concreta  y  no  un  discurso deshilvanado que por lo  confuso le impide a la Corte atender su estudio.   

          Cuarto:  Por  esas  razones,  que  dicen  relación  con  la forma de la demanda (artículos 207,  212  y  213  del  código  de  procedimiento penal), y  además  porque no se observan violaciones a las garantías fundamentales que la  Corte esté en el deber de remediar, se inadmitirá.   

          En  consecuencia,  La  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación  penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de  casación  presentada    a    nombre   de   Juan   Pablo   Pajoy  Gutiérrez.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ              ALFREDO    GOMEZ  QUINTERO                    

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON                   

JORGE           QUINTERO  MILANES            YESID  RAMIREZ  BASTIDAS                

JULIO             SOCHA  SALAMANCA                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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