25675(13-07-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25675  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 68                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C.,  trece  de julio de dos mil  seis.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Carlos  Arturo  Cuadros  Minotta  contra la  sentencia  dictada  el  13  de  febrero  de  2006  por  el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cali,  mediante  la  cual  condenó al procesado por los  delitos  de  falsedad material de particular en documento público y falsedad en  documento privado.    

Antecedentes.   

1.  El  21  de  marzo  de  2003, Juan  Pablo Gómez Angel presentó denuncia  penal  ante la Unidad de Patrimonio Económico de Fiscalía, seccional Cali, por  los  delitos  de falsedad, estafa y fraude procesal, donde refiere que ese año,  al  iniciar  los  trámites  pertinentes  para  llevar  adelante  el  proceso de  sucesión  de  su  padre Pablo Alejandro Gómez Osorio,  quien  falleció en 13 de octubre de 1993, advirtieron  que  varios  de  sus  bienes  habían  sido  vendidos  después  de  su  muerte,  utilizando  para  el  efecto  poderes falsos, otorgados en Notaría en el mes de  marzo  de  20021.   

2.  Por  estos  hechos  la  Fiscalía  acusó  Carlos    Arturo    Cuadros   Minotta   por  los  delitos de estafa, falsedad material en documento público  y  privado, falsificación de sello oficial y fraude procesal, en decisión de 9  de  febrero  de  2005. Rituado el juicio, el juzgado Séptimo Penal del Circuito  de  Cali lo condenó a la pena principal privativa de la libertad de 42 meses de  prisión  por  los  delitos  de  falsedad  material  de  particular en documento  público  y  falsedad  en  documento  privado,  y  lo  absolvió  por  los otros  ilícitos2.   

3.  Apelado  este  fallo  por  la defensa, el  Tribunal  Superior  del  distrito  Judicial  de  Cali, mediante el suyo de 13 de  febrero   de  2006,  que  ahora  el  defensor  del  procesado  recurre  en  sede  extraordinaria,  lo  confirmó  en  todas  sus partes3.      

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  el actor acusa la sentencia impugnada de violar en  forma  directa  la  ley  sustancial,  por  errores  de  apreciación probatoria,  concretamente  por  desconocer  el  contenido  del  artículo  238  del estatuto  procesal  penal,  que  ordena  apreciar  los  medios  de prueba en conjunto y de  acuerdo con las reglas de la sana crítica.     

Afirma  que  los  juzgadores  realizaron  un  equivocado  análisis  de  la  prueba  documental,  que los llevó a condenar al  procesado  por  delitos  que  nunca  cometió.  El Tribunal erró al no tener en  cuenta  “que  sin  bien  es  cierto el análisis grafológico concluye que las  escrituras  son falsas, también es cierto que jamás se probó que mi defendido  hubiese  tenido  conocimiento de dicha falsedad, ni mucho menos que intervino en  las falsedades relacionadas en tales documentos”.   

El fallo, así dictado, es ilegal, “dado que  no  está conformado por juicios de verificación, comprobación, connotación a  la  par  de  la  realidad  procesal”.  El  Tribunal no apreció las pruebas en  conjunto  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana crítica. No le asignó el  mérito  que  requería  a  la  declaración del autor del hecho y no acertó al  sostener   que  se  trataba  de  un  documento  tardío,  es  decir,  “ninguna  valoración  practicó  el  Tribunal Superior a la prueba reina presentada en la  audiencia   pública,  la  que  resquebrajaba  la  imputación  formulada  a  mi  cliente”.   

Se atentó, por tanto, contra el principio de  seguridad  jurídica  “por  no haber tenido en cuenta la prueba nueva, de gran  incidencia  en  la  situación  jurídica  de  mi prohijado, no hubo crítica ni  discernimiento  sobre  dicha  prueba  y  así  (sic)  haber  aplicado  una mejor  comprensión  del  sentido de la ley aplicable, sin haber agotado la dialéctica  procesal  al  medio  de prueba aportado, desbordando así la normatividad que la  ley  prevé  en  el análisis de una prueba no aportada tardíamente como indica  la colegiatura”.   

El  Tribunal  desconoció  el  contenido  del  referido  artículo 238 del estatuto procesal penal, como quiera que no expresó  razonadamente  el mérito que le asignaba a esta prueba documental, representada  por  un  documento  autenticado,  que acredita la inocencia del procesado en los  hechos  imputados,  lo  cual  constituye  una equivocación, “desconociendo el  alcance  de dicha prueba, concluyendo erróneamente que se trataba de una prueba  tardía,    desconociendo    también   su   alcance,   presentando   así   una  interpretación  errónea,  desconociendo  la existencia jurídica de la prueba,  que   de   haber  sido  tenida  en  cuenta,  hubiera  conducido  a  absolver  al  procesado”.   

En las anotadas condiciones, no existe camino  distinto  que  “casar  la  presente  demanda  (sic),  y en la parte resolutiva  proceder  a  revocar  la sentencia de segunda instancia atacada en casación por  no cumplir con los requisitos exigidos en la ley”.   

Alegatos  de  los  no recurrentes.   

Dentro del término legal el representante del  Ministerio  Público  solicita  a la Corte inadmitir el recurso interpuesto, por  dos  razones,  (1) porque la pena privativa de la libertad máxima prevista para  los  delitos  imputados al implicado no supera  los ochos (8) años  y  el  impugnante  no acredita su procedencia por la vía de la vía excepcional, y  (2)  porque  el  desarrollo  del  cargo  no se ajusta a la técnica del recurso.   

SE        CONSIDERA:   

Independientemente de si el recurso en el caso  analizado  debía  plantearse   por la vía de la casación común, como lo  propone  el  libelista,  o  de  la  casación  excepcional,  como  lo postula el  representante  del  Ministerio  Público, es evidente que la demanda presentada,  en  ninguno de las dos eventualidades, reúne las exigencias mínimas requeridas  por  los artículos 205 inciso tercero y 212 del estatuto procesal penal para su  admisión en trámite.   

El  planteamiento  del  recurso  por  la vía  excepcional  o  discrecional  presupone el cumplimiento de tres condiciones: (i)  manifestación  expresa  de la voluntad de acceder a la casación por esta vía,  (ii)  justificación  de  la   necesidad  de intervención de la Corte para  buscar  el  desarrollo de la jurisprudencia o la preservación de las garantías  fundamentales,  y  (iii)  que  la  demanda  satisfaga las exigencias mínimas de  forma  y  contenido  exigidas  para  su  estudio  por  la  ley y la técnica del  recurso.   

Su  planteamiento  por  el  sendero  de  la  ordinaria  o común, solo se exige el cumplimiento de la tercera exigencia, esto  es,  que  la  demanda satisfaga los requerimientos mínimos de forma y contenido  señalados  en  la ley, y las que  impone la técnica del recurso según la  causal  de  casación  alegada. Las primeras se hallan previstas en el artículo  212  del  estatuto  procesal  penal,  siendo  pertinente  destacar  la  tercera,  relativa  a  la  indicación  clara  y  precisa  de la causal alegada, del cargo  formulado, y de sus fundamentos de hecho y de derecho.   

En el caso que es objeto de examen la demanda  no  satisface  ninguna  de  las  exigencias mencionadas, pues nada dice sobre la  pretensión  de  recurrir  en  casación  por  vía  excepcional, no acredita su  procedencia   frente   a   los   específicos   fines  establecidos  en  la  ley  (unificación   de   la   jurisprudencia   o   protección   de  las  garantías  fundamentales),  y  el escrito de demanda que presenta no colma las expectativas  de  fundamentación  mínima  requeridas  para que pueda ser declarada en forma.   

Como  se recuerda, el casacionista plantea un  cargo  al amparo de la causal primera, cuerpo primero, por violación directa de  la  ley,  pero en lugar de plantear cuestiones de carácter puramente jurídico,  como  corresponde  hacerlo  cuando  se acude a este tipo de censura, se dedica a  cuestionar  la  valoración  que los juzgadores hicieron de la prueba, desviando  el  ataque  al  campo  de la violación indirecta, lo cual, de suyo, implica una  contradicción  en  los  términos  de  la  propuesta,  que impide comprender de  entrada el alcance de la impugnación.   

Pero  lo  que  torna  formalmente  inepta  la  demanda  no  es en el fondo este yerro, que bien podría considerarse superable,  sino   el  hecho  de  que  el  actor   tampoco  demuestra  los  errores  de  apreciación  probatoria  que finalmente invoca, pues como ya se dejó visto, se  limita  a sostener que los juzgadores violaron las reglas de la sana crítica en  la   apreciación   de  la  prueba  reina,  y  que  también  se equivocaron al afirmar que se trataba de una  prueba  tardía,  sin  definir  la  clase  de  error  cometido,  y  sin entrar a  demostrar  su  existencia  y  trascendencia  en  la  decisión  impugnada.    

Insistentemente  la  Corte  ha  sostenido que  cuando  se  plantean  en casación errores de apreciación probatoria, el ataque  debe  encauzarse  por  la  vía de la causal primera, cuerpo segundo (violación  indirecta),  y  que  en su fundamentación el impugnante debe indicar, de manera  clara  y  precisa,  la  clase de error cometido (si de  existencia,   identidad,   raciocinio,   legalidad   o  convicción),  la  prueba  sobre  la  cual recayó el error, los fundamentos del  cargo    (demostración   de   la   existencia   del  error)  y  las  implicaciones  que el error tuvo en el  fallo, nada de lo cual se esfuerza en realizar el censor.   

Si  lo  pretendido  era  demostrar  que  los  juzgadores   valoraron  la  prueba  reina  con  desconocimiento  de  las  reglas  de la sana crítica, debió  invocarse  error  de  raciocinio  e  indicarse  la  forma  como  se  llegó a su  violación  (si  por inobservancia de un principio de  la  lógica,  una regla de experiencia o un postulado de la ciencia),  y  si  lo  que  pretendía  acreditarse  es que fue indebidamente  excluida  del debate por aducción tardía, debió alegarse error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  y  demostrarse  que la decisión del juzgador era  equivocada, cometidos que el casacionista incumple.    

    

Aparte   de   la   manifiesta  ausencia  de  fundamentación,  el  cargo,  ab  initio,  deviene  contradictorio,  si se da en  considerar  que  el  error por desconocimiento de las reglas de la sana crítica  presupone  que  la  prueba  fue aceptada y valorada en su fuerza suasoria por el  juzgador,  es  decir, que produjo efectos probatorios, en tanto que el error por  exclusión  de la prueba por defectos en su aducción, implica que no se la tuvo  en  cuenta,   que  no  se  la  valoró,  y por consiguiente, que no generó  consecuencias de índole probatoria.    

Visto, entonces, que la demanda no cumple las  exigencias  mínimas  requeridas  para  su  admisión,  y  que  no  se advierten  violaciones  de  garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté  en el deber de  proteger  a  través de la facultad oficiosa que le confiere el artículo 216 de  la  ley  600  de 2000, se la inadmitirá y se ordenará devolver el expediente a  la oficina de origen.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  Carlos Arturo Cuadros Minotta.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ               ALFREDO GOMEZ  QUINTERO               

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                   MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARON               

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES             YESID   RAMIREZ  BASTIDAS               

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

1  Folios 1-2 , 14-15 y 58 del cuaderno original 1.   

2  Folios  422-427, 557 – 578  del cuaderno original 2.   

3  Folios 597-608 ídem.     

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