25612(11-04-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25612   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente:   JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado    en     Acta   No.   049   

Bogotá, D. C., once (11) de abril de dos mil  siete (2007)   

Decide  la Sala el recurso de apelación  interpuesto  por  el  apoderado  del  doctor HERNANDO RAFAEL SANJUANELO MENDOZA,  ex   Juez  Noveno  Civil  del Circuito de Barranquilla, contra la sentencia  del  Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad,  mediante  la cual fue declarado  penalmente    responsable     por    el   ilícito   de   prevaricato   por  acción.   

HECHOS  

En  contra  del  FONDO  PASIVO  SOCIAL DE LA  EMPRESA  PUERTOS DE COLOMBIA (FONCOLPUERTOS) y a través de abogado titulado, 81  pensionados  instauraron  acción de tutela el 14 de agosto de 1996,  en la  ciudad  de  Barranquilla.   Dicha  acción  correspondió  por  reparto  al  Juzgado  Noveno  Civil del Circuito de la misma ciudad, donde fue admitida   mediante  auto  en  el  cual  se  ordenó  requerir al representante legal de la  entidad  accionada,  a  fin  de  que  informara “las  razones  que  ha  tenido  para  no  haberles  cancelado  a  los  accionantes los  dineros   por  concepto  de  la Reliquidación de sus prestaciones sociales  causados  por  la no inclusión de algunos factores salariales al momento de ser  liquidados,  incluyendo  la  diferencia  de prima o prima sobre prima y la prima  legal    y    en    consecuencia    la   cancelación   de   la   indemnización  moratoria”.   

Los  accionantes  solicitaron  cancelar  la  reliquidación  de  prestaciones  sociales,  con  todos los factores salariales,  conforme  a  la Convención Colectiva de trabajo,  la cual fue desconocida,  supuestamente,  por  la Empresa Puertos de Colombia -Terminal Marítimo de Santa  Marta-;   además,  pidieron cancelar la indemnización moratoria.  La  petición  se fundó en el derecho a la igualdad ante la ley y al pago oportuno,  artículos  13  y  53  de  la  Constitución  Política,  porque la entidad  accionada  había  cancelado  la reliquidación de prestaciones sociales a otros  ex trabajadores que se hallaban en las mismas condiciones.   

Una  vez  puesta  en  conocimiento  sobre la  tutela  instaurada,  la entidad accionada indicó, mediante escrito de agosto 22  de  1996,   que  no  se  encontraba  en posibilidad de brindar información  sobre  81  accionantes,  cuya  identificación no se le suministraba,  pues  luego  era  necesario  buscar  la radicación y efectuar un dispendioso trámite  para  establecer  la realidad fáctica del derecho pretendido, previo a resolver  la  petición.   En  consecuencia,  solicitó  ampliar  el plazo concedido,  sobre   lo   cual   no   se   efectuó  pronunciamiento  alguno  por  parte  del  juez.   

Al proferir el correspondiente fallo (agosto  28  de  1996),  el  Juez  Noveno  Civil del Circuito de Barranquilla amparó los  derechos  invocados, tras analizar el derecho a la igualdad como la inexistencia  de  excepción  o privilegio entre los individuos que se encuentren en idéntica  situación.   Destacó  que  “a  trabajo  igual,  salario igual” y, por  tanto,  cuestionó  la  existencia  de distintos sindicatos (Barranquilla, Santa  Marta,  Cartagena,  Buenaventura  y  Tumaco) en una sola empresa como Puertos de  Colombia,   de   lo   cual   concluyó   que  debía  aplicarse  la  norma  más  favorable;    además,   como   la   entidad  accionada  no  respondió  la  tutela,  entendió que aceptaba los hechos.   

La Corte Constitucional seleccionó la tutela  para  revisión  y  mediante  fallo  No.  T-575 de 1997,  ordenó compulsar  copias   a  la  Fiscalía  General de la Nación, a fin de que se iniciaran  las  investigaciones penales tendientes a establecer responsabilidades  por  la  posible  comisión de delitos en la iniciación, trámite y decisión de las  acciones de tutela.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

    

1.   La  Fiscalía  Seccional  de Cundinamarca, Unidad Especial de Foncolpuertos, inició  investigación   con   fundamento   en  las  copias  compulsadas  por  la  Corte  Constitucional  y encontró que varios de los accionantes de la tutela tramitada  ante  el Juez Noveno Civil del Circuito de Barranquilla, habían incurrido en un  concurso  de  conductas punibles de fraude procesal y estafa agravada, en razón  de    lo    cual   les   impuso   medidas   de   aseguramiento   de   detención  preventiva.     

    

1.   La  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Barranquilla, por su  parte,  inició  investigación penal contra HERNANDO RAFAEL SANJUANELO MENDOZA,  cuya  calidad de Juez Noveno Civil del Circuito se acreditó y, en consecuencia,  fue llamado a indagatoria.     

En   dicha   diligencia   el   funcionario  investigado  aceptó  haber  admitido  y  fallado  favorablemente  la acción de  tutela   que   interpusieron  varios  pensionados  de  FONCOLPUERTOS,   con  fundamento   en   la  Constitución  Nacional,  artículos  13  y  53  y  en  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional que para la época había otorgado  esos  beneficios.   Agregó  que su providencia ordenó adoptar las medidas  tendientes  a resolver la falta de equidad con los peticionarios, conforme a los  mismos  criterios  que en su momento sirvieron de base para reconocer y liquidar  a  otros acreedores laborales de esa misma entidad,  pues a los accionantes  no se les habían incluido algunos factores salariales.   

Afirma que hizo estudio comparativo y que por  ello  fue  que  ordenó  adoptar  las mismas medidas que sirvieron en un momento  dado   para   liquidar   a   otros   acreedores;    además,  destacó  que  FONCOLPUERTOS   no  dio  respuesta  a  la  tutela,  ni  impugnó  la  sentencia.   

Señaló que tenía competencia para conocer  de  la tutela, toda vez que FONCOLPUERTOS está en todo el territorio nacional y  tiene   puertos   en  Barranquilla,  Buenaventura,  Tumaco,  Cartagena  y  Santa  Marta.   

3.  El 30 de junio de 2004, la Fiscalía  Delegada   ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  profirió  medida  de  aseguramiento  contra  HERNANDO  RAFAEL  SANJUANELO  MENDOZA,  en  su condición  de   Juez  Noveno  Civil  del  Circuito  de  Barranquilla, por el delito de  prevaricato  por  acción,  definido  y sancionado en el Código Penal anterior,  artículo  149,  modificado por la Ley 190 de 1995, artículo 28 y sustituyó la  medida de aseguramiento de detención preventiva por domiciliaria.   

La defensa impugnó y sustentó oportunamente  el  recurso  de  apelación contra dicha decisión,  la cual fue confirmada  el  25  de  octubre  de  2004 por la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de  Justicia.   

4.   Luego  de  clausurada  la  etapa  instructiva,   mediante  resolución de enero 3 de 2005,  la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Barranquilla acusó al procesado como  presunto  responsable  del  delito  de  prevaricato  por  acción, conforme a lo  dispuesto  en   la  norma  vigente  para  el  momento en que ocurrieron los  hechos,  en virtud del principio de favorabilidad.  La conducta punible por  la  cual  fue  llamado  a  juicio  fue  entonces  la descrita y sancionada en el  Código  Penal  anterior,  Ley 100 de 1980, artículo 149, modificado por la Ley  190    de    1995,    artículo    28,     cuyo   tenor   literal   es   el  siguiente:   

“El   servidor  público  que  profiera  resolución  o  dictamen  manifiestamente  contrario  a  la  ley,  incurrirá en  prisión  de  tres  (3)  a  ocho (8) años, multa de cincuenta (50) a cien (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones    públicas    hasta    por    el    mismo    tiempo   de   la   pena  impuesta.”   

La  resolución de acusación fue confirmada  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, el 28 de  febrero  de  2005, al desatar el recurso de apelación interpuesto por el doctor  HERNANDO  RAFAEL SANJUANELO MENDOZA, quien se desempeñó como Juez Noveno Civil  del Circuito de Barranquilla.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,   declaró   penalmente   responsable   al  doctor   HERNANDO  SANJUANELO  MENDOZA, en su calidad de Juez Noveno Civil del Circuito de la misma  ciudad,  como  autor  del delito de prevaricato por acción,  acorde con el  Código  Penal  vigente para el momento en que ocurrieron los hechos (Ley 100 de  1980),   artículo   149,   modificado   por  la  Ley  190  de  1995,  artículo  28.    En  consecuencia,  le  impuso pena de prisión de cuarenta (40)  meses,  la inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas por  el  mismo término y multa equivalente a cincuenta y seis (56) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes; además, le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y le concedió la prisión domiciliaria.   

Como fundamento de la decisión, se señaló  que  el  juez  no  analizó  “donde  se  produjo  la violación” y optó por  plantear   argumentos   desacertados,   pues  se  adentró  en  el  asunto,  desconociendo  que  la  tutela  es un mecanismo excepcional para hacer valer los  derechos  fundamentales,   cuando  el afectado no disponga de otro medio de  defensa  judicial.    Insiste  en que desde un comienzo se desconoció  la  improrrogabilidad de la competencia que consagra el Código de Procedimiento  Civil, artículo 13.   

Descartó,  entonces,  el  argumento  de  la  defensa  según  el  cual,  el artículo 86 de la Constitución le otorgaba  facultad  para conocer de la tutela, sin limitación alguna, y concluyó que, la  competencia  para conocer del asunto, en principio, estaba radicada en la ciudad  de  Santa  Marta,   dado  que  era esa la residencia de los accionantes, la  sede  de  la  accionada y el lugar donde se produjo la violación,  lo cual  no  significa  que  la  cuerda procesal viable fuera la acción de tutela,   para  lo  cual  citó decisiones de la Corte Constitucional (C-155 A/93) y de la  Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia (junio 29 de 1995).   

Consideró  además,  que  al tratarse de un  asunto  meramente  laboral,  también podría predicarse falta de jurisdicción,  al  tenor del Decreto 2158 de 1948, adoptado por el Decreto 4133 del mismo año,  artículo  2,   la  cual  fue  ampliada  por  la Ley 362 de 1997, artículo  1;   de ahí que al reconocer el pago de acreencias laborales a pensionados  de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia,   se  incurrió  en  el  delito  de  prevaricato  por  acción,  acorde  con  lo  planteado  por  la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,   en octubre 2 de 2003, radicado No.  21.348.   

Agregó que:  

“De  otra parte, tal como se ha entendido  en  Jurisprudencias  de la Corte Suprema de Justicia, en este sentido el dolo se  traduce  en el conocimiento que debía tener el doctor  HERNANDO  SANJUANELO  MENDOZA,  de  la  manifiesta  ilegalidad  de  la decisión  proferida,   con   conciencia   de   que   con   tal  determinación  estaría  vulnerando el bien jurídico de la recta y equilibrada  administración  de justicia, sin que sea menester demostrar el móvil que guió  la acción del funcionario.   

Por  lo  que  es valido (sic) mencionar que  bastaba  solo  que  el doctor HERNANDO SANJUANELO MENDOZA como Juez Noveno Civil  del   Circuito   tuviera   conocimiento   de   que   la  decisión  se  apartaba  ostensiblemente  de  la ley, sin que importen ingredientes adicionales, como por  ejemplo  el  interés  de  favorecer  o  perjudicar a una de las partes y que se  quiera    su    realización    por    animadversión,    simpatías   u   otros  intereses”.   

Seguidamente  hace alusión a lo establecido  por  la  Corte Suprema de Justicia sobre la agravación punitiva cuando el hecho  es  cometido  por un juez de la república y acoge lo planteado por la Fiscalía  en  el sentido de que se ha comprobado que ordenó el pago aduciendo un supuesto  derecho  a  la  igualdad, sin sustento probatorio, lo que conllevó a generar un  perjuicio  en  el  patrimonio del Estado y la vulneración del bien jurídico de  la  Administración  Pública,  además, lesionó la confianza de los ciudadanos  en  sus  altos  funcionarios de la Administración Pública, a quienes se les ha  encomendado  la  administración  de  justicia  y aunque el funcionario no pueda  responder   por   la  conducta  de  los  accionantes,  ello  no  lo  exonera  de  responsabilidad.    

Citó precedente del mismo tribunal,  en  el  que  se  dijo  que:  para alejarse de la preceptiva del Decreto 2591 de  1991,   artículo   37,   sólo  habían  dos  caminos:   considerarlo  inconstitucional   y  separarlo  del  ordenamiento  jurídico  con  base  en  el  artículo  4  de  la  Carta,  o  apoyarse  en  una de las fuentes auxiliares del  derecho,   que  en este caso no podía ser otra que la jurisprudencia de la  Corte  Constitucional;   en  consecuencia, en este caso, solo se suplió la  voluntad  del  soberano,  por  la  del  juez;   máxime que el artículo 37  había  sido  declarado  exequible  mediante  sentencia  C-054  de febrero 18 de  1993.   De ahí que ningún asidero tenga la posición de la defensa,   al  indicar que el artículo 1 del mismo decreto lo facultaba para conocer de la  tutela  y  por  el  contrario,  se  desconocieron  los  artículos  6  y  37 del  multicitado decreto.   

Luego  de  transcribir  textualmente  parte  considerativa  del fallo de tutela cuestionado, que obra a fls. 955 del cuaderno  cuatro,   concluye  que  el  funcionario acusado sí ordenó el pago de las  reliquidación  de  prestaciones  sociales,  a  pesar  de reconocer el carácter  laboral del asunto, según se desprende de su argumento.   

En el acápite de la “Tipicidad”, señala  que   son   dos   las   imputaciones   reprochables   que   se  le  formulan  al  acusado:   

    

* Actuar  sin  competencia  territorial  y ordenar ilegalmente el  pago  de  las prestaciones sociales, dada la existencia de otro medio de defensa  judicial y la ausencia de perjuicio irremediable.   

* Ordenar  el  pago  de  dichas  acreencias,  con conciencia de que su  decisión era ostensiblemente contraria a la ley.     

Agrega que existió antijuridicidad formal y  material,  pues  la  conducta  no  estuvo  acompañada  de ninguna justificante,  además  existió daño para la administración de justicia, ya que lo protegido  es  el  cumplimiento y acatamiento estricto de una delicada actividad como es el  servicio público.   

En relación con la culpabilidad, planteó la  imputabilidad   del   procesado   y  su  conocimiento  de  la  norma,   que  anteriormente  no le había ocasionado ningún problema;  por tanto, tenía  conocimiento  de  la  antijuridicidad  de  su comportamiento y se determinó con  base  en  ello, desconociendo los mandatos constitucionales y legales, aunque se  ignoren los motivos que lo llevaron a actuar así.   

Al  dosificar la pena,  se ubicó en el  primer  cuarto (de 36 a 51 meses)  ya que la posición distinguida del juez  en   la   sociedad   no  se  le  imputó  en  el  pliego  de  cargos,  como  era  obligatorio;    sin   embargo,   incrementó   el  mínimo  en  cuatro  (4)  meses   al  señalar que se trata de un ex  juez que obró contrario a  derecho.   

Condenó  en  abstracto  por  los perjuicios  materiales,  pues  no está probado a ciencia cierta el monto específico (arts.  96 y 97 del Código Penal).   

LA   IMPUGNACION  

1.   Dentro de la oportunidad legal, el  abogado  defensor sustentó el recurso de apelación interpuesto y planteó como  argumentos de disenso, los siguientes:   

1.1.  La decisión impugnada ha recogido  las  jurisprudencias  de la Corte Constitucional,  lo que en su criterio no  puede fundamentar la sentencia condenatoria en materia penal.   

1.2.   El   Tribunal  presentó  una  mera  justificación  formal,   pues  el  delito de prevaricato encierra  un  elemento  normativo  específico  del  tipo, que como tal, exige una valoración  jurídica  especial  y  concreta, la cual tiene que ir más allá de señalar la  corrección  o incorrección del argumento;  además,  debe analizarse  el  ingrediente  subjetivo   de  la plena conciencia del funcionario de que  actúa  contrario  a  la  ley,   dado que no es cualquier desacierto el que  constituye  prevaricato.   En  consecuencia,  considera  que  no se dan los  elementos  estructurales  del delito;  máxime si se tiene en cuenta que un  juez   puede   equivocarse,   pero  la  ley  ha  consagrado  mecanismos  de  impugnación   para   que  el  superior  jerárquico  se  pronuncie.     

1.3.  No comparte el planteamiento según el  cual,    el  procesado  debía  tener  conocimiento  del  Decreto  2591  de  1991,    que   le  impedía  asumir  la  competencia,    pues  se  fundamentó  en  sentencias como T-230/94, T-234/94, SU 569/96 y T-001/97,   en  las  que  tanto  jueces como magistrados  habían concedido el amparo a  unos  y  negados la protección a otros.  La jurisprudencia era cambiante y  no  se  había   dictado  la  sentencia  T-001  de  1997,  en  la  cual  se  estableció  definitivamente  que  no era la acción de tutela el medio adecuado  para solicitar el pago de acreencias laborales.   

1.4.  Señala que el artículo 86 de la  Constitución  está  por  encima  de  cualquier  decreto, y le otorgaba al juez  competencia,   sin   limitación   alguna;    además,   dichas    limitaciones  sólo fueron establecidas con posterioridad, en el decreto 2591 de  1991.   

1.5.  Cuestiona  la  referencia  que hace el  Tribunal  a  una  decisión  de  la  Corte  Suprema de Justicia (de octubre 2 de  2003),   pues  sin  mayor esfuerzo se concluye que allí se hace alusión a  un  caso en que se desplazó al juez natural, laboral y lo que hizo su defendido  fue  proteger  los  derechos  fundamentales  vulnerados  precisamente  el  de la  igualdad.   

1.6.  Considera  que  el a-quo confundió la  antijuridicidad  con  la  culpabilidad, que no puede presumirse el dolo y menos,  si  no  existe  prueba de la motivación; además,   el Dr. SANJUANELO  ha  insistido  en  que  estaba convencido de actuar revestido de una competencia  general.   

Además,  el dolo lo dedujo del conocimiento  que  debía tener su representado sobre la manifiesta ilegalidad de la decisión  proferida,   sin  que  fuese  necesario demostrar el móvil y agregó   “como  para  tener en cuenta para los efectos de la  agravación  punitiva  del  prevaricato  cuando  se  trata  de  un  Juez  de  la  República  y  para  ello  de  nuevo  la  Honorable  Sala  recurre  a otra larga  jurisprudencia  de  la  Honorable  Corte  Suprema de Justicia febrero 17 de 1981  para,  sin  argumento  alguno  por  parte de    la    corporación,    dar    por    sentado    la    coducta  prevaricadora…”.   

2.   Una vez vencido el término de  traslado   al  recurrente,   se  corrió  traslado  secretarial  a  los  no  recurrentes,   pero  los  demás  sujetos  procesales no hicieron uso de la  oportunidad procesal para pronunciarse.   

CONSIDERACIONES  

1.  De conformidad con lo estipulado en  el  numeral  3° del artículo 75 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),   compete  a  la  Sala  de  Casación  Penal,  resolver  las  apelaciones  interpuestas  en  los  procesos  que  conocen  en primera instancia las Salas de  Decisión  Penal  de los Tribunales Superiores de Distrito Judicial.    En  consecuencia, debe resolverse la impugnación aquí planteada, acorde con lo  dispuesto  en  el  artículo  204  ibídem;   es  decir,  limitando el  pronunciamiento  al objeto de impugnación y a lo inescindiblemente vinculado al  mismo.   

    

1. Todos los  argumentos  defensivos  planteados  en  la  impugnación,  están  orientados  a  señalar   que  el  doctor  HERNANDO  RAFAEL  SANJUANELO  MENDOZA,  ex  Juez  Noveno  Civil  del Circuito de  Barranquilla,  no  incurrió  en  el  ilícito  de  prevaricato  por  acción al  admitir,   tramitar   y   fallar   la   acción   de  tutela  instaurada  contra  FONCOLPUERTOS.   En  consecuencia, debe dilucidarse en primer lugar cuándo  se configura tal ilícito.     

Sobre   el   delito   de  prevaricato  ha  manifestado la Corte que:   

“…  se  configura  cuando  el  servidor  público,  en  ejercicio  de  las  funciones  oficialmente discernidas, profiere  resolución  o dictamen ostensiblemente contrario a la norma jurídica aplicable  al  caso,  haciendo  prevalecer su capricho a la voluntad de la ley, y afectando  de  este  modo  la  integridad  del  ordenamiento  jurídico y con ello la de la  administración pública a cuyo nombre actúa.   

La  realización  de  la conducta, y por su  puesto  su trascendencia social y jurídica, encuentra comprobación, como viene  en  juzgarlo  la  Sala, por medio del examen entre el mandato legal contenido en  las  disposiciones  aplicables  al  caso  y  la decisión del funcionario, y, de  igual  manera  a  través  de  la  acreditación  de si éste, de acuerdo con la  información  disponible  al  momento  de  resolver  el  asunto,  contaba con la  posibilidad  real  de  haber  podido  ajustarse  al  precepto normativo por cuya  transgresión  se le sindica, y, por tanto, si tenía conocimiento del carácter  delictivo  del  comportamiento  y,  a  pesar  de ello, voluntariamente optó por  realizar la conducta prohibida.   

No basta, por supuesto, la simple disparidad  con  el  ordenamiento  jurídico,  pues  si  nos atenemos al sentido literal del  texto,  es  menester  que  la  contradicción  sea de tal modo ostensible que no  quepa  la  menor  duda  de  que la decisión obedece a la pura arbitrariedad del  funcionario,  y no a una postura admisible dentro de los más amplios marcos del  derecho                  vigente”1.   

3.     Es    necesario,   por   consiguiente,  confrontar  el  contenido     de     las    decisiones    que    se  cuestionan   con las disposiciones aplicables al  caso,  para determinar si  aquéllas se ajustan a éstas, o constituyen una  interpretación  razonable,  pues de lo contrario, se  presentaría  una  manifiesta  contrariedad  con  la  ley  y  se tipificaría el  ilícito de prevaricato por acción.   

En  este caso, al  doctor       HERNANDO      RAFAEL      SANJUANELO  MENDOZA    ex   Juez  Noveno  Civil  del  Circuito  de  Barranquilla,  se  le  atribuye  una  conducta  prevaricadora,     con     fundamento     en    las  siguientes       actuaciones:       (i)   Asumir el conocimiento de una  acción  de  tutela para la cual no tenía competencia  y  (ii)   Amparar  a  través  de  la  tutela un  derecho    para    cuya    protección    existía   otro   medio   de   defensa  judicial.   

En  ese  orden  de  ideas,  la Sala se  ocupará  de  cada  una  de  dichas  decisiones, para  establecer         si         existió manifiesta contrariedad con la ley.   

     

1. Sobre la competencia en la acción de tutela:     

Dentro  del concepto de Estado de derecho se  encuentra  comprendida  la  obligación del Estado de establecer mecanismos para  la  resolución  de  los  conflictos,   la  cual  requiere  de una serie de  instituciones  y procedimientos  de obligatoria observancia, que garanticen  a los asociados, una recta y cumplida decisión sobre sus derechos.   

El  derecho fundamental al debido proceso ha  sido  consagrado  en  la  Constitución  Nacional,  artículo  29  como  el  conjunto  de  garantías previamente establecidas, que señalan la competencia y  el  trámite  de cada proceso judicial o administrativo, para la protección del  individuo  incurso  en una de dichas actuaciones;  de ahí que la tutela no  sea  la excepción y a pesar de su informalidad exige el cumplimiento de todas y  cada  una  de  las  garantías  procesales, a fin de que ninguna de las acciones  desplegadas por la autoridad tenga origen en su propio arbitrio.   

Es  cierto  que  el artículo 86 de la Carta  Política  no  limita  el  ejercicio  de la acción;  sin embargo,  la  disposición  constitucional  tiene que ser desarrollada para permitir el acceso  a  la tutela judicial efectiva y es por ello que el Decreto 2591 de 1991 reguló  los  requisitos  de  procedibilidad,  procedimientos y competencias a través de  los  cuales sería posible la admisión, trámite y definición de la acción de  tutela    

Concretamente la competencia para conocer de  la   acción   de  tutela  en  primera  instancia  se  encuentra  consagrada  en  el    Decreto    2591    de    1991,   Capítulo   II,  artículo  37, así:   

“Son  competentes  para  conocer  de  la  acción  de  tutela, a prevención, los jueces o tribunales con jurisdicción en  el   lugar  donde  ocurriere  la  violación  o  la  amenaza  que  motivaren  la  presentación de la solicitud”   

Esta norma fue declarada exequible mediante  sentencia  C-054  de  1993,  con el siguiente argumento:   

“La facultad de los jueces para conocer de  un  determinado  asunto  -en  este  caso la tutela- no es una facultad abierta o  ilimitada  sino  que  la  propia  Carta  ha contemplado la posibilidad de que la  autoridad  competente  someta  a  ciertas  reglas el conocimiento de los asuntos  judiciales,  en  virtud  del  principio  de legalidad. Cuando el Decreto 2591 de  1991,  expedido  por  autorización  y  de  conformidad  con  la  Constitución,  estableció  la  competencia  de  los  jueces  para  conocer  de las acciones de  tutela,  no  violó  el artículo 86 de la Carta sino que justamente hizo viable  su  realización  en  la  medida  en  que  fijó  parámetros racionales para la  realización   de   este   mecanismo  tutelar  y  así  garantizar  la  efectiva  protección de los derechos, que es uno de los fines del Estado”.   

Es  que si bien es cierto que la acción de  tutela  está  revestida de informalidad,  no puede desatenderse el mandato  legal       que       atribuye      competencias,  pues  a  pesar  de que el accionante puede escoger el  juez    de    primera    instancia    para   presentar   su   petición,   el  funcionario elegido debe  ser  aquél  que tenga jurisdicción en el lugar donde se produjo el acto lesivo  del derecho fundamental.    

Para    la  época  en que el procesado conoció de la acción de  tutela      (agosto      de     1996),   ya se había expedido la norma que fijaba la competencia a  prevención   (Decreto   2591   de   1991,   artículo  37),   existía  pronunciamiento  sobre  la  exequibilidad  de dicha norma  (C-054  de  1993)  y  la jurisprudencia constitucional  era    pacífica  al  sostener  que el juez llamado a resolver la tutela era  el    que    tenía    jurisdicción    en    el    sitio   donde   ocurriere    la    violación    o    amenaza    que   motivó   la  solicitud,  aunque  no  siempre  era  el lugar en que  físicamente   acontecieron   los   hechos  (como  la  expedición   de   una   resolución),  ni  el  del  lugar donde podría darse la  solución,   salvo   que  existiera  coincidencia  con  el  lugar  de  la  presunta violación   (T-458  de  1992,  T-611  de  1992,  T-574  de  1994,  T- 183 de 1995, Auto 044 de 1995 y Auto 046 de 1995).   

Más aún,  la Corte Constitucional en  sentencia  T-032  de  1994,  sostuvo  que el trámite de tutela responde a  un  procedimiento  determinado  en  la  Constitución y desarrollado mediante el  Decreto  2591  de 1991,  en cuyo artículo 37 se  reguló  la  competencia  a prevención para conocer en primera instancia;   por  tanto,  la pauta  para  determinar la competencia del juez de tutela era establecer el lugar donde  ocurriere    la    violación    o    amenaza    del    derecho   constitucional  fundamental  y  agregó  que  toda  decisión  judicial  que  contrariara  de  manera    clara   las   disposiciones   referidas,    debía   ser  investigada  por  las autoridades  competentes   (Fiscalía  General  de  la  Nación  y  Procuraduría  General de la República).   

En  este caso,  se   aportaron   unas  resoluciones  expedidas  por  el Gerente del Terminal  Marítimo  de Santa Marta,  unas   reliquidaciones   del   Director  del  Fondo  de  Pasivo  Social de la Empresa Puertos de Colombia  con  sede  en  Bogotá,  se indicó que en    esta    ciudad   tenía   su   domicilio   principal   dicho  fondo  y    a   pesar   de   que   estos   factores     no     determinaban  la  competencia,  nada permitía  inferir  que  la violación o amenaza que motivó la  tutela  había ocurrido en Barranquilla,  donde  tenía   competencia  el  procesado,  por  lo  cual,  se  concluye  que el juez  implicado  se abrogó una  competencia que no le correspondía.   

Además,  no es  de  recibo el argumento de que el funcionario actuó con convencimiento de estar  investido   de   competencia  general,  según    lo    dispuesto    en   la  Constitución   Política,   artículo   86,   pues  la  misma  providencia  cuestionada     inicia    sus   consideraciones   señalando   las      disposiciones   que   reglamentaban   la  tutela (Decretos 2591 de 1991 y 306  de   1992).    Además,   no   existía  duda  alguna  sobre   la  norma   que   atribuía   competencia  y        su        interpretación  uniforme por parte de la  Corte Constitucional.   

     

1. Sobre la subsidiariedad de la acción de tutela     

El Decreto 2591 de 1991, artículo 6, señala  como  una  de  las  causales  de  improcedencia  de  la  acción  de  tutela, la  existencia  de otros recursos o medios de defensa judiciales, salvo que aquélla  se    utilice    como   mecanismo   transitorio   para   evitar   un   perjuicio  irremediable.   

Es que, sólo la falta de idoneidad del medio  judicial  ordinario,  analizado  en  concreto,  torna  procedente la tutela; sin  embargo,    en    tal    caso,   únicamente   podría   otorgarse   de   manera  transitoria,    siempre   y   cuando    se   acreditara  un  perjuicio  irremediable.   No  puede  entonces el juez constitucional amparar derechos  fundamentales,     sin    realizar    el    obligado    análisis    de    tales  condiciones.   

En este caso el fallo de tutela proferido el  28   de   agosto   de  1996,  que  dio  origen  a  la  presente  investigación,  planteó   la   improcedencia  de  esta acción como medio paralelo de  protección  de derechos, dado su carácter subsidiario y, sin embargo, luego de  transcribir  los artículos 13 y 53 de la Constitución Política, se ocupó del  “principio  de  la  igualdad”  para  afirmar  que  es  aplicable a todas las  situaciones    de    desigualdad    “siempre    y   cuando   se   pruebe   tal  circunstancia”.   Dijo además que “el derecho a la igualdad se traduce  a  que  no  se  consagren  excepciones  o  privilegios  que  exceptúen  a  unos  individuos  de  los  que  se  conceden a otros en idénticas circunstancias” y  analizó  especialmente  la  igualdad  laboral  y salarial, con fundamento en lo  cual  concluyó  que  no  podían  coexistir  dos   o  más  sindicatos  de  base;   de ahí que si los puertos de Barranquilla, Santa Marta, Cartagena,  Buenaventura  y  Tumaco  formaban  una  sola  empresa,   no  podían  tener  diversas  convenciones  colectivas,   pues  ello  dejaba  en una situación  desventajosa   a   los  accionantes.   Finalmente,  al  considerar  que  se  encontraba  probada  la violación al derecho a la igualdad, ordenó amparar los  derechos invocados.   

La parte resolutiva de la sentencia de tutela  quedó así:   

“ 1. Conceder la presente ACCION DE TUTELA  …   

2.  Ordénase  al  FONDO   DE PASIVO  SOCIAL  DE  LA  EMPRESA   PUERTOS  DE COLOMBIA que dentro de las cuarenta y  ocho  (48)  horas  siguientes a la notificación de ésta providencia, proceda a  adoptar  las  medidas  para  que  por  parte de las dependencias competentes del  Fondo  y  respecto  de  las  peticiones  elevadas  por  los aquí accionantes en  tutela,  se resuelva de inmediato, con fundamento en los mismos criterios que en  su  momento  sirvieron  de  base  para  reconocer  y  liquidar  a favor de otros  acreedores  laborales  de  esa  entidad,  el  pago  de  la reliquidación de las  prestaciones  sociales  de  los  accionantes,  a la que tienen derecho por la no  inclusión  de  algunos  factores salariales al momento de ser liquidados, tales  como  compensados,  cenas  y  descansos,  horas  extras,  domingos  y  feriados,  incluyendo  la  diferencia de la prima o prima sobre prima y la prima legal, con  sus   respectivas  indemnizaciones  moratorias,  como  está  consagrado  en  el  artículo 65 del Código Sustantivo del Trabajo.   

    

1. Prevenir  al  FONDO  DE  PASIVO  SOCIAL  DE  LA  EMPRESA PUERTOS DE  COLOMBIA,  para  que  no  vuelva  a  incurrir  en  la violación de los derechos  fundamentales  aquí  protegidos  y en general, que se presenten hechos como los  que dieron lugar a ésta tutela…”     

Surge  evidente que el Juez Noveno Civil del  Circuito  de Barranquilla conocía la norma que señala el carácter subsidiario  de  la  tutela;   sin  embargo,   ningún  análisis efectuó sobre la  existencia  de  otros  medios de defensa con los cuales contaban los accionantes  en  concreto  y,  más  aún,  sin establecer la existencia de un perjuicio  irremediable decidió conceder la tutela de manera definitiva.   

Obsérvese   que   las   liquidaciones  de  prestaciones  podían recurrirse en vía gubernativa, tal como lo señalaban las  resoluciones  aportadas  al momento de instaurar la tutela y en caso de no sacar  avante  sus  pretensiones  a  través  de  esta  vía,  los accionantes contaban  además    con    la    posibilidad   de    acudir   a   la   jurisdicción  ordinaria.   

Puede  concluirse  entonces que la tutela se  utilizó  para  restar  eficacia  a  las liquidaciones efectuadas por la entidad  accionada,   por  tanto,  la  decisión  del  procesado,  al  amparar  una  mera  expectativa,  un  derecho  en  discusión,  deviene  totalmente  contraria  a la  disposición  legal;   máxime  si  para  emitir el fallo no se analizó la  existencia de un perjuicio irremediable.   

En  este caso, las pensiones ya habían sido  reconocidas  a  los  accionantes y éstos ni siquiera anunciaron una afectación  del  mínimo  vital;   en  consecuencia,  no  se  evidenció  el  perjuicio  irremediable  y,  en  este  aspecto,  el  procesado  pretermitió nuevamente las  disposiciones    del    Decreto    2591   de   1991,   artículo   62.   

Esta  conducta  tipifica el prevaricato, tal  como  lo planteó la Sala, al conocer de otro proceso de prevaricato por acción  contra  un juez que concedió una tutela en contra de FONCOLPUERTOS,  en la  cual dijo:   

“En la práctica, la pretensión de (…)  giraba  en  torno  de  unas  supuestas acreencias laborales, no sobre un derecho  prestacional  cierto,  ni  sobre  una  prerrogativa  fundamental que en realidad  estuviese   vulnerada.   Como  la  nivelación  de  la  pensión  era  una  mera  expectativa,  no una obligación jurídica ya reconocida de FONCOLPUERTOS, desde  ningún  punto  de  vista la acción de tutela era procedente, pues contaba para  abogar  por  tales  pretensiones  con el mecanismo jurídico idóneo, que era el  proceso ordinario laboral.   

Además,  para  aquella  fecha –  31  de enero de 1996- ya se había  consolidado  un  cuerpo de jurisprudencia uniforme, de la Corte Constitucional y  en  los  distintos  niveles  de  la  administración  de  justicia, en todas las  especialidades,  que  el Juez procesado ignoró por completo, y que recordaba la  improcedencia  de la acción de tutela cuando el ciudadano cuenta con otro medio  judicial,  salvo  que  pretenda  evitar  un perjuicio irremediable con un amparo  transitorio.   

Así,  por  ejemplo,  la Sentencia T-220 de  1994   (mayo   4),   que   limitó  expresamente  a  eventos  muy  concretos  la  intervención  del juez de tutela en materia de pensiones de jubilación, cuando  existía   mora  en  su  reconocimiento;  la  Sentencia  T-485  de  1994  (3  de  noviembre),  que  directamente  abordó  la  temática  de  los  otros medios de  defensa  judicial;  y la Sentencia T-015 de 1995 (23 de enero), que insistió en  que  ante  la  existencia  de otros medios judiciales, la tutela sólo procedía  transitoriamente para evitar un perjuicio irremediable.   

De  ahí  que,  no  alcanza  la entidad que  quiere  atribuirle  la  defensa al “momento histórico” cuando se emitió el  fallo  de segunda instancia de la acción de tutela promovida por (…), pues en  ese   “momento  histórico”  ya  se  había  decantado  en  lo  esencial  la  jurisprudencia  relativa  a los alcances y limitaciones de la acción de tutela,  que  fue  desechada  de  tajo en la motivación específica que contiene la  providencia   que   materializa  el  prevaricato”3.   

4. El análisis sobre la conducta del doctor  SANJUANELO  MENDOZA  se  ha  centrado  en la disposición constitucional y en la  normatividad  que  regulaba  el  trámite de la  tutela (artículo 86 de la  Carta  Política  y  Decreto  2591  de  1991);  de ahí pudo concluirse que hubo  desconocimiento  de  los  elementos  básicos  que  regulan  la acción, pues se  actuó  sin  competencia, no se evaluó la existencia de otros medios de defensa  judicial,  e  incluso  se  ampararon  de  manera  definitiva  derechos que sólo  habrían  podido  protegerse  transitoriamente, luego de determinar que existía  perjuicio irremediable.   

En relación con las providencias allegadas  por  la  defensa  para  sustentar  que el procesado se fundó en los precedentes  judiciales,   debe  advertirse  que  ninguna de  ellas  fue  invocada  al  momento   de   proferir   el   fallo   y   por   el  contrario,     son  dichas  decisiones  las  que    contribuyen   a   establecer   la   falta   de   sustento  jurídico  y  fáctico  de   la  decisión  aquí  cuestionada,   dado  que   la   protección   del   derecho   a   la  igualdad     se     fundó     en  unas  Convenciones  Colectivas que  no  obraban  como  prueba;  es decir que se dio  crédito  absoluto a lo planteado por los accionantes  y,  además,   no  se  efectuó  test  de ponderación concreto,    como   lo   hizo   la  Corte Constitucional en la sentencia T-230 de 1994  (citada por la defensa), en    la    cual    se   realizó   una   comparación  gráfica  sobre  la  situación, que  permitió  establecer la  situación  de  desventaja;   además,  en dicha providencia, se    hizo   un   análisis   constitucional   del   principio   de  igualdad.   Estudio  similar   aparece   en  las  sentencias  SU  569    y    570de  1996   y  547  de  1997  (también   citadas   por  la  defensa),  en las que  se  protege  el  derecho  a  la  igualdad  pero  siempre  con  fundamento  en el  acervo    probatorio  allegado    al    expediente,    del    cual    se  desprendía             inequívocamente      el      trato     discriminatorio     con     los  accionantes.   

Sostuvo   la  defensa  que  sólo   con   la   T-001   de  1997  se  decidió  definitivamente  que  no procedía el pago  de  acreencias  laborales  a  través  de  la  tutela,   pero incluso en la  T-234 de 1994   que  se  trae   a   colación   en   la  impugnación,   se   negó  el  amparo  de  los  derechos  del  accionante,  a pesar del  grave   perjuicio   que  se  le  causó,  porque  no  encontró    la    inminencia    de    un    daño  irreparable;   en  consecuencia,  se señaló que existía un medio de  defensa  judicial  y  con  el  argumento  señalado  no  procedía  tampoco como  transitoria.   

Se corrobora con la prueba aportada por la  defensa,    que   la  jurisprudencia       de      la      Corte      Constitucional      consideraba        improcedente  ordenar  el pago de obligaciones laborales a través  de   la   tutela,   excepto     cuando     el     medio     ordinario      no     era    idóneo,    atendiendo    las  circunstancias  específicas del actor;  de ahí  que  no  fuera      posible      conceder   de   manera   masiva   e   indiscriminada   el   amparo  judicial.   

Se    concluye    que    en  este  caso,  la  decisión no estuvo  guiada  por  el  precedente,   tal  como  quiere  hacerlo  ver  la  defensa;  incluso    el   fallo   no   encuentra  respaldo  en  la prueba que obraba en el expediente,  tampoco  se  allegaron  copias  de  las  Convenciones  Colectivas en que se fundó, no se  analizó  la  naturaleza  de  los diferentes puertos  marítimos  y  sin  confrontar  la situación de los  accionantes  con la de otros pensionados,   decidió  aplicar el principio  de  igualdad  según  su  personal    convicción  jurídica.   

5.   Sobre  el  actuar  doloso  en  el  delito de prevaricato por acción,  ha dicho la  Sala:   

“el  actuar  doloso  en  el  prevaricato  requiere  entendimiento  de la manifiesta ilegalidad de la resolución proferida  y  conciencia  de que con tal proveído se vulnera sin derecho el bien jurídico  de  la  recta  y  equilibrada  definición  del  conflicto  que  es  sometido al  conocimiento  del servidor público, quien debe producir una decisión ceñida a  la  ley  y a la justicia, lo cual no sucedió en este caso, pues sin demostrarse  los  presupuestos  básicos  para  conceder  la protección de cualquier derecho  fundamental,  se  itera,  la  inexistencia  de  otro  mecanismo  judicial  y  la  demostración  de  un  perjuicio  irremediable,  el doctor (…), de plano y sin  soporte  jurídico que haga siquiera pensar a esta Sala que era posible irse por  el  sendero  escogido  por  él,  decidió conscientemente apartarse de  la  voluntad  del  constituyente  y  del  legislador”4.   

Se  destaca que el procesado cita la norma  constitucional  y  legal  (artículo  86  de  la Constitución y Decreto 2591 de  1991)  para  desconocerla  y  ello  contribuye  a  confirmar  que  optó libre y  voluntariamente  por  apartarse  de  ella,  sin  soporte    jurídico,    ni    probatorio,    tal    como    se    afirmó    en  precedencia.   

El  procesado  contaba  con  una  amplia  trayectoria  profesional,   ya  que  se  había titulado como abogado en el  año  1974  y  desde  entonces  ocupó diversas posiciones importantes y de gran  responsabilidad,   específicamente  desde el 8  de   noviembre   de   1993   ostentaba   el   cargo  de  Juez Noveno Civil del Circuito de Barranquilla y  para    esa   época   los   ciudadanos   acudían  frecuentemente  a  la  tutela  como  mecanismo  de  protección  de sus derechos  fundamentales;   por  tanto,  el trámite de la  acción   no   era   extraño   para  el    funcionario,   quien     sabía     de    su   improcedencia   cuando   la   ley  contemplaba  los  mecanismos  ordinarios  idóneos  y  efectivos para proteger los  derechos   comprometidos,  sin  embargo,     luego    de    plasmar    esa  exigencia   en   el   fallo  de  tutela,   resolvió  de manera definitiva el asunto, sin evaluar la  existencia  en  concreto de tales medios, ni la de algún perjuicio irremediable  que tornara procedente la tutela como mecanismo transitorio.   

Aunque  es  cierto,  como  lo  afirma  la  defensa,  que  no  se  ha  demostrado el móvil del funcionario para adoptar tal  decisión,   la   esencia   de  la  figura  no  exige  la  comprobación  de  la  finalidad,   pues  aunque  esta  resultara  irrelevante o incluso noble, no  desvirtuaría el ilícito de prevaricato.   

6.  El ilícito que aquí se sanciona,  lesiona  el  bien  jurídico  de  la  administración pública y  afecta al  Estado,    dado   que  el  desconocimiento  de  la  norma  superior  o  las  disposiciones  legales,   generan  desconfianza   en  la  comunidad  y  evidencian  que  el  funcionario  ignora  precisas  disposiciones que le imponen  sometimiento al imperio de la ley.    

Al    respecto    ha    sostenido   la  Sala:   

“Por  todo lo anterior, como síntesis de  la  real  conformación del bien jurídico administración pública, se dice que  esta  es  vulnerada  cuando  el  servidor  del  Estado es desleal, cuando genera  desconfianza,  cuando  falta  a sus deberes, cuando se aleja del cumplimiento de  la  ruta normal de sus quehaceres. Y no se trata, desde luego, de la mera ofensa  al  cumplimiento  de  las obligaciones, ni de la simple infracción al deber. Se  trata  de lo explicado que, en resumen, se palpa en el comportamiento desplegado  por el servidor y en la percepción que del mismo se tenga.   

Ya descendiendo a la normatividad legal, al  Código  Penal –de 1980-,  es  claro  que,  frente a su artículo 149, el servidor público que  emite  concepto,  es  decir,  que dictamina sobre un asunto penal en el que interviene,  contrariando  ostensiblemente la ley, desconoce la Constitución Política y con  ello  realiza  en  su integridad el artículo 4º. el estatuto penal mencionado,  que  entiende  como  materialmente  antijurídica aquella conducta objetivamente  típica  que lesiona, sin justa causa, el bien jurídico tutelado”5.   

Acorde  con lo expuesto,  contrario a  lo  que  pretende  la  defensa,   puede  afirmarse  que concurren todos los  elementos  estructurales  del  delito  de  prevaricato  por  acción,     dado    que    las           decisiones  fueron  manifiestamente  contrarias     a  la ley y se profirieron con conocimiento, conciencia  y  voluntad;  por tanto,  debe confirmarse  la sentencia objeto de recurso.   

7.       La      Corte     encuentra    que  la  sentencia proferida en primera  instancia por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Barranquilla,  partió   de  la  pena  mínima  y  la incrementó  en  cuatro  (4)  meses,  por la calidad de     juez     que     ostentaba     el     procesado,  así:   

“Por  cuanto  tampoco  se  puede  pasar por alto al momento de fijar la presente sanción, que  se  trata  de  un  ex  –  juez  el  cual  estando  en  la trascendental función y obligación de impartir  pronta,  cumplida  y  debida  justicia obró contrariando el orden jurídico, es  por  ello  que  se incrementa el mínimo por lo menos en cuatro meses mas;   sin   pasar   los   límites   que  sugiere  la  nueva  legislación”.   

Tal  decisión debe corregirse,  dado  que   no   es  procedente  el  incremento  de  pena  por  la  circunstancia  genérica  de  la  posición  distinguida  del doctor SANJUANELO MENDOZA, tal como  lo   ha   sostenido   recientemente   la  Sala,  en  providencia cuyos apartes se transcriben:   

“…Como  el  artículo  149  del Código  Penal  de 1980, modificado por la Ley 190 de 1995, que sancionaba el prevaricato  por  acción  con  prisión de 3 a 8 años, resulta aplicable por favorabilidad,  se  tiene,  entonces que al (…) implicado en este asunto, corresponde una pena  de prisión de tres (3) años.   

4.3.2 De seguirse por completo la dinámica  del  A-quo  se  tendría  que  aumentar  esa  pena  de  3  años,  en  2  meses,  correspondientes  a  la  “posición  distinguida  del agente”. Pero, como se  anticipó,  la evolución jurisprudencial descarta esa condición como factor de  incremento  de  la  sanción  a  imponer,  cuando  se trata de delitos de sujeto  activo calificado.   

El  numeral 11 del artículo 66 del Código  Penal  (Decreto  10  de  1980)  contemplaba  como  circunstancia  de agravación  genérica:  “La  posición distinguida que el delincuente ocupe en la sociedad  por  su riqueza, ilustración, poder, cargo, oficio o ministerio”, en tanto no  ha     sido     prevista     de    otra    manera6:   

Como lo ha venido reiterando esta Sala de la  Corte,   en   tratándose   de  delitos  de  sujeto  activo  calificado,  en  la  determinación  de  la  pena  a  imponer  no es viable tener en cuenta la causal  genérica  de agravación consistente en la posición distinguida que ocupaba el  procesado  cuando  cometió  el  ilícito;  en  este evento, (…), toda vez que  resulta  violatorio  del principio non bis in ídem valorar doblemente de manera  desfavorable  ese mismo indicador; de una parte, como elemento del tipo penal de  sujeto   activo  calificado  y,  de  otra,  como  factor  de  incremento  de  la  punibilidad.   

La  condición  de Juez de la República de  (…)  coincide  con  la  calidad  de  servidor  público que exige el delito de  prevaricato  por  acción;  por  ende,  es  improcedente  sopesar nuevamente esa  calidad  para  agravarle  la  pena, pues ello equivaldría a sancionarlo más de  una vez en razón de su investidura.   

En el anterior sentido se ha pronunciado la  Sala  de  Casación  Penal,  como  se  puede  confrontar,  entre otras, en estas  decisiones:  Sentencia de única instancia del 23 d febrero de 2005, radicación  19.762;  Sentencia  de  casación  del 18 de mayo de 2005, radicación 21.649; y  Sentencia de única instancia del 18 de agosto de 2005.   

En  aquel  orden  de  ideas, se desechará  aquella  agravante  genérica,  y no se adicionarán a la pena imponible los dos  (2)  meses  de  prisión  que  el  A-quo  asignó  por  concepto de la posición  distinguida           del           agente7”.   

Acorde   con   lo  expuesto,   debe  modificarse   la   sanción   impuesta  al  doctor  HERNANDO  RAFAEL  SANJUANELO  MENDOZA,   descartando los cuatro (4) meses que  se    le    aumentaron    en    razón    de    la   calidad   de   Juez     de     la     República,   y por ende, la pena  principal  será de tres (3) años de prisión, lapso  al  cual  se  contraerá  también la interdicción  en el ejercicio de derecho y funciones públicas.   

Con  igual  criterio  se  rectificará  la  multa,   que  será  la  mínima prevista en el  Código  Penal  de 1980, artículo 149, modificado por la Ley 190 de 1995;   es    decir,   de   cincuenta   (50)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.    

8.  Luego de  efectuar  la  redosificación  punitiva,  debe analizarse la posibilidad de  conceder  la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  toda vez  que  la  sanción  impuesta  no  supera los tres (3) años y, por ende,  se  cumple  el  requisito  objetivo  exigido  en la Ley  599 de 2000, artículo  63.   

La  suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena  requiere  además el análisis del factor subjetivo,  para lo  cual  deben tenerse en cuenta los antecedentes personales, sociales y familiares  del  sentenciado,   así  como  la  modalidad  y  gravedad  de  la conducta  punible,    según    lo   que   se   haya   logrado   acreditar    en   el  plenario.   

En este caso, atendiendo las funciones que le  ha  atribuido  el  Código  Penal,  artículo  4 a la pena (prevención general,  retribución  justa,  prevención especial, reinserción social y protección al  condenado)  y  la  gravedad  y  modalidad  del prevaricato por acción que se le  endilga  al  procesado,  se considera necesario el descuento efectivo de la  sanción privativa de la libertad que se le ha impuesto.   

El  agente era un Juez de la República para  el  momento  en  que  cometió  el  ilícito  y  con  su  proceder  defraudó la  credibilidad  de  la  comunidad en uno de los pilares institucionales del Estado  como  lo  es  la  Rama  Judicial,  dado  que  se  apartó ostensiblemente de las  disposiciones  constitucionales  y  legales  que  estaba  en  la  obligación de  aplicar.    

En este caso,  el desconocimiento de la  competencia  y  procedimiento previsto para la acción constitucional de tutela,  generó   un   detrimento  significativo  del  patrimonio  público  y  profunda  desconfianza  de  la  sociedad frente al ejercicio de la función de administrar  justicia.   

En  ese  orden  de  ideas,   el  delito  resulta   grave   y   es   necesario   imponer   el  descuento  efectivo  de  la  sanción,   pues  otorgar la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  generaría  desconcierto  en la comunidad y acrecentaría la desconfianza  en   la   función   que  a  este  tipo  de  servidores  públicos  le  ha  sido  asignada.   

Al conceder la suspensión condicional de la  ejecución  de la pena en este caso, se estaría enviando un mensaje equívoco a  la  comunidad,  que  se  sentiría desamparada e inerme ante la impunidad de los  delitos   cometidos   por   sus   más   destacados   integrantes  y,  de  paso,  desconocería   las  funciones  de  la  pena  como: retribución justa a un  delito   de   tal   entidad,   la   reinserción   social   y   la   prevención  general.   

Acorde  con lo expuesto,  se negará la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena impuesta al doctor HERNANDO  RAFAEL  SANJUANELO  MENDOZA,   en  su  calidad  de  Juez  Noveno  Civil del  Circuito de Barranquilla.   

9.  El Tribunal Superior de Barranquilla  le  había  otorgado  al procesado la prisión domiciliaria, como sustitutiva de  la  pena  de  prisión;   en  consecuencia,   la Sala se abstendrá de  analizar  los  requisitos  subjetivos  que  para  su concesión exige el Código  Penal,  artículo  38,   dado  que  no es posible agravar la situación del  apelante  único,  pues  modificar  la  decisión  del  a-quo,  en  tal  sentido  implicaría  desconocer  el  principio de la “no reformatio in pejus”,   previsto en la Carta Política, artículo 31.   

En  ese  orden  de  ideas,    se  mantendrá  la  prisión  domiciliaria  como sustitutiva de la prisión, a favor  del  doctor HERNANDO RAFAEL SANJUANELO  MENDOZA,  quien desempeñó el  cargo de Juez Noveno Civil del Circuito de Barranquilla.   

10.    El   Tribunal   Superior   de  Barranquilla  condenó  en  abstracto  por  perjuicios  materiales,   “de  acuerdo  a  un  valor  estimado”,  toda  vez  que  no  está  probado el monto  específico en el que se lesionó el erario público.   

Esta  decisión debe revocarse, toda vez que  los  daños  materiales  no  están  probados  y,  en  consecuencia,  no es  posible  liquidarlos  acorde  con  lo  acreditado  en la actuación, tal como lo  exige  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  artículo 56, inciso 1.  Por  tanto,   no  procede  la  condena  en  abstracto,  debido a que en los  eventos  donde  se  ha  omitido  determinar  la  naturaleza  y  cuantía  de los  perjuicios  irrogados  con  la  comisión  de  un  delito,  puede perseguirse su  resarcimiento   en   proceso   separado,   a   través   de   la  acción  civil  pertinente8.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad e la ley,   

RESUELVE  

1.    Confirmar   la   sentencia   del  diecinueve (19)        de       abril   de   dos   mil   seis  (2006)  proferida  por  la  Sala  Penal         del         Tribunal        Superior        de        Barranquilla,  con  la  modificación  consistente  en  declarar  que  el ciudadano HERNANDO  RAFAEL  SANJUANELO  MENDOZA,  ex  Juez  Noveno    Civil    del    Circuito   de   Barranquilla,    queda    condenado    por    el    delito   de   prevaricato  por  acción,  a  la pena  principal  de  tres  (3)  años  de prisión, a interdicción en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso  y  al pago de multa por el  equivalente    a    cincuenta   (50)   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

2.   Negar    la   suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena al doctor HERNANDO RAFAEL SANJUANELO MENDOZA   y    mantener   la  decisión  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  en  el  sentido de otorgar la prisión  domiciliaria, por las razones expuestas en la parte motiva.   

3.  Revocar  la     condena   en  abstracto  que  por  perjuicios   materiales  se   efectuó  en  la  sentencia de primera instancia.   

4. En todos los  demás    aspectos    el   fallo   del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla         permanece  incólume.   

NOTIFÍQUESE   Y  CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ          ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

                                                             Permiso   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN               JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS               

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS       JULIO      ENRIQUE      SOCHA     SALAMANCA      

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sala  de  Casación Penal.  C.S.J.  Sentencia del 18 de febrero de 2003, radicado  16.262    

2                    Art.  6-  Causales  de  improcedencia  de la tutela. La acción de  tutela  no  procederá:  1.  Cuando  existan  otros recursos o medios de defensa  judiciales,  salvo que aquella se utilice como mecanismo transitorio para evitar  un  perjuicio  irremediable.  La  existencia de dichos medios será apreciada en  concreto,  en  cuanto  a  su  eficacia,  atendido  las  circunstancias en que se  encuentra el solicitante. (…).   

3  Corte  Suprema  de  Justicia.  Sala  Penal.   Sentencia de junio 1 de 2006,  radicado 21428   

4 C.  S. J. Sala Penal, Sentencia de junio 16 de 2006, radicado No. 23954   

5 C.  S.  J.   Sala  Penal,   Sentencia  de  febrero  25  de  2003, radicado  17871   

6  Equivalente  al numeral 9° del artículo 58 del Código Penal, Ley 599 de 2000,  que    estipula   las   circunstancias   de   mayor  punibilidad.   

7  C.  S.  J.  Sala  Penal,  Sentencia Junio 1 de 2006,  radicado 21428   

8     C.    S.   J.    Sala  Penal,  Sentencia de abril 18 de 2002, radicado 12872     

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