25477(03-08-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25477  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta n.° 80   

Bogotá,  D.  C.,  tres de agosto de dos mil  seis   

V I S T O S  

La  Corte resuelve sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor público del procesado  GUILLERMO  LEÓN  VÁSQUEZ  POSADA,  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia el 1º de  diciembre  de  2005,  por  medio de la cual confirmó la que el 30 de septiembre  del  mismo año dictó el Juzgado 1º Penal del Circuito Especializado del mismo  departamento,  condenando  anticipadamente a VÁSQUEZ POSADA, a las penas de 214  meses  y  12  días  de  prisión,  multa  equivalente a 1.955 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción  por  10 años en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas, como responsable de dos delitos de secuestro   extorsivo,   uno   de   ellos  agravado,     en     concurso    heterogéneo    con    el    de    rebelión.   

H E C H O S  

La  sentencia de segundo grado los narró de  la siguiente manera:   

          “El  5  de  julio de 2001, en el sector  conocido  como  Llanos  de  Cuibá,  comprensión  territorial  del municipio de  Yarumal,  fueron secuestrados María Isabel Uribe y Bernardo Roldán Mejía, por  individuos que dijeron pertenecer al 36 Frente de las Farc.   

Con  posterioridad,  las  familias de los  plagiados   recibieron   varias   llamadas   telefónicas   de   parte   de  los  secuestradores,  los  cuales  exigían  por  la liberación de cada uno de ellos  gruesas  sumas  de  dinero.  Y luego de haber acordado el monto, María Isabel y  Bernardo Roldán fueron liberados.   

Como uno de los partícipes de los aludidos  secuestros  fue  señalado Guillermo León Vásquez Posada, quien fue privado de  la  libertad  el  17  de  agosto  de  2004  y  puesto  a disposición del Fiscal  Especializado destacado ante el Gaula Rural de Antioquia.”   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Apoyado  en la causal 3ª de casación, el censor acusa la sentencia  de  haberse  proferido  en  un  juicio  viciado  de  nulidad, por violación del  derecho a la defensa técnica.   

Según  el  demandante,  cuando  existe  una  prueba  de  cargo suficiente para emitir un fallo condenatorio, el defensor debe  asesorar  al  procesado  para  que obtenga un tratamiento punitivo más benigno,  para  lo  cual,  ha  tener  en  cuenta que la rebaja de penas por aceptación de  cargos  con  fines de sentencia anticipada que opera en la fase instructiva, 1/3  parte,  es  mayor  a  la que para los mismos efectos se le otorga en la etapa de  juzgamiento (1/8 parte).   

A partir de estas consideraciones, encuentra  que  la  prueba  de  cargo  en  el  caso  concreto  vino  a estructurarse con la  declaración  creíble  y  detallada que rindió María Isabel Uribe, una de las  víctimas      del      secuestro,      acerca     de     la     “participación     del     procesado     en     su     cuidado     y  vigilancia”,   testigo  que  además,  condenó  al  fracaso  la  coartada  planteada por el procesado para que se le reconociera una  insuperable  coacción  ajena  como  motivo  determinante del ilícito, debido a  que,     ante     la    Fiscalía,    ésta    manifestó    que    “GUILLERMO   presentaba   un   comportamiento  ajeno  a  cualquier  situación  de  presión,  pues nunca le vio un comportamiento que reflejara que  él     estaba     obligado    o    presionado    a    cuidarla    durante    su  cautiverio”.   

Ante  la  referida  evidencia  procesal,  la  única   opción   razonable  por  parte  de  la  defensa  técnica,  según  el  casacionista,  era  que se le aconsejara al procesado que aceptara los cargos en  la  fase  instructiva para obtener el respectivo beneficio punitivo, alternativa  que  éste  desconocía por la falta de asesoría de quien para entonces fungía  como su apoderada contractual.   

Enseguida,  el  demandante  enumera otras de  las   omisiones  de la defensora en el mismo trámite, imputándolas, junto  con  la  ya anunciada, como un abandono de la gestión defensiva y del proceso y  no como una estrategia de defensa.   

Posesionado el defensor público que suscribe  el  presente líbelo y como consecuencia de las explicaciones que éste le dio a  VÁSQUEZ  POSADA,  “el procesado fue claro en aceptar  dicha  responsabilidad  en la etapa del juicio y acogerse al beneficio punitivo,  aclarando  que  de  haber  sido  asesorado  antes  habría  procedido  de  forma  idéntica en la etapa instructiva…”.   

          Por    último    y   bajo   lo   que   titula   como   “trascendencia   de  la  nulidad”,  el  libelista  afirma  que  la  falta  de  defensa técnica de  VÁSQUEZ POSADA  afectó  sus  garantías  y  generó que sólo obtuviera una rebaja de la octava  parte  de  la  pena  imponible, beneficio punitivo que habría podido ser de una  tercera    parte   de   no   haber   tenido   tan   deficiente   representación  legal.   

          En  suma,  solicita  que se case la sentencia demandada y se decrete  la  nulidad  de  lo  actuado  “a   partir,   e   inclusive,   del  cierre  de  la  investigación”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuando  se  alega  la  causal de nulidad, la  demanda  debe  observar  los mismos requerimientos exigidos por el artículo 212  del  Código  de  Procedimiento  Penal  para  los otros motivos de casación, en  especial,  cumplir  la  que  trata  de  la  precisión  y  claridad  en  la  formulación del cargo y sus fundamentos.   

De  esa forma, es menester que se indique el  acto  viciado, la forma como éste produjo quebranto a las garantías procesales  de  la  parte  recurrente o afectación a la estructura del proceso. También es  menester  el  señalamiento  de  los  preceptos  que  resultaron vulnerados y la  incidencia  del  desaguisado  en  la  sentencia, así como el punto a partir del  cual  se  debe  retrotraer  la  actuación  o el sentido en que debe emitirse el  fallo  de  reemplazo  si  es  que la falencia afectó nada más que la sentencia  recurrida.   

En  este  caso,  el  demandante  denuncia la  vulneración  del  derecho  a  la defensa técnica bajo dos perspectivas: (i) la  defensora  contractual que tuvo el procesado GUILLLERMO LEÓN VÁSQUEZ POSADA no  ejerció  ningún  acto de defensa, abandonó la gestión; (ii) habida cuenta de  la  realidad  probatoria  obtenida  durante  la  instrucción,  indicativa de la  responsabilidad  del  acusado en el doble plagio, la única opción razonable de  defensa  era  la  de  solicitar  sentencia  anticipada  en tal fase, pues eso le  reportaba reducción de la pena en una tercera parte (1/3).   

La censura presentada de esa manera contiene  una  evidente  contradicción. Si por un lado la prueba recaudada en la etapa de  instrucción  era  de  tal  magnitud  que  comprometía  la  responsabilidad  de  VÁSQUEZ  POSADA  en  las  delincuencias  que  se  le  imputaron,  ¿cuál  era,  entonces,  la  concreta  actividad  de  defensa  que  estaba en posibilidades de  desplegar  la  defensora,  atendidas  las  específicas condiciones del proceso?  Expresado  de  otro  modo,  cuáles  eran  las  pruebas  que podía solicitar la  anterior   defensora,   en   qué   sentido   debía  presentar  alegatos,  qué  orientación   debió   darle  a  los  posibles  recursos  susceptibles  de  ser  interpuestos.  Nada  de  esto  explica el casacionista. La mención que hace del  supuesto abandono es meramente genérica.   

Como  lo  ha expuesto la Corte en múltiples  oportunidades,  el quebranto del derecho a la defensa técnica no se puede poner  de  manifiesto  a  partir  de los simples desacuerdos que se tengan con la forma  como  ejercieron  la  gestión  los  profesionales  que  en  determinadas etapas  asistieron  al  justiciable. Al respecto, lo que resulta con relevancia negativa  en  la  protección de esa garantía, emerge del mismo contexto procesal, que es  el  que  señala  cuál  habría sido el derrotero sensato, racional y razonable  que  en  pro  de  los  intereses del procesado se podía esperar que siguiera su  defensor,  ya  contractual  ora  litigioso,  de  manera  que en sede del recurso  extraordinario   de  casación  es  carga  del  demandante  demostrar  que  hubo  dejación  de  los  deberes  profesionales  del  asistente técnico, mediante el  señalamiento    concreto    de    los    actos    que    éste    pudo    haber  desplegado.   

En  esa  medida, la aparente inactividad del  defensor  no es significativa de dejación de las obligaciones asistenciales con  respecto  a  su  defendido,  pues  la  misma  puede obedecer a una estrategia de  defensa,  de  acuerdo  con la cual resulta mejor que sea la jurisdicción la que  tome  la  iniciativa  de  recaudar pruebas porque solicitarlas puede redundar en  perjuicio  al  procesado,  ni  que  aparezca  prudente interponer recurso alguno  porque   se   estime   que  el  instructor  o  el  fallador  fueron  certeros  o  benevolentes.   

De otra parte, en punto de la posibilidad de  haberse  acogido  el  procesado  a  sentencia  anticipada  en  el  curso  de  la  instrucción,  que  no  se  verificó  por  no recibir asesoría al respecto por  parte     de    quien    en    ese    estadio    lo    defendía    –según  la  censura-,  cabe señalarse  que  como esa eventualidad es exclusiva del fuero del sindicado, alegar falta de  consejo  sobre  el  particular no es de recibo por cuanto para el efecto habría  de  demostrarse  que  existe  un  correlativo  e  ineludible deber jurídico del  defensor de suministrarlo.   

Así  lo  tiene  sentado  la  Corte, pues en  reciente sentencia estableció que:   

“La discrepancia  con   la  estrategia  defensiva  cumplida,  bien  sea  respecto  de  los  medios  empleados,  las  tesis  expuestas,  la  conducta  procesal  asumida  o  por  los  resultados  obtenidos,  como  ya  se dijo, no es por sí misma razón valedera y  suficiente  para fundamentar la violación del derecho de defensa del procesado,  como  lo  pretende  en  este  caso  el recurrente, argumentando que lo  eficaz  habría  sido ‘aconsejar’  al  procesado  que  se  acogiera  al  trámite  de la  sentencia  anticipada  en la etapa instructiva para obtener una mayor ventaja en  la consecuente rebaja de pena.   

Pero  reducir  la garantía de defensa a un  inexistente  deber  jurídico  de  advertir al procesado sobre las consecuencias  jurídicas  de  un  allanamiento a los cargos, al ejercicio de la asesoría o el  consejo  en  un  determinado sentido, constituye un argumento inaceptable, si en  cuenta  se  tiene  que  la posibilidad de acudir al mecanismo de la terminación  anticipada  del proceso depende de la voluntad del procesado así por lo general  vaya   coadyuvada   por  su  defensor.”1   

Además, también es necesario destacar otra  contradicción  que surge del mismo contenido de la demanda. En ella sostiene el  censor  que  el  procesado VÁSQUEZ POSADA admitió en la indagatoria que estuvo  en  el  sitio  donde  se  tuvo  en  cautiverio a la señora Uribe Restrepo, pero  cualificando  la  aceptación en el sentido que lo hizo coaccionado por terceras  personas,  para  agregar  seguidamente  que  esa coartada se diluye a partir del  testimonio de la mencionada víctima, digno de toda credibilidad.   

Con esta posición el actor coloca el asunto  en  el  terreno  de  las  valoraciones,  para  destacar  que  de  acuerdo con su  perspectiva  se  debió aconsejar a VÁSQUEZ POSADA que se sometiera a sentencia  anticipada,  visión  que  necesariamente  no  tenía  que ser compartida por la  antecesora,  de  tal  suerte  que también debía ser estimado como probable que  ésta  esperaba  explorar  tal  filón,  el  de la coacción, en un estadio más  avanzado  de  la  actuación.  De  tal  manera  se  resalta que el libelo ofrece  elementos  aptos  para  explicar  la  posición  asumida  por  la defensora, que  contrastarían  con  el  enunciado de la hipótesis formulada consistente en que  no ejerció la defensa.   

En  tales  condiciones, la censura carece de  razón  suficiente  para allanar el camino al trámite del recurso, así como de  las  indispensables notas de precisión y claridad. Por estas razones la demanda  será   inadmitida,  como  lo  señala  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

Debe  expresarse, de otra parte, que una vez  revisada  la  actuación surtida respecto de GUILLERMO LEÓN VÁSQUEZ POSADA, la  Corte  no  observó  circunstancia  alguna  que le permitiera obrar de oficio de  conformidad   con   lo  consagrado  en  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  en  nombre  del  procesado  GUILLERMO  LEÓN  VÁSQUEZ    POSADA,    por    las    razones   expuestas   en   las   anteriores  consideraciones.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al tribunal de origen.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO     ORLANDO     PÉREZ  PINZÓN                    MARINA                                 PULIDO                                 DE  BARÓN                         

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                    YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                   

Permiso  

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                            JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                  TERESA RUIZ NÚÑEZ   

Secretaria    

1 Corte  Suprema  de Justicia, sentencia de casación del 8 de junio de 2006, radicación  23.502.     

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