25314(04-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  25314   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 42   

          Bogotá, D.C., cuatro de mayo de dos mil seis.   

VISTOS  

          Conforme  con  lo reglado en el artículo 233 de la Ley 600 de 2000,  examina  la  Sala  de  manera  preliminar  el  aspecto  formal  de la demanda de  revisión  instaurada  por  el  apoderado  especial  de  ADRIÁN    ESTEBAN    LÓPEZ    JIMÉNEZ,  contra  la  sentencia  proferida  por el  Juzgado   26  Penal  del  Circuito  de Medellín el 25 de agosto de 2000, y  confirmada  por  la  Sala  de  Decisión Penal del Tribunal Superior de la misma  ciudad  el  30  de  noviembre  del  mismo  año,  por  cuyo medio se condenó al  demandante  a  la  pena principal de 42 años y 6 meses de prisión, al hallarlo  penalmente  responsable  de  los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal.   

  HECHOS  

         

         La  síntesis  que  de  los  hechos  hizo  el  juzgador  de segunda  instancia, es del siguiente tenor:   

“En  el  año de 1994, sin que se sepa con  precisión  la  fecha,  los  jóvenes  Adrián Esteban López Jiménez y Claudia  Marcela  Pabón Lopera iniciaron una relación de noviazgo que duró por espacio  de  dos  años,  procreando  un hijo al año siguiente. Ya en 1996 la pareja, al  parecer  por  iniciativa  de  la mujer, se separó debido a los malos tratos del  varón,  que incluso llegó a lesionar a la dama, en un muslo, con un disparo de  arma  de fuego; ésta entonces inició una nueva relación de concubinato con un  ciudadano conocido sólo con el nombre de Henry.   

“El   día  veintisiete  de  abril  de  mil  novecientos  noventa y seis (27-IV-96), Adrián  Esteban  llamó  telefónicamente  a la vivienda de Claudia Marcela, donde ésta  vivía  con  otros  parientes  y  le pidió a la señora Noemy Lopera Sucerquia,  madre  de  aquélla,  que  le  llevara  el  niño  hasta  un  lugar  cercano, el  supermercado              ‘Consumo’,  petición  que  su  ex  suegra  atendió. A los pocos minutos, al parecer con el  pretexto  de  reclamar  el  tetero  y  una  leche, Adrián Esteban ingresó a la  humilde  vivienda  en  compañía  de  Alberto Carvajal Amariles y Walter Alonso  González  Henao  (a.  El Gato) y cuando Claudia Marcela, quien se hallaba en la  cocina  en  compañía  de  su  madre,  ingería sus alimentos, este último, en  forma   sorpresiva  y  a  corta  distancia,  disparó  en  su  contra,  en  tres  oportunidades,  un  arma de fuego, cuyas graves lesiones, todas en la cabeza, le  produjeron  la  muerte casi en el acto. Trasladada la víctima a la Policlínica  Municipal  los  galenos  lograron  salvar  la  vida  de  la criatura que la dama  llevaba en su vientre.    

“Cometido  el  insensible  y  censurable  acto,  los  agresores  abandonaron  el lugar. Adrián  Esteban,  quien,  según  oficio suscrito por el Director de Recursos Humanos de  la  firma  Euro  Cerámica,  con  sede  en  el municipio de Guarne, abandonó su  trabajo  desde  ese  día,  fue  capturado  el  día 20 de octubre de 1999 en el  municipio de El Carmen de Viboral…”.   

ANTECEDENTES   

         Por  tales  hechos, mediante resolución del 20 de enero de 2000, la  Fiscalía  11  Seccional  de  Medellín acusó a ADRIÁN ESTEBAN LÓPEZ JIMÉNEZ  como  presunto  coautor  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  por  haberse  aprovechado  de  la circunstancia de indefensión en que se hallaba la víctima,  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

          Tramitado  el juicio, el Juzgado 26 Penal del Circuito de Medellín,  en  fallo  del  25  de  agosto de 2000, condenó a LÓPEZ JIMÉNEZ a la sanción  corporal  señalada  en  el  acápite inicial, como coautor del homicidio por el  cual  se le acusó, decisión que confirmó el Tribunal Superior de Medellín al  revisar  por  vía  de  apelación  la  determinación  de  primer  grado,  como  igualmente allí se anotó.    

LA  DEMANDA   

          El  demandante  invoca  la  causal  consagrada en el numeral 3º del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es,  bajo  la  consideración  de  que  con posterioridad a la sentencia  surgieron  pruebas  nuevas  no conocidas al tiempo de los debates que establecen  la inocencia del condenado.   

En orden a desarrollar su pretensión, bajo  lo  que  titula  “Fundamentos  de hecho”,  sostiene  que los hechos definitivos  y  cruciales  que  sirvieron para la vinculación, la acusación y la condena de  su procurado, fueron:   

    

* Su  presunta  animosidad  con  la  víctima,  expresada  por  medio  de  amenazas  y  originadas    en    la    nueva    relación   sentimental   que   ella   había  adquirido.     

    

* Su  ingreso  al  domicilio  de la víctima en compañía del victimario, después de  haber  llevado  a su casa de habitación a su hijo Daniel Esteban López Pabón,  así   como   su   presencia   al   lado   de   ella   en  el  instante  de  los  disparos.     

    

* La  declaración  de  cargo  de  la  única  testigo  presencial María Noemy Lopera  Sucerquia.     

A continuación sostiene que los parientes de  la  occisa  afirmaron  que a raíz de la ruptura de las relaciones sentimentales  que  tenían  Claudia  Marcela  y  ADRIÁN  ESTEBAN,  el noviazgo de aquella con  “Henry”  y  su  avanzada  gestación  de  una  niña que con su nuevo novio había procreado, el procesado  entró  en  celos  y  se dedicó a amenazarla y a presionarla para que abortara,  circunstancias  que  fueron  aceptadas en la investigación y, de esa manera, se  dio por sentada la existencia del móvil delictual.   

Sin embargo, estima que por no haber quedado  suficientemente  probados, la instrucción pretermitió  “unos   hechos   desvirtuantes  o  enervantes  de  tal  animosidad  o  rencor,  constitutivos  de  nueva  prueba,  como fueron el compromiso amoroso que ADRIÁN  ESTEBAN  había formalizado con Paula Andrea Rivera Villa, lo que le distraía o  le  hacía  despreocuparse  hasta cierto punto de la vida sentimental de CLAUDIA  MARCELA;  la  cancelación  que  ADRIÁN  ESTEBAN hizo en el Hospital General de  Medellín,  pocos  días  antes  de  la  occisión,  de  los costos de atención  médica  y  hospitalaria  hecha  a  CLAUDIA  MARCELA  por  un  conato de aborto,  indicativa  de  que,  por  el  contrario,  aquél le guardaba aprecio y gratitud  (inclusive  CLAUDIA  MARCELA  pensaba  que la hija que iba a tener podía ser de  ADRIÁN  ESTEBAN); el tempranero conocimiento que ADRIÁN ESTEBAN tuvo del nuevo  embarazo  de su ex-novia, lo cual le habría inducido su intervención tendiente  a  hacerla  abortar  o  a  liquidarla si estos hubieran sido sus propósitos que  más  adelante  se  le  atribuyeron,  pese  a  lo  cual  ésta  continúo con su  gestación sin ningún contratiempo”.   

También  afirma  que  se  supuso,  por  la  insinuación  de  la madre de la occisa, que ADRIÁN LÓPEZ recogió a su hijo y  lo  llevó a su propia casa para tenerlo el fin de semana, porque no quería que  se  percatara de la muerte que iba a sufrir su madre, es decir, como si el mismo  estuviera  preparando  el  homicidio,  derivándose  de  allí que la llegada de  aquél  a  la  casa de su ex novia no fue para reclamar el tetero y la leche del  niño,  como  él  lo  explicó,  sino  para cumplir con el plan criminal, hecho  indiciario  que, a su juicio, quedó “incólume en la  instrucción,   sencillamente   porque   no   se  hizo  absolutamente  nada  por  verificarlo  con  las  personas que directamente debían saberlo,  esto es,  con  la  abuelas  paterna  del niño y con los locatarios de la residencia donde  ésta vivía”.   

Agrega  que  la  explicación o coartada del  sentenciado  sobre su presencia en la casa de su ex novia se fundaba en un hecho  real  que  no  quedó  probado,  por  lo que “deberá  atestiguar  y  confirmar  la  misma abuela del menor Daniel Esteban, madre de la  víctima  y único testigo presencial del suceso trágico, quien además deberá  declarar  sobre  la  periodicidad, duración y circunstancias de la tenencia del  hijo por parte de ADRIÁN ESTEBAN”.   

Así    mismo,    argumenta   que   otro  “hecho   nuevo”   que  desvirtúa  el  compromiso  penal  de  su  representado  en la muerte de Claudia  Marcela,  es  la  manifestación  que  la testigo presencial MARÍA NOEMY LOPERA  SUCERQUIA   le   ha   hecho   a   varios  personas  conocidas  después  de  los  acontecimientos,  en  el  sentido  de  que  “ADRIÁN  ESTEBAN  en  realidad nada tuvo que ver en la occisión; prueba de lo cual es la  amistad   y   el   buen   trato   que   con   él  siguió  teniendo”,    manifestaciones    que,    en   su   criterio,   constituyen  “nueva  prueba”  y  que  merecen   ser   verificada,  lo  mismo  que  la  relación  amistosa  entre  los  citados.   

Estima que es necesaria dicha corroboración,  toda  vez que la testigo Lopera Sucerquia entró en grave contradicción con sí  misma,  al  decir  en  un  principio  que “ahí mismo  el     gato  le  hizo el primer disparo, ella cayó al suelo y en el suelo  le  siguió  dando”,  para  luego,  pocos  renglones  adelante,  afirmar  que “fue Esteban el que la mandó  matar,  el  fue, a ella nadie le tenía mala voluntad, el gato le disparó, pero  el  primer  disparo  se  lo  hizo Esteban,   ella   cayó   el   suelo   y   luego   el   gato   le   siguió  disparando”.   

          Por  lo  tanto,  la  afirmación  de  que  ADRIÁN ESTEBAN fue quien  “la  mandó  a  matar” es  una  mera  pero  grave  especulación  o  conjetura  de  la afligida madre de la  víctima, reveladora, por lo demás, de su impresión anímica.   

          En  tales  circunstancias, agrega, no es de extrañar que la señora  madre  de  la  occisa  tuviera  con  posterioridad,  “en  el  encuentro con la  intimidad  de  su  alma”,  claridad acerca de lo real y lo fantástico, repaso  este  que  fue  lo  que  la llevó a comentarle a personas allegadas que ADRIÁN  ESTEBAN nada tenía que ver en el homicidio de su hija.   

          Sostiene   que  si  procesalmente  la  testigo  fue  contradictoria,  resulta  natural  y  lógico  que ella haga su aclaración, precise cuál de sus  afirmaciones  es  la  correcta  y explique la razón de ser de sus apreciaciones  originales   y   de   sus  comentarios  que  le  ha  hecho  a  algunas  personas  conocidas.   

           Dice  que  sostener  sin  más  que  el  arrepentimiento  de la señora Lopera Sucerquia es inane, es quitarle espacios a  la  prudencia,  a  la  ponderación  y a la justicia. Por lo tanto, mínimamente  debía  escuchársele  en procura de entender su explicación y establecer si se  le cree o no.   

         Advierte  que  es  aún  más  indispensable dicha verificación, en  atención  a  que  Walter  Alonso  González  Henao  (a.  El  Gato  o El Zarco),  “confesó    su   autoría   exclusiva”  en  los  hechos, no obstante haya afirmado después que se auto  inculpó  porque  se  vio  obligado, acusando a ADRIÁN ESTEBAN de haber sido el  autor  de  los  disparos,  entrando  en contradicción con la mencionada testigo  presencial. “   

Agrega,  que  como  “hecho  nuevo no examinado  desde  luego  en el proceso y prueba nueva  no controvertida”, se tiene además que  no  hubo contacto directo entre Walter Alonso y ADRIÁN ESTEBAN que posibilitara  las  pretendidas  insinuaciones  o  presiones del último al primero para que se  hiciera cargo del homicidio.   

         

En  el  capítulo  que  llama  “Fundamentos   de   derecho”,  sostiene  que  la cosa juzgada no es  absoluta,  toda  vez  que  puede ser desvirtuada por la acción de la revisión,  posibilidad  que  puede  darse  cuando la sentencia se fundó en “hechos  y/o  pruebas  que  luego  resulten contradichos por hechos y  pruebas  nuevos  o  en  hechos  y  pruebas  que  no tuvieron oportuna réplica o  contradicción  judicial  por la dificultad de acceso a los hechos y pruebas que  los  contradirían,  por  desconocimiento inmediato de éstos, por imposibilidad  inmediata  de  constatarlos  o  porque  surgen  con posterioridad a la sentencia  definitiva”.   

          Afirma  que  cuando  la  verdad  real  surge  con  posterioridad  al  proceso,  el  derecho procesal brinda la posibilidad excepcional de establecerla  por  medio  de  la  acción  de  revisión,  para  de  esa manera restablecer la  integridad   moral   del   sentenciado,   procurando   la  demostración  de  su  inocencia.   

En este caso, existe una nueva prueba “que  desvirtúa  el  supuesto  móvil y la participación del acusado convicto”. La  declaración  extrajudicial  de la madre de la víctima si tiene la credibilidad  para concluir en la posibilidad de que se cometió una injusticia.   

Acepta   que   aunque  en  las  sentencias  condenatorias  se  aludió  a  otras  probanzas,  básicamente indiciarias, para  deducir  la  responsabilidad  del  procesado,  si  se observa detenidamente, los  indicios  tuvieron  fundamento  precisamente  en las declaraciones de la señora  Lopera  Sucerquia, las cuales ahora son motivo de rectificación por ella misma,  de  donde  se  deriva la importancia y alcance de su  nuevo testimonio y la  necesidad de confrontarlo judicialmente.   

Tampoco  desconoce que la testigo presencial  se  ha  retractado,  y  que  la  retractación  es  de por sí y en términos de  lógica  testifical,  un  acontecimiento  que  en  principio  pone de resalto la  mentira  antes  que la verdad. Por ello, merece explicaciones y justificaciones.  Pero   lo   que   no  puede  es  soslayar  de  entrada  la  importancia  de  una  rectificación.   

Sostiene que la jurisprudencia de esta Corte  frente  al  problema  de  la  retractación en revisión, encierra justamente el  supuesto  de  admisión  de  la  demanda, pues “sino no se sabe donde está la  verdad”,  es  porque  es  posible  o probable que la verdad se encuentre en la  retractación  y,  por  consiguiente,  se hace indispensable verificar dónde se  encuentra y para ello es el proceso de revisión.   

En  el título de pruebas, hace la siguiente  relación:   

Allega  fotocopias  de  los recibos números  0827516  del  Hospital General de Medellín, fechado el 22 de febrero de 1996; y  0946684  de  REDEBAN de la misma fecha firmado por ESTEBAN LÓPEZ; declaraciones  juradas  ante  Notario  rendidas  el  5 de septiembre de 2005 por María Eugenia  Álvarez  López  y Amparo del Socorro Morales Agudelo, así como la rendida por  Elizabeth  Cristina  Carmona Montaño, rendida el 9 del mismo mes, y la ofrecida  por  la  señora  María Noemy Lopera Sucerquia, madre de la víctima, en la que  explica los pormenores aducidos en esta demanda.   

Agrega  que  los  recibos constituyen prueba  documental  elocuente  de  que  las  relaciones  entre Claudia Marcela y Adrián  Esteban  se  hallaban  en  buen  punto,  sin que estuvieran deterioradas, lo que  descarta el móvil que se menciona en el proceso.   

Así  mismo, estima que deben realizarse dos  inspecciones   judiciales:  una  en  el  Hospital  General  de  Medellín,  para  establecer  la  existencia  de  los  originales de los citados documentos y para  determinar  el  ingreso  de Claudia Marcela a dicho centro asistencial en el mes  de  febrero de 1996, especificándose las razones y el tratamiento adelantado, y  la  otra  en  el  lugar  de  los acontecimientos, a fin de comprobar distancias,  ubicaciones, visibilidad y otros aspectos.   

También  pide  que se reciba declaración a  María  Elena  Isaza  Amaya,  Margarita  Eugenia  Álvarez López y Blanca Libia  Pérez  Correa,  sobre  lo  que les conste en relación con la muerte de Claudia  Marcela,  y  especialmente,  sobre las manifestaciones que les haya hecho Noemí  Lopera Sucerquia.   

A  Richard  Alexander  Carvajal  Amariles  y  Miller  Alonso  Puerta  Londoño, sobre esos mismos aspecto, y además acerca de  las relaciones y amistad de Claudia Marcela y ADRIÁN ESTEBAN.   

A María Noemy Lopera Sucerquia, respecto de  lo    dicho    en    su    declaración    notarial   y   otros   detalles   que  especifica.   

A  la visitadora social del Hospital General  de  Medellín,  que  atendió  a  ADRIÁN  ESTEBAN  LÓPEZ  JIMÉNEZ  en orden a  determinar  su capacidad económica y el monto de lo que debía cancelar por las  atenciones a Claudia Marcela.   

Finalmente,  solicita  que  se  amplíe  la  indagatoria  de  su procurado, con el fin de que aclare importantes cosas, y que  se   verifiquen   las   citas   que   haga   él   y   los   deponentes   arriba  citados.   

Con base en ello, solicita a la Corte admitir  la  demanda,  darle  el  respectivo  trámite,  allegar  el  proceso  objeto  de  revisión   y  disponer,  “como  complemento  de  la  decisión   precedente,   la   libertad  provisional  del  procesado”.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         La  acción  de revisión es un medio para conseguir la realización  de  la  justicia  y  un mecanismo excepcional contra la inmutabilidad de la cosa  juzgada  por  la  ocurrencia  de hechos y conductas contrarias a derecho que una  vez  configuradas,  desvirtúan  la  oponibilidad  de la sentencia en firme y la  seguridad  jurídica  que  le  sirve  de fundamento. Dentro de este contexto, la  razón  de  ser  del  instituto  es  la  de  subsanar los defectos materiales de  aquellas  providencias  que  ponen fin al proceso penal tanto en la instrucción  como  en  el  juicio,  proferidas  en contravía de una recta administración de  justicia,  atendiendo  al  interés  general  de la verdad y de la justicia como  forma  de  garantizar  una  convivencia  pacífica  y  un  orden  justo  para el  conglomerado social.   

         

         Por  lo  mismo,  no  es un mecanismo para revisar la legalidad de la  sentencia  como  sucede  con  el  recurso  de  casación,  sino  la justicia  en  su dimensión positiva, para  evitar que se condene a inocentes o se absuelva a los responsables.   

         Dadas  sus especiales características, que como se dijo se dirigen  a  derruir la cosa juzgada, su ejercicio no sólo debe someterse a las taxativas  causales  que  para  su  prosperidad  indica  el  artículo  220  del Código de  Procedimiento  Penal,  sino  que además requiere del aporte de medios de prueba  serios,   procedentes,  idóneos  y  con  suficiente  grado  de  credibilidad  y  trascendencia       para       conducir       a      la      rectifi­ca­ción  del  error que se enrostra a la  providencia  demandada,  superando  en  ella  la  injusticia  que  el  actor  le  adjudica.   

         

Así,  frente  a  la  causal tercera, tiene  dicho  la Sala que corresponde al actor demostrar no sólo el surgimiento de los  hechos  nuevos  o  pruebas  de  similar  naturaleza,  que apunten a acreditar la  inocencia  del  condenado o su inimputabilidad, sino, lo más importante, que el  fallador  no  tuvo  oportunidad  de pronunciarse sobre ellos y que de haber sido  conocidos  o  haber  ingresado  oportunamente  al  expediente,  la solución del  asunto    hubiera    sido    sustancialmente    distinta    y   opuesta   a   la  adoptada.   

En  este  caso,  la  demanda  se  edifica  sobre  la  causal  tercera de revisión, al sobrevenir  prueba  nueva  posterior a la sentencia de condena, constituida, en esencia, por  el    testimonio   de   la   madre   de   la   víctima   señora   María  Noemy Lopera Sucerquia, retractándose del señalamiento que  en  el  curso  del proceso hizo contra su yerno ADRIÁN ESTEBAN LÓPEZ JIMÉNEZ;  por  los  testimonios  de  las  personas  a  quienes  la  misma  le había hecho  comentarios  sobre  la  inocencia  de  aquél;  y  las fotocopias de los recibos  expedidos  por  el  Hospital General de Medellín y Redeban, elementos de juicio  que   según   el   demandante   concurren   a   acreditar   la   inocencia  del  condenado.    

         Sin  embargo, para la Sala esa prueba no tiene la aptitud necesaria  para  derrumbar la declaración de verdad contenida en la sentencia que condenó  a  LÓPEZ  JIMÉNEZ, porque de entrada no ofrece la credibilidad suficiente para  concluir en la posibilidad de que se cometió una injusticia.   

En efecto, de acuerdo con lo consignado en  el  fallo de primera instancia, la madre de la víctima rindió una declaración  exhaustiva  y coherente narrando las circunstancias en que se había deteriorado  la  relación que sostuvo su hija Claudia Marcela con ADRIÁN LÓPEZ JIMÉNEZ, y  todas  las  complicaciones  que  ello  le  trajo  a la primera por los maltratos  físicos  y  amenazas  que constantemente le infería, recordando claramente que  para  la fecha de los hechos su hija había recibido una llamada de ADRIÁN para  que  llevara  el  hijo  común  hasta  el  Supermercado Consumo del barrio Campo  Valdés,  lo  cual obedeció dejando en manos de aquél al menor, pero luego fue  sorprendida  cuando  diez  minutos  después  ingresó  a  su  aposento el ahora  condenado,  en  compañía de el motejado como “El Gato” y ALBERTO CARVAJAL,  y  “allí  sin  mediación  alguna,  que el Gato le  disparó,  pero  el  primer  disparo se lo hizo ESTEBAN, ella (su hija) cayó al  suelo    y    luego    el    Gato    le    siguió    disparando”.     

A  pesar de ello, en la declaración extra  proceso  aportada  ahora  por  el  demandante,  la  señora  María Noemy Lopera  Sucerquia,  niega  que  ADRIÁN  hubiera participado en el homicidio de su hija,  afirmando  además  que “es su voluntad declarar que  no  me  explico  por qué tomaron como declaración en contra de ADRIÁN ESTEBAN  los  momentos en que después de la muerte de mi hija empecé con desesperación  a  gritar  insistentemente el nombre de mi yerno…. pero jamás dije en mi sano  juicio  que ADRIÁN ESTEBAN era el culpable de la muerte de mi hija, pues por el  contrario    el    trató    de    impedirle   al   GATO   que   matara   a   mi  hija….” .   

De  allí  que se está en presencia de una  retractación,  porque  la  declaración  que  rindió  la  citada  señora ante  Notario,   contradice   abiertamente   lo   expuesto   por   ella   dentro   del  diligenciamiento,  en  el  que  acusó al sentenciado de ser una de las personas  que dio muerte a su hija.   

No obstante, la retractación del testigo no  puede  recibir  el  tratamiento  de prueba nueva, pues lo único que se pretende  con  ella,  como  lo  ha reconocido la Sala, es afectar la credibilidad que a su  exposición  se  le  dio  en  el  fallo,  tema  que,  desde  luego, no puede ser  examinado  de  nuevo  ni  aun  en revisión. Sobre el punto, así reflexionó la  Corte en otra oportunidad:   

“Así  las  cosas,  es  evidente  la  precariedad  del escrito en estas condiciones incoado ante la Corte, como que la  actora  además  de  eludir  la  presentación  de  los argumentos de hecho y de  derecho  que  deberían servirle de soporte, limitó toda razón para motivar la  revisión  de  la  sentencia, al testimonio de la víctima en el que se retracta  de  los  hechos por los cuales se condenó al procesado, como si esta postura de  último   momento   pudiera  configurar  realmente  una  prueba  nueva  con  las  cualificadas  exigencias  de  estar  en  vía  de  socavar la justeza del fallo,  cuando  en  las  condiciones  dadas  resulta verdaderamente inaceptable, pues no  comporta  así  ninguna  novedad  cuyo  desconocimiento al tiempo de los debates  hubiera  determinado  que  el  funcionario  judicial  no tomara entendimiento de  ella,  sino  precisamente  con el paladino propósito de generar a través de su  actual  presentación  un  conflicto  de apreciación referido a la credibilidad  dada  a  la  misma  en  el  fallo y sobre cuyo pilar se fundó, precisamente, la  condena1”.   

         Tiempo  atrás  había  señalado  que la acción de revisión no es  procedente   

“por  la  sola  retractación  de  uno o  varios  deponentes,  pues  no se sabe dónde está la verdad, por tanto el fallo  permanece  con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad. Cuando se haya  determinado,   sin  vacilaciones,  quién  mintió  en  el  proceso,  siendo  la  respectiva  declaración  sustancial  en  orden  al  fallo, entonces sí habría  lugar    al    trámite    de    la    acción”2.   

Y  no  es  la  acción  de  revisión  el  escenario  propicio para establecer en cuál de las dos declaraciones mintió el  testigo,  como lo pretende el demandante, pues ante un fallo ejecutoriado, donde  sus  declaraciones  han  superado la presunción de certeza y legalidad para ser  reconocidas  por  la  sociedad  como  verdades  inmutables,  sólo  valdrá  esa  retractación  cuando  se  haya determinado por decisión judicial en firme, que  el  testigo  mintió  en  el  proceso,  y  en  tal  evento  ya no se estaría en  presencia  de  una  prueba  nueva,  sino  de  una  prueba falsa, sobre la que se  fundamentó  el  fallo,  caso  en  el  cual  es  otra  la causal por la que debe  intentarse esta acción.   

   Así las  cosas,  como el escrito de demanda incumple básicamente las exigencias formales  mínimas  previstas  en  la  norma  antes  citada,  se  impone su inadmisión de  conformidad    con    lo    indicado    en   el   artículo   223   ejusdem.    

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          Rechazar   la  demanda  de  revisión  presentada a nombre del condenado ADRIÁN ESTEBAN LÓPEZ  JIMÉNEZ, por las razones consignadas en la anterior motivación.   

          Contra      esta     decisión     procede     el     recurso     de  reposición.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Auto  del  12  de  noviembre del 2003,  radicado 21.298.   

2  Auto  del 8 de febrero de 1995, citado  por el demandante.     

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