25194(16-06-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25194  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No.057   

Bogotá  D. C., dieciséis (16) de junio de  dos mil seis (2006).   

VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de **************************, contra el  fallo  del  31  de  octubre  de  2005,  mediante el cual el Tribunal Superior de  Bogotá  confirmó la sentencia dictada el 5 de septiembre del mismo año por el  Juzgado  Dieciocho  Penal  del Circuito de Bogotá, que condenó dicho procesado  como  autor  de  “Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes”,  en  la modalidad de portar seis,  seis    (6,6)    gramos   de   cocaína,  a  la pena principal de sesenta y cuatro (64) meses de prisión,  a  inhabilitación de derechos y funciones públicas por igual lapso, al pago de  multa  por  valor  de  2,66  salarios  mínimos  legales  mensuales; le negó el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena, e  igualmente la prisión domiciliaria.   

HECHOS Y ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.  Los  acontecimientos  que originaron la  investigación  penal  fueron  relatados  de  la siguiente manera por la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Bogotá, en la sentencia de segunda  instancia del 31 de octubre de 2005:   

“Se sabe que el 1° de marzo del presente  año,  en  las  horas  del  medio  día,  uniformados  de  la Policía Nacional,  recibieron   un   informe   de   la   Central,   por  la  cual  los  uniformados  ********************  y  ********************,  se  trasladaron al sitio ubicado  como  calle  64  No.  27-28,  vía  pública,  donde  encontraron  un  vehículo  automotor  de  placas  EKD  882,  camioneta de color rojo, frente a un taller de  mecánica,  que ubicado su propietario señor ********************, autorizó la  requisa,  en  virtud  de  la cual fueron encontradas 40 papeletas contentivas de  una  sustancia  que resultó ser COCAÍNA, con un peso neto de 6.6 gramos, en la  parte  trasera,  asiento  del  conductor,  en  una talega negra. El señor MELO,  aprovechó  una  oportunidad  para  apoderarse  de  la droga entrar al taller, y  arrojarla  al  lado  de  uno de los carros, siendo por lo anterior aprehendido y  judicializado.”   

2.  Legalizada  la  captura  por el Juez de  Control  de  Garantías,  en  audiencia preliminar llevada a cabo el 1° de  marzo  de  2005,   la  Fiscalía  que  asumió  el  conocimiento del asunto  imputó  al  implicado  **************************  el delito de “tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes”,  tipificado  en  el artículo 376, inciso tercero, del Código  Penal,    Ley    599    de    2000;    atribución  que  no aceptó. El funcionario judicial se abstuvo de  afectar al imputado con medida de aseguramiento.   

3.  El  30  de  marzo  de 2005 la Fiscalía  Ciento  Setenta  y Cuatro Seccional de Bogotá allegó el escrito de acusación,  con la misma adecuación típica.   

4.  El  asunto  correspondió  al  Juzgado  Dieciocho  Penal  del circuito de Bogotá, autoridad que convocó a audiencia de  formulación  de  la  acusación,  llevada a cabo el 30 de junio de 2005, en los  términos  del  artículo  339  del  Código  de Procedimiento Penal, Ley 906 de  2004,  quedando, entonces, acusado el  implicado **************************  por  el  delito  de fabricación, tráfico y porte de  estupefacientes,     en     la     modalidad    de  porte.   

5. Finalizado el debate oral, con sentencia  del  5 de septiembre de 2005, el Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Bogotá  condenó    a    **************************    como   autor   de   tráfico   de  estupefacientes,  a  la  pena  principal  de  sesenta  y  cuatro  (64)  meses de  prisión,   y   adoptó   las  otras  determinaciones  reseñadas  en  la  parte  inicial.   

6.  El  defensor del procesado interpuso el  recurso  de  apelación;  y  al   desatar  la  alzada,  con fallo del 31 de  octubre  de  2005,  una Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Bogotá  confirmó íntegramente la sentencia de primera instancia.   

7.   Inconforme   con  la  determinación  anterior,   el  defensor  de  **************************  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación, cuya admisibilidad se analiza.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Un   cargo   postula   el   defensor   de  **************************  contra  el  fallo  del Tribunal Superior de Bogotá,  invocando  la  causal  tercera  de  casación  prevista  en el artículo 181 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Ley  906 de 2004, por desconocimiento de las  reglas de producción de las pruebas.   

Asegura   que  los  jueces  de  instancia  incurrieron   en   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,   por   falso  juicio  de  legalidad  sobre  los  testimonios de los  agentes  de  policía  ********************  y ******************** –los   mismos   que   practicaron  el  operativo  de  captura-, toda vez que analizaron sus declaraciones, como si nada  anormal  hubiera  ocurrido,  cuando  en realidad en su producción se vulneraron  las  formalidades  previstas  en  la  ley,  por  lo  cual, esos medios de prueba  debieron   excluirse,   en   los   términos   del   artículo  29  (debido  proceso)  de  la  Constitución  Política    y   360   del   Código   de   Procedimiento   Penal   (prueba ilegal).   

Hace  consistir  el  defecto  que  conspira  contra  la legalidad de aquellos testimonios, en que al iniciarse el juicio oral  el  encargado  hizo  las  advertencias  de  que quienes iban a rendir testimonio  tenían  que  retirarse  de la sala de audiencias, hasta cuando fueran llamados.  Sin   embargo,   los   agentes   ********************   y   ********************  permanecieron  durante  algún  tiempo,  antes de que el Juez se percatara de su  presencia  en  el  recinto  y  adoptara  los  correctivos, lapso durante el cual  alcanzaron  a  escuchar completamente la teoría del caso como fue expresada por  la Fiscalía.   

De  tal  modo, dice el censor, los testigos  fueron  contaminados  con  la  manera  como  la  Fiscalía presentó la versión  acerca  de  lo sucedido. Entonces, cuando rindieron su testimonio se limitaron a  confirmar  lo  que  la  Fiscalía  dijo  y fueron evasivos con las respuestas al  contra    interrogatorio,    generando    consecuencias    negativas   para   el  implicado.   

“Es que, si la ley exige que no  estén presentes los testigos dentro  de  la  audiencia  pública,  sino hasta el momento en  que  sean llamados por el Juez, no se puede hacer caso  omiso  de  tal  disposición,  por que (sic) si la ley así lo exige no es sólo  por  simple  solemnidad  o  formalidad,  sino  que el  legislador   lo  exige  para  mantener  el  elemento  sustancial  de  la  prueba  testimonial   intacto,   o  sea,  para  procurar  la  credibilidad,  pureza  y  espontaneidad  de la prueba. Es por esto, que respecto  del  testimonio  se exige, que cada uno los declarantes  sean oídos sin la  presencia  de  otro testigo, y mucho menos deben estar presentes cuando la parte  que  los  ha  llamado a declarar a favor suyo, está exponiendo sus evidencias y  sus   argumentaciones;  por  que  (sic)  se  estaría  generando  un  vicio  que  estropearía con el contenido de la prueba”.   

Agrega  que  las  reglas  violadas  inciden  directamente  en  la  credibilidad  de  esas pruebas, haciéndolas completamente  parcializadas,  en  el  sentido  de reproducir únicamente los argumentos que la  Fiscalía requería para el sustento de la acusación.   

Así  las  cosas, acota el libelista, “si  los  mencionados testimonios son las únicas pruebas que sirvieron de fundamento  para  declarar  la  sentencia  de  condena”, al aplicar la regla de exclusión  sobre  los  mismos,  debe aceptarse como cierta la versión del implicado, quien  afirmó   ignorar   cómo   llegó   la  cocaína  a  su  vehículo,  queda  sin  verificación  el  dolo  que  se le atribuye, y por ende debe absolverse ante la  duda generada.   

Solicita  a  la  Corte  casar  el fallo del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  y  emitir  el  de  sustitución  que en derecho  corresponda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  **************************  será inadmitida por las siguientes razones, como se  explicará   a  continuación:  i)  no  satisface  los  requisitos  formales  ni  materiales  establecidos en el artículo 184 del Código de procedimiento Penal,  Ley  906 de 2004; ii) la Sala de Casación Penal no advierte vulneración alguna  de  las garantías fundamentales de que son titulares los intervinientes, que la  Corte   debiera  proteger,  así  fuere  oficiosamente,  en  los  términos  del  artículo   6°   de   la  Constitución  Política1   y   del   artículo   180  ibídem2;  y iii) no se precisa emitir un nuevo fallo de fondo, por lo cual  no  es  necesario superar los defectos de la demanda en atención a los fines de  la  casación,  ni  por la fundamentación de los cargos, ni por la posición de  la  impugnante  dentro  del  proceso,  ni  por  la  índole  de  la controversia  planteada.   

1. De tiempo atrás la jurisprudencia de la  Corte  Suprema  de  Justicia  ha  reiterado  que  los  errores  de derecho en la  apreciación  de  la prueba pueden ocurrir por dos vías distintas: falso juicio  de legalidad y falso juicio de convicción.   

El  juicio de legalidad se relaciona con el  proceso  de  formación  de  la  prueba,  con  las  normas que regulan la manera  legítima  de  producir  e  incorporar la prueba al proceso, con el principio de  legalidad  en  materia  probatoria  y  la  observancia de los presupuestos y las  formalidades exigidas para cada medio.   

El  error  por  falso  juicio  de legalidad  “gira  alrededor  de  la  validez  jurídica  de la  prueba,  o lo que es igual, de su existencia jurídica (concepto que no debe ser  equiparado  con el de existencia material), y suele manifestarse de dos maneras:  a)  cuando  el  juzgador,  al  apreciar  una determina prueba, le otorga validez  jurídica  porque  considera  que cumple las exigencias formales de producción,  sin  llenarlas  (aspecto  positivo);  y, b) cuando se la niega, porque considera  que    no    las    reúne,   cumpliéndolas   (aspecto   negativo).”  (Sentencia  del  27  de  febrero de  2001, radicación 15.042.).   

2.  Para  la  postulación  de este tipo de  error  no es suficiente indicar el precepto procesal que establece la ritualidad  indispensable  para  el decreto, práctica, aducción o formación de la prueba,  sino  que de ahí se debe trascender hasta conectar aquella falencia, de causa a  efecto,  o  de  medio  a  fin,  con  la  vulneración  de una norma de contenido  sustancial,  en  atención  a que el debido proceso que estatuye el artículo 29  de  la  Constitución  Política  no es un fin en sí mismo, sino que tiene como  finalidad  garantizar  los derechos materiales de las personas, de suerte que es  la  violación  de  la  ley  sustancial la que eventualmente podría erigirse en  causal de casación.   

3.  En  casos  como  el  presente, donde se  denuncia  que  el  Tribunal  Superior  apreció  unas  pruebas  que  no  podían  valorarse  por  ser  supuestamente  ilegales en su producción, para el correcto  planteamiento  de ese defecto in judicando  en  el  marco  del recurso extraordinario de casación, el censor  tiene que cumplir imprescindiblemente ciertos requisitos:   

3.1  En  primer  lugar,  debe confrontar el  procedimiento  real  utilizado  en  el caso concreto para la aducción (decreto,  práctica  o  producción)  de  la prueba sobre la que hace recaer el yerro, con  las   exigencias   normativas  sobre  la  misma,  para  de  ese  modo  verificar  objetivamente  la  diferencia  entre  la  manera  cómo  se  produjo el medio de  convicción y las formas exigidas en ley que reglamenta la materia.   

3.2  A  continuación  se debe demostrar, a  través  de  argumentos  racionales, que el defecto en la aducción de la prueba  es  esencial,  por  socavar  algún  derecho  concreto  o  garantía fundamental  específica  de  las  partes  o  intervinientes;  por  lo  cual,  el  yerro así  verificado  tiene  entidad  para invalidar o comprometer la existencia jurídica  de la prueba.   

3.3  Es  necesario  también,  siguiendo la  secuencia  lógica,  demostrar  que el Tribunal Superior cometió un error al no  aplicar  la  regla  de  exclusión  sobre  dicha prueba, porque tal consecuencia  sólo  es  condigna  a  aquellos  eventos  donde se constata la vulneración del  debido  proceso,  en cuanto el incumplimiento de las disposiciones que contienen  el   principio   de   legalidad   en   materia   probatoria  hubiese  conllevado  indefectiblemente  la  violación  de  los derechos fundamentales de los sujetos  procesales.   

3.4 De ahí, debe avanzarse hasta verificar  la  trascendencia  del  yerro  en  que  incurrió el juzgador, lo cual se cumple  demostrando  que  de haberse aplicado la regla de exclusión, el restante acopio  probatorio   no   alcanza   a   cimentar   las  declaraciones  de  la  sentencia  impugnada.   

Sin  embargo,  en  tratándose del error de  hecho   por  falso  juicio  de  legalidad,  la estructuración de la censura en punto de la trascendencia no  se  cumple  con la simple denuncia o advertimiento del error, ni con la opinión  que  al  respecto  tenga el libelista; de una parte, porque no es en el error en  sí  mismo  considerado donde radica el motivo casacional, sino en la incidencia  e  importancia  del  mismo  con  relación  al resto del acopio probatorio; y de  otra,  porque  de  bastar  la  mención  del  yerro el recurso extraordinario no  distaría en mucho de un alegato de instancia.   

La  demostración  de  la trascendencia del  yerro  atribuido  al  Ad-quem comporta la obligación de enseñar a la Corte que  si  tal  falencia no se hubiese presentado, entonces el sentido del fallo sería  distinto;  y  para  ello  es  preciso  demostrar que si la prueba ilegal que fue  apreciada  no  se  hubiese tenido en cuenta, las restantes pruebas sopesadas por  el  Tribunal  no  tenían la entidad jurídica necesaria y suficiente para mover  hacia la convicción declarada y de la cual se discrepa.   

3.5 Ahora bien, contradecir o desvirtuar el  mérito  concedido por el Ad-quem a las otras pruebas implica a su vez demostrar  que  los  funcionarios  judiciales  erraron  en  el  proceso  de  valoración  y  fijación  de  su  poder  suasorio,  lo  cual  tampoco  se logra a través de la  imposición  del criterio particular del censor, sino demostrando con la lógica  casacional    la    incursión    en    errores   de  hecho   en  ese  ejercicio;  esto  es,  falso  juicio de existencia, falso  juicio de legalidad o falso raciocinio.   

4.  En  la Sentencia del 2 de marzo de 2005  (radicación  18.103)  la  Sala de Casación Penal acotó:   

“La  prueba ilegal se genera cuando en su  producción,   práctica   o  aducción  se  incumplen  los  requisitos  legales  esenciales,  caso  en  el cual debe ser excluida, como lo indica el artículo 29  Superior.   

En  esta  eventualidad, corresponde al juez  determinar  si  el  requisito  legal  pretermitido  es  esencial  y discernir su  proyección  y  trascendencia  sobre el debido proceso, toda vez que la omisión  de  alguna  formalidad  insustancial, por sí sola no autoriza la exclusión del  medio de prueba.”   

El  análisis del presente asunto a la luz  de  los fines constitucionales y legales de la casación permite concluir que el  libelo  no  puede  admitirse,  por  no  satisfacer las exigencias que reclama el  artículo  184  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004 y por no ser  preciso  que  la  Corte  intervenga  oficiosamente,  ya  que  no  se  observa la  vulneración  de  ninguna  garantía  fundamental y tampoco se requiere un nuevo  fallo   para   desarrollar   jurisprudencialmente   algún   punto   de  derecho  controvertido.   

5.  El  censor no menciona algún precepto  del  Código  de  Procedimiento  Penal  que  prohíba a los testigos llevados al  juicio  por  la Fiscalía escuchar la teoría del caso de la misma Fiscalía; y,  aunque  debería  evitarse  que  eso  ocurra,  no existe una disposición de ese  contenido  en la Ley 906 de 2004. El artículo 396 ibídem, se refiere al examen  separado  de  testigos, que  es  un  asunto  diferente,  y  que  busca  evitar  que  un  testigo  escuche las  declaraciones de quienes le preceden.   

6.  El  libelo se reduce a relatar que los  testigos  ********************  y ******************** Sánchez permanecieron en  el  recinto  de la audiencia donde se adelantaba el juicio oral, hasta cuando la  Fiscalía  culminó  de  presentar  su teoría del caso, hecho al cual el censor  atribuye  la  virtualidad  de viciar de ilegalidad esas pruebas, reclamando, por  tanto, sean excluidas.   

No  obstante,  nada  expresa  acerca de la  trascendencia  concreta  del supuesto error, pues el libelista no reparó en que  ********************  y  ********************  Sánchez fueron los policías que  adelantaron  el  operativo  de  incautación  de  la  sustancia  y la captura de  **************************;  por  lo  cual, no fueron ellos los que se enteraron  de  los  hechos  por  lo  que escucharon decir a la Fiscalía en el juicio oral,  sino  todo  lo contrario, fue la Fiscalía la que construyó su teoría del caso  luego  de  conocer  las  evidencias, los informes y las entrevistas, todo con la  activa participación de los mencionados agentes.   

En  tales  condiciones,  es  claro  que el  censor  omitió  sustentar  el  cargo  como  era  debido,  pues  no se ocupó en  términos  razonables  de  la  supuesta  trascendencia  concreta  del  yerro que  pregona.   

7. Tampoco cuestionó el libelista, con el  rigor  lógico  que  amerita  el  recurso extraordinario, qué ocurriría con el  resto  de pruebas e indicios sopesados por el Tribunal Superior, en el evento de  excluirse  los testimonios de los agentes Bermúdez y Tarquino, pues en lugar de  presentar  las  razones por las cuales esos otros medios de prueba e indicios no  tenían  la  capacidad  para  sostener la sentencia condenatoria, los argumentos  indispensables  en  tal  sentido  fueron  omitidos  para en su lugar ofrecer una  frase  conclusiva,  como  si en sede casacional fuese suficiente dar por cierto,  pero   sin   demostrarlo,   el   resultado   que   conviene   o  que  espera  la  defensa.   

8. Además, dentro del único reproche, el  libelista  culmina  discutiendo por la escasa credibilidad que debió merecer el  testimonio  de los agentes ******************** y ******************** Sánchez,  aspecto  en  el  cual  pierde  el  horizonte  de  su argumentación –iniciada   por   falso   juicio   de  legalidad-  para  adentrarse en tópicos distintos de  la  apreciación  probatoria,  que  si  estimaba defectuosa debió desarrollar a  través  de  cargos  autónomos  con  el  planteamiento  de errores de hecho por  falso  juicio  de identidad  (por tergiversación, cercenamiento o adición de las  pruebas)    o    falso  raciocinio     (por  distanciamiento de los parámetros de la sana crítica).   

9.   Las  impropiedades  advertidas  con  antelación  conllevan  a  inadmitir  la demanda, máxime que, se insiste, en la  revisión  de  las diligencias no se observa la vulneración de alguna garantía  fundamental,  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala de  Casación  Penal en los términos del artículo 184 del Código de Procedimiento  Penal, Ley 906 de 2004.   

EL   MECANISMO   DE  INSISTENCIA   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  y  según  lo  ha  venido  reiterando  esta  Sala  de  la  Corte3,  contra  el  presente  auto  procede  el  mecanismo  especial  de  insistencia,    dentro    de    los    cinco   (5)   días   siguientes   a   su  notificación.   

La  solicitud  de  insistencia  podrá ser  provocada  oficiosamente  por  alguno  de  los  magistrados  disidentes,  si  lo  hubiere,  o  por  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal.   

De  igual manera, si fuere de su interés,  el  demandante  en  casación  podrá elevar su solicitud de insistencia ante el  Ministerio  Público, a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante  uno  de  los  magistrados  que  salvaren  el  voto  en  cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  el  libelo,  o  que  no hubieren asistido a Sala por  algún motivo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda     de     casación     presentada    a    nombre    de    **************************.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de  insistencia,  según  lo  indicado  en  la  parte  motiva de este  auto.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Salvamento parcial de voto  

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por la  posición  de la mayoría de la Sala, en esta oportunidad me permito exponer los  motivos  por  los  cuales  salvo  parcialmente  mi  voto, los mismos que ya tuve  ocasión  de hacer conocer dentro del radicado 24.193 en relación con idéntico  tema, y que ahora reitero.   

Allí advertí que aunque estaba de acuerdo  con  la  decisión  que  culminó  en  la inadmisión de la demanda de casación  presentada  por  el  recurrente  extraordinario con ocasión de este asunto, sin  embargo   era   mi   parecer   que   el   recurso  de  insistencia en el sistema acusatorio que hoy nos rige  no  tiene  cabida, comoquiera que dicho instituto no se encuentra establecido en  la  nueva  codificación  procesal penal como recurso ordinario o extraordinario  -artículos  176  a  198-, criterio que ahora refrenda la Sala en la providencia  materia de esta aclaración.   

En aquella oportunidad, repito, sostuve, y  aún  lo  sigo  haciendo,  que  el legislador partiendo de lo dispuesto para tal  efecto  -la  insistencia-  en  el  artículo 33 del Decreto 2591 de 1991 para la  revisión  de  las sentencias de tutela por parte de los magistrados de la Corte  Constitucional  que  no  intervinieron  en  el proceso de selección pertinente,  introdujo  un  tal  mecanismo  en  el  trámite  casacional  sin echar de ver la  disimilitud  del  procedimiento  que  impera  en  uno  y  otro  evento,  pues  a  diferencia  de  lo que ocurre en la regulación contenida en el citado precepto,  bien  cabe  advertir  que  cuando ello ocurre en el proceso penal, el magistrado  que  no  comparte la decisión de la mayoría está llamado a salvar su voto o a  aclararlo,  lo  cual  consulta la lógica si con esa actuación del magistrado o  magistrados  disidentes se obliga la Sala a revisar los argumentos planteados en  los respectivos salvamentos y/o aclaraciones.   

Empero,  además,  los recursos en derecho  procesal  y en la teoría general del proceso son mecanismos de impugnación que  el  legislador  reserva  a  las  partes  y  sujetos  procesales con capacidad de  intervención  en  el  debate, para hacer operante el derecho de contradicción,  situación  que  no  compagina con las estipulaciones previstas en el inciso 2º  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando sea el magistrado de la Sala el  que interponga el denominado recurso de insistencia.   

En  efecto,  si  la  determinación  de no  seleccionar  una  demanda  de casación debe ser tomada en auto motivado por los  integrantes  de  la  Sala, no se concibe cómo a uno o a algunos de sus miembros  les  asista  la  atribución de impugnar una tal decisión, si para su adopción  hubieron   de  tomar  parte  en  la  discusión  pertinente.   Dicho  canon  establece:   

“Artículo    184.    Admisión.   

“(…)   

“No  será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado que admite recurso de insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la  Sala  o por el Ministerio  Público,   la  demanda  que  se  encuentre  en  cualquiera  de  los  siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se  advierta  fudadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

“(…)”   

Ahora,  para  lo  que  interesa  al  caso  presente,  no  se  puede  olvidar  que  la norma en mención también faculta al  Ministerio  Público  para  interponer  el  llamado  recurso  de insistencia, en  tratándose  de  uno cualquiera de los supuestos que impiden la selección de la  correspondiente  demanda  de  casación.   Allí,  es precisamente donde se  alude  al  Ministerio  Público  con interés para el recurso de insistencia, lo  cual,  como  se  dijo  antes, no tiene cabida toda vez que éstos -los recursos-  están  definidos en la novísima legislación procesal penal en el Título 5º,  Capítulo  8º,  artículo  176 y Ss., y entre ellos no se encuentra relacionado  el de insistencia.   

Surge,  entonces, el interrogante: ¿Si no  está   consagrado  el  recurso  de  insistencia  como  uno  de  los  ordinarios  establecidos  en  el  Código,  será que se trata de uno de los extraordinarios  que tampoco está establecido como tal?   

Siendo  las  cosas  así,  esa  expresión  “recurso  de  insistencia”  no tiene consonancia con la estructura misma del  proceso,  ni  tiene  sustento lógico, lo que constituye un aspecto amorfo en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, mucho más si se tiene en cuenta que los  recursos  están  previamente  definidos  en el Código Procesal Penal para unos  fines y sujetos concretos (Título VI, Capítulos VIII y IX).   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1  El  artículo  6  Superior  establece  que  las  autoridades de la República están  instituidas  para  proteger, entre otras cosas, los derechos y libertades de las  personas.   

2  El  artículo  180  del Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004, señala que  la  casación  tiene  por  finalidades  la  efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, y la unificación de la jurisprudencia.   

3 Sala  de  Casación Penal. Auto del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322; y Auto  del 10 de mayo de 2006, radicación 25354.     

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