25071(04-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25071  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  062   

Bogotá, D. C.,  cuatro (4) de julio de  dos mil seis (2006).   

V    I   S   T   O  S   

Corresponde  a  la Corte conceptuar sobre la  solicitud   de   extradición   del    ciudadano   colombiano  JUAN  CARLOS  BARBA VELÁSQUEZ, elevada por  el Gobierno de los Estados Unidos de América.   

L  A     S O L I C I T U D   

1.     Mediante    oficio   número  OFI06-2717-DIJ-0100  del  8  de febrero de 2006, el Ministerio del Interior y de  Justicia  comunicó  a  esta  Sala  de  la  Corte que el Gobierno de los Estados  Unidos  de  América,  por  conducto  de su Embajada en Colombia y mediante Nota  Verbal  número 0284 del 6 de febrero del citado año, solicitó en extradición  al    ciudadano    colombiano   Juan   Carlos   Barba  Velásquez,  capturado  el  9 de diciembre de 2005, en  cumplimiento  de  la  resolución  del  2 de noviembre anterior, expedida por la  Fiscalía General de la Nación.   

2.  La normatividad que rige al presente  trámite  es  la  contemplada  en el  Capítulo III, Título I, Libro V del  Código  de  Procedimiento Penal, en la  medida que no existe en el momento  convenio  aplicable  que regule el  asunto, como así lo conceptuó el Jefe  de  la  Oficina  de Asesoría Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores,  según oficio número OAJ.E. 0217 del 6 de febrero de 2006.   

3.  Los acontecimientos fácticos objeto  de  la  investigación  e  imputación  de  los  cargos formulados en su contra,  motivo  de  la  solicitud de extradición, fueron sintetizados en la Nota Verbal  número 0284 del 6 de febrero de 2006 de la siguiente manera:   

“Este caso es el  resultado  de  una  operación  encubierta  de la Agencia para el Control de las  Drogas  (DEA).  La operación encubierta involucró informantes confidenciales y  agentes  que se presentaron como miembros de tripulación de barco disponibles y  deseosos  de  transportar  cargamentos  de  cocaína desde aguas internacionales  fuera  de  la costa de Venezuela hacia Florida. Esta tripulación encubierta fue  utilizada  por  la  Organización  Ojeda-Herrera  (“OHO”)  para  transportar  cargamentos  de  700  – 800  kilogramos  de  cocaína  desde  la Isla de Margarita, Venezuela, hacia Florida.  Varios  intentos  –en enero  de  2001,  febrero  de  2001,  julio  de  2001,  y  marzo  de  2002 –  que  la  Organización Ojeda-Herrera  hizo  para  enviar  cargamentos  de  cientos  de  kilogramos  de  cocaína  a la  embarcación  encubierta en el mar, fracasaron. Sin embargo, durante el curso de  la  investigación,  los  agentes  de  la  DEA  identificaron  a  Carlos Alberto  Ojeda-Herrera,   a  Juan  Carlos  Barba  y  a  otros,  como  miembros  de  dicha  organización de tráfico de narcóticos.   

“Carlos  Alberto  Ojeda-Herrera  ha  sido el jefe de esta organización de tráfico de narcóticos  que  operaba  en  Miami,  Florida,  San Juan, Puerto Rico, la Isla de Margarita,  Venezuela,  y  Cúcuta, Colombia. La OHO ha sido responsable de la importación,  venta  y  distribución  de  cantidades  de  múltiples kilogramos de heroína y  cocaína  a los Estados Unidos, España y Yugoslavia, así como a otros lugares.  Tres  fuentes  confidenciales  diferentes  se reunieron con Ojeda-Herrera, quien  también  se  involucró  en  numerosas conversaciones telefónicas relacionadas  con  droga  tanto con agentes encubiertos de la DEA como fuentes confidenciales,  actuando  para  y  bajo la supervisión de la DEA. Muchas de esas conversaciones  fueron grabadas de mutuo acuerdo.   

“Juan Carlos Barba  viaja  frecuentemente  con  Ojeda-Herrera.  Barba  ha  estado involucrado en las  actividades  de  tráfico  de drogas de la OHO en varias capacidades, incluyendo  la   distribución  de  heroína  y  el  envío  de  cocaína  y  dinero.  Barba  personalmente   envió   aproximadamente   US   $50.000  dólares  a  la  fuente  confidencial  de  la  DEA  en Puerto Rico en dos ocasiones distintas (US $30.000  dólares  el  22  de diciembre de 2000, y US $20.000 dólares el 4 de febrero de  2001)  para  pagar los gastos de la tripulación del barco, la cual iba a viajar  a  Venezuela  para  transportar  cargamentos  de  cocaína a los Estados Unidos.  Barba  se  reunió  repetidamente  en  los  estados  Unidos  y  en Venezuela con  diferentes  fuentes  confidenciales  de  la  DEA  para  discutir  el  envío  de  cargamentos de cocaína.   

“Todas  las  acciones  adelantadas  por  el  acusado  en  este  caso  fueron  realizadas  con  posterioridad      al      17      de      diciembre     de     1997”.   

4.   La  documentación remitida por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de  América  que  sustenta  la solicitud de  extradición  del  ciudadano  colombiano  Juan  Carlos  Barba Velásquez, es la siguiente:   

4.1.  Copia de la Acusación Sustitutiva  N°  03-491  (ESH) del 12 de agosto de 2004, por medio de la cual el Tribunal de  Primera  Instancia  de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, acusó a  Juan    Carlos    Barba    Velásquez   del siguiente cargo:   

“CARGO  UNO   

“Desde el mes de  noviembre  del  2000,  o  de  alrededor de esa época, y continuando a partir de  entonces  hasta  e  inclusive,  por lo menos el 22 de mayo de 2002, en Colombia,  Venezuela,  Florida  y  en  otros lugares, los acusados  …    JUAN   CARLOS   BARBA,   alias   ‘Juancho’,       alias       ‘Juan        Carlos’…,  a   sabiendas   e   intencionalmente   se   juntaron,  conspiraron,   se   confederaron   y   concordaron   entre   sí   y  con  otros  co-conspiradores,  tanto  conocidos  como  desconocidos  del  Gran  Jurado, para  cometer  los  siguientes  delitos: (1) a sabiendas e intencionalmente distribuir  cinco  kilogramos  o  más  de una mezcla y sustancia que contenía una cantidad  perceptible  de  cocaína, una sustancia controlada que pertenece a la Tabla II,  con  la  intención  y  a  sabiendas  de que dicha sustancia iba a ser importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos, en violación del Título 21 del Código  Federal  de  los Estados Unidos, Secciones 959 y 960;  (2) para a sabiendas  e  intencionalmente importar a los estados Unidos desde Venezuela, a sabiendas e  intencionalmente  un  kilogramo  o  más de una mezcla y sustancia que contenía  una  cantidad  perceptible de heroína, una sustancia controlada que pertenece a  la  Tabla  I,  en  violación  del  Título  21,  Código Federal de los Estados  Unidos, Secciones 952 y 960”.   

4.2.   También se allegó copia de las  declaraciones  juradas  de  Lawrence  Schneider, Fiscal de la Sección de Drogas  Estupefacientes  y  Peligrosas  del  Ministerio de Justicia, y de A. J. Collazo,  Agente  Especial  del Departamento para el Control de Estupefacientes (DEA), las  que  respaldan  la  acusación contra Juan Carlos Barba  Velásquez.   

El   primero   de   los   nombrados,   esto  es,  Lawrence  Schneider,  incorpora  en    su    declaración    la   descripción   y   vigencia   de   los  tipos  penales imputados  en   el   pliego   acusatorio   y   una  síntesis  de   los    hechos,    de   la   actuación   procesal   y     de     los     cargos     atribuidos     al   solicitado  en extradición.   

Por su parte, el Agente A. J. Collazo relata,  de  manera  pormenorizada,   los   hechos   objeto  de   juzgamiento   ante   el   citado  Tribunal y la participación en  los   mismos  por  parte  del  requerido  en  extradición,  respecto  de  quien  suministra la información necesaria sobre su identidad.   

4.3.   Así  mismo,  se informó que el  solicitado,  Juan  Carlos Barba Velásquez,  “también conocido como ‘Juancho’, es ciudadano de Colombia, nacido el  30  de  noviembre de 1970… Es portador de la cédula de ciudadanía colombiana  N°  79.138.094”,  y  se  allegó la correspondiente  fotografía de su rostro.   

4.4.     Se     adjuntó   copia    del    texto    de   las   disposiciones   del    Código   de  los   Estados   Unidos   que   se    afirman    fueron    infringidas   por   el   solicitado    en     extradición     y     que     se   encontraban   vigentes   para  la  época  de  los  hechos.   

4.5.  Finalmente, se incorporó copia de  la  orden de arresto proferida en contra del requerido en extradición y dictada  por  el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito de  Columbia.   

PERÍODO    PROBATORIO   

Mediante providencia del 23 de mayo de 2006,  la  Sala  no  ordenó  la práctica de las pruebas solicitadas por la defensa ni  consideró necesario  decretar ninguna de oficio.   

ALEGATO      DEL    DEFENSOR   

La      defensa     no     presentó  alegaciones.   

ALEGATO   DEL   PROCURADOR  SEGUNDO   

DELEGADO  PARA   LA  CASACIÓN  PENAL   

El  representante  del  Ministerio Público,  después   de   relacionar  el  trámite  y  los  documentos  allegados  a  este  diligenciamiento,  dice  que,  en  lo  relativo  a  la  validez  formal  de  los  instrumentos,   el   Estado   solicitante   aportó,  debidamente  traducidas  y  autenticadas,  la pieza acusatoria, en la que se reseña el lugar y la fecha del  lugar  donde  ocurrieron  los  hechos  y  las conductas punibles atribuidas, las  normas  penales,  las declaraciones de apoyo a la solicitud de extradición y la  orden  de  detención,  motivo  por  el  cual  se  cumple  cabalmente  con  este  requisito.   

Respecto  a  la  demostración  plena  del  requerido,  asevera  que es otra exigencia que se cumple, toda vez que los datos  suministrados  por  las autoridades del país requirente coinciden con los de la  persona  que  fue notificada de la resolución expedida por la Fiscalía General  de  la Nación, por medio de la cual se ordenó su captura y que en este momento  se encuentra detenida con fines de extradición.   

Agrega   que   en   los   documentos    allegados     al    presente    trámite    se  consignaron   sus  datos  personales,  es  decir,   que   se   trata   de   un ciudadano  colombiano,   nacido     en     Barranquilla     el    30    de   noviembre    de   1970    y   que   es   portador   de    la    cédula    de   ciudadanía   número   79.138.094  expedida  en  Fontibón.   

En   lo   que   atañe   al   postulado   de   la   doble  incriminación,   sostiene     que    el   único   cargo    imputado   a   Barba     Velásquez    encuentra   adecuación   típica   en   el   artículo   340   de   la   Ley  599  de  2000,  el  cual   consagra    el    delito    de   concierto   para   delinquir   para  cometer  delitos de narcotráfico, cuya pena privativa de  la  libertad  no  es  inferior  a  4  años, lo que le permite concluir que este  postulado también se satisface.   

De  otro  lado,  en  lo  que  respecta  a la  equivalencia  de  la  providencia  dictada  en el país solicitante y apoyado en  jurisprudencia  de esta Corporación, manifiesta que la acusación dictada en el  extranjero  contiene  los  cargos  de  los cuales se debe defender el acusado en  juicio,  sin  dejar  pasar por alto que dicha pieza se  constituye en presupuesto procesal para la iniciación  de  la  etapa  de  juzgamiento, que culmina con la respectiva sentencia, además  que  contiene  una relación  detallada  de  los  hechos, con especificación de las circunstancias de tiempo,  modo  y lugar en que ocurrieron y la calificación jurídica de la conducta, con  indicación   de   las  disposiciones  sustanciales  aplicables,  elementos  que  permiten  colegir  que  aquella  providencia  equivale  a nuestra resolución de  acusación,  por  lo  que,  en  su  criterio,  esta  exigencia  también aparece  acreditada.   

Por  consiguiente,  estima  el  Procurador  Delegado   que  las  formalidades  legales   se  cumplen  satisfactoriamente para que la Corte proceda a emitir concepto  favorable   a   la   solicitud   de  extradición   del      ciudadano     Juan    Carlos    Barba  Velásquez.   

Finalmente,  recuerda a la Corte que en caso  de  que  se  conceda  la  entrega,  “corresponde al  Gobierno  Nacional  condicionar  la  extradición  a  que no podrá imponerse al  extraditado  pena  perpetua  o  pena  de  muerte,  a no ser juzgado por un hecho  anterior  al  que  motiva  la  extradición,  ni  ser sometido a tratos crueles,  inhumanos o degradantes”.   

CONCEPTO      DE    LA   CORTE   

El   artículo  520  de   la    Ley   600   de   2000   estatuye   que   el   concepto   que   emite   la  Sala  debe   estar   centrado   en   establecer   la   validez   formal   de   la  documentación  presentada,  en   la   demostración   plena  de la  identidad  del   solicitado,     en    el    principio    de    la   doble   incriminación,  en  la  equivalencia  de   la   providencia   proferida   en  el  extranjero   y,  cuando  fuere  el  caso, en el cumplimiento de los previstos en los tratados  públicos.   

En  esas condiciones, se procederá a emitir  el concepto en los siguientes términos:   

1.   La   validez       formal       de      los      documentos   aportados   

Advierte  la  Sala  que  la  documentación  presentada  como  soporte  de  la  petición  de  extradición  de  Juan  Carlos  Barba  Velásquez, cumple con  las  exigencias  legales  contempladas  en los Códigos de Procedimiento Penal y  Civil para tenerla como apta para fundar el respectivo concepto.   

Así,  no  hay  duda  que  los documentos se  allegaron   por  vía  diplomática,  habiendo  sido  debidamente  traducidos  y  autenticados,  dentro  de los cuales obran la copia de la Acusación Sustitutiva  N°  03-491  (ESH)  del 12 de agosto de 2004, dictada por el Tribunal de Primera  Instancia  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de Columbia, la que fue  firmada  por  el  Presidente  del  Gran  Jurado  y por la Jefe de la Sección de  Drogas  Estupefacientes  y  Peligrosas del Ministerio de Justicia de los Estados  Unidos,  señora  Jodi  L.  Avergun, documento cuya autenticidad de su contenido  fue  certificada con la firma y el sello pertenecientes a la Secretaria de dicho  Tribunal, señora Nancy Mayer Whittington.   

A su vez, obran las declaraciones juradas de  Lawrence   Schneider,   Fiscal  de  la  Sección  de  Drogas  Estupefacientes  y  Peligrosas  del  Ministerio de Justicia, y de A. J. Collazo, Agente Especial del  Departamento  para  el Control de Estupefacientes (DEA), rendidas, el 6 de enero  de   2006,   ante   la  Juez  de  los  Estados  Unidos,  Distrito  de  Columbia,  señora   Deborah  Robinson,  cuyos  contenidos  y traducción al español,  junto  con el resto de la documentación que las acompaña, fueron certificados,  el  23  de  enero  de  dicho  año, por Jason E. Carter, Director Asociado de la  Oficina  de  Asuntos Internacionales, División de lo Penal, del Departamento de  Justicia de los Estados Unidos.   

Así  mismo  aparece  que  la documentación  anexa  hace referencia a la orden de arresto, a la resolución de acusación y a  las  normas  aplicables  al  caso,  esto es, Título 18, Sección 2 (autores), y  Título  21,  Secciones  853  (confiscaciones  penales),  952  (importación  de  sustancias  controladas),  960  (actos  prohibidos  y  penas),  959  (posesión,  fabricación  o  distribución  de  una  sustancia  controlada) y 963 (intento y  conspiración) del Código de los Estados Unidos.   

A  su  vez,  la  firma y el cargo del señor  Jason  E.  Carter  fueron  certificados  por  el  señor  Alberto  R. González,  Procurador  de  los  Estados Unidos, quien según su propia afirmación escrita,  ordenó  que  se  estampara el sello del Departamento de Justicia de los Estados  Unidos,  siendo  atestada  la  firma  de  aquél  por  el Director Adjunto de la  Oficina   de   Asuntos   Internacionales,   División    de   lo   Penal,   y  el  sello  del  Departamento  de   Estado   fue  ordenado  por  la  Secretaria  de Estado, señora Condoleezza  Rice,  de cuyo nombre dio fe la Auxiliar de Autenticaciones de la misma oficina,  Fernesia T. Crawford.   

Finalmente,   dichos   documentos   fueron  presentados   para   su  autenticación  ante  la  Vicecónsul  de  Colombia  en  Washington  D. C., señora Jacqueline Espitia Arias, como así lo constató y lo  avaló  la  Oficina  de  Legalizaciones del Ministerio de Relaciones Exteriores,  cumpliéndose  con  lo  establecido  por  el  artículo  259 del C. de P. Civil,  modificado  por  el  1°,  numeral  118  del  D. E. 2282 de 1989 que dice:   “Los       documentos       públicos  otorgados       en      país      extranjero      por   funcionario       de      éste      o      con      su  intervención,   deberán  presentarse debidamente autenticados por el  cónsul    o    agente    diplomático    de   la   República,   y  en  su  defecto  por  el de   una     nación     amiga,     lo    cual    hace   presumir   que   se   otorgaron  conforme a la ley del respectivo  país.  La firma del cónsul o agente diplomático se abonará por el Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, y si se trata de agentes consulares de un  país  amigo,  se  autenticará  previamente  por  el funcionario competente del  mismo  y  los  de  éste  por el cónsul colombiano”,  disposición  aplicable al caso en virtud del principio de integración previsto  en  los  artículos  23  y  513,  último  inciso,  del Código de Procedimiento  Penal.   

Además,  el Jefe de la Oficina de Asesoría  Jurídica  del  Ministerio de Relaciones Exteriores, mediante oficio OAJ.E. 0217  del  6  de  febrero  de  2006,  certificó  que la documentación del expediente  procedente  de  la  Embajada  de  los Estados Unidos de América, fue presentado  “debidamente         autenticado”.   

Por lo tanto, teniendo en cuenta  que la  solicitud   de   extradición  de  Juan  Carlos  Barba  Velásquez  se  hizo por la vía diplomática y que en  la  expedición  y  trámite  de  los  mencionados  documentos,  así como en su  traducción,  se cumplieron todos los ritos formales de legalización prescritos  por  las  normas  de  los  Estados Unidos de América, la Corte los tendrá como  aptos  para  servir  de prueba en este asunto, cumpliéndose así con la primera  exigencia legal.   

2.   La   identificación     plena     del     solicitado    en   extradición   

No  hay  duda  que el colombiano  Juan  Carlos Barba Velásquez, a quien se  refiere  este trámite, es la persona solicitada en extradición por el Gobierno  de los Estados Unidos de América.   

En efecto, de la documentación remitida por  vía  diplomática se colige claramente, como lo destaca el Procurador Delegado,  que     se    trata    de    Juan    Carlos    Barba  Velásquez,  pues  basta  observar  que  el número de  cédula    de    ciudadanía     que     suministró     la   Embajada   de  los  Estados  Unidos  de América,   a     través     de     las    Notas    Verbales   números    2551   y   0284   del  20  de   octubre  de  2005    y    del    6    de    febrero    de   2006,    respectivamente,   concuerda   con   el   que   aparece    en    el    acta    de   notificación   personal   de  la   providencia   por   medio  de   la   cual   se  dispuso  su  captura,  en  la  diligencia  mediante  la  cual  se  le  comunicó  sus derechos de capturado por  razón  de  este  trámite  y  en  el  acta  de  buen  trato  suscrita  por  él  (79.138.094),  además  de  que ninguno de los sujetos procesales ha cuestionado  dicha identidad.   

Igualmente,  todos  los  datos suministrados  coinciden  con  los  que obran en la documentación, es decir, que se identifica  con  la  cédula de ciudadanía número 79.138.094 de Fontibón (Bogotá D.E.) y  que  nació  en  Barranquilla  el  30  de  noviembre  de  1970, información que  concuerda  integralmente  con  aquella  que  aparece  registrada  en  la tarjeta  decadactilar   expedida   por  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  documento  que  se aportó a este diligenciamiento, así como una fotografía de  su rostro.   

En esas condiciones, resulta evidente que la  persona    detenida    es    Juan    Carlos    Barba  Velásquez,   de  nacionalidad  colombiana  y  es  el  ciudadano  requerido  en  extradición  por  el  Gobierno  de los Estados Unidos  de  América.   

3.   El   principio  de  la  doble  incriminación   

De  conformidad  con  el  numeral  1°  del  artículo  511  del  Código de Procedimiento Penal, para que la extradición se  pueda  conceder  se  requiere  que  el  hecho  que la motiva esté previsto como  delito  en  Colombia  y reprimido con una sanción privativa de la libertad cuyo  mínimo no sea inferior a cuatro (4) años.   

Teniendo en cuenta la Acusación Sustitutiva  N°  03-491  (ESH)  del  12  de  agosto  de  2004,  dictada   por    el    Tribunal    de   Primera   Instancia   de   los  Estados   Unidos   para   el   Distrito   de   Columbia,   se   sabe   que   a  Juan  Carlos Barba Velásquez se le acusó,  conforme   al   cargo   uno  anteriormente  trascrito,  de “conspirar”    para    “distribuir”  en  los  Estados  Unidos   más  de  cinco   kilogramos    de    una    sustancia   controlada   que  contenía      cocaína,      y      de      “importar”    a    ese   país    un    kilogramo    o    más    de   una   mezcla    y    sustancia    que   contenía   una   cantidad   perceptible   de  heroína,  según  las normas penales del  Estado requirente en precedencia citadas.    

En  esas  condiciones,  advierte la Sala que  dicho  cargo,  de  acuerdo con los hechos que se imputan y las normas allegadas,  encuentra  adecuación  típica  en  nuestro  sistema  penal en lo reglado en el  artículo  340,  inciso  segundo,  del   Código  Penal,  modificado por el  artículo  8°  de  la  Ley 733 del 29 de enero de 2002, que prevé el concierto  para  delinquir  relacionado  con  el tráfico de drogas estupefacientes, habida  cuenta  que,  como  quedó  visto,  Juan  Carlos Barba  Velásquez, a “sabiendas e  intencionalmente”        se       concertó   para  importar  y  distribuir  sustancia    que    contenía   una   cantidad   perceptible   de   cocaína   y  heroína.   

Cabe  agregar  que  el  citado  delito  de  concierto  para  delinquir, en nuestra legislación contempla una pena privativa  de  la  libertad  que  oscila  entre  seis  (6)  y  doce (12) años de prisión,  punibilidad  que  se  aumentó  en la tercera parte respecto del mínimo y en la  mitad  en  cuanto  al máximo por disposición del artículo 14 de la Ley 890 de  2004.   

Así  las  cosas,  resulta  evidente  que se  cumple con el principio de la doble incriminación.   

4.    Equivalencia   de   la   providencia            proferida            en           el   extranjero.   

Advierte  la  Corte que no existe dificultad  alguna  para  concluir  que  se  cumple  con  el  requisito  de  la equivalencia  contemplado  en  el  numeral  2° del artículo 511 del Código de Procedimiento  Penal,  el  cual  exige  “que  por lo menos se haya  dictado  en  el  exterior resolución de acusación o su equivalente”.   

En   efecto,  el  Tribunal  de  Primera  Instancia  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  de  Columbia,  acusó a  Juan  Carlos Barba Velásquez  por  la  conducta  punible señalada en precedencia, mediante acto procesal  que  en  nuestra legislación equivale a la acusación, como emerge de las   siguientes similitudes, que las tornan equivalentes:   

     

a. Es  un  pliego  concreto de cargos en contra del acusado para que se  defienda de ellos en el juicio.     

     

a. Formulada  la  acusación  se inicia el juicio oral que finaliza con  el respectivo fallo de mérito.     

     

a. Se     señalan     los     hechos,    con   especificación     de     las    circunstancias    de   tiempo   modo  y  lugar  en  que  ocurrieron   y    la    calificación    jurídica   de   las  conductas,  con  indicación de las disposiciones sustanciales  aplicables.     

Por  lo  tanto, se observa que la acusación  emitida  por  el  tribunal  extranjero  es  equivalente  y tiene la misma fuerza  vinculante de la acusación propia de nuestro sistema judicial.   

ACOTACIÓN    FINAL   

Como  lo resaltó el Ministerio Público, se  pone  de  presente  al   Gobierno  Nacional  que  en  caso de concederse la  extradición,  debe  condicionar  la  entrega  en el sentido de que Juan  Carlos  Barba  Velásquez  no  será  juzgado  por  hechos distintos a los que originaron la reclamación, ni sometido  a  tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le impondrá la pena capital o  perpetua,  al  tenor  del  artículo  512  del  Código  de Procedimiento Penal.   

De  la  misma  manera,  se  le  exhorta  al  Gobierno,   encabezado  por  señor  Presidente  como  supremo  director  de  la  política  exterior  y  las  relaciones  internacionales  para  que  efectúe el  respectivo  seguimiento  a los condicionamientos que se impongan a la concesión  de  la  extradición  y  determinar  las  consecuencias que se derivarían de su  eventual  incumplimiento,  al  tenor  de  lo  señalado  en  el  ordinal 2° del  artículo 189 de la Carta Política.   

De   otra  parte,  se  pide  al  ejecutivo  recomiende  al  Estado  requirente que, en caso de condena, tenga en cuenta como  parte  de  la  pena  el tiempo que el solicitado haya podido estar privado de la  libertad con motivo del trámite de extradición.   

En  consecuencia,  como  la totalidad de los  requisitos   formales   contemplados   en   el  artículo  520  del  Código  de  Procedimiento   Penal  se  cumplen  satisfactoriamente,  la  Corte  CONCEPTÚA   FAVORABLEMENTE  a  la  solicitud  de  extradición  elevada  por  el Gobierno de los  Estados  Unidos  de  América,  respecto  del  ciudadano  colombiano  JUAN  CARLOS  BARBA VELÁSQUEZ, en cuanto  tiene   que   ver   con   el   cargo  uno  que  le fue imputado en la Acusación Sustitutiva N° 03-491 (ESH)  del  12  de  agosto de 2004, dictada por el Tribunal de Primera Instancia de los  Estados Unidos para el Distrito de Columbia.   

Comuníquese   esta   determinación   al  requerido  Juan  Carlos  Barba  Velásquez,   quien  se  encuentra  recluido  en  el  Centro  Penitenciario  y  Carcelario  de Alta y Mediana Seguridad de Combita, a su defensor, al Ministerio  Público  y  al  Fiscal  General  de  la  Nación,  para  lo  de   su   cargo.   

Devuélvase el expediente al Ministerio del  Interior y de Justicia, para lo de ley.   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Aclaración de voto  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                              ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Permiso  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                        JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

   TERESA  RUÍZ  NUÑEZ   

                                                                   Secretaria   

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición  que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de   Derecho,   también  debe  velar  por  la  efectividad  de  los  principios  –entre  ellos el fundante  de  la dignidad humana-, derechos y deberes consagrados en la Carta; defender la  independencia  nacional  y  proteger a todas las personas residentes en Colombia  en su vida, honra, bienes, creencias, derechos y libertades.   

En ese orden de cosas, estimo que es preciso  advertir  en  el  concepto sobre la necesidad de plantear otras condiciones a la  entrega  del  reclamado,  derivadas  del hecho de que el acto de extradición no  implica  que  el  extraditado  pierda  la nacionalidad colombiana, lo cual sólo  ocurre   frente  a  los  presupuestos  señalados  en  el  artículo  98  de  la  Constitución.   

En  tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes1  para que se solicite, conceda  u  ofrezca,  que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es preciso  comentar  que  como  no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que ligue a  Colombia  con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para evaluar  la  procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u ofrecimiento de extradición  entre los dos países es el Código de Procedimiento Penal.   

Obsérvese que los preceptos que desarrollan  la  extradición  en  la  Ley  600  de  2000,  además  de  reiterar  las reglas  constitucionales  (improcedencia por delitos políticos, o la de colombianos por  nacimiento  por  hechos  cometidos   con   anterioridad  al   16    de   diciembre   de  1997  –artículo  508-); fijan el organismo al que le corresponde ofrecer o  conceder  la  extradición  de  una  persona  y  las facultades sobre la materia  –el gobierno-, el ámbito  de  competencia  de  cada  ente  gubernamental,  y  el  que le corresponde en el  trámite  a  la  Corte;  señalan  requisitos adicionales (doble incriminación,  acto  procesal  mínimo en el exterior –artículo   510-);  estructuran  la  forma  como  se  desarrolla  el  trámite  mixto,  así  como  los  fundamentos  del  concepto  (artículo  520);  determinan  cuándo  se  decide  sobre  la solicitud, en qué momento se hace la  entrega  y  regula  la  orden  de  prelación  en  caso  de  varias  solicitudes  (artículos  522, 523 y 524); consagran el derecho a la defensa y los eventos en  que hay lugar a la libertad (artículos 529 y 530).   

Además, el artículo 512 ibídem le impone  de  modo  imperativo  al  gobierno la obligación de exigir que el solicitado no  vaya   a   ser  juzgado  por  un  hecho  anterior  diverso  del  que  motiva  la  extradición,  ni  sometido  a  sanciones  distintas  de  las que se le hubieran  impuesto  en  la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en caso de que  la  legislación  del  país  reclamante  la prevea como sanción del delito que  motiva la solicitud de extradición.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por otra parte, se observa por la Corte, que  la   Constitución   colombiana,   prohíbe  en  su  artículo  34  ‘las   penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación’,  a  las  cuales,  por  las  mismas  razones  anteriormente  expuestas,  no podrá  someterse  al  extraditado  por  el  país  que  lo  juzgue,  lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”2   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el artículo 512  del    Código   de   Procedimiento   Penal   preceptúa   que   “El  gobierno  podrá  subordinar el ofrecimiento o la concesión de  la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas”.   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce3,  y  con  los  derechos  y  garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al  artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a cualquier otro nacional en las mismas condiciones- todas las  garantías  debidas  a  su condición de justiciable, en particular, a que tenga  acceso  a un proceso público sin dilaciones injustificadas, a que se presuma su  inocencia,  a  que  cuente con un intérprete, a que tenga un defensor designado  por  él  o  por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios adecuados  para  que  prepare  la  defensa,  a  presentar pruebas y controvertir las que se  aduzcan  en  contra,  a  que  su  situación  de  privación  de  la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición, es  misión  del  Estado,  por  medio  del  ámbito  de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Corte  Constitucional, sentencia C-740/00.   

2  Sentencia C-1106/00.   

3 Cfr.  Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

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