24967(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24967  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ    

Aprobado  acta No.   181   

Bogotá  D.  C.,   veintiséis  (26) de  septiembre de dos mil siete (2007)   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el defensor del procesado  CARLOS    EDUARDO   MOSCOSO   FLÓREZ   contra  la sentencia, de segunda instancia, proferida por el Juzgado  27  Penal de Circuito de Medellín, el 12 de septiembre de 2005, por medio de la  cual  confirmó  la  de  primera  instancia  proferida  por el Juzgado 9° Penal  Municipal,  a través de la cual lo condenó a la pena de 56 meses de prisión y  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un  período  igual  al  de  la pena principal, como autor responsable del delito de  hurto calificado y agravado.   

HECHOS  

En  la  sentencia  impugnada,  el Juzgado 27  Penal de Circuito de Medellín, hizo la siguiente síntesis:   

“Según  denuncia formulada por el señor  Hernán  de  Jesús  Londoño  Estrada,  los  hechos tuvieron ocurrencia en esta  municipalidad  el 29 de julio de 2003, cuando el referido ciudadano quien venía  desempeñando  labores  en  la  vía  pública  y  operando  la  máquina pisón  vibratoria     de    suelos    denominada    comúnmente    como    ‘Canguro’,  por el sector de la carrera 85 con  la  calle 89 C., fue abordado por dos sujetos que se trasladaban en un vehículo  tipo  taxi,  los  cuales  bajo  amenazas  de  muerte y simulando portar armas de  fuego,  le  exigieron la entrega del citado aparato el cual luego de ser montado  en  el  mencionado  rodante,  emprendieron la retirada lográndose finalmente la  aprehensión  de  uno  de  los asaltantes cuando fuera inmovilizado el automotor  utilizado  para  la  ejecución  del acto criminal, hallándose en la maleta del  mismo  el  elemento  birlado  y valorado por el denunciante en siete millones de  pesos  ($7.000.000),  quien junto con el apresado CARLOS EDUARDO MOSCOSO FLÓREZ  fueron  dejados  a disposición de la autoridad competente para el investigativo  de rigor.”   

Por  los hechos narrados precedentemente, la  Fiscal  130  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  Municipales  de  Medellín,  mediante  resolución  del  19  de  abril  de  2004,  profirió  resolución  de  acusación   en   contra  de  CARLOS  EDUARDO  MOSCOSO  FLÓREZ,  como  probable  autor  del  delito  de hurto  calificado y agravado.   

LA   DEMANDA   

El  defensor  del  procesado  solicita  a la  Corte,  inicialmente,  que  se admita la demanda atendiendo los presupuestos del  recurso  extraordinario de casación por la vía excepcional y con fundamento en  el  desarrollo  jurisprudencial  atinente  al  momento consumativo del delito de  hurto,  para,  posteriormente,  promover un cargo al amparo de la causal primera  por violación directa de la ley sustancial.   

Considera  el  recurrente  que la Corte debe  prohijar  una  interpretación que satisfaga de manera plena los principios y la  axiología  constitucional,  pues  se  está  en  presencia  de un Código Penal  expedido al amparo de una nueva Constitución.   

Luego   de   mencionar   los   precedentes  jurisprudenciales   de   esta   Sala  de  la  Corte1,    respecto   del   momento  consumativo  del delito de hurto, durante la vigencia del Código Penal de 1980,  refiere  que de acuerdo con el artículo 239 de la Ley 599 de 2000 que define la  conducta   de   hurto   que   esta   representada   por  el  verbo  “apoderarse”  la  concreción  de  la  conducta  está  definida  de  acuerdo  al  significado  que se le de al mismo y  delimitando el espacio entre la consumación y la mera tentativa.   

De esta manera, se pregunta: “Cuál  es  el  significado  que  cabe  darle  al verbo ‘apoderarse’?.   En  respuesta  al  interrogante  propuesto  hace  referencia a las diversas teorías  sobre     la    “Aprehensio    rei”  que  hace  equivalente  el apoderarse con el simple tocamiento del  objeto      material      o,      la      tesis      de      la     “Amotio” la cual asume como consumado  el  hurto  con el simple hecho de que el sujeto activo toma el objeto material y  lo  traslada  o  lo  saca  del  lugar  donde  se  encontraba o, la teoría de la  “Ablatio”  que  reputa  consumado  el  hurto  cuando  el  sujeto  activo coloca el objeto sustraído por  fuera de la esfera de custodia del dueño o tenedor.   

Refiere  que a partir de la Constitución de  1991,  se  concibió  el Estado Social y Democrático de Derecho, que tiene como  fuente  el  reconocimiento  de  los Derechos Humanos y la constitucionalización  del   derecho   penal,   como  lo  ha  expresado  esta  Corporación2;    por  consiguiente,    se    debe    equiparar    el    concepto    de    “apoderamiento”    con    el    de  disponibilidad,  esto  es,  con la capacidad fáctica de disposición del objeto  sustraído  para el sujeto activo de la conducta, dado que, esta interpretación  tiene una tradición en la doctrina nacional y extranjera.   

Insiste  en que con tal forma de interpretar  el  delito  de  hurto, permite diferenciar la consumación como lesión del bien  jurídico  y la tentativa como peligro concreto para el mismo, comprendiendo las  dos  modalidades  a  las  que  alude  el  artículo  11  del Código Penal, como  constitutivas  de  la  forma como se presenta el injusto. Al diferenciar la real  “despatrimonialización”,  evento  de  mera  tentativa y al obligar al trato  punitivo diferenciado que regula el artículo 27 del Código Penal.   

Adicionalmente,  puntualiza que delimita con  absoluta  claridad  la  conducta  de  hurto  consumado  con  la  del  tentado  y  desarrolla  el  mandato  constitucional  que  obliga  a  la  ley penal a definir  “de   manera  inequívoca,  expresa  y  clara  las  características    básicas   estructurales   del   tipo   penal”   y,   además,   adquieren   fuerza   normativa   los   principios  rectores.   

Cargo  único,  violación directa de la ley  sustancial   por   interpretación   errónea  del  artículo  239  del  Código  Penal.   

Sostiene  el  recurrente  que  la violación  directa  de la ley sustancial, se presenta al darle a la expresión “apoderarse”,  un  significado que no  tiene  y  con  ello  se  dejó  de aplicar el artículo 27 del Código Penal, al  calificar  el  hurto  como  consumado,  cuando  en  realidad  se  trataba de una  conducta  meramente  tentada,  así las cosas se le impuso al procesado una pena  muy superior a la señalada en la ley.   

Luego de transcribir apartes de la sentencia  de   instancia,  considera  que  la  interpretación  constitucional  del  verbo  “apoderarse”   para  delimitar  el  hurto consumado del que se queda en grado de tentativa, confronta  la  tesis  de que para la consumación basta el mero hecho de que se superen los  medios  de custodia que tenía el objeto material, además, es perentorio que el  sujeto  activo  adquiera  la  disponibilidad  de  la cosa, esto es, la capacidad  efectiva de disposición de la misma.   

Previo  a  la  referencia  a  algunos de los  medios   probatorios  incorporados  en  el  proceso,  puntualiza  que  el  yerro  hermenéutico  constituye  una violación de una norma sustancial, en este caso,  el  artículo  239 del Código Penal, lo cual proyectó una falta de aplicación  del  artículo  27  ibídem,  lo  que  hizo  que  la  rebaja  de  pena  no fuera  considerada en la sentencia.   

Por  lo  anterior,  solicita  a  la  Corte  invalidar  la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  27  Penal del Circuito de  Medellín.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.-   De   acuerdo   con   el   desarrollo  jurisprudencial  de  la  Sala, es preciso señalar, inicialmente, que la demanda  de  sustentación  del  recurso  de  casación  por  la  vía discrecional, debe  justificar  la solicitud en la necesidad del desarrollo de la jurisprudencia, ya  para  su  unificación,  dada  sus  variaciones  o  la  diversidad  de criterios  sostenidos  por  la  Corte,  ora porque existan vacíos que exijan precisiones o  ampliaciones  para  señalarle  sentido  y  alcance  a la ley, o bien porque con  ocasión  al  tránsito  de  leyes  o  por  la concurrencia de nuevas realidades  fácticas  o  jurídicas,  la  Sala no haya tenido oportunidad de referirse a un  tema  sustancial  específico, ante el cual la sentencia acusada yerra o infiere  agravio  al  impugnante,  como  también  para  propiciar  la ampliación de los  mecanismos     protectores     de     las    garantías    de    los    derechos  fundamentales.3   

Bien   podría   ser  de  recibo,  que  la  motivación  de la casación excepcional se realizara con la formulación de los  cargos  respectivos,  para  los efectos señalados en el párrafo inmediatamente  anterior,  será  indispensable  escindir de la explicación con que se sustenta  el   cargo   o   censura,   la   justificación   de   la  discrecionalidad  del  recurso.4   

2.-  Desde  esa  perspectiva, la demanda que  sustente   el  recurso  de  casación  necesariamente  debe  caracterizarse  por  permitir  colegir  sin  temor  a  equivocaciones  los  errores  en  que pudieron  incurrir  los  juzgadores  de instancia. El reproche a la sentencia acusada debe  ser  de  objetiva  comprensión, porque así lo exige la naturaleza y alcance de  las  normas  que  gobiernan  el  recurso  extraordinario;  por  consiguiente, la  demanda  debe  reunir  los requisitos exigidos por la ley para su admisibilidad,  al  tenor  de  lo  dispuesto  por  los  artículos  212  y  213  del  Código de  Procedimiento Penal.   

En el presente caso, el actor al promover el  recurso  extraordinario de casación excepcional pretende que la Corte reexamine  el  criterio  jurisprudencial  que  ha sostenido atinente al momento consumativo  del  delito  de  hurto,  moldeándolo  de acuerdo con los postulados de la Carta  Política  de  1991;  empero,  lo   que asoma de su motivación es la forma  como  antepone  su  personal  y subjetivo criterio del verbo rector “apoderar” haciéndolo extensivo para  su  consumación  con el de “disponer”  para  degradar  la  punibilidad,  como  que,  si  no se obtiene la  disposición el delito quedaría en grado de tentativa.   

Sea  lo  primero  advertir, que la propuesta  resulta  absolutamente  impertinente,  pues  de  acuerdo  con  la preceptiva del  artículo  27 del Código Civil: La interpretación gramatical, se particulariza  “Cuando  el  sentido  de  la  ley  sea claro, no se  desatenderá  su  tenor  literal a pretexto de consultar su espíritu. Pero bien  se  puede,  para  interpretar  una  expresión  oscura  de la ley, recurrir a su  intención  o  espíritu, claramente manifestados en ella misma o en la historia  fidedigna  de  su  establecimiento.” Por su parte, el  artículo  28  ibídem, prevé que: “Las palabras de  la  ley  se  entenderán en su sentido natural y obvio, según el uso general de  las  mismas  palabras;  pero cuando el legislador las haya definido expresamente  para  ciertas  materias, se les dará en éstas su significado legal”,   debe   colegirse,  entonces,  que  los  preceptos  anteriores  constituyen  una  guía  en  la  búsqueda de la voluntad de la ley a partir del  significado  filológico  de  las  palabras  o  la  relación  de  los términos  utilizados  por  la  ley  con  el uso general del lenguaje, sin dejar de lado la  doctrina                  extranjera5,  al recordar a H. H. JESCHECK  cuando  señaló  que “Toda norma jurídica necesita  ser  interpretada,  incluso  en  casos  de  claro tenor literal, pues el sentido  jurídico  de  un  precepto  legal  puede  ser  distinto  a  lo  que  el  normal  entendimiento  deduce  del  texto  literal aparentemente claro…”    

En  segundo  lugar,  es  de  anotar  que  la  jurisprudencia        de        la        Sala6, desde tiempos pretéritos, no  ha  sido  ajena al análisis hermenéutico del delito de hurto, desestimando, en  particular,  los  planteamientos  que  ahora  trae  el  actor,  pues ellos no se  ajustan  a la redacción gramatical del tipo penal previsto, en el artículo 239  de  la  Ley 599 de 2000, toda vez que, para su consumación no requiere de actos  dispositivos  mencionados  por  el  demandante,  con  lo  cual  hace  inane  los  fundamentos  en  los  que  soporta  la casación excepcional orientada al cambio  jurisprudencial respecto del delito de hurto.   

De   esta   manera,  es  claro,  que  esta  Corporación  en múltiples oportunidades, ha discurrido en torno a los aspectos  que  inquietan  al  censor,  entre  otros,  el  significado gramatical del verbo  “apoderar”,  los  actos  de  ejecución  del  reato, el momento consumativo,  criterios  jurisprudenciales que, francamente,  no se precisan modificar en  la  situación  particular  que  sugiere  el demandante, máxime cuando ellos no  riñen con los postulados de la Carta Política de 1991.   

En tales condiciones, como la justificación  de  la casación discrecional expresada por el actor, se ubica bien distante del  desarrollo  jurisprudencial  que  durante lustros ha sostenido la Corte y que no  se  imponen  recoger  o  variar,  la  demanda  presentada  tendrá por suerte su  inadmisión,  si  a ello se adiciona, que el único cargo propuesto, además, de  faltar  a  la metodología inherente a la formulación por violación directa de  la  ley  sustancial,  en  el fondo, se evoca como consecuencia de la motivación  para la admisión del recurso extraordinario de casación.   

Por  último,  debe recordar la Corte que la  casación   no  es  una  tercera  instancia,  donde  resulta  posible  entrar  a  controvertir  las  conclusiones fácticas o jurídicas del fallo impugnado, sino  que,  el  recurso  extraordinario  comporta  la  realización  de un juicio a su  legalidad   que  impone,  como  tal,  demostrar  que  la  decisión  contraviene  ostensiblemente  el  ordenamiento  jurídico,  no se trata, pues, de una tercera  oportunidad   para   debatir   los   hechos   o   discutir  las  pruebas  de  la  responsabilidad,  sino  donde se justiprecia la juridicidad de las decisiones de  los juzgadores de instancia.   

Y, desde esta última perspectiva la Sala no  advierte,  en  el curso del proceso ni en los fallos, ostensible vulneración de  los  derechos  fundamentales,  ni  causales  de  nulidad  que  la  obliguen a un  pronunciamiento oficioso.   

En  consecuencia,  se desestima la demanda y  contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda de casación presentada  a  nombre  del procesado CARLOS EDUARDO MOSCOSO FLÓREZ  por las razones anotadas precedentemente.   

Devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

CÓPIESE, COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                             JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                    JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA           

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                                     JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA. Sentencias, agosto 2 de 1993, mayo 6 de 1999   

2 CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA. Sentencia, 21064 septiembre 15 de 2004   

3 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA. Sentencias, mayo 22 de 2000,   junio 19 de 2003  y Rad. 23088  junio 22 de 2005.   

4 CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA.   Autos   noviembre   14   de  2002  y  octubre  22  de  2003.   

5  TRATADO  DE  DERECHO  PENAL  I:  MIR  P, Santiago y MUÑOZ CONDE, Francisco. Ed.  Barcelona,    Bosch    1981     

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA.  Auto, 7461 abril 20 de 1992; Sentencias, 10644 mayo 6 de  1999;  15612,  octubre  31  de  2002; 15133, mayo 22 de 2003; 16638, julio 31 de  2003;   15225,   septiembre  15  de  2005;  24249,  febrero  21  de  2007.      

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