24799(03-08-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24799  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 080  

         

Bogotá  D. C.,  tres (3) de agosto de  dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O  S   

Se  pronuncia  la  Corte  respecto  de  la  admisibilidad  formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor de  ANA     MARÍA     GÓMEZ     CRIALES.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  día  13  de  septiembre de 2001, el  señor  AMADEO  FLÓREZ  MOLINA, realiza préstamo con garantía hipotecaria por  valor  de  $318.500.000  a  quienes  se  identificaron  como JULIAN ANDRÉS  CAMPO  LIZARASO  y  SANTIAGO  CAMPO  LIZARAZO, socios de la sociedad DIEGO LEÓN  CAMPO  y  Cia  S.C.S,  propietaria  del  predio  afectado con la garantía real,  denominado  Hacienda San Julian. Días después se percata que ha sido objeto de  una  estafa,  al  entrevistarse  con  los  verdaderos  hermanos  CAMPO LIZARASO,  quienes   eran   personas   muy   distintas   a   las   que   con   él  habían  contratado.   

Por  llamada  efectuada  por  uno  de  los  coautores  de los delitos investigados, JULIAN ARTURO ANGEL TABARES, al hijo del  afectado,  MAURICIO  FLOREZ  BARCIONA  y  la cual fue grabada por éste, se tuvo  conocimiento  de  los  nombres  de  todos  los  implicados  en  la defraudación  realizada  a  su padre, entre ellos el de uno de los propietarios de la hacienda  hipotecada,  JULIAN  ANDRÉS  CAMPO  LIZARAZO;  lográndose  la  vinculación al  proceso  de  los  anteriores  y  de  OSCAR  MARIO  ESTADA DUQUE, JAIME ECHEVERRI  GARCÍA,    CLAUDIA   CARMENZA   CASTAÑEDA   PINEDA   y   ANA   MARÍA   GÓMEZ  CRIALES.”       

2.-   Por  los  anteriores  hechos, la  Fiscalía  General  de la Nación, a través de una Fiscalía Seccional de Cali,  el  7  de  octubre  2002,  acusó a JAIME ECHEVERRI GARCÍA, JULIAN ARTURO ANGEL  TABARES,  OSCAR MARIO ESTRADA DUQUE, CLAUDIA CARMENZA CASTAÑEDA PINEDA y JULIAN  ANDRÉS   CAMPO  LIZARAZO,  entre  otros,  como  presuntos  responsables  de  la  comisión  del  delito  de  estafa agravada, entre otras imputaciones, decisión  que  fue  objeto de impugnación y confirmada por una Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Cali el 19 de febrero de 2003.   

En  dicha  resolución  de  acusación,  se  formularon  igualmente  cargos  contra  Ana  María Gómez Criales en calidad de  cómplice en delito de estafa.    

3.- El proceso pasó al Juzgado 10 Penal del  Circuito  de  Cali,  despacho que mediante sentencia del 18 de noviembre de 2004  dictó sentencia de primera instancia de la siguiente manera:   

Condenó  a Julián Arturo Ángel Tabares y  Jaime  Echeverri  García  a  la pena de 144 meses de prisión como responsables  del  delito  de  estafa  agravada,  entre otros delitos; a Julián Andrés Campo  Lizarazo  a  la  pena  de  168  meses  igualmente como responsable del delito de  estafa  agravada,  entre otros delitos; a Oscar Mario Estrada Duque a la pena de  48  meses  como  responsable  del delito de fraude procesal y a Claudia Carmenza  Castañeda    Pineda    y    ANA    MARÍA   GÓMEZ  CRIALES  a  la  pena  de  12  meses  de prisión como  responsables del delito de estafa en el grado de tentativa.   

4.-  Inconforme con la determinación,  los  apoderados  de los sentenciados acudieron al recurso de apelación, el cual  es  desatado  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  Corporación  que mediante  sentencia  del  16  de  agosto  de  2005  confirmó  en  su generalidad el fallo  recurrido.   

En  estas condiciones solamente el defensor  de    ANA    MARÍA    GÓMEZ   CRIALES  interpone  recurso de casación, el cual ocupa ahora la atención  de la Sala.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Invocando el numeral 1° de que trata la Ley  600  de  2000,  formula  el  demandante  un  cargo contra el fallo del Tribunal,  alegando  que  se  incurrió  en  un  error  “…  de  apreciación   racional   de   las   pruebas  …  “,  destacando  que  los  falladores  no  efectuaron  un  análisis  conjunto de los  elementos  probatorios allegados al proceso, especialmente los que favorecían a  su  defendida,  como  la  versión  rendida  en  diligencia de indagatoria y las  versiones  brindadas  por  Catherine Grajales Pardo y Gustavo Adolfo Galviz, que  acreditaban  que  su compañera de estudios tan sólo lo que hizo fue hacerle un  favor a su novio ayudándole a cambiar un cheque.   

Igualmente, estima el censor, se hicieron a  un  lado  las  “… condiciones personales, sociales y  familiares  …”  de la sentenciada, pues de haberlas  tenido   en   consideración,  innegablemente  se  hubiera  proferido  un  fallo  absolutorio.   

Criticas que las centra el censor en que en  este  evento  no  se  demostró  la  presencia  del  dolo, el cual no es posible  presumirlo,  lo  que  así  visto ha debido llevar por lo menos a la aplicación  del  principio  universal  de  la  presunción  de inocencia o del “…  beneficio de la duda razonable …”,  como  quiera  que  su defendida no contribuyó a la realización de una conducta  antijurídica  en  tanto  que  ella  no  sabía  ni  conocía  las “andanzas”  de  su  novio  y tan sólo le  colaboró  pero  para  hacerle  un  favor,  cual  era cobrar un cheque de veinte  millones  de  pesos,  como quiera que éste le había informado que se le había  extraviado la cedula de ciudadanía.   

Lo  que  hizo,  a  decir  del  demandante,  sabiéndose  que  por  la  cuantía  del  cheque  se le iría a tomar una foto y  huella,  debió  mas  bien ser visto como la demostración de que ella no sabía  de  la  ilícita  procedencia del cheque, pues, concluye, ciertamente se hubiera  negado a cobrarlo.   

En  estas condiciones, luego de referirse a  los  hechos  procesales  que  en su concepto son demostrativos de la ausencia de  responsabilidad  de  su  defendida,  como  la  diligencia  de  indagatoria,  los  antecedentes  de  personalidad,  la “… espontaneidad  en   las   respuestas   …”,  la  “…  concordancia  plena  de sus explicaciones  …”,  concluye  que los argumentos de los sentenciadores para condenarla no son  otra  cosa  que  una  fundamentación  sometida a “…  meras conjeturas e hipótesis …”.   

Por ello, solicita que se case el fallo y en  su  lugar  se profiera la absolución acorde con el material probatorio allegado  al trámite penal.   

LA CORTE CONSIDERA  

En   lo  que  puede  vislumbrarse  en  la  invocación  y  desarrollo  de  la  censura casacional, haciendo un esfuerzo por  entender  sus argumentos, se deduce que la vía escogida por el demandante es la  indirecta  de que trata la causal primera de casación, es decir, el reproche se  contrae  a la violación de la ley sustancial por virtud del recaudo probatorio,  sobre  la  cual  dice  el  demandante que recae el defecto que le da acceso a la  casación.  Aclaración  que  resulta necesaria efectuarla por cuanto si bien es  cierto  que el libelista dice que acude a la “causal  primera”, no concreta cual es la vía, es decir, si  es por vía directa o indirecta.   

Entendido  lo  anterior,  correspondía  al  casacionista  señalar sobre qué elemento de juicio el sentenciador cometió el  yerro  de  apreciación  probatoria, en qué consistió el mismo, esto es, cómo  al  momento  de  apreciarla  individual  y  mancomunadamente,  hizo a un lado la  prueba  existente  ó  la  supuso  ó  distorsionó  su  contenido  objetivo  y,  finalmente,  en  lo que respecta a la trascendencia del vicio, debió evidenciar  cómo  tal  situación  objetiva  en  torno  al  elemento probatorio influyó en  las   decisiones  adoptadas en  el fallo, para lo cual debió tener en  cuenta las demás probanzas en que se fundó el fallo acusado.   

Sin embargo, en el desarrollo de la censura,  antes  que revelarse lo anteriormente dicho, lo que se advierte en la demanda es  una  manifiesta  y  abierta  controversia al valor que el fallo le otorgó a los  elementos  de  prueba  que  el  demandante  destaca, como es la indagatoria y la  declaración  de  Catherine  Grajales Pardo y Gustavo Adolfo Galviz, compañeros  de   estudio   de   la  condenada  ANA  MARÍA  GOMEZ  CRIALES,  cuestionándolos  pero  no  por la realidad  objetiva  que  contenían, sino por cuanto no se les hubiera tenido como soporte  para llegar a una sentencia absolutoria.   

En estas condiciones, el argumento en que se  centra  la  demanda  es  innegablemente  la  simple  discrepancia  de  criterios  valorativos  en  torno  al  grado de estimación probatoria que el instructor le  otorgó  a  dichas  pruebas,  tal  y como si se estuviese en una instancia en la  cual   se   pueden  edificar,  proponer  y  sustentar  tesis  valorativas  o  de  credibilidad  probatoria que demuestren por ejemplo la ausencia de dolo, la duda  o  la  atipicidad  de  la  conducta,  tal como lo quiere hacer el censor en esta  excepcional sede de impugnación judicial.   

Tal discrepancia en la manera de asumir las  pruebas,  como  se  sabe, no constituye error demandable en casación, salvo que  en  la  apreciación de los medios de convicción se vulneren los postulados que  informan  la  sana  crítica,  evento  en el cual el reparo se debe formular con  fundamento   en   los  parámetros  técnicos  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Ahora,  si se trataba de demandar la prueba  de  indicio,  pues  es en ella que se edificó la demostración del conocimiento  de  la  sentenciada  de la procedencia ilícita del cheque que cobró y por ende  su  declaratoria  de  culpabilidad,  el  casacionista  ha  debido  relacionar la  identificación  de  los  elementos  probatorios que sirvieron de sustento a esa  labor  y,  seguidamente,  indicar  el  error  denunciado  sobre  las pruebas que  contenían  los  hechos  indicadores,  si  de existencia, identidad, legalidad o  convicción, para la correcta formulación de la censura.   

Y si se trataba de cuestionar la inferencia  lógica  o  el  valor probatorio otorgado a los indicios, era su deber acreditar  el  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  lo cual se cumple  mostrando  divergencia  existente  entre  las  deducciones y declaraciones de la  sentencia  en  dicho  sentido  y  las  que  corresponden hacer de acuerdo con la  lógica, la experiencia o la ciencia.   

Sin  embargo,  nada  de  ello  se  hizo  ni  demostró,  lo que permite concluir, sin lugar a dudas, que la censura no reúne  los   presupuestos   de   claridad   y   precisión  por  lo  que  la  Corte  la  inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa,  por cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  ANA   MARÍA  GÓMEZ  CRIALES.  En  consecuencia,  se  declara      desierto     el     recurso     extraordinario     de     casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

   PERMISO  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA          JAVIER   ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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