24670(16-03-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24670   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 024.  

Bogotá D.C., marzo dieciséis (16) de dos mil  seis (2006)   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisión formal del  libelo  de  casación  presentado  por  el  defensor  de  los incriminados   HUMBERTO    y  WILLIAM  GERMÁN  LEMUS  PRADO, contra el  fallo  de  segundo  grado  proferido por el Tribunal Superior de Bogotá el 4 de  febrero  de  2005, a través del cual confirmó el dictado por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad el 27 de abril de 2004, por cuyo medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de estafa  agravada por la cuantía.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          En  octubre de 2002 el Jefe de Operaciones del Área Operativa de la  Gerencia  de  la  Banca  Electrónica del Banco de Bogotá detectó faltantes en  diversas  cuentas  contables y por ello, dispuso una investigación a través de  la  cual  se  estableció  que  un  empleado de la referida entidad Ricardo   Martínez  Mayorga  –  quien durante el sumario se acogió a  sentencia   anticipada   –  modificaba  el  archivo  correspondiente  a  las operaciones que se realizaban a  través  de  la  Cuenta  Nacional  y  conseguía  abonar indebidamente dineros a  diversas   cuentas   corrientes   de   clientes   del   banco   en  cuantía  de  $646.744.609.oo     conseguidas     por    Alexander  Martínez  y Guillermo Bernal  Herrera,  entre  las  cuales se encontraban las de los  procesados         HUMBERTO        y      WILLIAM     GERMÁN     LEMUS  PRADO  a  donde  fueron  consignadas  las  sumas  de  $21.595.000.oo y $165.008.862.oo, respectivamente.   

Dispuesta  la  correspondiente  apertura  de  instrucción,  se  vinculó,  entre  otros, a HUMBERTO  y    WILLIAM   GERMÁN  LEMUS mediante indagatoria y  les  fue  resuelta  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de  detención  preventiva como posibles coautores del concurso de delitos de estafa  agravada y falsedad material en documento privado.   

Cerrado parcialmente el ciclo instructivo, el  mérito  del  sumario  fue  calificado  el 4 de abril de 2003 con resolución de  acusación  en contra de los procesados como presuntos coautores del concurso de  delitos  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento.  Al conocer la Unidad de  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá de la impugnación  interpuesta  por la defensa contra la anterior providencia, mediante resolución  del  9  de  junio  de  la referida anualidad decidió precluir la investigación  adelantada  contra  los  procesados  por  el  delito  de  falsedad  de documento  público    y    confirmar    la   acusación   por   el   punible   de   estafa  agravada.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez surtido  el  rito dispuesto por el legislador profirió fallo el 27 de abril de 2004, por  cuyo   medio   condenó   a   HUMBERTO   y  WILLIAM GERMÁN LEMUS PRADO  a  la  pena  principal  de treinta y seis (36) meses de prisión y  multa  de  cinucenta y cuatro (54) salarios mínimos legales mensuales vigentes,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo lapso de la pena privativa de la libertad y al pago de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios  como  coautores  penalmente  responsables del delito objeto de acusación.   

En  la  misma decisión les fue concedida la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Impugnado  el  fallo  por el defensor de los  incriminados,  el  Tribunal  Superior de Bogotá lo confirmó mediante sentencia  del  4  de  febrero  de  2005,  contra  la  cual  el  defensor  de  HUMBERTO    y  WILLIAM   GERMÁN   LEMUS   PRADO  interpuso  recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el  censor  postula un solo cargo, por estimar que el Tribunal  violó   “directamente  la  ley  sustancial  en  la  VIOLACIÓN  INDIRECTA  Y  ERROR  DE  APRECIACIÓN  DE  LA  NORMA  DEL  BLOQUE DE  CONSTITUCIONALIDAD,   CONSTITUCIONAL   O   LEGAL,   consagrados   en   la  norma  procedimental  de  conformidad con el artículo 181, Ley 906 de 2004”.   

En  punto de la acreditación de la censura,  el  impugnante afirma que según “el falso raciocinio  en  aplicación de las reglas de la lógica” la buena  fe  se  presume  y  así  lo  establece  la  Carta  Política, pese a lo cual el  a   quo   estima  que  sus  asistidos  no  debían  creer  en  un  amigo y vecino que les pidió el favor de  recibir  ciertas  cantidades  de dinero en sus cuentas corrientes, olvidando que  se  probó  hasta  la  saciedad  que  Guillermo Bernal  Herrera   era  amigo  de  los  hermanos  LEMUS   PRADO  y  tenía  un  consultorio  odontológico   en   el   primer   piso   de   la   residencia  de  WILLIAM LEMUS.   

          Resalta  que el comportamiento de Guillermo  Bernal siempre fue correcto y conocido en la región y  que  por  tal  razón  sus  asistidos  confiaron en él y permitieron que en sus  cuentas  se  recibieran  giros  o  efectuaran abonos que después le entregaban,  más  aún  cuando  se  encontraban en una zona esmeraldífera donde era posible  que   aquél   hubiera   efectuado  negocios  correspondientes  a  la  venta  de  esmeraldas.   

          También  afirma  que los argumentos del ad  quem  fueron  similares a los anotados y que por ello,  lo  que  pregona  es la mala fe, pues a su procurados les correspondía dudar de  Bernal  Herrera y no prestar  sus cuentas para el propósito ya mencionado.   

          Acerca  del  delito de estafa agravada por el cual fueron condenados  HUMBERTO    y  WILLIAM  GERMÁN  LEMUS  PRADO indica que  los   falladores   interpretaron  de  manera  errónea  la  norma,  pues  en  el  diligenciamiento    se    acreditó    que   entre   aquellos   y   Guillermo   Bernal  Herrera  existía  una  amistad,  pero  que  no  conocían al personal del banco, más aún cuando éste  afirmó  que  engañó a los hermanos LEMUS.   

No   se  demostró  que  entre  los  otros  procesados       y      HUMBERTO      y  WILLIAM GERMÁN LEMUS PRADO  hubiera  mediado acuerdo previo o se hubieran reunido para fraguar  la  comisión  del  ilícito; por el contrario, se acreditó que no conocían lo  que  se tramaba a sus espaldas, pues “no se jugarían  su  honra  y  posición  dentro de la comunidad por unos pocos pesos”.   

Aduce  el  casacionista  que en el delito de  estafa  quien engaña debe tener contacto directo con la víctima, circunstancia  que  no se acreditó dentro de este asunto, pues Bernal  Herrera   les  solicitó  a  HUMBERTO  y  WILLIAM GERMÁN  LEMUS  PRADO el favor personal de recibir dinero en sus  cuentas,  pero  no  que  cometieran  delito  alguno,  de  donde concluye que sus  asistidos son inocentes.   

          Finalmente  manifiesta  que  tampoco  se  probó  que  los  hermanos  LEMUS PRADO hubieran obtenido  provecho económico alguno.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  el recurrente solicita a la Sala  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado  y en su lugar absolver a HUMBERTO    y  WILLIAM GERMÁN LEMUS PRADO.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Encuentra  la  Sala que si bien ab  initio el defensor señala la causal de  casación  al  amparo  de  la  cual formula el reproche, esto es, por violación  directa  de  la  ley sustancial, el desarrollo del cargo, además de impreciso y  confuso,  no es consonante con lo anunciado, pues de una parte, orienta su labor  a  plantear  su  particular  apreciación  del recaudo probatorio y, de otra, ni  siquiera  demuestra  errores  de  los  falladores  sobre  la  valoración de las  pruebas.   

En  efecto,  tiene  sentado  la  Sala que la  violación  directa  de  la  ley  sustancial sólo se refiere al yerro en el que  incurren  los  sentenciadores  cuando  a partir de la ponderación de los hechos  objeto  de juzgamiento legal y oportunamente allegados a la actuación, dejan de  aplicar  la  disposición  que  se ocupa de la situación en concreto, en cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia (falta de aplicación o exclusión evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un  sentido  que  no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su contenido  (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  yerro de los juzgadores recae  necesaria  e inmediatamente sobre la normatividad, circunstancia que traslada el  debate  a  un  ámbito  estrictamente  jurídico,  sea porque se deja de lado el  precepto  regulador de la situación específica demostrada, ora porque el hecho  se  adecua a un precepto estructurado con supuestos distintos a los establecidos  o  bien  porque  se desborda la intelección propia de la disposición aplicable  al  caso  concreto,  todo  lo  cual  exige  como  punto de partida, la  aceptación de la realidad fáctica definida en las instancias e  inmodificable dentro del proceso.   

También  ha  sido  puntualizado  que  si el  desacuerdo  se predica de la actividad probatoria y su ulterior ponderación por  parte  de  los funcionarios judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada es  la  indirecta,  dado  que  la infracción a la ley sustancial se lleva a cabo de  manera  mediata,  de  conformidad con las diversas modalidades de errores en que  pueden incurrir los sentenciadores en tal materia.   

En  la  censura objeto de estudio se observa  que  si bien el casacionista plantea la violación directa de la ley sustancial,  su  queja  no  es  de índole jurídico –  conceptual,  pues  una  y otra vez refiere que no está de acuerdo  con la valoración que sobre las pruebas efectuó el Tribunal.   

Además,  como fácilmente puede verificarse  en  el  libelo,  el  defensor  estima  que  el  Tribunal  violó “directamente     la    ley    sustancial    en    la    VIOLACIÓN    INDIRECTA   Y   ERROR   DE  APRECIACIÓN  DE  LA  NORMA  DEL  BLOQUE DE CONSTITUCIONALIDAD, CONSTITUCIONAL O  LEGAL”  (subrayas  fuera de texto), situación en la  cual  tenía  el  deber  de  señalar  si  se  trató  de un error de hecho o de  derecho.   

En  el  primer  caso, debía precisar si los  falladores  erraron  al  apreciar  la prueba, bien sea porque pese a obrar en el  diligenciamiento  no  fue valorada (falso juicio de existencia por omisión); ya  porque  sin  figurar  en  la  actuación  supusieron  que  allí  aparecía y la  tuvieron   en   cuenta   en   su  decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);   ora   porque   al   considerarla   distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir en alguno de los yerros referidos derivaron del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

          En  el  segundo  caso, esto es, en tratándose de la postulación de  errores  de  derecho,  correspondía  al  recurrente  especificar  si  el  yerro  consistió  en  negar  a  determinado medio probatorio el valor conferido por la  ley  u  otorgarle  un  mérito  diverso al atribuido legalmente (falso juicio de  convicción).  También,  porque  los  falladores  al  apreciar alguna prueba la  asumieron   erradamente   como   legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias  señaladas  por el legislador para tener tal condición, o porque la descartaron  aduciendo  de  manera  errada su ilegalidad, pese a que se cumplieron cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su práctica o aducción (falso juicio  de legalidad).   

No obstante, ninguna de las referidas reglas  lógicas  fue  acatada por el censor, quien no señala en concreto yerros de los  falladores,  dado que sólo ensaya confrontar su criterio personal con el de los  juzgadores,  en manifiesto desconocimiento de la dual presunción de legalidad y  acierto del fallo, con lo cual deja sin demostración el cargo.   

          Es  oportuno  indicar  que si bien en algún aparte de la demanda el  recurrente  afirma  que  los  falladores  incurrieron en un falso raciocinio, no  procede  como  es su deber a señalar el principio lógico, la ley de la ciencia  o  la  regla  de  la  experiencia  que  fue  desatendida o distorsionada por los  sentenciadores  en  punto  de la temática que motiva su inconformidad, omisión  que  le  impide  acreditar  la  trascendencia  del  error  en  el  sentido de la  decisión  impugnada, es decir, expresar cuál debe ser la adecuada apreciación  de  la  prueba indebidamente ponderada, además de demostrar que la enmienda del  yerro  daría lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable a los intereses  de  sus  representados,  circunstancia  de  más  para  advertir  que la demanda  presenta  serias  falencias  y  confusiones  conceptuales,  cuya  enmienda está  vedada  a  la  Corte  en  virtud  del  principio  de  limitación  que rige esta  impugnación  extraordinaria  de  conformidad con lo establecido en el artículo  213 de la Ley 600 de 2000.   

          Las  razones  expuestas irrumpen como suficientes para que el libelo  presentado   a   nombre   de   HUMBERTO  y  WILLIAM GERMÁN LEMUS PRADO sea inadmitido.   

          Para  concluir  es  necesario  señalar  que la Sala no observa  dentro  del trámite ni en el fallo reprochado, violación  de  derechos  o  garantías  de  los procesados, como para que tal circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que legalmente le asiste en  orden a asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  HUMBERTO    y  WILLIAM  GERMÁN  LEMUS PRADO, de acuerdo  con las razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    esta    decisión    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Permiso  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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