24641(08-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24641  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.221   

Bogotá,  D. C., ocho (8) de noviembre de dos  mil siete (2007).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  que  por  vía excepcional presenta el defensor del procesado LUIS EDUARDO DÍAZ  TREJOS  contra  la  sentencia  de segundo grado proferida por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Manizales,  Caldas,  por medio de la cual confirmó la  dictada  por el Juzgado Primero Penal Municipal de Conocimiento y Depuración de  la  misma  ciudad, en la que condenó a aquél como autor responsable del delito  de lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Se compendia de las diligencias que a las  18:00  horas  del  31 de marzo de 2000, en la carrera 16 entre calles 21 y 22 de  la  ciudad  de  Manizales, LUIS EDUARDO DÍAZ TREJOS conducía la volqueta marca  Ford,  modelo  1954  de placa WMJ-527, con la cual lesionó a su paso a la menor  L.E.G.  en  los miembros inferiores, quien estaba sentada en el andén vendiendo  productos  agrícolas,  por  lo  que  el  Instituto Nacional de Medicina Legal y  Ciencias  Forenses  le  dictaminó  incapacidad definitiva mayor de noventa (90)  días  y  secuelas  de deformidad física de carácter permanente; perturbación  funcional   del   miembro   inferior  izquierdo  de  carácter  transitorio;  y,  perturbación    funcional    del    órgano   de   la   marcha   de   carácter  transitorio.   

2. Estos hechos inicialmente fueron puestos en  conocimiento  del  Juzgado  Quinto  Penal  Municipal  de  Manizales, quien dando  aplicación  a  lo  dispuesto en el artículo 17 de la Ley 228 de 1995, dispuso,  previamente  a  abrir  investigación, esperar el término de treinta (30) días  para  que  la representante legal de la menor presentara la respectiva querella,  lo  que ocurrió el 5 de abril 2000, por parte de la señora María Ruby Guzmán  Murillo,  contra   LUIS  EDUARDO  DÍAZ  TREJOS, por la conducta punible de  lesiones personales.   

3. El 25 de los mismos mes y año, el aludido  juzgado,  con  base  en el reconocimiento médico legal practicado a la menor al  día  siguiente  de  que  su  progenitora  denunció  el  hecho,  en  el cual se  incapacitó  provisionalmente  por  setenta  y  cinco  (75)  días,  remitió la  actuación    a    la   Unidad   Local   de   Fiscalías   de   Manizales,   por  competencia.   

4.  La  Fiscalía  Sexta  Local de Manizales,  mediante  resolución  de 5 de mayo de 2000, dispuso la apertura de instrucción  en  contra  de  LUIS  EDUARDO DÍAZ TREJOS. Después de recibir el testimonio de  testigos  que  presenciaron  los  hechos  y obtener la incapacidad médico legal  definitiva     diagnosticada     a     la    menor1,  a quien también escuchó en  declaración,  ordenó  la  vinculación  de  aquél  en  indagatoria recibida a  través del funcionario comisionado, el 14 de mayo de 2002.   

5.     Previo     cierre     de     la  investigación2,  el  15  de  enero  de 2003, la Fiscalía calificó el mérito del  sumario  y  acusó  al procesado por el delito de lesiones personales, decisión  ejecutoriada  el  13  de  febrero siguiente, con la declaración de desierto del  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor3.   

6.  El  Juzgado  Primero  Penal  Municipal de  Manizales  adelantó la fase del juicio y culminada la misma, mediante sentencia  de  12  de  julio  de  2005,  condenó  a  LUIS EDUARDO DÍAZ TREJOS a las penas  principales  de  seis  (6)  meses  de prisión, un mil pesos ($1.000) de multa y  privación  del derecho a conducir vehículos por el término de seis (6) meses,  accesoria  de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  término  igual  al  de  la pena privativa de la libertad, y al pago de los  perjuicios  materiales  y  morales  provenientes de la ejecución de la conducta  punible.   

7. Esta sentencia fue apelada por el defensor,  quien  después  de  hacer  referencia  a  la  prueba  recaudada, manifestó que  lamentablemente  los  hechos  ocurrieron  por imprudencia de la ofendida, única  responsable de su actual condición.   

8.  El  Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Manizales,  mediante  sentencia  de  19  de agosto de 2005, resolvió el recurso  vertical   confirmando   la   del  a  quo.  Consideró  que  la  prueba  recaudada  señala  que el procesado  invadió  el  anden  donde  se encontraba la menor con su negocio de frutas y en  consecuencia  transgredió el deber objetivo de cuidado, exigible a las personas  que      ejecutan      actividades      peligrosas,      como      conducir  automotores.   

Y  después  de negar credibilidad a lo dicho  por  el  procesado,  señala  que  doctrina  y  jurisprudencia  han elaborado el  principio  de  confianza,  conforme  con  el cual quien participa en el tráfico  puede  confiar  en  que  los  demás  se comporten correctamente, mientras no le  conste  lo contrario por circunstancias especiales del caso. Principio que no es  aplicable  al  acusado  en  cuanto  se  encuentra  restringido  por  el de la no  eficacia  del  mismo  cuando  se  infringe  el  deber  de cuidado exigido por el  tráfico,  porque  en  tal  caso  no  puede  fiarse  en  que  los demás actúen  correctamente,  sino  que  por  el  contrario  se  le  hace responsable de estos  riesgos.   

Para finalizar afirmó que el procesado violó  las  normas que disciplinan el tránsito y como consecuencia lesionó a la menor  ofendida   con   las   secuelas   referidas   en   los  reconocimientos  médico  legales.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  interpuso contra esta decisión  recurso  de  casación  por  la  vía excepcional y al amparo de la causal 1 del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000 formuló un cargo único por tratarse de  sentencia  objeto  de  recurso  violatoria  de  los  artículos  13  y  29 de la  Constitución  Política,  inciso 2 del artículo 21 del Código Penal; 7 inciso  2,  232,  234,  238,  273,  277,  280,  284  y 287 de aquella ley; artículos 2,  incisos   2   y   17;   109,   120,   121   y   123   del  Código  Nacional  de  Tránsito.   

Aduce  que  en  el  caso  bajo  examen  no es  aplicable  artículo  126 del Código Nacional de Tránsito porque el automóvil  no  se  encontraba  estacionado.  Así  mismo,  que  se violó flagrantemente el  artículo  123  del  mismo  ordenamiento,  con  lo  cual  se  configura la culpa  exclusiva de la víctima.   

También  alega  que  la  prueba testimonial,  única  con  la  que  contaba  el  juzgador,  no  merece credibilidad alguna por  contradictoria.  En  tal sentido aduce que “incurren  los  falladores  en  una  vía  de hecho por darle pleno valor a los testimonios  vertidos  en  el proceso, desconociendo las versiones del encartado y su testigo  y  que  decir  de  la  declaración de la ofendida quien desde el comienzo de la  investigación  siempre  manifestó  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar  del insuceso”.   

CONSIDERACIONES  

La  Corte  ha  insistido en que la demanda de  casación  difiere  ostensiblemente  de un alegato de instancia, porque requiere  una  presentación  lógica  adecuada  a  cada  una  de las causales invocadas y  legalmente    establecidas   que   por   vicios   in  procedendo    o   in  iudicando  se  denuncien  y  la  demostración  de  su  trascendencia en la parte dispositiva del fallo impugnado.   

En  efecto,  en  primer  lugar,  obligado  es  recordar  que  de conformidad con lo dispuesto en el artículo 205 de la Ley 600  de   2000,  el  recurso  extraordinario  de  casación  es  viable  respecto  de  sentencias  “proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar en los  procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa de la libertad cuyo máximo exceda de ocho años”.   

Así   mismo,  la  legislación  precedente  –Decreto  2700  de  1991,  modificado  por  la  Ley  81  de  1993,  vigente para la época de comisión del  hecho–  en  el  artículo  218,  establecía  que ese medio extraordinario de impugnación procedía contra  las  sentencias  de  segunda  instancia dictadas por las aludidas corporaciones,  por  delitos sancionados con pena privativa de la libertad que fuera o excediera  de seis años.   

Y,  una  y  otra  disposición  establecen de  manera  uniforme  que  la  Corte, de manera excepcional y en forma discrecional,  “puede  admitir  la  demanda  de  casación  contra  sentencias  distintas  a  las arriba mencionadas”, en  vigencia  del  Decreto  2700 de 1991, a solicitud del Procurador, su delegado, o  el  defensor  y  en  el  régimen de la ley 600 a solicitud de cualquiera de los  sujetos  procesales,  cuando  lo  considere  necesario  para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales, siempre que se  reúnan los demás requisitos exigidos por la ley.   

El libelista no tuvo en cuenta tales aspectos  en  la  elaboración  de  la  demanda.   La  Sala  viene sosteniendo que la  demanda  de  casación  por  la  vía excepcional, además de los requisitos que  normalmente   debe   reunir,    obligatoriamente  debe  sustentarse  en  la  necesidad  de  desarrollar la jurisprudencia y/o hacer efectiva la protección y  garantía  de  los derechos fundamentales, sin que para ello tenga incidencia la  pena  que  en  abstrato  consagra el tipo penal ni el funcionario que en segunda  instancia profirió el fallo.   

No expresó en la demanda los motivos por los  cuales  considera  debe  intervenir  la  Corte,  es decir, si es para proveer un  pronunciamiento  con  criterio  de  autoridad  respecto  de  un punto de derecho  determinado,  para unificar posturas conceptuales, actualizar la doctrina o para  abordar  un  tema  aún no desarrollado, como tampoco señaló de qué manera la  decisión  solicitada  sincrónicamente  brinda  solución  al asunto y a la par  sirve de guía a la actividad judicial.   

Tampoco exteriorizó si lo que pretende es la  defensa  de  los  derechos  fundamentales  del  acusado,  pues  no  se ocupó de  demostrar  cuál  de  ellos  se le afectó ni las normas constitucionales que lo  protegen  y  su  desconocimiento en el fallo recurrido, circunstancias que deben  patentizarse    en    al    referencia    descriptiva    que    hace    en    la  sustentación.   

Esas  razones,  que debe aducir el demandante  para  persuadir  a  la Corte acerca de la necesidad de admitir la demanda, deben  guardar  correspondencia  con  los cargos que enuncie contra la sentencia. Dicho  de  otro modo, debe haber perfecta armonía entre los cargos y los dos puntuales  motivos que hacen procedente la casación excepcional.   

En relación con el desarrollo jurisprudencial  la  Sala  ha  sostenido que es deber del casacionista indicar si lo que pretende  es  que  se  fije  el  alcance  interpretativo  de  alguna  disposición,  o  la  unificación  de posiciones disímiles de la Corte, el pronunciamiento acerca de  un  punto establecido no desarrollado por la jurisprudencia, o la actualización  de  la  doctrina  al tenor de nuevas realidades fácticas y jurídicas; además,  de  la  indicación  de  la  consecuencia favorable de esa renovación doctrinal  frente  al  caso concreto y la ayuda que prestaría a la actividad judicial, por  trazar  nuevas  vías  de  interpretación con criterio de autoridad4.   

Exigencias a las que no se allanó el censor,  quien  en  la  demanda  no  determinó el motivo por el cual, en su criterio, la  Corte,  por  vía  de  la  casación  discrecional,  debe  conocer  del proceso,  simplemente  como  si  se  tratara  de  un  alegato  de  instancia, se limitó a  presentar  su  particular  análisis  de los medios de convicción que forman el  proceso,  pues  a pesar de que invocó la causal 1ª de casación señalada  en  el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  no  refirió si la probable  violación  de la ley sustancial es directa o indirecta y, en este último caso,  la  naturaleza  del  error,  es  decir,  si  es  por falso juicio de existencia,  identidad,  convicción  o  falso  raciocinio,  como tampoco hizo mención a los  medios probatorios en los cuales recae o demuestran el yerro.   

Finalmente,  es oportuno resaltar que la Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite  procesal  o  en  el  fallo impugnado,  violación  de derechos o garantías al procesado LUIS EDUARDO DÍAZ TREJOS, que  haga  necesario  el  ejercicio de la facultad legal oficiosa que le asiste a fin  de asegurar su protección.   

Por  estas  razones por las cuales la Sala no  admitirá  la  demanda  de  casación  que  por  vía  discrecional presentó el  defensor del encartado.   

Por    lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Primero:    NO    ADMITIR    la  demanda de casación discrecional presentada por el defensor del  procesado LUIS EDUARDO DÍAZ TREJOS.   

Segundo: ADVERTIR  a  las  partes  que  contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

Comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  la  actuación a la oficina de origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                 MARÍA  DEL  R. GONZÁLEZ DE L.   

       Comisión   de  servicio   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                              JORGE LUÍS QUINTERO MILANÉS   

YESID    RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                               JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fls.  23  – 29, 36 y 48 del c.o.  1   

2 Fl. 57  ídem   

3 Fl. 85  ídem   

4 Cfr.  Autos  de  26  de  febrero  de 2000, Rad. 18447 y 26 de septiembre de 2007, Rad.  28.233.     

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