24298(12-12-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24298  

CORTE SU PREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado acta N°98  

Bogotá, D. C., diciembre doce (12) de dos mil  cinco (2005)   

VISTOS  

Resuelve la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación discrecional presentada por LUIS  CARLOS   SAMPAYO   MEJIA,  en nombre propio, condenado el 10 de diciembre de 2004  por  el  Tribunal  Superior de Cartagena a la pena de siete (7) años y seis (6)  meses  de  prisión,  interdicción  de derechos y funciones públicas por igual  periodo  y  multa  de cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales vigentes,  equivalentes  a  setenta  y  tres millones setecientos cuarenta y ocho mil pesos  ($73.748.000),   como   autor   culpable   de   los   delitos   de  abuso  de  confianza calificado en concurso  homogéneo   y   heterogéneo   sucesivo   con   los   delitos  de  cohecho  por  dar  u ofrecer y falsificación o uso fraudulento de sello oficial.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

1.- A raíz de la denuncia formulada el 9 de  julio    de    1996    Nieves   Magdalena   Jiménez  Malagon,   Secretaria   de   Hacienda  de  Magangué,  Bolívar,  contra LUIS CARLOS SAMPAYO MEJIA,  se  tuvo noticia que éste, en su calidad de abogado en ejercicio  y  desempeñando  las  labores  de  recaudo  para  las que fue contratado por el  municipio  en  desarrollo  del cobro coactivo del impuesto predial de diferentes  predios  rurales  y  urbanos,  aprovechó las labores a él encomendadas en esos  trámites  para apropiarse de sumas de dinero que los contribuyentes cancelaron,  defraudación  que  dan  cuentas  los  autos se produjo en lo corrido del primer  semestre   de   1996   y   en   una  suma  de  ciento  diez  millones  de  pesos  ($110.000.000).   

La defraudación, llevada a cabo hasta junio  de  1996,  fue descubierta cuando Jesús Emiro Quintero  Mendoza, empleado del municipio encargado de notificar  a  los  demandados,  dio  a conocer que el abogado LUIS  CARLOS  SAMPAYO  MEJIA le ofreció $300.000 para que se  abstuviera  de  entregar  los  recibos  de  cobro  de  impuesto predial a varios  propietarios  de  predios  rurales  y  urbanos,  incluidos  en un listado que le  entregó,  lo  que  llevó  a  que  internamente  se constatara el estado de las  deudas  de  esos contribuyentes advirtiéndose así que pese a que ellos habían  efectuado  los  pagos,  en  la  base  de  datos respectiva aparecían borrados o  corregidos  los registros relativos a sus saldos y, por ende, seguían figurando  como deudores morosos.   

2.-   En  la  misma  fecha en que se formuló la denuncia la  Fiscalía  Seccional de Magangué abrió formal investigación, en cuyo trámite  vinculó  mediante  indagatoria  a  LUIS CARLOS SAMPAYO  MEJIA,  y  a varios servidores públicos del municipio  de   Magangué,   entre   ellos  al  cajero  FRANCISCO  MARSIGLIA GUTIERREZ.   

El  26  de  septiembre  de 1996, luego de la  vinculación  formal  de  los  sindicados  mediante indagatoria, se resolvió la  situación   jurídica  imponiéndose  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  LUIS  CARLOS SAMPAYO MEJIA como  probable  autor  de  los  delitos de estafa, cohecho por dar u  ofrecer   y   falsedad,   y   a   FRANCISCO  MARSIGLIA  GUTIERREZ   como presunto autor de los delitos de  cohecho  y  usurpación  y  abuso de función pública,  medidas   a  la  postre  sustituidas  por  detención  domiciliaria.   Los   restantes   vinculados  no  fueron  afectados  con  medida  alguna.   

Luego  de  copiosa actividad probatoria y de  haberse  ampliado la indagatoria de los procesados, mediante resoluciones del 15  de  mayo  y  24  de  julio  de  1997  la  Fiscalía   decretó  la libertad  provisional  de  LUIS CARLOS SAMPAYO MEJIA y         FRANCISCO        MARSIGLIA  GUTIERREZ, por haberse superado el término máximo de  privación  de  su  libertad sin que se hubiere calificado el mérito probatorio  del sumario.   

A     su     turno,     FRANCISCO  MARSIGLIA  GUTIERREZ se acogió  al  trámite  de  sentencia  anticipada, en cuya virtud el 25 de febrero de 2000  aceptó  cargos  como  autor de los delitos de peculado  por  apropiación  y falsedad  ideológica   en   documento   público,  en  concurso  homogéneo  y  heterogéneo,   delitos  que  le  fueron imputados por haber  falsificado  unos  recibos  y  recibir  dineros  de  manos de contribuyentes que  entregaba    a    LUIS   CARLOS   SAMPAYO,  quien  le  retornaba  una  suma de dinero por ello, razón por la  cual  se  decretó  la  ruptura  de  la  unidad procesal continuando la presente  actuación    respecto   del    último   de   los   procesados.   

Mediante resolución del 27 de julio de 2000,  se   calificó   el  mérito  sumarial  con  resolución  de  acusación  contra  LUIS  CARLOS  SAMPAYO MEJIA a  quien  le  fueron imputados los delitos de peculado por  apropiación, cohecho por dar  u    ofrecer,    falsedad  ideológica   en  documento  público  y  falsificación   o  uso  fraudulento  de  sello  oficial.  De  conformidad  con  las  constancias  procesales,  la  anterior  decisión  cobró  ejecutoria  el  8  de  febrero  de  2001,  en  virtud  de las  dilaciones  verificadas en el trámite de notificación personal por parte de la  defensa.   

3.-  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Magangué  adelantó  el  juicio  en  cuyo  desarrollo  llevó  a cabo audiencia  preparatoria  y  de  juzgamiento.  El 15 de agosto de 2001 profirió sentencia a  través  de  la  cual  declaró  a  LUIS CARLOS SAMPAYO  MEJIA  autor  penalmente  responsable  de  los delitos  peculado  por  apropiación,  cohecho  por  dar u ofrecer y  falsificación    o   uso   fraudulento   de   sello  oficial  y  lo absolvió por la conducta relativa a la  falsedad ideológica en documento público.   

Apelado el fallo por la defensa, el Tribunal  Superior  de  Cartagena  le  impartió confirmación en lo relativo a la condena  proveída  por  los  delitos  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer y falsedad o uso  fraudulento  de  sello  oficial.  Por su parte, frente al delito de peculado por  apropiación,  estimó  que, ante el tránsito de legislación que se produjo en  el  curso  del  proceso,  la conducta tipificaba el delito de abuso de confianza  calificado,  tipo penal que entró en vigencia luego de proferida la acusación,  motivó  por  el  cual  readecuó  la  conducta  al  mismo y redosificó la pena  impuesta reduciéndola a siete (7) años y seis (6) meses.   

Contra   esta  decisión,  en  tiempo,  el  procesado,  acreditando  su  calidad  de abogado en ejercicio, interpuso recurso  extraordinario  de  casación,  acto  para  el  que  se encuentra legitimado con  fundamento en el artículo 209 del estatuto procesal penal.   

LA DEMANDA  

Acude el actor en primer lugar a demandar la  casación  discrecional,  bajo  el  entendido que el asunto no es susceptible de  este recurso por la vía ordinaria o común.   

Así,  argumenta  que  se  precisa  de  la  intervención   de  esta  Sala  en  aras  de  que  se  protejan  sus  garantías  fundamentales    -debido   proceso   y   derecho   de  defensa-,   las  cuales  estima  conculcadas  por  la  variación  de  la  calificación  jurídica  de  la  conducta  que  efectuó el  Tribunal,  en  tanto  que  habiendo sido sentenciado en primera instancia por el  delito   de  peculado,  fue  a  la  postre  condenado  por  abuso  de  confianza  calificado.  Así  mismo  reclama se de trámite al recurso extraordinario a fin  de  procurar el desarrollo de la jurisprudencia, en lo relativo a las facultades  que  asisten  al  juez  de  segunda  instancia,  pues considera que ellas fueron  desbordadas por el ad quem.   

Seguidamente acomete la tarea de presentar la  demanda,  postulando un sólo cargo contra la sentencia del Tribunal Superior de  Cartagena,  con  la  aspiración  de  que  se “case la  sentencia  de  segunda  instancia,  decretando  su nulidad, para que sea dictada  nuevamente y de manera debida”.   

Con el objeto de precisar los fundamentos del  cargo  único  señala  que el Tribunal vulneró su derecho de defensa, pues fue  acusado  y  condenado  como  autor  de los delitos de peculado por apropiación,  cohecho  por  dar  u  ofrecer  y  falsedad,  pero a última hora se modificó la  calificación  jurídica de la conducta  variando el delito de peculado por  apropiación  a un abuso de confianza calificado, sin tener en cuenta que fue la  sentencia  de  primer  grado  la  que se constituyó en referente obligado de la  apelación,  de  suerte  tal  que  como  puede  leerse en la sustentación de la  alzada la defensa,   

“encaminó todos sus  esfuerzos  dialécticos a rebatirla, pues como es sabido la sentencia de primera  instancia    contiene   la   aserción   completa   de   la   culpabilidad   del  procesado.”   

Así  mismo, al ocuparse de la trascendencia  de  la  irregularidad denunciada, la concreta en que el Tribunal con su proceder  disolvió   la  idea  de  un  proceso  dialéctico  y  en  su  lugar  impuso  la  arbitrariedad,  condenándolo  por  un delito que no fue materia de debate en el  proceso, y por ello, imposible de controvertir.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.- Cuestión previa   

         

          Sea  lo  primero  señalar  que aun cuando el demandante solicita la  intervención  de  esta Sala por la vía discrecional, es lo cierto que conforme  a   los  últimos  desarrollos  jurisprudenciales  en  esta  materia1,   en   el  presente   asunto  procede  este  medio  impugnaticio  por  la  vía  directa  o  común.   

          En  efecto,  para  la  fecha  en  que  los  hechos sucedieron podía  accederse  al  recurso  extraordinario para atacar la legalidad de sentencias de  segunda  instancia proferidas por los Tribunales Superiores de Distrito Judicial  por  delitos  que  tuvieren señalada pena cuyo máximo fuera igual o superior a  seis  años de prisión -artículo 218, decreto 2700 de  1991-.   

          A  su  turno, el acontecer fáctico por el que se procesó al señor  SAMPAYO  MEJIA con ocasión a  la   apropiación   de   dineros   del   erario,  calificado  como  peculado    por   apropiación   por   la  Fiscalía,  tenía  en  vigencia  del Decreto Ley 100 de 1980, modificado por la  Ley  190  de  1995, artículos 18 y 19, pena de seis a quince años de prisión.  Por   su   parte,  la  conducta  denominada  abuso  de  confianza   calificado   que   contempla   la  actual  legislación  sustantiva  y por cuya adecuación a los hechos investigados optó  el  Tribunal en la sentencia que es objeto del recurso, tiene también señalada  pena cuyo máximo es de seis años.    

          Lo  anterior, releva a la Sala de examinar los argumentos esgrimidos  por  el  actor en torno a sustentar la procedencia de la casación discrecional,  en tanto procede por vía ordinaria.   

          2.- La demanda   

          En  orden  a  definir  si  la  demanda  presentada  reúne  o no los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, ha de  recordarse   que,  según  tiene   dicho  esta  Sala,  para  acudir  a  los  mecanismos  legales  de  impugnación,  entre ellos al recurso extraordinario de  casación,  no  basta  con  que quien acude a ellos tenga la condición de parte  reconocida  dentro  de  la  actuación.  Es  también necesario que le asista la  legitimación  en  la  causa  por la que aboga, esto es, interés jurídico para  impugnar,  el  cual  deriva del agravio o perjuicio que la decisión cuestionada  le causa.   

También ha precisado esta Sala que en orden  a  discernir  sobre  la  existencia  de  tal interés jurídico para demandar en  casación,  no  es suficiente constatar objetivamente que se apeló la sentencia  de  primer  grado, puesto que siendo la sentencia de segunda instancia el objeto  mismo  de la casación, resulta indispensable ponderar, además, la identidad  temática  entre los aspectos  sobre  los  cuales  versó  el  recurso de apelación y los motivos que ahora se  erigen en causal de casación.   

Con fundamento en la anterior postura, se ha  concluido  que  por  regla  general  no  es  viable  atacar  en sede del recurso  extraordinario  aspectos  que no comprendieron el objeto de inconformidad frente  a  la  sentencia de primer grado, y siendo ello así, por exclusión de materia,  también  se  advierte  que  no  resulta viable que el motivo en que se funda la  demanda  gire  en  torno  a  la  tesis que el propio impugnante postuló ante el  ad  quem  y  de  la  cual  derivó  una  decisión  que  le  fue  esencialmente favorable, precisamente por  haberse acogido su tesis.    

Tal  es la situación que aquí se aprecia,  como  quiera  que  en  la  sustentación  de la apelación interpuesta contra la  sentencia  de  segundo grado, el defensor manifestó su inconformidad con que al  señor  SAMPAYO MEJIA se le  diera  tratamiento de servidor público para imputarle el delito de peculado por  apropiación,  pero  de  otra  también  se  lo consideraba particular frente al  delito  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer. Y a ello se suma que el procesado, en  ejercicio  de  su  defensa  material  y  en memorial dirigido al Tribunal con el  objeto    de    adicionar    los   argumentos   de   la   alzada,   expresamente  manifestó:   

“Téngase en cuenta nuevamente que el fallo  de  primera  instancia  se produjo el 15 de agosto de 2001 y las leyes 599 y 600  de  2000,  contentivas  de  los  Códigos  Penal y de Procedimiento Penal fueron  publicadas  el  24  de  julio de 2000 en el Diario Oficial 44.097 y comenzaron a  regir  un  año  después  (24  de  julio  de  2001)  quedando  automáticamente  derogados  los  decretos  100 de 1980 (Código Penal) y 2700 de 1991 (Código de  Procedimiento Penal).   

Por    lo    tanto    y    demostrada   mi  calidad  de  particular  dentro  del  proceso  al momento de los hechos, debió  el  Juez  de  Instancia proceder a calificar la conducta punible, nunca al tenor  de  una  norma  derogada,  sino  de  la  norma vigente; más aun cuando la misma  conducta  típica  había desaparecido del ordenamiento legal vigente a la fecha  de  proferir  el  fallo  condenatorio  por  parte  del  Juzgado;  de ser posible  también  debió  aplicarse  el artículo 250 del Código de Procedimiento Penal  Vigente  (sic) Abuso  de  Confianza  Calificado;  situación  esta  que  variaría  ostensiblemente  la  dosimetría  y  el quantum de la pena a imponer”.   

      

De  esta  suerte,  queda evidenciado que la  variación  de  la  calificación  jurídica  por  la  que optó el Tribunal, en  virtud  de  la  reubicación  de  la  conducta  en el Código Penal de 2000 y el  cambio     de     nomen     iuris     acaecido  en el tránsito legislativo que operó luego de proferida  la   acusación   -ejecutoria  el  8  de  febrero  de  2001-,  devino  en  la  sentencia  que  es objeto del  recurso  extraordinario,  como  consecuencia  directa de la tesis propuesta ante  esa  instancia  por  quien  acude en casación, por considerarse ahora agraviado  con la solución jurídica que él mismo postuló.   

Siendo  ello así, resultaría contrario al  principio  de  protección,  que se accediera a declarar la nulidad del fallo de  segundo  grado,  a  instancia  de  quien con su conducta procesal dio lugar a la  configuración  del  hipotético  motivo  invalidatorio, máxime si se considera  que  el señor SAMPAYO MEJIA  no  sólo  contó con defensor que lo asistiera en el trámite, sino que además  ejerció  directamente  su defensa material, en su doble condición de procesado  y  abogado,  defensa  que  activamente  asumió  en paralelo con su apoderado de  confianza  a  todo lo largo de la actuación, mostrándose evidentemente versado  en la materia en virtud de su condición de abogado.   

Agréguese   que   la  variación  de  la  calificación  dispensada  a  instancia  del  censor,  le  resultó  ampliamente  favorable  en  tanto  significó  que  la pena privativa de la libertad impuesta  fuera  reducida  de  trece  (13) años y seis (6) meses a siete (7) años y seis  (6)  meses,  de  modo que la petición del casacionista, dirigida a que se anule  la  sentencia  de  segunda  instancia  ” para que sea  dictada  nuevamente  y de manera debida”, no  puede  sino interpretarse como un requerimiento a través de la  cual  demanda  que  se le condene como autor de peculado por apropiación y, con  ello,  una postulación que sólo vendría a desfavorecerlo, resultando entonces  evidente la ausencia de interés para recurrir.   

Sobre  el particular se ha pronunciado esta  Corporación  en  múltiples decisiones, siendo del caso recordar lo expuesto en  sentencia  de casación del 15 de mayo de 2003, dentro del proceso radicado bajo  el número 12879:   

“Incrustado,  entonces,  el  derecho  a  la  impugnación  de  los  decisiones  judiciales  en  un  Estado fundamentado en el  respeto  a  los  derechos  de  la  dignidad y la libertad de  las personas,  riñe  con  su  naturaleza,  filosofía,   contenidos políticos, político  criminales  y  jurídicos,  el ejercicio de los medios defensivos legales que en  cumplimiento  de  los  límites  formales  y  materiales que lo caracterizan, se  emplee  no  para  que  los  derechos de los sujetos procesales resulten lo menos  afectados  posible,  sino  para que sean mayormente afectados, esto es, para que  la   situación  jurídica  del  impugnante  se  agrave,  pues  si bien los  recursos  constituyen  un  derecho,  es  el  propio Estado el que presumiendo la  legalidad  y  el  acierto  de  las  decisiones  judiciales,  sólo posibilita su  ejercicio en beneficio del recurrente”   

Como  de  lo  dicho  en  precedencia  surge  evidente   la  ausencia  de  interés  para  recurrir  en  casación  el  fallo,  será   inadmitida  la  demanda de plano con fundamento en lo normado en el  artículo 213 del estatuto procesal penal.   

         

         Por    último,    no    se  observa  dentro  de  la  actuación  ni  en  el fallo reprochado,  violación  de  derechos  o  garantías  de  los  procesados,  como para que tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  LUIS  CARLOS SAMPAYO MEJIA, por las razones  expuestas en la anterior motivación.    

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN                         

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

Permiso  

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Permiso  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1   Casación 23006, 16 de febrero de 2005.     

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